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ORACIÓN POR LOS SACERDOTES

Dios Todopoderoso y Eterno, mira con amor el rostro de tu Hijo y por amor a Él, que es el Sumo y Eterno Sacerdote, ten misericordia de tus sacerdotes.

Acuérdate, oh compasivo Señor, que ellos son sino frágiles y débiles seres humanos.

Remueve en ellos el don de la vocación que de modo admirable se consolidó por la imposición de las manos de tus obispos.

Mantenlos siempre cerca de ti. No permites que el enemigo les venza, para que nunca se hagan participes de la más mínima falta contra el honor de tan sublime vocación.

Señor Jesús, te pido por tus fieles y fervorosos sacerdotes así como por los sacerdotes infieles y tibios; por los sacerdotes que trabajan en su propia tierra o los que te sirven lejos, en lugares o misiones distantes; por tus sacerdotes tentados, por los que sienten la soledad, el tedio o el cansancio; por los sacerdotes jóvenes o por los que estén a punto de morir, así como por las almas de sacerdotes en el purgatorio.

Pero sobretodo, te encomiendo los sacerdotes que más aprecio: el sacerdote que me bautizó o me ha absuelto de mis pecados; los sacerdotes a cuyas misas he asistido y me han dado tu cuerpo y sangre en la comunión.; los sacerdotes que me han aconsejado, me han consolado o animado y aquellos a quienes de alguna forma les estoy más en deuda.

Oh Jesús, mantenlos a todos cerca de tu corazón y bendícelos abundantemente en el tiempo y en la eternidad.

Amén.

Enviado por: MARCELA BENAVIDES

¿Cómo entrar en la presencia de Dios?

La oración es entrar en la presencia de Jesús y dejar que Él se descalce para entrar en nuestro corazón

Autor: Padre Guillermo Serra, LC

Fuente: CATHOLIC.NET

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La oración es entrar en la presencia de Jesús y dejar que Él se descalce para entrar en nuestro corazón. Acercarse a él por medio de nuestro corazón humano, con actos de fe, esperanza y caridad. Con la humildad de quien se sabe necesitado y deseoso de ser perdonado, levantado y restaurado en su dignidad original.

«Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra». Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz». (Lc 7,36-38; 44;-50)

La fe me pone a sus pies en adoración

Esta mujer pecadora había escuchado hablar a Jesús y sus palabras llegaron profundamente a su corazón. Buscaba la oportunidad de tener un encuentro con Él. En su corazón daba vueltas a lo que le diría, cómo justificaría su presencia, qué le pediría.... Un día, aprovechó que el Señor iría a comer con un fariseo para presentarse ante Él.

Cargaba a cuestas muchos pecados y la soledad era su única compañera. Abandonada, señalada por todos, indigna se acercó en silencio hasta ponerse detrás de Jesús, sentada a su sus pies.

El primer paso para entrar en la oración y ponernos a los pies de Jesús es "escuchar". Escuchar quizás hablar de Él, interesarse, dejarse interpelar por su nombre y avanzar hacia Aquél que siempre está "pasando" a nuestro lado. Descubrir tantas invitaciones que nos hace cada día. Así, poco a poco, ante su presencia real y amorosa, no tendremos miedo de acercarnos como somos. Cargando nuestra historia, nuestros pecados, miserias, pero también y sobre todo, nuestras esperanzas, deseos, anhelos de auténtica felicidad, paz y amor.

Tener fe en el Maestro es hacer silencio a nuestro alrededor, a lo que otros dicen, piensan, incluso a lo que yo mismo pienso o digo de mí. Es presentarme a quien me conoce mejor de lo que yo me conozco para que Él me diga quién soy yo, y qué tengo que hacer con mi vida. Es dejar que sus pies caminen por mi alma, que el Camino se haga peregrino en mi corazón, que sea viajero en mi interior, Pastor de mis esperanzas, temores, deseos, heridas.

A los pies de Jesús esta mujer se siente libre porque se siente respetada, protegida y querida. Jesús la mira y se deja amar. Qué hermosa definición de lo que es nuestro encuentro con Cristo. Ser mirados y dejarnos amar por Él, dejarnos "hacer" de nuevo, ser creados por su amor, modelados, acariciados, renovados en esa imagen que Él tiene de nosotros en su corazón.

La esperanza riega sus pies con mis lágrimas

Su mirada esta fija en los pies de Jesús. No se atreve de momento a levantar sus ojos, quiere comenzar esta obra de conversión con un gesto humilde, de servicio, de cariño. Los pies de Jesús están llenos del polvo del camino. Un polvo que es una imagen de las historias de hombres y mujeres de su época que ha conocido, visitado y redimido. Es el polvo del hombre que se pega en los pies del peregrino por excelencia. ¡Benditos pies! «Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!» (Is 52,7)

Los ojos se llenan de lágrimas que son como perlas que se ofrecen al Rey de su alma. Arrepentimiento, conversión, dolor, contrición. Cada una de esas lágrimas son un canto de amor y de adoración. La alegría superficial de una vida de pecado se transforma en una alegría profunda que se expresa con el agua que también nace del corazón de esta mujer y que transforma su mirada. Estas lágrimas son como un colirio que le ayudan a ver mejor a Dios. Colirio de fe y esperanza. Su vida ahora sí tiene sentido, todavía hay posibilidad de redención cuando hay arrepentimiento y esperanza. Ha aprendido a no esperar nada de los hombres y esperar en el Hombre-Dios.
Estar a los pies de Jesús es descubrir un nuevo paisaje lleno de esperanza. Esperar en Jesús no es esperar de Él, sino esperarle a Él. Y decirle en silencio estas palabras:

"Descálzate oh Jesús porque estás pisando tierra sagrada. Sí, como pediste a Moisés que se descalzase ante la zarza ardiente, hoy te digo que mi corazón es esa zarza ardiente. Descálzate porque mi vida quiere ser tierra redimida, tierra virgen, tierra que dé fruto. Déjame regarla con las lágrimas de mi arrepentimiento para que así mi corazón arda siempre ante tu presencia"

El amor derrama el perfume de mi corazón

El amor que expresa el corazón arrepentido es motivado por el deseo de conversión, de transformar una vida para vivir de verdad, vivir para el Amor y en el Amor. Así, lo que antes podría ser un arma para atraer al pecado, su cabello, ahora lo utiliza para enjugar las lágrimas, para secar los pies de Jesús. Todo tiene un sentido diverso, el amor buscar expresarse en modos nuevos y más profundos, llenos de libertad y de seguridad. No teme este gesto, porque sabe que está segura junto al Maestro.

El amor no se queda ahí, tiene que transformar su vida y su exterior. Derrama el perfume de su corazón ahora ya sanado. Es el perfume que "salta" hasta la vida eterna, que da vida, que redime, santifica y convierte.

El amor del Maestro es silencioso en este momento. Se deja amar y así, también está amando. Su silencio no es rechazo, es aprobación. Su silencio se convierte en diálogo para que sólo hablen los corazones.

En tu vida también tienes que derramar en la oración el perfume de tu corazón, también tienes que hacer gestos concretos en tu interior. Vivir para Él significa abrir puertas, descubrir heridas, limpiar rencores, ser libre para recibir la libertad que sólo Dios puede dar.

Ahora sí, cuando nuestro amor ha adorado, se ha postrado ante el Maestro, ha derramado lágrimas de arrepentimiento y ha desprendido el perfume del corazón, podemos decir que estamos en la presencia del Señor.

Escúchalo y verás que te dice: Porque has amado mucho, se te ha perdonado mucho. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

 

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Oración a Cristo en la Cruz

Oh Señor
¿cómo pueden los hombres verte en la Cruz clavado
y dejarte allí abandonado?

Cómo pueden mirarte y no amarte
ni prestar oídos a Tus Latidos
que llaman con purísimo amor no correspondido
a los hombres que ingratos, despiadados y llenos de pecados
te hemos por completo olvidado o negado

De Vos, Nuestro Dios, nos avergonzamos
y juntos en la Cruz te hemos colgado
Tus Santas Llagas nos muestras
como mudo Amor por respuesta
que das Tu Vida por la nuestra

Tu Precioso Rostro, Señor, ya no reconozco
todo bañado de Sangre y polvo
por Tus Ojos se escapa la vida
pero todavía me miras con ternura infinita
para en plegaria de amor decirme
"No voy a irme, si en Mí tu vives"

Y yo Señor quiero abrazarte
y así de la Cruz bajarte
para ocupar el lugar que por mí ocupaste
pues a pesar de ser tan miserable
no quiero ya más permitir este ultraje

A mi Rey vestido de Sangre
¡cómo puedo no amarle!
si frente a Tí vengo a postrarme
para traspasar con mi pobre amor Tu Santa Carne
y así consolarte deshaciendo mi existencia en Tí
para sólo en Tí vivir y decirte así, siempre si

Amén.

Benedictus Deus. 

Benedictum Nomen Sanctum eius.

Benedictus Iesus Christus, verus Deus et verus Homo.

Benedictum Nomen Iesu.

Benedictum Cor eius sacratissimum.

Benedictus Sanguis eius pretiosissimus.

Benedictus Iesus en sanctissimo altaris Sacramento.

Benedictus Spiritus Sanctus, Paraclitus.

Benedicta excelsa Mater Christi, María sanctissima.

Benedicta sancta eius et Inmaculada Concepció.

Benedicta eius gloriosa Assumptio.

Benedictum nomen Mariae Virginis et Matris.

Benedictus sanctus José: eius castissimus Sponsus. 

Benedictus Deus en Angelis suis, et in Sanctis sui. Amen.

Bendito sea Dios.

Bendito sea su Santo Nombre.

Bendito sea Jesús Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Bendito sea el Nombre de Jesús.

Bendito sea Su Sagrado Corazón

Bendito sea la Preciosa Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.

 Bendito sea San José, castísimo esposo.

Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos . Amén

ORACIÓN POR LOS DESAGRAVIOS A JESÚS EUCARISTÍA

AQUÉL AL QUE HEMOS DEJADO SOLO

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¡Oh Corazón Eucarístico de mi Dios,

presente en las especies sacramentales

¡Yo te adoro!

Movida de amor al considerar el beneficio infinito de la Eucaristía

y penetrada de dolor por mis ingratitudes,

me humillo en el abismo de mi miseria

que yo abandono al abismo más insondable todavía de Tus misericordias.

Me has escogido desde mi juventud,

no te has desdeñado de mis flaquezas y,

al descender a mi corazón,

has venido a convidarme a devolverte amor por amor,

dándome la paz y la felicidad;

y yo, Jesús Dueño mío,

por haberte sido infiel todo lo perdí.

He dejado a mi espíritu vivir lejos de Ti;

mi corazón se ha entibiado,

seguí mis malas inclinaciones olvidándome de Ti.

Querías Tú ser mi guía, mi consejero, el guardián de mi vida,

y yo, dejando a las pasiones extinguir este suave atractivo,

te he perdido de vista.

En los dolores saludables de la prueba,

en la alegría de las consolaciones,

en mis dudas y necesidades,

en vez de acudir a Ti,

te he olvidado para ir en pos de las criaturas.

En los Sagrarios donde no eres visitado

y donde tu amor siempre nos espera;

en las Iglesias donde recibes irreverencias;

en los corazones indiferentes y sacrílegos

y en mi propio y culpable corazón,

aún al recibirte y después de haberte recibido,

Jesús mío no te he hecho compañía.

¡Oh Corazón Eucarístico de mi Salvador!

Delicias de mi Primera Comunión y de los días de mi mayor fervor,

quiero convertirme a Ti.

Vuélvete a mí, Señor;

cautívame de nuevo con los lazos de tu amor,

perdóname una vez mas,

que todo lo expiaré yo a fuerza de amor.

Escucha las humildes súplicas que te presentamos:

Por todo lo que hemos dejado de hacer,

por huir del sacrificio, buscando sólo el provecho propio.

R/. ¡Piedad, Señor, perdón!

Por nuestra falta de valor para actuar por convicciones

y por dejarnos arrastrar por la costumbre y la rutina.

R/. ¡Piedad, Señor, perdón!

Por creernos suficientes y olvidar que colaboramos contigo

y por tantos hermanos nuestros que viven sin acordarse de Ti.

R/. ¡Piedad, Señor, perdón!

Por exigir a otros el cumplimiento

de lo que fácilmente nos perdonamos a nosotros mismos.

R/. ¡Piedad, Señor, perdón!

Por las veces que nos hemos negado a reconocer nuestros errores

y por todas las incoherencias que cometemos.

R/. ¡Piedad, Señor, perdón!

Corazón Eucarístico de Jesús, haz que no nos cansemos de amarte, de ofrecerte nuestras penas, alegrías y toda nuestra vida, en reparación de nuestras ofensas y por la salvación de las almas.Cautívanos con la suave fuerza de Tu gracia y válete de cada uno de Tus Hijos para extender tu Reino de paz, justicia y amor.

Tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo,

por los siglos de los siglos.

Amén.

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¿Cómo evitar las distracciones en la oración?

Me pongo a rezar y al poco tiempo mi mente está en otro lado.

 

Autor: Padre Evaristo Sada LC
Fuente: CATHOLIC.NET

 

Me pongo a rezar y al poco tiempo mi mente está en otro lado. Por más que intento, no logro concentrarme. Pasa lo que al niño con déficit de atención. El multitasking, tan apreciado en los dispositivos electrónicos, es un enemigo en la oración.

1. Rezar exige disciplina:

La vista ve una cosa, los oídos oyen otra cosa, el gusto gusta otra cosa.... La imaginación imagina una cosa, la memoria recuerda otra cosa... La mente piensa una cosa, la voluntad quiere otra cosa... Los 5 sentidos, los sentidos interiores (memoria e imaginación) y las facultades superiores (inteligencia y voluntad) pueden atender cosas diferentes a la vez y cada una a su manera. La concentración depende del dominio que tengamos sobre nuestros sentidos y facultades. Hay personas a quienes se les facilita la concentración, otras a las que se les dificulta de manera especial.

Para concentrarnos debemos disciplinarnos.

Lo sabe todo buen estudiante. Imaginemos a un universitario que debe resolver un complicado problema de álgebra en menos de quince minutos. Mientras lo hace tiene delante un televisor encendido, la música estridente a todo volumen, está chateando con su novia, la imaginación en el mejor gol de la temporada que espera presenciar por la tarde en el estadio y la memoria en la fiesta de anoche... Si quiere resolver el problema de álgebra debe concentrarse. Y esto requiere disciplina: apagar la televisión, quitar esa música, decirle a su novia que la buscará más tarde, quitar todo elemento que pueda distraerle, cerrar la puerta y tal vez también las cortinas, sentarse correctamente y centrar toda su atención en el problema que debe resolver.

Cuando hacemos oración necesitamos centrarnos, concentrarnos. Para concentrarnos tenemos que ayudarnos eligiendo la hora, el lugar, la postura, el ambiente, etc. Ir al lugar que más te ayude, ordinariamente ayudan más los espacios pequeños, cerrados, bien ventilados, silenciosos, con poca luz. Tomar una postura respetuosa, cómoda, atenta (puede ser sentado con la espalda recta, de rodillas o como más ayude a cada uno). Apartar o cerrar las puertas a todo aquello que distraiga o pudiera distraer (ruidos, imágenes, objetos, personas, desorden...), poner aquello que ayude a concentrarse (postura adecuada, ojos cerrados, luz cálida, un crucifijo, una veladora, las gotas de un fuente serena...). Elegir la hora en que la mente esté más serena: para algunos será al inicio del día, para otros al atardecer.

Cuanto más se hace oración, más se facilita la concentración y más se forma el hábito de recogimiento. Pero en esta materia de las distracciones nadie puede decir que tiene la batalla ganada, siempre será una dificultad y siempre exigirá disciplina.

2. Rezar exige voluntad

Para orar es necesario un ambiente de quietud. Quietud es tranquilidad, sosiego, reposo, calma, estabilidad. Una quietud del cuerpo, pero sobre todo quietud interior, quietud profunda. La quietud podemos llevarla con nosotros a todas partes aunque estemos rodeados de ruidos y jalonados por la actividad cotidiana.

Por más agradable que algo sea, si se trata de algo exigente, se requiere la intervención de la voluntad que debe decir: "Yo quiero hacer esto y lo quiero hacer bien". Tomas las riendas de todas tus facultades y te esfuerzas por hacer aquello que quieres hacer. En el caso de la oración lo que quieres hacer es centrarte en la persona de Cristo, pensar en Él, estar con Él. Y pedirle al Espíritu Santo que te lo conceda.

Distraerse significa verse atraído por otra cosa que te atrae con más fuerza. Si tú quieres centrar toda tu atención en la persona de Cristo y hay estímulos que te atraen y te distraen (ruidos, personas, objetos, recuerdos, pendientes....), necesitas actuar tu voluntad y hacer lo que quieres hacer.

Cuando algo te distraiga, puedes valerte de eso mismo para regresar a Dios. Por ejemplo: si te distrae una persona que está haciendo ruido, puedes hacer de eso materia de tu conversación con Jesús y decirle: "Como ves, Señor, soy débil y me distraigo con facilidad; te pido por esa persona, y a mí ayúdame a conocerte mejor, ahora quiero estar a solas contigo profundizando en esta faceta de tu personalidad que estaba contemplando..." Y vuelves a tomar el hilo de tu meditación o contemplación a través de un diálogo muy natural con Jesús.

Si se te dificulta mucho la concentración, puedes probar si te ayuda ponerte a escribir en la oración tus coloquios con Cristo.

Y todo esto, no por un afán voluntarista, de quien piensa que la oración "se la hace solo", o de quien piensa que reza mejor cuanto más concentrado está. Buscamos más bien disponer nuestra alma, disponer todo nuestro ser, para escuchar a Dios, para dejarle actuar, para no oponer obstáculo a su gracia. Es como el "sí" de María en la encarnación del Hijo de Dios. Ella dice que sí quiere y el Espíritu Santo se encarga del resto.

3. Rezar exige atender al Huésped

"Cuando ores, entra a tu cuarto, cierra la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto..." (Mt 6,6) Dios habita en nosotros desde nuestro bautismo, es el huésped de nuestra alma, nosotros somos morada de Dios. Un huésped merece atención. Del anfitrión se espera que esté con el huésped mientras le acompaña en su casa. El Espíritu Santo está siempre con nosotros, dentro de nosotros. Por tanto, espera que le pongamos atención y estemos con Él.

Lo más común es que nuestro espíritu ande ocupado en muchas cosas y le cueste centrarse en la presencia de Dios vivo. Al orar, hay que dejar todas las criaturas a un lado. Actuar nuestra fe y recordar la presencia de Dios, contemplar en la fe al Dios que me invade y me da vida desde dentro. "Olvido de lo creado, memoria del Creador, atención a lo interior y estarse amando al Amado." (San Juan de la Cruz).

La vida interior consiste en volver nuestra mirada, nuestro oído, nuestro pensamiento, nuestros afectos al Espíritu Santo que mora en nuestro corazón. El hábito que debemos formar es el de una atención amorosa al Espíritu Santo, dulce huésped de nuestra alma.

Él es la Fuente de la quietud profunda. Al volcar toda tu persona hacia Dios, en Él reposas, su presencia te llena de confianza, te serena, es fecundo manantial de paz. Lo que buscamos, pues, es que el centro de nuestra atención esté en Dios, en actitud de adoración, en un clima de fe, de amor y de confianza.

Alguien podrá decir: todo esto ya lo sé. La pregunta no es si ya lo sabes, sino si ya lo haces. Y si lo haces siempre.

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EL PURGATORIO

Algunas citas bíblicas que nos hablan del Purgatorio.

La oración por los difuntos es un acto piadoso que acompaña a la Iglesia desde sus inicios. Lo conocemos por la Sagrada Tradición y la misma arqueología que muestra oraciones de requiem escritas en los muros de las catacumbas por los que perecieran en ellas.

Esto pone a pensar en las razones de tal oración conocida desde los apóstoles y para quienes estaría dirigida. Si alguien se encontrara en la compañia del Señor no necesita de tal oración y quien se hubiese condenado no le aprovecha. Por quiénes dirigían entonces sus oraciones los primeros cristianos sabidos fieles al obispo al punto muchas veces de llegar al martirio por Jesucristo? Ellos evidentemente sabían de un momento previo a la gloria que vivirían aquellos que, salvos en Cristo, tendrían que pasar para llegar a la presencia del Señor.

Aunque el Señor y sus discípulos no nos hablan de tal situación con la palabra "Purgatorio", sí nos presentan claramente el concepto de una purificación o pena temporal por el pecado que no es de muerte y la obra imperfecta. Ese momento, de tiempo inmesurable que precede al Cielo para los salvos, es al que la Iglesia le ha dado el nombre de "purgatorio" con la intención de clarificar y hablar con simpleza de un concepto que es real. El Purgatorio se formula entonces como doctrina de fe en los Concilios de Florencia (DS 1304) y se reafirma en el de Trento (DS 1820; 1580), aunque su conocimiento se tuviera desde siempre.

Tal situación es también tácitamente aceptada (sin el término) por Iglesias Ortodoxas separadas de católica romana desde el Siglo IV que a la fecha ofrecen oraciones por los difuntos.

El problema de los negacionistas en general responde, más allá de la soberbia, a vacíos teológicos mayores como los falsos presupuestos de la "Fe Sola sin Obras" o de la "gracia invencible". También se fundamentan en falsas ideas preconcebidas y repetidas que no responden al pensar de la Iglesia como el hecho de llegar a pensar que el purgatorio es un segundo chance de salvación.

Y para ello el catecismo que lo aclara:

Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, para obtener la completa hermosura de su alma (Catecismo 1030)

Analizando las siguientes citas a conciencia y de manera reflexiva es posible develar el Purgatorio como una situación escatológica real que afronta el alma, por cuanto hablad de un castigo limitado, previo a la gloria, pero con certeza de la misma, para aquellos que han encontrado la muerte encontrándose en una situación de deuda con el Señor, palabras más palabras menos, con pecados veniales y faltas a la caridad más no en pecado mortal:

"Obra sometida al fuego, pero su autor se salvara como el que escapa del fuego."
(1 Cor 3, 14-15)

"Y enfurecido su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano."
(Mateo 18, 34-55)

“Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.”
(Lucas 12,47-48)

“Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.”
(Mateo 5,22)

"Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el ultimo centavo."
(Lucas 12, 58-59)

“Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.”
(Mateo 5,25-26)

"Y a cualquiera que dijere palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero a cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero."
(Mateo 12,32)

"Y el mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos; y fueron juzgados, cada uno según sus obras."
(Apocalipsis 20:13)

Hay beneficio de la oración en este estado como se puede entender de la lectura del libro deuterócanónico de  2 Macabeos 12,44-45, que plasma un hábito común de los antiguos judíos y que sigue vigente a la fecha en su tradición, que es orar por sus difuntos; sin embargo, conocemos por la común unión de los Santos que nosotros podemos orar por las Benditas Almas del Purgatorio y ayudarlas a acortar su limitado castigo, y éstas pueden orar por nosotros; sin embargo, estas oraciones no les son de utilidad para sí mismas pues tuvieron su tiempo en vida para hacerlo, pero si son beneficiosas para aquellos por quienes rezan.

El Purgatorio existe; es un estado de misericordia divina para quienes no han caminado en vida lo suficiente en el camino de la santidad y que son salvos en Cristo, pero con una obra imperfecta necesaria de ser purificada (allá no van condenados, ni es una segunda oportunidad, ni nadie sale de allá para el infierno).

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ORACION POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - PADRE WILSON SALAZAR
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BENDITAS ALMAS una página donde puedes ofrecer oraciones por tus familiares y amigos difuntos.