20/05/12 |
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A mediados de los años 90, el Papa Benedicto XVI relacionó la crisis matrimonial con la homosexualidad.

Recientemente, un reeditado comentario del año 1995 del entonces cardenal Joseph Ratzinger, vinculó la ruptura del matrimonio con el aumento de la aceptación de la homosexualidad y con la alerta de la aparición de "grupos de presión" que podría manipular la opinión pública sobre estas cuestiones.
El futuro Papa Benedicto XVI dijo que no es una coincidencia que la creciente aceptación social de la homosexualidad vaya “acompañada por una grave crisis en el ámbito del matrimonio y la familia."
Los cambios sociales en la estela de la década de 1960 y la "revolución sexual" ha desencadenado que la sexualidad está más separada del matrimonio, y el rechazo de la doctrina católica sobre la homosexualidad ha hecho el cuidado pastoral de personas homosexuales "más difícil".
"La satisfacción del impulso sexual se propagó como el camino a la felicidad y el verdadero desarrollo de la personalidad", escribió. "Valores como el autocontrol y la castidad se aceptan cada vez menos."
Los comentarios del Papa tuvieron lugar años antes de que los Países Bajos se convirtiera en el primer país en reconocer el "matrimonio gay".
A principios de este mes (Mayo 2012), el presidente Barack Obama se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en expresar su apoyo al reconocimiento de "matrimonio gay", mientras que los votantes en Carolina del Norte aprobaron una enmienda constitucional que define el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.
El comentario del entonces Cardenal Ratzinger está relacionado a su carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 01 de octubre de 1986 que envió a todos los obispos católicos bajo el título "Sobre la atención pastoral de las personas homosexuales."
Tanto la carta como el comentario han sido publicados en una nueva edición de la serie Biblioteca Vaticana "Documenti e Studi". Ediciones anteriores se han vendido y no están disponibles en las tiendas.
Los comentarios del Papa del 1995 culpan de la crisis moral a la pérdida de una "concepción metafísica de la naturaleza."
Criticó la comprensión de la naturaleza que es sólo físico o empírico, en defensa de puntos de vista que rechazan la inmoralidad sexual "antinatural".
Desde la perspectiva cristiana, explicó, un acto se considera natural cuando "está en armonía con la esencia del hombre, con su ser querido por Dios." En la creación, el hombre puede reconocer un significado y un propósito que lo lleve a "la verdadera realización propia y a su felicidad."
"Es un deber humano, de hecho, ya no es visto como anclado en el ser y por lo tanto en la sabiduría del Creador, sólo queda la alternativa que se deriva de la sabiduría humana. Pero entonces es la obra del hombre, sometido a los cambios de tiempo, capaz de ser reformado y manipulada", advirtió el Papa.
"El bien y el mal, entonces, en última instancia, se decidirá por la mayoría. A continuación, "grupos de presión", que son capaces de guiar a la opinión de masas, tienen grandes perspectivas de éxito. "
Traducido al castellano por:
KARLA ROUILLON GALLANGOS (krouillong)
Ver el texto en
INGLÉS
http://www.ewtnnews.com/catholic-news/Vatican.php?id=5480#ixzz1vQSMAHNA
14/04/12 |
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¡Felicita personalmente al Santo Padre en su cumpleaños número 85!Felicitaciones por el Cumpleaños del Papa Benedicto XVI
Autor:
Catholic.net| Fuente:
Catholic.net
Queridos amigos de Catholic.net:
El próximo viernes 16 de abril S.S. Benedicto XVI cumple 85 años. Esto sucede tres días antes de que se cumplan siete años de su pontificado, el día 19.
Son dos ocasiones que se antojan para felicitarlo personalmente, enviarle un gran abrazo, manifestarle nuestro apoyo, nuestro cariño, nuestra admiración, nuestra fidelidad y asegurarle nuestra oració n, en estos momentos en los que la Barca de Pedro, de la cual él lleva valientemente el timón, se ve zarandeada por los ataques del Príncipe de la Mentira y por las infidelidades, mediocridades, cobardías y rebeldías de muchos tripulantes y pasajeros.
Por esta razón, los invitamos a aprovechar esta oportunidad, enviando, a través de Catholic.net, una carta al Santo Padre, en la que le expresen su mensaje personal de felicitación. Sólo tienen que escribirlo en el formulario que encontrarán en: http://es.catholic.net/felicitacionbenedicto/
No dejen pasar esta oportunidad que nos brindan las nuevas tecnologías e inviten a sus familiares y amigos a enviar ellos también sus felicitaciones, para que el Santo Padre tenga un cumpleaños feliz, sintiéndose acompañado, consolado y apoyado por todos nosotros.
Para enviar esta invitación a los contactos de su directorio, pueden hacer click aquí.
Quedo a sus órdenes, como siempre, en el correo mbardo@catholic.net y pido a Dios que los llene de bendiciones en este tiempo de Pascua.
Mayra Novelo de Bardo
Dirección General Catholic.net
Envía tu saludo de felicitaciones al Santo Padre desde
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Puedes ver la relación de cartas que se han enviado hasta el momento desde
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07/03/12 |
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Autor: S.S. Benedicto XVI
Fuente:
http://www.vatican.va/
Extraído de:
Catholic.net
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.
1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).
La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.
2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).
Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 3 de noviembre de 2011
BENEDICTUS PP. XVI
10/01/12 |
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DIVINOS FRUTOS DEL GENIO HUMANO
Los Museos Vaticanos, espacios sagrados y símbolos del diálogo de la Iglesia con la humanidad.
Fuente:
Revista LUHHO

En la Ciudad Santa del Vaticano (Roma-Italia), los Museos Vaticanos muestran al público la extensa colección de la Iglesia Católica Romana; una invitación a conocer el espíritu creador del hombre, en su búsqueda por descubrir el misterio divino, el universo, los seres vivientes y sobre todo la figura humana. Tratados de forma independiente, debido a su enorme amplitud conjunta, se encuentran compuestos por distintos edificios de museos temáticos, edificios pontificios, galerías, monumentos y jardines. Este fabuloso complejo museístico, símbolo del largo compromiso del papado con el antiguo patrimonio romano (siendo los Papas los primeros soberanos en poner sus colecciones de arte y palacios a disposición del público), nació con una pequeña colección privada de esculturas perteneciente al Papa Julio II, quien al ser elegido en 1503, la situó en el patio del Palacio Belvedere, hoy llamado “Patio Octógono”. Con el tiempo, y el acceso al poder de nuevos papas, nuevos edificios fueron construidos, al igual que pasadizos y galerías para unirlos con otros, desarrollándose y ampliándose hasta formar los actuales museos.

Hoy en día, y desde el año 2000, una nueva y magnífica entrada recibe a su visitantes, siendo tal como la definió el Papa Juan Pablo II en su discurso inaugural, “el ingreso que introduce al templo del arte y de la cultura que son los Museos Vaticanos, (los cuales) constituyen culturalmente una de las más significativas puertas de la Santa Sedes abiertas a todo el mundo”. Decorada por diferentes obras, entre las que destacan un gran mosaico polícromo del siglo I, en cuyo centro se encuentra un cabeza de Medusa rodeada por motivos geométricos y con una hilera de barcos en la parte inferior; así como una escultura en mármol policromo y un portón de bronce, obras contemporáneas, de Giuliano Vangi y Cecco Bonanotte respectivamente.
DEVELANDO LA MISTICA
La monumental escalera doble, diseñada por Giuseppe Momo, de fascinante forma helicoidal, es la subida indicada para acceder a las salas expositivas (y a la vez su segunda espiral es la bajada que nos llevará a la salida del museo) . Debido a su considerable extensión, se requiere de un día entero para poder apreciar sus diferentes espacios, de los cuales presentaremos aquí una selección según su cronología.
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Los Museos Vaticanos y la Galerías Pontificias surgieron con los pontificados de Clemente XIV (1769-1774) y Pío VI (1775-1799), por esta razón toman el nombre de Museo Pío-Clementino. En este, se encuentran reunidas importantes obras maestras provenientes de antiguas excavaciones romanas, y procedentes en gran parte de la colección privada del Papa Julio II. Entre ellas: el “Apoxiomenos” (copia romana en mármol cuyo original griego en bronce fue obra de Lisipo), el “Apolo de Belvedere” (ubicada en la sala de Belvedere, y el grupo escultórico el “Laocoonte y sus hijos”, pieza de gran dramatismo donde se aprecia el mito del sacerdote troyano condenado a morir junto con sus hijos, victimas de serpientes surgidas del mar, enviadas por uno de los dioses. Por su parte, los Museos Gregorianos (Etrusco, Egipcio y Profano), fundados por el Papa Gregorio XVI (1831-1846), cuentan (los dos primeros) con objetos provenientes de las excavaciones realizadas en la Etruria meridional y Egipto, así como el segundo con otras que se encontraban ya conservadas en el Vaticano y en el Museo Capitolino. El tercero, cuenta con estatuas, bajorrelieves, mosaicos de la edad romana que no encontraban lugar en los Palacios Vaticanos. El Museo Misionero Etnológico (fundado por Pío XI en 1926), reúne una cifra impresionante de 80,000 objetos procedente de todo el mundo, ofrecidos al Papa por particulares, misiones y diócesis.
Por su parte la Pinacoteca Vaticana inaugurada en 1932, dentro de su nuevo edificio actual (construido según los deseos y las directrices de Pío XI, garantizando así las mejores condiciones de luz para una correcta conservación de las obras, al igual que una óptima apreciación estética de las mismas), incluye obras de maestros de las pintura italiana, entre ellos: Giotto, Beato Angélico, Perugino, Rafael, Leonardo, Tiziano y Caravaggio.
Asimismo, encontraremos las llamadas Estancias de Rafael, ubicadas en el segundo piso del Palacio Pontificio, parte de lo que fueron los aposentos escogidos por Julio II para su residencia personal; utilizadas también por sus sucesores, la decoración pictórica estuvo a cargo de Rafael Sanzio acompañado de sus discípulos, quienes se encargaron de culminarlas después de su muerte en 1520. El Appartamento Borgia, estancias de Rodrigo Borgia (quien al ser asumir el papado fue nombrado como Alejandro VI), cuenta con una decoración realizada por Pinturicchio, discípulo de El Perugino. Cabe mencionar, además la Galería de los Tapices, la Galería de las Cartas Geográficas y la Colección de carruajes y berlinas, todas ellas de sumo valor histórico, al igual que la Biblioteca Vaticana (fundada a mediados del siglo XV, por el Papa Nicolás V), la cual alberga más de 70,000 manuscritos y una cantidad superior al millón de libros, guardando entre ellos valiosísimos códices árabes, latinos, hebreos, persas e islámicos.
Comentario aparte merece la Capilla Sixtina, llamada así debido a que fue el Papa Sixto IV quien hizo reestructurar la antigua Capilla Magna entre 1477 y 1480. Aquí somos introducidos en el mundo de la revelación divina, plasmada en los geniales frescos de Miguel Ángel; imposible no sentirse sobrecogido frente a la magnificencia del “Juicio Universal”, composición insuperable al día de hoy.
Paula Herrera
Museos Vaticanos
http://mv.vatican.va
06/01/12 |
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600 aniversario del nacimiento de Santa Juana de Arco
2012-01-06
6 de Enero, 2012. (Romereports.com)
Este 6 de enero se celebra el 600 aniversario del nacimiento de una de las santas más emblemáticas y controvertidas de la Historia de la Iglesia, se trata de la francesa Santa Juana de Arco. La tradición cuenta que escuchó la voz de San Miguel que le dijo que sería ella quien levantaría el asedio en que estaba sometida Orleans.
Con 17 años encabezó el ejército francés para liberar a su país de los ingleses. Fue capturada por sus enemigos y quemada viva por herejía.
El papa Calixto III reestudió su condena y en 1456 se reconoció la inocencia de Juana de Arco y declaró herejes a los jueces que la condenaron. Fue declarada santa y patrona de Francia en 1920.
Benedicto XVI ha hablado de ella en varias ocasiones y la ha puesto como ejemplo de compromiso con la liberación de su pueblo.
Santa Juana de Arco:
No tenemos un retrato o monumento para recordarte, pero el verdadero ejemplo de los mártires por la fe se encuentra en el corazón de los vivientes que amamos a Dios.
Ora Pro Nobis
05/01/12 |
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5 de enero, 2012.
Romereports.com
Durante la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en Colonia en 2005, Benedicto XVI reservó hueco en su agenda para rezar ante la tumba de los Tres Reyes Magos, allí pronunció este discurso en el que explica qué motivó realmente el viaje a Belén de estos tres sabios.
TEXTO COMPLETO:
¿Por qué los Magos fueron a Belén desde países lejanos? La respuesta está en relación con el misterio de la "estrella" que vieron "salir" y que identificaron como la estrella del "Rey de los judíos", es decir, como la señal del nacimiento del Mesías (cf. Mt 2, 2).

Por tanto, su viaje fue motivado por una fuerte esperanza, que luego tuvo en la estrella su confirmación y guía hacia el "Rey de los judíos", hacia la realeza de Dios mismo. Porque este es el sentido de nuestro camino: servir a la realeza de Dios en el mundo. Los Magos partieron porque tenían un deseo grande que los indujo a dejarlo todo y a ponerse en camino. Era como si hubieran esperado siempre aquella estrella.
Como si aquel viaje hubiera estado siempre inscrito en su destino, que ahora finalmente se cumplía. Queridos amigos, este es el misterio de la llamada, de la vocación; misterio que afecta a la vida de todo cristiano, pero que se manifiesta con mayor relieve en los que Cristo invita a dejarlo todo para seguirlo más de cerca.
El seminarista vive la belleza de la llamada en el momento que podríamos definir de "enamoramiento". Su corazón, henchido de asombro, le hace decir en la oración: Señor, ¿por qué precisamente a mí? Pero el amor no tiene un "porqué", es un don gratuito al que se responde con la entrega de sí mismo.
VIDEO DEL DISCURSO
05/12/11 |
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El Adviento explicado por Benedicto XVI en 20 textos
Esperanza, Alegria y preparación tema principal en los mensajes de Adviento (206- 2011) del Papa
Autor: Redacción | Fuente:
www.opusdei.es

"Si falta Dios, falla la esperanza. Todo pierde sentido", dice el Papa. En esta selección de textos de homilías pronunciadas al inicio del Adviento, habla de esperanza, de alegría y de preparación.
I domingo de adviento 2006
1) La primera antífona de esta celebración vespertina se presenta como apertura del tiempo de Adviento y resuena como antífona de todo el Año litúrgico: "Anunciad a todos los pueblos y decidles: Mirad, Dios v iene, nuestro Salvador" (...). Detengámonos un momento a reflexionar: no usa el pasado -Dios ha venido- ni el futuro, -Dios vendrá-, sino el presente: "Dios viene". Como podemos comprobar, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que se realiza siempre: está ocurriendo, ocurre ahora y ocurrirá también en el futuro. En todo momento "Dios viene".
2) El Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento saludable que se repite con el paso de los días, de las semanas, de los meses: Despierta. Recuerda que Dios viene. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora.
3) El único verdadero Dios, "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene. Es un Padre que nunca deja de pensar en nosotros y, respetando total mente nuestra libertad, desea encontrarse con nosotros y visitarnos; quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Viene porque desea liberarnos del mal y de la muerte, de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad, Dios viene a salvarnos.
4) De una forma que sólo él conoce, la comunidad cristiana puede apresurar la venida final, ayudando a la humanidad a salir al encuentro del Señor que viene. Y lo hace ante todo, pero no sólo, con la oración.
I domingo de adviento 2007
5) La esperanza cristiana está inseparablemente unida al conocimiento del rostro de Dios, el rostro que Jesús, el Hijo unigénito, nos reveló con su encarnación, con su vida terrena y su predicación, y sobre todo con su muerte y resurrección.
6) Como se puede apreciar en el Nuevo Testamento y en especial en las cartas de los Apóstoles, desde el inicio una nueva espera nza distinguió a los cristianos de las personas que vivían la religiosidad pagana. San Pablo, en su carta a los Efesios, les recuerda que, antes de abrazar la fe en Cristo, estaban «sin esperanza y sin Dios en este mundo» (Ef 2, 12). Esta expresión resulta sumamente actual para el paganismo de nuestros días: podemos referirla en particular al nihilismo contemporáneo, que corroe la esperanza en el corazón del hombre, induciéndolo a pensar que dentro de él y en torno a él reina la nada: nada antes del nacimiento y nada después de la muerte.
7) Si falta Dios, falla la esperanza. Todo pierde sentido. Es como si faltara la dimensión de profundidad y todas las cosas se oscurecieran, privadas de su valor simbólico; como si no «destacaran» de la mera materialidad.
8) Dios conoce el corazón del hombre. Sabe que quien lo rechaza no ha conocido su verdadero rostr o; por eso no cesa de llamar a nuestra puerta, como humilde peregrino en busca de acogida. El Señor concede un nuevo tiempo a la humanidad precisamente para que todos puedan llegar a conocerlo.
9) Mi esperanza, nuestra esperanza, está precedida por la espera que Dios cultiva con respecto a nosotros. Sí, Dios nos ama y precisamente por eso espera que volvamos a él, que abramos nuestro corazón a su amor, que pongamos nuestra mano en la suya y recordemos que somos sus hijos. Esta espera de Dios precede siempre a nuestra esperanza, exactamente como su amor nos abraza siempre primero.
10) Cada hombre está llamado a esperar correspondiendo a lo que Dios espera de él. Por lo demás, la experiencia nos demuestra que eso es precisamente así. ¿Qué es lo que impulsa al mundo sino la confianza que Dios tiene en el hombre? Es una confianza que se refleja en el corazón de los pequeños, de los h umildes, cuando a través de las dificultades y las pruebas se esfuerzan cada día por obrar de la mejor forma posible, por realizar un bien que parece pequeño, pero que a los ojos de Dios es muy grande: en la familia, en el lugar de trabajo, en la escuela, en los diversos ámbitos de la sociedad. La esperanza está indeleblemente escrita en el corazón del hombre, porque Dios nuestro Padre es vida, y estamos hechos para la vida eterna y bienaventurada.
I domingo de adviento 2008
11) Todo el pueblo de Dios se pone de nuevo en camino atraído por este misterio: nuestro Dios es "el Dios que viene" y nos invita a salir a su encuentro. ¿De qué modo? Ante todo en la forma universal de la esperanza y la espera que es la oración, la cual encuentra su expresión eminente en los Salmos, palabras humanas en las que Dios mismo puso y pone continuamente la invocación de su venida en los labios y en el corazón de los creyentes.
12) "Señor, (...) ven de prisa" (v. 1). Es el grito de una persona que se siente en grave peligro, pero también es el grito de la Iglesia en medio de las múltiples asechanzas que la rodean, que amenazan su santidad, la integridad irreprensible de la que habla el apóstol san Pablo y que, en cambio, debe conservarse hasta la venida del Señor. Y en esta invocación resuena también el grito de todos los justos, de todos los que quieren resistir al mal, a las seducciones de un bienestar inicuo, de placeres que ofenden la dignidad humana y la condición de los pobres.
I domingo de adviento 2009
13) Adviento. Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra, que se puede traducir por "presencia", "llegada", "venida". En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su escondimiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra "Adviento" para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre "provincia" denominada tierra para visitar a todos; invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en él, a todos los que creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir substancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.
14) El significado de la expresión "Adviento" comprende también el de visitatio, que simplemente quiere decir " visita"; en este caso se trata de una visita de Dios: él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. En la vida cotidiana todos experimentamos que tenemos poco tiempo para el Señor y también poco tiempo para nosotros. Acabamos dejándonos absorber por el "hacer". ¿No es verdad que con frecuencia es precisamente la actividad lo que nos domina, la sociedad con sus múltiples intereses lo que monopoliza nuestra atención? ¿No es verdad que se dedica mucho tiempo al ocio y a todo tipo de diversiones? A veces las cosas nos "arrollan".
15) El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir -por dec irlo así- un "diario interior" de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia, ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como "visita", como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación?
16) En la vida, el hombre está constantemente a la espera: cuando es niño quiere crecer; cuando es adulto busca la realización y el éxito; cuando es de edad avanzada aspira al merecido descanso. Pero llega el momento en que descubre que ha esperado demasiado poco si, fuera de la profesión o de la posición social, no le queda nada más que esperar. La esperanza marca el camino de la humanidad, pero para los cristianos está animada por una certeza : el Señor está presente a lo largo de nuestra vida, nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz.
17) Existen maneras muy distintas de esperar. Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido, la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces la alegría de la espera hace más valioso el presente. Queridos hermanos y hermanas, vivamos intensamente el presente, donde ya nos alcanzan los dones del Se&ntild e;or, vivámoslo proyectados hacia el futuro, un futuro lleno de esperanza. De este modo, el Adviento cristiano es una ocasión para despertar de nuevo en nosotros el sentido verdadero de la espera, volviendo al corazón de nuestra fe, que es el misterio de Cristo, el Mesías esperado durante muchos siglos y que nació en la pobreza de Belén.
18) Al venir entre nosotros, nos trajo y sigue ofreciéndonos el don de su amor y de su salvación. Presente entre nosotros, nos habla de muchas maneras: en la Sagrada Escritura, en el año litúrgico, en los santos, en los acontecimientos de la vida cotidiana, en toda la creación, que cambia de aspecto si detrás de ella se encuentra él o si está ofuscada por la niebla de un origen y un futuro inciertos.
19) Nosotros podemos dirigirle la palabra, presentarle los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de n uestro corazón. Estamos seguros de que nos escucha siempre. Y si Jesús está presente, ya no existe un tiempo sin sentido y vacío. Si él está presente, podemos seguir esperando incluso cuando los demás ya no pueden asegurarnos ningún apoyo, incluso cuando el presente está lleno de dificultades.
I domingo de adviento 2010
20) Durante el tiempo de Adviento sentiremos que la Iglesia nos toma de la mano y, a imagen de María santísima, manifiesta su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor que salva y consuela.
I domingo de adviento 2011
¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy iniciamos en toda la Iglesia el nuevo Año litúrgico: un nuevo camino de fe, a vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también, como siempre, a recorrer dentro de la historia del mundo, para abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. El Año litúrgico empieza con el Tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el que se despierta en los corazones la espera de la vuelta de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal.
“¡Velad!”. Este es el llamamiento de Jesús en el Evangelio de hoy. Lo dirige no sólo a sus discípulos, sino a todos: “¡Velad!” (Mt 13,37). Es una llamada saludable a recordar que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que es proyectada hacia un “más allá”, como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotada de libertad y responsabilidad, por lo que cada uno de nosotros será llamado a rendir cuentas de cómo ha vivido, de cómo ha usado las propias capacidades: si las ha conservado para sí o las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.
También Isaías, el profeta del Adviento, nos hace reflexionar hoy con una sentida oración, dirigida a Dios en nombre del pueblo. Reconoce las faltas de su gente, y en un cierto momento dice: “Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a tí; porque tu nos escondías tu rostro y nos entregabas a nuestras maldades” (Is 64,6).
¿Cómo no quedar impresionados por esta descripción? Parece reflejar ciertos panoramas del mundo postmoderno: las ciudades donde la vida se hace anónima y horizontal, donde Dios parece ausente y el hombre el único amo, como si fuera él el artífice y el director de todo: construcciones, trabajo, economía, transportes, ciencias, técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces , en este mundo que parece casi perfecto, suceden cosas chocantes, o en la naturaleza, o en la sociedad, por las que pensamos que Dios pareciera haberse retirado, que nos hubiera, por así decir, abandonado a nosotros mismos.
En realidad, el verdadero “dueño” del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: “Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer o a media noche, al canto del gallo o al amanecer. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos” (Mc 13,35-36). El Tiempo de Adviento viene cada año a recordarnos esto para que nuestra vida reencuentre su justa orientación hacia el rostro de Dios. El rostro no de un “amo”, sino de un Padre y de un Amigo. Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta. "Señor, tu eres nuestro padre; nosotros somos d e arcilla y tu el que nos plasma, todos nosotros somos obra de tus manos” (Is 64,7).
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 27 noviembre 2011