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¿QUÉ ES UN DEMONIO?

Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. No tiene cuerpo, no existe en su ser ningún tipo de materia sutil, ni nada semejante a la materia, sino que se trata de una existencia de carácter íntegramente espiritual. Spiritus en latín significa soplo, hálito. Dado que no tienen cuerpo, los demonios no sienten la más mínima inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo. Por tanto la gula o la lujuria son imposibles en ellos. Pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias, pero sólo comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual, pues no tienen sentidos corporales. Los pecados de los demonios, por tanto, son exclusivamente espirituales.

Los demonios no fueron creados malos. Sino que al ser creados, se les ofreció una prueba, era la prueba previa antes de la visión de la esencia de la Divinidad. Antes de la prueba veían a Dios pero no veían su esencia. El mismo verbo ver resulta aproximativo, pues la visión de los ángeles es una visión intelectual. Como a muchos les resultará muy difícil entender cómo podían ver/conocer a Dios, pero no ver/conocer su esencia habría que proponer como comparación que sería como decir que ellos veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse. De todas maneras, aunque no penetraran su esencia, sabían que era su Creador, y que era santo, el Santo entre los Santos.

Antes de penetrar en la visión beatífica de esa esencia divina Dios les puso una prueba. En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así.Se sucedieron unas fases en la psicología de los ángeles antes de transformarse en demonios. Estas fases se dieron no en el tiempo material, sino el evo. Al darse en el evo, estas fases a los humanos nos parecería que fueron casi instantáneas. Pero lo que a nosotros nos parecería tan breve, para ellos fue muy largo. Las fases de transformación de ángel a demonio fueron las siguientes: Al comienzo les entró la duda, la duda de que quizá la desobediencia a la Ley divina fuera lo mejor. En el momento en que voluntariamente aceptaron la posibilidad de que la desobediencia a Dios fuera una opción a considerar ya pecaron. Al principio esa aceptación de la duda constituiría un pecado venial que poco a poco fue evolucionando al pecado grave. Pero al principio, ninguno de ellos en esta primera fase estaba dispuesto a alejarse irreversiblemente, ni siquiera el Diablo. Fue posteriormente cuando se fue asentando en sus inteligencias lo que su voluntad había escogido a pesar del dictamen de su inteligencia que les recordaba que tal desobediencia era contra razón. Pero sus voluntades se fueron alejando de Dios, y como consecuencia de ello sus inteligencias fueron aceptando como verdadero el mal que su voluntad había escogido. Sus inteligencias fueron consolidándose en el error. La voluntad de desobedecer se fue afianzando, haciéndose esa determinación cada vez más profunda.

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Descarga la SUMMA DAEMONIACA[30clicks] - Sacerdote Exorcista José Antonio Fortea

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QUIEN NO CREE EN EL DEMONIO, NO CREE EN EL EVANGELIO

QUIEN NO CREE EN EL DEMONIO, NO CREE EN EL EVANGELIO - JUAN PABLO II

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El demonio.

1. Existencia

He visto a satanás caer del cielo a manera del relámpago. Lc 10, 18.

Vosotros sois hijos del diablo [...]. El fue homicida desde el principio, no permaneció en la verdad. Jn 8, 44.

DIOS no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, amarrados con cadenas infernales, los precipitó al abismo donde son atormentados. 2 Pdr 2, 4.

A los ángeles que no conservaron su dignidad, sino que abandonaron su morada, los echó (DIOS) en el abismo tenebroso con cadenas eternas. Jud 6.

Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus ángeles. Mt 25, 41.

2. Oposición entre nuestro Señor Jesús y el diablo

Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo [...]. El diablo le dijo: Todas estas cosas te daré si postrándote ante mí me adorares. Respondióle Jesús: Apártate de mí, satanás. Mt 4, 1-9; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.

El enemigo que sembró la cizaña es el diablo. Mt 13, 39.

Los escribas decían: Esta poseído de belcebú, y así por arte del príncipe de los demonios es como lanza los demonios. Mas les contestaba con estos símiles: ¿Cómo puede satanás arrojar al mismo satanás? Si un reino se divide no puede subsistir Mc 3, 22-24; Mt 12, 24-32, Lc 11, 15-20.

Curó (Jesús) a muchas personas, afligidas de varias dolencias, y lanzó a muchos demonios, sin permitirles decir que sabían quién era. Mc 1, 34.

Señor, ten compasión de mi hijo, porque es lunático [...] y lo he presentado a tus discípulos y no han podido curarle. Jesús dijo: Traédmelo acá. Y Jesús amenazó al demonio y salió del muchacho, que quedó curado. Mt 17, 14-17; Mc 9, 17-28; Lc 9, 38-44.

Los que creyeren lanzaran los demonios en mi nombre. Mc 16, 17.

Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros por la virtud de tu nombre. Lc 10, 17.

Un hombre poseído del espíritu inmundo exclamó diciendo: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, oh Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Mt 8, 29; Mc 1, 24; 5, 7; Lc 8, 28.

Ahora "el príncipe de este mundo" va a ser lanzado fuera. Jn 12, 31.

¿Qué compañía puede haber entre la luz y las tinieblas? ¿Qué concordia entre Cristo y belial? 2 Cor 6, 14-15.

3. Su actuación sobre el hombre

Sed sobrios y vigilantes: porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar. I Pdr 5, 8.

Quisimos pasar a visitaros y en particular yo, Pablo, lo he resuelto varias veces; pero satanás nos lo ha estropeado [...]. I Tes 2, 18.

Los que contradicen la verdad [...] están enredados en los lazos del diablo, que los tiene presos a su arbitrio.2 Tim 2, 25-26.

Dijo también el Señor: Simón, mira que satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo. Más yo he rogado por ti. Lc 22, 31 -32.

El que oye la palabra del reino y no para en ella su atención, viene el mal espíritu y le arrebata aquello que se había sembrado en su corazón. Mt 13, 19.

Se me ha dado el estímulo de mi carne, un ángel de satanás para que me abofetee. 2 Cor 12, 7.

El mismo satanás se transforma en ángel de luz, así no es mucho que sus ministros se transfiguren en ministros de justicia. 2 Cor 11, 14-15.

Satanás se apodero de Judas, el cual fue a tratar con los príncipes de los sacerdotes Lc 22, 3-4; Jn 13, 17.

Temo que así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así sean manchados vuestros espíritus. 2 Cor 11, 3.

Revestíos de toda la armadura de DIOS, para poder contrarrestar las asechanzas del diablo, pues [...] nuestra pelea es contra los espíritus malignos. Efes 6, 11 - 12.

Si os enojáis, no queráis pecar [...]. No deis lugar al diablo. Efes 4, 26-27.

Éstos son espíritus de demonios, que hacen prodigios y van a los reyes de la tierra para coaligarlos en batalla el gran día del DIOS todopoderoso. Apoc 16, 14.

Satanás saldrá de su prisión y engañará a las naciones que hay sobre los cuatro ángulos del mundo. Apoc 20, 7.

Quien comete pecado, del diablo es; porque el diablo desde el momento de su caída continúa pecando. Por eso vino el Hijo de DIOS, para deshacer las obras del diablo. I Jn 3, 8.

Estad, pues, sujetos a DIOS y resistid al diablo y huirá de vosotros. Sant 4, 7.

Diversos Textos sobre el demonio

Escogió el mal

Si miras hacia el sol serás inmediatamente iluminado; si miras hacia la sombra, necesariamente quedarás rodeado de tinieblas. El diablo es malo por haber escogido la maldad libre y conscientemente, no porque su naturaleza esté de por si en oposición con el bien (San Basilio, Sermón 15).

Su actuación constante cerca del hombre

Siempre está ojo avizor contra nosotros el enemigo antiguo; no nos durmamos. Sugiere halagos, pone celadas, introduce malos pensamientos y, para llevarnos a dolorosa ruina, pone delante lucros y amenaza con perjuicios. Todos ahora y cada uno es probado, cada cual a su modo (San Agustín, Sermón 6).

Las cosas que proceden de la naturaleza y las que parten de nuestra voluntad, son de poca importancia, comparadas con la guerra implacable que nos tiene declarada el demonio. (San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea,vol I, p.374).

Nos dice también San Pedro: Vigilad constantemente, pues el demonio esta rondando cerca de vosotros como león rugiente, que busca a quien devorar. Y el mismo Jesucristo nos dice: Orad sin cesar, para que no caigáis en la tentación: es decir, que el demonio nos acecha en todas partes. De manera que es preciso contar con que, en cualquier parte o en cualquier estado que nos hallemos, nos acompañará la tentación. (Santo Cura de Ars, Sermón sobre las tentaciones).

Nuestro enemigo el diablo nos rodea siempre, tratando de quitarnos la semilla de la palabra que ha sido puesta en nosotros. (San Atanasio, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 396).

La tentación

Como general competente que asedia un fortín, estudia el demonio los puntos flacos del hombre a quien intenta derrotar, y lo tienta por su parte más débil. (Santo Tomás, Sobre el Padrenuestro, 1. c., p. 162).

Sus armas son la astucia, el engaño y la torpeza espiritual y sus despojos los hombres engañados por él. (San Beda, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 30).

Dos pasos del diablo: primero engaña, y después de engañar intenta retener en el pecado cometido. (Santo Tomas, Sobre el Padrenuestro, 1. c. , p. 163).

Las tentaciones son a medida de cada uno. El demonio no va a ofreceros todos los reinos del mundo. Sus ofertas vienen envueltas en toda especie de formas plausibles. Pero si ve la oportunidad, no tarda mucho en señalarnos cómo podemos conseguir aquello que queremos si aceptamos ser infieles a nosotros mismos y, en muchas ocasiones, si aceptamos ser infieles a nuestra lealtad católica. (R. A.KNOX, Sermones pastorales, P. 79).

Trata siempre de sembrar la confusión

El diablo no permite a aquellos que no velan, que vean el mal hasta que lo han consumado. (San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p. 345).

El espíritu maligno que actúa sobre los hijos de la incredulidad, el dios de este mundo, como dice San Pablo, ha cegado los ojos de los que no creen, y he aquí que se hallan forzados a reñir y discutir porque han perdido su camino; y disputan unos con otros, diciendo uno esto y otro aquello, porque no ven. (CARD.J. H. NEWMAN, Sermón para el Domingo 11 de Cuaresma. Mundo y pecado).

El lobo roba y dispersa las ovejas, porque a unos los arrastra a la impureza, a otros inflama con la avaricia, a otros los hincha con la soberbia, a otros los separa por medio de la ira, a este le estimula con la envidia, al otro le incita con el engaño. De la misma manera que el lobo dispersa las ovejas de un rebaño y las mata, así también hace el diablo con las almas de los fieles por medio de las tentaciones. (San Gregorio Magno, Hom. 14 sobre los Evang.).

Siendo un ángel apóstata, no alcanza su poder más que a seducir y apartar el espíritu humano para que viole los preceptos de DIOS, oscureciendo poco a poco el corazón de aquellos que tratarían de servirle, con el propósito de que olviden al verdadero DIOS, sirviéndole a él como si fuera “dios”. Esto es lo que descubre su obra desde el principio. (San Ireneo, Trat. contra las herejías, 5).

Perverso maestro es el diablo, que mezcla muchas veces lo falso con lo verdadero, para encubrir con apariencia de verdad el testimonio del engaño. (San Beda, en Catena Aurea, vol. IV, p. 76).

En la hora de la muerte

Debemos procurar pensar con santo temor cuán furioso y terrible se presentará el demonio en el día de nuestra muerte, buscando en nosotros sus obras; cuando vemos que se presentó a DIOS al morir en su carne, y buscó alguna de sus obras en Aquel en quien nada pudo encontrar. (San Gregorio Magno, Hom. 39 sobre los Evang.).

Trata de aprovechar cualquier circunstancia y estado de ánimo especialmente la tristeza

Alguien podría preguntar: ¿cómo se explica que el diablo utilice las citas de la Sagrada Escritura?

No tienes más que abrir el Evangelio y leer:

Entonces el diablo lo tomó —se trata del Señor, del Salvador— y lo puso sobre lo alto del templo y le dijo: si eres el Hijo de DIOS, échate de aquí abajo; pues está escrito: te he encomendado a los Ángeles, los cuales te tomarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra (Mt 4, 5-6).

¿Qué no hará a los pobres mortales el que tuvo la osadía de asaltar, con testimonios de la Escritura, al mismo Señor de la Majestad? (San Vicente de Lerins, Conmonitorio, n. 26).

Después (de cometido el mal) el diablo exageró de tal manera su tristeza que llegó a perder al desgraciado. Algo semejante pasó en Judas, pues después que se arrepintió no supo contener su corazón, sino que se dejo llevar por la tristeza inspirada por el diablo, la cual le perdió. (Origenes, en Catena Aurea, vol. III, p. 346).

El pecador queda, en cierto modo, bajo la potestad del demonio

De la misma manera que la nave (una vez roto el timón) es llevada a donde quiere la tempestad, así también el hombre, cuando pierde el auxilio de la Gracia Divina por su pecado, ya no hace lo que quiere, sino lo que quiere el demonio. (San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p.

Cuando el demonio se aparta de alguno, acecha el instante oportuno, y cuando le ha inducido a un segundo pecado, acecha la ocasión para el tercero. (Origenes, en Catena Aurea, vol. III, p. 346).

 

El maligno no tiene un poder absoluto para vencernos, incluso tiene un limitado poder para tentarnos.

El afirmar que nos mueve al mal, no quiere decir que nos determine efectivamente a él.

Ningún hombre podría evitar cometer pecado, si el maligno tuviera un poder absoluto para vencernos. Puede tentarnos, pero nunca más allá de nuestras fuerzas.

Por lo mismo si contamos con la Gracia de DIOS, siempre podremos derrotarlo, porque ni toda la fuerza del infierno, puede hacer que cometamos el pecado más pequeño, si nosotros, con la ayuda del Cielo, no se lo permitimos, a pesar de sus tentaciones.

Si por una parte es verdad que tienen el poder de incitarnos al mal, por otra es también cierto que se nos ha dado a nosotros la fuerza de rechazar sus sugestiones y la libertad de consentir en ellas. Pero si su poder y sus ataques engendran en nosotros el temor, no perdamos de vista que contamos con la protección y la ayuda del Señor. Su gracia combate a nuestro favor con un poder incomparablemente superior al de toda esa multitud de adversarios que nos acosan. DIOS no se limita únicamente a inspirarnos el bien. Nos secunda y nos empuja a cumplirlo. Y más de una vez, sin percatarnos de ello y a pesar nuestro, nos atrae a la Salvación. Es, pues, un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es a aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad. (Casiano, Colaciones, 7).

El diablo tiene un cierto poder; sin embargo, las más de las veces quiere hacer daño y no puede, porque éste poder está bajo otro poder [...], ya que quien da facultad al tentador, da también Su Misericordia al que es tentado. (San Agustín, Sobre el Sermón de la Montaña, 2).

El diablo no puede dominar a los verdaderos siervos de DIOS, que de todo corazón confían en Él. Puede, sí, combatirlos, pero no derrotarlos. (Epílogo sobre los Mandamientos, 2).

No conoce directamente la naturaleza de nuestros pensamientos

Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado percibirlos, o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas les es totalmente inaccesible.

Inclusive los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen, antes bien, por nuestras manifestaciones exteriores.  (Casiano, Colaciones, 7).

Es como un gran perro encadenado, que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado

El demonio solo es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado. San Agustín.

Ayuda de los Sacramentos, de la oración, de la limosna y de los sacramentales para vencer la tentación

Recomiendo siempre, con tanto empeño, el uso diario del agua bendita. Muchas razones te podría dar. Te bastará, de seguro, ésta de Santa Teresa de Ávila:

"De ninguna cosa huyen más los demonios, para no tornar, que del agua bendita" 

DIOS nos envía amigos, ora sea un Santo, ora un Ángel, para consolarnos [...]; nos hace sentir con mayor fuerza la eficacia de Sus Gracias a fin de fortalecernos y armarnos de valor. Mas, al recibir los Sacramentos, no es un Santo o un Ángel, es Él mismo quien viene revestido de todo su poder para aniquilar a nuestro enemigo. El demonio, al verle dentro de nuestro corazón, se precipita a los abismos; aquí tenéis, pues, la razón o motivo por el cual el demonio pone tanto empeño en apartarnos de ellos, o en procurar que los profanemos. En cuanto una persona frecuenta los Sacramentos, el demonio pierde todo su poder sobre ella. (Santo cura de Ars, Sermón sobre la perseverancia)

(Más líbranos del maligno o del malo). Nada queda ya que deba pedirse al Señor cuando hemos pedido su protección contra el maligno o el malo; la cual, una vez obtenida, ya podemos considerarnos seguros contra todas las cosas que él y el mundo pueden hacer. ¿Qué miedo puede darnos el siglo, si en el tenemos a DIOS por defensor? (San Cipriano, en Catena Aurea, vol. II, pp. 371-372).

Ningún poder humano puede ser comparado con el suyo y sólo el Poder Divino lo puede vencer y tan sólo la Luz Divina puede desenmascarar sus artimañas. El alma que hubiera de vencer la fuerza del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad (San Juan de la Cruz, 3, 9).

Donde se da limosna no se atreve a penetrar el diablo. (San juan Crisóstomo, Hom. sobre la l.a Epístola a los Colosenses, 35).

La ayuda del Ángel Custodio

Acude a tu Ángel Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones. (San J. Escrivá de Balaguer, Camino, n. 567).

El humilde vence al demonio

Refiérese en la vida de San Antonio que DIOS le hizo ver el mundo sembrado de lazos que el demonio tenía preparados para hacer caer a los hombres en pecado. Quedó de ello tan sorprendido que su cuerpo temblaba como la hoja de un árbol, y dirigiéndose a DIOS le dijo: "Señor, ¿quién podre escapar de tantos lazos?" Y oyó una voz que le dijo: "Antonio, el que sea humilde; pues DIOS da a los humildes la Gracia necesaria para que puedan resistir a las tentaciones; mientras permite que el demonio se divierta con los orgullosos, los cuales caerán en pecado en cuanto sobrevenga la ocasión. Mas a las personas humildes el demonio no se atreve a atacarlas". 

La ayuda de la Santísima Virgen María

El demonio, príncipe de este mundo, ignoraba que nuestro Señor Jesucristo era el Hijo de DIOS y DIOS mismo, que la Santísima Virgen era la Creatura más Perfecta que DIOS había creado, ignoraba Su Potestad y no sabía el Poder tan Inmenso que dejaba a Su Iglesia a través de Sus Sacramento, todo lo anterior significaba su perdición, su derrota, su fin contra los hombres.

¿Que por momentos te faltan las fuerzas? ¿Por qué no se lo dices a tu Madre: consolatrix afflictorum, auxilium christianorum... spes postra, Regina apostolorum(San J. Escrivá de Balaguer, Camino, n. 515).

¡Que cosas nos dicen los Santos de Santa María! ¿Quien volvió a su casa sin alegría ni gozo, después de haber pedido a Santa María, la Madre del Señor, lo que deseaba? (San Amadeo, Homilfas).

Santa María nunca seducida, ni vencida por el demonio, siempre humilde, pura y obediente a DIOS, alcanzó la máxima perfección que una creatura de DIOS puede llegar, convirtiéndose en la Inmaculada, sin pecado Concebida, Llena de Gracia, reina de los Ángeles, Reina de los Santos y Reina de los hombres.

En todo peligro y tentación puedes alcanzar la salvación, por medio de la Santísima Virgen Gloriosa; por eso se dice: Mil escudos—mil remedios contra los peligros—cuelgan de Ella (Cant 4, 4). Igualmente, para cualquier obra virtuosa puedes invocarla en tu ayuda. 

Pocos conocen los lazos en que están presos, menos los que el demonio le prepara cada día. Nosotros, si seguimos entregados al pecado, no percibiremos los cordeles con que nos va a atar el maligno, ni sentiremos cuando empiece a apretar, hasta que sea demasiado tarde y no nos podamos soltar.

Cambiemos antes de que sea demasiado tarde.

DIOS Clama y Nos Llama, pocos oyen Su Voz; el diablo llama a los hombres por medio del sexo, de los vicios, del egoísmo, de la calumnia y mentira, de la falta de Fe, de la incredulidad sobre las cosas de DIOS, de la falta de gratitud a nuestro Señor Jesús, y la inmensa mayoría acude a estos llamados del maligno de manera total y pronta.

Cuando los demonios se esfuercen en abatir nuestra alma con el temor y desesperación, recordemos que si estamos en Gracia DIOS está con nosotros y todo mal tiempo pasará, para dejar solo en nosotros mejores bienes que los de antes, ya sean físicos, mentales o espirituales.

Pero la condición es.

Estar y mantenernos en Gracia.

Porque Aquel que nos dijo, que era necesario perdonar, no sólo siete veces, sino setenta veces siete, nos dijo también que estaría con nosotros hasta el fin del mundo.

El demonio se introduce fácilmente en los espíritus perezosos, tibios, egoístas, en los agresivos, en los sensuales y mundanos. Estos serán mucho más propensos para caer en sus emboscadas. 

"Veía yo a satanás que caía del cielo como un rayo”. No temamos, pues, a un enemigo  que ha caído, tampoco lo subestimemos. A este ser, le dio el Señor libertad para tentar, pero no le concedió facultad para derribar, al que se encuentra en Su Gracia, al que no, más le valdría cambiar inmediatamente de vida, convertirse verdaderamente e invocar el auxilio de Santa María.

Somos, por nosotros mismos, incapaces de ver las tinieblas, los engaños, las trampas y de descubrir las emboscadas que nuestro enemigo el demonio tiene ocultas para hacernos caer. Tenemos, siempre, que reconocer nuestra inferioridad en fuerza y suplicar con total humildad y fe, la ayuda del Cielo.

Si nuestro espíritu no se desprende de las cosas exteriores, vanas y mundanas, no estará en condición de soportar los ataques y tentaciones del maligno.

Nuestra vida consiste en salvar nuestra alma y alcanzar la Gloria de DIOS en la vida eterna, vigilando a cada momento nuestro corazón, nuestra mente, nuestra consciencia, nuestros actos y acciones, para no perder la batalla contra el enemigo.Y aunque esto pareciera de primer instancia un egoísmo nuestro por pensar en nuestra salvación, no lo es, ya que en esta va implícita el trabajo por DIOS y por nuestros semejantes, ya que sin ello el triunfo es imposible.

En toda la figura de este mundo que pasa, y por medio de los ojos y da deleite al corazón, tiene el demonio tendidas sus redes; en su “hermosura” está el lazo y la espada de la muerte. (San  Paulino, Ep. 2, ad Sever., sent. 3, adic. Tric. T. 5, p. 360.)

El demonio se esfuerza contra vosotros con mayor rabia cuando ve que procuramos arreglar nuestra vida; y cuando advierte que hemos trabajado en llenar el navío de nuestro corazón con más preciosos tesoros de Gracias, hace todo cuanto puede para causarnos un naufragio mortal. (San Juan Crisóstomo, sent. 1, Homil. 1, ad popul. Antioch., Tric. T. 6, p. 300.)

Entre tanto que el demonio nos combata por fuera, tenemos oportunidad para resistirle; pero si le abrimos la puerta de nuestra alma, de nuestra mente y de nuestro corazón, será terriblemente difícil poder resistirle, por eso mantengámonos vigilantes y atentos a lo que pensamos, sentimos y hacemos.

¡Qué astuto es el diablo! Como sabe que en la oración alcanzamos de DIOS grandes Gracias, se esfuerza cuanto puede para apartar las almas imprudentes, de un ejercicio tan útil. (San Juan Crisóst., Sen-n. de Canan., n. 10, sent. 247, Tric. T. 6, p. 350.)

DIOS prometió un Cielo lleno de Amor, de Paz, de Belleza y de Alegría y los hombres le desprecian, el diablo les ofrece un infierno lleno de sufrimiento, de maldad, de dolor y desesperación y los hombres le siguen y obedecen, siendo así la triste realidad de ceguera de la inmensa mayoría de los hombres.

Aunque el demonio es el que nos inspira al adulterio, a la fornicación, a la mentira, a la muerte, etc., también es este, sin quererlo, el que al vencerlo con la Gracia de DIOS, no da la oportunidad de alcanzar un nivel más alto de obediencia y respeto a DIOS.

DIOS permite que el demonio tiente a los fieles, solo en lo preciso para su adelantamiento espiritual. (San Agustín, Saim. 63, sent. 98, Tric. T. 7, p. 4o3.)

El que siempre tiene el infierno delante, no caerá en él: como al contrario, no le evitará el que le desprecia o no cree en él.

El diablo sólo persigue a los buenos y no a los malos, porque estos son sus amigos y hacen siempre su voluntad. (San Cesáreo de Arnés, Serm. 10, sent. 2, Tric. T. 9, p. 44.)"

Acuérdate, infeliz, que vas caminando entre los lazos del demonio; los cuales, por todas partes nacen debajo de tus pies: despierta temiendo que tu sueño te precipite en la sombra de una funesta muerte. Desengáñate de la ilusión de una vida larga sobre la tierra, no sea que este error te mantenga en el estado de la culpa y te tenga por más tiempo encerrado en los hábitos perniciosos. Ruega sin cesar a Jesucristo, tu Salvador, que haga que todas las aficiones de tu corazón lleven los frutos de una tierra excelente, y que toda tu vida sea como una fecunda vid, cuyo fruto merezca ser ofrecido a DIOS, y que la reciba su Divina Majestad con complacencia. (San Anselmo, Exhort., ad Contempt. temporal., sent. 2, Tric. T. 9, p. 338.)

Más atrevido es el enemigo para envestir por la espalda, que para resistir cara a cara. (San Bern., Ep. 11, n. 12, sent. 36, Tric. T. 10, p. 324.)

No hay seguridad para el que duerme cerca de una serpiente. (San Berna., Ep. 241, sent. 60, Trie. T. 10, p. 325.)

El que rehusa seguir los preceptos, favorece al tentador. (San Bern., Serm. 77, in Cant., sent. 133, Tric. T. 10, p. 330.)

Lo que principalmente persigue el demonio es la perseverancia, porque sabe que a sólo ella se corona. (San Bem., Ep. 24, sent. 147. Tric. T. 10, p. 330.)

Es de la mayor locura, necedad, ignorancia y soberbia, el despreciar las Armas más poderosas que DIOS en Su Infinita Misericordia y Amor, no dejo en sus Sacramentos, especialmente en la Eucaristía, en la Intercesión de la Santísima Virgen María, de los Santos, de los Ángeles y de Su Iglesia, la única que cuenta con todo lo anterior y que fue Erigida por Él, la Santa Iglesia Católica Apostólica.

Bendiciones. 

 

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. (Efesios 6, 12)

¿CONOCE EL DEMONIO LO QUE PENSAMOS Y OYE LO QUE DECIMOS?

En nuestra lucha contra nuestro enemigo común, el diablo, debemos estar vigilantes y en oración para no vernos sorprendidos. Por eso es bueno conocer más para poder tener certezas en nuestra batalla de cada día.

1 Pedro 5, 8 :" Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el diablo, ronda como León rugiente, buscando a quien devorar. 9 Resistidle firmes en la fe.

 

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El pensamiento del hombre, considerado en sí mismo, no puede ser conocido sino por Dios y por la persona de quien tal pensamiento procede, como explica Santo Tomás de Aquino. Esto mismo dice la Sagrada Escritura: El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce? Yo, Yahveh, exploro el corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su camino, según el fruto de sus obras (Jer 17, 9-10). También San Pablo lo atestigua: ¿Qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? (1Co 2, 11).

Pero el demonio puede conjeturar cuáles son nuestros pensamientos por otra vía indirecta, a saber, nuestros estados anímicos y físicos, del mismo modo que un médico reconoce una afección psíquica por ciertos síntomas externos.

Nuestros pensamientos, en efecto, se traducen en alteraciones físicas, como el abatimiento corporal, la mirada opaca y la lentitud de movimientos manifiestan pensamientos de preocupación. Si esto ayuda a que los hombres entrevean con cierta probabilidad cuáles son los pensamientos ocultos de algunas personas, mucho más puede hacerlo tanto el ángel bueno como el malo, pues tienen más experiencia que nosotros sobre el modo de proceder de los hombres en general y de muchos de ellos en particular (por ejemplo, nuestros ángeles guardianes conocen muy bien nuestro modo habitual de pensar y obrar, y tienen el conocimiento de Dios). De aquí que San Agustín diga que “los demonios a veces descubren con toda facilidad las disposiciones de los hombres, y no sólo las que manifiestan de palabra, sino también las concebidas en el pensamiento”, porque en el cuerpo se refleja el estado del alma; pero el mismo santo, en su obra “Retractaciones” afirma que no puede asegurar cómo sucede esto.

Este conocimiento es, sin embargo, no sólo indirecto sino también puramente conjetural, es decir, aproximado.

Porque una misma persona puede tener movimientos físicos parecidos a pesar de que sus pensamientos o deseos de la voluntad sean distintos; más diferencia hay entre personas distintas que pueden reaccionar con parecidas manifestaciones orgánicas ante fenómenos psíquicos diversos.

El ángel malo, al no tener el conocimiento de Dios, puede ir más allá de estos hechos externos y tratar de atar cabos para deducir cuáles podrán ser nuestros pensamientos. Dice al respecto Lépicier: “Si bien en el presente estado de vida no podemos ejercitar nuestras facultades mentales sin el concurso de los sentidos, ya internos, ya externos, no obstante, sí puede una sola y misma modificación orgánica dirigirse a varios objetos; o en otros términos, puede servir para expresar diversos conceptos formales. Con nuestra voluntad libre podemos imprimir a nuestras operaciones mentales una infinidad de aspectos, y dirigirlas a finalidades diversísimas, de forma que no sea posible, ni siquiera a la aguda inteligencia angélica, conocer, contra nuestra voluntad, cuál sea nuestro propósito actual o la finalidad de nuestras operaciones mentales”. Y esto siempre y cuando Dios no quiera, por su parte, entorpecer las observaciones de los demonios respecto de alguna persona en particular. De aquí, por ejemplo, las grandes dudas que asaltaban a los demonios respecto de Jesús, como se pone en evidencia en las tentaciones en el desierto donde el diablo pone a prueba a Nuestro Señor para saber si realmente Él es el Mesías.

En cambio, de modo directo, es decir, los pensamientos tal cual están en nuestra mente o los deseos e intenciones en nuestra voluntad, no los pueden conocer, a menos que nosotros le abramos voluntariamente el alma. Así explica Santo Tomás de Aquino, hablando no sólo de los demonios sino de los ángeles en general. En las “Colaciones de los Padres del Desierto” Juan Casiano escribía: “Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas les es totalmente inaccesible. Inclusive los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma, antes bien, por los movimientos y manifestaciones del hombre exterior”.

El demonio no sabe lo que pensamos ni lo que queremos a menos que nosotros voluntariamente le permitamos que lo conozca; puede sospechar lo que pensamos, pero no puede estar seguro. No hay ningún peligro en rezar en voz alta, por ejemplo, pues aunque sepa cuáles son nuestros planes nada puede contra ellos sin la permisión de Dios. Por otra parte, en nuestras oraciones no hay nada que debamos ocultar ya que, como explican San Agustín y Santo Tomás de Aquino, todo cuanto podamos rezar correctamente, se puede resumir, en última instancia en el “Padrenuestro” (“la oración dominical es perfectísima, porque, como escribe San Agustín, si oramos digna y convenientemente, no podemos decir otra cosa que lo que en la oración dominical se nos propuso”), y esta oración el demonio la conoce y nada puede hacer contra ella; podrá poner obstáculos, pero chocará siempre contra la eficacia que Jesús ha dado a las oraciones que hagamos en su nombre: Todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis (Mt 21, 22; cf. Mc 11, 24); Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré (Jn 14, 13-14).

Además Nuestro Señor nos ha dado la clave para no caer en las argucias del tentador astuto: Mt. 26,41: "Vigilad y orad para no caer en la tentación; que el Espíritu esta pronto pero la carne es débil".

 

♥ ♥ ♥

En el corazón de mamita Santa María, la Bendición de Dios Todopoderoso Padre + Hijo + y Espíritu Santo + descienda sobre ustedes y los suyos y los acompañe siempre hasta la eternidad. Amén, Amén, Amén.

Enviado por: JOSÉ CERO

DEFENDERNOS DEL MALIGNO

Fuente: AMERICA CATOLICA

 

Desde el inicio de su Pontificado en 1962, el Papa Pablo VI subrayó las necesidades más importantes de la Iglesia.

"Una de las necesidades más grandes de la Iglesia es la de defenderse de ese mal al que llamamos el demonio".

“Un ser viviente espiritual, pervertido y pervertidor, realidad terrible, misteriosa y temible".

Afirmaba que "Se separan de la enseñanza de la Biblia y de la Iglesia los que niegan a reconocer la existencia del diablo, o los que lo consideran un principio autónomo que no tiene, como todas las criaturas, su origen en Dios; y también los que lo explican como una seudo-realidad, una invención del espíritu para personificar las causas desconocidas de nuestros males".

"Nosotros sabemos -prosiguió Pablo VI- que este ser oscuro y perturbador existe verdaderamente y está actuando de continuo con una astucia traidora. Es el enemigo oculto que siembra el error y la desgracia en la historia de la humanidad."

"Es el seductor pérfido y taimado que sabe insinuarse en nosotros por los sentidos, la imaginación, la concupiscencia, la lógica utópica, las relaciones sociales desordenadas, para introducir en nuestros actos desviaciones muy nocivas y que, sin embargo, parecen corresponder a nuestras estructuras físicas o síquicas o a nuestras aspiraciones más profundas".

Estas expresiones, ¿Nos recuerdan a las del león rugiente  que ronda, buscando a quien devorar, de las que no habló San Pedro?

El diablo no espera a ser invitado para presentarse, más bien impone su presencia con una habilidad inaudita.

El Papa evocó también el papel de Satanás en la vida de Cristo. Jesús calificó al diablo de "príncipe de este mundo" tres veces a lo largo de su ministerio y el poder enorme que tiene Satanás para tentar a los seres humanos y de la presencia activa de este, en el mundo.

A lo largo de la historia moderna, No se ha subrayado bastante la realidad de las potencias del mal, que actúan en nosotros y en el mundo y la imperiosa necesidad de prepararnos para ese combate espiritual que se esta llevando a cabo en estos momentos en el mundo, en nuestra vida y en la de nuestros seres queridos.

La Iglesia Católica, desde su fundación por nuestro Señor hace dos mil años, es sistemáticamente atacada 

por, a través de los últimos Papas hablar y prevenir acerca de como trabaja el demonio desde el anonimato y desde la oscuridad y ahora los medios de comunicación con un resentimiento inesperado, en el que se acusa a  la Iglesia de retornar a creencias ya “superadas” por la “ciencia”, que declaraban

 que “¡El diablo está muerto y enterrado!”.

 Tremendo error y mentira diabólica.

¿Cómo explicar la violencia y la cólera de estas reacciones?

¿Cómo no darnos cuenta, bajo estas reacciones, la cólera del maligno?

 En efecto, satanás necesita el anonimato para poder actuar de manera eficaz.

¿Cuál no será su irritación, por tanto, cuando ve al Papa denunciar en “Urbi et orbi”, sus artimañas?

Es la cólera del enemigo que se siente desenmascarado y que exhala su despecho a través de sus secuaces como son los  masones, ateos, comunistas, new age,”guías espirituales”, iluminatis, políticos, millonarios, luciferinos,  testigos de jehová, anti-cristianos, etc .

Aprende a discernir.

Bendiciones.

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. 

(Efesios 6, 12)

EL DEMONIO DE LA ACEDIA - PADRE HORACIO BOJORGE

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La Acedia es una tristeza por el bien, por los bienes últimos, es tristeza por el bien de Dios.
Es una incapacidad de alegrarse con Dios y en Dios.
Nuestra cultura está impregnada de Acedia.


La civilización depresiva.

La acedia se encuentra instalada en forma de hábitos en las sociedades y en las culturas, de modo que se puede hablar de una verdadera civilización de la acedia y de esto trata este primer capítulo de esta serie.

Estamos en una civilización de la acedia, no se diagnostica este mal de manera explícitamente religiosa y nuestro diagnóstico es religioso. Normalmente se habla de la sociedad depresiva, hace pocos años publicó el Padre Tony Anatrella, un jesuita francés, psicólogo social y psicólogo consultor de la Santa Sede, un libro que se llama “La Sociedad Depresiva” en el que nos dice que “la depresión no es solo la enfermedad más extendida en nuestra civilización, sino que es su mal característico”. La nuestra es una sociedad que se caracteriza por ser depresiva, deprimida y de alguna manera deprimente.

Otro gran psicólogo muy reconocido, Viktor Frankl, decía hace muchos años que la depresión se debe a que el hombre necesita tener un sentido último, y cuando pierde ese sentido último empiezan los procesos psicológicos y neurológicos que lo sumergen en la depresión, en la tristeza.

En los siguientes capítulos veremos que la acedia es una tristeza, pero una tristeza por los bienes últimos, es tristeza por el bien de Dios, o la incapacidad de alegrarse con Dios y de alegrarse en Dios.

La sociedad depresiva ha avanzado muchísimo en procurarles a los hombres bienestar y progreso material, ha llevado a los pueblos a mejorar su nivel de vida, sin embargo eran pueblos que cuando no tenían tanto bienestar sabían celebrar la vida por que se alegraban en las cosas sencillas, y aunque tuvieran menos posibilidades de bienestar tenían sin embargo más alegría. Parece que esta sociedad depresiva, en la medida en la que aumenta el disfrute de las cosas, pierde la capacidad de disfrutar y alegrarse, y produce entonces un nuevo tipo de fiesta, que ya no es la fiesta de la celebración de la vida sino que es una fiesta de evasión de la cual vuelve a la vida diaria con una sensación de aburrimiento o abrumado, después de haber huido como que se recluye de nuevo en la cárcel de las cosas y no encuentra ya la alegría de los vínculos. Es una sociedad en que se está agrediendo a los vínculos y principalmente al principal que es el vínculo con Dios.

La revelación bíblica a unido, y Nuestro Señor Jesucristo une también, el amor a Dios como el primero de todos los vínculos, con el amor al prójimo, como dos amores necesariamente unidos por que el uno es la fuente de los otros; el amor a Dios es el vínculo fontal que permite que el hombre se vincule con los demás amorosamente.

Ya los filósofos griegos, Platón, Aristóteles, explorando las filosofías de la sociedad humana, explorando en que consistiría la felicidad, determinaron que la felicidad no está en las cosas, no está en el dinero, no está en el bienestar, no está en el placer, no está en la fama, no está en la gloria ni en el aplauso de las personas, sólo un bien de su misma naturaleza personal puede hacer feliz a una persona, por lo tanto concluye Aristóteles, la felicidad del hombre puede estar solamente en la amistad con los demás hombres, y la amistad es un amor recíproco, no basta que uno ame a los demás si no es amado por los otros, esa red de relaciones vinculares que conforman la felicidad de los ciudadanos supone la existencia de la virtud, por que si los ciudadanos no son virtuosos esa amistad se corrompe por egoísmo de uno o de los dos, y esa relación –lejos de convertirse en el origen de la felicidad– es la fuente de una explotación del egoísta al generoso, o un pacto de intereses entre dos egoístas, y esto no basta para hacer la felicidad ni de las personas ni de la sociedad.

Por eso concluye Aristóteles, que para el bien de la sociedad y de los ciudadanos, los individuos deben ser virtuosos, y hace por lo tanto todo un tratado de la virtud para decirnos que es necesaria esa virtud para amar al otro sin egoísmo.

Entre las virtudes, tanto Platón como Aristóteles, dan mucha importancia a las virtudes de la templanza en el uso de los bienes y de la fortaleza ante los males, y dicen que desde niños los ciudadanos deben ser educados en estas virtudes.

Ellos, sin embargo no podían saber por que la virtud del hombre se corrompe, ellos no tenían la sabiduría revelada por Dios acerca del pecado original y de la fuente de la corrupción del amor, del amor en su relación con Dios el creador, y del amor en la relación con los demás; la revelación cristiana viene a traer esta sabiduría, y nos da el secreto y la explicación, y hasta el nombre de esta raíz de la corrupción de las virtudes, eso es lo que llamamos acedia o tristeza por el bien, el ser humano es capaz de no alegrarse en el bien principal que son sus vinculaciones, (con Dios y con las personas), y por lo tanto puede valorar más las cosas que a las personas, esto lo notamos en esta sociedad en la que, a medida que aumentan los adelantos técnicos nos topamos con personas que son cada vez menos capaces de vincularse entre si. Podemos ser muchas veces muy hábiles en el manejo de la computadora, de la Internet, de los celulares, cada vez estamos más comunicados pero cada vez tenemos menos comunión los unos con los otros, cada vez nuestros vínculos son más superficiales, y esa comunicación y relacionamiento entre las personas no nos conduce a unos vínculos tan profundos como antes de estos adelantos técnicos.

Por lo tanto esta civilización va perdiendo, junto con su vínculo con Dios, el vínculo entre las personas llegando a una especie de autismo cultural donde las personas se clausuran dentro de si mismas y tienen más dificultad de relacionarse con otras personas, los vínculos son más frágiles y menos duraderos.

Esta civilización depresiva es la civilización de la acedia, ha perdido la capacidad de alegrarse en el culto divino y por eso a perdido la capacidad de celebrar en la vida con fiestas que celebran la vida, y sus fiestas son una huida del aburrimiento más que una celebración del amor y los vínculos.

Quiero echar mano de una parábola evangélica que nos puede revelar algo de las razones últimas de este mal de la civilización, se trata de la parábola del hijo pródigo. En la parábola del hijo pródigo precisamente encontramos que hay uno de los hijos que se va de la casa del padre por que no aprecia la vinculación con el padre sino que va en busca de otros bienes que no son los bienes principales, se equivoca en la evaluación relativa de los bienes, y abandona el vínculo filial-paterno para buscar su felicidad, conocemos la historia y sabemos que ese intento del hijo pródigo de encontrar la felicidad termina en un fracaso que lo hace volver a la casa del padre, en donde el padre lo está esperando para reanudar el vínculo, el hijo prodigo no se siente digno de reanudar ese vínculo pero el padre le devuelve la confianza y reanuda el vínculo con ese hijo. En realidad el hijo vuelve acuciado por la necesidad, no vuelve con la esperanza de encontrar el bien del vínculo, todavía no ha entrado en la sabiduría filial paterna, el viene a la casa del padre acuciado por una necesidad, pero en su corazón no es la principal necesidad el amor del padre.

Y allí mientras se celebra la fiesta por el hijo llega el otro hijo, el hijo mayor, que vive en la casa del padre y se enoja con la fiesta que el padre hace celebrando la recuperación del hijo que se había perdido, aquí vemos también, que el hijo que había permanecido con el padre no estaba allí por el amor al padre sino por otros motivos, porque si hubiera permanecido en su casa por amor a su padre se habría alegrado con la alegría del padre y se hubiese entristecido con su tristeza por la perdida del hermano; esta parábola nos enseña, entonces, que lo principal era conocido por el padre pero desconocido por los hijos, tanto uno –el que se va– como el otro –el que se queda en casa– no tenían como bien principal el vínculo amoroso con el padre, y por lo tanto los dos necesitaban de sanación, por que los dos ponían las cosas por delante del padre.

La queja del hijo mayor se refiere a los bienes que ha dilapidado su hermano menor, “ese que ha gastado todos sus bienes con prostitutas y en placeres”, no deplora otros males del hermano menor, sin embargo el padre deplora haber perdido al hijo, y se alegra de haberlo recuperado, el padre es el portador de la sabiduría de los vínculos como lo principal, que lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas y que sin eso todas las dichas terrenas no alcanzan a ser la felicidad del hombre.

Esa sabiduría elemental se ha perdido en esta cultura de la acedia y por eso esta cultura se aparta cada vez más de Dios, algunos son como el hijo pródigo que se van, esta cultura en gran parte es el hijo pródigo, que se ha ido muy lejos del Padre, que se apartado muy lejos de la revelación del Padre a través del Hijo, se ha apartado de nuestro Señor Jesucristo, y que está en una situación de apostasía, de lejanía, en una postura de haberle dado la espalda al Padre y haberse vuelto a las criaturas lo cual es la definición del pecado, la aversión a Dios y la conversión a las criaturas.

Esta civilización es la civilización de la acedia porque no sabe alegrarse con el amor del Padre, porque no sabe alegrarse con su condición de hijo, prefiere abandonar su relación con el Padre e ir a buscar su felicidad en otras cosas, en otros caminos que no son estrictamente la vinculación. Pero quizá muchos nos hemos quedado en la casa del Padre, no nos consideramos hijos pródigos, pero nos podemos preguntar si estamos en la casa del Padre atesorando el vínculo filial paterno como lo esencial y lo principal de nuestra relación con Dios, o si albergamos algunas imperfecciones en esa vinculación; si realmente nuestra felicidad viene del amor divino, si sabemos celebrar el culto como una fiesta del gozo filial alegrándonos con los bienes del Padre, o si nos falta todavía una conversión al Padre.

En esta historia, dice el Beato Juan Pablo II, los rayos de la paternidad de Dios encuentran una primera resistencia en el dato oscuro pero real del pecado original; esa duda de Eva que la serpiente le inculca de que Dios es un Dios egoísta y que no quiere darnos los bienes, esa desconfianza de Dios de la que nos habla el mito de Prometeo encadenado que tiene que robar a los dioses celosos el don del fuego, y continua el Papa: «esta es la verdadera clave para interpretar la realidad de nuestra cultura, que el hombre tiene miedo de Dios, hay un miedo a la religión, un miedo a la revelación de Dios, el pecado original no es solo la violación a una voluntad positiva de Dios, no es sólo la desobediencia, sino la motivación que está detrás de la desobediencia, la desconfianza de Dios, la cual tiende a abolir la paternidad de Dios». Estamos en una cultura en la que incluso en los medios creyentes la imagen del Padre ha quedado nublada, se habla de Jesucristo sin relacionarlo con el Padre,

Juan Pablo II continúa diciendo «tiende a abolir la paternidad destruyendo su rayos que penetran en el mundo creado, poniendo en duda la verdad de Dios que es Amor».

El Papa Benedicto XVI escribió su primera encíclica diciendo “Dios es Amor”, a esta cultura que no piensa encontrar la felicidad en el amor a Dios y a los hermanos, a esta cultura el Papa le dice Dios es Amor no tienes porque temerle, ese es el mensaje de su primera encíclica y en su tercera encíclica es “Caritas in Veritate”, la caridad se realiza en la verdad, y la verdad es la verdad acerca de Dios que nos revela Nuestro Señor Jesucristo: que Dios es Padre, y que nosotros somos hermanos entre nosotros, pero tan solo podemos realizar la fraternidad si primero vivimos la filialidad, una fraternidad sin filialidad, una fraternidad sin padre es una utopía revolucionaria que sabemos históricamente que no condujo a nada y que no logró hacer más fraterna la cultura actual, donde precisamente pensadores inspirados en esa utopía dijeron que la relación entre los hombres es la dialéctica del amo o del esclavo, o yo soy tu amo o tú me dominas, y entonces se establece entre las personas una relación de miedo o de rivalidad, de oposición, de lucha y de predomino, y esto también se proyecta hacia Dios, esta cultura tema ser dominada por Dios, es una cultura que se ha apartado –incuso intelectualmente– de la importancia del amor, y a la cual el Papa (que conoce muy bien esas ideologías) le dice que Dios es Amor y que ese Amor se realiza en la Verdad revelada acerca de Dios, y aunque ahora no podemos tener a ese Dios plenamente, sin embargo ya es capaz de cambiar nuestra vida desde ahora, y por eso la segunda carta del Papa Benedicto es sobre la esperanza, es decir que a Dios ya lo tenemos, pero hay todavía mucho más que esperar de Dios en el futuro, que la ciudad de Dios, la ciudad de los hombres que aman a Dios y que es amada por Dios, no se realiza plenamente ahora en la historia sino que va a ser una Jerusalén celeste, en este momento se está como formando en la historia, y se están juntando en el cielo los que aquí han vivido la primacía del amor en sus vidas, los que han puesto delante los vínculos y no las cosas, una ciudad de la que quedan excluidos los que han puesto las cosas delante de las personas y los vínculos.

Estamos en la civilización de la acedia, y creo queridos hermanos, que en los próximos capítulos de esta serie en que hablaremos sobre el demonio de la acedia nos iluminará mucho sobre nuestra vida en este mundo y nos ayudaran a encontrarnos en el camino hacia el Padre lo cual les deseo a todos, y a mí, para encontrarnos un día en la Jerusalén celestial.

Que Dios los bendiga.


PADRE HORACIO BOJORGE


Espero que este artículo de CATHOLIC.NET donde el Padre Horacio Bojorge nos relata lo que es el demonio de la Acedia y lo que le ha hecho a nuestra civilización haya sido de utilidad.
En una serie de trece (13) videos, el Padre Bojorge ha realizado una serie en EWTN donde relata y explica este tema y sus soluciones.

Te invito a disfrutarlos en mi canal de Gloria.tv.

http://www.gloria.tv/?user=6823

KARLA ROUILLON GALLANGOS
LIMA-PERÚ


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HAA NA JOVEN COREANA QUE FUE LLEVADA POR JESUS AL INFIERNO

EL INFIERNO EXISTE:
Lugar de Odio y Dolor indetenible... Millones de almas de personas atormentadas por demonios y padeciendo diferentes castigos y tormentos sin tregua.

Los demonios los obligan a hacer las cosas que en vida les producian placer, y se burlan y ríen de ellos.

El video que están viendo es una experiencia más allá del cuerpo físico terrenal vivida por una mujer coreana, artista de la pintura en su país. Ella pintó las imágenes tal y como las vio en el infierno.

Esta experiencia, ocurrida en abril de 2009, es totalmente real y verídica y muestra el terrible destino de aquellos que rechazan la salvación que es solamente por medio de Jesucristo, el cordero inmolado de Dios.




¡NO RECIBAS LA EUCARISTIA EN LA MANO!

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CAMPAÑA: YO NO RECIBO LA EUCARISTIA EN LA MANO
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EL INFIERNO EXISTE - PADRE CARLOS CANCELADO
http://www.youtube.com/watch?v=iYorVcGGn6A
"LIBRANOS DEL FUEGO DEL INFIERNO..."
R.P. Rafael Navas Ortiz IBP
Sábado 21 de junio de 2008


Fuente: DEL BUEN PASTOR

El Papa nos recordó recientemente esa verdad de fe sobre la existencia real del Infierno como un lugar físico que no está vacío. También SS. pidió que los sacerdotes predicáramos con más frecuencia sobre los novísimos; esta catequesis del Santo Padre no es más que un eco de la enseñanza constante de la Iglesia y de los Santos, algunos de los cuales tuvieron la experiencia mística de conocer el Infierno mismo considerando este hecho como una gran gracia; gracia "la más insigne" -como la llama Santa Teresa de Jesús en su autobiografía (cap. 32). (1)


En la Sagradas Escrituras, esta realidad del Infierno es mencionada más de 150 veces; de las cuales más de 73 en el Nuevo Testamento directamente por Nuestro Señor Jesucristo, mientras que del Bautismo sólo habla una vez. Y siendo Dios quien nos habla, bastaba una sola vez que lo hubiera dicho, para tener que creerle. Si no existiera, ¿de qué nos salvó Dios? daría lo mismo cualquier comportamiento.


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La Fe en esta verdad fundamental y salvadora, tan escamoteada y/o negada directamente por los modernistas de todos los pelambres, nos fue impresionante y misericordiosamente recordada por Nuestra Señora, la Santísima Virgen María,a los hombres por medio de los tres Pastorcitos en Fátima. Para percibir algo de lo que vieron estos niños, basta comparar una fotografía normal de los videntes de Fátima con las que les tomaron, en el momento de la visión del Infierno, los periodistas de la Prensa laicista enviados para burlarse y negar los hechos. Así, los contratados para desvirtuar los acontecimientos, dejaron registrado en sus fotografías la transformación profunda de los rostros infantiles reflejando su impresión causada por la "visión del Infierno" que constituye una parte del llamado "Secreto de Fátima".


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Les recuerdo mis lectores que no quieren creer (o que lo hayan olvidado voluntariamente o no) lo que siempre creyó la Iglesia sobre el Infierno: Existe y para ir allá No se necesita creer; y es más: es por no creer que allí se va; para no ir hay que comenzar por creer. No por cerrar los ojos se suprime la realidad. El hombre de fe es aquel que ve las cosas tal y como ellas son (como Dios las reveló) y no como a él le gustaría que fueran (relativismo modernista). Ayudarnos a evitar el Infierno es ciertamente la intención misericordiosa de Nuestra Señora al recordárnoslo en ésta parte de su mensaje que prevé el actual clima de "apostasía silenciosa" -como lo describió el Papa Juan Pablo II- que campea hace décadas sobre grandes parcelas al interior de la Santa Iglesia y causa la condenación de tantas almas como lo describen los niños de Fátima.

No fue por nada que Nuestra Señora nos ayudara enseñándonos, por medio de los Pastorcitos, la Oración* para rezar después de cada decena del Rosario:
¡Oh. Jesús mío!, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, principalmente a las que más lo necesiten. (2)

* Circulan diversas formulaciones de esta jaculatoria recomendada por Nuestra Señora. Pequeñas variantes aparecen hasta en los manuscritos y entrevistas de la Hna. Lucía. La que registramos se encuentra en “Memorias IV” (El Futuro de España en los documentos de Fátima, p. 136) y fue confirmada por la vidente en su entrevista con el famoso escritor católico norteamericano William T. Walsh (Idem., pp. 276-277).


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Abajo he puesto un vídeo bastante espeluznante, sobre una supuesta grabación que podría ser los gritos de los condenados al infierno. Esto coincide no sólo con el Secreto de Fátima que es más explícito por ser una visión, sino también con el relato de muchos Santos como el siguiente de Santa Liduvina de Shiedam, cuando fue llevada en espíritu por su Ángel de la Guarda a lo más profundo del Purgatorio: "Instantáneamente, su Ángel la condujo a un lugar de espantosas torturas. «¿Es esto el infierno hermano mío?» preguntó la Santa dama sobrecogida de horror. «No, hermana», le contestó el Ángel, «pero esta parte del Purgatorio está en el límite con el Infierno». Mirando hacia todos lados, vio ella lo que se asemejaba a una inmensa prisión, rodeada con murallas de una prodigiosa altura, cuya oscuridad, junto con las monstruosas piedras, la llenaron de horror. Acercándose a este gigantesco enclaustramiento, ella oyó un ruido confuso de lamentos, gritos de furia, cadenas, instrumentos de tortura, golpes violentos que los verdugos descargaba contra sus víctimas. Este ruido era tal que todo el tumulto del mundo, en tempestad o batalla, no podría tener comparación con el. «¿Que es entonces este horrible lugar?» pregunto Santa Liduvina a su buen Ángel. «¿Deseas que te lo muestre?» «No, te lo suplico», dijo sobrecogida de terror, «el ruido que oigo es tan aterrador que no puedo seguir escuchándolo; ¿Como puedo, entonces, soportar la vista de esos horrores?»




¡Gracias Dios mío por Redimirnos!


¡Ten Misericordia de nosotros!


(1)

Estando un día en oración, dice, me hallé en un punto toda, sin saber cómo, que me parecía estar metida en el infierno. Entendí que quería el Señor que viese el lugar que los demonios allá me tenían aparejado, y yo merecido por mis pecados. Ello fue en brevísimo espacio; mas aunque yo viviese muchos años, me parece imposible poder olvidárseme. Parecíame la entrada a manera de un callejón muy largo y estrecho, a manera de horno muy bajo y obscuro y angosto. El suelo me parecía de una agua como lodo muy sucio y de pestilencial olor, y muchas sabandijas malas en él. Al cabo estaba una concavidad metida en una pared, a manera de una alacena, adonde me vi meter en mucho estrecho. Todo esto era delicioso a la vista en comparacion de lo que allí sentí: esto que he dicho va mal encarecido.

Esto otro me parece que aun principio de encarecerse cómo es; no lo puede haber, ni se puede entender; mas sentí un fuego en el alma, que yo no puedo entender cómo poder decir de la manera que es, los dolores corporales tan incomportables, que por haberlos pasado en esta vida gravísimos, y según dicen los médicos, los mayores que se pueden pasar, porque fue encogérseme todos los nervios, cuando me tullí, sin otros muchos de muchas maneras que he tenido, y aún algunos, como he dicho, causados del demonio, no es todo nada en comparación de lo que allí sentí, y ver de que había de ser sin fin y sin jamás cesar. Esto no es, pues, nada en comparación del agonizar del alma, un apretamiento, un ahogamiento, una aflicción tan sensible, y con tan desesperado y afligido descontento, que yo no sé cómo lo encarecer; porque decir que es un estarse siempre arrancando el alma, es poco; porque ahí parece que todo os acaba la vida, mas aquí el alma mesma es la que se despedaza. El caso es que yo no sé cómo encarezca aquel fuego interior, y aquel desesperamiento sobre tan gravísimos tormentos y dolores. No veía yo quien me los daba, mas sentíame quemar y desmenuzar, a lo que me parece, y digo que aquel fuego y desesperación interior es lo peor. Estando en tan pestilencial lugar tan sin poder esperar consuelo, no hay sentarse, ni echarse, ni hay lugar, aunque me pusieron en este como agujero hecho en la pared, porque estas paredes, que son espantosas a la vista, aprietan ellas mesmas, y todo ahoga: no hay luz, sino todo tinieblas oscurísimas. Yo no entiendo cómo puede ser esto, que con no haber luz, lo que a la vista ha de dar pena todo se ve. No quiso el Señor entonces viese más de todo el infierno, después he visto otra visión de cosas espantosas, de algunos vicios el castigo: cuanto a la vista muy más espantosas me parecieron; mas como no sentía la pena, no me hicieron tanto temor, que en esta visión quiso el Señor que verdaderamente yo sintiese aquellos tormentos y aflicción en el espíritu, como si el cuerpo lo estuviera padeciendo. Yo no sé como ello fue, más bien entendí ser gran merced, y que quiso el Señor que yo viese por vista de ojos de dónde me había librado su misericordia; porque no es nada oírlo decir, ni haber ya otras veces pensado diferentes tormentos, aunque pocas (que por temor no se llevaba bien mi alma), ni que los demonios atenazan, ni otros diferentes tormentos que he leído, no es nada con esta pena, porque es otra cosa: en fin, como de dibujo a la verdad, y el quemarse acá es muy poco en comparación de este fuego de allá. Yo quedé tan espantada, y aún lo estoy ahora escribiéndolo, con que ha casi seis años, y es ansí, que me parece el calor natural me falta de temor, aquí donde estoy; y ansí no me acuerdo vez, que tenga trabajo ni dolores, que no me parezca nonada todo lo que acá se puede pasar; y ansí me parece en parte que nos quejamos sin propósito. Y así torno a decir, que fue una de las mayores mercedes que el Señor me ha hecho; porque me ha aprovechado muy mucho; ansí para perder el miedo a las tribulaciones y contradicciones de esta vida, como para esforzarme a padecerlas y dar gracias al Señor, que me libró, a lo que ahora me parece, de males tan perpetuos y terribles.


(2)

ORACION DE REPARACION DE FATIMA

Más videos sobre el infierno:

EL INFIERNO EXISTE - PADRE CARLOS CANCELADO:

PARTE 01

PARTE 02


EL MALIGNO EXISTE: CONOCELO PARA ENFRENTARLO



Un extracto del Diario de Santa Faustina Kowalska donde describe las clases de torturas que hay en el infierno.

1.- La pérdida de Dios
2.- El eterno remordimiento de conciencia
3.- La condición nunca cambiará
4.- El fuego que penetra el alma sin destruirla (encendido por el enojo de Dios)
5.- La continua oscuridad y un terrible olor sofocante, a pesar de la oscuridad los demonios y las almas de los condenados se ven mutuamente incluyendo su mal.
6.- La compañía constante de Satanás
7.- La horrible desesperación
8.- El odio de Dios
9.- Las palabras viles, maldiciones y blasfemias.


A parte de estos tipos de torturas, hay torturas para las almas particulares: los tormentos de los sentidos, según la forma en que pecaron.

Santa Faustina escribe que la mayoría de los que están en el infierno son los que -en vida- no creyeron que existía el infierno.

Diario de Santa Faustina Kowalska, descárgalo desde:

http://blog.pucp.edu.pe/item/64429/catid/6335

¡NO RECIBAS LA EUCARISTIA EN LA MANO!

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