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El Santo Rosario: la Oración que más agrada a Nuestra Madre

28abr San Luis Luigi María Grignion de da Monfort santoral krouillong karla rouillon


"El Santo Rosario -recitado con la meditación de los sagrados misterios- es un sacrificio de alabanza a Dios por el beneficio de nuestra redención y un devoto recuerdo de los sufrimientos, muerte y gloria de Jesucristo."


San Luis María Grignion de Monfort

Conoce EL SANTO ROSARIO
Fuente: TESTIMONIO de Autores Católicos Escogidos.

El año 1921, S.S. Benedicto XV, a petición del Cardenal Desiderio José Mercier, concedió a toda la nación belga el oficio y la Misa de Santa María Virgen Mediadora de todas las Gracias, para que se celebrara el 31 de mayo.
La Sede Apostólica otorgó este mismo oficio y formulario a muchas otras diócesis e Institutos religiosos que lo habían pedido, con lo cual su memoria se hizo general.


virgen maria medianera de la gracia


El Concilio Vaticano II, en 1964, expuso ampliamente la función de Santa María en el misterio de Cristo y de la Iglesia: "La función maternal de María para con los hombres de ningún modod oscurece ni disminuye la única mediación de Cristo, sino que muestra su eficacia. En efecto, cualquier influjo salvador de la Santísima Virgen en los hombres nace, no de alguna necesidad objetiva, sino del beneplácito divino y deriva de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en la mediación de Él, depende totalmente de ella, y de ella obtiene toda su eficacia; en modo alguno impide la unión inmediata de los creyentes con Cristo, sino que la favorece" (Lumen Gentium, 60)

Finalmente en el año 1971, la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó la Santa Misa que lleva por título Virgen María, Madre y Medianera de la Gracia, que, en fiel armonía con la doctrina del Concilio ya mencionado, conmemora a la vez la función maternal y el papel mediador de la Santísima Virgen. Actualmente esta Misa se celebra en muchos lugares el 8 de mayo.

El formulario, naturalmente, enaltece en primer lugar a Cristo, "verdadero Dios y verdadero hombre, único Mediador, viviente siempre para inteceder por nosotros" (Prefacio de la Santa Misa). Pero también recuerda a la Santísima Virgen, "Madre y Mediadora de la Gracia", porque Dios Padre, "por misteriosos designio de (Su) Providencia" (Prefacio), la asoció a la obra de la redención humana.


Promesas de Nuestra Señora del Rosario, a los que rezan el Santo Rosario

1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10.Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
11.Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12.Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13.He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
14.Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15.La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

HISTORIA DEL SANTO ROSARIO - EWTN

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COMENTARIO "EL SANTO ROSARIO" DE www.evangeliodeldia.org
Ha caído en mis manos una pequeña historia de la Merced, y me hace ilusión dedicar este mensaje de hoy a la Virgen de la Merced, un nombre y una advocación tan bellos de María, la que se apareció a San Pedro Nolasco, la que sostuvo a San Ramón Nonato y liberó a tantos cautivos. La llamaron de la Merced por haber usado de la máxima caridad con sus hijos más necesitados.

Hay que trasladarse a la Europa de principios del siglo doce. El mar Mediterráneo estaba infestado de corsarios turcos y sarracenos, musulmanes fanáticos que asaltaban las embarcaciones, descendían en las costas, arrasaban casas y pueblos enteros, robaban, asesinaban, y, lo peor de todo, se llevaban cristianos al norte de Africa para venderlos como esclavos y hacerles apostatar de la fe. Ante la impotencia de las naciones cristianas, será la Virgen María, --la de siempre, la que es el Auxilio de los Cristianos--, quien intervenga, con mano suave, pero firme, y con corazón de Madre.

A un comerciante rico de Barcelona le preguntan ansiosos sus familiares y amigos:
- Pero, ¿qué estás haciendo, con eso de vender todos tus negocios y enseñar a ese grupo de muchachos a hacer lo mismo? ¿A qué viene el meterse en esas embarcaciones de moros con tanto peligro?
Y Pedro Nolasco, sin miedo ninguno, responde a todos:
- Nada. ¿Quieren ustedes venir también a rescatar de la morería a los cristianos que están esclavos? Necesito más voluntarios.

Ahora interviene la Virgen.



Era la noche del 1 al 2 de Agosto de 1218. Estaba Pedro Nolasco en oración, cuando aparecen los primeros destellos de una luz celestial. Y empiezan a verse ángeles y más ángeles, que vienen rodeando a una Señora hermosísima, la cual le sonríe amorosa, y le dice:
- Lo que estás haciendo agrada mucho a Dios. No te desanimes. Yo te encargo ahora que fundes una Orden religiosa. Tus compañeros, imitando a mi Hijo Jesús, se entregarán a la salvación de sus hermanos, si es preciso hasta dándose en prenda por su rescate. Yo estaré con vosotros.
Pedro Nolasco no duda de la presencia de María, y comunica la visión al rey Don Jaime y al consejero real San Raimundo de Peñafort, los cuales hablan con el Obispo, que se queda pasmado:
- Pero, ¿es verdad lo que me dicen? Si es así, yo pongo el habito a esos valientes.
Con la protección de María y la misión del Obispo, Pedro Nolasco y sus compañeros se lanzan a una empresa sin igual.

Pronto se les agrega Ramón Nonato, valiente como ninguno. Se ordena de sacerdote, y marcha al norte del Africa a rescatar cautivos. Lo da todo, se queda sin un centavo, y se pregunta:
- ¿Y qué hago ahora?
El amor es ingenioso, y le dicta una resolución heroica. No pudiendo rescatar más esclavos, porque ya no tiene un centavo, se presenta decidido ante aquel dueño:
- Aquí me tiene. Me vendo como esclavo. ¿Cuánto paga por mí?
El rico no suelta dinero, y le ofrece con desdén:
- La libertad de otro esclavo.
- ¡Aceptado!...
Y, al convertirse Ramón en esclavo, se da con ardor a predicar a los otros cautivos la fe cristiana. Pero sus nuevos dueños, para que no hable más, le cierran la boca con un candado. Ocho meses dura su cautiverio y su martirio.

Al llegar el dinero para su rescate, es liberado y devuelto a España. En Barcelona se le hace un recibimiento triunfal. Y el Papa Gregorio IX le llama para hacerlo Cardenal, aunque muere apenas inicia el camino hacia Roma.

Bonita historia, que tanto nos dice hoy. Mientras haya hombres, hermanos nuestros, esclavos de otros hombres, que los tiranizan injustamente, siempre la Virgen de la Merced tendrá una palabra para ellos.

Mientras haya hombres, hermanos nuestros, que se han hecho ellos mismos cautivos de un vicio cualquiera, la Virgen tendrá para ellos un latido de su corazón maternal.

Mientras haya una sola persona que sufre, la Virgen tendrá que desempeñar su oficio de liberadora del dolor.

Son cautivos --justa o injustamente, para nosotros es igual-- tantos presos, que, en las cárceles de nuestros países, no tienen condiciones de vida dignas de una persona humana.

Son cautivos de la sociedad tantos niños que pululan desarrapados por nuestras calles, ladronzuelos en tan tierna edad, sin hogar, sin escuela, sin esperanza de un puesto digno entre la ciudadanía.
Son cautivas tantas mujeres, que no acaban de liberarse de las mil esclavitudes a que se han visto sujetas durante siglos, y que esperan liberación.

Son cautivas tantas personas en su propio hogar, cuando en él falta el amor, y falla el marido o falla la esposa y madre, convirtiendo la casa en una cárcel o poco menos.

Nosotros somos cautivos de nosotros mismos cuando no acabamos de romper lazos --fuertes como sogas o finos como hilos de seda-- que nos impiden volar libres hacia Dios.

¡Virgen de la Merced, ya ves que aún te queda algo que hacer en el mundo! Aún hay muchos esclavos que gimen entre cadenas y encerrados en prisiones tenebrosas. Si quieres liberar a tus hijos cautivos, sirviéndote de nosotros, aquí nos tienes, instrumentos fieles en tus manos de Madre.

Fuente: catholic.net

Autor: Pedro García, Misionero Claretiano

PUNO: MILES DE FIELES HOMENAJEAN A LA VIRGEN DE LAS MERCEDES
IVAN DRAGICEVIC

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Nació en Bijakovici el 25 de mayo de 1965 de una familia de agricultores. La Virgen le ha confiado nueve secretos. Ivan está casado, tiene tres hijos, dos mujeres y un varón (Kristina MariLa). Vive con su familia en EE.UU. y en Medjugorje. Es el más esquivo y reservado de los videntes. La Virgen le ha confiado la tarea de formar un grupo de oración que se reúne cada viernes. A veces, durante la oración nocturna, la Virgen se les aparece en ocasiones particulares. Su misión en la de orar por los jóvenes y por los sacerdotes.

Las visitas de la Virgen se suceden todos los días a tres de los videntes, estén ellos donde estén. A los otros tres- Ivanka, Mirjanay Jakov- se les aparece solamente una vez al mes. Ello está directamente vinculado al tema de los secretos. En efecto, en torno a Medjugorje existen 10 secretos que la Santísima Virgen debe dar a conocer a todos los videntes. Hasta ahora son pues tres los que conocen el contenido de los diez secretos. A los otros tres les ha manifestado nueve y nadie sabe quién ni cuándo será el próximo en conocer el décimo secreto y dejar de tener las apariciones diarias.

Gracias a la oración y el ayuno, Dios ha permitido que se supiese que los dos primeros secretos serán serias advertencias para la humanidad. El tercero, en cambio, - según cuenta Jakov, a quien la Virgen se lo ha mostrado- consistirá en una señal hermosísima, indestructible, tangible que servirá para que los ateos se conviertan. Luego de esta señal ya no se podrá dudar que viene de Dios, así como tampoco del hecho que la Virgen se haya aparecido en Medjugorje. Pero la Santísima Virgen dice: "No esperéis para convertiros a que se verifique esa señal porque luego todo se sucederá rápidamente y ya no habrá más tiempo para la conversión "

De las otros siete secretos restantes, es posible deducir su naturaleza catastrófica, sobre todo el noveno y el décimo, los que serían castigos de origen divino.

Basta mirar en torno para darse cuenta el porqué. La situación del mundo es muy seria. El hombre vive indiferente a Dios, en absoluta rebeldía a la Ley, construyendo un mundo en el que Dios no existe, encerrado en su egoísmo y dando satisfacción a todo tipo de placeres, y sin escuchar el llamado y tantas señales del Cielo. Por eso, para evitar la destrucción a la que toda la humanidad va al encuentro, más aún para no caer en la condenación eterna, la Virgen - nos repite- es necesario convertirse y no esperar más.

Dios es el Padre Misericordioso que espera al pecador arrepentido y goza perdonándolo. Dios no quiere que nadie se pierda. Pero Él, que es Todo Santo, no puede dejar de ser Justo.

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LA VIRGEN DE LOS DOLORES.

“y a ti una espada te atravesará el corazón” (Lucas 2,35)

Por Jesús Martí Ballester


Fue en el momento de la cruz. Se cumplieron las palabras proféticas de Simeón, como atestigua el Vaticano II: “María al pie de la cruz sufre cruelmente con su Hijo único, asociada con corazón maternal a su sacrificio, dando el consentimiento de su amor, a la inmolación de la víctima, nacida de su propia carne,”. Por eso, la Iglesia, después de haber celebrado ayer la fiesta de la exaltación de la Cruz, recuerda hoy a la Virgen de los Dolores, la Madre Dolorosa, también exaltada, por lo mismo, que humillada con su Hijo. Cuanto más íntimamente se participa en la pasión y muerte de Cristo, más plenamente se tiene parte también en su exaltación y glorificación. Vio a su Hijo sufrir y ¡cuánto! Escuchó una a una sus palabras, le miró compasiva y comprensiva, lloró con El lágrimas ardientes y amargas de dolor supremo, estuvo atenta a los estertores de su agonía, retumbó en sus oídos y se estrelló en su corazón el desgarrado grito de su Hijo a Dios: “¿por qué me has abandonado?, oyó los insultos, comprobó la alegría de sus enemigos rebosando en el rostro iracundo de los sacerdotes y del sumo Anás y de Caifás, mientras balanceaban sus tiaras, y de los sanedritas, que se regodeaban en su aparente victoria, contempló cómo iba perdiendo el color Jesús, su querido hijo...

Su Hijo agoniza sobre aquel madero como un condenado. “Despreciable y desecho de los hombres, varón de dolores, despreciable y no le tuvimos en cuenta”, casi anonadado (Is 53, 35) ¡Cuán grande, cuán heroica en esos momentos fue la obediencia de la fe de María ante los «insondables designios» de Dios! ¡Cómo se «abandona en Dios» sin reservas, «prestando el homenaje del entendimiento y de la voluntad» a aquel, cuyos «caminos son inescrutables»! (Rom 11, 33). Y a la vez ¡cuán poderosa es la acción de la gracia en su alma, cuán penetrante es la influencia del Espíritu Santo, de su luz y de su fuerza!

LA SOSTUVO EL PADRE

Humanamente no se podía soportar tanta angustia. El Padre amoroso la tuvo que sostener en pie. Mientras su Hijo extenuado expiraba, su corazón inmaculado y amantísimo sangraba a chorros, sus manos impotentes para acariciarle, para aliviarle, se estremecían de dolor y de pena horrorosa y su alma dulcísima estaba más amarga que la de ninguna madre en el transcurrir de los siglos ha estado y estará. ¡Cuánto dolor, pobre Madre! ¡Qué parto de la iglesia tan doloroso y tan diferente de aquélla noche de Belén! Al fin, inclinó la cabeza y el Hijo expiró. Y nacimos nosotros. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Por eso el Padre te exaltó a la derecha de tu Hijo,asumpta en cuerpo y alma. Cuanto mayor fue tu dolor, más grande es tu victoria.

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EL CONCILIO VATICANO II

El Concilio Vaticano II ha dado nueva luz sobre la Madre de Cristo en la vida de la Iglesia. «La Bienaventurada Virgen, por el don de la maternidad divina, con la que está unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión con Cristo». María permanece, desde el comienzo, con los apóstoles a la espera de Pentecostés y, a través de las generaciones está presente en medio de la Iglesia peregrina mediante la fe y como modelo de la esperanza que no engaña (Rom 5, 5).

MARIA MADRE, IMAGEN DE LA IGLESIA

María creyó que se cumpliría lo que le había dicho el Señor. Como Virgen, creyó que concebiría y daría a luz un hijo: el «Santo», el «Hijo de Dios. Como esclava del Señor, permaneció fiel a la persona y a la misión de este Hijo. Como madre, «creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, cubierta con la sombra del Espíritu Santo».Por estos motivos María «con razón desde los tiempos más antiguos, es honrada como Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus súplicas». Como virgen y madre, María es para la Iglesia un «modelo perenne». Como «figura», María, presente en el misterio de Cristo, está también presente en el misterio de la Iglesia, pues también la Iglesia «es llamada madre y virgen», con profunda justificación bíblica y teológica. La maternidad determina una relación única e irrepetible entre dos personas: la de la madre con el hijo y la del hijo con la Madre. Aunque una mujer sea madre de muchos hijos, su relación personal con cada uno caracteriza la maternidad en su misma esencia, pues cada hijo es concebido de un modo único. Cada hijo es querido por el amor materno, y sobre él se basa su formación y maduración humana. Lo mismo ocurre en el orden de la gracia, que en el de la naturaleza. Así se comprende que Cristo en el Calvario expresara en la cruz, la nueva maternidad de su madre en singular, dirigida a un hombre, Juan: «Ahí tienes a tu hijo».

MARIA MADRE DE CRISTO, DE JUAN Y DE TODOS

El Redentor confía su madre al discípulo y, se la da como madre. La maternidad de María, es un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. El Redentor confía María a Juan, en la medida en que confía Juan a María. A los pies de la Cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo. Cuando Juan en su evangelio, después de haber recogido las palabras de Jesús en la Cruz a su Madre y a él mismo, añade: «Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19,27). A él se atribuye el papel de hijo y él cuidó de la Madre del Maestro amado y se entregó, lo que expresa la relación íntima, como la respuesta al amor de la madre.

MARIA MADRE DE LA IGLESIA

La dimensión mariana de los discípulos de Cristo se manifiesta en la entrega filial a la Madre de Dios, iniciada con el testamento del Redentor en el Gólgota. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, «acoge» a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, en su «yo» humano y cristiano: «La acogió en su casa» Así el cristiano, entra en el radio de acción de la «caridad materna», con la que la Madre del Redentor «cuida de los hermanos de su Hijo», «a cuya generación y educación coopera». Esta relación filial, esta entrega de un hijo a la Madre tiene su comienzo en Cristo y se orienta a él, pues María sigue repitiendo a todos las mismas palabras de Caná de Galilea: “Haced lo que él os diga”. María es la primera que «ha creído», y con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Y cuanto más perseveran los hijos en esta actitud y avanzan en la misma, tanto más María les acerca a la «inescrutable riqueza de Cristo» (Ef 3, 8). Y de la misma manera ellos reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y el sentido definitivo de su vocación, porque «Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre». (Redemptoris Mater).

CONCLUSIÓN

El Eterno Padre sufre misteriosamente viendo a su Hijo sufrir agonizando y sintiéndose en el infierno tras un muro negro de su Dios amado sin límites, que le ha abandonado, es su infierno; el Espíritu Santo, Esposo de María por cuya sombra ha sido concebido el Amor de ambos y el Hijo de ella, sufre, siendo eternamente feliz, tan misteriosamente que nos resulta abismo insondable. El Hijo sufre física y espiritualmente, nos resulta corto el lenguaje para expresarlo, y nosotros, pobres pigmeos, nos hemos creado una Iglesia sin misterio, una Iglesia a nuestra medida, una Iglesia supermercado, que nos provee de lo espiritual y también pretendidamente, en concretos sectores, de lo material, sin atisbar más horizonte que las necesidades terrenas que pretenden solucionar vendiendo el Vaticano, sin tener en cuenta que Jesús sólo una vez multiplicó los panes y que dejó dicho que a los pobres siempre los tendréis con vosotros y que hay otra pobrezas que son más sustanciales; y queremos y predicamos una iglesia que no cuente con el sufrimiento ni con la cruz y queremos mantenernos y nos mantenemos pasivos esperando que nos lo den todo hecho sin arrimar nuestros hombros al trabajo del cultivo del hombre interior y siempre alertas para observar y criticar cuando no somos capaces de levantar ni un alma del pecado, ni de corregir un gramo de soberbia o de avaricia propios, o de vencer un átomo por intolerancia y falta de la virtud de la paciencia, ¿se escuchan muchos discursos y se escriben mucho artículos que nos hablen de virtudes y de vicios y de pecados?.

El Padre sufre, el Hijo sufre indeciblemente el Espíritu sufre misteriosamente, María sufre indeciblemente viendo al samaritano, la humanidad, caída y nosotros estamos esperando a que ellos lleven la carga y nos saquen las castañas del fuego sin tocar nosotros ni con la punta del dedo la parte de nuestra cruz que configura el misterio de la Iglesia y que es nuestra vocación de santidad. La Virgen de los Dolores nos ayude a despertar del letargo y a bregar mar adentro, como murió pidiéndonos Juan Pablo II que sí supo cargar con su cruz hasta la muerte, sumergiendo al mundo en el conocimiento de la Cruz y del amor de la Virgen de los Dolores, tanto más exaltada en sus gloriosos dolores, cuanto más abundantes, amargos y angustiosos, la atormentaron.
La imagen de la Virgen Dolorosa -Virgen de la Soledad- y la imagen de María con su Hijo muerto en su regazo -la Piedad-, puede decirse que no faltan en ninguna iglesia, que es la advocación preferida de todas las madres, que han dado a luz a sus hijos con dolor y han tenido que sufrir tanto por ellos, por diversos motivos y con tanta frecuencia.

El ángel había dicho a María que era bendita entre todas las mujeres, y apenas nacido Jesús, ya la llamaba Simeón la Madre de los Dolores, ya le anunciaba que una espada le atravesaría el corazón. Uno de los castigos del pecado original era que la mujer alumbraría a sus hijos con dolor, y ahora Simeón le decía que ella, que estaba libre del pecado original no se libraría de alumbrarnos con dolor, unida a la cruz de Jesús.

Si El había de ser Varón de Dolores, Ella sería la Madre de los Dolores. Una Madona sin sufrimientos, junto a un Cristo sufriente, dice Fulton Sheen, sería una Madona sin amor. Cristo nos amó tanto que quiso morir para expiar nuestra culpa y quiso que su Madre sufriera con El.

La alegría del nacimiento, los pastores, los Magos, pasaron pronto, y llegó la amargura del destierro. Tras los gozos de la niñez, vinieron las palabras misteriosas de Jesús en el templo. Junto a la amable vida de familia, está la llamada "noche de Nazareth", noche que duró muchos años. Jesús sigue en el taller. María espera en la oscuridad de la fe.

Por fin sale a predicar. Le siguen las turbas, realiza milagros. Pero quieren despeñarle en Nazareth -iglesita de Nuestra Señora del Temblor- y los sabios y sumos sacerdotes le desprecian. Y llega la Pasión. María no aparece el Domingo de Ramos, pero no falta a la cita en la Calle de la Amargura. Y menos podía faltar en el calvario, junto a la Cruz de Jesús.

Ahí está la Madre de los Dolores sufriendo con su Hijo. Ahora repite el Fiat que un día pronunció. Entonces le costó poco, ahora le cuesta mucho. Lo repite con un profundo dolor. "Mirad si hay dolor semejante a mi dolor". Pero lo repite con firmeza, de pie. Es la Reina de los mártires, la gran sacerdotisa de la humanidad. Ofrece al Hijo y se ofrece ella misma.

Jesús es colocado en los brazos de su Madre. María se acordaría de Belén. Pero todo había cambiado. Ahora está muerto y desfigurado. Cuando Jesús fue sepultado, la soledad de la Virgen fue todavía mayor. "Otra vez como en Belén tu falda cuna le hacía y sobre El tu amor volvía a la angustias primeras... Señora, si tú quisieras contigo le lloraría".

Fuente: www.evangeliodeldia.org



Comentario al Evangelio del Dia

«Ahí tienes a tu madre»


«Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre». ¿Con qué derecho el discípulo que Jesús amaba es el hijo de la madre del Señor? ¿Con qué derecho ésta es su madre? Es porque ella había dado a luz, entonces sin dolor, al que es la causa de la salvación de todos cuando de su carne nació el Dios hecho hombre. Ahora es con gran dolor que ella da a luz estando de pié junto a la cruz.

A la hora de su Pasión, el mismo Señor había, justamente, comparado a los apóstoles con una mujer que da a luz, diciendo: «La mujer cuando va a dar a luz está triste porque le ha llegado su hora. Pero cuando el niño ya ha nacido se olvida de sus angustias pasadas, porque en el mundo ha nacido un ser humano» (Jn 16,21). ¿Cuánto más un hijo como él ha podido comparar una tal madre, esta madre que se encuentra de píe junto a la cruz, a una mujer que da a luz? ¿Qué digo, comparar? Ella es verdaderamente mujer, y verdaderamente madre y, en esta hora sufre auténticos dolores de parto. Ella no experimentó los dolores de parto cuando dio a luz a su hijo tal como las demás mujeres; es ahora que ella sufre, que es crucificada, que experimenta la tristeza como la que da a luz porque ha llegado su hora (cf Jn 13,1; 17,1)...

Cuando esta hora habrá pasado, cuando la espada de dolor habrá traspasado enteramente su alma que da a luz (Lc 2,35), entonces tampoco ella «se acordará ya más de la angustia sufrida, porque en el mundo ha nacido un ser humano» –el hombre nuevo que renueva todo el género humano y reina sin fin sobre el mundo entero, verdaderamente, más allá de todo sufrimiento, nacido inmortal, el primer nacido de entre los muertos. Sí, en la Pasión de su hijo único, la Virgen ha dado a luz la salvación para todos, por eso es en verdad la madre de todos.