Siempre imaginé los tsunamis como las ilustraciones de las viejas revistas que solía leer: enormes olas con cresta espumosa (banquete celestial para surfistas) como el intro de la serie retro Hawaii 5-0. Imágenes re-confirmadas por películas más recientes como Impacto Profundo (1988) o Un después de mañana (2004).
Así era hasta hace dos días...
Una serie de videos donde se veía la tragedia que ahora le tocó a Japón me cambió el concepto totalmente... si bien, alejados de la espectacularidad Hollywood, los tsunamis son de impresionante magnitud destructiva macabra.
Entre los mil estragos que pudieron causar estos, está el daño a las plantas nucleares, que dicen -y otros desdicen- están generando fugas de radioactividad y el riesgo de un apocalipsis está latente.
Pero esta historia ya la conocía, justo en Los Sueños, esa soberbia y magistral película de Akira Kurosawa (1990) la conocí:
No me queda otro asunto que comentar que, si bien las películas comerciales tergiversan y afectan, el auténtico cine culto es -inclusive- profético.
Deseo que Japón se recupere pronto de esta lamentable tragedia.
Así era hasta hace dos días...
Una serie de videos donde se veía la tragedia que ahora le tocó a Japón me cambió el concepto totalmente... si bien, alejados de la espectacularidad Hollywood, los tsunamis son de impresionante magnitud destructiva macabra.
Entre los mil estragos que pudieron causar estos, está el daño a las plantas nucleares, que dicen -y otros desdicen- están generando fugas de radioactividad y el riesgo de un apocalipsis está latente.
Pero esta historia ya la conocía, justo en Los Sueños, esa soberbia y magistral película de Akira Kurosawa (1990) la conocí:
No me queda otro asunto que comentar que, si bien las películas comerciales tergiversan y afectan, el auténtico cine culto es -inclusive- profético.
Deseo que Japón se recupere pronto de esta lamentable tragedia.
Mi primer sábado de puro placer después de varios de trabajo constante; era temprano y todavía no despertaba por completo cuando leí las noticias: Terremoto en Chile.
Sin estar del todo conciente, en estado semionírico, me llegaron varios pensamientos tan fuertes y claros que seguí viendo las fotografías del desastre mientras historias y anécdotas volvían a tener existencia en mí.
• Santiago de Chile, hermosa ciudad donde las edificaciones “clásicas” combinaban armónicamente con otros edificios de vanguardia. Justo esta arquitectura vieja me emocionó tanto, así que tomé cientos de fotografías de casa, mansiones y otras estructuras alucinando que allí pudiera habitar…

• Creo que fue en Paraná, Argentina, donde en una maravillosa liquidación de libros conseguí Las películas de mi vida, de Alberto Fuguet (autor de Tinta Roja). Una bizarra y cinematográfica historia donde cuyo protagonista, Beltrán Soler, es un sismólogo que en una ocasión pudo predecir con tremenda exactitud fecha y zona en Chile.
Chile siempre ha sido una zona sísmica activa… como en muchos de esos países donde hay una cordillera como Los Andes, que sigue creciendo. Toda posible precaución en cuanto al asunto seguro hubo sido tomada… pero cada sorpresa de la Naturaleza termina siendo, inesperada.

• Mi primera gran experiencia en cuanto a un terremoto fue en México, en 1985. Si bien en mi ciudad (alejada del epicentro) no pasó absolutamente nada, nunca he experimentado una sacudida tan larga y tan extraña. Ese sismo afectó mucho al país, cambiando sobre todo la geografía humana; mi ciudad recibió una enorme ola de habitantes del D.F. quienes, se volvieron morelianos por fatalidades naturales.

• Yo estaba en mi departamento en Lima, en agosto del 2007, cuando Pisco quedaba en ruinas. El miedo que sentí fue enorme. Terminé abrazado con varias personas en la calle, titiritando de frío (estaba en shorts y bivirí) e imaginando ver que el edificio de cuatro pisos donde vivía iba caerse.
Siento que experimenté un estrés tremendo en muchas de las miles de réplicas que hubo. Tuve pesadillas donde mi piso se lo tragaba la tierra y yo allí entre las ruinas. Por otra parte, cuando veía las apocalípticas imágenes de la ciudad destruida y sus habitantes buscando a su gente… no era raro que terminara llorando.

Llamé de inmediato a Charo, a Valparaíso… Todo bien, sólo que aterrados.

Deseo que Chile, como Pisco, como Turquía… como Haití y todos quienes han padecido una tragedia así la puedan superar… es todo lo que me queda decir.
Sin estar del todo conciente, en estado semionírico, me llegaron varios pensamientos tan fuertes y claros que seguí viendo las fotografías del desastre mientras historias y anécdotas volvían a tener existencia en mí.
• Santiago de Chile, hermosa ciudad donde las edificaciones “clásicas” combinaban armónicamente con otros edificios de vanguardia. Justo esta arquitectura vieja me emocionó tanto, así que tomé cientos de fotografías de casa, mansiones y otras estructuras alucinando que allí pudiera habitar…

• Creo que fue en Paraná, Argentina, donde en una maravillosa liquidación de libros conseguí Las películas de mi vida, de Alberto Fuguet (autor de Tinta Roja). Una bizarra y cinematográfica historia donde cuyo protagonista, Beltrán Soler, es un sismólogo que en una ocasión pudo predecir con tremenda exactitud fecha y zona en Chile.
Chile siempre ha sido una zona sísmica activa… como en muchos de esos países donde hay una cordillera como Los Andes, que sigue creciendo. Toda posible precaución en cuanto al asunto seguro hubo sido tomada… pero cada sorpresa de la Naturaleza termina siendo, inesperada.

• Mi primera gran experiencia en cuanto a un terremoto fue en México, en 1985. Si bien en mi ciudad (alejada del epicentro) no pasó absolutamente nada, nunca he experimentado una sacudida tan larga y tan extraña. Ese sismo afectó mucho al país, cambiando sobre todo la geografía humana; mi ciudad recibió una enorme ola de habitantes del D.F. quienes, se volvieron morelianos por fatalidades naturales.

• Yo estaba en mi departamento en Lima, en agosto del 2007, cuando Pisco quedaba en ruinas. El miedo que sentí fue enorme. Terminé abrazado con varias personas en la calle, titiritando de frío (estaba en shorts y bivirí) e imaginando ver que el edificio de cuatro pisos donde vivía iba caerse.
Siento que experimenté un estrés tremendo en muchas de las miles de réplicas que hubo. Tuve pesadillas donde mi piso se lo tragaba la tierra y yo allí entre las ruinas. Por otra parte, cuando veía las apocalípticas imágenes de la ciudad destruida y sus habitantes buscando a su gente… no era raro que terminara llorando.

Llamé de inmediato a Charo, a Valparaíso… Todo bien, sólo que aterrados.

Deseo que Chile, como Pisco, como Turquía… como Haití y todos quienes han padecido una tragedia así la puedan superar… es todo lo que me queda decir.
Justo el día de ayer se dio una noticia que por su naturaleza inundó los encabezados de miles de diarios en el mundo, y generado además otras más miles de opiniones al respecto; la muerte de Farrah Fawcett y de Michael Jackson, dos personas norteamericanas verdaderos iconos no sólo del mundo del entertaining. Sobra decir que la web ahora está inundada de notas y comentarios relativos a ello, entonces pareciera complicado aportar algo diferente. A mí me tocó vivir mi niñez y adolescencia justo en los apogeos de cada uno de ellos y recuerdo muy bien esos momentos. Farrah y Michael fueron más que figuras de la industria cultural de los USA. Aquí ofrezco mis reflexiones.
La belleza total de finales de los setenta
Farrah Fawcett inundó las pantallas de televisión a finales de los setenta con su radiante sonrisa, pero sobre todo con una bellísima cabellera. Una cabellera que –imagino- pudo sostener por cierto tiempo la industria del shampoo y que enmarcaba su bello e inocente rostro que a su vez complementaba un cuerpo por demás estético haciendo de ella todo un símbolo sexual –pero sin malicia-, de gracia, simpatía y carisma. Farrah Fawcett era un ángel que había encontrado en Los Ángeles de Charly un espacio estelar para brillar con su hermosa luz.
Es que era esa virtuosa combinación de hermosura, sencillez y simpatía lo que completaban un cuadro perfecto con ese cuerpo de proporciones esbeltas y atléticas. Farrah encarnó posiblemente y sin querer un milticoncepto perfecto de belleza y salud. Su póster o afiche llegó a inundar las paredes de millones de habitaciones en el mundo entero, y el mío no fue la excepción. Durante un par de años mientras cursaba la secundaria cada mañana la sonrisa de Farrah me saludaba deseándome lo mejor del día.

Además, la bella donna tenía dos apellidos especiales. Primeramente Fawcett cuyo sonido en sí tiene mucho carácter, después Majors. Ella fue, por un tiempo, la esposa del Hombre Nuclear (¡vaya título castellanizado de El hombre de los seis millones de dólares), el Sr. Lee Majors.
Desde su inicio el cuento de hadas parecía darse; creo que ha sido el único caso en el mundo donde una pareja legal haya compartido los créditos de participar cada uno en los dos programas de mayor rating en los USA y quizá fuera de este territorio: Farrah, el ángel y Lee, el hombre biónico.
Todavía puedo recordar con enorme gusto esos capítulos, de ambas series… quizá como frágiles momentos de felicidad ingenua pero bella, sólo posible en esos años...
Si bien Farrah se diluyó un poco en la televisión mexicana, queda claro que siempre tuvo una trayectoria por demás destacada en la televisión de su país. Y en un ominoso día del año 2006 a la ya madura Lady Fawcett (también pareja sentimental de otro icono del cine, Ryan O’Neal) se le diagnosticó un cáncer anal que terminaría con su vida precisamente hace dos días.
Descansa en paz Farrah. ¿Dónde habrá quedado ese magnífico afiche de tu figura sonriente que adornaba mi cuarto?

El Rey del Pop
En 1980, justo cuando mi póster de Lady Farrah adornaba mi pared, en una pequeña grabadora monoaural que tenía en ese tiempo, solía escuchar un caset Scotch de cinta de óxido de cromo que me habían regalado. En ella estaban registrados 45 minutos de música de una estación de radio de Hartford, Connecticut –para ese tiempo y para mi persona, esa cinta era de mis posesiones más preciadas-, y una de las canciones más alucinantes que venían en ese tape era: Don’t stop till you get enough (del disco Off the wall, de Michael Jackson).
Tema de Jackson del año 1979 (disco con más 25 milones de copias vendidas all around the world).
Entre otros temas que aún recuerdo de esa misma cinta están Turn the page de Bob Seger and the Silver Bullet Band (tema que muchos años después Metallica covereó), Him de Rupert Holmes y The Devil went down to Georgia de Charly Daniels Band, lo comento a manera de contextualización y de ejercicio de memoria.
La cadencia y sobre todo la intensidad de ese tema del entonces claramente emergente y prometedor joven me sorprendió. Tres años más tarde (para mi vida) llegaría Thriller para invadir simplemente todo; la radio, la televisión y las cintas o acetatos que compartíamos entre los amigos.
La apoteosis de Michael. Era innegable la admiración hacia su manera de hacer música y de bailar. Sus recursos musicales, además, eran enormes; no sólo era pop, sino soul y rock y más géneros musicales que su esencia negra en combinación con otro genio de la producción como Quince Jones pudieron lograr.
Esa cantidad de millones de copias vendidas –justo antes de la era de la piratería- no pudieron haber sido casualidad.
El reinado de Jackson se mantuvo de manera intermitente unos años más… entonces vinieron sus excentricidades atroces que, debo admitir, poco a poco fueron ganando –cuando menos- mi rechazo hacia su persona.

Dormir con oxígeno, su amigo íntimo Bubbles (un chimpancé), su rancho de Neverland… nada de eso me importaba… pero haberse hecho esas abominables cirugías faciales para terminar con una especie de repugnante máscara debajo de su blanca epidermis (otrora negra) fue algo tan grotesco en mi parecer como el haberse involucrado en inmorales asuntos pseudosexuales… donde sin lugar a dudas, creo, que él fue tan culpable como los padres de esos infantes “agraviados”.
Me hubiera gustado verlo de regreso… aunque hubiera preferido que hubiera muerto mucho antes, y que se volviera simplemente legendario antes de tener un cuestionable ocaso.
¡Descansa en Paz, Jacko!
La belleza total de finales de los setenta
Farrah Fawcett inundó las pantallas de televisión a finales de los setenta con su radiante sonrisa, pero sobre todo con una bellísima cabellera. Una cabellera que –imagino- pudo sostener por cierto tiempo la industria del shampoo y que enmarcaba su bello e inocente rostro que a su vez complementaba un cuerpo por demás estético haciendo de ella todo un símbolo sexual –pero sin malicia-, de gracia, simpatía y carisma. Farrah Fawcett era un ángel que había encontrado en Los Ángeles de Charly un espacio estelar para brillar con su hermosa luz.
Es que era esa virtuosa combinación de hermosura, sencillez y simpatía lo que completaban un cuadro perfecto con ese cuerpo de proporciones esbeltas y atléticas. Farrah encarnó posiblemente y sin querer un milticoncepto perfecto de belleza y salud. Su póster o afiche llegó a inundar las paredes de millones de habitaciones en el mundo entero, y el mío no fue la excepción. Durante un par de años mientras cursaba la secundaria cada mañana la sonrisa de Farrah me saludaba deseándome lo mejor del día.

Además, la bella donna tenía dos apellidos especiales. Primeramente Fawcett cuyo sonido en sí tiene mucho carácter, después Majors. Ella fue, por un tiempo, la esposa del Hombre Nuclear (¡vaya título castellanizado de El hombre de los seis millones de dólares), el Sr. Lee Majors.
Desde su inicio el cuento de hadas parecía darse; creo que ha sido el único caso en el mundo donde una pareja legal haya compartido los créditos de participar cada uno en los dos programas de mayor rating en los USA y quizá fuera de este territorio: Farrah, el ángel y Lee, el hombre biónico.
Todavía puedo recordar con enorme gusto esos capítulos, de ambas series… quizá como frágiles momentos de felicidad ingenua pero bella, sólo posible en esos años...
Si bien Farrah se diluyó un poco en la televisión mexicana, queda claro que siempre tuvo una trayectoria por demás destacada en la televisión de su país. Y en un ominoso día del año 2006 a la ya madura Lady Fawcett (también pareja sentimental de otro icono del cine, Ryan O’Neal) se le diagnosticó un cáncer anal que terminaría con su vida precisamente hace dos días.
Descansa en paz Farrah. ¿Dónde habrá quedado ese magnífico afiche de tu figura sonriente que adornaba mi cuarto?

El Rey del Pop
En 1980, justo cuando mi póster de Lady Farrah adornaba mi pared, en una pequeña grabadora monoaural que tenía en ese tiempo, solía escuchar un caset Scotch de cinta de óxido de cromo que me habían regalado. En ella estaban registrados 45 minutos de música de una estación de radio de Hartford, Connecticut –para ese tiempo y para mi persona, esa cinta era de mis posesiones más preciadas-, y una de las canciones más alucinantes que venían en ese tape era: Don’t stop till you get enough (del disco Off the wall, de Michael Jackson).
Tema de Jackson del año 1979 (disco con más 25 milones de copias vendidas all around the world).
Entre otros temas que aún recuerdo de esa misma cinta están Turn the page de Bob Seger and the Silver Bullet Band (tema que muchos años después Metallica covereó), Him de Rupert Holmes y The Devil went down to Georgia de Charly Daniels Band, lo comento a manera de contextualización y de ejercicio de memoria.
La cadencia y sobre todo la intensidad de ese tema del entonces claramente emergente y prometedor joven me sorprendió. Tres años más tarde (para mi vida) llegaría Thriller para invadir simplemente todo; la radio, la televisión y las cintas o acetatos que compartíamos entre los amigos.
La apoteosis de Michael. Era innegable la admiración hacia su manera de hacer música y de bailar. Sus recursos musicales, además, eran enormes; no sólo era pop, sino soul y rock y más géneros musicales que su esencia negra en combinación con otro genio de la producción como Quince Jones pudieron lograr.
Esa cantidad de millones de copias vendidas –justo antes de la era de la piratería- no pudieron haber sido casualidad.
El reinado de Jackson se mantuvo de manera intermitente unos años más… entonces vinieron sus excentricidades atroces que, debo admitir, poco a poco fueron ganando –cuando menos- mi rechazo hacia su persona.

Dormir con oxígeno, su amigo íntimo Bubbles (un chimpancé), su rancho de Neverland… nada de eso me importaba… pero haberse hecho esas abominables cirugías faciales para terminar con una especie de repugnante máscara debajo de su blanca epidermis (otrora negra) fue algo tan grotesco en mi parecer como el haberse involucrado en inmorales asuntos pseudosexuales… donde sin lugar a dudas, creo, que él fue tan culpable como los padres de esos infantes “agraviados”.
Me hubiera gustado verlo de regreso… aunque hubiera preferido que hubiera muerto mucho antes, y que se volviera simplemente legendario antes de tener un cuestionable ocaso.
¡Descansa en Paz, Jacko!








