Archivos de marzo,2011

El hombre en la capucha: Que Dios te perdone, Ciudad Tejeda (capítulo nueve)

marzo 30, 2011
(viene del capítulo anterior)

Quinto previno a Jano diciéndole que los esbirros de El Mecenas lo habían estado rastreando en su huida, ya que descubrieron el pasadizo en la casa de su padre. El joven se quedó pensativo: ¿cómo es que su viejo amigo sabía eso?

Quinto, viendo el cambio de expresión en su rostro, le explicó su situación: él se había infiltrado en las huestes del líder criminal, y por eso contaba con cierto nivel de información. “Será un ataque rápido y despiadado”, habló con tono resignado.

Cuando Jano inquirió por las armas que el enemigo iba a utilizar, Quinto dijo desconocer su verdadero poder de fuego. Se limitó a repetir su frase desencantada. Preocupado, Jano le preguntó cuándo iba a ocurrir todo. “En la procesión de medianoche”, respondió Quinto apesadumbrado.

(continúa)

El hombre en la capucha: Que Dios te perdone, Ciudad Tejeda (capítulo ocho)

marzo 23, 2011
(viene del capítulo anterior)

Avanzaron un largo trecho, primero, bajando escalinatas; después, el pasadizo ampliándose en suelo llano hacia la derecha, hasta que llegaron a un pequeño cuarto. Aunque rústico, se notaba cierto nivel de técnica en el excavado del ambiente.

“Bienvenidos a mi ‘cueva’”, volteó Quinto hacia los recién llegado, mientras cogía unas linternas y las encendía. Jano y los demás pudieron ver una mesa instalada en aquel lugar. Encima, había unos mapas a medio desenrollar.

Viendo que llamaban la atención, el de capucha gris extendió uno de ellos. Marcado con un círculo azul, aparecía un paraje de la zona sur de la ciudad. “Los lugareños la conocen como la Ruta de las Lágrimas”, dijo Quinto con tono solemne.

Para explicar el nombre, él contó que, en la guerra de conquista y una vez que el invasor derrotó al habitante indígena, los pocos sobrevivientes huyeron por esta senda que comunica con otras partes del valle.

“Al alejarse de su terruño, los vencidos lloraron durante la ruta”, terminó de narrar. “¿Y por qué has marcado ahora ese camino?”, preguntó Jano sin mucho entender. “Porque se viene otra invasión”, afirmó Quinto con los ojos perplejos.

(continuará)

El hombre en la capucha: Que Dios te perdone, Ciudad Tejeda (capítulo siete)

marzo 11, 2011
(viene del capítulo anterior)

Vio a un joven delgado y medio bajito que vestía una capucha gris. En sus ojos se describía la sensación que todo estaría bien. “¡Quinto!”, se emocionó Jano y abrazó efusivamente a su antiguo aliado. Luego, les presentó sus amigos, pero Quinto se mostró parco con ellos.

“Hermano, tenemos que irnos”, le indicó el de capucha gris entrando al baño de varones. Una vez que verificó que estuviera vacío, empezó a golpear una a una las finas secciones de madera que formaban una de las paredes. Fue golpeando cada una hasta que oyó un sonido hueco.

Entonces, tomando esa sección con cuidado, la removió un poco hacia la izquierda, dejando paso a unas escalinatas interiores. Quinto tomó la antorcha que colgaba de un soporte circular y lo prendió con unos fósforos que tenía guardados. Mirella y Neto lo siguieron, mientras Jano se aseguraba de cerrar la pared por dentro.

(continúa)

El hombre en la capucha: Que Dios te perdone, Ciudad Tejeda (capítulo seis)

marzo 05, 2011
(viene del capítulo anterior)

“Hey, hey”, fue despertado el noqueado por la joven. “¿Qué sucedió?”, se sorprendió él. “Un tipo me secuestró y amenazó con matarme si no lo ayudaba a conseguir un auto”, inventó Mirella, con gesto desesperado, “lo siento mucho”.

“¿Y dónde está ese tipo?”, preguntó el conductor. “Justo ha entrado al bar a beber”, le indicó ella, “¿qué quieres hacer?”. “Le daré su vuelto”, respondió vengativo. Mirella y el tipo ingresaron al bar. “Él es”, le indicó ella a un hombre alto y fornido.

A pesar de la apariencia del supuesto secuestrador, el tipo no se amilanó. “Espera aquí”, le dijo, adelantándose hacia el hombre fornido, que departía en una mesa junto a un par de amigos. Sin mediar palabras, el conductor le propinó un derechazo y lo derribó, provocando la reacción de los otros dos.

Se armó una pequeña trifulca, que pronto se extendió a otras mesas. Este momento fue aprovechado por Neto y Jano para pasar desapercibidos por el bar. Alcanzaron a Mirella y se dirigieron a los servicios higiénicos. “No cambias”, una voz familiar le habló a Jano por detrás.

(continúa)