La escalera de Chronos (capítulo quince)

mayo 29, 2012
(viene del capítulo anterior)

Como se negara a darle el Báculo Dorado, Átropos levantó la guadaña y lanzó su punta contra el suelo: al instante, se produjeron rayos y vientos cruzados que hirieron gravemente a Joel. A pesar del espectacular ataque, el joven eterno mantuvo el báculo en sus manos.

Fue ahí, en ese momento de debilidad, que pudo percatarse lo peculiar de dicho bastón: no era su color, sino una especie de reloj incrustado en su superficie, con una sola aguja que se movía rápidamente. “No tienes el poder para calibrar el tiempo del universo, por eso es que sólo puedes destruirlo”, sentenció la Moira extendiendo la mano una vez más.

Resignado, Joel iba a entregarle el báculo, cuando una voz lo detuvo. Era Chronos quien le hablaba directamente a su cerebro: “No confíes en Átropos: su meta es la muerte del universo y de todo ser viviente, para reinar sin oposición”.

“Confía en la medalla y en tu fuerza interior”, le exhortó el espíritu del dios antes de silenciarse. Joel tomó la medalla entre sus manos y animoso gritó: “Por la humanidad”. Átropos lo atacó con su guadaña, cuando un destello la encegueció unos segundos. “No es posible”, dijo asombrada la Moira al ver que la guadaña se había roto.

(continuará)

La escalera de Chronos (capítulo catorce)

mayo 21, 2012
(viene del capítulo anterior)

“Ahora entiendes por qué no debes tener tu juventud eterna”, afirmó Chronos en tono reflexivo, “todo el pasado pesa y cuando ya no se puede soportar, es el fin”. El Señor del Tiempo le pidió al joven que renunciara a su poder para que evitara hacerse más daño.

Como Joel se negara a ello, Chronos intentó golpearlo otra vez con su báculo. Un rayo atravesó la sala de un lado a otro. Joel, como liberado de una prisión, se levantó cuando el dolor desapareció, sólo para apreciar a Chronos sangrante y agonizando.

Joel se acercó al anciano con respeto. “No confíes en ella”, le susurró al oído antes de desvanecerse en el viento. Cogió el Báculo Dorado mientras Átropos, la dama de negro, aparecía en el salón sosteniendo la guadaña que acabó con Chronos. “Entrégame el báculo”, ordenó la terrible Moira.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo trece)

mayo 14, 2012
(viene del capítulo anterior)

Joel se inclinó ante la presencia del dios. “Chronos, me encuentro ante ti para demostrarte que mi juventud eterna te puede ser de gran utilidad: déjame conservarla”, rogó ante el anciano que lo escuchó con indiferencia.

Chronos se levantó de su trono. “Eres un humano, no un dios: no tienes derecho a pedir eso”, sentenció el Señor del Tiempo sin una pizca de duda. “No quería enfrentarte”, dijo Joel e invocó el poder de la medalla; sin embargo, quedó desconcertado al ver el salón vacío.

Chronos se había desvanecido, pero su voz estaba en el aire. “No es a mí a quien tienes que enfrentar: es a ti mismo”, afirmó el anciano y, tomándolo por sorpresa, lo golpeó con el báculo en su cabeza.

Joel pareció no haberlo sentido pero, cuando quiso devolver el golpe, un extraño mareo le devolvió imágenes de su pasado: Sofía, Manuel, Fernando, Alexia. Todos hablando contra él, acusándolo, haciéndolo dudar. El joven eterno se tomó la cabeza gritando su dolor.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo doce)

mayo 06, 2012
(viene del capítulo anterior)

Cansado y desanimado, Joel siguió sentado al costado del cadáver de Pitia. De pronto, cual bruma que se despeja, la explanada se extendió, dejando ver nuevos escalones. El joven eterno se levantó y caminó hasta su inicio.

En el muro contiguo al camino, había una especie de letrero que decía: “Esta es la Escalera al Templo de Chronos, Señor del Tiempo”. Avanzó con cautela en su recorrido; sin embargo, no sufrió el acecho de ninguna trampa inesperada.

Finalmente, llegó hasta el edificio, una serie de columnas de mármol que sostienen un techo a dos aguas también de mármol. Entró en este, sin encontrar resistencia alguna hasta el salón principal. Allí vio un trono, donde un anciano sentado sostenía un báculo dorado. “Saludos, campeón de la humanidad”, fue el irónico saludo del dios al recién llegado.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo once)

abril 23, 2012
(viene del capítulo anterior)

Joel sentía tambalearse mientras que “Átropos”, la Moira que finaliza la vida, se acercó tranquila hasta su víctima. “Nunca ningún humano había enfrentado un destino así, supongo que Láquesis te deparó este destino”, le explicó la Moira al levantar sus afiladas tijeras doradas.

Una vez más el joven eterno se rebeló ante el final: recurriendo a la medalla, una luz resplandeciente cegó a la Moira, la que dejó caer sus tijeras. Habiendo quedado a espaldas suyas, Joel las recogió del suelo y atacó a la dama de negro, clavando las tijeras en pleno corazón.

Una vez que el resplandor se desvaneció, Joel se arrodilló sobre el suelo. Estaba exhausto, pero satisfecho. “Eliminé a Cloto, a Láquesis y a Átropos: ¡Conquisté mi destino!”, gritó exaltado y con tono triunfalista.

Se acercó a remover las tijeras doradas del cuerpo: su mirada cambió súbitamente a perplejidad. Una mujer con una cara distinta, ataviada con túnica griega, sangraba profusamente desde su pecho. Unas letras escritas sobre la tela en el idioma helénico, le revelaron su identidad: Pitia.

Desde el balcón de su palacio de mármol, Chronos mira contento la inquietante escena. “Nadie engaña a la muerte”, apareció de pronto la verdadera Átropos detrás del Señor del Tiempo. “Es verdad, pero bien que puedes engañar a los demás”, dijo Chronos felicitando a la Moira.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo diez)

abril 14, 2012
(viene del capítulo anterior)

La Moira se desangró, pero Joel aguardó hasta que no tuvo reacción alguna para continuar su camino. Se sentía cansado, pero decidió seguir avanzando por la escalinata, aunque lento, hacia la siguiente explanada.

Tras varias horas que le parecieron eternas, finalmente logró llegar a la tercera explanada. Avanzó unos pasos, y sintió que bajos sus pasos, el suelo se deshacía. Miró hacia abajo: el piso tan firme se había convertido en tierra removida, como si recién se hubiera enterrado a alguien.

Luego, sopló un viento negro. Joel sintió la pegada de la ráfaga que arrastraba cenizas que enrarecían el aire, dificultándole respirar. Una vez que amainó la ráfaga, el joven eterno pudo divisar a la tercera Moira, la dama de negro que, esta vez, le cierra el paso.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo nueve)

abril 05, 2012
(viene del capítulo anterior)

Joel logró levantarse a duras penas. Iba a llamar al poder de la medalla, cuando Láquesis levantó su vara y la hundió sobre el sueldo. Una ráfaga avanzó sobre el aire: Joel sintió como si chocara contra una pared al mismo tiempo que parecía traspasado por una fuerza inconmensurable.

“Has recibido el ataque de Medición, ahora sé cómo acabarte”, dijo la Moira y volvió a atacarlo por segunda vez. El joven eterno acabó en el suelo con su cuerpo severamente golpeado. Sin embargo, mientras Láquesis se acercaba, podía oír la risa dificultosa del caído.

“¿De qué te ríes?”, preguntó Láquesis desconcertada al observar a Joel levantarse nuevamente. “Atácame y verás”, respondió desafiante el joven eterno, y extendió sus brazos para demostrar que no se defendería.

Láquesis rió victoriosa y hundió otra vez su vara contra el piso, pero ésta se quebró y su ataque explotó sobre ella. Una vez que hubo disipado el humo, Láquesis se encontró herida y arrodillada sobre la explanada.

Joel la miró: sostenía el pedazo más en punta de la vara. “No hubo necesidad de hacer mucho, sólo lanzar un golpe lo suficientemente fuerte y sutil sobre tu arma”, explicó el joven eterno. Empujó el pedazo, el cual atravesó el pecho de Láquesis, hiriéndola mortalmente.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo ocho)

marzo 27, 2012
(viene del capítulo anterior)

Una vez que se deshizo de Cloto, Joel se sentó unos minutos frente a las escalinatas y divisó la segunda explanada a gran altura. Se levantó y comenzó a caminar hacia ella. A medida que se acercaba pudo ver que, a un lado de las escalinatas, corría agua por una canaleta.

En principio, pareció sentirse bien con el líquido, lo que hizo que corriera más rápido de lo que imaginaba. Sin embargo, poco antes de llegar, se sintió pesado y cansado. Volvió a tomar del agua, pero esta vez no sintió ningún efecto benéfico.

Al contrario, un ardor desde su abdomen le impedía ponerse en pie. Al llegar a la explanada, pudo ver el porqué: el agua provenía de una de una grieta en el suelo, y dicha grieta fue hecha por el hundimiento de una vara de madera.

Joel logró al fin alzar la mirada: una dama vestida de gris sostenía la vara. “¿Quién eres?”, preguntó con dificultad el joven eterno. “Soy Láquesis, la Moira que decide la duración de la vida, y parece que a ti no te queda mucho”, dijo ella con una sonrisa socarrona.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo siete)

marzo 18, 2012
(viene del capítulo anterior)

Joel quedó impactado ante el desquiciado ser y le preguntó quién era. “Soy Cloto, la Moira que hace el hilo de tu vida”, le respondió la dama loca con gran furia y continuó, “¡me has convertido en esto!”. Él quiso saber cómo podía ser culpable de eso.

Cloto volvió a reír con sarcasmo. “¿Acaso no ves? ¡El hilo de tu vida no termina! Has cansado mis manos, pero ya no más”, rió la dama loca y brotaron de sus manos varias ruecas. Una lluvia de esas astillas lanzó contra el joven eterno, quien a duras penas esquivó el ataque.

Iba a lanzarse contra ella cuando el dolor lo embargó: sus brazos estaban atravesados por dos ruecas. “Recibe la lluvia de ruecas”, gritó Cloto atacando por segunda vez. Las astillas se acercaban y Joel apeló a la medalla: “Sálvame”. El resplandor volvió a aparecer, protegiendo al joven eterno en su acercamiento a la dama loca.

Frente a frente, Joel cogió las dos manos de la Moira y las quebró. Retorcida por el dolor, Cloto se arrodilló en la explanada. Él se quitó las dos ruecas que tenía sujetas: “Hasta nunca, Cloto”, y las atravesó sobre el pecho de la Moira, cayendo muerta.

(continúa)

La escalera de Chronos (capítulo seis)

marzo 09, 2012
(viene del capítulo anterior)

“No sigas luchando, ríndete”, le conminaron los espíritus. Joel se acordó de la medalla, la tomó en su mano derecha con gran aprehensión. Sintió irradiar luz y calor desde el pequeño objeto, un brillo que sorprendió a los espíritus.

Joel recobró ánimos y se lanzó sobre ellos. Se acercó hacia el anciano y rodeó su cuello con sus brazos hasta asfixiarlo. El espíritu viejo cayó sobre el suelo y se desvaneció. La misma suerte corrió el espíritu niño al intentar escapar.

Sin embargo, ante su sombra, el espíritu joven, mantenía dudas en atacarlo: “¿será que puedo dañarme sin querer?”, se preguntaba angustiosamente, hasta que vio a su sombra caer herido sobre el piso.

Se acercó hasta él: varias astillas de madera habían traspasado su corporeidad. “Contempla tu cercano final”, una voz seguida de una horrible risa inundó el ambiente. Joel levantó la mirada. Una dama vestida de blanco y con las manos ensangrentadas ponía sus ojos fijos en él.

(continúa)