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Terremoto en Pisco
Estas ideas surgen a raíz de una entrevista al Canciller José Antonio García Belaunde en la cual expresa todo nuestro apoyo a Chile, y también al embajador chileno en Lima Fabio Vío en RPP el día 1 de marzo en la mañana.
Fue interesante observar el contraste de algunas declaraciones del embajador chileno en comparación con las que en su momento dio el presidente Alan García a pocas horas de ocurrido el terremoto de Pisco el 2007. No es la intención idealizar la respuesta ni la posición chilena, en contraste a la nuestra, pero sí observar un par de aspectos importantes.

En resumen, el embajador chileno mencionó ideas como las siguientes: si no hubiéramos estado preparados hubiera sido peor; tenemos una cifra aproximada de x fallecidos y desaparecidos y probablemente siga subiendo; las instituciones están funcionando en servicio del pueblo; agradecemos la ayuda y solidaridad de diferentes países, (como por ejemplo Perú).

Alan García a pocas horas del sismo del 2007 emitió un comunicado que contenía más o menos las siguientes ideas: gracias a Dios no ha sido una mayor catástrofe (manejaba la cifra de 60 desaparecidos) y con su ayuda superaremos lo que ha pasado; el gobierno trabajará para resolver la situación. Días después trascendió el maltrato hacia una brigada de rescatistas españoles, a quienes el presidente descalificó por pedir mayor seguridad para trabajar.

Creo que todo político por principio y necesidad tiene que transmitir seguridad a su pueblo, haciéndoles sentir que el estado tiene una idea de lo que está pasando, asegurando pronta ayuda y satisfacción de necesidades básicas. Pero llaman la atención las formas, una apela a la prevención (estar preparados), recalcar la ayuda internacional y mencionar al equipo humano que vela por los damnificados. La otra forma apela a la respuesta apresurada (no fue tan grave), la autosuficiencia y la grandeza (no necesitamos a socorristas que tienen miedo) y el pensamiento mágico religioso (gracias a Dios nos salvaremos).

Por eso resulta importante analizar estos discursos, más allá de la realidad de la situación en Chile, que puede corresponder en mayor o menor medida con las palabras del embajador. Sabemos que, tanto en el caso chileno como en el nuestro, hubo graves errores humanos y de reacción que impidieron una atención más pronta de los damnificados.

Sin embargo un aspecto fundamental abordado de forma distinta en ambos discursos es el tema preventivo y de preparación. Esto significa asumir en primer lugar las recurrencias sísmicas y de distintos desastres naturales en nuestro país. La tecnología antisísmica en la construcción, el emplazamiento geográfico de las poblaciones y la educación preventiva de las personas son aspectos fundamentales. El primer discurso mencionado hace énfasis en la amortiguación de los daños gracias a la preparación previa. En el caso del discurso del presidente García se encuentra muy presente la idea de que la diferencia entre un desastre natural de consecuencias moderadas (idea que se manejaba durante su discurso) y una catástrofe devastadora está en manos de la voluntad divina.

A través de las reflexiones sobre las declaraciones que se han presentado podemos tener una aproximación de las ideas implícitas que se manejan sobre los desastres en personajes de distintos gobiernos. Esto debe llevarnos a cuestionar las propias suposiciones y creencias que puede tener la población en general. Tal vez muchos peruanos aún creemos que hay cosas que no están en nuestras manos y que la suerte y nuestra fe harán la diferencia. Es válido preguntarnos por las propias medidas preventivas que estamos acostumbrados o no a implementar. Estos comentarios buscan también recalcar la necesidad de definir lo que cada persona puede hacer a nivel de prevención en desastres, empezando por su entorno más cercano.

Independientemente de los discursos y los gobernantes, todo desastre acarreará crisis profundas, sufrimiento, desorganización, pero también la posibilidad de despliegue de un enorme potencial humano que se necesita destrabar y canalizar para que las poblaciones vuelvan a recuperar el control de sus vidas. Es muy positivo el apoyo de Perú a Chile en ese sentido y sería importante también en el contexto histórico de nuestras relaciones bilaterales, para recordarnos también que ayudar a población en sufrimiento siempre debe trascender a las diferencias entre naciones.



Discurso presidencial:
http://www.youtube.com/watch?v=whVtWzIg4vU

*Bachiller de Psicología. PUCP
El calentamiento global está provocando una serie de cambios en el clima, los que dan como resultados desastres de diversa naturaleza. En el Perú, el terremoto de agosto del 2007 que tuvo como epicentro la ciudad de Pisco, los recientes huaycos en Ayacucho y Huancavelica o las inundaciones en Cusco son una expresión de ello. No podemos dejar de contar, desastres como el que vive Haití a raíz del terremoto que asoló Puerto Príncipe el 12 de enero del presente año.


Un tipo de catástrofes son los llamados ?desastres naturales?, tales como terremotos, huracanes, sequías e inundaciones. Para Beristaín(1999), estas catástrofes producen emergencias, es decir, situaciones de alto riesgo de vida para poblaciones enteras, las mismas que sobrepasan sus capacidades y recursos, tanto materiales como emocionales y adaptativos. Es importante resaltar que según Beristain (op.cit), en muchas de las catástrofes naturales y ambientales influyen en forma decisiva factores humanos y de toma de decisiones, además de la vulnerabilidad económica y política, dado que la mayor parte de las veces están relacionadas con imprevisión, ausencia de planificación del desarrollo y problemas de empobrecimiento de grandes núcleos de población. Es decir, no son tan naturales.
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*Estudiante de la Maestría en Psicología Comunitaria-PUCP
La tragedia ha devastado aún más a la nación mas pobre de America Latina. El terremoto ha remecido a un país cuya historia está marcada por el exterminio, la esclavitud, el imperialismo y la corrupción, todas condiciones ligadas a sistemas de comercio y política internacional en diferentes - o simultáneos - momentos de la historia. Haití es un país cuya condición lógica es vivir hoy en día sumido en la más terrible pobreza.


La ocurrencia de un terremoto en Haití se debe al azar. Sin embargo, las consecuencias en las victimas y las subsecuentes reacciones de quienes observan no tienen nada que ver con el azar de un movimiento telúrico, sino con las condiciones materiales, sociales e ideológicas con las que el mundo globalizado se maneja hoy en día.


He visto en países Europeos y en USA grandes campañas y movilización para enviar ayuda humanitaria a Haití. Todas se dirigen al ciudadano de a pie, a los jóvenes, a estudiantes, a los consumidores. Se usa a los muertos, la hambruna, la sangre, el caos para sensibilizar a los espectadores de noticieros que deben mostrar el continente entero antes de empezar a hablar de un país perdido en algún lugar del Caribe. Se organizan espectáculos enormes, las ‘estrellas’ mas sensibles del planeta cantan, y luego, la gente responde. En USA, por ejemplo, junto a la imagen diaria de los muertos aparece el conteo de millones de dólares que son reunidos por día a través de mensajes de texto para enviar a los desesperados haitianos. El pueblo norteamericano es solidario: han enviado tres dólares por cada mensaje de texto.


Me pregunto que pasaría si se le propusiera a estas personas cambiar su forma de vida para que naciones como Haití – y más de medio planeta – deje de vivir en la pobreza. ¿Qué tal si apagamos Disney World y Las Vegas para iluminar países enteros? ¿Qué tal si la comida y otros recursos se distribuyen de forma equitativa en la población mundial de forma que personas no vivan en ciudades que se desploman sobre la gente? ¿Qué tal si cambiamos algo de lo que se imprime en entretenimiento por libros para que no hayan analfabetos en el mundo? Tal vez son opciones mucho más penosas que asistir a un solidario concierto de Beyonce o enviar un solidarísimo mensaje de texto; pero es muy sabido que este tipo de ayuda ni alcanza para responder a toda la emergencia ni cambia nada de lo que realmente se encuentra en sus orígenes.


¿Se necesita mas ayuda humanitaria e inmediata para Haití? Por su puesto que sí; atenuará en algo el dolor de algunos pocos. Una vez sucedida la desgracia no se puede hacer otra cosa que responder a ella. Pero no creo en respuestas ciegas, idealistas, o perfectamente acomodadas a los estilos de vida que perpetúan la pobreza en el planeta. No creo en respuestas irreflexivas, en alarmantes llamados, en el sentimental desprendimiento de lo que no nos sirve.


Pronto dejaran de llegar las noticias, nadie mas hablará de Haití aquí en Europa; dejarán de recolectar ayuda inmediata y estaremos atentos una isla en Indonesia donde algo similar este pasando. En Haití quedarán los que reconstruyan, los que hagan campañas para eliminar la deuda haitiana, los que estuvieron en la tragedia y quienes ayudan con su conocimiento, su trabajo, sus experiencias; los que saben que el agua y el techo es urgente pero que entregan algo mas humano y duradero.


*Docente de la Maestría en Psicología Comunitaria-PUCP
En julio, un equipo interdisciplinario viajó a Puno para realizar un diagnóstico acerca de las consecuencias del friaje. Una de nuestras alumnas, Liliana Nakamura, formó parte de este proyecto. Los invitamos a leer sus reflexiones y aprendizajes a partir de esta experiencia. Para acceder al documento, haga click AQUI[382clicks]

Las Brigadas Psicológicas fue un proyecto ejecutado por el Departamento de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) con el apoyo financiero de la Dirección de Responsabilidad Social Universitaria (DARS) de la PUCP, Plan Internacional Perú y el Banco Continental (BBVA). Se formaron equipos de psicólogos y psicólogas en respuesta al terremoto del 15 de agosto en la zona sur de nuestro país.

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