19/05/07: Continuidad de los cuerpos

Lima había amanecido helada, lo notó desde la ventana. El hombre X abre los ojos. Una pequeña molestia lo despierta. Las clases en la facultad empezaban temprano.
Dicen que dormir es morir un poco, pero la muerte le era un tema amistosamente recurrente: entre forenses había concebido la idea de una extraña relación con los cuerpos, en sus paseos por la morgue. Pero este era el día: al fin abriría uno de esos. Y así, con el cuerpo adormecido, tomó impulso para sentarse. Un pequeño balanceo, un desequilibrio, y cae como un bebé torpe en sus movimientos, balanceando el cuerpo sobre su espalda. El brazo, ese objeto necesario pero del que pocas veces se acordaba exhibía un muñón horrible, una ausencia terrorífica, la evidencia de una travesura cobarde durante sus horas de descanso.
En una esquina del cuarto, sobre su manta habitual, vio a Alcibíades. Divertido, soltaba una risita, y sus vidriosas pupilas oscilaban de izquierda a derecha. “Dónde estará, dónde estará...”.
Podía esconder todo, todo... ¿pero un brazo?
Mientras se vestía con rapidez, ideaba una excusa verosímil, y el hecho de que era tiempo de regresarlo a Grecia.
Esta es la versión del proyecto de cuento de una se las sesiones del Taller de Narrativa en EEGGLL (PUCP, Marzo-Julio de 2006). No me gusta tanto, y es que en realidad nació como proyecto, y se mantuvo olvidado hasta hace poco. Lo de Hombre X es porque no encontré ni encuentro (hasta ahora) un nombre adecuado para este estudiante de medicina, aunque el cuento coserva el título original. Un pequeño homenaje a un grande: Cortázar.








