Helen Briggs
BBC
Investigadores sugieren que el secreto de la longevidad en mujeres está en cómo envejece el sistema inmune.
Un estudio sugiere que la razón por la que las mujeres viven más que los hombres se debe, en parte, a que el sistema inmune de ellas envejece más despacio.
Según científicos japoneses, en la medida que las defensas del cuerpo se debilitan con el tiempo, el aumento de la susceptibilidad de los hombres a enfermarse recorta su vida útil.
Un examen de la función inmune podría ofrecer una idea de la verdadera edad biológica, según el estudio publicado en la revista especializada Inmunity & Ageing.
El sistema inmune protege el cuerpo de infecciones y del cáncer, pero causa enfermedades cuando no está bien regulado.
El estudio japonés tuvo como objetivo aclarar la controvertida pregunta sobre si los cambios relacionados con la edad en las defensas del cuerpo pueden ser responsables de las diferencias en la expectativa de vida promedio entre hombres y mujeres.
Linfocitos T y B
El profesor Katsuiku Hirokawa y sus colegas de la Universidad Médica y Dental de Tokio analizaron muestras de sangre de 350 hombres y mujeres sanos de edades comprendidas entre los 20 y 90 años.

Midieron los niveles de glóbulos blancos (leucocitos) y moléculas llamadas citocinas, que interactúan con las células del sistema inmune para regular la respuesta del cuerpo a enfermedades.
En ambos sexos, el número de leucocitos por persona disminuyó con la edad, tal y como se tenía previsto a partir de estudios previos.
No obstante, un examen más detallado mostró diferencias entre hombres y mujeres en dos componentes clave del sistema inmune: los linfocitos-T, que protegen el cuerpo de infecciones, y los linfocitos-B, que segregan anticuerpos. Se trata de dos tipos específicos de glóbulos blancos.
La tasa de disminución de la mayoría de linfocitos T y B era más rápida en hombres, quienes también mostraron un declive más rápido relacionado con la edad en el caso de dos citocinas.
Dos tipos específicos de célula del sistema inmune que ataca a los invasores, los linfocitos CD4 y las células NK, aumentaron en cantidad con los años, con una mayor tasa de crecimiento en mujeres que en hombres.
Edad biológica real
"Nuestros resultados indican que la tasa de disminución en estos parámetros inmunológicos es más lenta en mujeres que en hombres"
Katsuiku Hirokawa, Universidad Médica y Dental de Tokio
Los investigadores creen que los parámetros inmunológicos de una persona podrían ser indicativos de su verdadera edad biológica.
"Los cambios relacionados con la edad en varios parámetros inmunológicos se diferencian entre hombres y mujeres", explicó Hirokawa en el ensayo.
"Nuestros resultados indican que la tasa de disminución en estos parámetros inmunológicos es más lenta en mujeres que en hombres y esto es consistente con el hecho de que las mujeres viven más".
Por su parte, el profesor Tom Kirkwood, del Instituto de la Salud y Vejez de la Universidad de Newcastle Upon Tyne, en Reino Unido, consideró que los resultados de la investigación, si bien son valiosos, no son fundamentalmente sorprendentes.
"Es probable que el envejecimiento más lento en el sistema inmune de la mujer refleje una tasa general más lenta de envejecimiento intrínseco, en vez de ser el sistema inmune el que esté marcando el paso", le dijo Kirkwood a la BBC.
Estudios similares en ratones han arrojado resultados similares.
Fuente: BBC
En esta entrevista, la realizadora chilena y antigua militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Carmen Castillo, relata su experiencia militante en los años setenta en Chile, bajo la dictadura de Augusto Pinochet. Nos cuenta su reflexión sobre lo que significa militar como mujer, y sobre lo que ello ha podido representar en esos años revolucionarios.
En tu película “Calle Santa Fé”1 toman la palabra muchas mujeres. Militantes del MIR2, mujeres víctimas de tortura, o que han perdido allegados, mujeres periodistas y comprometidas en el movimiento social, etc. ¿Qué representaba el hecho de ser mujer y militante en el Chile de los años setenta?
En América Latina, en los años sesenta y setenta, era algo normal militar desde la adolescencia, éramos conscientes desde muy temprano de las necesidades de los demás, dábamos así los primeros pasos del compromiso político. Después venía el compromiso en las organizaciones y movimientos revolucionarios. El MIR nació en los años sesenta, en Chile, a la vez del movimiento estudiantil, donde el papel de las mujeres era muy importante, y del movimiento popular, sobre todo de “Los pobladores sin casa”, gentes que llegaban a las grandes ciudades y no tenían vivienda. Las mujeres tuvieron un papel extraordinario dentro de este movimiento porque, aunque la presencia masculina era más fuerte entre los campesinos, fueron las mujeres quienes llevaron a cabo el trabajo de alfabetización en el sur del país. En cierta manera, comprometernos en un movimiento nos parecía algo evidente. No nos planteábamos la cuestión de si éramos mujeres y militantes, todos éramos militantes: hombres, mujeres, jóvenes, obreros, campesinos, indígenas, etc. La especificidad de lo que implicaba ser mujer vino mucho más tarde, como una reflexión dentro del Movimiento. Diría incluso que vino con la clandestinidad, porque en la clandestinidad nosotras, las mujeres, tuvimos papeles bastante específicos, ya que la mayor parte de los hombres estaban detenidos y nos tocó a nosotras ponernos a la cabeza de las organizaciones sociales. Así, las primeras reacciones frente a la dictadura fueron los colectivos de mujeres: de madres, de esposas y hermanas que buscaban a los prisioneros, a los desaparecidos. Después vinieron las nacidas entre la población para organizar el auxilio popular, organizaciones que tuvieron un gran desarrollo en los años noventa, aunque ya en los años setenta estos primeros pequeños colectivos y comités estaban compuestos sobre todo de mujeres, que desempeñaban el papel de agentes de enlace o de cobertura.
Pero el verdadero momento de reflexión sobre la condición de mujer en el seno de una organización militante vino con la tortura y los campos de internamiento. En el encarcelamiento comenzó la reflexión sobre la especificidad de la tortura infligida a las mujeres. Después de la persecución y la represión de las y los militantes en Chile, después de la derrota seguida de la marcha al exilio, llegó a Europa un gran número de mujeres militantes. Estaban solas, la mayor parte con niños pequeños, habían salido de las prisiones y de las casas de tortura clandestinas; se encontraron entonces con los movimientos de mujeres revolucionarias de Europa –hablo sobre todo de París– y podría decirse que en ese momento comenzó un verdadero trabajo de reflexión colectiva sobre la especificidad de las mujeres y el militantismo.
Después de haber superado la muerte de tu compañero y dirigente del MIR, Miguel Enríquez, bajo la dictadura de Pinochet, dices en tu película que “aquel día, dejé de vivir para comenzar a existir”. Exiliada a la fuerza, decidiste continuar en la distancia la revolución emprendida por tu organización política. ¿Lo que comenzaba aquel día era una existencia a partir de una nueva concepción de tu condición de mujer y del compromiso militante?
Hay dos momentos en “Calle Santa Fé”, el momento de la muerte de Miguel y el final de mi vida de mujer libre no fue, en absoluto, el momento en que pasé de la supervivencia a la existencia. Aquel momento fue la ruptura total y el fin de mi vida de mujer libre, enamorada, comprometida, con un cuerpo, un alma, pensamientos, una articulación, ... podríamos decir. Fue entonces cuando fue hecha prisionera, después expulsada, y llega el exilio. Hablo de un tiempo bastante largo, en el que la vida de superviviente –hablo de mí, aunque creo que hablo también de mis amigas– era un punzón peligroso, terrible, porque la condición de víctima no produce pensamiento sino que se sufre... se sufre a la vez que se dice que hay que desarrollar el trabajo de la solidaridad y denunciar el régimen de Pinochet. Como “miristas”, teníamos grandes escollos para denunciar, porque éramos una organización armada que resistía a Pinochet con las armas en la mano, y había que explicar por tanto para qué servían las armas, en qué contexto, etc. Para poder ser comprendidas por las organizaciones de perseguidos y de desaparecidos, por Amnesty International y por otras ONG que se ocupaban de ellos, teníamos que hablar de “resistencia”. Esta responsabilidad implicaba por tanto callarse sobre muchas cosas y no dejar lugar al dolor. Teníamos que ser firmes, aguantar, hablar, hacer discursos y, evidentemente, como debíamos estar a la altura de este compromiso de representación, todo lo relacionado con la culpabilidad, la supervivencia, la usurpación y la ilegitimidad estaba muy presente entre nosotras.
Ahora bien, el momento en la película en que hablo de “pasar de la supervivencia a la existencia” es el momento en que, mucho tiempo después, me reencuentro de nuevo con la política, la política donde hoy estoy. Es la ausencia de política lo que mata y lo que en cierta manera lleva al suicidio, a una situación de angustia absoluta. Si no puedes ser mujer y militante a la vez, revientas, te suicidas. Había que llevar por tanto el combate al interior del movimiento para que pudiéramos ser consideradas como mujeres, con todo lo que esto implica: madres, seres humanos que sufren, que lloran, que están en verdad afectados por la dictadura, por la muerte, y por otra parte continuar haciendo política, no simplemente el ritual del exilio –del ghetto exiliado nostálgico– porque eso solo puede ser mortífero. Como mujeres, tuvimos que pasar por todo lo que habíamos sufrido específicamente y preguntarnos cómo podríamos salir de ello y cuál era nuestra responsabilidad en ese momento fundamental –hablo como militante– del combate contra el culto a la muerte y al sacrificio, puesto en marcha por la lógica del torturador.
Esto representó diez años de vida y de combate que nos permitieron participar en las experiencias nacidas en América central, en París y en Italia, es decir, nuestra cabeza se puso a funcionar. Por “existencia” quiero decir simplemente tomar conciencia –de nuevo– de poder ser una mujer militante, no importa dónde, porque no todo se juega en el compromiso clandestino o armado, que es sólo un momento, por importante que sea.
¿Qué influencia tuvieron para una mujer chilena comprometida, como tú, los movimientos feministas emergentes en Francia en los años setenta?
El encuentro con el Mouvement Féministe Révolutionnaire [Movimiento Feminista Revolucionario], y en particular con todas esas mujeres de mi generación, fue esencial para nosotras. Yo pasé de la supervivencia a la vida, y de la vida a la existencia, porque me encontré con estas mujeres francesas y estas mujeres de la Resistencia, mayores que yo, con quienes podía discutir de las experiencias que había vivido. Me decían, por ejemplo: “también nosotras quedábamos embarazadas”, porque en situaciones en las que la vida es tan intensa –porque la muerte te acompaña de forma permanente, hasta el punto de que ya no se piensa en ella, sino que la intensidad de la vida es tan fuerte que ocupa todo el espacio mental y vital– no hay lugar para las pequeñas cosas, para los desfallecimientos. Todo está arbitrado por algo muy vital, por una especie de energía solar y precisamente en esos momentos una se queda embarazada. ¿Es una locura? Sí..., nos decían que era una locura, porque estábamos en la clandestinidad; pero nosotras no queríamos en absoluto sacrificar nuestro deseo de mujeres enamoradas de tener hijos. Ahora bien, si la organización no respondía, nos tocaba a nosotras organizarnos y lo mismo ocurrió a las mujeres de la Resistencia en Francia. Mis reflexiones sobre todo lo que habíamos vivido en la clandestinidad y frente a la dictadura me vinieron justamente del contacto con estas mujeres.
También estaban las mujeres de mi generación, e incluso más jóvenes, que se reunían en las grandes AG [Asambleas Generales] en Jussieu o en grandes fiestas en el Bataclan, mujeres con la experiencia militante de Mayo 68 que continuaban militando en el “Comité Chile”. El “Comité Chile” era un lugar de gigantesco compromiso político en Francia, había 600.000 personas organizadas, entre ellas una gran cantidad de mujeres que eran feministas y se planteaban de otra manera la cuestión de la violencia. La reconstrucción del espacio íntimo en política nos llegó de este encuentro; nos hicimos feministas, evidentemente, pero no combatíamos sólo por el aborto o la igualdad de oportunidades, peleábamos cotidianamente dentro mismo de la organización revolucionaria para ocupar espacios. La luz debía venir de nosotras mismas, del interior y colectivamente; así, por ejemplo, nació el “Proyecto hogares”3, que tal vez pudo ser una “gran aberración” –no lo sé– aunque era un proyecto para responder al problema del cuidado de nuestros hijos.
Suele decirse que el siglo veinte fue el de la feminización de las sociedades occidentales; pero desde hace algún tiempo se viene hablando, sobre todo en la sociedad francesa, de que la condición de las mujeres se deteriora. ¿Qué piensas de eso?
Convertirnos en militantes y revolucionarias significa que nuestros compromisos se juegan en cada momento y en la acción; nada está ganado de antemano, la libertad es un acto que se hace, no es un regalo ni una conquista para siempre. A mí, personalmente, no me sorprende que haya que seguir peleando; es desesperante hasta qué punto la manipulación del poder hace que se vuelva atrás: se revisan leyes, se revisan fases, se nos culpabiliza; este desaliento, esta rabia, nos empuja a continuar de una manera cada vez más lúcida. Creo que hoy se nos requiere –a los jóvenes, pero también a nosotras– mantener una lucidez implacable. El Chile de los años setenta era más fácil de comprender: una dictadura aplastaba todos nuestros derechos, nuestras leyes, incluidas los de las mujeres.
Chile era un país –o todavía lo es, no lo sé– donde la mujer ocupaba ya un lugar muy particular en la sociedad, en comparación con otros países latinoamericanos. En los años ochenta, las mujeres estaban en primera línea de la resistencia, en todos los sectores. Llegó la democracia y nos volvimos a encontrar encerradas en el papel tradicional, y sobre todo en el terrorífico papel de consumidoras. En una sociedad donde hay que pagar la educación y la salud, donde todo el espacio de lo imaginario está ocupado con el slogan “hay que triunfar”, el lugar de las mujeres está completamente ahogado, porque al mismo tiempo tiene que proporcionar a los niños el máximo. Las condiciones de trabajo son terribles en todos los sectores, incluso en la clase media, y ese deseo tan sencillo de dar a los niños salud y educación no se puede alcanzar sin endeudarse. Ni siquiera encontramos el momento para discutir entre nosotras, para llevar a cabo acciones, la sociedad chilena se ha vuelto completamente retrógrada, hipócrita y sobre todo muy burguesa. Aunque es un problema mundial, porque en todas partes existe el riesgo de perder nuestras conquistas, como le ocurre hoy también al movimiento sindical y a los trabajadores en general. La urgencia es tanto mayor porque ya no sabemos qué hacer, yo no tengo respuestas. Según mis convicciones, creo que no podemos detenernos y habría que pensar en formas de participación colectiva para que nuestros deseos circulen y la transmisión de mi generación a la vuestra se haga de la manera más directa.
En “Calle Sante Fé” dices: “Como mi vida ya no corría riesgo, debía consagrarme al trabajo militante. Testimoniar sin cesar. Ya no llegaba a ser madre”. Muestras aquí la dificultad de conciliar el militantismo con el “papel tradicional” de madre. Varias mujeres del MIR se separaron de sus hijos para dedicarse mejor a construir un cambio social. ¿Cómo has vivido esta toma de decisión? ¿Crees que militar impone obligaciones más difíciles a las mujeres que a los hombres?
Las mujeres, la maternidad y la militancia... es el gran tema que apenas he mostrado en mi película. Hace algunos años, uno de nuestros hijos me planteó la cuestión: “¿cómo es que nos dejásteis?”. La cuestión de la maternidad y la militancia ha sido planteada por la generación de hoy, y el terremoto emocional que nosotras hemos vivido –que he vivido con esta conciencia que me viene de mi hija– es enorme, porque aunque esto debería haber sido igual para los padres, desgraciadamente no fue así.
A final de los años setenta, cuando pusimos en marcha el “Proyecto Hogares”, para dar una respuesta colectiva de la organización a la cuestión de la familia, de los hijos y de cómo criarlos, la revolución estaba en su punto álgido y decíamos entonces: “somos madres y no queremos ser excluidas del compromiso militante, queremos volver a Chile para recuperar lo que nos pertenece y que no sean sólo los hombres los que respondan a la llamada”. Por tanto, este proyecto no fue promovido en absoluto por una dirección masculina. ¿Se refería a eso? Con todo lo que ha pasado después, me siento tentada a contestar que “no”, pero no serviría de nada; en cambio, hay que situarse en el contexto en que estábamos, porque estábamos con dignidad, dolor y una profunda convicción de habernos unido a la lucha clandestina, que se encontraba en una fase importante.
Para nosotras, dejar a nuestros hijos era un gesto necesario, pero no los abandonamos: los dejamos a todos juntos, para poder pasar dos años construyendo una estructura de resistencia a la dictadura militar. Los confiamos a hombres y mujeres militantes que los cuidaron, primero en Bélgica y después en Cuba. Después llegó la derrota y para muchos de estos niños, llegó también la muerte de uno o de los dos padres... y el abandono para siempre.
¿Qué puede hacerse con ello a la luz del presente? Es fácil decir... “todo eso para nada” –como nos reprochan hoy nuestros hijos. Nos reprochan haberles abandonado, sin que nuestra lucha hubiera impedido que la sociedad chilena se convirtiera en una sociedad ultraliberal. Nuestra actitud es procurar ser lo más honestas posible y abrazar a nuestros hijos y decirles: “veo el horror que he cometido”. En aquel momento, interiormente, yo no tenía elección y este desgarro sólo lo hemos vivido las mujeres. Es nuestra relación con los hijos, habría que cambiar toda la sociedad para que sea de otra manera –tal vez hoy día un hombre se sentiría como nosotras entonces, tal vez se haya podido mover algo en ese sentido. En aquella época, sólo nos afectaba a las mujeres, y nosotras solicitamos que hombres jóvenes se quedasen también con los hijos, para enseñarles el papel de padre y de madre al mismo tiempo. De esta forma, no fueron sólo mujeres mayores sino también muchos hombres jóvenes militantes quienes se dedicaron a esta tarea, porque quedarse con estos niños era también un espacio de militancia política en la organización, durante los cuatro años que duró.
Pero cuando en “Calle Santa Fé” digo esta frase, estoy diciendo otra cosa muy distinta, porque en aquella época, yo personalmente, no estaba del todo en la realidad. La frase hace más bien referencia a una “ilusión”, a ese estado particular de cualquier mujer que acaba de perder al hombre de su vida, a su bebé y donde todo se ha hundido para ella. Esta incapacidad de ser madre, en mi caso personal, no estuvo determinada –como para otras mujeres– por la decisión definitiva de volver al país clandestinamente, sino por esa especie de indecisión, esa capa de cosas confusas que forman la ilusión de ser una militante libre y a la vez una mujer libre y todo eso hace que no puedas ser madre, por tanto era más bien una cuestión personal.
En lo que se refiere a nuestros hijos nacidos aquí, en el exilio, es verdad que hubo una transmisión que pudo ser demasiado cargada, vinculada al sueño de volver al país, al país soñado. Colectivamente como organización, sólo ahora nuestros hijos tienen un lugar; en los años noventa, hubo el movimiento H.I.J.O.S.4 en Chile y sobre todo en Argentina, en el que los hijos de los desaparecidos reclamaban justicia y verdad. Una gran parte de la transmisión viene de ahí, pienso que hemos fracasado en nuestro papel de transmisión, bien por hacerla de manera demasiado aplastante y nostálgica, o porque se hizo en el silencio absoluto o nublado por la culpabilidad, por la derrota y por el abandono. Hay tantas transmisiones como personas militantes que transmiten, pero es una evidencia para mí que los jóvenes exigen de nosotras respuestas a estas cuestiones.
En octubre de 2004, en una reunión que antiguos militantes del MIR habían organizado en la universidad ARCIS en Santiago de Chile –con distintos talleres de discusión sobre temas que habían marcado nuestra militancia– en el taller “Mujeres”, una mujer joven planteó la cuestión: “¿y para vosotras, madres y militantes, qué es la maternidad?” Esto quiere decir que para nosotras esta cuestión no había pasado todavía del estado de sufrimiento al estado de conciencia. Para nosotras lo esencial era decir: estamos verdaderamente en la vida, si deseamos, hay que tener hijos. Esto parecía tan natural que no habíamos asumido efectivamente toda la dimensión de lo que hacíamos. ¿Por ello no deberíamos haber tenido hijos? No lo creo, no. Creo que el deseo de tener hijos es bastante misterioso. En cambio, lo que debemos exigir de la organización o de cualquier pequeño colectivo, es aceptarnos tal como somos. Si una es madre, eso significa no obligar a una militante que no quiere dejar a su bebé a partir clandestinamente a Chile, que tanto una decisión como la otra sea considerada totalmente legítima, que no existe esta “moralización” del papel de madre, pero que tampoco haya desconsideración del tiempo que ocupa en el espacio mental. Nos toca vivirlo primero a nosotras, porque la sumisión insconsciente que hicimos y transmitimos por las madres a los hijos jóvenes, es uno de los temas siemrpe presentes hoy día: lo que se les pide respecto a nosotras, como madres, respecto a una mujer simplemente. Hay que estar muy atentas porque a veces nosotras mismas vehiculizamos comportamientos masculinos o femeninos estereotipados, como gestos habituales.
También muestras en tu película el deseo de “encontrar, aunque sea por un instante, la ilusión de una vida de mujer y de militante. ¿Cuál es esta ilusión? ¿La has cumplido a lo largo de tu vida? ¿De qué forma?
Creo que he tenido una vida cumplida de mujer y de militante. Cuando hablo de ilusión, quiero decir que inventamos prototipos allí donde estamos. En los años sesenta, yo estaba en la universidad, después a la puerta de las fábricas, más tarde en el MIR, más tarde como agente de enlace, después en los colectivos de apoyo a Chile. Era siempre militante, por la sencilla razón de que nunca he pensado un instante de mi vida sin el compromiso político, porque para mí la vida sin ese compromiso no tiene intensidad, no tiene alegría. Es también una manera muy simple de ver la vida y vuelvo a lo que decía al principio: en mi época, teníamos desde muy temprano una conciencia de los demás, y por ejemplo en mi familia éramos muy conscientes de la situación de injusticia y de pobreza que se vivía cerca de nosotros; pasábamos fines de semana construyendo casas junto a los sin-vivienda. También consiste en esto la educación, mucho más que esa educación “protegida” occidental que se recibe a diario. Hay que salir, ir a los suburbios, o a algunos barrios parisinos, intentar ver lo que pasa a nuestro alrededor, y puedo decir que en mi caso, a partir de esta primera conciencia, mi vida adquirió múltiples formas y siempre ha estado en contacto y en unión con un pensamiento vinculado a la política.
La palabra “ilusión” hace referencia a un estereotipo de militante que era el producto de esta autoconsiderada mujer sin ataduras. Con esta palabra de ilusión, quise denunciar en ese momento de la película la mascarada de la mujer militante y libre de sus responsabilidades, que no existe. No se puede ser militante y mujer más que en el día a día y allí donde no se está. Es ésta la cuestión que más me interesa de la acción y del pensamiento. Creo que perfectamente se puede ser mujer y militante en todo momento, que se trata simplemente de desmitificar la mujer militante, volverla “normal”, porque de lo contrario querrá decir que es excepcional y que sólo las gentes excepcionales pueden ser militantes y mantenerse fieles a una organización.
En un momento hablas del “agujero negro” de una vida sin compromiso. ¿Cuál es tu mensaje para todas esas mujeres que militan hoy en diversas formas y, por qué no, para aquellas que por su condición de mujeres creen que el militantismo no les conviene?
Desgraciadamente el término “militante” se ha endurecido, ha sido contaminado por la ideología dominante y ha asociado a la palabra “terrorismo”. No hay nada más opuesto a una militante que una terrorista, es justo todo lo contrario. Tenemos que recuperar las palabras, volverlas a dar su sentido, reapropiándolas nosotras mismas, porque sólo se puede ser militante siendo una mujer entre las otras, y si no es así no sirve de nada; no estamos ahí para ser diez, sino para ser millones. Además, en las condiciones actuales de vida, no disponemos de mucho tiempo, hay que inventar ese tiempo. Hoy día reflexionamos sobre esto: militamos allí donde estamos, sea en los sindicatos o en los colectivos, y a partir de ahí nos movemos y diseñamos conforme a las oportunidades. ¡Nada excepcional! Esto es lo que quiero decir, si la militancia no vuelve a la normalidad, es que se ha pensado mal lo que significa ser militante político hoy día. Hay que volver a dar al término “mujer comprometida” su amplitud poética. Es sencillo, se trata de gestos, de pequeñas cosas, de pequeñas acciones que llevamos a cabo día a día en momentos y en situaciones ligadas al contexto político y social. En mi caso, cuendo me dicen que he hecho esto o aquello, respondo: me quedé en la clandestinidad en Chile después del 11 de setiembre de 1973 y no reflexioné ni un instante. Todo el mundo se movió por ahí dentro de manera natural, porque estaba inscrito antes en pequeños gestos y pequeñas acciones que vienen de muy atrás, que pasan por ser cosas sencillas: una película, un texto o un grafitti en la calle. Hay cosas que nos despiertan y alimentan nuestro pensamiento y nuestra manera de actuar, pero sobre todo es el espacio colectivo, y este espacio está todavía por inventar.
http://www.contretemps.eu/interview...
Traducción del francés: VIENTO SUR
NOTAS
1. “Calle Santa Fé”, documental realizado por Carmen Castillo en 2007, es el nombre de la calle donde se encuentra la casa que compartía con su compañero Miguel Enríquez hasta el asesinato de éste y el exilio de ella. El documental es una investigación sobre cuestiones sin respuesta de estos años de la dictadura a partir de rastros que sobreviven en el presente.
2. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) es un partido chileno de la izquierda radical creado en 1965 por la conjunción de las luchas estudiantiles y sindicales. Uno de sus primeros dirigentes, Miguel Enríquez, muerto en combate el 5 de octubre de 1974, fue el compañero de Carmen Castillo.
3. Nombre que recibió la iniciativa lanzada en los años ochenta por el MIR para mantener a los hijos de militantes en Cuba bajo la protección de “padres sociales”, mientras sus padres luchaban en la clandestinidad en Chile.
4. Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio es un organismo argentino de derechos humanos que agrupa a los hijos de desaparecidos bajo la dictadura militar de 1976 a 1982.
Fuente: http://www.rebelion.org
Cada vez son más las mujeres que en Holanda toman parte activa en el mundo de hampa.
Ya no se trata solamente de hurtos de poca importancia, la mujer actual hace carrera en el mundo del narcotráfico, entre otras organizaciones delictivas. Así resulta de un estudio realizado por Anne-Marie Slotboom, investigadora de la Universidad Libre y Universidad de Ámsterdam. La información que ha aparecido en diferentes diario de tirada nacional.
Según el estudio, las mujeres son cada vez más violentas y no tienen inconveniente en utilizar armas.
Anualmente, 30.000 mujeres adultas y niñas de aproximadamente 12 años de edad están fichadas por la policía, frente a 160.000 en el caso de hombres y niños. Durante el pasado año se ha duplicado l número de mujeres que fue detenidas en actos de violencia.
Carrera criminal
"En contra de anteriores apreciaciones, se puede hablar de que la mujer hace carrera en el mundo de la delincuencia e incluso ocupa altos cargos dentro de esas organizaciones. Algo nuevo que pone al descubierto esta investigación es que también aumenta el número de mujeres acusadas cometer delitos sexuales. Según la investigadora Anne-Marie Slotboom, los crímenes cometidos por niñas y mujeres se minimizó durante mucho tiempo debido a que el tema no fue sometido a un estudio detallado.
Los investigadores afirman que, son numerosas las mujeres y chicas que dentro del crimen organizado desempeñan un importante papel en el narcotráfico y en la trata de mujeres. Hasta hace poco tiempo, los varones de la droga eran, en su mayoría, hombres aunque se conocen casos, por ejemplo en México, donde las mujeres han estado al frente de cárteles muy importantes. Según la investigación este hecho ya ha cambiando, en el narcotráfico proveniente de las Antillas holandesas hacia Europa y otros continentes, las mujeres están al frente de estas actividades. Asimismo, las mujeres lideran cada vez con más frecuencia organizaciones de tráfico de personas que más tarde introducen en la prostitución.
Pandillas
Al contrario de lo que está ocurriendo en Centroamérica, donde las pandillas o maras están intentando abandonar la violencia e integrarse en la sociedad, en Holanda el numero de niñas pertenecientes a pandillas es muy superior al que aparece en los registros de la policía. En los archivos policiales no se refleja que cometen delitos mientras que las chicas afirman todo lo contrario.
Se sabía que las niñas y las mujeres mostraban cada vez más un comportamiento criminal ahora la investigación pone de manifiesto qué factores aumentan el riesgo de este comportamiento criminal. Esta toma de conciencia puede ayudar a desvelar el enfoque específico y la prevención de la delincuencia entre las jóvenes y las mujeres.
Fuente: radio nederland
Publicado el : 9 Enero 2013 - 3:05 de la tarde | Por Agencias RNW
Aunque los varones siguen disfrutando de mejores oportunidades educativas, una vez que las mujeres alcanzan la enseñanza superior superan a los hombres en grados cursados, resultados de evaluaciones y títulos obtenidos.
Estos avances reflejan un cambio de valores y actitudes con respecto al papel y las aspiraciones de las mujeres en la sociedad, sostiene la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
En el “Atlas mundial de la igualdad de género en la educación”, publicado en 2012, la UNESCO señala que aunque desde 1970 las tasas de matrícula han crecido en ambos sexos, la femenina lo ha hecho con más rapidez en primaria y secundaria.
De acuerdo con este mapeo, México es uno de los países de América Latina que ofrece “mejores oportunidades” de matriculación educativa para las niñas.
En la mayoría de los países desarrollados la enseñanza primaria universal es la norma desde hace tiempo, y en los países en desarrollo también se han registrado avances sustanciales para que las y los niños puedan acceder a la escolaridad primaria.
La matrícula femenina ha aumentado con más rapidez que la masculina, lo que ha ayudado a superar las disparidades en este nivel de enseñanza. En México, por ejemplo la tasa de matriculación en primaria es superior al 98 por ciento.
Casi tres cuartas partes (el 73 por ciento) de los 194 países de los que hay datos registraron una tasa bruta de matrícula superior al 98 por ciento, lo que supone casi la universalidad de la matrícula en primaria, destaca el estudio
Solo un 4 por ciento de los países tiene una tasa bruta inferior al 80 por ciento, lo que significa que al menos uno de cada cinco niños está privado de acceso a la escuela primaria en esos países, la mayoría en África.
Según esta información, casi todos los países deben hacer frente a obstáculos como la repetición de grado, factor que determina si las y los alumnos permanecen o no en la escuela, y si finalizan o no los estudios primarios.
La UNESCO alerta que uno de los grandes obstáculos para cumplir el objetivo de universalizar la enseñanza primaria son las elevadas tasas de abandono que caracterizan a muchos países.
El promedio mundial de alumnos que repiten grado en la escolaridad primaria se sitúa en un 4.9 por ciento, 4.6 por ciento en las niñas y 5.2 por ciento en los varones.
Las causas del abandono o “fracaso” escolar radican sobre todo en el contexto socioeconómico, y en la organización y el funcionamiento del propio sistema escolar.
Los datos demuestran que las tasas de abandono son extremadamente sensibles al contexto económico nacional, pues aunque las escuelas públicas en apariencia son gratuitas, los padres y madres deben solventar la compra de material escolar o de libros de texto.
A escala mundial, las tasas de finalización de primaria aumentaron sensiblemente para ambos sexos en el curso del último decenio. Las tasas femeninas pasaron del 78 al 87 por ciento, mientras que las masculinas crecieron del 84 al 90 por ciento.
En este contexto, en el estudio se indica que si los países logran reducir el número de alumnas y alumnos que dejan la escuela en primaria, impulsarán el alza de las tasas de finalización en este nivel de estudios y ayudarán a que continúen los estudios de secundaria.
En secundaria es más frecuente que en primaria observar niveles desproporcionados de exclusión femenina de la enseñanza, tendencia que se acentúa al pasar del primer al segundo ciclo de secundaria, revela el análisis.
Esta situación se puede explicar por diversas razones, entre ellas que las niñas deben afrontar acoso y violencia sexual; presión social para que se plieguen a los modelos tradicionales de feminidad; o la ubicación y lejanía de la escuela.
Los datos indican que a nivel secundaria hay una marcada polarización. De los 187 países de los que hay datos, el 43 por ciento presenta una tasa bruta de matriculación inferior al 80 por ciento, mientras que el 27 por ciento tiene tasas del 98 por ciento.
Aunque el acceso a la enseñanza superior aún es un problema en muchos países, se ha presenciado una gran expansión de los estudios superiores en todas las regiones del mundo, y por doquier las mujeres han sido las principales beneficiarias de esa evolución.
A decir de la UNESCO, no obstante la mayor facilidad de acceso de las mujeres a los estudios superiores no siempre se ha traducido en una mejora de sus oportunidades profesionales, sobre todo en cuanto a la posibilidad de dedicarse a la investigación tras obtener el doctorado.
El número de mujeres matriculadas en centros de estudios superiores ha aumentado casi dos veces más rápidamente que el de varones. La tasa bruta de matriculación masculina pasó del 11 por ciento en 1970 al 26 por ciento en 2009.
Durante el mismo periodo, la tasa femenina pasó del 8 por ciento al 28 por ciento, es decir se triplicó. En el estudio se indica que la matriculación femenina responde a un cambio de mentalidad en el terreno social y familiar acerca de la educación de las mujeres.
Fuente: Radio Nederland
Martes 11 de diciembre del 2012 | 18:26
Conoce la historia del pequeño Sam. Imagen, que ha sido compartida más de 22 mil veces en la red social y tiene más de 128 mil ‘Me gusta’, también ha generado un debate sobre si el pequeño podría ser víctima de bullyng.

Foto: Have a gay day (Facebook)
Sam es un niño de cinco que decidió usar estos zapatos rosados para su primer día como pre-escolar. Pese a que su madre le explicó, en la tienda donde los compraron, que esos eran diseños para niñas, Sam los quiso de todas formas y le respondió “los ninjas también pueden usar zapatos rosas”.
La imagen fue compartida en Tumblr en enero de este año por el usuario r0bertbrowniejr y, según contó aquella vez, su madre le tomó una fotografía su hermano menor y la subió a su cuenta de Facebook, donde recibió una serie de comentarios negativos (“cosas como esta lo afectarán socialmente”) escritos por miembros de su familia.
La madre de Sam, que borró la foto de su perfil, le dijo que él podía usar lo que quisiera para ir a la escuela. El menor le respondió que le gustaban sus zapatos porque se parecían a la piel de las cebras, sus animales favoritos. Cabe aclarar que ningún compañero de Sam le hizo un comentario negativo respecto a sus zapatos.
Pese a que dicho usuario eliminó el post, su imagen fue compartida por la página de Facebook Have a gay day que tomó como cierta la historia.
La misma ha sido compartida más de 22 mil veces, tiene más de 128 mil ‘Me gusta’ y más de 13 mil comentarios. Sin embargo ha generado un debate en la blogósfera estadounidense sobre si la decisión de la mamá de Sam de aceptar que vaya con ese atuendo no podría ponerlo en riesgo de ser víctima de acoso escolar (bullying), informó The Huffington Post.
Si es cierta o no la historia de Sam y sus zapatos rosas, la discusión sobre las convenciones en cuanto a vestimentas de los menores está abierta. ¿Dejarías que tu hijo vaya al nido usando el calzado de dicho color?
Fuente: Perù21
26/11/12: No hay igualdad en la red

Aparentemente, internet es un espacio abierto en el que todo el mundo es igual. Pero según los activistas de género no es así. La red copia los papeles y las restricciones de la sociedad real, y las mujeres son, con frecuencia mucho más vulnerables que los hombres cuando están conectadas.
“Algunas mujeres desistieron de participar en las protestas callejeras a causa de amenazas e incidentes sufridos tales como los test de virginidad y la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad”, comenta Yara Sallam del grupo Nazra de Estudios Feministas con base en Egipto. “Creían que estarían más seguras en la red, pero incluso en ella las mujeres siguen siendo más susceptibles a actos intimidatorios”, afirma.
Sallam fue una de las ponentes del ciclo de conferencias “Género e Internet” del Foro de Gobernanza de Internet que tuvo lugar en Bakú, la capital de Azerbaiyán, la semana pasada. Las acciones del régimen azerí son un claro ejemplo de cómo se pueden usar determinadas formas de intimidación contra las mujeres.
Chantaje sexual
La periodista Khadija Ismayilova recibió un paquete mientras trabajaba en una investigación confidencial sobre los bienes de la familia del presidente azerbaiyano. Su contenido: un vídeo que mostraba imágenes de ella y su novio haciendo el amor, grabado por cámaras ocultas en su habitación. Incluía una nota en la que la llamaban ¨puta¨ y le pedían que se ¨comportara¨.
¨Esperaban que dejara mi investigación porque me sentiría avergonzada¨, dice Ismayilova a RNW. ¨O peor aún, que familiares ofendidos me hicieran algo: vivimos en un país en el que aún se producen asesinatos por honor. El último recurso para ellos era hacer público el vídeo para que la gente me odie por haber roto las normas morales.¨ Pero Ismayilova decidió dar un paso adelante y buscar la publicidad ella misma. Recibió apoyo por todos lados, ¨incluyendo el partido islámico¨. Pero incluso ahora, seis meses después de lo ocurrido, fuentes del gobierno siguen tachándola de ¨estrella del porno¨.
Reputación arruinada
¨En nuestras sociedades, para las mujeres no es tan fácil ser políticamente activas como para los hombres¨, afirma Sallam. ¨Las personas o grupos que quieren silenciarlas utilizan varios métodos. En Egipto, las amenazan con llamar a sus padres y decirles que su hija es políticamente activa (algunas familias pueden ser muy sensibles al respecto). O pueden arruinar su reputación extendiendo rumores como hicieron durante las protestas de la plaza Tahrir, diciendo que ¨todos duermen juntos en tiendas de campaña¨.
¨El acoso, a veces, da lugar a la autocensura¨, comenta Nighat Dad de la Fundación para los Derechos Digitales de Pakistán. Dad sufrió acoso en la red y amenazas cuando escribió sobre Malala, la niña a la que los talibanes dispararon a consecuencia de su campaña para la educación de las niñas. ¨Al principio tenía miedo y dejé de usar las redes sociales durante un tiempo¨, le dice a RNW, ¨pero entonces me dije a mí misma que el acoso en internet es otra forma de violencia que no es el resultado de mis acciones, sino del sistema patriarcal de nuestra sociedad, en el que la discriminación contra la mujer se produce regularmente.
Los censores de Facebook
Los moderadores de la campaña de Facebook ¨ Sublevación de las Mujeres en el Mundo Árabe¨ han tenido dificultades para contrarrestar todos los comentarios agresivos tanto de hombres como de mujeres que recibieron sobre algunas de las fotos publicadas en la página web. ¨Cada vez que publicamos una foto de una mujer que no se tapa, inmediatamente se llena de comentarios alegando que su imagen está debilitando la causa.¨
El súmmum de la controversia fue la foto de una mujer siria, Dana, que se había quitado el velo porque: ¨durante 20 no se me permitió sentir el viento en mi pelo y en mi cuerpo¨. Facebook retiró el comentario y después lo volvió a publicar tras una campaña de apoyo online.
¨Me miran como si fuera una extraterrestre¨
Además de la preocupación por los ataques directos, muchas mujeres se enfrentan a otra limitación cuando se trata de derechos digitales: un problema básico de accesibilidad. La ausencia de acceso a internet puede ser un obstáculo tanto para hombres como para mujeres, pero las posibilidades técnicas (tales como tener internet en casa) son limitadas y son las mujeres las que pierden la mayoría de ellas. ¨Cuando entro en un cibercafé fuera de la capital, me miran como si fuera una extraterrestre.¨, señala la bloguera azerí Arzu Geybullayeva en una entrevista en vídeo con Nighat Dad. ¨Muchachos y hombres son el público mayoritario de los cibercafés: las mujeres no son bienvenidas y estar en ellos, de alguna manera, afecta a su reputación.¨
Desde el 25 de noviembre hasta el 10 de diciembre, Nighat Dad y otras personas de la red de mujeres APC WSPC participarán en una campaña online para ¨controlar la tecnología¨ y terminar con la violencia contra las mujeres. ¨Recuperemos la tecnología¨ (enlace https://www.takebackthetech.net/).
Fuente: Radio Nederland
13/11/12: ¿Pura coincidencia o realidad?

Fuente: Perú21
Palabras claves: tienda, rey, Ministerio , mujeres, Arabia Saudí, Mundo, Noticias, Política, Europa
16.09.2012, 22:51
El Ministerio de Empleo de Arabia Saudita cierra cien tiendas de ropa interior en Riad, ya que sus propietarios no les dan empleo a las mujeres, violando así un decreto gubernamental dirigido a la "feminización de la profesión".
Anteriormente, en el Ministerio señalaban que precisamente las boutiques que venden ropa interior y cosméticos, deben ser los principales empleadores de las mujeres locales, cuyos derechos al empleo se violan.
Hace un año que el rey de Arabia Saudita firmó una ley dirigida al fomento del empleo femenino, la cual limitaba la cantidad de empleados hombres en esa rama del comercio. El desempleo femenino en el país llega al 30 %.
ml/mo
Fuente: La voz de Rusia
Palabras claves: Evo Morales , mujeres, militar , Mundo, Bolivia, Defensa, América Latina , escuela, Noticias
7.09.2012, 23:41
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Эво Моралес
Foto: EPA
La Escuela de Cóndores de Bolivia, centro de formación castrense de elite, graduó hoy al primer grupo de mujeres oficiales y sargentos como expertas en planificación y dirección de operaciones militares, informaron fuentes oficiales.
El presidente del país, Evo Morales, que asistió al acto de graduación de la escuela, situada cerca del límite con Argentina, destacó que este "es el primer curso de su género en Suramérica" por la participación de las mujeres, cuyo número no fue precisado.
Según el comandante de la escuela, teniente coronel Miguel Ángel del Castillo, la presencia de las mujeres fue un hito en esa entidad creada en 1981 y es el comienzo de un proceso de inclusión de las féminas en las fuerzas especiales del Ejército boliviano.
Las mujeres se sometieron a pruebas que "se acercan lo más próximo a la realidad de un combate", según Del Castillo.
El presidente Morales reiteró en su discurso que Bolivia, tal como lo establece su Constitución, es un "Estado pacifista" que nunca agredirá a nadie, pero que si sufre agresiones está en la obligación de defenderse. EFE
Fuente: La Voz de Rusia







