Justo al terminar de redactar mi texto anterior
Docentes al Límite, consideré necesario la revisión del concepto de burnout pero en relación a sus diferentes etapas. Es decir, cómo y por qué decir que una persona lleva cierto grado de este síndrome. Justo me vino a mente un documento sucinto de Miller y Dell llamado
Ansiedad en el Trabajo: El camino al Burnout (Anxiety at Work- The Road to Burnout). Así que decidí hacer una traducción libre (con adaptaciones lingüísticas) que garantizara mejor la comprensión de este fenómeno.
Las diversas etapas del burnout incluyen las siguientes características:
1.-
La luna de miel: Durante esta fase el trabajo es maravilloso. El individuo se caracteriza por una energía y un entusiasmo enormes, todo parecer ser posible. Se piensa que el trabajo satisfará las necesidades y deseos y resolverá tus problemas. Hay un encanto con la interrelación trabajo, colegas y organización.
2.-
El despertar: Una vez que el periodo de luna de miel termina, surge el entendimiento que todas esas expectativas iniciales eran irreales. Pensamientos del tipo “el trabajo no resuelve las necesidades del individuo o la organización y colegas están muy alejadas de lo perfecto” aparecen. Entonces aparece la desilusión y el desencanto; inicia un estado de confusión. Algo anda mal pero no es posible definir exactamente qué es.
Generalmente el individuo buscará esforzarse más, para poder lograr todo eso inicialmente imaginado, pero este esfuerzo no logra nada y comienza la aparición del cansancio, el tedio y la frustración. Se cuestiona uno entonces esas habilidades y competencias hacia el propio trabajo y se comienza a perder esa autoconfianza.
3.-
Brownout (O inicio de la quemazón*): Esta etapa comienza cuando ese entusiasmo y energía iniciales se vuelven lo contrario; fatiga crónica e irritabilidad. Pueden darse cambios también en los patrones de alimentación y sueño. Comienza además una etapa donde aparecen las conductas escapistas: [búsqueda de] sexo, aumento en el consumo de bebidas alcohólicas, de sustancias estimulantes como droga, frecuencia de asistencia a fiestas o manía por comprar obsesivamente.
La indecisión aparece y la productividad cae mientras la eficiencia en el trabajo se deteriora. Los colegas y superiores llegan a comentar sobre el desempeño de esta persona.
* adaptación del término de mi parte.
4.- Burnout a gran escala: Esta fase puede tomar varios meses para alcanzarse, en la mayoría de los casos toma de tres a cuatro años.
Cuando se llega aquí, un sentido abrumador de fracaso invade al individuo así como una devastadora pérdida de autoestima y autoconfianza; comienzan etapas de depresión y sentimientos de soledad y vacío.
Ideas obsesivas en cuestionar el sentido de la vida así como un pesimismo sobre el hoy y fatalidad sobre el futuro se manifiestan. Se comienza hablar mucho de temas como “renunciar o irse del trabajo, de mandar todo a la basura” al grado que se vuelve distintivo de la persona [y hasta criticable].
El cansancio físico y mental es común. Pueden ser característicos de esta etapa los colapsos de salud en cuanto a estas dos dimensiones. Ideas o inclusive intentos de suicidio aparecen, apoplejías o ataques cardíacos no son siquiera raros en algunos individuos, y todo esto viene a ser el cierre de algo que empezó, tiempo atrás, como un estado de optimismo, alegría, entusiasmo y altas aspiraciones.
5.-
El fenómeno del Fénix: Levantarse de las cenizas del burnout es posible aunque toma tiempo. Esto requiere de calma y descanso y una actitud que permita ese sano distanciamiento del trabajo excesivo sin sentirse culpable.
Regreso del Burnout
Un acertado regreso de esta etapa de desgaste debe considerar metas realistas en las expectativas de trabajo y las aspiraciones en él. Estos reajustes se deben dar por decisión propia, de uno y para uno en lugar de ser determinados por alguien más. Tratar de ser, hacer o trabajar como alguien más desea que uno lo haga es la forma más segura de continuar con sentimientos de frustración y burnout.
Pero sobre todo es muy necesario crear un balance de vida e invertir más tiempo en la familia y otro tipo de relaciones interpersonales, actividades sociales y pasatiempos. Expandirse como persona, es decir; comenzar a desarrollarse en otras actividades mientras se disfrutan tiene una influencia enorme en la autoestima y autoconfianza, tanto o más que la del mismo trabajo.
Referencia:
Miller, Lyle & Dell, Alma (2007).
Anxiety at work: The road to burnout. En: Healthy Place, America’s mental health channel. Visitado 19/02/2010 en:
http://www.healthyplace.com/anxiety-panic/main/anxiety-at-work-the-road-to-burnout/menu-id-69/
Reflexiones al respecto:
Esta secuencia de etapas no debe considerarse como una trayectoria obligada en la vida laboral del docente, es decir; que todo maestro al iniciar su trabajo verá un mundo maravilloso y que poco a poco se iría desengañando hasta volver una persona enferma. Como se ha descubierto y comprobado, el trabajo docente es de alto riesgo para la salud física y mental (
en este mismo blog). Ahora bien, cada individuo es único y viene apoyado en un background personal y una serie de características biográficas y sociales que hacen de él una persona o más capaz para desempeñar su trabajo o menos, o un individuo más vulnerable al estrés o uno de personalidad resistente al mismo, o más saludable por su educación y formación y así.
Los determinantes principales de encontrarse en una organización escolar donde convergen factores estresantes pueden ser: el contexto social (pobreza, violencia), la estructura física de la organización (instalaciones inadecuadas, ruido excesivo, luz inadecuada), la dirección de la organización misma y el clima laboral que en ella exista. (
Véase en este blog)
Otros factores determinantes a considerar tienen que ver, como acabo de mencionar; años de servicio, la edad del docente, estado civil, grado de asertividad que tenga y más. (
En este mismo blog)
Ahora bien, creo que uno de los factores más importantes que pueden contribuir a desarrollar una personalidad resistente al estrés docente es, precisamente,
el conocimiento del fenómeno mismo y la conciencia de las reacciones y efectos del mismo en nuestro cuerpo, para ir desarrollando un aprendizaje en cuanto a la gestión del estés..
Y esto solo mediante la reflexión, introspección, así como una reconsideración de nuestros paradigmas de salud en cuanto al deporte, ocio y alimentación puede obtenerse.
Anexo:
Una experiencia personal
El fenómeno del estrés docente y bunrout me llamó enormemente la atención justo cuando tocamos este tema en el curso
Desarrollo Profesional Docente de mi postgrado. Mientras hacía mis tareas e investigaba sobre ello, llegó un momento en que me reconocí a mí mismo como un individuo y docente en una etapa (seguramente en la etapa del “inicio de la quemazón o Brownout” y con ciertos rasgos de la fase avanzada). Esta situación me preocupó mucho.
Y fue este temor sin duda, por lo que surgió un interés enorme de indagar más, temeroso porque ya conocía por mis lecturas los posibles y más dramáticos escenarios de este fenómeno: alcoholismo, frustración extrema, la imagen del docente severamente amargado… soledad y finalmente, suicidio.
Esos mismos sentimientos descritos como incapacidad e inutilidad me llegaron en un momento apenas un breve tiempo atrás, sobre todo cuando me observaba a mí mismo dando clase en unos registros videograbados unos años antes, con los cuales trabajé mi tesis de licenciatura. En ellos me veía muy bien vestido y sobre todo, con un semblante visiblemente atlético dando clase a grupos evidentemente interesados por mi entrega y propuestas temáticas y didácticas. Pero mientras volvía a mirar los videos, yo había cambiado enormemente; era más bien un individuo obeso, resignado y repetitivo en clase. Pensar que habían sido apenas tres años para que yo me transformara tanto (y en deterioro) me deprimía más aún. Constantemente pensaba y me cuestionaba cómo podía cambiar y volver a ser como era en esa etapa, pero sin tener una idea siquiera clara de cómo hacerlo.
Justo en mis deseos de huída, porque me sentía agobiado de seguir trabajando en la misma y conflictiva organización (y precisamente uno de los hallazgos de mi tesis de licenciatura fue determinar que el clima organizacional donde laboraba era, por excesivos factores de todo, de un clima muy adverso para la docencia). Recurrí como salida a participar en un concurso que me ofrecía ganar una beca comisión, la cual conseguí, y decidí estudiar en otro país. No quería saber nada de mi organización, colegas, alumnos ni nada relacionado con mi ciudad de residencia.
Estando en mi postgrado vino este “descubrimiento” (autorreconocimiento o self-awareness) y comprendí que debía transformarme como persona y docente, y si no tanto como para mejorar como maestro, al menos para mantenerme física y mentalmente sano.
Las circunstancias que yo inconcientemente busqué me favorecieron en mucho. Otro país, una gran universidad, catedráticos capacitados, un enorme grupo de amistades y, creo que influyó mucho sin duda las oportunidades que tuve de viajar y desarrollar otros intereses con los cuales siempre había soñado (viajar, fotografía).
A mi regreso a mi misma escuela dos años después noté entonces cómo se encontraban de afectados mis colegas: más cínicos, distantes, rutinarios, conflictivos, enfermizos, quejumbrosos, nada colaborativos, con enorme tendencia al ausentismo… y cómo prácticamente se había borrado cierto sello que la escuela solía ofrecer a la comunidad.
Estos rasgos no eran siquiera únicos de mi organización. Supervisores, jefes de enseñanza y personal de las oficinas de servicios de apoyo al magisterio estaban en situación semejante.
También debo decir que, en este contexto, a nadie se interesó realmente por mis propuestas de realizar talleres o charlas sobre estrés docente. El sistema educativo de mi realidad está regido por valores de atender cursos “gratuitos” que afectan la puntuación de la evaluación docente que permitiría al docente poder tener un salario mayor. Algo ajeno a este paradigma era una especie de lujo innecesario.
Desde mi regreso he seguido estudiando y tratando de proponer opciones para mejorar la salud del docente. Y mientras tanto me sigo inspirando en todas las patologías que veo a diario para continuar con este Blog. Si bien, de cualquier manera no ha sido tan fácil; muchas personas insisten en que yo sigo siendo (en cuestión de actitudes y conductas) como solía serlo, sobre todo amigos cercanos y parientes, y constantemente suelen hacerme comentarios refiriéndose a quien yo pude ser hace cinco años, por decir. Yo entiendo que ellos no tuvieron las oportunidades que al final de cuentas yo me generé… y es tan fácil mirar a los otros que mirarse a sí mismos.
En esta entrada me referiré a dos docentes de mi propia organización sindical. Dos docentes cuyo comportamiento dentro y fuera de la escuela misma es tan curioso y lleno de eventos tan peculiares como críticos. Si bien, sobre ellos me he referido previamente (en dos o quizá más artículos) su situación sigue sorprendiéndome y la acumulación de detalles dignos de análisis no cesan. Estando en el mes de enero, hablaré de Silvia.
Descripción de Caso
Con casi cincuenta años de edad, madre de tres hijos ya todos adultos, separada desde hace más de quince años, activa como docente cercana a los veinte años de servicio, Silvia desde hace muchos años se ha convertido en una maestra rechazada principalmente por sus alumnos así como de una buena parte del personal.
Las principales características de Silvia fueron –por un tiempo- su constante participación ciertamente creativa en varios eventos escolares, en los que casi siempre destacaba así como una elevada puntuación en su evaluación docente. Si bien, el sistema que pondera a los docentes en su medio valora aspectos indudablemente lejanos al desempeño dentro del aula sino más bien que “apoyan” a la imagen organizacional. Silvia a través de los años ha escalado varios niveles que han repercutido en un generoso sueldo que devenga cada quincena.
Sin embargo, por otra parte, siempre se ha caracterizado por una dureza emocional y es reconocida como una maestra de carácter fuerte, pero que a la vez nunca sonríe y nada le parece; especialista en criticar propuestas de los alumnos y negada a halagar. Ella ha sido una docente cuyas “clases” son una descripción de todo aquello que los alumnos deben hacer, pero pocas veces ella se ofrece a “dar la clase propiamente” con socialización de tema, presentación, exposición y debate (si es que el paradigma al que ella recurriera fuera este, o algún otro siquiera).
Otro aspecto destacado en ella siempre ha sido su relación con la parte directiva. Siempre defensiva hacia ellos, siempre agresiva cuando recurre a ellos. Al grado que siempre se ha ganado el temor y rechazo de manera simultánea –y cabe decir que el puesto de director en mi organización es de elevada rotación a través de los años-.
Pero su conducta más especial la comenzó a manifestar en este último año de servicio:
La única amistad de Silvia, perenne a través del tiempo, ha sido el profesor René. Con casi de veinte años de un cuestionado “acercamiento” con él han sido tachados de amantes desde muchos años atrás. Situación que a ambos les ha afectado. René es casado, y a pesar de estas críticas Silvia nunca se ha renunciado a esta amistad que incluso han mostrado en diversas partes del territorio. En un tiempo no era raro verlos platicar en un restorán en otra ciudad, o en un paraje en otro lugar…
René fue por muchos años un docente equilibrado y respetado, y por estas cualidades ha sido escogido como delegado sindical en más de alguna ocasión. Justo en su última gestión, en un concurso para cubrir una nueva necesidad de la organización (la atención de grupos contratando personal nuevo), y en un concurso presidido por el mismo René más la parte directiva, la hija mayor de Silvia fue contratada como nueva docente de un grupo de materias.
Así que el grupo de socialización más íntimo de Silvia ganó un nuevo elemento. Hubo comentarios sarcásticos que nombraron a ese grupo como la Familia Silvia (mamá, papá e hijita), dicha unión tampoco fue bien vista por los alumnos.
Otro caso destacado fue cuando quiso iniciar una cruzada contra una empleada de servicio de apoyo para la escuela, la cual aparte de ser madre de familia de varios alumnos que desde hace doce años han pasado por la escuela –y en este mismo ciclo con una hija estudiando-, es la encargada de vender alimentos preparados (previo acuerdo con la Dirección sobre la paga de cuota y las condiciones de su servicio). Silvia argumentó, sin fundamento alguno, que dicha empleada atendía exageradamente bien al personal mientras que a los alumnos les daba trato pésimo. El objetivo de Silvia se manifestó un poco después; quería meter a su hijo recién casado y a su nuera en ese puesto de trabajo.
En otra ocasión, se en uno de sus típicos enfrentamientos con la parte directiva le llamaron “maestra soberbia” y ella rompió en llanto haciendo un enorme drama de algo inapropiado para una escuela.
En otra fecha, un inquieto grupo –caracterizado precisamente por su precocidad y cinismo- le espetó que ella como docente era injusta, demasiado rígida, que sus clases eran soporíferas, que nunca tenía el modo más adecuado hacia ellos y se excedía en intolerancia. Silvia, ante tales quejas fue a la misma dirección de la escuela y arguyó que esos reclamos “no podían ser de los alumnos, sino de algún maestro que le tenía envidia”. Y ni el director le hizo entender de ese reclamo justo -o no- de los alumnos. Silvia no los escuchó no cambió un ápice hacia ellos.
Acondicionó su salón para tener allí su cafetera, sus botellas de agua, sus cajas de cereal y nunca tuvo pena en comer delante de los alumnos. Inclusive, llegaron a asegurar que ella llegaba y en lugar de atender al grupo se preparaba sus primeros alimentos del día. Bebía su café “alegremente” sin mediar palabra con el grupo, y ya cuando terminaba les terminaba dando unos quince minutos de clase (en la primera del día).
Y un día haced dos meses atrás, en una de sus salidas comunes de la escuela (en horario de clase) y bien acompañada como siempre de René, a pocas cuadras de la escuela, tuvo un choque en su auto. Una situación donde ella argumentó no tener en nada la culpa y exigió más de 4 mil dólares para reparar su automóvil deportivo. La contraparte le ofrecía apenas 300 dólares. Por un mes no tuvo auto y finalmente comenzando el mes de diciembre regresó con su auto impecablemente reparado.
En otra de sus muchas y constantes ausencias, las alumnas del grupo donde solía desayunar terminaron poniéndole cloro en sus botellas de agua (de los frascos que se nos dieron por motivos de la “epidemia de influenza”) y regando el cereal por su mueble. Esto fue detonante para que ella rebasara todas las instancias y recurriera a donde no debía (a la misma instancia sindical, donde ahora tenía a un compadre allí) para exigir el castigo a las muchachas argumentando “atentado en contra de su salud”. Se salió con la suya al hacer que la parte sindical fuera el juez de la aplicación del castigo, pero logró causar una molestia enorme entre los alumnos, docentes y algunas más del personal.
Y justo, en las vacaciones de diciembre, volvió a sufrir otro choque automovilístico (donde ahora nadie supo si volvía a ser la víctima) pero su auto deportivo de apenas tres años de uso quedó completamente destruido. Considerando que las vacaciones decembrinas fueron más que largas; una ola de frío retrasó el retorno a clases ofreciendo en total casi tres semanas de asueto (justo con el cobro de jugosos aguinaldos de por medio). Silvia regresó a la escuela para de inmediato llegar tarde y pedir permisos (día justificado para no asistir al trabajo) para tratar de arreglar sus múltiples asuntos personales. Era obvio que se encontraba muy dañada emocionalmente…
Análisis:
Como se ha analizado previamente en este blog, Silvia por una parte encaja sin problema en un perfil de persona vulnerable al burnout, lo peligroso es que ella sin darse cuenta se encuentra en un estado avanzado del mismo. El burnout puede ser revertido en ciertos momentos, pero cuando se llega al nivel crónico y con picos consecutivos de estrés elevado originado por las situaciones anteriormente descritas, el peligro de salud (y para la persona misma) es enorme.
El sufrir un accidente es una fuente de estrés per se, se puede considerar un evento mayor de vida, y todo ese mar de consecuencias inmediatas que surgen por dicho evento llevan a un individuo a una situación crítica. Así que Silvia, entre sus querellas organizacionales y devenida mujer sola –sin un grupo social que pueda ayudarla- está viviendo una serie de eventos muy desagradables y aumentando sus frustraciones.
Pero al estar ella tan “herida” se ha vuelto tremendamente defensiva. Sin darse cuenta, ella proyecta esto y el personal y los alumnos lo notan. Así que cada situación que ocurra en la escuela –muchas veces situaciones comunes precisamente para una escuela; como las bromas juveniles, la desmotivación de algunos y el comportamiento rebelde de otros más- ella terminará viéndola como un evento magnificado lleno de perversión y maldad hacia ella… porque ella es una mujer digna de ser envidiada (parece ser la neurosis que padece).
Silvia trabaja en una escuela ubicada en un contexto delicado; elevada pobreza, familias disfuncionales, consumo de droga, narcotráfico presente y con cierto índice de crímenes violentos. Alumnos y padres de familia de un lugar así presentarán conductas –tarde que temprano, más que menos- conductas disfuncionales. Esto, para un docente, debe ser algo que se debe entender y tomar en cuenta. El contexto de la escuela (y muchas veces el contexto de cualquier escuela) no es lo más adecuado para un individuo lastimado y afectado. Silvia seguirá expuesta a situaciones así y sus reacciones serán más complejas hasta que no pueda más.
Un accidente de auto con el vehículo destrozado. Esto no es una casualidad (y menos viniendo apenas de otro). Culpar a los grupos de atentados, a los docentes de tenerle envidia, a los directivos de incapacidad, a la empleada de desatendida… en general, culpar a otros es un síntoma muy serio a tomar en cuenta y para ser intervenida de manera urgente con ayuda profesional.
¿Quién puede acercarse a ella y decirle del peligro que corre? Se ha encerrado en dos personas solamente, demasiado cercanas a ella para ver su compleja crisis desde un alejado punto de vista, personas que le han dado la razón en todas sus constantes querellas laborales y se han encerrado en un grupúsculo de autodefensa.
¿Qué preparación tienen los directivos o alguien más dentro de una organización escolar pública? ¿Dónde quedó la quimera del directivo capaz de liderar e influir en los demás? Y los servicios de salud que gozamos los docentes, ¿son capaces de analizar una problemática así de compleja? ¿Qué se le puede ofrecer a ella? ¿Una larga incapacidad mientras recibe terapia de apoyo psicológico?
Docentes como ella no son casos únicos en las escuelas de esta realidad, el detalle es que dichas manifestaciones son generalmente vistas como mera fatalidad de la vida, y no como una ilación de actos que son consecuencia de historias de vida, de contextos de trabajo, de rasgos de personalidad… y que a la vez, estas características seguirán llamando a las crisis.
Véase también de mi autoría en este mismo blog:
Causas y factores que pueden originar el estrés (Segunda Parte)
Burnout, Desgaste Profesional o Síndrome de Quemarse en el Trabajo
Docentes y Quemados (Segunda Entrega: Marco teórico)
Otros enlaces de gran interés:
El estrés: un análisis basado en el papel de los factores sociales
Documento académicamente impecable de Bonifacio Sandín analizando al estrés como efecto social sobre todo.
El ciclo de vida en la carrera del maestro (Documento en inglés)
Por Betty E. Steffy y Michael P. Wolfe
Describe las etapas del docente a lo largo de su carrera y la importancia de ser un maestro eficaz (y cómo mantenerse como tal).
En la entrada anterior describí siete casos de docentes y trabajadores auxiliares del sector educativo público en determinado contexto. Estos individuos, en mi percepción, padecen el síndrome del desgaste profesional o burnout -y no lo saben-. Es el desconocimiento de este padecimiento de salud física y mental que caracteriza a los trabajadores de las profesiones asistenciales un asunto que resalta y me parece de importancia urgente darlo a conocer para tener conciencia del mismo y comenzar a disminuirlo hasta evitarlo de ser posible. Esta tarea debiera ser principalmente de competencia organizacional, aunque todo trabajador –dadas las condiciones actuales- debiera tomar una decidida iniciativa para revertir este proceso degenerativo de la salud y poder llegar a disfrutar de una mejor salud, y por lo tanto su vida y su trabajo.
Sociedades modernas
Las sociedades actuales tienen características que hace veinte años era difícil imaginar. En mayor o menor grado estamos en la sociedad del conocimiento y de la información, por lo tanto la tecnología ha penetrado muchos campos y con mucha fuerza.
Las competencias que un docente ahora necesita para atender a “los hijos” de esta sociedad son otras, lejanas a lo aprendido antaño.
Ahora tampoco es raro encontrar padres de familia laboralmente activos, por lo tanto algo alejados de la formación de sus hijos, y esto a veces puede tener ciertas dificultades. La existencia de familias disfuncionales es otro fenómeno que resulta común así como fenómenos sociales ligados a la pobreza; como el narco (venta y consumo de drogas) y la delincuencia misma.
Así que el panorama de un docente ahora le ofrece
perspectivas muy diversas por ejemplo a las que él vivió cuando fue alumno. Comer chicle, no entrar a clases, hablar y hacer ruido en clase, no llevar las tareas eran los actos comunes de indisciplina de antaño. Hoy en día la realidad es muy diferente y sorprendente; mobbing, drogas, agresiones y comportamientos disfuncionales, apatía enorme por la escuela…
y una figura docente cada día más desvalorada.
Otro punto que me llama la atención tiene que ver con que las sociedades actuales se comienzan a identificar mucho con el “
paradigma de la satisfacción al cliente”, algo que considero peligroso para la comunidad docente. Por una parte, en cada servicio que se solicita comienza a ser una cultura exigir la máxima satisfacción por el pago hacia este; y comienza a verse a la misma Educación como un servicio que se compra (se paga por el cliente, o por el Estado para el cliente).
Esta concepción tomada fríamente puede llegar a ser un estresor enorme para el maestro, que lejos de recibir algo de reconocimiento o de agradecimiento por “sus clientes” podría recibir, precisamente, lo contrario.
La vida personal
Padecer estrés es algo tan común en esta época moderna. A lo largo de la vida de cualquier persona se llegan a experimentar momentos traumáticos y eventos mayores de vida. Cuando se pertenece además al mundo laboral se agrandan las posibilidades de estrés. La misma vida familiar puede generar conflictos continuos que se vuelven una carga más a la persona. Por contraparte, disfrutar de momentos de descanso y relajación no es algo tan común. Puede parecer una tendencia que con el paso del tiempo, los trabajos se vuelvan más demandantes y complicados y la vida en sociedad más compleja
mientras el individuo se aleja cada día del ocio saludable y de la actividad física. Esta relación directa –y encontrada- viene a otorgar una vulnerabilidad enorme a las personas.
El mundo laboral
Con la contextualización anterior, es más fácil comprender que la profesión docente implica muchas variables además de complicadas que posiblemente ni siquiera fueron consideradas en los cursos de formación que tuvieron. Así que la posibilidad de que no estén capacitados para hacerles frente efectivamente es enorme. Esas variables llegan a darse tanto por asuntos de clase o de administración escolar como por cuestiones externas tan lejanas a un posible control que se pueda tener sobre ellas.
No es raro llegar a sentir impotencia o frustración en diversos momentos de la labor docente, y el sufrimiento -por lo tanto, insatisfacción- puede comenzar a ser vividos desde el inicio del ejercicio de la carrera.
Otros aspectos necesarios de conocer y tener en cuenta para conocer la naturaleza misma de los trabajos son sus características específicas y aquellas que el mismo contexto laboral aporta (Zavala, 2008).
Además, debemos de recordar que la docencia es una profesión asistencial (de servicio público ofertando atención y cuidado. Y es en este tipo de profesiones donde existe una evidente propensión a padecer el burnout y presentar el desgaste profesional, fenómeno estudiado por Freudenberger, Gil-Monte y Maslach entre otros.
Malestar docente y Burnout
Básicamente cuando se habla de malestar docente se hace referencia a un fenómeno que afecta a una buena parte del profesorado y que se origina en respuesta a una serie de factores o acontecimientos negativos que aquejan a dicho profesorado en el marco educativo. Tal respuesta vendría precedida de un estilo atributivo pesimista que sería el responsable del incremento de los índices de estrés laboral (burnout) y ansiedad que exhiben los docentes afectados, pudiéndose llegar a alcanzar la depresión como resultado último (De la Torre, s/a: 2).
“
Los docentes que sufren este criterio generalmente se sienten como si fueran incapaces de apoyar a sus estudiantes e inclusive actitudes más negativas hacia ellos, padres y colegas, así como incapaces de lograr metas. Los maestros con síndrome de desgaste laboral están menos comprometidos para crear buenas lecciones, corregir [y revisar] trabajos y tienen menos tolerancia a las interrupciones [comunes] de la clase" (trad. lib. Colangelo en Zavala, 2008-2).
El fenómeno del malestar docente considerado como los efectos en la calidad de salud física y mental llega a ser preocupante en realidades de los países avanzados- algunos estudios sobre este alcance se vienen dando desde los años setenta y muestran como efectos entre los docentes los siguientes:
Depresiones reactivas, neurosis de ansiedad, fuerte tensión emocional y trastornos psicosomáticos y afectivos (De la Torre, s/a: 3-4).
Con un escenario así expuesto queda hacerse varias cuestiones, desde una inicial como:
¿Qué tan satisfecho puede encontrarse un docente con sus condiciones de trabajo? Si siente que esta insatisfacción es gradual con el paso del tiempo; y por último, si es capaz de notar en su persona cambios severos en su salud.
(Entrega siguiente de este tema viernes 31 de julio de 2009)
Ayuso Marente, José Antonio (2006).
Profesión docente y estrés laboral: una aproximación a los conceptos de estrés laboral y burnout. Revista Iberoamericana de Educación, 39/3. Visitado en: http://www.rieoei.org/deloslectores/1341Ayuso.pdf el 29 de junio 2008.
De la Torre, Carmelo (s/a).
El malestar docente: un fenómeno de relevancia internacional. Visitado en: www.uclm.es/profesorado/ricardo/Docencia_e_Investigacion/7/Carmelo_Torre.doc el 27 de junio de 2008
Zavala, José (2008).
Burnout, desgaste profesional o síndrome de quemarse en el trabajo en Blog de Estrés Docente. Publicado el 5 de octubre de 2008 en: http://blog.pucp.edu.pe/item/32848
Zavala, José (2008-2).
Causas y factores que pueden originar el estrés en el Blog de Estrés Docente, artículo publicado el 12 de octubre de 2008 en: http://blog.pucp.edu.pe/item/33499
ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS
El desgaste psíquico emocional de los docentes llega a tener un amplio rango de manifestaciones por demás curiosas y que realmente muchos individuos no llegan a reconocer ni entender. Estudiar por lo tanto las manifestaciones del Síndrome del Desgaste Laboral o Burnout es un tema verdaderamente pertinente en estos tiempos. Esto que ahora ofrezco es un ensayo sobre el burnout, y en esta primera entrega hago una descripción de siete individuos reales (nombre cambiado), con los que yo personalmente tengo trato desde una manera frecuente hasta otra más esporádica. Estas personas muestran una serie de comportamientos y conductas –por llamarlas- amargas, que antes no las manifestaban. Estos colegas –y quizá algunos, ex amigos- merecen ayuda, para que vuelvan a encontrar un optimismo y gusto por su trabajo y su vida, pero al desconocerse el proceso que padecen, en cambio, ganan día a día un rechazo de parte de colegas y alumnos.
Descripción de casos
1.- Salvador, 53 años, empleado de Pagaduría
Tenía bastante tiempo que no pasaba por la oficina de pagos en la administración del magisterio donde trabajo hasta que me llegó la necesidad de hacer un trámite. Apenas iba llegando cuando reconocí a Salvador quien estaba en la puerta. Él y yo éramos conocidos desde hacía más de diez años, de hecho cuando comencé a trabajar en la docencia -y mientras mi situación se regularizaba- constantemente tenía que acudir a la oficina, donde Salvador me atendía siempre amablemente.
Así que apenas noté que me reconoció lo saludé afectuosamente:
-¡Hola, Salvador! ¿Cómo has estado?
Sin embargo, él, sin mostrar emoción alguna de haberme vuelto a ver después de años, me respondió secamente sin contestar el saludo siquiera:
-¿Sí? ¿Qué se te ofrece?
2.- Tomasa, 43 años, docente de secundaria
Cada vez que tenía la oportunidad de encontrarme con Tomasa ella se caracterizaba por sus afectuosos saludos hacia mí. Además, podíamos trabajar en equipo de manera amena y nuestras reuniones laborales eran muy productivas. Sin embargo, después de dos años de estar yo de permiso sin ejercer como docente, nos encontramos en una oficina bancaria. Si apenas levantó la mano para saludarme a dos metros de distancia y me dijo como si estuviera molesta:
-¡Ah! Ya Volviste.
Un mes después finalmente nos encontramos en una academia de profesores, donde ella (su organización escolar) era la anfitriona. Bajo el pretexto que tenía que supervisar se la pasó ausente de la reunión; entraba y salía cuando quería y, cosa curiosa, ni siquiera se comprometía con las tareas del colectivo, ahora se dedicaba a delegar y dar indicaciones de adonde y con quien teníamos que dirigirnos para sacar fotocopias o solicitar materiales.

Imagen tomada de: http://surrealisme.ouvaton.org/IMG/jpg/Martine_Roux.jpg
3.- Carlos, 55 años, docente
En su trigésimo año de servicio, el profesor Carlos parece se propuso tener una o dos discusiones por semana. Todo el año se hubo caracterizado por sus comentarios despectivos hacia cualquiera del personal y sus modales extremadamente groseros con los alumnos. Si bien él formaba parte de un equipo de labor social, ante sus constantes críticas hacia el colectivo mismo pero poca disposición al trabajo hizo que otro docente renunciara a ese puesto de carácter simbólico; una vez él a cargo, siguió con sus querellas ahora con los miembros restantes generando más y más problemas.
Nunca se caracterizó siquiera por ser buen maestro, no tenía control de grupo; pero ahora para los alumnos resultaba peligroso crear indisciplina porque Carlos los insultaba inmediatamente. No distinguía siquiera en cuanto a género. Varias jovencitas comenzaron a llevar quejas a la Dirección ya sea por sus groserías… o por descarados comentarios de índole sexual hacia su persona.
Fueron precisamente alumnos varones, hijos de familias disfuncionales (por ende, abusados por sus violentos padres) quienes empezaron a manifestar constantes respuestas agresivas hacia él. Y Carlos, a pesar de su mala reputación de grosero hacia los alumnos, iba y se quejaba del trato que los alumnos le daban, de donde de agresor pasaba a víctima
4.- Silvia, 49 años, docente
Silvia en los últimos tres años en su trabajo simplemente no manifestaba nunca una sonrisa o un interés hacia algún colega o alumn@ siquiera. Su cara había adquirido una dureza casi criminal. Sus clases ahora consistían en realizar “proyectos” en los cuales ella solamente definía el objetivo, después prácticamente se deslindaba de los alumnos y no volvía a tener contacto con ellos hasta la revisión y evaluación del trabajo.
Nunca ofrecía palabras de aliento. Sus comentarios eran siempre de naturaleza negativa; críticas a todo aquello que faltaba y cero logros o aspectos a valorar de los trabajos. Los alumn@s comenzaron a quejarse de ella. Sentían injusta la manera de evaluar, pero desconfiaban tanto de ella que ni siquiera se atrevían a enfrentarla. Acudían con algunas personas a quejarse de la situación, haciendo de esto algo muy comentado en la organización.

Imagen tomada de:
http://www.toxel.com/wp-content/uploads/2008/11/tishida13.jpg
5.- Manolo, 47 años, docente
Manolo trabaja en una escuela ubicada a media hora de la ciudad. Como en un principio él no disponía de auto propio buscaba la manera de tener a alguien que lo llevara y trajera, acordando ayudar en el pago de la gasolina. A veces recurría a solicitar el “aventón”. Un par de años más tarde pudo hacerse de un vehículo propio, y entonces llegó a buscar quien viajara con él para ayudarse en los gastos propios del auto de motor grande que pudo comprar… En ambas situaciones ocurrían situaciones tanto extrañas como similares: muchos de sus compañeros evitaban viajar con él.
Decían que cuando se llegaba a la escuela o a la ciudad quedaban muy alterados emocionalmente; cansados, enojados.
Porque Manolo sólo sabía quejarse; criticar amargamente cualquier situación de la escuela; emitir comentarios hostiles, negativos y destructivos…
Manolo terminó quedándose solo. Y para él esto en el fondo le afectaba, sin embargo en su apariencia se empeñaba en mostrar una dureza y un argumento “que más valía solo”.
A sus veinticinco años de servicio y justo en el año que se estrenaba como delegado sindical, Manolo sufrió una serie de dolencias en su salud que terminaron llevándolo al quirófano un par de veces. Más de cuatro meses de incapacidad médica.
Con tanto tiempo de recuperación (pero de una recuperación complicada y penosa) él comenzó a declarar que extrañaba la escuela, el trato con sus colegas y alumn@s. Sin embargo, en la escuela NADIE lo deseaba de regreso.
6.- Patricia, 50 años, secretaria
Durante los veinticinco años de servicio de la escuela, Patricia ha sido parte del personal. De hecho allí conoció a Leo, el profesor que sería su esposo y, con él pudo compartir años de trabajo juntos. Inclusive llegaron a tener a sus propios hijos estudiando en esa misma escuela.
Fue Leo el primero en tener un comportamiento de frustración. Y durante años este profesor se dedicó a quejarse, a criticar y a agredir a otros del personal. Patricia, siempre fiel, lo apoyaba en cada nueva querella contra todos. Hasta que después de años con esta conducto, su esposo rebasó los límites y tuvo que salir de la escuela, quedando Patricia sola.
Fue entonces cuando ella comenzó a cambiar de actitud.
Una gran parte de su tiempo laboral la ocupaba en “chatear” desde su computadora, conociendo hombres de su edad, intercambiando teléfonos y comunicándose con ellos constantemente. Y como en su organización nunca le reclamaron este descuido de calidad hacia su trabajo, ella siguió con esta práctica. Cada alumno o cada docente que solicitaba algo de su parte tenían que decírselo de manera rapidísima, porque ella ni siquiera colgaba su teléfono. “¿Sí, qué quieres?” y “Regresa al ratito” eran sus frases comunes.
Patricia poco a poco –o quizá demasiado pronto en un espacio de un año- comenzó a hacer menos y menos para su organización y a aislarse más. Sus quejas hacia su trabajo y los demás disminuyeron un poco, porque ni siquiera tenía con quien compartirlas.
Imagen tomada de: http://www.20minutos.es/data/img/2007/06/20/610777.jpg
7.- Alfredo, 48 años, docente
Con veinte años de trayectoria en la misma escuela, y ocho de estar casado Alfredo de pronto dejó de ser el maestro optimista y sonriente que solía ser. Poco a poco comenzó a distanciarse del compromiso que como docente lo caracterizaba dentro de una escuela sumamente conflictiva. Aunado a esto, su semblante comenzó también a degradarse con un prominente vientre y una cara de actitud agria.
Al perder esa simpatía y ese “aire de buena gente” sus alumnos comenzaron a rechazar sus clases, haciendo que su materia fuera motivo de ausentismo. A pesar de esto, Alejandro atendía sus clases teniendo menos de la mitad del grupo y sin reportar siquiera al prefecto encargado de disciplina el faltante de quince alumnos. Un espiral de desgano y de reprobación comenzó a afectar a la persona de Alfredo, que se volvía otro apático docente más en una organización agonizante.
Fin de descripción.
En una próxima entrega un primer análisis de estos casos.
ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS
Estefanía es criticada por una gran mayoría en su centro de trabajo. Tiene una reputación de ser una docente déspota y fría así como desconsideradamente exigente. Se mantiene aislada de sus colegas limitando apenas su contacto hacia dos maestros meramente; su hija Citlali y su entrañable “amigo”, Jack. Además, sus constantes querellas con el personal directivo durante años han dañado más su imagen. Estefanía es una docente burnout, pero ella lo ignora. He aquí una descripción de este caso:
Generalidades
Estefanía tiene 48 años. Comenzó su trabajo de docente en una escuela particular siendo muy joven, pero ya era casada y madre de familia. Su matrimonio no duró siquiera cinco años pero le dio tres hijos, tres hijos que a ella le tocó atender ante la ausencia y desinterés de su violenta ex pareja, el cual no tuvo ningún problema en volverse a relacionar y tener otros hijos.
Al poco de tiempo de su separación a Estefanía se le presentó la oportunidad de conseguir un tiempo completo de 40 horas frente a grupo en una escuela del sector público, y esto le ayudó a solventar la crianza de sus hijos. A partir de entonces ha seguido trabajando en la misma escuela, por casi veinte años consecutivos.
En ese centro de trabajo, recién ingresó hizo migas de inmediato con Jack, un docente (casado) cuyo horario y condiciones de trabajo (mañana y tarde en dos escuelas próximas) lo mantenían alejado de su familia la mayor parte del día. Estefanía pudo encontrar en él alguien con quien comunicarse constantemente. De hecho, los muy pocos intentos que hizo aparte por tener algún grupo de amistades no tuvieron éxito.
Su amistad con Jack le generó rechazos en una escuela caracterizada por su clima laboral dañado y comenzaron a atribuirles un amasiato. Esta nueva situación generaba reacciones dramáticas de parte de Estefanía y molestia en Jack, realmente nunca nadie tuvo una sola prueba de que fuera verdad esto; pero el hecho que ella se esmerara tanto en atenderlo aunado a la indiferencia que les dada los demás generaba reacciones negativas hacia su persona aunque no tanto hacia Jack.
Jack siempre había sido un tipo más ecuánime y centrado, esto le valió inclusive el ser elegido como representante sindical de la escuela en algunas ocasiones. Ella, por su parte, siempre se caracterizó por un modo tan enérgico como impulsivo; de carácter duro y amargo (un carácter tal que parece nunca le mostró a su ex pareja).
Con el paso del tiempo la afición de Estefanía por Jack comenzó a rebasar ciertos límites “morales” en la escuela. Se volvió común en ella dejar a sus grupos solos pero dedicados a sus excesivos trabajos mientras ella se iba a platicar con Jack y beber café. Fue el turno que los alumnos comenzaran sus murmuraciones. Sin embargo ella se caracterizaba por sus posturas férreas hacia ellos con grados de exigencia muy fuertes, por lo mismo no era fácil atañerle que fuera una mala o irresponsable docente.
Después de muchos años, su amistad con Jack le trajo un beneficio enorme. Aprovechando la gestión de síndico que le tocaba nuevamente a él, Estefanía logró posicionar a su hija mayor de profesión psicóloga como docente en la misma escuela. No contenta con esto, intentó –ahora en vano- posicionar a su madrastra, hijo y nuera como administradores del comedor, al no poder lograrlo dio más muestras de su descontento criticando todo –al grado de levantar injurias, que el director nunca le reclamó-. Tener una reunión con Estefanía presente se vovlió un momento de discordia y malestar asegurado; cualquier aspecto que a ella no le pareciera era motivo para que ella emitiera comentarios despectivos, o descalificadores o mostrara férrea resistencia.
Análisis de caso
1.-
Cada individuo reacciona ante las situaciones de amenaza según el contexto, las experiencias pasadas y sus características personales:
Bajo este teorema se tiene que Estefanía llegó a un ambiente de naturaleza agresiva y ella, desconsideradamente, fue víctima de un rechazo incomprensivo pero a la vez, ella ofrecía respuestas defensivas que estimulaban el ciclo viciado.
Su experiencia matrimonial, la cual ocurrió cuando ella era muy joven le resultó en una experiencia frustrante en exceso.
Una vivencia así que le afectó tanto que le cerró las posibilidades a darse otra oportunidad de tener una nueva vida sentimental positiva. Además, al haberse victimizado y aceptado la carga de sostener a tres hijos ella se entregó la mitad de su tiempo al trabajo, y la otra al cuidado de ellos. Eran apenas los pocos e indiscretos espacios en la escuela en los que trataba de socializar con alguien que la escuchara, al parecer, una manera de sentirse apoyada por alguien en la vida.
Mujer, separada, con hijos, docente tiempo completo, sola preparación de docente, de carácter alterado y con propensión a sentirse atacada por alguna figura masculina (directivos y algunos docentes) eran características individuales que, se prestaban idóneamente para padecer el burnout.
“
El hecho de no tener pareja habitual ha sido subrayado en diferentes investigaciones como un factor de riesgo en el desarrollo del “burnout” del profesorado y por consiguiente ha de tenerse muy presente (Hewitt, 1993; Oliver, 1995; Chen y Miller, 1997)” (De la Torre, s/a). Ahora bien,
¿es precisamente el no tener una pareja un factor determinante o el aspecto de género también interviene?
No parece descabellado pensar que un individuo con pareja estable puede tener un apoyo psicológico y moral definitivamente, siempre y cuando esa relación de pareja sea madura y nutritiva. Pero si consideramos la ausencia de pareja relacionada con el género, se tienen otros descubrimientos:
“
En México, una investigación que tenía como objetivo establecer una aproximación al perfil de riesgo de burnout en el personal sanitario (en 294 profesionales de atención primaria y atención especializada), llegó a la conclusión de que el perfil epidemiológico de riesgo es: una mujer de más de 44 años sin pareja estable (por separación, divorcio o viudez), con más de 19 años de antigüedad en la profesión y más de 11 en el mismo lugar de trabajo, profesional de atención especializada, con más de 21 pacientes diarios a su cargo, a los que dedica más del 70 por ciento de la jornada laboral, y a ésta, entre 36 y 40 horas semanales” (Atance, 1997, citado en Torres, 2001).
2.-
Otra manera de comprender este caso:
En la gráfica de Estrés Laboral según NIOSH se pueden ver las flechas como representaciones de eventos estresantes que afectan a una pared (metáfora de una persona). Poco a poco estas fuerzas incidentes logran pasar la fortaleza del muro con el riesgo de ocasionar el burnout y todas las enfermedades relacionadas.
Fuente: The National Institute of Organizational Safety and Health (NIOSH s/a)
Fuerzas estresantes: Eventos mayores de vida (separación, aceptación de llevar la carga de los hijos), Estresantes Laborales (discusiones, rechazos, situaciones generadas por alumnos) y Fricciones Cotidianas (traslado, tareas domésticas, situaciones madre-hijos).
3.-
Más características del Burnout:
Ayuso reporta la “
bajada o pérdida de la autoestima profesional: esta, evidentemente, repercute en la autoestima personal, aumentando frente a ella el distanciamiento con compañeros y usuarios, ante los que con frecuencia se presentan autodefiniéndose como hipercompetentes” (2006: 9).
El mismo autor menciona que la “modificación de los modos de relación con los compañeros de trabajo y los usuarios de los servicios: Nos encontramos con que la relación pone de manifiesto componentes de inhibición, frialdad y distancia, al tiempo que se convierte en acusatoria hacia los demás de los deterioros en el trabajo; suelen aparecer descalificaciones masivas e inadecuadas de compañeros y usuarios, también se ha detectado el empleo, en ocasiones, de formas de humor más o menos sarcástica” (Ayuso, 2006: 9).
4.-
Otra reflexión:
Resulta curioso un dato que se presentó en la descripción; la hija de Estefanía es sicóloga de profesión. Puede haber razones para que Citlani no perciba como pernicioso el comportamiento de su madre y de la organización misma: Primero, por desconocimiento del síndrome ya que este bien puede ser conocido en los temas de estrés laboral y posiblemente en casos de administración principalmente. Otra opción puede ser la calidad educativa en la formación de Citlati.
Sin embargo, es el hecho que sea hija de Estefanía el que puede incidir en aceptar las conductas de su madre como normales (“normalización de una patología”) así como de parte de la misma Estefanía sin percibir lo hostil del ambiente laboral.
“
Los síntomas de comportamiento pueden incluir incremento en la distancia entre los co-trabajadores, elevado ausentismo, alta resistencia al trabajo en equipos, marcada reducción en el logro del trabajo y aumento en el consumo de licor. Estos síntomas reflejan cansancio y pérdida de satisfacción con el trabajo” (Workingwell, 2008).
5.-
Conclusiones
Casos como el descrito no son extraordinarios y pueden resultar más comunes de lo imaginado en las organizaciones de trabajo asistencial. El desconocimiento del personal docente en muchas latitudes sobre este tipo de patologías sigue existiendo, y cada día que pasa se deteriora más el clima laboral y la salud de sus individuos ante una pasividad e ignorancia de los directivos o gestores de la educación.
Organismos más complejos como sindicatos y ministerios de salud y trabajo debieran asumir su responsabilidad ética de comenzar un trabajo de difusión de esta problemática, que se suma a otras que están afectando la salud de una población determinada con enfermedades relacionadas o no con el burnout.

Imagen de Martin Holland.
REFERENCIAS
AYUSO MARENTE, José Antonio (2006).
Profesión docente y estrés laboral: una aproximación a los conceptos de Estrés Laboral y Burnout, en Revista Iberoamericana de Educación (ISSN: 1681-5653), 15 pp.
DE LA TORRE RAMÍREZ, Carmelo (s/a).
El malestar docente: un fenómeno de relevancia internacional. Fecha de consulta: 28 de junio de 2008 en:
http://www.uclm.es/profesorado/ricardo/Docencia_e_Investigacion/7/Carmelo_Torre.doc
National Institute of Organizational Safety and Health, The (NIOSH)
NIOSH Model of Work Stress [gráfico] (s/a) (
Modelo de NIOSH de Estrés Laboral)
Publicación 99-101 Visitado el 15 de mayo de 2009 en: http://www.cdc.gov/niosh/stresswk.html
TORRES, Carmen (2001).
¿Estrés o burnout? Agenda de Salud, Publicación trimestral del programa mujeres y salud de ISIS Internacional. Visitado el 8 de julio de 2007 de: http://www.isis.cl/temas/salud/agenda/agenda24.htm
Workingwell (2008).
Burnout. (Sitio web de promoción de salud laboral). Visitado el 16 de mayo de 2009 en: http://www.workingwell.org.au/burnout-4.html
Imágenes tomadas de
Martin Holland en:
http://www.martinholland.com/Art%20Stuff.html
ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS