04/04/09: Caída libre

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Las cosas suceden por alguna razón, todo tiene un inicio y un fin, todo sigue un curso, nada está aislado, los hechos se relacionan por algún u otro motivo, la vida sigue fluyendo libremente, las victorias y derrotas se hunden en el río de la experiencia, todo llega a desaparecer, errores y aciertos, la vida sigue fluyendo hasta que algo intempestivo detenga su rumbo hasta que su antagonista le toqué el hombro y se detenga, vuelva los ojos hacia atrás y desaparezca por completo.
Edward se levantó algo apesadumbrado y tarde esa mañana, en su oscuro cuarto de empleado sin futuro e hijo sin cariño, se calzó lo primero que vio, se abotonó la camisa y se dirigió al cuarto de baño, su padre y su hermano mayor ya se habían bañado antes y habían dejado el piso embarrado y sucio, bostezó, miro a ambos lados en busca de algo que se haya salvado de la mugre y de la tierra y decepcionado se dirigió a el botiquín que tenían como gaveta de baño, la abrió y vio más mugre y cepillos chorreando, cogió el suyo y buscó el dentífrico, tanteando entre las cremas y lociones llegó a dar con lo buscado, estaba totalmente aplastado y estirado, no quedaba nada y no lo habían repuesto, contuvo su enojo, rió desconsolado, cerró la gaveta.
Volvió a su habitación y se puso el descolorido pantalón de tela que usaba en casa, se cambió de zapatos y puso una chaqueta que dejó colgada en la silla la noche anterior, se puso los gastados lentes que usó desde que la conoció a ella y salió hacia el comedor.
Saludó a su madre levantando la cabeza, volvió a bostezar, se sentó en la mesa, su padre aún sentado lo increpó con la mirada, el giró la cabeza mirando hacia otra parte y tomo la taza de avena fría que habían preparado en la mañana, su padre se tomó el día libre, estaba cansado de ir a la oficina para que le manden todo el día, tareas inútiles, comentarios inoportunos, papeles atiborrados de burocracia, se quedó sentado, cogió el periódico y se dispuso a pasar media mañana llenándose la cabeza de noticias de un mundo que estaba muy lejos para sentirlo y de un mundo que estaba muy cerca, pero que no merecía la menor atención.
Edward ya estaba tarde para ir al almacén, el jefe probablemente lo reprocharía y lo mandaría a volar, por lo que prefirió excusarse mañana diciendo que estuvo enfermo y que no pudo marchar a laborar. Su madre nacida ama de casa y muerta ama de casa no hacía más que pasar el día, cocinando, planchando, barriendo, limpiando, pudriéndose limpiando la mugre de hombres a los que hace mucho había dejado de querer, pero de los que necesitaba para seguir viviendo.
El hermano mayor se había marchado hacía mucho al trabajo, había estudiado y tenía un trabajo como mando medio del que disfrutaba los beneficios de forma irracional y abusaba del alcohol pero nunca volvía a casa mareado, si se emborrachaba, no volvía simplemente.
Edward se volvió a acostar, ayer había trabajado hasta muy tarde y se sentía cansado, se acostó sin la intención de dormir, pero no lo pudo evitar, cayó rendido en su lecho con la ropa aún puesta y sus lentes en la mano. Su padre y su madre se habían quedado en la sala incómodos mutuamente y odiándose en conjunto, hacía mucho que su padre había salido del hogar con la esperanza de encontrar una nueva casa al volver, pero ya se había decepcionado de ello y se acostumbró, es más fue domesticado por la rutina, por lo que no sabía qué hacer mientras estaba en casa, decidió que lo mejor sería criticar a su inoportuna esposa, ella trataba de pasar el día ocupada, pero la realidad era otra, termina las tareas del hogar en muy poco tiempo por lo que siempre se sentía ofuscada al no hacer nada en casa durante la tarde y la noche, cocinó de mala gana, lo que lo notó su aburrido esposo y se lo dijo, ella no lo tomo en cuenta y lo obvio, ella se fue al cuarto de lavar y metió toda la ropa en una canasta, la seleccionó de mala manera, y su esposo lo notó y se lo dijo, ella lo paso por alto una vez más y sus iras reprimidas se acrecentaron más y más.
Edward despertó con el ruido de las frecuentes peleas domésticas de sus padres y se lamentó estar en esa casa, en ese lugar, en ese momento, en ese mísero instante de su paupérrima existencia, se levantó resignado y dispuesto a seguir su vida como siempre, con su sueldo mísero y la mierda de vida que lleva, se dirigió al cuarto de lavar motivado por el sonido de la máquina y esperar que sus padres se calmaran y que la ropa se lavara, lo último fue más rápido por lo que cargó la ropa en un cesto y subió a la azotea del departamento en el que vivían para colgar la ropa, esperando que sus padre se callaran y terminaran su estúpida pelea.
El padre increpaba la falta de interés de su esposa y ella le replica la falta de dinero y las deudas atrasadas y su mediocridad imperante, él se ofuscaba y ella se inmutaba, ella se enojaba y él le ignoraba, empezaron a insultarse, repitiéndose una y otra vez el porqué de su boda, el porqué de sus infelices existencias juntos, juntos hace 10 años y juntos consolando sus penas 35 años más, ella le increpó una y otra vez sobre los gastos de la casa y él se burlaba de ella, pensaba que teniendo una amante sería mucho más feliz, pero la verdad era distinta, su vida se había hecho más odiosa y rutinaria, no pudo más y se lo confesó, le dijo que tenía una amante que se habían visto mucho tiempo atrás y que no necesitaba de su primorosa y amable esposa, que él tenía suficiente con ella y si deseaba saber a dónde iba a parar el dinero del hogar, pues qué se lo pregunte a ella, porque ella era la que administraba los gastos, ella era la que incluso destinaba dinero para la educación de sus hijos y la que se preocupaba por los gastos domésticos.
Ella volvió el rostro hacia el suelo, se dio media vuelta y se dirigió hacia su habitación, esperaba todo menos una traición, todo menos la horrible traición de estar viviendo con los recursos que destinaba una amante hacia el hogar de la mujer a la que su esposo engañaba, entró a su habitación, abrió un cajón y sacó el rifle que su esposo tenía guardado por si surgía alguna emergencia, olvido que hacía poco lo habían cargado, tanto como su esposo también lo había olvidado, ella entro con el rifle en la mano, Edward colgó las medias, ella le apuntó al cuerpo, el padre se rió, ella tembló y el rifle se estremeció, Edward observó el suelo, el distante y frió suelo, se miró futuro y no contempló nada, pensó en ese instante en el vació y el frio que estaban bajo sus pies a unos 10 pisos de altura, su madre empezó a gritar y insultó al hombre como nunca lo había hecho, cómo era posible que le engañase, si yo tanto te quería, yo pensaba en ti, yo te quería, tú, tú, tú no mereces perdón, una fuerte explosión, un grito, Edward!!!
Edward no se lanzó al vació, se tropezó con el cesto de la ropa y trastabilló, no pudo evitar golpearse la pierna y perder el equilibrio, caer de cabeza al vació que contempló hacia unos momentos y en la caída no pudo evitar oír la explosión y ver a su madre cogiendo el rifle aún humeante y ver la bala que ella había disparado, contra su padre, el cuál yacía en el piso temeroso de su mujer que ya no era su estúpida esposa, sino una mujer con mucho miedo en el rostro y una debilidad que era propio de ella pero que él le había olvidado, la sintió mujer, fuerte, decidida y a la vez temerosa, no reparó en Edward, pero si en la expresión petrificada de su mujer, se incorporó, se acercó a ella y la abrazó, ella no se movía, esta pálida y fría, él y ella lloraron, él no sabía porque lloraba, pero ella lloraba por su hijo, el hijo que ella mató, el hijo que fue atravesado por la bala que su rabia disparo y atravesó el pecho de su hijo…
La madre de Edward bajó lo más rápido que pudo y su esposo le siguió, ella contempló a su hijo que yacía en el pavimento con el cráneo destrozado y el pecho atravesado por una bala, una bala que su rabia disparo y que su pena lamenta, ella vio al hijo muerto despedazado por la caída y por la bala, vio al fruto de su amor, tendido en el asfalto, volvió el rostro hacia el esposo, él la contempló, la abrazó, lloraron juntos y decidieron subir, llamar a un oficial de policía o a los médicos, o a quien sea para que recojan al hijo que mataron, al hijo que fue asesinado por las circunstancias.

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La ciudad aún no había despertado, las penumbras aún no se había descorrido y los jóvenes volvían a casa luego de una larga noche de cervezas, conversaciones sin sentido y penas ahogadas. Marcos había vuelto a casa atiborrado de alcohol y con una fuerte jaqueca, con la extraña sensación de haber pasado la mejor noche de su vida, con esta sensación se acostó en su pequeño camastro y durmió completamente feliz.

La ciudad empieza a despertar, hombres y mujeres se despiertan para otro agotador día de trabajo, el aire se enrarece con el olor de los panaderos prematuros que empiezan a recorrer las calles y los jóvenes despiertan con una fuerte resaca decididos a volver a salir en la noche y volver a ser felices aunque sea una mínima fracción de felicidad momentánea.

Marcos se ha levantado con un fuerte dolor de cabeza, hace un mes que se ha mudado a un nuevo apartamento y extraña el desayuno listo preparado primorosamente por su madre, extraña el café recién preparado y los panes ya untados con la mantequilla que comió desde sus 6 años y que seguirá comiendo algún tiempo más, conquistado por algo más glamoroso que la mantequilla de sus panes y el café de su madre, pero hoy Marcos extraña el café, se incorpora, camina, trastabilla, se acerca a la máquina de expresso que compró hacía unas semanas y repite metódicamente los pasos para hacerse el café, se dirige a la nevera con la esperanza de encontrar comida del día anterior que su madre ha guardado, pero recuerda que no hay nevera ni madre cerca que le haya preparado la comida, se vuelve a su alcoba y se viste, extrañamente ve a algo moviéndose en su pequeña cama, se pregunta: ¿es qué tanto he bebido?, se responde: que importa, debe ser el alcohol, coge algo de dinero que sacó de sus pantalones cuando llegó a casa y se dirige a la panadería, es temprano aún por lo que el pan está caliente y no apura el paso, pues no hay pan frío que lo apure, intenta recordar la noche anterior, pero solo hay imágenes borrosas en su mente, chicas fáciles y hombres empinando los codos, ni siquiera recuerda el lugar de la “reunión” solo recuerda lo necesario, volvió a casa, tenía su dinero y tiene resaca eso basta.
Vuelve a casa con el pan caliente y con la idea de una noche más en sus haberes de joven globalizado y en camino a ser ejecutivo o administrador.
Entra al elevador digita 13 y fugazmente aparece el rostro de una jovencita con la que estuvo hablando la noche anterior, se extraña, entra a su apartamento y escucha el sonido de el agua corriendo en la ducha, se sobresalta, instintivamente se acerca a la ducha con el cinturón en la mano, gira la perilla, empuja la puerta y el agua no deja de correr, descorre la cortina de la ducha y no hay nadie, nada, nadie, la ducha esta abierta, anoche intento bañarse pero cuando giro las llaves no había agua por eso desistió de su intento, pero olvido cerrar la llave de la ducha, empieza a recordar, se sonríe se sirve el café y lo deja humeando sobre la mesa, está caliente, deja los panes y decide echarse un sueño, hasta que se enfrié el café.

Se acerca a su cama y ve moverse las sábanas, luego unos bellísimos pies salieron fuera de ella, piensa en la jovencita pero recuerda que ella se fue cuando el hizo un comentario sobre que no le gustaban las mujeres fáciles, recuerda por un momento a una mujer rubia que le había observado toda la noche y que le invitó una copa, pero también que ella se fue por que su hermano, un hombre bastante grande, le había buscado por todas las discotecas para que se vayan a casa.

Luego una estúpida idea lo toma por sobresalto, había un hombre con el que converso amenamente en la noche y del cual se despidió gustoso, luego de un fugaz intercambio de nombres y ocupaciones, él era abogado y había salido esa noche en busca de alguien con quien compartir sus penas, su novia le había dejado hace poco, era guapo eso era innegable pero de ahí a acostarse con él, la idea lo estremeció y llenó de asco, decidió acercarse a la cama y descubrir quien estaba acostado con él, pero justo cuando se acercó a la cama, los pies se movieron un poco más y dejaron ver vello en las pantorrillas, un vello no fino como el de una mujer, sino más bien grueso y desordenado.

Las ideas empezaron a asaltar su cabeza, se había acostado con un hombre, un hombre que probablemente no conocía, era la primera vez que se encamaba con alguien y ese alguien era un hombre, una sensación de asco estremeció su cuerpo y fue al baño a vomitar, en el trayecto recordó que cuando el aún era pequeño tenía amigos con los que compartía mucho tiempo, tenía más amigos varones que mujeres lo que le parecía bastante varonil, pero no al extremo de sentirse atraído por alguno de ellos, tenía amigos muy guapos con los cuales conversaba muy a menudo y se sentía a gusto, ya de grande mantuvo la costumbre de tener más amigos varones, conversaban de muchachas de sus novias, de sus “parejas temporales”, de sus primeras experiencias (en realidad ninguno había tenido sexo aún pero les gustaba alardear para así parecer más importantes).

Al darse cuenta de la realidad, se imaginó futuro, tal vez no habría problema si la persona con la que se acostó hubiese sido una mujer, pero era un hombre no había duda, se sentó en una silla que estaba cerca a su cama y se echo a llorar, cómo lo permitió?, le gustó?, fue de su agrado?, no lo recuerda, se atolondra busca ayuda, llama a mamá, ella no está, ríe, tal vez sea un error tal vez se un producto de el alcohol, tal vez lo que sus ojos ven no es cierto, se llena de valor, se acerca a su cama y jala la sábana.

Cierra los ojos, tiene miedo a pesar de todo y poco a poco ve aparecer un cuerpo desnudo, se siente caer y luego cae totalmente, antes de caer imprime en su cabeza la figura del desconocido, siente el frió suelo bajo su cuerpo y piensa, su cabello, ensortijado, su piel trigueña, sus piernas, sus brazos, su cabeza, su torso, su pubis, es él.

Se levanta intempestivamente, agitado, sudando, palpa alrededor de su cama y no hay nadie, no hay absolutamente nadie, sus zapatos están donde los dejó la noche anterior y esta desnudo como cuando se acostó, no tiene la ropa puesta, es más cuando la busca, está en el mismo lugar que estuvo cuando se cambio esa mañana, el dinero esta en la mesa de noche, todo esta como cuando llegó a casa esa noche, se alegra, sonríe, ríe, ríe a carcajadas, como nunca había reído, ríe mientras se levanta, ríe mientras se cambia y decide prepararse una taza de café con los panes con mantequilla que tomo desde que tenía 6 años y que seguirá comiendo algunos años más, se acercó a la cafetera y tenía un poco de café en la jarra, se extraña, tal vez intento prepararse un poco de café en la noche y no lo recuerda, hay agua caliente, empieza a asustarse, se acerca a la mesa una taza de café humeante aún esta a medio tomar y hay una nota junto a la taza: FUE UNA NOCHE EXCELENTE, YO TE LLAMO. ERICK.

26/03/09: Dualidad

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“Y despertó una mañana, se vio en el espejo y supo que ya no era uno”

Todos los días habían sido iguales los últimos 15 años, se levantaba, iba al colegio, volvía, hacía sus deberes, se iba a dormir y todo empezaba de nuevo; pero esa mañana algo cambió, algo fue diferente además del cabello desordenado y el pijama verde, había algo más, una extraña atmósfera, una extraña sensación: Sorpresa!

Una rápida mirada en el espejo, una alucinación provocada por el mucho trasnochar o por la falta de sueño, que es lo mismo pero con otras palabras; alguien más, una sombra idéntica a mi e idéntica a él; la alarma del celular, la cólera, la ira, todo se congregó en una mirada, apagó el celular y buscó mi ropa, mi madre trae el desayuno a la habitación y me da de tomar el café, cuál si fuera un niño pequeño, sonrío, me quito la taza de la boca y cojo mis cosas, hoy también hay escuela y no quiero que se me haga tarde.

El bus de la empresa empieza a irse y yo aún no llego a la estación, por algo practiqué en verano la resistencia, corro, llegó agitado a alcanzar el bus, subo, nadie me mira, no miro a nadie, me siento adelante, su orgullo no le deja sentarse en otro lado, el bolso cruzado es incomodo pero no tiene otro, lo acomoda en su regazo y duerme, recuerda un sueño que tuve: me miraba distante conversando con una mujer a la que amé y aún amo, pero me veía de espaldas era yo el que hablaba mientras él me miraba, de pronto sobre mi mano cayó una máscara blanca y sin expresión, me la coloqué y nuestras almas se ENTRELAZARON, yo veía como él y el veía como yo, éramos uno y sólo uno.

Una voz me despierta un paradero antes de bajar, curiosamente ah sido así, desde que estaba en segundo año de secundaria, sólo una vez me pasé el paradero y era porqué estaba muy cansado, supongo que esa voz soy yo, pero él aún no lo sabe; bajo del carro raudo, tal vez se me haya hecho tarde y no quiere que me pongan tardanza, subo el puente que ya voy subiendo desde que me matricule en la escuela hace un año, espero a alguno de mis conductores: Chiza o el Gordo, cualquiera de los dos sabe la ruta del “doctor” y me llevan a mi destino, mi ropa se ensucio en el carro – maldita sea, limpio la ropa con mis manos – ha llegado temprano a la escuela, no hay apuro, saca la tarjeta del bolso cruzado, la enseña, tiene que ir a los servicios – es algo vanidoso y le gusta estar peinado – entra al salón deja su cuaderno de tareas y se sienta.

Hoy me voy al fondo, ya me debo acostumbrar, si sigo demorando en los servicios es obvio que los asientos de adelante se van a ocupar, saludo a algunas amigas, dejo el bolso cruzado en mi asiento y me recuesto en la pared, me gusta estar parado - por que cree que así puede observar mejor a los otros - ya va a empezar el examen, me siento sacó mi lápiz portamina, mi borrador, un examen más y volvemos a estar juntos, hay cosas que yo no sé y tal vez él si lo sepa y viceversa.

Clases, más clases, el recreo, al fin un descanso, me siento, los observo, les observo, converso con alguien, me voy al fondo del aula y sigo parado, saco un libro o hablo con alguien, me aburro con facilidad. Decide sentarse en su carpeta y esperar a que acabe el recreo, mira a todos lados como si buscase algo, la ve, sonríe, quiere hablar, se acabó – ya será mas tarde – clases, más clases, se aburre, decide escribir algo, la cólera lo consume poco a poco, y plasma su ira en un papel arrancado, las incoherencias pensadas cobran sentido, se ordenan, se enamoran, encajan, se despedazan, se asesinan y mueren juntas en la misma hoja.

Unas horas más y volverá a ser recreo, soportar la clase, soportar al profesor, las idioteces de unos, las de otros, las mías, las tuyas, él no toma conciencia de lo que sucede sólo quiere que acabe, que todo acabe ya, tanta cólera, tanta rabia, sonríe, sólo sabe sonreír, nunca ha estado molesto, nunca lo estará; la mira, lejana, cercana, se ha prolongado por mucho tiempo ya y aún no hay nada concreto, copia las clases en su cuaderno, ya quiere que acabe todo, vuelve a mirar, la clase no le llama la atención, no demasiado, se acabó.

Salgo del aula y me voy a los servicios, tengo que mojarme el cabello, necesito peinarme, verme en el espejo y volver al aula, ella ya no está, me siento, cojo un libro, alguien se acerca, conversamos, vuelvo a sonreír, no me percato de su llegada y la monotonía me vuelve a invadir, no sé acabar una conversación, tampoco se empezarla, pero se disfrutarla.

El timbre vuelve a sonar, todos vuelven a sus respectivos lugares, todos, él ya no se para, está cansado, ya van 4 horas, faltan 4 más, saca su cuaderno, ahora tocan letras, por lo menos los cursos de letras le agradan, ha escrito desde antes y sigue escribiendo, inclusive ahora está escribiendo, sentado, ya nada es lo mismo desde hace buen tiempo, le han trastornado por completo, ya no presta tanta atención a las cosas, ha cambiado mucho, yo ya no le reconozco, pero él si a mi.

Me distraigo un momento y pierdo el hilo de la clase, me será difícil retomarlo, pero ya estoy acostumbrado, tengo mucho sueño, ayer me quedé hasta tarde haciendo la TD y no he tenido mucho tiempo para descansar, si tan sólo pudiese usar mejor mi tiempo, todo sería mejor; tengo que copiar la clase, no quiero andar pidiendo prestado cuadernos, no es algo que yo haría, tengo mucho sueño, me recuesto en la carpeta, mi mente esta en blanco, me levanto, tengo que prestar atención a la clase, ahora mismo él está cansado, ahora mismo quiere dormir un poco, hoy se acostó a las 3 y media de la mañana y está muy cansado.

La observa, su vida se ha pasado así, observando, a veces piensa que es un observador, una especie de investigador que se dedica a observar las conductas humanas, la observa, conversa un poco, no le gusta estar callado, siempre tiene que abrir la boca aún así sea para equivocarse, escribe, ya no poemas, ya todo se ha calmado, él se ha calmado, termina de copiar la clase y la hora del almuerzo empieza, él no trae almuerzo, se queda en un rincón leyendo, se aburre, leer antes le llamaba la atención, ahora sólo le entretiene si es que el tema le gusta, de lo contrario lo deja de lado.

Me acercó, me siento, hablo, no digo nada importante, lo de rutina, no digo nada importante porqué no sé cómo decirlo, cojo mi libro y me pongo a estudiar, por segunda vez, preguntas sin sentido, rutina, sigo leyendo, me paro, camino, voy al fondo y me recuesto en la pared, tengo que estudiar, no soporto jalar un examen, no si he estudiado.

La última hora empieza, la esperanza vuelve a renacer, salir, ir a casa, quizás decir algo, quizás no decir nada, la expectativa aumenta, curiosamente ya no tengo sueño, copio lo mejor que puedo la clase y trato de prestar atención, los exámenes nos juntan otra vez, los resolvemos juntos, él y yo, somos uno otra vez, hay cosas que yo sé, que él no, y viceversa.

Salida, cada uno se va por su lado, yo espero, espero, pero no hay nadie a quien esperar, ya se han ido, camino hacia casa, alguien me acompañaba todos los días, pero hoy me he demorado mucho, él ya se ha ido, voy a los servicios, me peino y nos DIVIDIMOS:


//Salgo de los servicios, cruzo la pista y camino bordeando la acequia, la misma ruta que he hecho por 2 años, la misma ruta, la misma persona, no ha cambiado nada, desde que un mocoso de 14 años entro a la escuela, he crecido pero aún estoy solo, estoy tan solo y lo peor de todo es que creo que me lo merezco, ya no tiene sentido seguir esta ruta, no voy a ser capaz de decir lo que siento, y aunque lo diga, el tiempo ya se ha acabado, no tiene sentido seguir esta ruta, hoy no vuelvo a casa, hoy no vuelvo, mañana tampoco, no volverán a saber más de mi.//
//Él salió de los servicios, salió a su encuentro, no la encontró, ella ya se había ido, quiso seguirla, pero no conoce la ruta, la ha visto irse tantas veces, pero nunca la ha seguido, aún así decide aventurarse recorre lo poco de la ruta que conoce, la encuentra está sola, se acerca, pero algo se apodera de él, le inmoviliza, le aprieta, alguien le sujeta del brazo, no le deja avanzar y le susurra en el oído: Ya se acabó, este es tu final, aquí culmina todo. Un viento le envuelve, le ahoga, le asfixia, cae al suelo sin sentido, ya no hay futuro para él. //

Esa tarde llegué a casa muy cansado, con un fuerte dolor de cabeza, no recordaba nada de lo que había sucedido, al dejar mi bolso en la silla de mi dormitorio paso frente al espejo, no hay nadie, no hay reflejo, no me veo, un frío se apodera de mi cuerpo, uno desapareció, el otro se evaporó, sonrío, río, río como si fuese la última vez.

Había olvidado que no éramos uno, ni dos, sino muchos.

Y mi imagen volvió a surgir en el espejo.

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Era un día como cualquier otro, de una semana cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera, pero no lo era para Paulino.

Paulino tenía 35 años y había migrado a la capital hace unos meses, el venía desde Acos un pueblo Ayacuchano que había sido azotado por el terrorismo, sus padres unos ronderos, habían muerto en manos de unas de las tropas de Sendero Luminoso.

Paulino tenía la cara como dibujados con crayón fuerte, su tez de un color rojizo asemejaba a un indio muy molesto, pero su trato era amable, vestía chompas de varios colores, pero cuando estaba solo se ponía a llorar, visitaba muchas cantinas y siempre se sentaba a mirar a otros, con una mirada de entre pena y odio, siempre que se sentaba en la barra no pedía nada, hasta que sean las 3 de la madrugada, cuando se paraba y salía con un paso lento de la cantina, iba a una tienda cualquiera compraba una botella de aguardiente y se emborrachaba cantando canciones tristes, su puño era duro y su boca rabiosa, su vida no había sido nada sencilla.
Su infancia había estado plagada de tragedias, su abuela murió cuando el recién tenía 2 años y su abuelo murió de pena al año siguiente.
Su adolescencia fue marcada por el infortunio pues a los 15 años se enamoró de una muchacha de un pueblo vecino, cuyo amor no fue correspondido, pues el no tenía mucho dinero para pagar el cortejo a la airosa cholita, al año siguiente se enteró que se había casado con un viejo rico que vivía en la capital y que se mudarían para tener una vida nueva.

Paulino sintió pena y rabia, quería matarse y no podía tolerar la situación, se rompió su chompa y corrió hasta un risco para lanzarse a la nada, pero justo unos momentos antes de lanzarse ya cuando su corazón latía a mil por hora y sus venas se abultaban por la gran cantidad de sangre que transitaba por sus torrentes se dio cuenta que si se mataba le daría el gusto a ella y ella sería feliz al ignorarlo en su ignorancia y decidió que morir por alguien que nunca lo amaría no valía la pena, esa noche se fue a una tienda de Vinchos y compró una botella de aguardiente y tomó y lloró y fue a casa para contarle a sus padres cuanto los amaba, pero al llegar a la puerta, todo tembloroso se derrumbó en la puerta, a la mañana siguiente unas balas lo despertaron, aún estaba mareado y cansado así que se quedó ahí, vio a unos hombres salir de su casa, cuando estaba a punto de incorporarse un golpe en la cabeza lo dejó privado, cuando despertó ya habían pasado varias horas, se paró y notó que no estaba donde había caído, frente a la puerta, estaba detrás de una pirca, camino hasta su casa abrió la puerta y observo a su padre y a su madre acostados sobre el piso con un charco de sangre saliendo de sus viejas y canas cabezas, su hermana no estaba, la buscó pero no lo encontró luego recordó que ella había salido temprano el día que cayó en la puerta borracho, la buscó y fue hasta la pirca ella estaba sentada al pie de ella, llorando con la cabeza entre las piernas, él le cogió el brazo, la levantó y abrazó, él aún tenía una razón para vivir, pero ya tenía muchas para haber muerto hace tiempo.

Pasaron varios años y nada nuevo ocurría en la vida de Paulino, o por lo menos era lo que él creía, su hermana ya se había vuelto una mujer y estaba empezando a salir con un hombre, que por azares de la vida Paulino nunca había visto, Paulino ya había acabado la escuela y trabajaba de zapatero, pero una noche en que su hermana salió decidió cerrar el frágil puesto e ir en seguimiento a su hermana, cuando la vio quedo sorprendido, él, su enamorado la acosaba y acariciaba de una forma muy atrevida y vio que empezaba a aprovecharse de ella, no lo soporto más y corrió hacia él, le estampó un puñete en el rostro al cariñoso amante, este tenía una casaca de jeans y un pantalón de tela y su aspecto siniestro pero a la vez indefenso al golpe, este retrocedió un poco, y casi se desploma, su hermana intento controlarlo pero la furia de Paulino no se podía contener y de otro le rompió la nariz y este cayo al suelo como un costal de papas, una vez ahí, le dijo que no lo quería ver nunca más con su hermana, el hombre tendido en el suelo se incorporó, se limpió la nariz y se sacó su casaca, de pronto Paulino notó un inusual tatuaje en su brazo, la hoz y el martillo claramente dibujado, una ira ciega lleno a Paulino y de un solo golpe lo volvió a tumbar al suelo, y luego lo pateó en las costillas, su hermana no lo podía ver y estaba llorando implorándole a Paulino que no lo golpee, este no la escucho y le grito:

Tus padres....

Su hermana se fue corriendo, y Paulino tras ella, el terrorista yacía en el suelo inmóvil e inerte, por fin Paulino se había vengado. Al llegar Paulino a casa no encontró a su hermana solo una nota que le decía que no la volvería a ver que si su amor se iba, ella también, esa noche Paulino no la buscó y fue a la misma tienda y tomó hasta embriagarse y caer en el suelo borracho, cuando despertó muy temprano se dio cuenta de que estaba muy lejos de su casa, medio tambaleándose volvió a casa y se percató que su hermana no había llegado aún, entonces empezó a preocuparse, grito y grito pero por más que gritaba no la encontró, fue al abismo al que él mismo fue cuando estuvo a punto de matarse, y vio una extraña figura al pie del abismo corrió como loco hasta al pie del acantilado, su hermana estaba muerta y puesta la casaca de su ahora eterno amante, Paulino se puso a llorar arrodillado a lado de su hermana, a los dos días con el poco dinero que Paulino tenía le dio cristiana sepultura y decidió huir de Acos esta vez, para siempre y dirigirse a la capital, así es como inicia la historia.

Paulino vino a la capital y consiguió trabajo como zapatero en un barrio del Cono Este, su vida ya no tenía por menores a excepción de la falta de luz, cuando los terrucos se bajaban las torres de alta tensión, o las noticias de asesinatos en la sierra por parte de los paramilitares o los terroristas, pero el reía al sentirse como un héroe al haber matado a un terrorista, ya se había estabilizado pero había una chica muy joven que le llamaba la atención, tenía la edad de su hermana cuando esta murió y le coqueteaba mucho, pues lo iba a visitar todas las tardes a su puesto a veces llevándole comida o a veces ropa que a su padre ya no le servía, y a cambio él la escuchaba, ella le contaba sus historias y como su padre la había violado cuando aún era pequeña y como había huido de ellos para refugiarse en ese nuevo barrio que recién estaba creciendo, cada vez que ella se iba, Paulino se encerraba en su taller y se ponía a llorar pensando en su hermana, una noche esa muchacha llegó corriendo desesperada al taller, Paulino creyó que ella se estaba asustada pues la luz se había ido, pero ella le dijo que había visto a su padre caminando por el barrio como buscándola, y ella temblaba, Paulino le ofreció que ella se quedara esa noche a dormir en el taller, como solo había una cama la compartieron, él ya no la quería como a una nueva hermana, la quería como a una mujer, la abrazó y la besó, esa noche durmieron abrazados, tanto por el frió como por su mutuo amor.

A la mañana siguiente un hombre vino al taller, a dejarle unos zapatos a Paulino, él ya hace mucho que se había levantado pero su joven y cariñosa amiga aún estaba dormitando, cuando Paulino salió al encuentro del cliente se desconcertó era el viejo, por el cual la airosa cholita lo ignoró, Paulino suspiró y sus ojos se inyectaron, luego vio el cuerpo de su amada frágil e indefensa y se tranquilizo, el viejo, estaba buscando a una joven y de pasada había llevado un par de zapatos para que el zapatero los arreglase, le dijo que recién se había mudado a la ciudad con su esposa, y que estaban en busca de su hija que había escapado hace años, Paulino volvió la cabeza a su cama, pero la chica ya no estaba en la cama, volvió a atenderle y le dijo que no conocía a nadie que era nuevo en el barrio y que sus zapatos estarían para la próxima semana.

Cuando el viejo estaba fuera del alcance la chica se incorporó, estaba tendida en el suelo, ella le comentó que el era su padre, y que si la encontraba no la dejaría escapar otra vez, que más que nunca necesitaba de su protección, desde esa día Paulino fue más reservado que antes, ya no salía a tomar a los bares ni nada estaba solo en el taller pero de pronto la gente empezó a sospechar y la muchacha le dijo que necesitaba salir para no dejar sospechas, la comida corría a cuenta de la muchacha que tenía una amiga en el mercado, Paulino la obedeció y fue a caminar dejando encargado el taller a su amiga, cuando volvió no la encontró, él ya sabía donde estaba, pero no se apresuró, al día siguiente habría una gran yunza, pues era febrero, y las yunzas eran muy comunes, todos estarían ahí, y como él no había levantado sospechas y nunca salía de su taller, él supuso que el viejo creería lo mismo, pero para no correr riesgos dejaría a su hija encerrada en su cuarto.
A la noche siguiente, todos estaban reunidos en la calle cantando canciones chichas y con un vaso y una botella en la mano, Paulino vio al viejo en la fiesta y supuso que su amiga estaba en su casa, sigilosamente cruzó y se dirigió a la casa, pero para no ser descubierto dobló la esquina, luego fue y de una sola patada rompió la puerta y entró a la casa, como la música estaba a full, nadie se percató de la puerta, Paulino notó que la casa no era muy lujosa más bien parecía modesta, mientras miraba el interior unos sollozos llamaron su atención, era ella, su cariñosa amiga, la llave estaba colgada al lado de la puerta, abrió y ella estaba tendida en el suelo como asustada, él le habló dulcemente y ella lo reconoció, le tendió la mano y le abrazó, con la misma rapidez con que entró salieron y se fueron al taller, suerte que el viejo ya estaba borracho y medio adormecido, ella le contó que el viejo la volvió a violar, esta vez Paulino no lo toleró cogió su navaja de zapatero y fue a la fiesta, su amiga, tras él, Paulino cortó los cables de los parlantes y la música sucumbió, todos se quedaron extrañados e empezaron a gritar, e insultar, en ese momento Paulino aprovechó para abofetear al viejo y tumbarlo al suelo, alguien se le acercó en defensa del viejo, pero el mostró la navaja, todos retrocedieron, el viejo aunque ya parecía de avanzada edad era muy ágil, se paró, y se abalanzó a Paulino un grito afónico se escuchó, el viejo cayó al suelo, con la navaja en su abdomen.

De pronto unos gritos ensordecedores y un ruido infernal se apoderó del ambiente, Paulino no sabía que pasaba, se escuchaban balas, mucha gente caía y de pronto una bala impacto en su espalda, cayó de cara y sangró era como si un globo lleno de sangre le hubiese caído en la espalada.

Y su cariñosa amiga se fue al taller, no podía morir, una vida estaba dentro de ella...