
A diferencia de la anterior Encuesta, en la de este año aparece, ruidosamente, como tercera prioridad la contaminación sonora (42%) ¿El Alcalde de Lima dijo algo?, después la falta de agua (41%). Sin embargo, los más pobres destacan (después de la contaminación del aire y la basura en las calles), la falta de agua (49%), la pérdida de áreas verdes (40%), después la contaminación del Río Rímac (35%), luego la contaminación sonora (31%) y, finalmente, la contaminación del mar y la Costa
Verde con una nada despreciable 24%.
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03/06/09: A propósito del Medio Ambiente

Este año entre los mayores CAMBIOS que se han percibido está lógicamente el verano más largo, el mismo que continúa hasta estos días (de 39 a 51%).
Un dato interesante es aquel que determina que un 42 y 31 % de la gente usa “pocas veces o nunca” los servicios públicos, lo que sumaría un 73 % de gente que sigue orinando en la calle.
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03/06/09: La preocupación por el ambiente

Es igualmente indudable que para los encuestados lo ambiental solo tiene que ver con esas cosas de la naturaleza como el clima, el agua, las estaciones, y las regiones naturales entre otros. La realidad humana no es vista como parte del ambiente, sino como algo que lo ocupa para usarlo, dañándolo, preservándolo o mejorándolo, pero no se perciben como parte del mismo.
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Toda encuesta bien hecha es reveladora de facetas a veces insospechadas. Ésta, realizada por la Universidad Católica, dirigida a los trabajadores en el entorno psicológico y económico de la crisis, que resulta por ello especialmente llamativo, nos muestra, por ejemplo, no sólo que la gran mayoría de trabajadores son independientes, sino que desean serlo.
En efecto, en la muestra aparece que 40% de los entrevistados es autónomo, cifra que es más alta que en los años precedentes, en especial el 2008, lo que haría pensar en que las ofertas de empleo disminuyen; pero lo singular es que, ante la opción entre escoger entre ser trabajador por cuenta propia o ser trabajador dependiente, la mayoría se inclina por lo primero: un 82% (versus 69% el año anterior), que es una proporción altísima.
En efecto, en la muestra aparece que 40% de los entrevistados es autónomo, cifra que es más alta que en los años precedentes, en especial el 2008, lo que haría pensar en que las ofertas de empleo disminuyen; pero lo singular es que, ante la opción entre escoger entre ser trabajador por cuenta propia o ser trabajador dependiente, la mayoría se inclina por lo primero: un 82% (versus 69% el año anterior), que es una proporción altísima.
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La encuesta permite, en primer lugar, comprobar la situación de independencia de los trabajadores: no tienen acceso a la salud, a pensiones, a vacaciones, a CTS y a gratificaciones. Es decir, no están dentro del alcance de las normas laborales y se saben y sienten desprotegidos. Pero, curiosamente, preferirían esa opción a ser trabajadores dependientes.
La segunda idea es que pareciera que ya no esperan incorporarse a esos derechos. Sus respuestas revelan que se trata de trabajadores “orgullosos de su trabajo”, probablemente porque lo hacen ellos mismos sin depender de nadie y sin esperar nada de nadie. Esto puede tener relación con la percepción que los mismos encuestados tienen del empresariado, al que perciben como poco cumplido; no respetuoso de los derechos laborales; poco competitivo y deshonesto. Llama la atención que en términos comparativos, tengan una mejor impresión del empresariado nacional que del extranjero. Sea como fuere, la impresión que se tiene del empresariado en su conjunto no es de las mejores.
La tercera idea y en abono de lo anterior, es que los encuestados creen que la mejor manera de lograr la inclusión en el marco de la normativa laboral es la coerción administrativa. Confían más en el Ministerio de Trabajo (la inspección, probablemente) que en el sindicato, el Poder Judicial y, claro, en el empresariado. No tienen una mala impresión del sindicato, pero parece que no les es funcional como ente representativo, seguramente porque los sindicatos son de trabajadores dependientes y ellos no lo son.
La segunda idea es que pareciera que ya no esperan incorporarse a esos derechos. Sus respuestas revelan que se trata de trabajadores “orgullosos de su trabajo”, probablemente porque lo hacen ellos mismos sin depender de nadie y sin esperar nada de nadie. Esto puede tener relación con la percepción que los mismos encuestados tienen del empresariado, al que perciben como poco cumplido; no respetuoso de los derechos laborales; poco competitivo y deshonesto. Llama la atención que en términos comparativos, tengan una mejor impresión del empresariado nacional que del extranjero. Sea como fuere, la impresión que se tiene del empresariado en su conjunto no es de las mejores.
La tercera idea y en abono de lo anterior, es que los encuestados creen que la mejor manera de lograr la inclusión en el marco de la normativa laboral es la coerción administrativa. Confían más en el Ministerio de Trabajo (la inspección, probablemente) que en el sindicato, el Poder Judicial y, claro, en el empresariado. No tienen una mala impresión del sindicato, pero parece que no les es funcional como ente representativo, seguramente porque los sindicatos son de trabajadores dependientes y ellos no lo son.
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