02 sep '09-18:24
Una escuela enferma (Una inevitable reflexión)

Es penoso pero necesario reconocer en las organizaciones de trabajo conductas y hábitos negativos. Me parece más lamentable aún llegar a aceptarlas y tomarlas con resignación y fatalidad. Una vez se me acercó un conocido que al parecer me notó algo triste en mi aula de clase, y me dijo: “Yo alguna vez me sentí como tú, pero aquí no se puede hacer nada más… tanto que intenté promover un cambio y ya vez… Cuando quise cambiarme a otra escuela, el gestor sindical me dijo que no tenía caso, que todas estaban iguales”.

Quedé pasmado por ese breve pero ridículo discurso. Precisamente él era uno de los profesores más conflictivos y conflictuados de la organización (protagonista constante de las anécdotas que he utilizado en mi blog), y su recurrencia a las suposiciones siempre me ha llamado la atención. En este caso él aseguraba haberse sentido como yo cuando Yo no ni siquiera le había dicho -en los últimos diez meses cuando menos- como podía sentirme. Es más, él adivinaba a descubrir mi tristeza, que no era una mera reacción de mi cuerpo a un problema de garganta que comenzaba a manifestarse -y que un médico confirmaría un par de horas después-, pero él daba por hecho varias cosas en mi persona… que sólo por en su mente ocurrían.

Imagen de José Zavala


La descripción de una escuela (con características indeseables)

Una escuela afectada por el paso de los años -y con una historia lamentable-, pudiera llegar a manifestar aspectos tales como:

• Profesores seniles que piropean a sus alumnas (casi niñas).
• Docentes con propensión al absentismo; con tendencia por una parte a llegar tarde y por otra, a salir temprano.
• Personal de la escuela demasiado apegado a sus computadoras o celulares por encima del cuidado de la atención que conlleva el proceso educativo.
• Personal femenino preocupado por su maquillaje y vestuario por encima de la atención o ayuda a quien lo solicita.
• Relaciones de “mutuo entendimiento” (con evidente carga afectiva involucrada) que conlleva al aislamiento de ellos mismos dificultando su integración y colaboración con el resto en la organización, y posiblemente cosechando comentarios negativos.
• Personal demasiado sensible y alterable ante ciertas situaciones que trae como consecuencia intolerancia, prejuicio extremo y falta de paciencia, tan necesarios en una organización escolar.
• Autoridades de la organización exageradamente pasivas y sin compromiso evidente, o por el contrario, autoritarios y despóticos hacia el personal.
• Relaciones entre colegas con intenciones de manipulación o de sabotajes entre ellos o dirigidos hacia otros entes de la escuela misma.
• Simulación o declaraciones falsas para justificar falta de trabajo o hechos cuestionables.
• Posturas defensivas que van desde la creencia de ser el miembro del personal más eficiente, honrado o dedicado, o por el contrario, llegar a considerarse mártir.
• Docentes de mucha autoridad y seguros de sí mismo ante los alumnos cuyas cualidades devienen incongruentes fuera del aula.
• Aparición de diversos grupúsculos (o tribus laborales) bajo una filosofía en común, que es opuesta precisamente a los valores de la organización.
• Incapacidad de analizar los aciertos y las fallas en manera conjunta, en cambio la culpabilización o el logro se manejan a manera personal.
• Ausencias constantes del personal para atención médica.
• Ausencias constantes del personal por gestión de asuntos administrativos en la Secretaría (o Ministerio).
• Ausencias constantes del personal por problemas individuales.

Todos los rasgos negativos recién mencionados, por increíble que parezca- pueden darse en una misma organización escolar –de hecho, he descrito la mía; cuyo contexto histórico y social ha llegado a permitir todo eso de manera conjunta-. Estos rasgos, además, son solamente aquellos observables de manera directa, quedando por cuestionar otros aspectos más tácitos en su percepción, como son:

• Quiénes padecen gastritis, colitis o insomnio de manera frecuente.
• Quiénes tienen relaciones familiares disfuncionales.
• Quiénes abusan del alcohol los fines de semana.
• Quiénes tienen grupos (o carecen de ellos) de interés común o amistades duraderas.
• Quiénes tienen un plan de vida al le dan un seguimiento constante.
• Quiénes son capaces de disfrutar su vida y manifestarlo.
• Quiénes encuentran otro sentido en su vida, aparte de ser docentes.

Imagen de José Zavala

Cuando todos estos rasgos negativos ocurren, se puede asegurar que el clima laboral de esa organización no se supo gestionar por años (por muy dramático que parezca aquí el tiempo pretérito). Esto vuelve a la organización adversa para la misma enseñanza, por contradictorio que parezca. Una escuela cuyas condiciones humanas propias no promuevan la enseñanza o el aprendizaje de aquellos atributos positivos deseados, sino la vuelve una, cuyo currículo oculto se vuelve bastante criticable.

La organización así ya no puede crecer, pero puede darse que el medio donde existe –como en mi caso- no tiene alguna otra opción de manifestar una posible exigencia social o política; y la organización seguirá día con día destruyéndose sola, bajo el amparo de los sindicatos, la abulia del gobierno y la ignorancia de los docentes.

ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS

01 feb '09-21:16
Encerrados en su concha I: Repitiendo historias de enseñanza

El caso de Ambrosio

Con casi veinticinco años de servicio y trayectoria previa en dos organizaciones escolares, Ambrosio llegó a su escuela actual desde hace ocho años. Su nueva escuela, estaba ubicada en una población cercana a su ciudad de residencia y, en un principio, intentó diversas posibilidades de transportarse. Viajó cierto tiempo en el bus público intermunicipal y después negoció con algunos compañeros viajar con ellos a cambio de compartir gastos de combustible.

Como muchos docentes nuevos en una organización Ambrosio también generó ciertos conflictos desde su llegada. Aunque los que él ocasionaba era difícil considerarlos como “falta de experiencia”; Ambrosio tenía características biográficas que lo hacían un individuo imprudente y hasta insensible, si bien esto le resultara inconciente en su persona: Este profesor, por su historia de vida, tenía ciertos valores y conductas muy arraigados en él que le producirían un rechazo general e intenso al menos en su nueva organización laboral.

Entre el personal:

Su estrategia de socialización le resultó muy inadecuada; en su tiempo libre (que eran de dos a tres módulos por día) cuando veía a un grupo de personas discutir un tema, él se aproximaba lentamente a escuchar; y de pronto, sin consideración alguna intervenía en un diálogo al cual no había sido invitado. Un problema mayor se daba cuando sus intervenciones no eran propiamente diplomáticas.

-Yo jamás pagaría esa cantidad por un tinte en el cabello. Le espetó a una secretaria.

-Tú tienes la culpa por la manera como te has relacionado con el personal. Le reprochó a una docente nerviosa y necesitada de apoyo que venía de un conflicto con los directivos.

-¡Esta es comida basura! Le reclamó a la encargada de cocinar los alimentos en la escuela.


Con los alumnos:

La formación de Ambrosio había sido –como en muchos de los casos relacionados con la formación docente- muy limitada en campos necesarios para un desempeño efectivo docente. Si bien sus conocimientos sobre el contenido curricular eran innegables –su dominio enorme de los temas una cualidad rara pero real-. Había otros enormes campos en los cuales era por demás desconocedor como en psicología y otros temas relacionados a lo dinámico y cambiante de los tiempos y sus efectos en la sociedad y así como los conocimientos que le ayudaran a enseñarse a aprender por sí mismo, sobre las nuevas tecnologías de aprendizaje –donde al parecer sus alumnos ya lo rebasaban-.

Sus “técnicas” de motivación se limitaban al regaño y al sermón (teniendo él la idea que le iban a agradecer sus discursos sobre la manera como él veía ciertos problemas en la escuela) que sin darse cuenta le deterioraban su clima áulico, y eso aunado al rechazo que poco a poco se ganó con el personal –y que era evidente- él comenzaba a aislarse.

Pero sin lugar a dudas fue el uso de la comparación el que más alumnos en su contra le generaba; comentar cómo pudo haber sido él de dedicado en su tiempo de estudiante; o peor aún, comparar a sus alumnos (de cierto contexto económico social considerando el mismo origen y nivel de educación de sus padres) con su propia hija (que estudiaba en una ciudad y en una escuela de un nivel social mucho más alto).

Repercusiones del comportamiento en la organización

Cada vez que él ser acercaba hacia alguien, o peor aún, a un grupo de colegas estos manifestaban su rechazo. Con esto, Ambrosio comenzaba a tener emociones más reactivas, que a él lo estresaban también.

En cierto tipo de reuniones organizacionales, Ambrosio ofrecía dos tipos muy definidos de comportamiento; o mostraba total indiferencia o criticaba de manera directa a la organización y su personal.

Sus grupos de alumnos, cuando cambiaban de asignatura y profesor, quedaban muy alterados; manifestándose como cansados, desmotivados y a veces hasta molestos. Esto no era difícil de percibir. “Venimos de su clase” se volvió un justificante común de todo grupo desmotivado.

Siempre justificaba su trato con los alumnos defendiendo que su “trato duro” era una manera eficaz de lograr el añorado trabajo que en general los alumnos de esa organización no cumplían.

Reflexión: Una historia detrás

Se rumoraba en la organización que Ambrosio sufría de un trato cruel por parte de su esposa, y que él entonces la repetía. Sin embargo, a pesar de más de ocho años de trabajo allí en esa escuela, en realidad nadie sabía nada de su vida personal, ya que no había hecho amigos allí –era parte del ethos organizacional no conocer ni relacionarse con los miembros de sus familias-.

Ambrosio tenía una personalidad muy compleja y con ciertas cualidades que lo hacían ser un sujeto “rechazable” y justo esto lo lastimaba mucho. Quizá por esto él tampoco tenía amistades cercanas en las cuales buscar apoyo o cuando menos un ambiente diferente al de su trabajo. Entonces, él se refugiaba en su propio –y equivocado- concepto que la educación era como él la practicaba (que venía a ser el mismo modelo con el cual él fue educado hacía más de 30 años… y no conocía otro) mientras los demás docentes pasaban por algo semejante.

Y efectivamente, en sí la organización donde él laboraba se había convertido en una demasiado conflictuada, donde las personalidades inmaduras o ya afectadas por tantos años de servicio “viéndose las caras” habían inconcientemente llegado a un comportamiento aceptado de rechazarse, evitarse, molestarse y, sobre todo, no tener una cultura adecuada de comunicación y enfrentamiento asertivo que pudiera llevar a sus elementos a percibir su realidad y ayudarse. Esta organización además de padecer una carga constante de estrés a través de los años, ya había alcanzado una etapa más avanzada; donde el clima laboral es una querella constante y los alumnos cada día encontraban menos alicientes para completar ese ciclo básico de educación.

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ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS