28/06/09: El Trome, ¿una web atacante?
Al menos es lo que el Mozilla de mi sistema dice… curioso, ¿no? Al parecer alguien reportó a dicho sitio –prestigioso diario chicha- como una web atacante. Sin embargo, al comprobar el mismo sitio con otro de mis navegaores (Explorer) aquí no hubo conflicto.

Mi dilucidación pasó a otro nivel dejando atrás a los browsers y pasando a una revisión del contenido “atacante” (como si en verdad no lo supiera): La muerte de Alicia, el desmayo de Abencia, las costumbres pepeadoras de Michael, derrotas futboleras… y 500 casos de gripe porcina… y justo ahora recuerdo que la Gran Dama de la Televisión Peruana (Magaly) es figura frecuente en los encabezados sensacionalistas…

Creo que el Mozilla tiene razón…

Mi dilucidación pasó a otro nivel dejando atrás a los browsers y pasando a una revisión del contenido “atacante” (como si en verdad no lo supiera): La muerte de Alicia, el desmayo de Abencia, las costumbres pepeadoras de Michael, derrotas futboleras… y 500 casos de gripe porcina… y justo ahora recuerdo que la Gran Dama de la Televisión Peruana (Magaly) es figura frecuente en los encabezados sensacionalistas…

Creo que el Mozilla tiene razón…
08/06/09: Oportunismo bloguero
Cada día tengo al menos algún comentario de mi blog por autorizar. Me ha devenido una costumbre abrir mi correo y buscar este tipo de mensajes, los cuales generalmente leo con curiosidad. A veces, en ocasiones muy especiales me da por contestar de manera personal a mis visitantes, esto cuando manifiestan una inquietud que considero muy interna… En otros casos autorizo por autorizar, porque considero que forma parte de tener un blog bien ranqueado y si yo me atrevo a opinar no quiero coartar opiniones contrarias, adversas. Pero, lo que en verdad no soporto son los oportunismos.
Justo en uno de mis artículos Top, y precisamente en un artículo que lleva casi año y medio generando buenas opiniones y, sobre todo, cantidades de aportes propositivos… me apareció un gran experto desconocido, un genio de las sombras, una autoridad invisible, un sabio de la idiotez… un pobre diablo para que me entiendan, que en un enorme y ácido texto comenzó a derrumbar mi idea de aquel tiempo –porque esa idea por orden natural debe haber crecido y quizá espere una nueva oportunidad de evolución-. Pero esa idea-artículo-ensayo además es una que ha sido apoyada por decenas de participaciones que la habían legitimado y reforzado… además que yo me metía en un tema parcialmente ajeno a mi esencia extranjera, y cuyo mérito mayor era proponer un distinción nacionalista positiva en gusto musical.
Y el tipejo este, todo grosero y petulante –según él- me da una cátedra de conocimientos. Una cátedra que nadie le pidió y que si bien justo antes de escribir ese ensayo quizá la hubiera agradecido, ahora me parecía demasiado retrasada tanto en tiempo como en mentalidad. Además que este visitante no ofrecía credencial alguna (un blog, un web-site, alguna rara habilidad o un grado académico que ostentara)… un don nadie (con minúsculas, no merece las otras).
Justo antes de terminar su extensísimo comentario (¿o era una crítica agresiva?) me dijo “escribiste mucho y no dijiste nada” para luego firmar con toda la longitud de su nombre de desconocido y amargo abolengo.
Bueno, a toda acción le resulta su reacción y toda la extrema longitud de su conocimiento cuestionable y muy indeseado –él pensaba- que sería autorizado en mi blog para que todo nuevo visitante aunado a los ya miles, conocieran su completo desconocido nombre.
Pero no fue así. Mi inexorable click a “Rechazar” fue predecible, ¿cómo voy a pensar que es en un experto de algo, cuando ni siquiera tiene la educación y la humildad para aspirar a tener cierta fama a mis expensas?
Vicisitudes de un Blogger pues.

Tragando Sol, creación de Benjamín Arroyo.
Justo en uno de mis artículos Top, y precisamente en un artículo que lleva casi año y medio generando buenas opiniones y, sobre todo, cantidades de aportes propositivos… me apareció un gran experto desconocido, un genio de las sombras, una autoridad invisible, un sabio de la idiotez… un pobre diablo para que me entiendan, que en un enorme y ácido texto comenzó a derrumbar mi idea de aquel tiempo –porque esa idea por orden natural debe haber crecido y quizá espere una nueva oportunidad de evolución-. Pero esa idea-artículo-ensayo además es una que ha sido apoyada por decenas de participaciones que la habían legitimado y reforzado… además que yo me metía en un tema parcialmente ajeno a mi esencia extranjera, y cuyo mérito mayor era proponer un distinción nacionalista positiva en gusto musical.
Y el tipejo este, todo grosero y petulante –según él- me da una cátedra de conocimientos. Una cátedra que nadie le pidió y que si bien justo antes de escribir ese ensayo quizá la hubiera agradecido, ahora me parecía demasiado retrasada tanto en tiempo como en mentalidad. Además que este visitante no ofrecía credencial alguna (un blog, un web-site, alguna rara habilidad o un grado académico que ostentara)… un don nadie (con minúsculas, no merece las otras).
Justo antes de terminar su extensísimo comentario (¿o era una crítica agresiva?) me dijo “escribiste mucho y no dijiste nada” para luego firmar con toda la longitud de su nombre de desconocido y amargo abolengo.
Bueno, a toda acción le resulta su reacción y toda la extrema longitud de su conocimiento cuestionable y muy indeseado –él pensaba- que sería autorizado en mi blog para que todo nuevo visitante aunado a los ya miles, conocieran su completo desconocido nombre.
Pero no fue así. Mi inexorable click a “Rechazar” fue predecible, ¿cómo voy a pensar que es en un experto de algo, cuando ni siquiera tiene la educación y la humildad para aspirar a tener cierta fama a mis expensas?
Vicisitudes de un Blogger pues.
Tragando Sol, creación de Benjamín Arroyo.
No es de paga, no se cotiza según el dólar. Lo renuevo seguido. No es monótono. A veces ilustra, a veces divierte. En las búsquedas Google ranquea bastante bien. Varios artículos no son de casualidad (porque han generado miles de lecturas, Pancho dixit)… ¿entonces por qué diantres tengo de pronto una baja de 300 ó más visitas (cantidad que otros blogueros nunca han tenido)?
La crisis, la maldita crisis.
La crisis, la maldita crisis.
09/02/09: 200 mil visitas
Pasaron apenas cuatro y medio meses para cumplir otras 100 mil visitas en mi blog. Creo que debo celebrarlo, conmemorarlo, o cuando menos mencionarlo… porque en verdad me da gusto.
Si bien yo sé que tener un blog genera sentimientos contradictorios: Cualquier individuo con conocimientos básicos (de informática, claro está) lo puede tener. La situación se complica un poco cuando además se desea tenerlo con un número destacable de visitas diarias en esta época donde todo mundo tiene que bloguear para darse a conocer, entonces se vuelve necesario tener algo qué ofrecer para atraer a los visitantes. Así es, la blogósfera se volvió la alternativa de los viejos y gratuitos sitios porno y además con las mejores ventajas de los downloaders de archivos digitales. . . Yo en lo personal, casi nunca visito uno; y mis pocas visitas se han destinado a precisamente los blogs que, atentando contra todo derecho de autor (malditos criminales), ofrecen cientos de discos descargables para mi deleite (bendita ayuda) y nada más.
Es decir, mi vida está muy llena de ideas y pendientes: No puedo entretenerme leyendo blogs que ofrecen las muy subjetivas opiniones de otros… y si antes me permitía unos minutos para leer lo que algún conocido hacía, en verdad –por el momento- eso no sucede. Por eso me alegra leer el contador de visitas del mío y ver que hay muchos que no asumen mi egoísmo…
Cambiando el tema, quiero pensar que el “éxito” de mi blog (en términos moderados) se deba principalmente a que forma parte del dominio de la PUCP que su mero nombre genera respeto y admiración. Entonces fue una acertada decisión de mi parte (y el mérito recae en mí), porque siento que le debo mucho a esta universidad y por eso, inclusive, mi segundo blog administrado (Estrés Docente) lo coloqué en el mismo dominio de la Católica.
Y ya no he escrito “artículos” provocadores como El chavo del 8 es peruano (que hasta en lugares extraños me identifican con cierta ironía como su autor), o las reseñas juveniles que emocionan y motivan a comentarlo muchos jóvenes que ahora se entregan a la música –como yo mismo lo hice desde años atrás- como el caso del artículo de Tokio Hotel. También noto que son mis temas de música principalmente, o cine en segundo lugar los que atraen a más visitantes… tal parece que la gente visita blogs con afán de distraerse más que con fines críticos o investigativos. No por eso mi blog from now on será cinéfilo musical, pero es necesario darle crédito a ello.
Mi blog será siendo como soy yo; multifacético y camaleónico –sin pecar jamás de incongruencia-. Si me compongo de tantos intereses todos ellos tendrán cabida en mi espacio… que curiosamente fue un requerimiento académico de mi último semestre de una maestría en la Católica del Perú, y se ha convertido en algo inherente a mí por más de un año.
Y justo como celebración, mi otro blog, el académico; el docente que nadie cree que soy acaba de cumplir también 10 mil visitas: nada mal, ¿eh? (¡Dale una visita!)
Si bien yo sé que tener un blog genera sentimientos contradictorios: Cualquier individuo con conocimientos básicos (de informática, claro está) lo puede tener. La situación se complica un poco cuando además se desea tenerlo con un número destacable de visitas diarias en esta época donde todo mundo tiene que bloguear para darse a conocer, entonces se vuelve necesario tener algo qué ofrecer para atraer a los visitantes. Así es, la blogósfera se volvió la alternativa de los viejos y gratuitos sitios porno y además con las mejores ventajas de los downloaders de archivos digitales. . . Yo en lo personal, casi nunca visito uno; y mis pocas visitas se han destinado a precisamente los blogs que, atentando contra todo derecho de autor (malditos criminales), ofrecen cientos de discos descargables para mi deleite (bendita ayuda) y nada más.
Es decir, mi vida está muy llena de ideas y pendientes: No puedo entretenerme leyendo blogs que ofrecen las muy subjetivas opiniones de otros… y si antes me permitía unos minutos para leer lo que algún conocido hacía, en verdad –por el momento- eso no sucede. Por eso me alegra leer el contador de visitas del mío y ver que hay muchos que no asumen mi egoísmo…
Cambiando el tema, quiero pensar que el “éxito” de mi blog (en términos moderados) se deba principalmente a que forma parte del dominio de la PUCP que su mero nombre genera respeto y admiración. Entonces fue una acertada decisión de mi parte (y el mérito recae en mí), porque siento que le debo mucho a esta universidad y por eso, inclusive, mi segundo blog administrado (Estrés Docente) lo coloqué en el mismo dominio de la Católica.
Y ya no he escrito “artículos” provocadores como El chavo del 8 es peruano (que hasta en lugares extraños me identifican con cierta ironía como su autor), o las reseñas juveniles que emocionan y motivan a comentarlo muchos jóvenes que ahora se entregan a la música –como yo mismo lo hice desde años atrás- como el caso del artículo de Tokio Hotel. También noto que son mis temas de música principalmente, o cine en segundo lugar los que atraen a más visitantes… tal parece que la gente visita blogs con afán de distraerse más que con fines críticos o investigativos. No por eso mi blog from now on será cinéfilo musical, pero es necesario darle crédito a ello.
Mi blog será siendo como soy yo; multifacético y camaleónico –sin pecar jamás de incongruencia-. Si me compongo de tantos intereses todos ellos tendrán cabida en mi espacio… que curiosamente fue un requerimiento académico de mi último semestre de una maestría en la Católica del Perú, y se ha convertido en algo inherente a mí por más de un año.
Y justo como celebración, mi otro blog, el académico; el docente que nadie cree que soy acaba de cumplir también 10 mil visitas: nada mal, ¿eh? (¡Dale una visita!)
200 Mil Gracias

06/01/09: Historia de un taxi
Salí el domingo temprano para visitar a un amigo a su casa. Es decir, temprano en domingo serían las 10:30, después de haber tomado un modesto desayuno con su respectiva a taza de café y con mi breve equipaje para pasar con él antes de abordar el bus de regreso a casa.
Vi venir el auto de inmediato, ni un minuto había esperado, y le hice la parada. Cuando subí tuve la mala espina, un presentimiento; el chofer era más que senil. No tengo nada contra la tercera edad pero este personaje parecía ya de la cuarta y un conductor de vehículo de transporte de tantos años pudiera ser, bajo ciertas condiciones, riesgoso.

Comenzó a interrogarme, le pareció extraño que lo haya abordado con mi peculiar equipaje; una mochila, una cartera y un paquete envuelto en plástico. Además, cuando no supe responderle asertivamente sobre el trayecto más adecuado hacia mi destino, comenzó un insolente diálogo.
- Si no vives aquí, ¿dónde te quedaste? ¿Tienes casa propia?
- No, con un familiar.
- Pareces doctor, ¿a eso te dedicas?
- Nop, soy maestro (decir esto es un arma de doble filo; puedo ser temido por la buena o rechazado por la mejor)
Hasta ese momento, hubiera podido pensar que el chofer era gay y que pretendía sacarme cita… pero realmente era demasiado anciano como para ser chofer primeramente y, en segundo plano, completamente fuera de posibilidad de tener una identidad sexual siquiera a esa edad. Después de contestarle otras de sus “inteligentes” preguntas con mis monosílabos (que si tenía auto – ¿por qué tomaría taxi entonces?, o si sabía manejar) en una estirada de brazo que hice, salió a relucir mi reloj que recién acaba de comprar…
-¿Y ese reloj? ¿Es nuevo?
- Así parece (ya calláte Matusalén, hasta un ciego le ve lo nuevo)
- ¿Cuánto te costó? … ¿Pero no es pesado? Mira el mío (un vejestorio como él e igual de horrible), pero este sí tiene cristal y no mica (tan interesado que estaba yo en ese detalle).
Bueno, el detalle hasta aquí es curioso, o sea, ¿por qué seguía el diálogo indeseado con este señor? Si en verdad a mí no me cuesta trabajo detener situaciones así y poner distancias… Pero fue un sentimiento paranoico el que me tuvo un tanto “pasivo” ante una charla algo molesta: Por un momento pensé que el anciano indagaba el valor que yo pudiera tener como secuestrado o extorsionado, para él llevarme a un garaje donde un grupo de delincuentes esperaba.
Pareciera exagerado esto, pero a quien vive en este “México lindo y querido” (me molesta cuando algún extranjero en la web me sale con se muere por conocer mi país) quizá pueda entender mi lapsus depres.
Pero bueno, al momento que veía que el tipo efectivamente se dirigía al destino señalado (no sin hacer muchas pero muchas imprudencias conductuales –o sea, de conducir auto- seniles) fui volviendo a mi estado normal (llamado académicamente homeostasis). Y vaya que mi amigo vivía al otro extremo de donde yo estaba, fue un viaje soporífero; pero el momento cumbre me aguardaba.
Al momento de llegar le pregunté que cuánto era (temiendo un abuso en el precio que ahora sí pudiera generar una reacción desmedida), y me dijo muy seguro de sí mismo:
-Son cuarenta pesos más la propina.
Le di sus cuarenta, que no era mal precio no cabe duda; pero entonces él sorprendido y molesto me reclamó que dónde estaba “el extra”.
- No te lo mereces, viejito. No te lo mereces
Y me dirigí a tocar el timbre de la casa de Juan ante el asombro y los cuestionamientos de ese anciano senil decrépito e insolente.
Vi venir el auto de inmediato, ni un minuto había esperado, y le hice la parada. Cuando subí tuve la mala espina, un presentimiento; el chofer era más que senil. No tengo nada contra la tercera edad pero este personaje parecía ya de la cuarta y un conductor de vehículo de transporte de tantos años pudiera ser, bajo ciertas condiciones, riesgoso.

Comenzó a interrogarme, le pareció extraño que lo haya abordado con mi peculiar equipaje; una mochila, una cartera y un paquete envuelto en plástico. Además, cuando no supe responderle asertivamente sobre el trayecto más adecuado hacia mi destino, comenzó un insolente diálogo.
- Si no vives aquí, ¿dónde te quedaste? ¿Tienes casa propia?
- No, con un familiar.
- Pareces doctor, ¿a eso te dedicas?
- Nop, soy maestro (decir esto es un arma de doble filo; puedo ser temido por la buena o rechazado por la mejor)
Hasta ese momento, hubiera podido pensar que el chofer era gay y que pretendía sacarme cita… pero realmente era demasiado anciano como para ser chofer primeramente y, en segundo plano, completamente fuera de posibilidad de tener una identidad sexual siquiera a esa edad. Después de contestarle otras de sus “inteligentes” preguntas con mis monosílabos (que si tenía auto – ¿por qué tomaría taxi entonces?, o si sabía manejar) en una estirada de brazo que hice, salió a relucir mi reloj que recién acaba de comprar…
-¿Y ese reloj? ¿Es nuevo?
- Así parece (ya calláte Matusalén, hasta un ciego le ve lo nuevo)
- ¿Cuánto te costó? … ¿Pero no es pesado? Mira el mío (un vejestorio como él e igual de horrible), pero este sí tiene cristal y no mica (tan interesado que estaba yo en ese detalle).
Bueno, el detalle hasta aquí es curioso, o sea, ¿por qué seguía el diálogo indeseado con este señor? Si en verdad a mí no me cuesta trabajo detener situaciones así y poner distancias… Pero fue un sentimiento paranoico el que me tuvo un tanto “pasivo” ante una charla algo molesta: Por un momento pensé que el anciano indagaba el valor que yo pudiera tener como secuestrado o extorsionado, para él llevarme a un garaje donde un grupo de delincuentes esperaba.
Pareciera exagerado esto, pero a quien vive en este “México lindo y querido” (me molesta cuando algún extranjero en la web me sale con se muere por conocer mi país) quizá pueda entender mi lapsus depres.
Pero bueno, al momento que veía que el tipo efectivamente se dirigía al destino señalado (no sin hacer muchas pero muchas imprudencias conductuales –o sea, de conducir auto- seniles) fui volviendo a mi estado normal (llamado académicamente homeostasis). Y vaya que mi amigo vivía al otro extremo de donde yo estaba, fue un viaje soporífero; pero el momento cumbre me aguardaba.
Al momento de llegar le pregunté que cuánto era (temiendo un abuso en el precio que ahora sí pudiera generar una reacción desmedida), y me dijo muy seguro de sí mismo:
-Son cuarenta pesos más la propina.
Le di sus cuarenta, que no era mal precio no cabe duda; pero entonces él sorprendido y molesto me reclamó que dónde estaba “el extra”.
- No te lo mereces, viejito. No te lo mereces
Y me dirigí a tocar el timbre de la casa de Juan ante el asombro y los cuestionamientos de ese anciano senil decrépito e insolente.







