Archivos de junio,2012

Secretos de audio (capítulo siete)

junio 29, 2012
(viene del capítulo anterior)

“¿Qué quiere?”, preguntó enfadado el hombre viejo y calvo que salió a abrir. Pepe lo empujó para adentro y empezaron a pelearse. Se repartieron varios golpes hasta que Pepe lo arrinconó contra una pared. “Quiero saber quién es el dueño de este sitio”, le dijo desafiante, presionando su brazo contra el cuello del viejo.

“Manchego, Manchego es”, dijo el viejo con dificultad. Pepe le preguntó quién era Manchego. El viejo le contestó que no sabía, que Manchego sólo mandaba a sus encargados. “Mientes. ¿Quién te dio la plata para comprar este almacén?”, insistió el periodista.

“Un tal Carlos”, respondió el viejo. “¿Carlos qué?”, preguntó de nuevo Pepe. “No lo sé, así le decían al tipo. Él venía de parte de Manchego”, contestó el viejo. Viendo que no le sacaría nada, Pepe sacó su brazo y el viejo cayó sentado en el piso. Se tomó el tiempo para respirar con normalidad y luego se frotó la zona del cuello.

Un poco más calmado, Pepe le preguntó si volvió a verlo. “No, esa fue la única vez”, afirmó el viejo ya recuperado. Pepe empujó la puerta para salir. Había caminado unos pasos afuera cuando sonaron unos balazos. El viejo cayó malherido y Pepe, viéndose perseguido, empezó a correr.

(continuará)

Secretos de audio (capítulo seis)

junio 19, 2012
(viene del capítulo anterior)

“No lo entiendo, ¿por qué?”, se rascó la cabeza Pepe mientras Diego ignoraba el vaso de ron delante suyo. “Nadie en ese Consejo Editorial se apellida Manchego, ¿a quién tratan de cubrir?”, enfatizó su pregunta el periodista, vaciando el vaso de un sorbo.

“Quizá es un familiar, o un allegado”, especuló Diego con desidia. “O un testaferro. Debemos investigar al dueño del almacén”, reaccionó Pepe y, levantándose de la mesa, se tomó el último sorbo y salió por la puerta del bar.

A la mañana siguiente, se apersonó a la dirección del almacén, en la zona industrial. Tocó y tocó la gran puerta metálica. “¿Quién es?”, preguntó una voz muy valiente. “Soy Pepe, vengo de parte de Manchego”, casi gritó su respuesta. Percibió que quitaban cadenas y abrían un candado.

(continúa)

Secretos de audio (capítulo cinco)

junio 11, 2012
(viene del capítulo anterior)

Al día siguiente, la primicia en el periódico “la rompió”: antes del mediodía el tiraje se había acabado por la ciudad. El debate público llegó rápidamente a las oficinas del ministro Romero quien, avergonzado con la revelación, no hizo otra cosa que presentar su dimisión al cargo.

La algarabía llegó a la redacción al ver que la investigación había dado sus frutos. “Dos corruptos menos”, le comentó Diego a Pepe luego que se enteraron que ese mismo día José Soria, el otro implicado, había sido detenido en el aeropuerto cuando intentó fugar al extranjero.

Pepe y Diego se dirigieron hasta la oficina de Jordán. Siguiendo un viejo ritual celebratorio, llevaban una botella de vino para poder tomar unas cuantas copas con su jefe. Jordán, apesadumbrado, acababa de colgar el teléfono y los recibía con un gesto adusto.

Como no entendían nada, Jordán invitó a sus dos pupilos a sentarse. “Me apena decirles esto, pero el Consejo Editorial ha decidido no publicar la transcripción de la segunda parte”, les confesó el viejo hombre de prensa antes de derrumbarse sobre su silla.

(continúa)

Secretos de audio (capítulo cuatro)

junio 01, 2012
(viene del capítulo anterior)

Pepe y Diego hicieron su labor en el más hermético secreto en el llamado “cuarto azul”. Sus colegas le decían así por el color de sus paredes, lugar donde los dos amigos se refugiaban cuando alguna primicia iba a hacer reventar la redacción.

Poco menos de tres días les tocó oír y transcribir el material. Cuando terminaron, sin embargo, surgió una diferencia: Pepe quería publicar el íntegro de las conversaciones en una edición, pero Diego estaba convencido que lograrían mayor impacto si dividían la historia para dos días.

Una vez hecha la consulta con Jordán, él aceptó la propuesta de Diego. “Justo como quería”, señaló el ganador y extendió la mano hacia su amigo quien, sonriendo, sacó un billete de veinte y se lo entregó.

Jordán ordenó que el primer día se publicara la negociación entre Romero y Soria, y al día siguiente la revelación sobre el “almacenero” Manchego. “Dará que hablar y, de paso, vamos a romper a la competencia”, dijo Diego a su amigo mientras fumaban unos cigarrillos a la salida del periódico.

(continúa)