Archivos de diciembre,2011

Los días de un hombre invisible (capítulo final)

diciembre 19, 2011
(viene del capítulo anterior)

“Suéltame”, grito Angie, pero Gómez la golpeó y la tiró al piso, hiriéndola. Ezio trató de defenderla en vano: Gómez también lo golpeó y lo dejó medio aturdido. Luego tomó a Angie de la cabellera y la amenazó con su pistola. A pesar de ello, ella gritó a su amigo por ayuda: “Ayúdame Ezio”.

“Ignórame, por favor”, le suplicó Ezio en una frase que a ella le sonó absurda, “ignórame y te salvaré”. Ella no sabía qué hacer. Se quedó callada mientras su agresor la desvestía. Cerró los ojos y se concentró en olvidar el horror que vive.

Sintió que la soltaban, unos puños golpeándose, un disparo sonar en el aire. Abre los ojos: el policía está en el piso, la cabeza totalmente ensangrentada. No se mueve. Al otro lado, Ezio aparece de la nada, la levanta del piso y la abraza.

“Gracias Ezio”, dice Angie con lágrimas bajando sus mejillas, cuando se percata que algo mancha la zona de su abdomen. Se da cuenta que Ezio está herido en el costado. Se sujeta de ella pero es infructuoso: cae sobre el piso y dirige su rostro pálido hacia su novia. “Gracias por confiar en mi”, le dijo sonriendo, mientras ella llora desconsolada, y murió.

Los días de un hombre invisible (capítulo seis)

diciembre 09, 2011
(viene del capítulo anterior)

Luego de quedar herido, Ezio faltó a clases. Angie intentó comunicarse con él, pero su celular estaba apagado. Tras varios días en que no supo nada, Ezio apareció de la nada otra vez frente a ella. De hecho, Angie notó la ligera cojera en su pierna derecha.

Ella le preguntó el porqué de su caminar, pero él se excusó diciendo que sólo había sido una resbalada en un piso mojado. Angie decidió creerle y, sobretodo, ayudarlo a que se pusiera al día en sus cuadernos. Ezio sonrió y siguió sonriéndole durante todo el rato que estuvieron juntos ese día.

Se siente contento de saber que no le queda ninguna duda sobre ella, que podrá confiarle siempre todos sus secretos y miedos porque estaría siempre para apoyarlo. Con ese pensamiento se llenó su tiempo y su espacio, tanto así que no se dio cuenta que ya habían salido de la universidad y caminan por una calle a oscuras.

Ezio la detiene un momento. Angie voltea y se le queda mirando. Ezio toca suavemente su pelo con una de sus manos, mientras ella se sonroja y parece esquivarle la mirada. Al final, le devuelve la mirada, toma su cara entre sus manos y lo besa con demasiadas ansias.

Ambos están demasiado contentos, hasta que los faros de un auto vienen a interrumpir el momento. Para ingrata suerte de ellos, el hombre pelirrojo baja rápidamente del patrullero y detiene a Angie por el brazo.

(continúa)