19/04/12: @daupare

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Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo
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POR LA AUTONOMÍA DE LA PUCP


Yo en la PUCP soy un profesor contratado que renueva su vínculo cada semestre y por ello soy el lado más débil de la cuerda. Sin embargo somos lo que somos y es en estos momentos cuando debemos dar la cara con nuestra integridad en defensa de nuestros principios.

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Miguel Giusti defiende la autonomía de la PUCP

Yo no concibo una PUCP que no sea autónoma, yo no concibo el aula si no es el lugar en donde alumnos y profesores vivenciamos una experiencia intelectual de libertad. Por todo ello suscribo el pronunciamiento adjunto de Miguel Giusti, en todos sus extremos.

Creo, verdaderamente, que la autonomía de la PUCP está en riesgo y que debemos luchar por defenderla; por eso me opongo a los contenidos del pre-acuerdo con el arzobispado que se ha difundido y cuestiono la celeridad en la convocatoria a la Asamblea del 13 próximo; yo espero que el Rector nos convoque a todos al auditorio como ha hecho en otras ocasiones y espero, dentro del espíritu plural que tanto se ha invocado ultimamente, que las opiniones divergentes sean respetadas.

Saludos cordiales

Daniel Parodi Revoredo


PUCP: “está en serio riesgo nuestra autonomía”


Queridos amigos:

La situación ante la que se encuentra nuestra universidad en estos momentos me parece sumamente grave porque creo que está en serio riesgo nuestra autonomía. Sin desconocer el esfuerzo del Rectorado por alcanzar un acuerdo que respete la posición tomada por la Asamblea en septiembre del año pasado, creo que el documento que nos ha alcanzado no reúne las condiciones como para ser aceptado, ni en la forma ni en el fondo, y quisiera explicarles por qué soy de esta opinión. Lamento tener que opinar en contra de lo que nos pide expresamente el Rectorado, por cuya conducción de la universidad he tenido y tengo el máximo respeto, pero me parece que es el momento de dar a conocer nuestros pareceres, o de disentir, sobre lo que pueda ser mejor para nuestra universidad.


La forma

El Rectorado solicita de la Asamblea un voto a favor del acuerdo, en bloque y en un plazo muy próximo. Pero el documento está muy lejos de ser claro en muchos puntos, o de ser en todos sus aspectos aceptable, por lo que una aprobación en bloque nos obligaría a aceptar lo inaceptable. El plazo tan próximo, además, impide una reflexión más seria o un proceso de maduración sobre la naturaleza y las consecuencias de los cambios propuestos. Conviene recordar que los plazos perentorios no han sido puestos por nosotros y que su fijación, al modo de un ultimátum, no se condice con el espíritu de diálogo que debería primar en las relaciones que mantenemos con la Iglesia.

El fondo. La elección del Rector

Si se analizan y complementan entre sí todos los cambios propuestos con respecto a la elección del Rector, el resultado me parece un serio recorte a la autonomía de la Universidad. En apariencia, se preserva la atribución de la Asamblea para elegir al Rector, aun cuando se concede al Arzobispo el derecho de emitir una opinión-valoración de los candidatos. Ya esta concesión es obviamente una suerte de derecho de veto o al menos de presión de la comunidad universitaria.

Pero si se hubiese quedado ahí, quizás habría podido pese a todo aceptarse. El problema es que ahora se añade un requisito para poder ser rector o vicerrector, a saber: “llevar una vida en fidelidad al Magisterio de la Iglesia”. Este requisito conlleva un serio peligro, porque, aun cuando no se dice nada acerca de a quién le corresponde la competencia para decidir si un candidato cumple o no ese requisito, es claro que sobre el Magisterio de la Iglesia solo puede decidir el propio Magisterio de la Iglesia. El “Magisterio” no es la doctrina, ni el espíritu, ni los principios o los valores del cristianismo o la Iglesia (en un sentido genérico), sino la enseñanza de la Iglesia tal como la comprende, registra y administra la autoridad de los obispos[1]. Si la autoridad episcopal es por definición la competente en la materia, entonces esto quiere decir, en buen castellano, que el Arzobispo podrá decidir (o creerá tener la autoridad legítima para decidir) quién podrá ser candidato a Rector en nuestra universidad. Quien haya escuchado a Monseñor Cipriani en su intervención en el programa La Hora N de Jaime de Althaus el 4 de abril, habrá visto claramente cómo interpreta él esta prerrogativa. Se comprende entonces por qué ha renunciado a su propuesta anterior de elegir al Rector de una terna: porque eso ya no le hace falta, dado que para ser candidato a Rector habrá que contar con la autorización episcopal, vale decir, del “Magisterio” de la Iglesia. Pero además, sorprende que se haya aceptado una fórmula que exige “llevar una vida en fidelidad a”, porque eso equivale a someter a evaluación la vida personal y las ideas de los candidatos. En efecto, aquí entra a tallar el segundo aspecto de la noción de “Magisterio”: el de la enseñanza ortodoxa, porque, repito, esa noción designa al bagaje de enseñanzas de la Iglesia tal como lo interpreta la autoridad episcopal. En otras palabras: un profesor que haya escrito cualquier tesis o expresado cualquier idea en algún libro (sobre cualquier asunto de moral, política, vida eclesial, ciencia, filosofía o cualquier materia problemática), o uno que no se haya casado por la Iglesia o sea divorciado o que en cualquier otro sentido, siempre según interpretación de los obispos, no sea “fiel” al “Magisterio”, no podrá ser candidato a Rector. El Rectorado comenta que este nuevo requisito no sería sino una “especificación” del artículo ya existente, que dice: “identificarse con los principios, valores y fines de la Universidad”. Por lo dicho, es obvio que no se trata de una especificación sino de algo muy diferente. El artículo de nuestro Estatuto es mucho más sobrio y no conlleva censura alguna de la vida y las ideas de los profesores.

Por si ello fuera poco, se ha aceptado además incluir entre las atribuciones del Gran Canciller: “Recibir la profesión de fe del rector y los vicerrectores, para empezar a ejercer sus cargos”. Un acto de sumisión de esta naturaleza, que no ha estado nunca presente en nuestro Estatuto, me parece extemporáneo y de mal gusto, y está reñido con la dignidad del oficio de profesor universitario. Para colmo, queda por precisar aún el tenor (el texto) de esa profesión, pero, dado el contexto en el que se está introduciendo, no cabe pensar sino en lo peor.

La Comisión Económica Especial

Con respecto a la creación de la Comisión Económica Especial, me pregunto hasta qué punto ella no equivale a un reconocimiento implícito (y voluntario) de que nuestra universidad no es plena propietaria de sus bienes, pues admite que debe rendir cuenta de ellos ante otra institución privada (la Iglesia), a la que se concede entonces el derecho de pedir cuentas. Concuerdo con el documento cuando afirma que no deberíamos temer el rendir cuentas porque no tenemos nada que ocultar. Pero para eso existen, en los sistemas democráticos, mecanismos o instancias legales que no alteran los derechos de propiedad, como la Contraloría, o la SUNAT, o las auditorías externas. Mejor (menos equívoco y más coherente) sería, en ese sentido, obligarse a rendir cuentas ante alguno de estos organismos y permitir el acceso a dichas cuentas a los representantes de la Iglesia.

De otro lado, sorprende que la composición de la Comisión Económica sea de 1 miembro de nuestra universidad y 2 miembros del episcopado. Estamos aceptando, en el contexto de este conflicto, ser siempre minoría. Y ello se vuelve más problemático todavía cuando leemos que esta Comisión tendrá voto dirimente cuando haya desacuerdos en el seno de la Junta Administradora. (El documento sostiene que el Arzobispo ha “renunciado voluntariamente” a ejercer la función dirimente en la Junta; a la luz de lo expuesto, es obvio que esa renuncia se da porque ya no necesita ese voto, dado que lo tiene en la Comisión Económica).

En el documento se intenta restar importancia a las atribuciones de la Comisión, argumentando que ésta supuestamente solo intervendría en casos de inversiones de gran monta, pero se incluye entre ellas la aprobación del plan trienal de inversiones de la Universidad. Dado que la Comisión tiene mayoría del episcopado y posee además voto dirimente en los asuntos de la Junta Administradora, no me parece nada desdeñable el poder que se le estaría concediendo.

Las reformas del Estatuto

Se ha incluido un punto en el acuerdo según el cual en el futuro las reformas de nuestro Estatuto “que afecten los derechos de la Iglesia en la Universidad”, “requerirán de la aprobación del Dicasterio para su entrada en vigencia”. También aquí hay el peligro de una seria cesión de autonomía. El propio documento reconoce que este artículo “técnicamente, es un derecho a veto”, pero presume que ello no sería un problema porque solo tendría vigencia “en los temas que la involucran (a la Iglesia)”, mas no en todos los demás, sin precisar cuál sería la diferencia entre unos y otros. Pero, como es obvio, la Iglesia podría considerar que todos los temas de la vida universitaria “la involucran” o “afectan sus derechos”, porque eso puede inferirse fácilmente de las diversas atribuciones genéricas que se le conceden, empezando por la elección del Rector, la administración de los bienes, la profesión de fe o la fidelidad al Magisterio de profesores, administrativos y alumnos. En resumidas cuentas, el artículo en cuestión extiende virtualmente de manera indefinida el derecho a veto de nuestros cambios estatutarios.

La Junta Administradora

En relación con la Junta Administradora parecería haberse llegado a un acuerdo razonable y aceptable, con algunas salvedades, pero sobre este punto el propio arzobispado ha dado marcha atrás, de manera que no sabemos a qué atenernos. Ya se ha señalado, sin embargo, que, en el acuerdo, las discrepancias de interpretación que ocurran en la Junta serán dirimidas por la Comisión Económica Especial, en la cual el episcopado tiene mayoría. Si, por hipótesis, el representante del arzobispo en la Junta Administradora decidiera bloquear sistemáticamente todas nuestras iniciativas, ello obligaría a recurrir continuamente al voto dirimente de la Comisión Económica, en la cual tenemos siempre minoría. Esto daría carta blanca a los obispos para decidir a voluntad y de manera sistemática sobre los asuntos de la marcha administrativa de nuestra universidad.

El “carácter” pontificio y católico

Se ha añadido una breve frase al art. 1 de nuestro Estatuto que dice: “Por su carácter pontificio y católico… la PUCP es una comunidad de maestros, etc.…” Si entiendo bien (o mal, que es mejor), esta breve frase es un modo de insertar en nuestro Estatuto que la PUCP tiene una vinculación de dependencia institucional, o jurídica, o canónica o de otro tipo en relación con la Iglesia, vinculación que podría dar pie a que dicha frase fuera utilizada por la Iglesia para reclamar propiedad o sujeción canónica. No tengo argumentos suficientes para sostener que esto vaya a ocurrir, pero temo que su mera posibilidad es la razón por la que debe haberse incluido esta frase.

El argumento pragmático

En el documento del Rectorado se nos invita a considerar pragmáticamente la situación y a tener en cuenta que los beneficios del acuerdo serían considerablemente más altos que sus costos, pues de esa manera se pondría fin a un conflicto desgastante que mantiene ocupada y en tensión a la Universidad desde hace muchos años. Para hacer más persuasiva la invitación, se nos advierte que en caso de no aprobar el acuerdo, no seríamos ya nosotros sino los tribunales peruanos los que tendrían la última palabra. Y se da a entender, claro está, que el acuerdo preserva la autonomía de la Universidad y la libertad de cátedra, además de que las concesiones estarían ya de algún modo enraizadas en nuestro Estatuto vigente.

Hay que reconocerle, por cierto, al Rectorado, que haya respetado y hasta consignado en el documento la necesidad de someter el acuerdo a la decisión de la Asamblea. Pero quisiera hacer dos consideraciones sobre esta invocación pragmática.

En primer lugar, sorprende el repentino cambio de política por parte del Rectorado. Durante varios años, se ha mantenido una línea principista dura (y hasta inflexible) en la confrontación con la jerarquía de la Iglesia y se ha enviado un mensaje tranquilizador a la comunidad universitaria, asegurándole que teníamos una posición jurídica sólida en los dos frentes del conflicto. Esa política ha dado sus frutos, es decir, ha fortalecido la cohesión de la comunidad universitaria en la defensa de su autonomía y ha transmitido a los profesores la convicción de que estamos en condiciones de preservar con buenos argumentos y políticas inteligentes los valores fundamentales de nuestra vida universitaria. Ahora, en cambio, se nos pide ser más flexibles con los principios y se sugiere que nuestra posición jurídica es débil.

Pero aun en sentido pragmático, tengo la impresión de que el acuerdo no nos es favorable. Por lo que he expuesto antes, creo que es más lo que perdemos que lo que ganamos. En la elección del Rector, en la propiedad de los bienes, en la cesión de la mayoría a la Comisión Económica Especial, en el procedimiento de reforma de nuestros estatutos, como en otros puntos, se hacen concesiones que, por decir lo menos, ponen en serio peligro nuestra autonomía.

No está dicho, por cierto, que los cambios del Estatuto hayan de interpretarse o aplicarse de una manera desfavorable para nosotros, pero esa posibilidad existe y de ella deberíamos defendernos. En las consideraciones de tipo pragmático, no puede dejar de tenerse en cuenta con quién estamos haciendo el trato. Por sus convicciones religiosas y políticas, así como por su vieja y militante posición contra nuestra universidad, Monseñor Cipriani no ha ocultado nunca sus intenciones ni ha tenido reparos en utilizar los medios a su alcance para tratar de imponerlas. Suponer ahora que ha cambiado de opinión o que hará uso cándido de las atribuciones o las posibilidades de intervención que le otorga el acuerdo, sería pecar de ingenuidad pragmática. De esto tenemos ya pruebas más que suficientes en sus primeras declaraciones en el programa mencionado de Jaime de Althaus.

Qué hacer entonces

Por la forma en que ha sido presentado el documento, pareciera que nos encontráramos ante una encrucijada de vida o muerte, de todo o nada. Y esta sensación está difundiéndose entre la comunidad universitaria, razón por la cual algunos están dispuestos a ceder por temor y otros por resignación. Me parece muy importante que tratemos de contrarrestar esta impresión.

Lo primero que deberíamos hacer, me parece, es no aceptar el acuerdo, al menos no en bloque y no en el plazo fijado. La decisión que tomó la Asamblea en septiembre del año pasado fue no aceptar la propuesta de modificación enviada por el Vaticano, reafirmar nuestra autonomía y mantener la disposición al diálogo con la Iglesia. Esta decisión era y sigue siendo firme y prudente, y no me parece que hayan cambiado las condiciones lo suficiente como para modificarla. Corresponde, creo, reafirmar ese acuerdo: no aceptar la actual propuesta por lesionar nuestra autonomía y mantener nuestra disposición al diálogo.

De aquella decisión de la Asamblea hay dos puntos que destacar. El primero es que nuestra universidad posee ya un Estatuto que reconoce inequívocamente su filiación católica y su vinculación con la doctrina de la Iglesia, y que con él hemos vivido durante décadas sin tener conflictos con la jerarquía. Los conflictos tienen lugar y fecha de inicio, y nombre y apellido. El segundo punto a destacar es que la Asamblea no ha cortado la comunicación con la Iglesia, sino ha declarado expresamente su voluntad de dialogar y de llegar a un acuerdo. Pero no a cualquier precio.

La sensación de estar en una encrucijada vital proviene sin duda de los plazos que se nos han impuesto. Pero no me parece que debamos someternos a ellos ni aceptar la precipitación en la toma de decisiones o la amenaza velada. Puede ser que reafirmar en estos momentos el acuerdo de la Asamblea del año pasado, nos lleve a una confrontación mayor o hasta a una ruptura. Pero puede ser también que esto no ocurra. Así como no tenemos por qué aceptar plazos, tampoco tenemos por qué terminar nosotros con la disposición al diálogo.

¿Volveremos entonces a los conflictos con la jerarquía y continuaremos con los juicios pendientes, quién sabe por cuánto tiempo? Si ello tiene que ocurrir por defender nuestra autonomía y la calidad de nuestra universidad, o por impedir que el pensamiento católico más reaccionario penetre de algún modo en nuestro campus, tendremos que hacerlo. Es nuestro deber hacerlo, cueste lo que cueste. Hay mucha gente honesta y competente entre nosotros que puede prestar su ayuda para defender de manera inteligente nuestra causa en todos los frentes, como lo ha venido haciendo precisamente el equipo rectoral en los últimos años con el respaldo de la comunidad universitaria.

Finalmente, quisiera también decir que no deberíamos tener miedo a una agudización del conflicto. No creo que se produzca una ruptura, porque el resultado podría ser muy destructivo, o tanático, para el país y para la propia Iglesia. También la Iglesia hará su propia reflexión pragmática, no lo dudemos. Pero si la ruptura llegara, haríamos bien en asumirla, no con temor, sino con tranquilidad y conciencia histórica. Hay muchos casos, en el pasado y en la historia reciente, de instituciones académicas o científicas que han tenido que pasar por un cambio radical para poder madurar o mantener su vitalidad. Y ello ha ocurrido también en los últimos años entre varias universidades católicas y la jerarquía de la Iglesia. Cuando los cambios son necesarios, porque está en juego algo muy valioso y esencial que defender, como en nuestro caso, los costos son ciertamente mucho menores que los beneficios. Mantengamos la firmeza y la calma. Creo que tenemos el viento de la historia a nuestro favor.

Miguel Giusti
Profesor del Departamento de Humanidades
5 de abril del 2012

—————————-
[1] Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escritura (sic), ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo” (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. (Parte 1ª, Secc. 1ª, cap. 2, art. 2, III)
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CÓMO ES SER HISTORIADOR EN EL PERÚ


Estimados amigos:

Comparto entrevista que me hizo el periodista argentino Juan Cruz Castiñeiras para el programa Protagonistas del Canal Generacción. Esta se divide en tres partes:

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La carrera de historia es grata y más rentable de lo que se piensa


1.- Mi vocación de historiador y Guerra del Pacífico
http://www.youtube.com/watch?v=-cBX9ezeRPs&context=C3d23214ADOEgsToPDskL_SafEaxMW-g6dw2leolTz

2.- La Guerra del Pacífico desde el análisis crítico del discurso
http://www.youtube.com/watch?v=8hjdCY8kNHY&feature=related

3.- El vínculo entre historia y política
http://www.youtube.com/watch?v=dK04wmO-http://www.youtube.com/watch?v=8hjdCY8kNHY&feature=relatedXPY&feature=related

Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo
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QUERIDOS AMIGOS DE PALABRAS ESDRÚJULAS.

GRACIAS POR ACOMPAÑARME ESTE AÑO DONDE HAN OCURRIDO TANTAS COSAS Y HEMOS PODIDO INTERCAMBIAR TANTAS IDEAS. LES DESEO LAS MEJORES NAVIDADES EN FAMILIA Y QUE EL AÑO 2012 SEA PRÓSPERO Y VENTUROSO. PARA LO QUE NOS TOCA, QUE EL AÑO 2012 SEA UN PERIODO DE MUCHO SENTIDO COMÚN EN NUESTROS ACTORES POLÍTICOS Y SOCIALES, Y DE ACERCAMIENTO Y CONVENCIMIENTO DE LA IMPORTANCIA DE LA RECONCILIAICIÓN PERUANO-CHILENA POR PARTE DE SUS SENDAS AUTORIDADES.

DESDE ESTA TRIBUNA SEGUREMOS CONVERSANDO, OPINANDO Y PROMOVIENDO EL DESARROLLO DEL PAÍS Y LA JUSTICIA SOCIAL, ASÍ COMO LA INTEGRACIÓN REGIONAL Y LA DISCUSIÓN SERENA DE NUESTRO PASADO.

ABRAZOS Y PARABIENES PARA TODOS

DANIEL


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Felices Fiestas
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¿USTED ES EL ÚLTIMO?'

Por Daniel Parodi Revoredo

En 1989 salía del aeropuerto de Barajas en Madrid a tomar un taxi para dirigirme a casa de los Paz, una familia peruana amiga, que gentilmente me alojó en mi primer y juvenil periplo europeo. Cuando estiré la mano para detener al taxi, una señora mayor, ubicada más de doscientos metros detrás de mí, me llamó la atención áspera y andaluzamente: ¿oiga señó, que estamo nosotro esperando el taxi primero?, ¿no le jode?

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el orden de llegada es un concepto desconocido en el Perú

Ciertamente, mis peruanísimas malas costumbres me jugaban mi primera mala pasada en el Viejo Continente, malas costumbres que responden a un orden de cosas particular, susceptible de ser interpretado sociológicamente, pero que en esta ocasión voy a limitarme a describir. Así pues, en el Perú existe “la síncopa del bodeguero”, simpático comerciante que es capaz de atender a cuatro y hasta a cinco personas en simultáneo porque hasta hoy en el país el orden de llegada es un concepto desconocido. Y le digo síncopa porque en estos casos, al igual que en la marinera limeña, para ser escuchado hay que saber entrar en ese delicioso y fugaz silencio que precede a la llamada que se usa para introducir la resbalosa.

Otra dimensión del mismo problema es la que enfrenta diariamente el peatón gallardo y bienintencionado que pretende respetar un orden que no existe y que se rehusa a cruzar las avenidas también sincopadamente, es decir, aprovechando los efímeros segundos que te separan de ser arrollado por un vehículo a toda velocidad o por una combi zigzagueante. No obstante, debo reconocer que algo se ha mejorado, hay empresas de transporte que han renovado sus flotas y adquirido los buses llamados Euro 3, bastante cómodos, cuyos choferes y cobradores brindan su servicio uniformados y que además cuentan con inspector-boletero. Estos buses se detienen sólo en los paraderos, aunque aún hay cosas que deben mejorar, como por ejemplo utilizar las puertas de subida sólo para subir y las de bajada sólo para bajar, en lugar que indistintamente, como se estila hasta ahora.


El crucero peatonal y los semáforos son el último aspecto que voy a tratar en esta reflexión por cuyos sarcasmos me disculpo. El tema me resulta especialmente sensible porque si yo creo que por conducir un vehículo –que pesa más de una tonelada y puede matar a un individuo de a pie si lo atropello- entonces tengo la preferencia, estoy a un paso de la jungla. Si creo que una persona –mayor o menor, qué importa- debe quitarse de en medio simplemente porque yo estoy pasando con mi vehículo y puedo hacerle daño, me pregunto muy preocupado sobre mi desenvolvimiento en otras esferas de mi vida.

Es por eso que ahora que el Municipio de Lima está lanzando una loable campaña de reordenamiento del tránsito, es menester que no pierda de vista atacar el problema desde la perspectiva de los valores cívicos y ciudadanos. Es hora que hagamos cola en las bodegas y que preguntemos ¿quién es el último? en los paraderos para colocarnos detrás. Es momento que los conductores comprendan que los cruceros peatonales no se llaman así por gusto, sino porque las personas de a pié también deben atravesar la pista, desplazarse y son ciudadanos como todos nosotros; ya es tiempo de que los conductores se den cuenta de que esa personita de verde que simula caminar en los nuevos semáforos inteligentes no es una señal para que pasen ellos, sino para que crucen los peatones.

No sé qué tan banales hayan resultado estas palabras, considerando otras graves problemáticas por la que atraviesa el país, tampoco creo que mi propuesta solucione muchas cosas. Sí creo que respetar algunas pequeñas normas de convivencia nos hará más ciudadanos y más respetuosos del espacio y de los derechos del otro. Así pues, a mi no me importa ser el último si con ello valoro y reconozco a los demás.

Publicado en La República, el 25 de noviembre
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Queridos amigos:

Debo anunciarles que acabo de recibir la noticia de que mi columna HIstoria&Presente no continuará en el Diario La República. Al respecto, quiero expresarle públicamente mi agradecimiento por la oportunidad de dirigirme al gran público durante 4 meses al Jefe de la Sección de Opinión de LR y amigo personal, Federico de Cárdenas, la que extiendo a la Dirección del diario. También al Amigo Samuel Adrianzén de la PUCP quien gestionó esta posibilidad.

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Historia&Presente no continuará en La República


No voy a opinar publicamente sobre esta decisión porque no está en mí señalar la propiedad, calidad o pertinencia de la línea ideológica de mi columna, sí he querido ser yo quien difunda la noticia y se encargue de darla a conocer a mis lectores, que por el número de "likes" de Historia&Presente, iba creciendo de manera constante.

Gracias pues por valorar mi trabajo, yo voy a seguir publicando Historia&Presente a través de Palabras Esdrújulas, y difundiéndola a través de facebook, así que nada, la función debe continuar.

Un fuerte abrazo

Daniel Parodi Revoredo
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Queridos Amigos:

Su blog Palabras Esdrújulas ha llegado hoy a las CIEN MIL (100.000) VISITAS. Cuando comenzamos recíbíamos en promedio 14 visitas diarias y hoy contamos con más de 200 visitas al día. Su confianza nos anima a seguir en este empeño de brindarles un blog serio, ponderado y propositivo, especializado en las relaciones peruano-chilenas, la Guerra del Pacífico y la política peruana.

Por su confianza, muchísimas gracias
DANIEL PARODI REVOREDO

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Producción musical y artística
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Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo
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Perú rumbo a Brasil 2014

Por Daniel Parodi Revoredo
Con una expectativa que recuerda las eliminatorias de la década de los setentas, la selección peruana de fútbol inicia su participación en el largo torneo clasificatorio a la Copa del Mundo de Brasil 2014. El optimismo de la afición no es gratuito: el equipo nacional inicia la justa sudamericana tras dos años de preparación coherente, con estadísticas favorables y el corolario de un meritorio tercer lugar en la Copa América.

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Markarian ha enrumbado a la selección nacional

El proceso que referimos se ha llevado a cabo, no gracias a la gestión dirigencial de Manuel Burga, sino a pesar de él. De hecho, los sparrings de la selección han sido poco más que un conjunto de repúblicas tropicales y alguna otra muy nórdica, de aquellas que se encuentran disponibles porque a nadie le interesa enfrentarlas. Qué diferencia con Chile, que recién culminó su preparación jugando contra España y Francia en Europa. Nosotros, en cambio, cerramos con el débil combinado boliviano. Es que quienes hacen las cosas bien saben que la selección es permanente y que los sparrings se gestionan con meses y hasta años de anticipación. Pero ese no es nuestro caso.

En realidad, el artífice de la nueva realidad de la selección nacional es su técnico Sergio Markarián. El profesor tomó lo poco que se le dio y se inventó un proceso él sólo. A falta de sparrings, buenos son los micro-ciclos; a falta de dirigentes, buena es la planificación y a falta de credibilidad, bueno es trabajar la moral y confianza del grupo; esto es, crear un equipo. Ciertamente, la gran mayoría de jugadores que hoy integra el seleccionado ya jugaba en el exterior cuando se llevó a cabo el proceso anterior, ese que nos dejó en el último lugar de Sudamérica. Entonces no faltaron jugadores, pero sí todo lo demás: planificación, disciplina, responsabilidad y fe.

Haciendo un poco de historia, el último proceso medianamente serio de nuestra selección fue el dirigido por Juan Carlos Oblitas a mediados de los años noventa. Recuerdo que “el ciego” manejó el concepto de selección permanente y tuvo en Freddy Ternero al responsable de la Sub – 23, equipo con el cual se ensayaban los esquemas tácticos a los que luego se adaptaba la legión de jugadores provenientes del exterior. Oblitas no lo logró, pero casi. Qué diferentes, en cambio, Francisco Maturana y Paulo César Autori, que se tomaron varios años de vacaciones cada uno, a costa de la ilusión del aficionado nacional, y que se limitaron a convocar jugadores para los partidos oficiales. Cero planificación, cero previsión, fraternidad absoluta con el cinismo improvisado de Manuel Burga y aplausos dominicales de Gustavo Barnechea, en un programa televisivo local.

La historia que hoy comienza a escribirse puede ser diferente. Sin embargo, los riesgos de descalabrarse a mitad de camino son muchos y hay que tomarlos en cuenta. Primero está la indisciplina de varios jugadores que son referentes de la selección, jugadores que en procesos pasados entendieron sus convocatorias como la oportunidad de micro-vacacionar en Lima, bajo el manto de su misteriosa neblina, esa que enmascara juergas, amanecidas y meretrices. El otro riesgo es la prensa, esa prensa deportiva más preocupada en el titular disociador, en la intriga inmediata, en la enemistad inventada y que no asocia el éxito de la selección con el suyo propio; esa prensa amarillista a la que le preocupa más el tiraje de mañana, que un record de ventas en el próximo mundial. El último riesgo es la impaciencia, la eliminatoria es un proceso largo y el equilibrio es fundamental. No ganar es siempre una opción, tal vez no lo logremos esta noche o en Santiago, pero el proceso, si se mantiene, debería dar sus frutos. La planificación es así.

Para terminar, quiero expresar mi optimismo y satisfacción por el trabajo planificado de Sergio Markarian y este seleccionado. Espero que al final del camino nos abrasemos en Brasil al ritmo de Samba y todo muy a pesar de Manuel Burga, de sus testaferros, y de Phillip Batters, que ya le pedirá disculpas al “profe” Markarian en el día de la victoria.
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Estimado amigos:

Transcribo artículo de Mario Vargas Llosa -flamante premio Nobel de literatura- en el que comenta el cuasi veto al que fue expuesto en Argentina. Más allá de la situación -que quedó en anécdota- he querido compartirlo con ustedes pues desarrolla profundas reflexiones acerca del nacionalismo, las que invito a leer y comentar.

Por otro lado, no puedo dejar de señalar que no suscribo necesariamente las ideas políticas que el novelista difunde en su texto.

Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo

p.d. El artículo que transcribo ha salido publicado en la edición de hoy 13 de marzo de el Diario El Comercio.

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Mario Vargas Llosa, Nobel de literatura 2010



PIQUETEROS INTELECTUALES
por: Mario Vargas Llosa*

Domingo 13 de Marzo del 2011

Un puñado de intelectuales argentinos kirchneristas, vinculados al grupo Carta Abierta, encabezados por el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, pidió a los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires, que se abrirá el 20 de abril, que me retirara la invitación para hablar el día de su inauguración. La razón del veto: mi posición política “liberal”, “reaccionaria”, enemiga de las “corrientes progresistas del pueblo argentino” y mis críticas a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Bastante más lúcida y democrática que sus intelectuales, la presidenta Cristina Fernández se apresuró a recordarles que semejante demostración de intolerancia y a favor de la censura no parecía una buena carta de presentación de su gobierno ni oportuna cuando parece iniciarse una movilización a favor de la reelección. Obedientes, pero sin duda no convencidos, los intelectuales kirchneristas dieron marcha atrás.

Me alegra coincidir en algo con la presidenta Cristina Fernández, cuyas políticas y declaraciones populistas, en efecto, he criticado, aunque sin llegar nunca al agravio, como alegó uno de los partidarios de mi defenestración. Nunca he ocultado mi convencimiento de que el peronismo, aunque haya impulsado algunos progresos de orden social y sindical, hechas las sumas y las restas, ha contribuido de manera decisiva a la decadencia económica y cultural del único país de América Latina que llegó a ser un país del Primer Mundo y a tener en algún momento un sistema educativo que fue un ejemplo para el resto del planeta. Esto no significa, claro está, que aliente la menor simpatía por sus horrendas dictaduras militares cuyos crímenes, censuras y violaciones de los derechos humanos he criticado siempre con la mayor energía en nombre de la cultura de la libertad que defiendo y que es constitutivamente alérgica a toda forma de autoritarismo.

Precisamente la única vez que he padecido un veto o censura en Argentina parecido al que pedían para mí los intelectuales kirchneristas fue durante la dictadura del general Videla, cuyo ministro del Interior, el general Harguindey, expidió un decreto de abultados considerandos prohibiendo mi novela “La tía Julia y el escribidor” y demostrando que esta era ofensiva al “ser argentino”. Advierto con sorpresa que los intelectuales kirchneristas comparten con aquel general cierta noción de la cultura, de la política y del debate de ideas que se sustenta en un nacionalismo esencialista un tanto primitivo y de vuelo rasero.

Porque lo que parece ofender principalmente a Horacio González, José Pablo Feinmann, Aurelio Narvaja, Vicente Battista y demás partidarios del veto, por encima de mi liberalismo, es que, siendo un extranjero, me inmiscuya en los asuntos argentinos. Por eso les parecía más justo que abriera la Feria del Libro de Buenos Aires un escritor argentino en consonancia con las “corrientes populares”.

Si tal mentalidad hubiera prevalecido siempre en Argentina, el general José de San Martín y sus soldados del Ejército Libertador no se hubieran ido a inmiscuir en los asuntos de Chile y Perú y, en vez de cruzar la Cordillera de los Andes impulsados por un ideal anticolonialista y libertario, se hubieran quedado cebando mate en su tierra, con lo que la emancipación hubiera tardado un poco más en llegar a las costas del Pacífico sudamericano. Y si un rosarino llamado Ernesto Che Guevara hubiera profesado el estrecho nacionalismo de los intelectuales kirchneristas, se hubiera eternizado en Rosario ejerciendo la medicina en vez de ir a jugarse la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas en Guatemala, Cuba, el Congo y Bolivia.

El nacionalismo es una ideología que ha servido siempre a los sectores más cerriles de la derecha y la izquierda para justificar su vocación autoritaria, sus prejuicios racistas, sus matonerías, y para disimular su orfandad de ideas tras un fuego de artificio de eslóganes patrioteros. Está visceralmente reñido con la cultura, que es diálogo, coexistencia en la diversidad, respeto del otro, la admisión de que las fronteras son en última instancia artificios administrativos que no pueden abolir la solidaridad entre los individuos y los pueblos de cualquier geografía, lengua, religión y costumbres pues la nación –al igual que la raza o la religión– no constituye un valor ni establece jerarquías cívicas, políticas o morales entre la colectividad humana. Por eso, a diferencia de otras doctrinas e ideologías, como el socialismo, la democracia y el liberalismo, el nacionalismo no ha producido un solo tratado filosófico o político digno de memoria, solo panfletos a menudo de una retórica tan insulsa como beligerante. Si alguien lo vio bien, y lo escribió mejor, y lo encarnó en su conducta cívica fue uno de los políticos e intelectuales latinoamericanos que yo admiro más, el argentino Juan Bautista Alberdi, que llevó su amor a la justicia y a la libertad a oponerse a la guerra que libraba su propio país contra Paraguay, sin importarle que los fanáticos de la intolerancia lo acusaran de traidor.

Los vetos y las censuras tienden a imposibilitar todo debate y a convertir la vida intelectual en un monólogo tautológico en el que las ideas se desintegran y se convierten en consignas, lugares comunes y clichés. Los intelectuales kirchneristas que solo quisieran oír y leer a quienes piensan como ellos y que se arrogan la exclusiva representación de las “corrientes populares” de su país están muy lejos no solo de un Alberdi o un Sarmiento sino también de una izquierda genuinamente democrática que, por fortuna, está surgiendo en América Latina, y que en países donde ha estado o está en el poder, como en Chile, Brasil, Uruguay, ha sido capaz de renovarse, renunciando no solo a sus tradicionales convicciones revolucionarias reñidas con la democracia “formal” sino al populismo, al sectarismo ideológico y al dirigismo, aceptando el juego democrático, la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaba burguesas. Esa izquierda renovada está impulsando de una manera notable el progreso económico de sus países y reforzando la cultura de la libertad en América Latina.

¿Qué clase de Argentina quieren los intelectuales kirchneristas? ¿Una nueva Cuba, donde, en efecto, los liberales y demócratas no podríamos jamás dar una conferencia ni participar en un debate y donde solo tienen uso de la palabra los escribidores al servicio del régimen? La convulsionada Venezuela de Hugo Chávez es tal vez su modelo. Pero allí, a diferencia de los miembros del grupo Carta Abierta, la inmensa mayoría de intelectuales, tanto de izquierda como de derecha, no es partidaria de los vetos y censuras. Por el contrario, combate con gran coraje contra los atropellos a la libertad de expresión y la represión creciente del gobierno chavista a toda forma de disidencia u oposición.
De quienes parecen estar mucho más cerca de lo que tal vez imaginan Horacio González y sus colegas es de los piqueteros kirchneristas que, hace un par de años, estuvieron a punto de lincharnos, en Rosario, a una treintena de personas que asistíamos a una conferencia de liberales, cuando el ómnibus en que nos movilizábamos fue emboscado por una pandilla de manifestantes armados de palos, piedras y botes de pintura. Durante un buen rato debimos soportar una pedrea que destrozó todas las lunas del vehículo, y lo dejó abollado y pintarrajeado de arriba abajo con insultos. Una experiencia interesante e instructiva que parecía concebida para ilustrar la triste vigencia en nuestros días de aquella confrontación entre civilización y barbarie que describieron con tanta inteligencia y buena prosa Sarmiento en su “Facundo” y Esteban Echeverría en ese cuento sobrecogedor que es “El matadero”.

Me apena que quien encabezara esta tentativa de pedir que me censuraran fuera el director de la Biblioteca Nacional, es decir, alguien que ocupa ahora el sitio que dignificó Jorge Luis Borges. Confío en que no lo asalte nunca la idea de aplicar, en su administración, el mismo criterio que lo guió a pedir que silenciaran a un escritor por el mero delito de no coincidir con sus convicciones políticas. Sería terrible, pero no inconsecuente ni arbitrario. Supongo que si es malo que las ideas “liberales”, “burguesas” y “reaccionarias” se escuchen en una charla, es también malísimo y peligrosísimo que se lean. De ahí hay solo un paso a depurar las estanterías de libros que desentonan con “las corrientes progresistas del pueblo argentino”.

México, 7 de marzo del 2011