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GRACIAS CANCILLER

Daniel Parodi Revoredo

En una de mis visitas a los medios de prensa, con motivo de la fase oral de La Haya, me entrevistó, en RPP, una periodista de la estación radial Bío-Bío de Chile, pues entre ambas cadenas hicieron un intercambio de reporteros. En las bambalinas de la entrevista, la corresponsal me dijo que en Perú todos los pesquisados defendían una posición homogénea, mientras que en Chile cada quien se disparaba por su lado. Esa es una de las razones por las que quiero saludar a Rafael Roncagliolo al culminar su gestión como Canciller de la República.

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Gracias Canciller

Creo que Roncagliolo supo trabajar con los medios de comunicación, tanto como con la sociedad civil, por lo que emprendió una larga gira a las principales universidades de provincias para explicar la posición defendida por el Perú en la CIJ. Además, pudo darle continuidad al trabajo realizado por las dos gestiones gubernamentales anteriores y logró unificar criterios en un tema delicado que atañe la unidad nacional.

Otro acierto del canciller saliente es haber propiciado una atmósfera distendida con Chile en uno de los momentos más complejos de nuestra historia reciente. Durante los días en que se produjeron los alegatos orales en La Haya no sólo la sangre no llegó al río, sino que las relaciones peruano-chilenas alcanzaron su mejor momento en años, lo que se expresó en la declaración firmada por sus respectivos ministros de relaciones exteriores en Santiago, en enero del presente año.

Ciertamente, el rol desempeñado por Roncagliolo en la cuestión con Chile no se explica sin el equipo de cancillería, ni sin la colaboración de diplomáticos de dilatada trayectoria como Allan Wagner, Manuel Rodríguez Cuadros y José Antonio García Belaúnde. En los últimos dos años se potenció mucho la confianza mutua para facilitar la ejecución del fallo por venir y esa es la rúbrica que le añade el saliente canciller a un trabajo que ha trascendido los gobiernos y que se expresa en una política de estado mantenida hasta por tres gestiones consecutivas.

Ciertamente, la política hacia Chile sostenida por Rafael Roncagliolo tuvo sus costos políticos, como el de tratar con suma delicadeza las pequeñas crisis que recientemente hemos atravesado con países vecinos. En las pasadas coyunturas muchos le exigieron que levantase más la voz, pero en su parecer, que comparto, no era prudente abrirse nuevos frentes a dos meses de conocerse la sentencia de la CIJ. Es sabido que yo no comulgo con la línea ideológica de Roncagliolo. Sin embargo, he notado durante su gestión cómo antepuso su vocación peruanista a cualquier otra consideración y por esa razón lo he correspondido en mis notas periodísticas, creyendo que así apoyaba a mi país, tanto como al trabajo de un excelente profesional y mejor persona.

En fin, se nos viene una etapa en la cual la firmeza y la mano izquierda deben ir de la mano para que una eventual victoria en La Haya no suene demasiado a revancha y una indeseada derrota no se tome como el fin del mundo. La firmeza debe servirnos para expresarle a Chile que el Perú espera la ejecución inmediata y cabal del fallo, y la mano izquierda para que, entre tanto, se siga fortaleciendo la integración bilateral. En este empeño le deseo la mejor de las suertes a la canciller Eda Rivas, en este momento crucial en el que se decidirá si dos países se mantienen alejados por su pasado o si encuentran un punto de partida distinto de cara al futuro.

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2 + 2, el 2 de Mayo

"Esta reunión se da en un contexto de renovado fortalecimiento de la confianza mutua y en vísperas de una etapa promisoria para la paz y la mejor cooperación entre nuestros países porque la sentencia de La Haya fortalecerá la concordia”

Rafael Roncagliolo

La reciente reunión del 2 + 2 en Lima y Callao, entre los cancilleres y ministros de Defensa de Perú y Chile, tiene diversos significados y son todos positivos. En primer lugar implica la reanudación de un mecanismo que había sido dejado de lado hace unos años y que supone reforzar la confianza mutua y coordinar acciones en dos ramos fundamentales.  Asimismo, ha supuesto la suscripción de una nueva declaración conjunta y la reiteración bilateral del compromiso de acatar el fallo de la Haya que conoceremos en aproximadamente dos meses.

Por otro lado, la conmemoración conjunta del Combate del 2 de Mayo de 1866 en la plaza José Gálvez del Callao debe implicar el inicio del acercamiento y la reconciliación peruano-chilena respecto de su pasado común. Aquella gesta fue parte de la guerra que ambos países, apoyados por Bolivia y Ecuador, libraron entre 1864 y 1866 contra España. Otras ocurrencias importantes de aquel conflicto fueron el bombardeo de la escuadra ibérica al puerto chileno de Valparaíso el 31 de marzo  de 1866  y el combate de Abtao, el 7 de febrero del mismo año, que se destaca porque en él Miguel Grau y Arturo Prat pelearon del mismo bando. Precisamente por ello, se ha seleccionado el 7 de febrero como la fecha de la próxima reunión del 2 + 2.

Ciertamente, no son pocos los acontecimiento del pasado que nos acercan, también contamos con la participación chilena en la Independencia del Perú y con la tesis de las 200 millas. Así pues, la declaración de Santiago de 1952 que hoy nos enfrenta en la Haya  motivó, en su tiempo, una alta proximidad  entre Perú, Chile y Ecuador. La razón es que la posición asumida por esta triple alianza –defender sus costas de la depredación extranjera hasta un máximo de 200 millas mar adentro- fue abiertamente desafiada por grandes potencias mundiales como USA, URSS, Canadá, Suecia, entre otras.  Estas reivindicaron el derecho de sus nacionales a realizar labores de pesca y extracción frente a las costas de cualquier país. Más recientemente, la popularización de  la procesión del Señor de los Milagros y la difusión de la comida peruana en Chile son aportes culturales que también acercan a ambos colectividades.

Pero queda la Guerra del 79 y está claro que la difusión de acontecimientos positivos del pasado común no intenta soslayarla ni podría hacerlo pues vive en las raíces de una peruanidad herida como resultado de una invasión militar. También está claro que a este nivel nuestro país espera gestos del vecino que permitan dejar al pasado pasar y comprender que nos encontramos en una coyuntura diferente. Dichos gestos de Chile hacia el Perú deben formar parte de la política bilateral que ambos estados aplicarán tras conocerse, acatarse y ejecutarse el fallo de la CIJ .

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Cerrar heridas del pasado no es humillante

Cerrar las heridas del pasado no tiene que ser humillante para nadie. Por el contrario debe ser la máxima expresión de la madurez de la relación bilateral que el canciller chileno Alfredo Moreno ha resaltado en su reciente visita. Entre tanto, nuestro vínculo con Chile parece modélico a contrapelo de las voces altisonantes que se levantan al norte de la región. Por ello abogamos por la consolidación de este buen entendimiento y esperamos que el ejemplo migre a los confines más tropicales del subcontinente.

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Apunte sobre Ecuador

Por: Daniel Parodi Revoredo

Ya he comentado en las redes sociales que creo que el ex-embajador de Ecuador en Lima, Rodrigo Riofrío,  fue el agredido en Vivanda de Magdalena. También creo que, al primer ataque, el susodicho diplomático debió llamar a la seguridad del local antes que ponerse al nivel de sus agresoras. He señalado también lo poco adecuadas que me han parecido las declaraciones del Presidente ecuatoriano Rafael Correa, tanto en el fondo de sus contenidos como en sus formas altisonantes que dialogan mejor con las de su aludido embajador que con las de un estadista serio y profesional, de aquellos que tanta falta le hacen a nuestra región.

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Abstención de Ecuador fue importante en La Haya

Sin embargo, también parece urgente recordar a algunos sectores de nuestra clase política y prensa que apenas dentro de dos meses ocurrirá algo muy importante: la Corte Internacional de Justicia de La Haya va a dictar sentencia en la demanda que ventilamos contra Chile en sus cauces. También hemos omitido una simplísima ecuación que me apuro en recordar: Ecuador fue un aliado histórico de Chile y gracias al delicadísimo trabajo de cancillería durante el gobierno anterior, se pudo modificar dicha alianza en nuestro favor.

Así pues, la firma del tratado de límites marítimos entre Perú y Ecuador en 2011, más allá de cerrar nuestra última frontera, echó por tierra el máximo argumento chileno en La Haya, ese que sostenía que la Declaración de Santiago de 1952 era un tratado de límites marítimos. ¿Pero cómo podría serlo si dos de sus tres signatarios (Perú y Ecuador) suscribían otro en 2011?  La conclusión se cayó de madura: la Declaración de Santiago no es un tratado de límites. No olvidemos la resignada declaración del internacionalista francés Jean Marie Dupuy, abogado de Chile contra el Perú en la CIJ, cuando señaló que Ecuador fue el gran ausente en La Haya. Esa ausencia no fue casual, tengámoslo en cuenta antes de alzar tanto la voz.

¿Y qué tienen que ver una cosa con la otra? Pues todo. A nadie le es extraña la injusticia cometida contra nuestro embajador en Ecuador, Javier León Olavarría, diplomático de larga e impecable trayectoria que está pagando el costo político de una situación que le es ajena. Pero también debe quedarnos claro que el gobierno peruano sí presentó una queja inicial a Ecuador por la vía diplomática y que el pedido de sustitución de Rodrigo Riofrío fue posterior a la negativa de Rafael Correa de retirarlo del Perú, lo que le correspondía hacer conforme con las formas diplomáticas más elementales. Los acontecimientos posteriores son harto conocidos, bravuconadas de Rafael Correa incluidas, pero resulta que hace dos años el mismo Correa fue fundamental para lograr un acercamiento de posiciones entre el Perú y Ecuador, y resulta que hoy sigue siendo fundamental para el mismo fin.

A dos meses del fallo, la prudencia de la cancillería peruana parece lo responsable a menos que se quiera ver a Chile y Ecuador de nuevo juntos, semanas antes de la sentencia de La Haya. Luego que sigan el carnaval y la comparsa, pero romper la unidad interior del país haciendo eco del exabrupto de dos mandatarios tropicales –sumo a Maduro al cuento- no parece lo sensato en estos momentos. A ver si lo vemos de esta forma.

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Sin mí no puede haber Dios

Daniel Parodi Revoredo

 

Soy la redondez del mundo,

Sin mí no puede haber Dios

Papas, cardenales sí,

pero Pontífices no

(antigua adivinanza criolla)

Cuando decimos que somos un país católico, no se trata únicamente de que una mayoría haya sido bautizada, sino de nuestra cosmovisión del mundo y cotidianidad. Cuando hablamos de catolicismo evocamos el “qué dirán” de ese Perú en el que la vida del otro fue (¿o es?) el entretenimiento favorito. Recordamos también aquella sociedad en la que las señoras mayores se camuflaban tras las celosías de los balcones coloniales para pillar adulterios de escándalo y, con el mayor entusiasmo, correr el rumor al cantar del gallo: “vi a fulanito saliendo a pie puntillas de la casa de menganita, ¡válgame Dios!”.

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Honesto y conservador

Pero aquí no se trata de lo mucho o poco que nos queda de la antigua tradición católica virreinal,  sino de la enorme paradoja al interior de una institución que siempre se posiciona irreductible en las trincheras más conservadoras de la moral occidental y que, a la vez, se ha mundanizado al punto de verse envuelta en escándalos de perversión sexual y corrupción económica. Al respecto, permítaseme compartir las siguientes anotaciones:   

1.- El celibato sacerdotal es una controvertida norma instaurada en el siglo XVI, durante el Concilio de Trento, con la finalidad de reprimir la “relajación moral” de los sacerdotes y evitar problemas de herencia con sus descendientes. En otras palabras, aseguró que el patrimonio de arzobispados y obispados permaneciese en la Iglesia. Más allá de las razones que lo inspiraron, el resultado obtenido ha sido siempre desastroso pues a su habitual rompimiento se le suma un fácil y permanente motivo de escarnio para sus detractores.       

2.-Me indigna que la homosexualidad de algunos prelados resulte motivo de preocupación en los investigadores de Benedicto XVI, debido a que convierte a los primeros en objeto de chantajes. En todo caso, el sexo heterosexual y el homosexual rompen indistintamente el voto de castidad del sacerdocio romano. Diferente es la pederastia, también pesquisada por Ratzinger, que es un crimen contra la inocencia que muchos canónigos practican y muchos obispos encubren. En un mundo ideal, sólo la pedofilia debería escandalizarnos y merecer público repudio.      

3.- La corrupción económica del Vaticano parece situarse en el centro de la renuncia del Pontífice. ¿De cuán grandes intereses hablamos para que el Papa encuentre en su abdicación la única salida decorosa? Si el Papa que decidió investigarlos acaba de tirar la toalla, ¿debemos colegir que la corrupción de un sector del Vaticano ha triunfado una vez más?

El 29 de septiembre de 1978, muy temprano por la mañana, un compañero de escuela me dijo que el Papa se había muerto. Yo le contesté que ya lo sabía porque se había muerto hace un mes. No, es el nuevo Papa el que se murió ayer, me respondió.  No voy a asociar tan fácilmente los escándalos de los Bancos Vaticano y Ambrosiano en la década de 1970 con la misteriosa muerte de Juan Pablo I, el Pontífice que se propuso indagarlos. Sí creo que hace décadas la feligresía católica y la civilización occidental se merecen de su Iglesia una profunda renovación intelectual, espiritual, ideológica y material. Si de la ICAR no brota una genuina orientación moral para nuestra sociedad, una en la que podamos creer y que nos sirva de guía, entonces ya no sé donde podremos encontrarla.            

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Mensaje navideño


SI les digo que no soy de ir a misa es porque suena mejor que decirles que no soy creyente; sin embargo suelo empaparme de lo que sienten y profesan las personas que me rodean y acabo mimetizándome en una celebración en la que intentamos mostrar lo mejor que tenemos. No me gusta el gran negocio capitalista de los regalos navideños, en donde muchas veces evitar el “qué dirán” es la razón de que la gratificación navideña –para quien la tiene- acabe en manos de algunos mercaderes más o menos mayoristas y para el que no la tiene pues peor porque ahora los bancos le dan a todos crédito navideño rápido con altas tasas de interés.

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Ron Damón

Sin embargo, yo también hago regalos y trato de que sean, a mi manera, especiales. Por eso estuve visitando a los anticuarios del libro del campo ferial Amazonas donde pude obtener un raro I-Chin de 1972 editado por Mirko Lauer para mamá Laura, una versión en alemán de Hamlet de 1840, otros dos textos de Shakespeare en inglés y una Historia de la Literatura española; además de un Redoble por Rancas de Manuel Scorza, y un Decameron de Giovanni Bocaccio. Este último es para entretenerme en Pimentel leyendo frente al mar.

No estuvo mal la cosa si se toma la Navidad en su sentido real de amor y de paz, pues elegí esos libros pensando en lo que podía agradarle a cada uno de mis seres más queridos y que me perdonen otros seres igual de queridos a quienes les he comprado otras cosas o no he podido comprarles nada porque viven cruzando el charco a miles de kilómetros de distancia. Ya habrá ocasión para enviarles algo sobre todo porque están a punto de ser tres en lugar de dos.

A Carolina, que es mi mejor regalo de 2012 porque ha supuesto la insospechada llegada del amor a mi vida, le dejé que escoja sus presentes sin darse cuenta, pero ya antes le había regalado una bella compilación de notas freudianas de Moisés Lemlij y la versión escrita de Psicosis, esa vieja película que le dio fama a Anthony Perkins. Otros regalos son económicos, como el qué le di a Máximo, mi ropavejero de toda la vida, con ochenta años y una cojera a cuestas, negro retinto y que al agradecerme me dijo que con el paso de los años “se estaba reduciendo a Mínimo”. Por cierto, me faltan “Barrabás” y Juan, los viejos canillitas del cruce de Salaverry y Pershing, los que en el año ochenta me vendían Don Sofo mientras esperaba la 59b para irme a cursar primero de secundaria en el colegio Franco-Peruano.

Y me falta Eugenia, mi querida nana Eugenia –y lo digo sin ser rico y sin la menor intención de emular a Alfredo Bryce o a Jaime Bayly- que ahora trabaja conmigo una vez por semana más por el gusto de darnos un beso semanal que por necesitarlo ella o yo. En fin me gustaría dejarle flores a papá Ezio en el mar de San Bartolo Norte, donde hace décadas pasamos con él y mamá los mejores veranos de nuestras vidas y me parece, que sin quererlo, acabo de comprender por qué La Navidad es importante. FELIZ NAVIDAD

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Queridos amigos:

Su blog PALABRAS ESDRÚJULAS les desea una Feliz Navidad y que tengan un próspero año 2013; que el próximo año la sentencia de La Haya sea acatada de inmediato por ambas partes para beneficio de la reconciliación binacional. Y que el Perú avance haciéndose cada día más justo, inclusivo y solidario.

Daniel Parodi Revoredo


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Queridos amigos:

Su blog PALABRAS ESDRÚJULAS ha superado las 200.000 visitas. Gracias a todos por su preferencia y confianza.

Daniel Parodi Revoredo

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MARKARIAN Y PIZARRO


Daniel Parodi Revoredo


Tal vez no debería escribir esta columna. En realidad no soy especialista en fútbol y lo más probable es que en ella se expresen, más bien, mi pasión y desconocimiento. Pero es precisamente por eso que lo hago, porque con mis palabras puedo expresar el sentir de parte de la hinchada.

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Igual les deseo suerte


Markarián comenzó bien el proceso hacia Brasil 2014. Hubo humildad, disciplina y logró armar un grupo unido, sólido y con muy buena disposición hacia el trabajo y la obtención de metas importantes. En este periodo “el mago” consolidó lo que realmente se necesita para triunfar en cualquier deporte colectivo: un equipo.

El cenit de la experiencia fue la Copa América 2011, el único momento medianamente triunfal al que ha asistido la afición peruana desde 1981, cuando clasificamos al Mundial de España. Cuando hablo de esto todavía se me vienen a la memoria los goles de Lobatón y Vargas ante Colombia, sin duda el punto más alto de la era Markarian. Pero después todo cambió y creo que él es el principal responsable.

Todo cambió desde que Markarián desarrolló una innecesaria dependencia hacia los llamados “4 fantasticos”, Guerrero, Vargas, Farfán y Pizarro, pero cambió, sobre todo, porque permitió que, una vez más, Claudio Pizarro tome posesión de la selección y destruya todo lo avanzado: la unidad, el grupo, la disciplina, todo. Lo más triste es que no es primera vez.

Por eso hoy veo en Markarián un entrenador que depende demasiado de sus cuatro paladines ofensivos, a los que alinea juntos incluso cuando juega de visita; un entrenador que los extraña demasiado cuando no están, al punto de declararlo pública y quejumbrosamente, en claro desaire a los que sí están; un entrenador que los consciente demasiado al punto que nada dijo cuando Farfán dizque se intoxicó y Pizarro abandonó la concentración, viajó, regresó, pero no jugó; ni tampoco esta última vez, cuando supuestamente fingió una lesión en complicidad con el Bayer para no viajar a Costa Rica.

Ante todo esto me pregunto qué pensará en el fondo Paolo Guerrero a quien de seguro van a quitarle la cinta de capitán para dársela a Claudio Pizarro. Todo esto adicional al error táctico de alinear a los “4 fantásticos” juntos en función de ataque, así sea de local. Tal vez resulte contra Venezuela, ¿pero funcionara contra la Argentina de Messi?

Así nos acercamos a una fecha doble con estrellas pero sin equipo, con mucha incertidumbre y sin unidad porque en alguna parte del camino a Markarián se le olvidó que primero se arma el equipo y que a éste sólo deben añadírsele las estrellas que garantizan no quebrarlo. A esta lectura crítica del proceso, el anuncio de que los jugadores serán concentrados desde hoy 4 de setiembre parece una buena noticia, así no habrá –supuestamente- ni intoxicados, ni viajecitos insólitos, ni juergas, ni putas, ni demás perlas.

Con 3 puntos y pocas chances, lo menos que podemos pedir los hinchas es respeto y honestidad. Si se pierde que se pierda tratando de ganar y sin darle ventajas extradeportivas al rival porque si se gana será porque Markarián retomó las riendas de la selección y reconstruyó el grupo unido y humilde que una vez nos regaló el tercer lugar en la Copa América.


19/04/12: @daupare

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Estimados lectores:

Para anunciarles que estoy en twitter en:

@daupare

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mi twitter es @daupare



Cordialmente

Daniel Parodi Revoredo
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POR LA AUTONOMÍA DE LA PUCP


Yo en la PUCP soy un profesor contratado que renueva su vínculo cada semestre y por ello soy el lado más débil de la cuerda. Sin embargo somos lo que somos y es en estos momentos cuando debemos dar la cara con nuestra integridad en defensa de nuestros principios.

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Miguel Giusti defiende la autonomía de la PUCP

Yo no concibo una PUCP que no sea autónoma, yo no concibo el aula si no es el lugar en donde alumnos y profesores vivenciamos una experiencia intelectual de libertad. Por todo ello suscribo el pronunciamiento adjunto de Miguel Giusti, en todos sus extremos.

Creo, verdaderamente, que la autonomía de la PUCP está en riesgo y que debemos luchar por defenderla; por eso me opongo a los contenidos del pre-acuerdo con el arzobispado que se ha difundido y cuestiono la celeridad en la convocatoria a la Asamblea del 13 próximo; yo espero que el Rector nos convoque a todos al auditorio como ha hecho en otras ocasiones y espero, dentro del espíritu plural que tanto se ha invocado ultimamente, que las opiniones divergentes sean respetadas.

Saludos cordiales

Daniel Parodi Revoredo


PUCP: “está en serio riesgo nuestra autonomía”


Queridos amigos:

La situación ante la que se encuentra nuestra universidad en estos momentos me parece sumamente grave porque creo que está en serio riesgo nuestra autonomía. Sin desconocer el esfuerzo del Rectorado por alcanzar un acuerdo que respete la posición tomada por la Asamblea en septiembre del año pasado, creo que el documento que nos ha alcanzado no reúne las condiciones como para ser aceptado, ni en la forma ni en el fondo, y quisiera explicarles por qué soy de esta opinión. Lamento tener que opinar en contra de lo que nos pide expresamente el Rectorado, por cuya conducción de la universidad he tenido y tengo el máximo respeto, pero me parece que es el momento de dar a conocer nuestros pareceres, o de disentir, sobre lo que pueda ser mejor para nuestra universidad.


La forma

El Rectorado solicita de la Asamblea un voto a favor del acuerdo, en bloque y en un plazo muy próximo. Pero el documento está muy lejos de ser claro en muchos puntos, o de ser en todos sus aspectos aceptable, por lo que una aprobación en bloque nos obligaría a aceptar lo inaceptable. El plazo tan próximo, además, impide una reflexión más seria o un proceso de maduración sobre la naturaleza y las consecuencias de los cambios propuestos. Conviene recordar que los plazos perentorios no han sido puestos por nosotros y que su fijación, al modo de un ultimátum, no se condice con el espíritu de diálogo que debería primar en las relaciones que mantenemos con la Iglesia.

El fondo. La elección del Rector

Si se analizan y complementan entre sí todos los cambios propuestos con respecto a la elección del Rector, el resultado me parece un serio recorte a la autonomía de la Universidad. En apariencia, se preserva la atribución de la Asamblea para elegir al Rector, aun cuando se concede al Arzobispo el derecho de emitir una opinión-valoración de los candidatos. Ya esta concesión es obviamente una suerte de derecho de veto o al menos de presión de la comunidad universitaria.

Pero si se hubiese quedado ahí, quizás habría podido pese a todo aceptarse. El problema es que ahora se añade un requisito para poder ser rector o vicerrector, a saber: “llevar una vida en fidelidad al Magisterio de la Iglesia”. Este requisito conlleva un serio peligro, porque, aun cuando no se dice nada acerca de a quién le corresponde la competencia para decidir si un candidato cumple o no ese requisito, es claro que sobre el Magisterio de la Iglesia solo puede decidir el propio Magisterio de la Iglesia. El “Magisterio” no es la doctrina, ni el espíritu, ni los principios o los valores del cristianismo o la Iglesia (en un sentido genérico), sino la enseñanza de la Iglesia tal como la comprende, registra y administra la autoridad de los obispos[1]. Si la autoridad episcopal es por definición la competente en la materia, entonces esto quiere decir, en buen castellano, que el Arzobispo podrá decidir (o creerá tener la autoridad legítima para decidir) quién podrá ser candidato a Rector en nuestra universidad. Quien haya escuchado a Monseñor Cipriani en su intervención en el programa La Hora N de Jaime de Althaus el 4 de abril, habrá visto claramente cómo interpreta él esta prerrogativa. Se comprende entonces por qué ha renunciado a su propuesta anterior de elegir al Rector de una terna: porque eso ya no le hace falta, dado que para ser candidato a Rector habrá que contar con la autorización episcopal, vale decir, del “Magisterio” de la Iglesia. Pero además, sorprende que se haya aceptado una fórmula que exige “llevar una vida en fidelidad a”, porque eso equivale a someter a evaluación la vida personal y las ideas de los candidatos. En efecto, aquí entra a tallar el segundo aspecto de la noción de “Magisterio”: el de la enseñanza ortodoxa, porque, repito, esa noción designa al bagaje de enseñanzas de la Iglesia tal como lo interpreta la autoridad episcopal. En otras palabras: un profesor que haya escrito cualquier tesis o expresado cualquier idea en algún libro (sobre cualquier asunto de moral, política, vida eclesial, ciencia, filosofía o cualquier materia problemática), o uno que no se haya casado por la Iglesia o sea divorciado o que en cualquier otro sentido, siempre según interpretación de los obispos, no sea “fiel” al “Magisterio”, no podrá ser candidato a Rector. El Rectorado comenta que este nuevo requisito no sería sino una “especificación” del artículo ya existente, que dice: “identificarse con los principios, valores y fines de la Universidad”. Por lo dicho, es obvio que no se trata de una especificación sino de algo muy diferente. El artículo de nuestro Estatuto es mucho más sobrio y no conlleva censura alguna de la vida y las ideas de los profesores.

Por si ello fuera poco, se ha aceptado además incluir entre las atribuciones del Gran Canciller: “Recibir la profesión de fe del rector y los vicerrectores, para empezar a ejercer sus cargos”. Un acto de sumisión de esta naturaleza, que no ha estado nunca presente en nuestro Estatuto, me parece extemporáneo y de mal gusto, y está reñido con la dignidad del oficio de profesor universitario. Para colmo, queda por precisar aún el tenor (el texto) de esa profesión, pero, dado el contexto en el que se está introduciendo, no cabe pensar sino en lo peor.

La Comisión Económica Especial

Con respecto a la creación de la Comisión Económica Especial, me pregunto hasta qué punto ella no equivale a un reconocimiento implícito (y voluntario) de que nuestra universidad no es plena propietaria de sus bienes, pues admite que debe rendir cuenta de ellos ante otra institución privada (la Iglesia), a la que se concede entonces el derecho de pedir cuentas. Concuerdo con el documento cuando afirma que no deberíamos temer el rendir cuentas porque no tenemos nada que ocultar. Pero para eso existen, en los sistemas democráticos, mecanismos o instancias legales que no alteran los derechos de propiedad, como la Contraloría, o la SUNAT, o las auditorías externas. Mejor (menos equívoco y más coherente) sería, en ese sentido, obligarse a rendir cuentas ante alguno de estos organismos y permitir el acceso a dichas cuentas a los representantes de la Iglesia.

De otro lado, sorprende que la composición de la Comisión Económica sea de 1 miembro de nuestra universidad y 2 miembros del episcopado. Estamos aceptando, en el contexto de este conflicto, ser siempre minoría. Y ello se vuelve más problemático todavía cuando leemos que esta Comisión tendrá voto dirimente cuando haya desacuerdos en el seno de la Junta Administradora. (El documento sostiene que el Arzobispo ha “renunciado voluntariamente” a ejercer la función dirimente en la Junta; a la luz de lo expuesto, es obvio que esa renuncia se da porque ya no necesita ese voto, dado que lo tiene en la Comisión Económica).

En el documento se intenta restar importancia a las atribuciones de la Comisión, argumentando que ésta supuestamente solo intervendría en casos de inversiones de gran monta, pero se incluye entre ellas la aprobación del plan trienal de inversiones de la Universidad. Dado que la Comisión tiene mayoría del episcopado y posee además voto dirimente en los asuntos de la Junta Administradora, no me parece nada desdeñable el poder que se le estaría concediendo.

Las reformas del Estatuto

Se ha incluido un punto en el acuerdo según el cual en el futuro las reformas de nuestro Estatuto “que afecten los derechos de la Iglesia en la Universidad”, “requerirán de la aprobación del Dicasterio para su entrada en vigencia”. También aquí hay el peligro de una seria cesión de autonomía. El propio documento reconoce que este artículo “técnicamente, es un derecho a veto”, pero presume que ello no sería un problema porque solo tendría vigencia “en los temas que la involucran (a la Iglesia)”, mas no en todos los demás, sin precisar cuál sería la diferencia entre unos y otros. Pero, como es obvio, la Iglesia podría considerar que todos los temas de la vida universitaria “la involucran” o “afectan sus derechos”, porque eso puede inferirse fácilmente de las diversas atribuciones genéricas que se le conceden, empezando por la elección del Rector, la administración de los bienes, la profesión de fe o la fidelidad al Magisterio de profesores, administrativos y alumnos. En resumidas cuentas, el artículo en cuestión extiende virtualmente de manera indefinida el derecho a veto de nuestros cambios estatutarios.

La Junta Administradora

En relación con la Junta Administradora parecería haberse llegado a un acuerdo razonable y aceptable, con algunas salvedades, pero sobre este punto el propio arzobispado ha dado marcha atrás, de manera que no sabemos a qué atenernos. Ya se ha señalado, sin embargo, que, en el acuerdo, las discrepancias de interpretación que ocurran en la Junta serán dirimidas por la Comisión Económica Especial, en la cual el episcopado tiene mayoría. Si, por hipótesis, el representante del arzobispo en la Junta Administradora decidiera bloquear sistemáticamente todas nuestras iniciativas, ello obligaría a recurrir continuamente al voto dirimente de la Comisión Económica, en la cual tenemos siempre minoría. Esto daría carta blanca a los obispos para decidir a voluntad y de manera sistemática sobre los asuntos de la marcha administrativa de nuestra universidad.

El “carácter” pontificio y católico

Se ha añadido una breve frase al art. 1 de nuestro Estatuto que dice: “Por su carácter pontificio y católico… la PUCP es una comunidad de maestros, etc.…” Si entiendo bien (o mal, que es mejor), esta breve frase es un modo de insertar en nuestro Estatuto que la PUCP tiene una vinculación de dependencia institucional, o jurídica, o canónica o de otro tipo en relación con la Iglesia, vinculación que podría dar pie a que dicha frase fuera utilizada por la Iglesia para reclamar propiedad o sujeción canónica. No tengo argumentos suficientes para sostener que esto vaya a ocurrir, pero temo que su mera posibilidad es la razón por la que debe haberse incluido esta frase.

El argumento pragmático

En el documento del Rectorado se nos invita a considerar pragmáticamente la situación y a tener en cuenta que los beneficios del acuerdo serían considerablemente más altos que sus costos, pues de esa manera se pondría fin a un conflicto desgastante que mantiene ocupada y en tensión a la Universidad desde hace muchos años. Para hacer más persuasiva la invitación, se nos advierte que en caso de no aprobar el acuerdo, no seríamos ya nosotros sino los tribunales peruanos los que tendrían la última palabra. Y se da a entender, claro está, que el acuerdo preserva la autonomía de la Universidad y la libertad de cátedra, además de que las concesiones estarían ya de algún modo enraizadas en nuestro Estatuto vigente.

Hay que reconocerle, por cierto, al Rectorado, que haya respetado y hasta consignado en el documento la necesidad de someter el acuerdo a la decisión de la Asamblea. Pero quisiera hacer dos consideraciones sobre esta invocación pragmática.

En primer lugar, sorprende el repentino cambio de política por parte del Rectorado. Durante varios años, se ha mantenido una línea principista dura (y hasta inflexible) en la confrontación con la jerarquía de la Iglesia y se ha enviado un mensaje tranquilizador a la comunidad universitaria, asegurándole que teníamos una posición jurídica sólida en los dos frentes del conflicto. Esa política ha dado sus frutos, es decir, ha fortalecido la cohesión de la comunidad universitaria en la defensa de su autonomía y ha transmitido a los profesores la convicción de que estamos en condiciones de preservar con buenos argumentos y políticas inteligentes los valores fundamentales de nuestra vida universitaria. Ahora, en cambio, se nos pide ser más flexibles con los principios y se sugiere que nuestra posición jurídica es débil.

Pero aun en sentido pragmático, tengo la impresión de que el acuerdo no nos es favorable. Por lo que he expuesto antes, creo que es más lo que perdemos que lo que ganamos. En la elección del Rector, en la propiedad de los bienes, en la cesión de la mayoría a la Comisión Económica Especial, en el procedimiento de reforma de nuestros estatutos, como en otros puntos, se hacen concesiones que, por decir lo menos, ponen en serio peligro nuestra autonomía.

No está dicho, por cierto, que los cambios del Estatuto hayan de interpretarse o aplicarse de una manera desfavorable para nosotros, pero esa posibilidad existe y de ella deberíamos defendernos. En las consideraciones de tipo pragmático, no puede dejar de tenerse en cuenta con quién estamos haciendo el trato. Por sus convicciones religiosas y políticas, así como por su vieja y militante posición contra nuestra universidad, Monseñor Cipriani no ha ocultado nunca sus intenciones ni ha tenido reparos en utilizar los medios a su alcance para tratar de imponerlas. Suponer ahora que ha cambiado de opinión o que hará uso cándido de las atribuciones o las posibilidades de intervención que le otorga el acuerdo, sería pecar de ingenuidad pragmática. De esto tenemos ya pruebas más que suficientes en sus primeras declaraciones en el programa mencionado de Jaime de Althaus.

Qué hacer entonces

Por la forma en que ha sido presentado el documento, pareciera que nos encontráramos ante una encrucijada de vida o muerte, de todo o nada. Y esta sensación está difundiéndose entre la comunidad universitaria, razón por la cual algunos están dispuestos a ceder por temor y otros por resignación. Me parece muy importante que tratemos de contrarrestar esta impresión.

Lo primero que deberíamos hacer, me parece, es no aceptar el acuerdo, al menos no en bloque y no en el plazo fijado. La decisión que tomó la Asamblea en septiembre del año pasado fue no aceptar la propuesta de modificación enviada por el Vaticano, reafirmar nuestra autonomía y mantener la disposición al diálogo con la Iglesia. Esta decisión era y sigue siendo firme y prudente, y no me parece que hayan cambiado las condiciones lo suficiente como para modificarla. Corresponde, creo, reafirmar ese acuerdo: no aceptar la actual propuesta por lesionar nuestra autonomía y mantener nuestra disposición al diálogo.

De aquella decisión de la Asamblea hay dos puntos que destacar. El primero es que nuestra universidad posee ya un Estatuto que reconoce inequívocamente su filiación católica y su vinculación con la doctrina de la Iglesia, y que con él hemos vivido durante décadas sin tener conflictos con la jerarquía. Los conflictos tienen lugar y fecha de inicio, y nombre y apellido. El segundo punto a destacar es que la Asamblea no ha cortado la comunicación con la Iglesia, sino ha declarado expresamente su voluntad de dialogar y de llegar a un acuerdo. Pero no a cualquier precio.

La sensación de estar en una encrucijada vital proviene sin duda de los plazos que se nos han impuesto. Pero no me parece que debamos someternos a ellos ni aceptar la precipitación en la toma de decisiones o la amenaza velada. Puede ser que reafirmar en estos momentos el acuerdo de la Asamblea del año pasado, nos lleve a una confrontación mayor o hasta a una ruptura. Pero puede ser también que esto no ocurra. Así como no tenemos por qué aceptar plazos, tampoco tenemos por qué terminar nosotros con la disposición al diálogo.

¿Volveremos entonces a los conflictos con la jerarquía y continuaremos con los juicios pendientes, quién sabe por cuánto tiempo? Si ello tiene que ocurrir por defender nuestra autonomía y la calidad de nuestra universidad, o por impedir que el pensamiento católico más reaccionario penetre de algún modo en nuestro campus, tendremos que hacerlo. Es nuestro deber hacerlo, cueste lo que cueste. Hay mucha gente honesta y competente entre nosotros que puede prestar su ayuda para defender de manera inteligente nuestra causa en todos los frentes, como lo ha venido haciendo precisamente el equipo rectoral en los últimos años con el respaldo de la comunidad universitaria.

Finalmente, quisiera también decir que no deberíamos tener miedo a una agudización del conflicto. No creo que se produzca una ruptura, porque el resultado podría ser muy destructivo, o tanático, para el país y para la propia Iglesia. También la Iglesia hará su propia reflexión pragmática, no lo dudemos. Pero si la ruptura llegara, haríamos bien en asumirla, no con temor, sino con tranquilidad y conciencia histórica. Hay muchos casos, en el pasado y en la historia reciente, de instituciones académicas o científicas que han tenido que pasar por un cambio radical para poder madurar o mantener su vitalidad. Y ello ha ocurrido también en los últimos años entre varias universidades católicas y la jerarquía de la Iglesia. Cuando los cambios son necesarios, porque está en juego algo muy valioso y esencial que defender, como en nuestro caso, los costos son ciertamente mucho menores que los beneficios. Mantengamos la firmeza y la calma. Creo que tenemos el viento de la historia a nuestro favor.

Miguel Giusti
Profesor del Departamento de Humanidades
5 de abril del 2012

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[1] Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escritura (sic), ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo” (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. (Parte 1ª, Secc. 1ª, cap. 2, art. 2, III)