Como se ha comentado antes, los factores de segundo orden son ajenos a la acción directa de un individuo. Son situaciones que no dependen de un acto directo de parte de uno para corregirlos o tolerarlos, tienen que ver con una dimensión mayor y externa como es la sociedad en general y las políticas nacionales –y a la vez dichas políticas pueden ser determinadas por el enfoque del tipo de gobierno a cargo y las influencias extra nacionales que dicten directrices, como aquellas provenientes de “organismos pensantes” como la UNESCO, OCDE, BM, FMI y otras más-.
Nota del autor: Por sus siglas; Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Hace años, me tocó estar presente en un enfrentamiento político donde la Sección Nacional del Sindicato simplemente desconoció a la Sección Estatal de la cual yo soy afiliado. Cuando esa noticia se dio en ese mitin ya cercana la noche, en verdad me sentí abrumado. Sin embargo pude percibir que otros docentes con más experiencia en la pugna política evocaban pasajes anteriores como antecedente similar y, realmente no mostraban tanta preocupación.
Pero el mundo educativo y económico está reacomodándose constantemente, por el contexto actual que es cada vez más adverso, más inestable en lo económico y más dependiente de opiniones de poderosos organismos. Y es que ahora vivimos una época crítica donde aspectos como la capacidad de ofrecer empleo a los ciudadanos de una nación o de mantener un sistema de seguridad social se ponen en duda. Los beneficios o prestaciones de gremios laborales parece que estorban a los nuevos intereses de naciones que se muestran indolentes, inconcientes o ajenas a los derechos elementales de su población.
Las llamadas “reformas” a las leyes existentes aparecen como ominosos atentados contra una seguridad social y laboral a la que uno ya estaba acostumbrado. Y quizá este sea parte del problema; el miedo a un cambio que, para muchos es algo necesario. ¿Pero es posible creer en “ese cambio” cuando viene de personajes y partidos políticos cuestionables? ¿Se puede convencer a alguien que una reforma nueva es abrumadoramente mejor y otorga mayores beneficios –a pesar de la adversidad actual- que el viejo sistema ya conocido por todos?
Yo en definitiva pienso que por la educación se puede hacer mucho más de lo hasta ahora hecho, y que cantidades exageradas de recursos económicos se siguen despilfarrando en asuntos ajenos al beneficio del educando. En fin, la educación debiera ser evaluada, estimulada y remunerada responsablemente y a los docentes ofrecer centros de trabajo equipados y saludables (*), en lugar de sueldos exagerados (en ambos extremos, ya sea de derroche económico o de miseria irresponsable), pero estas reformas difícilmente podrán ser aceptadas en contextos de impunidad, donde tanto los políticos y sindicatos (con sus docentes) se han acostumbrado a mover los intereses de manera unilateral e irresponsable.
¿Qué se puede hacer en torbellinos politicosociales así? Recurrir a las habilidades vitales más positivas y optimistas (no caer en el fatalismo o miedo irracional), socializar con pares los escenarios tanto positivos como negativos por venir… pero sobre todo, hacer un análisis personal profundo –si es que el docente puede hacérselo todavía- y visualizar qué cuáles son aquellos aspectos relacionados con la personalidad, la preparación y la vida a vivir con plenitud que deben mejorarse.
(*) Esta idea de un centro de trabajo saludable es algo muy complejo que he decidido desarrollarla en una entrada posterior.

Esta imagen de internet me hizo pensar en miedos y temores hacia los cambios que, deseados o no, forman parte de una época inestable que nos afecta a todos, no solamente a determinados grupos humanos o laborales.
ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS










