05 oct '09-23:51
Espasmo

Mi madre acaba de estar junto a mí, como desde el inicio, me ha dicho palabras sin más, resignada…Mi madre me arranca las lágrimas del estómago, replicándome mientras sentencia la tragicomedia que es mi vida. Mis explicaciones las atiende sin comprenderlas, solo son razonables las suyas…

2003

21 ago '09-14:43
Hada terráquea

En momentos de desesperación, de irreprimible emoción contenida, pienso en ella; en sus heliogábalas acciones de niña rigurosa paseando su gracia sobre un vuelo ligero que son sus pasitos de pensamientos dorados elevándose hasta el mas noble sentimiento puro y llano. Despierto en la noche perdida pensando en que su voz ha olvidado ya sus mentiras, y la reconozco ajena, inexpugnable; tocándose las ideas de un bermellón intenso saliéndose de sus labios hacia el oropel sedoso de sus príncipes forjados en gloria mezquina. Le disputo a mis sueños la victoria de mis derrotas, me conduzco entre hálitos de piedra, solo, cabizbajo; entre una maraña de silencios sin su nombre, sin sus cabellos, sin la gracia de su alma. Elijo entre mis demonios que ella sea de mis perdiciones, la preferida, por ser ágata, objeto flamígero de condición halada; hada terráquea, por poseer el genio de su belleza; única, por ser de entre todas, la que convierte a sus fieles sin decir una sola palabra; gélida...


2005

19 ene '09-22:55
Sin título( De poemas defenestrados )

a través de_2000

El y yo casi siempre coincidimos en la puerta de mi casa, cualquiera que fuese ésta, tal vez en una caja de zapatos o quizás en algún castillo del imperio de los bienaventurados. Vestimos con el afán de complacer nuestras miradas pero todo no es más que un vano intento. Y es que estar juntos nos merece el abucheo total. Nos detestamos en un saludo de compasión mutua y confraternizamos agonizando en un suspiro redentor y seco. La mañana se muestra repetida y el protagonista crónico, también. Me volé un dedo ayer, ahora me quedan solo dos, ya ni si quiera me crecen. La mañana acoge mis primeros pasos, se adelantan y me abandonan presurosos mientras la vereda les muestra el camino de ayer, el que tomo ahora y el que seguramente tomaré mañana; pero ellos no aprenden y lloran resignados tratando de actuar en felicidad esperando que rostros de casitas al color guíen su destino incierto. Caminan y caminan y se vuelven a topar con aquellas inolvidables fachadas acústicas que parecen sonreír siempre como mujeres en boga, líquidas, hermosas. Luego estoy ahí , recién llegado de algún lugar, en el vagón de siempre, prisionero de no estar muerto, recorriendo al milímetro kilómetros de calco ceñido, desconociéndome constantemente por culpa de un tal ...
Ficción, solo quisiera ser un personaje de ficción y en un pensamiento de amor correcto materializo balas en estallidos gloriosos dentro de cráneos seudo humanos, pechos llorando sangre, ojos salpicados en defunción, regados contra el cemento aún laten con algo de emoción buscándose unos a otros para no quedar solos. Y los hombres que saben del bien y del mal se miran entre sí pero yo los observo a través de un cristal blando, a todos, y ellos no me ven, se encogen y desaparecen.


2001

08 ene '09-13:30
¿Por qué dejaría de recordar?

...simples reflexiones...

¿Por qué dejaría de recordar?

En ocasiones, a diferencia de aquellos quienes piensan que el hallazgo de recuerdos aparentemente inútiles son síntomas de algún tropiezo procurado por el equívoco ejercicio de una mente débil y congestionada; otros, sin una pizca de vergüenza, cobijamos en ellos, presos de su vigencia oculta, ese irreprimible sentimiento de evocación en la que, cual memoriosos ‘inoportunos’, intentamos defender, seguros de nuestro propósito, ese pedacito de intimidad, fácilmente confundida o de algún modo complacientemente interpretada como nostalgia.

De nostalgia y otros visibles disfuerzos parecemos sufrir cuando notamos alguna carencia en nuestras vidas; normalmente ignoramos aquella sensación, inadvertida se nos cuela peleándole a la indiferencia de nuestras preocupaciones un lugar de importancia; poco a poco, ya sea como consecuencia de las circunstancias o en forma espontánea, el recuerdo surge, cala, pero sobre todo, engaña.

Evocamos acontecimientos cotidianos muchas veces por necesidad y otras por mecanismos de simple asociación involuntaria, pero sea cual fuese el motivo, nuestra mente, víctima y cómplice de sus propias experiencias, tiende a convertir nuestros recuerdos en una anhelada colección de delicado y minucioso trabajo de edición. Así, momentos de efímera satisfacción o mediocre vivencia vuelven repentinamente convertidos en inolvidables sucesos, dignos de recordación. Y hasta incluso malos ratos, lo suficientemente sazonados, pueden llegar a ser parte de lo más atractivo en un siempre inevitable recuerdo.

Si en la elección de nuestros recuerdos tuviéramos algo que ver, si pudiéramos echarle mano sutilmente logrando discriminar la permanencia de unos y el olvido de otros hasta quedarnos con los verdaderamente satisfactorios, con los inofensivos o con los meramente fantasiosos, estoy seguro terminaríamos arruinando nuestra “experiencia de vida”. Manipular aquel concierto de impresiones sería como evidenciar nuestro afán por deshumanizarnos, por librarnos de aquello que creemos una carga por representar ese lado consciente y reflexivo de nuestra persona. Consideremos como un don la incapacidad del olvido programado, ya que esta nos sumiría en la insensibilidad y falta de carácter, además de seguro impedirnos crecer como personas.

2005

19 oct '08-19:23
A ver qué se quedó en la libreta

...una raya más al tigre, ya incluso había olvidado este pequeño texto que me huele a otro tiempo...


Magritte



Sin título


La ciudad enfunda a sus héroes de ficción, los de antes y los de ahora, los verdaderos y los que nunca los fueron; los protege del berrido azufrado e intenso que son mis pensamientos, los reparte presurosos lejos de las fauces intrusas de un demonio liberado...
¿Te llevé alguna vez conmigo? Creo que no. Permanecías callado junto a la puerta, con la mirada perdida en aquel cuadro de colores tristes, ese que tú pintaste con lágrimas del cielo un día después de tu llegada. Para ser un invitado imprevisto llegaste demasiado pronto, porque hasta para los huéspedes inesperados se necesita un poco de planificación. Pero tú llegaste en el peor y en el mejor momento de todos. Te encontré un martes por la tarde recostado en mi sillón de lectura, estabas dormido y un tanto traslúcido como cuando solías pensar en cosas tristes, te desvanecías entero sin temor a desaparecer y es que hasta tus sueños podía yo verlos en plan de fuga. Mucho tenían de mujeres, mucho de fama subterránea, de promesas vacuas convertidas en lágrimas cuadradas. Desde ese momento aprendí a verte con los ojos cerrados con el único propósito de sentirte, contagiarme de tu tristeza encuadernada, solo intentar morder sensaciones, ni si quiera entenderlas. Sé que tú eres el único testigo de este horrendo crimen; de esta estúpida e impertinente vigilia de hombres macrófalos y mujeres en cuclillas; de este fin de especie necesaria y bulliciosa. Tú y solo tú me confirmas a cada momento este sueño impune del cual tenemos escrita ya la última página. Me veo reflejado en ti a cada instante y entonces pienso que no estoy solo. Pregunto lo que no debo, mas tu silencio no sabe de indiscreciones y de inmediato me son develados hasta el más inútil de los secretos. ¡Calma! ¡Calma! Un día como hoy dentro de mil años volverás a estar aquí, junto a mí, recordando, seguro con un poco de nostalgia, aquel par de minutos infaustos en los que por primera vez te mostré a qué me refería cuando te hablé del Titanus y te di muerte en ese pequeño cuarto destinado a tu estancia.

2003

...tenía que haber un sillón...siempre he sido un perezoso...