2003
05 oct '09-23:51
Espasmo
2003
21 ago '09-14:43
Hada terráquea
2005
19 ene '09-22:55
Sin título( De poemas defenestrados )
Ficción, solo quisiera ser un personaje de ficción y en un pensamiento de amor correcto materializo balas en estallidos gloriosos dentro de cráneos seudo humanos, pechos llorando sangre, ojos salpicados en defunción, regados contra el cemento aún laten con algo de emoción buscándose unos a otros para no quedar solos. Y los hombres que saben del bien y del mal se miran entre sí pero yo los observo a través de un cristal blando, a todos, y ellos no me ven, se encogen y desaparecen.
2001
08 ene '09-13:30
¿Por qué dejaría de recordar?
¿Por qué dejaría de recordar?
De nostalgia y otros visibles disfuerzos parecemos sufrir cuando notamos alguna carencia en nuestras vidas; normalmente ignoramos aquella sensación, inadvertida se nos cuela peleándole a la indiferencia de nuestras preocupaciones un lugar de importancia; poco a poco, ya sea como consecuencia de las circunstancias o en forma espontánea, el recuerdo surge, cala, pero sobre todo, engaña.
Evocamos acontecimientos cotidianos muchas veces por necesidad y otras por mecanismos de simple asociación involuntaria, pero sea cual fuese el motivo, nuestra mente, víctima y cómplice de sus propias experiencias, tiende a convertir nuestros recuerdos en una anhelada colección de delicado y minucioso trabajo de edición. Así, momentos de efímera satisfacción o mediocre vivencia vuelven repentinamente convertidos en inolvidables sucesos, dignos de recordación. Y hasta incluso malos ratos, lo suficientemente sazonados, pueden llegar a ser parte de lo más atractivo en un siempre inevitable recuerdo.
Si en la elección de nuestros recuerdos tuviéramos algo que ver, si pudiéramos echarle mano sutilmente logrando discriminar la permanencia de unos y el olvido de otros hasta quedarnos con los verdaderamente satisfactorios, con los inofensivos o con los meramente fantasiosos, estoy seguro terminaríamos arruinando nuestra “experiencia de vida”. Manipular aquel concierto de impresiones sería como evidenciar nuestro afán por deshumanizarnos, por librarnos de aquello que creemos una carga por representar ese lado consciente y reflexivo de nuestra persona. Consideremos como un don la incapacidad del olvido programado, ya que esta nos sumiría en la insensibilidad y falta de carácter, además de seguro impedirnos crecer como personas.
2005
19 oct '08-19:23
A ver qué se quedó en la libreta

Sin título
¿Te llevé alguna vez conmigo? Creo que no. Permanecías callado junto a la puerta, con la mirada perdida en aquel cuadro de colores tristes, ese que tú pintaste con lágrimas del cielo un día después de tu llegada. Para ser un invitado imprevisto llegaste demasiado pronto, porque hasta para los huéspedes inesperados se necesita un poco de planificación. Pero tú llegaste en el peor y en el mejor momento de todos. Te encontré un martes por la tarde recostado en mi sillón de lectura, estabas dormido y un tanto traslúcido como cuando solías pensar en cosas tristes, te desvanecías entero sin temor a desaparecer y es que hasta tus sueños podía yo verlos en plan de fuga. Mucho tenían de mujeres, mucho de fama subterránea, de promesas vacuas convertidas en lágrimas cuadradas. Desde ese momento aprendí a verte con los ojos cerrados con el único propósito de sentirte, contagiarme de tu tristeza encuadernada, solo intentar morder sensaciones, ni si quiera entenderlas. Sé que tú eres el único testigo de este horrendo crimen; de esta estúpida e impertinente vigilia de hombres macrófalos y mujeres en cuclillas; de este fin de especie necesaria y bulliciosa. Tú y solo tú me confirmas a cada momento este sueño impune del cual tenemos escrita ya la última página. Me veo reflejado en ti a cada instante y entonces pienso que no estoy solo. Pregunto lo que no debo, mas tu silencio no sabe de indiscreciones y de inmediato me son develados hasta el más inútil de los secretos. ¡Calma! ¡Calma! Un día como hoy dentro de mil años volverás a estar aquí, junto a mí, recordando, seguro con un poco de nostalgia, aquel par de minutos infaustos en los que por primera vez te mostré a qué me refería cuando te hablé del Titanus y te di muerte en ese pequeño cuarto destinado a tu estancia.
2003









