Como todo en mi vida (probablemente en la de los demás también y no me he enterado), las cosas siempre suceden por algo. El problema es cuando las cosas no suceden por nada, o si suceden, no te das cuenta el porqué estan sucediendo.
Cuando escribí el post de la
Avenida Aviación primera parte, no tenía ni la menor idea de que existía la posibilidad de escribir la segunda parte. En realidad, diría yo que no creí en la posibilidad de volver a ver al muchacho del perro, (que ahora sé que en realidad era una perra) que utiliza ropa de vestir para sacar a pasear a la basset hound por la Avenida Aviación (y por lo visto, la lleva hasta la Avenida Canadá y no por el perímetro del Museo de la Nación como alguna vez imaginé que podía ser).
Y bueno, el inicio de la historia - o la continuación de la misma, que sé yo - se originó o prosiguió el día que decidí escaparme temprano del trabajo (yo diría, el día que decidí no hacer horas extras). Y así, me dirigía en otro rumbo, porque esta vez no iba a la universidad sino a mi casa y entonces no debía hacer desembarco en la Avenida Javier Prado, sino continuar mi ruta por la Avenida Aviación. Y de nuevo, estaba él (acompañado de ella, again)
Debo reconocer que mientras viajo en una combi o microbus o taxi o etc, mi mente tortuguesca divaga y se pierde, y en algunos casos se duerme. Sólo miro al infinito, nunca veo los rostros de nadie y me hundo en mi propia existencia (aunque eso también sucede cuando no viajo en ninguna combi o microbus o taxi y por eso la gente piensa que soy una maleducada y que no les presto atención. A veces pienso que terminaré como el cantante de The Verve en el video de la canción "The Bitter Sweet Symphony") Prosiguiendo con el relato diré que antes de caer el los brazos de Morfeo, o de despertar de mi existencia, la ví.
Si, digo la ví, porque en principio fue a ella a la que ví, a la perra. Supongo que ésto es común en mi caso, ya que como he dicho, nunca me fijo en la personas. Cuando veo a un perro siempre digo "un bebé" y luego de verlo mucho, recién veo el rostro de la persona que lo esta llevando y sólo por curiosidad, para ver la cara que pone cuando pasea a un animal (y recordar la cara que yo pongo cuando salgo con Argos a caminar)
Y entonces así la vi, a través de la ventana de la 46-A, el bus que cubre la ruta San Martín de Porres - Villa El Salvador, y escenario de anteriores delirios infanticidas en presentación de trilogía. Y aquel instante sólo duró un microsegundo, entre el momento en que pensé, ¡Qué bonita perra! y en el que recordé que sólo una persona podría pasear a aquel ejemplar por la Avenida Canadá. Y así desperté y lo ví (sí, esta vez a él) y pensé, allí está, mientras el carro seguí su marcha y yo renegaba pensando el porqué estos buses se paran donde no deben y cuando quieres que se paren se les da por pisar fuerte el acelerador.
Y mientras me alejaba y yo pegaba mi rostro en la ventana de la 46-A pude ver que en 15 días le había crecido mucho el cabello y que lo tenía ondulado, y que ahora no salía con chaleco, sino con casaca y medité. ¿Que podía meditar? No sé bien. Talvés el hecho de que no me gusten los muchachos con cabello ondulado y que detesto a los hombres que usan casaca con pantalón de vestir.
Recuerdo también haber pensado que no era la primera vez que una perra se llevaba al amor de mi vida (también lo pensé cuando Argos conoció a Rita en el parque de perros y bueno, debo reconocerlo, que también cuando otras clases de perras aparecieron en mi camino -sin aluciones por si lo llegas a leer) y bueno, con esa manía mia de creer que cada hombre que conosco y que me parece lindo es el amor de mi vida ¿Qué más podría pensar, no?
Miré mi reloj. Eran las 4:50 pm. Volveré mañana, me dije, a la misma hora. Pero no volví, aunque en realidad si volví, solo que más tarde. ¡Es tan dificil lidiar con el trabajo acumulado!
Aviso de servicio público: A todo aquel que lea este post y que por casualidades de la vida circule entre Lunes y Viernes a eso de las 4:50 pm por la cuadra 23 de la Avenida Aviación (La Avenida que está entre el Museo de la Nación y la Biblioteca Nacional, para los que no se ubican) y se encuentre con el muchacho que saca a pasear a su perra (especie canina de la raza Basset Hound) en ropa de vestir, dígale que Tatiana de Argos quiere hablar con él porque tiene una duda: talvéz él sea el amor de su vida. Y otra cosa más: que a él si lo acepto con todo y perra.