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Cualquier parecido con la realidad es demasiada coincidencia


Hace días que muero de ganas de planchar mis orejas de tortuga y hace muy poco me he percatado que el único sentido de esta entrada es evitar abandonarme a la tentación del placer desmedido de caer en los brazos de morfeo (o de caer estrellada frente al teclado).

Hace días también quiero agarrar a planchazos algunas orejas que ahora no vienen al caso, porque terminaron siendo reemplazadas por otras partes del cuerpo humano de más fácil acceso a mi rabia repentina. En vista de los últimos acontecimientos, de mi último estrés y en general de todos mis últimos momentos, no logro entender como terminé empezando de nuevo con todo esto.

Tatiana quiere dormir. En realidad siempre tiene sueño. Probablemente ande soñando despierta mientras camina, intentando creer que no se le aplica el "Yo tengo un sueño" de Martín Luther King, convenciéndose de que alguien va a leer este blog y va a entender a qué se está refiriendo, convenciéndose de que algo de lo que escribe en estos momentos logrará tener algún sentido existencial y no será solo producto del sueño y del cansacio vespertino.

De cualquier forma, me queda muy poco tiempo. Pasó tanto para lograr mi retorno y ahora siento que estoy huyendo. Talvez no es nada de eso y es solo que todo se dirige hacia lo mismo, porque pasa el tiempo, el tiempo pasa y ya es hora que alguien me apure al seguir avanzando...
Talvez algún lector piense que hoy debería dedicar mi post a los innumerables fallecidos con el terremoto de Pisco, hace un año atraz, o en todo caso, a recordar que hoy es el Aniversario de Arequipa (bueno, eso pensarían mis colegas de la oficina). Sin embargo, este brevísimo post esta dedicado a mi bebé. Una alegría en medio de la tragedia, lo triste es no poder celebrarla.

Argos: Feliz Cumpleaños!!! Ya tienes 3 años, así que ya eres un bebé grande y fuerte. No tienes idea de lo importante que eres para mí!

Tu Tatiana (a la que siempre esperas para que te lleve al parque...)


Como todo en mi vida (probablemente en la de los demás también y no me he enterado), las cosas siempre suceden por algo. El problema es cuando las cosas no suceden por nada, o si suceden, no te das cuenta el porqué estan sucediendo.

Cuando escribí el post de la Avenida Aviación primera parte, no tenía ni la menor idea de que existía la posibilidad de escribir la segunda parte. En realidad, diría yo que no creí en la posibilidad de volver a ver al muchacho del perro, (que ahora sé que en realidad era una perra) que utiliza ropa de vestir para sacar a pasear a la basset hound por la Avenida Aviación (y por lo visto, la lleva hasta la Avenida Canadá y no por el perímetro del Museo de la Nación como alguna vez imaginé que podía ser).

Y bueno, el inicio de la historia - o la continuación de la misma, que sé yo - se originó o prosiguió el día que decidí escaparme temprano del trabajo (yo diría, el día que decidí no hacer horas extras). Y así, me dirigía en otro rumbo, porque esta vez no iba a la universidad sino a mi casa y entonces no debía hacer desembarco en la Avenida Javier Prado, sino continuar mi ruta por la Avenida Aviación. Y de nuevo, estaba él (acompañado de ella, again)

Debo reconocer que mientras viajo en una combi o microbus o taxi o etc, mi mente tortuguesca divaga y se pierde, y en algunos casos se duerme. Sólo miro al infinito, nunca veo los rostros de nadie y me hundo en mi propia existencia (aunque eso también sucede cuando no viajo en ninguna combi o microbus o taxi y por eso la gente piensa que soy una maleducada y que no les presto atención. A veces pienso que terminaré como el cantante de The Verve en el video de la canción "The Bitter Sweet Symphony") Prosiguiendo con el relato diré que antes de caer el los brazos de Morfeo, o de despertar de mi existencia, la ví.

Si, digo la ví, porque en principio fue a ella a la que ví, a la perra. Supongo que ésto es común en mi caso, ya que como he dicho, nunca me fijo en la personas. Cuando veo a un perro siempre digo "un bebé" y luego de verlo mucho, recién veo el rostro de la persona que lo esta llevando y sólo por curiosidad, para ver la cara que pone cuando pasea a un animal (y recordar la cara que yo pongo cuando salgo con Argos a caminar)

Y entonces así la vi, a través de la ventana de la 46-A, el bus que cubre la ruta San Martín de Porres - Villa El Salvador, y escenario de anteriores delirios infanticidas en presentación de trilogía. Y aquel instante sólo duró un microsegundo, entre el momento en que pensé, ¡Qué bonita perra! y en el que recordé que sólo una persona podría pasear a aquel ejemplar por la Avenida Canadá. Y así desperté y lo ví (sí, esta vez a él) y pensé, allí está, mientras el carro seguí su marcha y yo renegaba pensando el porqué estos buses se paran donde no deben y cuando quieres que se paren se les da por pisar fuerte el acelerador.

Y mientras me alejaba y yo pegaba mi rostro en la ventana de la 46-A pude ver que en 15 días le había crecido mucho el cabello y que lo tenía ondulado, y que ahora no salía con chaleco, sino con casaca y medité. ¿Que podía meditar? No sé bien. Talvés el hecho de que no me gusten los muchachos con cabello ondulado y que detesto a los hombres que usan casaca con pantalón de vestir.

Recuerdo también haber pensado que no era la primera vez que una perra se llevaba al amor de mi vida (también lo pensé cuando Argos conoció a Rita en el parque de perros y bueno, debo reconocerlo, que también cuando otras clases de perras aparecieron en mi camino -sin aluciones por si lo llegas a leer) y bueno, con esa manía mia de creer que cada hombre que conosco y que me parece lindo es el amor de mi vida ¿Qué más podría pensar, no?

Miré mi reloj. Eran las 4:50 pm. Volveré mañana, me dije, a la misma hora. Pero no volví, aunque en realidad si volví, solo que más tarde. ¡Es tan dificil lidiar con el trabajo acumulado!

Aviso de servicio público: A todo aquel que lea este post y que por casualidades de la vida circule entre Lunes y Viernes a eso de las 4:50 pm por la cuadra 23 de la Avenida Aviación (La Avenida que está entre el Museo de la Nación y la Biblioteca Nacional, para los que no se ubican) y se encuentre con el muchacho que saca a pasear a su perra (especie canina de la raza Basset Hound) en ropa de vestir, dígale que Tatiana de Argos quiere hablar con él porque tiene una duda: talvéz él sea el amor de su vida. Y otra cosa más: que a él si lo acepto con todo y perra.



Alguna vez me preguntaron si era de las chicas que creía que el amor podía encontrarse en los lugares más insospechados... a la vuelta de la esquina quizá... motivo por el cual siempre tenías que estar super hiper bien arreglada, incluso si vas a la maquinita de la facu a comprar un café. No lo sé realmente. El amor, o aquello que alguna vez se cree que fue amor, para mí siempre ha llegado de la manera más insospechada, incluso en paquetes de media docena que luego se van consumiendo con el tiempo. (Extrañas coincidencias de la vida que me llevaron a ser fanática de las películas hindúes)

Todo pasa y todo da vueltas. Si bien el amor llega de la forma más insospechada, siempre me pregunto por qué no se toma el tiempo de avisarme que va a llegar, para tomar obvias provisiones claro esta e incluso para decirle : ¡No quiero que vengas más! A veces me pregunto porque no es posible retroceder en el tiempo y decirme a mi misma : ¡eso no va! antes de terminar lastimada, magullada, y como dice alguna canción que no sé si viene al caso (porque suelo utilizarla más para la época de los examenes finales) "flaca, ojerosa, cansada y sin ilusiones".

No quiero sonar obviamente decepcionada del amor (aunque parece) solo que me pregunto lo fácil que sería saber cuándo el amor va a llegar, y sobre todo, con quién va a llegar, y si vale la pena. Al final todo se compone de pequeñas ilusiones. Saber que en algún momento quisiste y fuíste feliz, porque así termina siendo la vida y la felicidad, como un conjunto de pequeños momentos de los cuales puedes jactarte y decir: "Yo sí fuí feliz porque yo sí entendí lo que era el amor", aunque quizás ahora ya no puedas encontrarlo.

Y regresando al punto me preguntaré ¿cómo llegué a este post? LLegué cruzando la avenida Javier Prado, un día antes de decir que los días han pasado y ya conseguí un múltiplo de 23. Siempre me gustaron los chicos con perros y no sé porqué, sobretodo cuando los perros suelen ser más lindos que los dueños ¿no?

Y yo miré al perro, bello ejemplar de la raza basset hound (la mascota obvio, al menos esta vez) y ví al dueño y el dueño me miró y miró el infinito y yo miré el semáforo y no, por ahí no está el semáforo que horror. Y bueno, el perro, el muchacho, la muchacha, el semáforo, los buses, la Avenida Javier Prado, la Avenida Aviación y el silencio... ¿y por qué yo no lo miro?... me pregunté.

Y cambió el color del semáforo, y el muchacho que me miraba y miraba a su perro y miraba al cielo (o a la avenida aviación, ya no sé bien) cruzó la pista. Y yo crucé (obvio ¿no? que roche si me quedaba de pie) y se me fue encima un loco y me dijo algo y yo no dije nada y me asusté y el perro (¿y si era perra?) sólo cruzó con el muchacho con pantalón de vestir y chaleco (si, ya sé, yo también me pregunté quien saca a pasear a su perro por la Avenida Aviación con Javier Prado en ropa de vestir). En fin, no dije nada y sólo subí a mi bus. ¿Y si me bajo? ¿Y si lo persigo por el perímetro del Museo de la Nación? ¿Y si se me escapó el amor? Obvias preguntas, obvias respuestas, no dije más.

Supongo que es cómo todo, pero no preguntaré en este punto si tengo o no tengo razón, misma Chimostrufia. Sólo diré que si llega, llegará, aunque decir esto me duela y talvez tarde mucho. Sólo que ya me cansé de jugar a la vida como si todo se fuese a terminar, cuando muy en el fondo sé que vivir de a pocos es más emocionante.

Si no es ahora ¿Quién dice que no será después? De una u otra forma, siempre tendrá que ser...



No sé como se escribe, y si yo fuese un visitante realmente pensaría: ¡En estas cosas pierdes el tiempo!
Choices... a ver que pasa...


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Nuevamente la línea Villa El Salvador - San Martín de Porres me trae inconvenientes de transporte y no porque se acabe la gasolina, sino porque no aguanto a los pasajeros (eso sonó tan soberbio!)

El punto es el siguiente: a quien quieren engañar diciendo que una muchacha de cuerpo bastante desarrollado y que se vestía como yo a los 15 (o como cualquier chica de quince) tiene nueve años? No estoy haciendo apología a los cobradores (dicho sea de paso que son lo que menos soporto del transporte público), pero para aguantarse eso hay que ser mártir (o estúpido, claro está)

Una chica desarrollada, porque "es alta como su papá", a la que nunca le cobran pasaje. ¿No se supone que esa excepción es para los menores de 5 años?. Pues no se dignaron ni a pagar 0.50 céntimos por el espacio que ocupaba.

Tuve que aguantar el camino parada, sufriendo colazos y codazos. Así es la vida de los pobres...
y no hay quien me enseñe...

¿como se aprende a ser algo para lo que se supone que se ha nacido?
~