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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

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Archivos de September 2009


Discutiendo con mi padre, como aperitivo en la mesa de cada domingo, reflexionè sobre dos cosas elementales para el desarollo de nuestro paìs. Y es que en cada diàlogo en la mesa con mi papà me siento un presidente mediàtico en la discusiòn, con las ganas de cambiar el Perù desde que se jodiò, citando a Mario Vargas Llosa.
Bueno, hay dos cosas que en el Perù deben ser gratuitasç. los servicios de salud y la educaciòn. Sin embargo, en este post solo me limitarè a la educaciòn, porque me pica el recuerdo de no poder concluir la discusiòn con mi padre respecto a la educaciòn.
Y sucede que todo iniciò cuando le dije a mi padre que la Universidad Nacional de San Marcos deberìa -y repito deberìa- ser gratuita, mientras mi padre tenìa por contrargumento que`"con la plata de quièn los profesores trabajarian".

Aunque a mis padres les duela las canas por lo que escribirè hoy, pienso, incluso, que la San Marcos debe -y digo DEBE- ser mucho mejor que las universidad privadas como PUCP, la U de Lima y Pacìfico. Sucede que yo pienso que la educaciòn nacional, de las instituciones nacionales, no deberìan cobrar, porque todo ciudadano tiene el derecho a la educaciòn. Y como sociedad democràtica, la educaciòn debe ser un deber OBLIGATORIO, un derecho igualitario para todos los ciudadanos, porque ellos son el engranaje del devenir polìtico nacional.
Si bien los ultraderechistas, los venenosos empresarios -disculpa papà-, piensen que la universidad nacional deben cobrar para un mejor servicio educativo, esta medida es una manera de cubrir superficialmente la ineficacia administrativa nacional. Sucede que el dinero dirigido al sector educaciòn no està siendo bien administrado por todo un flujo burocràtico que los funcionarios del Estado no utilizanen toda su capacidad. Y la idea de cobrar serìa poner el parche a ese desperfecto: el de administrar mejor la calidad de enseñanza con el dinero del PBI.
Ademàs, el servicio nacional es el reflejo del sistema operativo del Estado. Una mala educaciòn nacional refleja una mala administracion estatal. Y la San Marcos, señores, es una universidad històrica, que sobrevive del seno del paìs y deberìa ser la mejor universidad del Perù. Es incomprensible que còmo esta universidad que se mantiene con todo el dinero nuestro, de nuestros impuestos de cada ciudadano en nuestro paìs, no pueda ser mejor que una universidad privada. Es simplemente ilògico.
Las tardes, mientras el sueño confunde la carpeta con una dura almohada, veo el asiento del costado vacío. Y otras más. Y otras más. Algo de diez asientos vacíos por salón de mis clases en la Universidad. Y me digo, acaso qué dificil puede ser que un chico humilde, que no puede pagar una universidad, entre a la clase y tan solo se siente a mi lado. Y para eso yo pago más de mil soles de mensualidad para un salon que no se llena del todo. Y solo es poner un asiento y traer a un chico de la calle a sentarse y escuche el conocimiento que no debe tener precio alguno...
Y el sueño de una clase aburrida se mezcla con algo que llamo nostalgia social.
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La tarde de un 11 de junio de 1963, Malcolm W. Browne, fotógrafo del Associate Press en Vietnam del Sur, obtuvo la fotografía que lo llevaría a la fama en las calles de Saigón: el monje budista Thich Quang Duc enciende su cuerpo en protesta a la persecución religiosa promovida por el primer ministro de ese entonces, Ngô Ðình Diêm.
Esta foto, donde un ser humano sacrifica su vida en nombre de un ideal, genera algunas reflexiones sobre la práctica del fotoperiodista. En primer lugar, como se discutió en la década de los sesentas, el tema ético respecto a la vida está presente en la fotografía.
Desde un punto de vista, la foto atrae por la susceptibilidad, por ver cómo la piel del monje se incinera mientras no mueve ningún músculo por el dolor. Si bien el realismo capturado por la cámara busca retratar cómo las protestas budistas son cada vez más extremas, la utilización de la imagen en la prensa podría tomar matices sensacionalistas, exagerando el valor del sufrimiento en vez del ideal y de la realidad social-religiosa que ocurre en Saigón.
Lo interesante de esta foto es que, según mi opinión, está en el punto medio entre la prensa de referencia y la sensacionalista, porque la utilización de esta imagen, que brilla por la susceptibilidad que provoca, requería de un público determinado por su bagaje cultural y educativo. No sería lo mismo publicar esta imagen en un diario popular, que la utilizaría exaltando el cuerpo quemado, que un diario de referencia que, como va dirigido a un público más educado, leería el transfondo de la imagen: la magnitud de la represión del gobierno vietnamita para los budas como para que protesten sacrificando sus vidas ante cámaras.
Y quizás por esto último es lo que los jueces del Pulitzer observaron al momento de premiar la foto al año siguiente, aunque la mayoría considere que el gusto por imágenes fuertes sea el secreto para un premio. Esta última premisa sobre la consideración de la mayoría tendría quizás sustento con la foto ganadora del Pulitzer en 1994: la foto de un niño africano padeciendo en el desierto con un buitre atrás esperando que fallezca.
Entonces, cabe preguntarse una segunda cuestión respecto a la ética del fotoperiodista: su participación ante la realidad que lo contextualiza. ¿Cómo actuar frente a alguien que se suicida? ¿Cómo evitar la norma categórica de cuidar la vida de un ser humano cuando el fotoperiodista se ciñe de eso para obtener una foto de la realidad?

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Refiriéndome a la foto del buda, ¿cómo W. Browne tomó las imágenes evitando salvarle la vida ante un suicidio enunciado? Es más, ¿cómo hacerlo si la praxis periodística pide que el reportero no intervenga en la realidad que observa? Estas preguntas sugieren una explicación sociológica; en el sentido que, al igual que el antropólogo, el reportero no puede introducirse en la escena que observa por la búsqueda de la veracidad. Incluso, el no actuar el fotógrafo en la imagen, al intentar rescatar al buda, refiere la comprensión de un sistema cultural diferente; es decir, que el fotógrafo quizás argumente que en el imaginario colectivo del budismo la inmolación por el ideal budista es diga por concebir un fin en sí mismo, la liberación de su gente, aunque para los ojos occidentales sea el resultado inevitable del fanatismo religioso.
El párrafo anterior cerraría con la reflexión de que en el quehacer de fotoperiodista, a pesar que la vida humana del otro esté en juego, se inmiscuye los valores y ritos de la sociedad donde el fotógrafo esté habitando. El quehacer periodístico en una comunidad africana no sería tan igual que en una comunidad asiática, aunque mantengan una línea occidental por la formación del periodista: el universo simbólico de los habitantes de un lugar que rodean al fotoperiodista determinan su quehacer.
Por último, refiriéndome a la imagen del Pulitzer de 1994, el caso es polémico, porque ante la necesidad de ayuda de una niña el camarógrafo se limitó a tomar las imágenes e irse. A diferencia de la foto anterior, la intervención aquí me parecería justificada, porque solo es el fotógrafo y ella. Pudo muy bien tomar la foto y luego ayudarla, acción que no hizo y que no tendría, a mi parecer, justificación alguna, porque no está en juego un contexto social más grande ni la tergiversación de un hecho, sino el contacto mínimo con una niña moribunda. Como escribió John Carlin, periodista británico, a Carter, autor de la fotografía, “la cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión”.
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Y es algo que le pasó a un amigo de mi amigo... Bueno, siendo francos me ha sucedido a mí también.
¿Has jugado YO NUNCA alguna vez? Ese juego que dices "YO NUNCA PONGO CHAPAS A MIS AMIGOS" y quienes lo hacen toman un sorbo de fría cerveza para luego, en medio de las risas de quienes lo hicieron, comienzan a contar una anecdota.
Bueno, creo que estaba de más explicarles cómo es el juego, pero a lo que iba es que para los hombres, a los románticos de capa caída y de flores amarillas, este juego puede resultar un suicidio emocional si deciden jugarlo.
Imaginemos el caso: un chico está enamorado de una chica y que, en una reunion entre amigos, deciden jugar yo nunca. El, el enamorado empedernido, quien dice que ella es diferente en todo, decide jugar, porque nada pierde. Y ella acepta con el ánimo pícaro que provoca un par de cervezas con los amigos.
E inician las rondas...
Yo nunca... yo nunca... yo nunca... Y el chico en cuestión comienza a llevarse la peor parte.

-Yo nunca tuve sexo 6 veces por un día
-Yo nunca puede pararme luego de hacerlo ni para tomar agua
-Yo nunca tuve sexo en la universidad
-Yo nunca me vine antes de terminar de hacerlo
(CASOS DE LA VIDA REAL)

Y lástima para el chico que en todos los YO NUNCA relacionados al sexo perverso, su chica encantadora bebe vasos enteros. Incluso, algunas de sus amigas hacen un "YO NUNCA" dirigido a la chica en cuestion: un flechazo certero al pobre romántico.
Este juego creo que confirma lo que hace muchos años Shakespeare pensaba.

"En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber"

Seguro que el nunca jugo YO NUNCA antes de conocer algunas de sus musas favoritas.


Y las cosas no duran para siempre. O por lo menos asi dice una vieja salsa que se adecúa a nuestro devenir futbolítico. Una derrota más en nuestro haber y lo que se transmitía por la TV aquella noche como posible felicidad, terminó siendo una película repetida de Freddy Kruder: una pelicula de miedo que ya nos aburre.
El partido lo vi en las idas y venidas que hacía entre la oficina y el edficio de producción donde trabajo. Corría como supuestamente estarían corriendo 11 seleccionados en el país venezolano. Y no tuve oportunidad de ver la pantalla cuando se escuchó el primer gol venezolano. "Puta mare... asi no es pues", se escucha entre voces por los pasillos. Miro la televisión y la repetición confirmó mis miedos: gol venezolano.
El equipo no parecía ser el mismo al que vi en Lima, por lo menos no como para que nos metan aquel primer gol. Hice lo que tenia que hacer por el trabajo para sentarme a ver la respuesta del Perú. Y fue cuando la casualidad, el champan y un "Dios, tu eres peruano, carajo" hizo que se haga el auto gol más espectacular. Un gol peruano a medias tintas, pero es gol.
-A ese huevon Chavez lo va a desaparecer... Pero que increible...
Sonríen los trabajadores que miran la pantalla. Se juntan en grupos de 5 o 4 en cada televisor. La voz del narrador se escucha desde el primer piso y su grito de gol hacía temblar la casa.
La esperanza parecía .....
-Goooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooool venezolano

No terminé la idea cuando el gol del equipo contrario llego, justo de un contragolpe que podía ser el gol de Perú. "Goles que no haces, goles que te hacen, pues Osama", me dice un reportero quien pronosticaba ese gol en nuestra contra.
Y el partido continuó con la fe del empate, de decir "no perdimos, pero tampoco ganamos". Pero ese no sé qué que afecta tanto a los jugadores en el extranjero terminó por liquidar el juego peruano. El tercer gol fue inminente como los millones de botones que habran apretado el televisor para apagarlo: nadie quería seguir viendo.
Las cosas regresaron a su orden en el trabajo, los grupos se desintegraban y con nostalgia se extrañaban a nuestros héroes del mundial de España, que alguna vez descalificamos a Argentina y que el pasado fue siempre mejor que el presente era la constante.
-Yo no me puedo morir sin ver a Perú en un mundial
Dije sin pensarlo luego de que el partido acabe. "Todavia hay un soñador, muchachos", me dijo un editor y las risas sonaron...
El pitazo terminó por lapidar al muerto. ¿Por qué juegan tan diferentes cuando no están en Lima? ¿Por qué venden ilusiones a corazones párvulos? El futbol no es siempre cosa de suerte. Si bien no siempre se gana, es imposible que siempre se pierda. Y es un momento, cuando me detengo entre el partido y algún programa de cable en decirme "son 11 seleccionados de 27 millones de peruanos que somos... ¿y no podemos ganar? Tenemos 2 piernas, dos manos y seguro el ánimo".

El recuerdo con el partido de Uruguay se desvanece, Venezuela se hace presente... ¿Y Argentina? Está herida. Creo que no le ganamos a Argentina desde que la independencia y ese posible partido quizás puede ser.
Es que así es el hincha peruano: terco al fatalismo de nuestro devenir futbolístico...

PSDT: Burga, si eres peruano y tienes dos dedos de frente, por favor, ya largate.


Los muros son arcaismos de pésimo gusto. Muros que dividen a las personas por la sinrazon de lo"diferente", cuando categóricamente somos iguales. Y muros hubo en la historia, como el muro de los lamentos, el muro de Berlin y el actual muro en la frontera de Gaza, que es muestra de lo ilógicamente humanos puede ser nuestra raza.



Y muros, pues, lamentablemente , tuve que ver hace un par de días en la cafetería central de la PUCP. Estas imágenes las capturé con mi cámara luego de almorzar, hablando con los amigos respecto a mi opinión sobre lo que veíamos. El disgusto era nuestro factor común.
¿Por qué la división con estos grandes paneles entre algunos invitados y el grueso de estudiantes que somos? ¿Por qué la división en un espacio común? ¿Acaso es el cachito de exclusividad que no tuvo infraestructura para extenderse a las mesas de los estudiantes de la cafeteria general?
Son preguntas que las generè mientras el bilis carcomía mi arroz con pollo de mi humilde taper.


Una tarde del sábado me fui con mi amigo Ricardo a hacer turing automovilístico. El tanque lleno era una buena razon para pisar el acelerador y seguir el camino hasta donde nos deje la zona publica y los nervios de cordero que tengo frente al volante. Hacìa frìo en nuestra Lima y la neblina se apoyaba en el morro solar. "Mira, alli debe hacer un frio de la puta madre", le dije a mi copiloto mientras viajábamos por la Costa Verde. "Si, weon. ¿Vamos?", me pregunta inquieto, porque sabìa cuàl serìa mi respuesta. Aunque èl penso que dirìa un no, pues le dije un sí, sorprendiendolo por tan cambio de mi caracter ante aventuras como esas.



Llegamos al puente de Chorrillos y subo por el inclinado camino para llegar al sendero que va directo al Morro. "Aquì a la izquierda y no tengas miedo, huevòn, que aquì nos caemos para abajo", me dice Ricardo con su sonrisa temeraria. El sendero queda justo antes de entrar al camino que dirige solamente a la playa La Herradura.
El camino va en ascenso mientras a mi izquierda veo casas de material noble y unos niños que se divierten jugando al fulbito. "¿Y cómo juegan si la cancha esta inclinada?", preguntè mientras veìa como los niños se debatìan por la pelota y mi carro amenzaba por detener el juego a cloxonazos.
"Seguro que ellos si hacen cambio de cancha para jugar con las mismas posibilidades", se rie Ricardo mientras se abriga màs con su casaca. El frìo penetraba en el auto y subimos toda la ventana.
Luego de temer de algùn accidente por nuestra subida, por un pasamallito limeño que me generaba orgullo pasarlo sin que me pase nada a mì o al carro, logramos avistar el momumento al soldado desconocido. No nos detuvismo, seguimos de frente hasta la cruz. Aquella cruz inmensa que vez desde la Costa Verde iluminarse cada noche, donde mis abuelos me contaron una vez que fue el Papa Juan Pablo II en su visita al Perù.



Detuvimos el auto y fuimos al mirador que se instalò frente a la inmesa cruz de fierro. Yo, armado de un celular y lamentado de no tener mi càmara, comienzo a disparar a discreciòn. A unos metros estaba el santuario de la Virgen del Morro Solar de Chorrillos. Ingresè para tomar imàgenes temiendo que alguna persona me diga algo, pero nada: el silencio era infinito y solo el caminar de los perros no me hacìan sentir tan solo.



"Ven, mira", me llama Ricardo luego de que terminè de tomar imàgenes en el santuario para acercarme a un hito donde antiguamente se situò los cañones peruanos para defender Lima del avance chileno en la guerra. Vi hacia el cerro y me imaginaba la cruenta batalla, el final fatalista de los soldados en una derrota inminente y saber que el Perù sigue como no deberìa estar. Ingresó dos gotas de nostalgia en mi vida aquella tarde.



Luego de registrar varias cosas en mi celular, me fui al auto con Ricardo para ir a la tumba del soldado desconocido. Estabamos animados en ir, porque hace más de 10 años que no visito aquel monumento històrico. No tardé ni 7 minutos en llegar. Detuve el auto´y el frio comenzó a calar en mis huesos. Ricardo recibe una llamada y se aleja de mí para tener privacidad. Yo, por mientras, iba en camino al monumento, tristemente solo, como triste la causa de su muerte por un país que parece olvidarse de ellos.



El fusil sostenido por una mano y la otra haciendo un puño su corazón, como quieriendo arrancárselo para darlo al cielo, al espacio libre sobre su cabeza por el deseo que su tierra sea igual de libre.



Bajo unas gradas para ver un cuadro hecho de marmol, donde se apuntarón las personas heridas y muertas en el combate. Ricardo me da el alcance y me dice "Mierda, 6000 muertos...", sus puntos suspensivos es el retrato tipográfico de la sorpresa que le generò ver un nùmero tan alto.



Armado de mi cámara, comencé a buscar algún familiar mio: el deseo de saber que algún pariente luchó por lo mismo que hoy podría luchar si ocurre una guerra. Y lo encontre.



"Mira, un Suárez", río por la sorpresa y mi amigo comienza a buscar el suyo desesperado.



"Otro Suárez"... Dos Suarez en aquel muro. Y aunque quizas no sepa con 100% de certeza que son mis familiares, comencé a imaginarme su imagen, su cuerpo, su momento al ser herido en la batalla. Sobre todo, en qué pensaron al momento de defender Lima. Si son mis parientes, me decía aquella tarde, debieron ser negros por parte de mi padre. Y si es así, ¿lucharon por una Lima que los marginó? ¿Es el mismo valor romántico que tengo hacia esta ciudad donde nací y todos quieres huir de ella? Es un misterio que aún quiero revelar.



"Ahhh, mira, un García", dijo Ricardo mientras celebraba su hallazgo. Y ahora lo pensé más aun. Si mi antepasado y el antepasado de mi amigo lucharon en la misma batalla, ¿se pudieron haber conocido? ¿Y si son amigos así como lo soy con él ahora? ¿Y SI SE VOLVIÓ A ENCONTRAR DOS GENERACIONES SEPARADAS POR EL TIEMPO, PERO LIGADAS POR LA SANGRE QUE LES CORRESPONDEN?
Hay nostalgia en la vida y yo no sé.



Mi amigo apunta su dedo hacia otro monumento que está a 100 metros, casi. Se trata de Bolognesi. Apoyado sobre su espada viendo a la Lima que no pudo ver al momento de su muerte por ser apuñalado por una bayoneta chilena. Murio dando la espalda a su Lima querida mientras se desangraba por ella. Él estaba en lo alto de su monumeto hecho de marmol frío e infinito al tiempo: el trono de un héroe, la butaca en primera fila de quien se lo merece para ver crecer nuestra ciudad.
Mi amigo se acerca cada vez más y yo, desde lejos, veo con terror lo que no me quería imaginar. Las placas de metal, algunas baldosas de marmol... rotas, sacadas, robadas, pintas de spray de equipos que valen nada ante el recuerdo históricos de nuestros mártires. La muerte parece importarle poco a los ladros y pandilleros que por nada viven.



"Puta, que rabia carajo... Tomaré fotos. Me parece injusto", comienzo a fotografiar los daños ocasionado por las pandillas al monumento. La placa robada dejó un espacio hueco en el monumento. Bolognesi, pobre de el, no se puede defender: sentía el cariño por un anciano mío al defenderlo ante el abuso de los inconcientes.
"Que injusto puede ser... Si supieran ellos que aquí también pudieron haber muerto sus familiares y que esto los inmortaliza", me dice Ricardo mientras recordamos que hallamos a Suarez´s y García´s entre los heridos y muertos en aquella batalla.



Miramos alto, donde Bolognesi descansa su vista eterna a una ciudad gris. Me despido de los dos Suarez con un abrazo lejano en la memoria y subo al auto para irnos. Suficiente frio por la tarde y nostalgia de mi fascinación por la memoria colectiva. "¿Lo pondras en tu blog, no?", me pregunta Ricardo y la respuesta era obvia.
Aquí mi testimonio. Aquí la pena de ver la muerte no correspondia mientras los soldados gritaban patria...



PSDT: Busquen sus apellidos en aquel muro. Es un sentimiento muy reflexivo.


-Sí, ¡sí ganó, estoy contento, sì muy contento- escucho de un señor con una calvicie eminente que es secuela de la herencia y el tiempo. Caminando con su saco negro de cuero y el brillo en los ojos que le hacìa recordar el futbol peruano de hace 20 años, su felicidad esplandecìa como los miles de hinchas que se encontraban en la pista a las afueras del Monumental.
El partido habìa terminado y la victoria de la madre Patria habia por fin llegado. Peru 1 - Uruguay 0. Aunque fue la mìnima diferencia para vencer en el futbol, la cuota màxima de felicidad fue por fin saldada para tan parvulos hinchas que vivian el partido desde la vanguardia: la primera linea del frente de la zona popular sur. Zona donde yo estube como testigo de la reivindicaciòn de la seleccion peruana luego de haber perdido en Montevideo 6 a 0: el sabor dulce de la victoria quitò el agrio recuerdo de la verguenza ajena del seleccionado peruano.

El partido iniciò sin mì, sin mi voz al càntico unìsono del himno nacional: el segundo màs bello del mundo, despùes de la marsellesa, aunque todos los paises del mundo digan siempre lo mismo.
-Corre, huevòn. Creo que hubo gol- me dice Pie de manzana mientras contenemos el gas de la 7up que tomamos metros atràs, luego de enterarnos lo tarde que estàbamos para tan importante cita nacional.
Se estaba cobrando un tiro libre en nuestra contra. Iba 2 minutos recièn de juego y nuestro grupo de 4 personas (Frank, Sergio, Pie de manzana y yo) nos sentàbamos al frente de los policias para sentir el partido màs cerca.
El primer tiempo se viviò con el trasero en el asiento. Pocas posibilidades de gol y los buenos sustos que nos daba el cuadro uruguayo. Nos recomponìamos del cansancio luego de correr màs de cuatro cuadras para ver el partido y tomar el aire para gritar nuestras vivas a la selecciòn.
Nadie aguantaba la tensiòn. Se mantenìa a 0. Los primeros 45 minutos las pasabamos mordiendonos las uñas, fumando cajetillas como chinos en quiebra y un "Por la puta madre, que chucha cobras roto de mierda" no se paraba de escuchar en la euforìa de la barra sur.



No hubo bombos esa tarde, aunque el coro improvisado de peruanos presentes lo reclamaban. El pum pum pum del bombo, que confunde el latido del corazòn con el grito patrio alentando a once jugadores, se hacìa extrañar en el interìn de patadas y golpes en el cesped del Monumental.
-¡Eso no cobras, mierda!- Grita Frank enojado, sosteniendo su casaca con una sola mano para reclamar lo justo y lo injusto, claro que siempre sea a nuestro favor, obviamente.
-Chorri meòn, por la puta madre. Juegas para Perù, recuerda- le dice Sergio mientras ocultaba con sus manos el rostro de la tragedia peruana: el fatalismo de todo encuentro futbolistico que termina en derrota.
Y cierto. Daba muy malos pases de larga trayectoria que terminaban en los pies de los uruguayos. Y los adjetivos clasificativos se medìan de tan cuan grave era su error.

Fin del primer tiempo y el pùblico no se levantaba. El trasero en el cemento lleno de polvo pocas veces tuvo oportunidad de pararse, porque el ataque peruano se limitaba al rebote. Aunque faltaban dos de nuestros jugadores, Fano, el hèroe del empate con Argentina, y Paolo Guerrero suspendido por amarillas.
Aprovechamos en botar los miedos yendo al baño durante el receso para volver con las ganas de inventar insultos, acordarse de la madre de los enemigos y decir VAMOS PERU sin que nos salga el gallo, para que nadie se ria de nuestra voz.
Y dale, pitaso inicial y el segundo tiempo iniciò. El pùblico se parò, ya nadie querìa estar sentado como el primero. Un empate por ahora y faltan 45 min mas para que algo pase. Perù obvio que puede.
Lastima que los goles peruanos iban a ser ahora para el lado norte del estadio, pero era lo de menos. Leao tenìa detràs a una hinchada que cuidaban su arco con el aliento nacional, un buen grito que detenga el avance de la pelota.

-Uffff, puta madre como pueden dejar que cabecee. Carajo, que les pasa- se escucha detràs de mì a un hincha, que como casi todos los 27 millones de peruanos que somos, sueña que siendo DT de la selecciòn irìan al mundial. Pues seguro que somos unos 27 millones de aspirantes a tècnicos para que el Perù vaya al mundial.
El tiempo apuñalaba al corazòn harto de latir por la desesperaciòn de un gol en contra. Y ese gol llego...
-Off side, de lejos se notaba- me enseña Sergio quien se tranquilizò ante un aparente gol uruguayo. La calma vuelve en los hombres y mujeres de la zona sur.
La tranquilidad vuelve como los carajazos del primer tiempo: no es posible que en el juego aereo siempre perdamos.

¡UNA PATADA DEL LOCO VARGAS! Parecìa abrir el marcador, aunque rebotò en la defensa uruguaya. El pùblico espera lo que por derecho es suyo: la razòn incondicional de siempre ganar en casa. No se esperaba màs. Se ve movimiento de fondo y nadie sabe què màs sucede. La tribuna sur no podìa diferenciar. Se ven patadas y choques. "Puta madre, què pasa", decìan las personas en sus cabezas tratando de cerrar los ojos para afinar la nitidez: la lucha por el balòn que intentaba entrar.
Se ve a Rengifo correr hacia la izquierda y la tribuna norte nos dio el mensaje en forma de alarido: ¡¡¡GOL, CARAJO!!! Gritaban las almas abrazadas entre ellas, saltando por la felicidad y batiendose a golpes con la policìa que trataba de bajar a los hinchas colgados de las rejas.
Mientras la policìa trataba de golpear a los trepadores de la reja, la hinchada cogiò la bandera gigante: era momento para levantarla por segunda vez en memoria del gol de hace un instante.
-Subelo, carajo- se escucha entre voces mientras la bandera gigante de mi paìs flamea sobre mi cabeza y se desliza sobre mis manos. Llega hasta arriba y vuelve a bajar a velocidad, porque el partido volviò a empezar.
-¿Cúanto falta, Sergio?- Preguntamos todos los del grupo, porque no contenìamos el aliento. La barra entera comenzò a cantar los pocos instantes que quedaban del partido.
-Algo de diez minutos. Ya acaba- y es el momento cuando en la barra todos se unen como hinchas, como iguales y todos parecen responderte a cualquier duda que tengas.
-Sì, brother, en diez termina- dice un hincha adelante de nosotros a quien le prestè mi encendedor. Las almas en cofradìa, hermanadas por un gol pedìan el termino del partido para celebrarlo.
-Pita, ya carajo... Si puedes tambièn ya acaba las eliminatorias- dice Frank provocando la risa de los hinchas que nos escuchan.



Y el pitazo llegò calmando los nervios e iniciando la canciòn de Eva Ayllon a todo parlante. "Estoy enamorada de mi paìs, enamorada.... enamorada de este lugar" decìa la canciòn mientras la multitud veìa con agrado la celebraciòn. Los jugados desde el cesped pedìa màs bulla para celebrar el espectaculo que pocas veces vemos (en realidad, solo una vez que ganamos y el resto empates).
El loquito Vargas, loquito como siempre, no aguanta la energia y la descarga sobre un balòn que la patea hasta el cielo. Esperaba que el balòn caiga sobre la tribuma, pero chocò en las malditas rejas y nadie pudo llevarse aquel balòn.
Frank tenìa cara de insatisfecho. El supo que era la recompensa por la goleada que hubo en Montevideo. No ganamos nada, me dijo, solo recuperamos el honor ante la goleada ya hecha. Me quitò el sinsabor de la derrota. Esto es justicia, declarò.
Y asì terminò el partido, yo aprovechando comerme todos los panes que podìa por un sol y tratar de escuchar al señor de casaca negra que hablaba por telèfono.
Y Perù ganò con un gol de Rengifo que le servirà como lecciòn al seleccionado por olvidarse de èl en otro hotel. Y el sol que brillaba sobre nuestras cabezas se cansò de brillar. Y asì tambièn brillò la sonrisa de un hincha que lo tildaban de masoquista por ver a una seleccion que siempre pierde, pero que argumenta que siempre es suya, nuesta, la peruana.
Que brilla como el poliester barato de miles de hinchas que no tenìan una camiseta original del Peru, pero que gritaron gol como peruanos origaneles.
Esta crònica es para ellos.


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Lo anterior fue la primera frase registrada en la vida de mi sobrina sobre un computador. Y ahora lo harè inmortal en el tiempo mientras dure el mundo y la internet. Quizas ella me lo pregunte muchos años màs que còmo pasò. Bueno, siempre hay una primera vez para todo y esta le ayude a mi sobrinita a hacerlo.
Me pregunto què habrà querido decir en ese pàrrafo que acaba de tipear, antes de distraerse con mi lapicero y llevarselo consigo.
Cuando crezca se lo preguntarè.


Y no lo digo por el bueno de Nito, que es mi cantante favorito que rasguña las piedras de mi sensibilidad con tan buena letra, sino con los organizadores de su evento.
Como contè en un post atràs lo que me sucedió en el concierto pasado (NITRO MESTRE EN LA ESTACIÒN DE BARRANCO: NI MAS) de Nito Mestre, les sugiero que sean cuidadosos con las compras de sus boletos y de la organizaciòn del evento por parte de la empresa.
Les doy algunos tips para que no pasen la misma penuria que yo pasè en el concierto pasado, que lidiè con los mozos rateros de la Estaciòn, del sobrecargo de mi pago por la entrada y de la mesa que nunca escogì, pero que me dieron al final la peor aunque comprè las entradas ni a penas salio a la venta: UNA REAL INJUSTICIA.
Comencemos con los tips antes de que me den las rabias.

1) Querido fanatico de la buena mùsica, antes que compres la entrada al concierto de Nito Mestre, informate sobre còmo es local: si es con mesas o no, si es stand up y ese tipo de cosas. Sucede que el año pasado me pasò que yo comprè mi entrada al concierto de Nito y nunca me dijeron que era con mesas y que tenìa que escoger una. Eso me enterè en el mismo local por una señorita que me dijo que hubo un error en las ventas de las primeras entradas y que no contaban con un nùmero designado de mesa. Con eso tengan cuidado. Infòrmense sobre còmo se distribuirà los lugares en el concierto de Nito.

2) Ahora, si el concierto de Nito resulta ser en un Pub, como me pasò en la Estaciòn, tengan en cuenta las polìticas USURERAS del local. Como me sucediò el año pasado, la ESTACION DE BARRANCO COBRÒ, ADEMAS DE LA ENTRADA POR EL SHOW (cercano a los 900 soles), 40 SOLES DE CONSUMO, SINO TE BOTABAN Y NO VEIAS EL CONCIERTO A PESAR DE HABER PAGADO simplemente, porque no cumplìas con las pràcticas del local. Asì que tengan en cuenta esa jugada de los locales para no tener problemas durante el espectàculo.

3) Tengan en cuenta el lugar donde se posicionen. Usualmente no todas las mesas que estèn cerca al escenario son las mejores. El año pasado estaba sentado como a unos 5 metros de Nito. Diran que genialazo, pero la mesa que tuve estaba justo detràs del pianista, lo que no me permitìa ver el concierto con tranquilidad. Y esto sucede que por acaparar màs espacio en el local para conseguir màs dinero, pràctica estùpida de los organizadores de la Estacion de Barranco, colocan mesas por doquier sin pensar en la comodidad del espectador.

4) No es por nada, pero el telonero de Nito me aburre. Espero que no cante màs de una hora como sucediò el año pasado en la Estaciòn de Barranco. Tanto me aburriò que no me acuerdo su nombre. Uno medio hippie... quizas no lo recuerdo, porque fue un olvido forzado ante mi enojo pasado en ese concierto.

Creo que eso es todo. Espero que les ayude mucho y no pasen lo mismo que me pasò a mì, humildes lectores. Si ven a Nito, pues, provecho. Aunque los organizadores resultan ser los peores empresarios mesquinos y egoistas, la calidad de Nito no deja de perderse en cada presentaciòn.