Estimados blogueros:
A continuación posteo unos ineresantes comentarios del escritor Benjamín Prado (Español) sobre la actualidad de la obra literaria de Dickens, señalando que en cualquier ciudad europea (y yo díria latinoamericana) siguen viendose los personajes complejos en historia y trama que narró el gran escritor inglés. El artículo ha sido publicado en el Diario EL País el 07.02.2012
Por: Benjamín Prado
Algunas personas mueren y otras solo desaparecen. El novelista Charles Dickens, por ejemplo, dejó este mundo en 1870 pero sigue estando aquí. Y no solo porque obras suyas como David Copperfield, Cuento de Navidad, Oliver Twist o Historia de dos ciudades, entre otras muchas, sean clásicos imprescindibles en cualquier biblioteca que intente ser tomada en serio, sino también porque la mayoría de sus temas característicos, como la lucha de clases, la explotación infantil o la ineficacia de la justicia, siguen de actualidad y porque sus personajes continúan entre nosotros, con nombres diferentes pero con los mismos problemas. ¿O es que no podrían estar dentro de Oliver Twist, junto a los niños callejeros que la protagonizan, esos otros niños reales que hoy son abandonados en las calles de Grecia por sus familias, con la esperanza de que alguien los alimente? ¿No nos recuerdan los convictos de La pequeña Dorrit, presos en la cárcel de Marshalsea, a orillas del río Támesis, por no poder pagar sus deudas, a los desahuciados que aquí y ahora, en la España del siglo XXI, arrojan a la miseria los bancos cuando ya no pueden pagar la hipoteca salvaje que tenían con ellos? ¿No nos hacen pensar muchos de los métodos y teorías del neoliberalismo a los del usurero Scrooge en Cuento de Navidad o a los del avaro Uriah Heep en David Copperfield? Dickens fue uno de los abanderados del realismo, junto a Balzac, Tolstói, Stendhal o Benito Pérez Galdós, y un escritor social que denuncia en sus libros las desigualdades que se producían en la Inglaterra victoriana y especialmente el modo en que se explotaba a los trabajadores para conseguir la industrialización del país. Su contemporáneo Carlos Marx dijo de él que "en sus libros se proclamaban más verdades que en todos los discursos de los políticos y los moralistas de su época juntos". Y sin ninguna duda, el autor de Grandes esperanzas es la mejor prueba de que Balzac estaba en lo cierto cuando dijo que las buenas novelas son la historia privada de los países. Hoy se cumplen 200 años de su nacimiento y nuestro mundo, por desgracia, se parece en demasiadas cosas al suyo. Para comprenderlo, no hay más que leer el principio de Historia de dos ciudades: "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación".
En Tiempos difíciles, Dickens critica ácidamente las lamentables condiciones de vida de los obreros ingleses y la desproporcionada distancia que había entre su existencia y la de los ricos del país. Hoy, en plena crisis, con la Bolsa en números rojos, los impuestos por las nubes y los sueldos por los suelos; con los Gobiernos de Europa intentando llenar con dinero público el pozo sin fondo del sistema financiero y las cifras del paro creciendo en nuestro país hasta el borde del abismo, es muy posible que el lector se asombre al ver cómo esa novela publicada en 1854 describe la actualidad. ¿O acaso el desequilibrio entre las miserables casas de los proletarios que dibuja Dickens, frías, oscuras y casi sin muebles, y las lujosas mansiones de los capitalistas, que consideran a sus empleados simples bestias de carga, no es comparable al que hay entre los salarios de los mileuristas y los sueldos astronómicos que se ponen a sí mismos los directivos de los bancos, hoy día? La única diferencia entre aquellos privilegiados y estos es que entonces se llamaban utilitaristas y hoy se llaman neoliberales, y que unos citaban a Stuart Mill y otros a Milton Friedman, pero nada más.
Cuando Dickens retrata en Los papeles póstumos del club Pickwick, David Copperfiel o La pequeña Dorrit a unos seres sin escapatoria y de la familia de los pícaros españoles, el Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo o El buscón, sabía de qué hablaba, porque él mismo había sufrido en su infancia los latigazos de la miseria, cuando su padre estuvo tres meses encerrado en la prisión de Marshalsea, por una deuda con un panadero que hoy equivaldría a 3,50 euros y que hizo que él fuese enviado a trabajar en una infernal fábrica de betún. Su batalla contra la injusticia ya anticipaba el fracaso de un sistema que se basara en la explotación, aunque sus advertencias a los poderosos fuesen voces en el desierto: "¡Oh, economistas utilitarios", escribe, "comisarios de realidades, elegantes incrédulos... si seguís llenando de pobres vuestra sociedad y no cultiváis en ellos la esperanza, cuando hayáis conseguido arrancar de sus almas todo idealismo y ellos se encuentren a solas con su vida desnuda, la realidad se convertirá en un lobo y os devorará". Se equivocó, y no hace falta más que volver una vez más los ojos hacia la Grecia de hoy, verá que los dos extremos siguen en su sitio: las televisiones hablan de niños que a media mañana se desmayan en los colegios a causa del hambre y los diarios dicen que mientras el país solicitaba un rescate de la Unión Europea, sus potentados se llevaban a Suiza más de 200.000 millones de euros. En el fondo, y como demuestran de forma brutal las colas ante las oficinas del Inem y en los comedores de beneficencia de nuestras ciudades, las novelas de Charles Dickens son una constatación de hasta qué punto el capitalismo ha fracasado en su búsqueda del famoso Estado de bienestar.
Otra de las obsesiones de Dickens es la lentitud, ineptitud y en ocasiones impureza del sistema judicial, que tiene su mejor expresión en Casa desolada, donde se refleja la mezcla de incompetencia y prepotencia de una Corte de la Cancillería que a algunos les podrá hacer pensar en ciertos magistrados y causas de nuestra Audiencia Nacional y nuestro Tribunal Supremo. O en Oliver Twist, donde se puede ver la forma en que la ley es cuidadosa con los fuertes y abusiva con los débiles por el modo en que el juez Fang insulta y castiga con desproporción a su desventurado protagonista. O, una vez más, en Tiempos difíciles, donde el escritor se burla de la incompetencia del sistema y de su invento más perverso, la burocracia, un laberinto sin salida simbolizado en un supuesto Departamento del Circunloquio cuya función es "hacer lo que sea necesario para que no se pueda hacer nada". En un país como España, donde solo el 27% de los ciudadanos opina que los medios que el Estado destina para garantizar la defensa jurídica son suficientes y la gran mayoría piensa que funciona mal, está anticuada y es ininteligible, los libros de Dickens siguen contando la verdad: nuestro mundo no ha sabido mantenerse a flote porque no ha sabido ser ni solidario, ni ecuánime, ni flexible, y al final se ha quedado sin respuestas.
En junio de 1865, Dickens viajaba en un tren que sufrió un accidente terrible cuando cruzaba un puente en obras. Los siete vagones que precedían al suyo se despeñaron por un precipicio y él pasó horas atendiendo a los heridos hasta que llegaron las ambulancias y pudo ocuparse de regresar a su asiento y recuperar el manuscrito, aún sin acabar, de su penúltima novela, Nuestro común amigo. No hay que tener una gran imaginación para ver en esa escena una metáfora de esta Europa que hoy descarrila poco a poco, primero Grecia, luego Irlanda, después Portugal... Tal vez el derrumbe se detenga a tiempo, y los que nos conducen a la catástrofe recuperen el sentido común igual que lo hizo el tacaño señor Scrooge en Un cuento de Navidad, que al ver el negro porvenir que le anunciaban los espíritus del Pasado, el Presente y el Futuro, donde podía verse una tumba con su nombre y sin ninguna flor encima, supo cambiar a tiempo y convertirse en un hombre generoso. Es una parábola que, hoy más que nunca, merece la pena no olvidar.
Estimados blogueros:
Revisar las páginas de los periódicos peruanos es siempre muy divertido, especialmente cuando uno revisa las columnas de opinión, que en realidad son de opinión política, donde todo tipo de personas acaban dando cabida a las ideas más antojadizas o arbitrarias sobre el acontecer nacional.
Los opinólogos peruanos –y en especial el Director de un Diario- tienen cierto sentido literario en sus reflexiones y por lo general nos hacen pasar por conclusiones de sesudos análisis a ocurrencias o posiciones absolutamente guiadas a defender ciertas ideas, estilos de vidas o pleitos políticos.
A propósito de eso, me encontré con un interesante artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca, que es profesor de Sociología en la Universidad Complutense y autor de “Más democracia, menos liberalismo (Katz)”, aparecido en el Diario El País el 11.01.2012, en el que comentaba de la intervención de literatos en la opinión política española. Sánchez-Cuenca indica que los literatos son especialmente habilidosos en el ejercicio de plantear ocurrencias y luego sirven de inspiración a otras personas que, sin tener el mismo talento literario, escriben columnas y tribunas periodísticas.
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Por: Ignacio Sánchez-Cuenca
Ustedes entienden por qué en España los escritores escriben tanto sobre política? Abran cualquier periódico, incluyendo el que ahora tienen en sus manos o en su pantalla, y encontrarán a famosos novelistas, poetas, ensayistas y críticos literarios opinando sobre temas de política nacional e internacional. Pueden incluso explicarnos su voto en las elecciones del 20-N, como hizo antes de los comicios Mario Vargas Llosa y después Félix de Azúa. Bueno, en realidad Azúa solo nos informaba de que no había votado a los malvados socialistas, dejándonos a sus seguidores en ascuas acerca de la papeleta que metió en el sobre. Para mí que no fue la de IU.
El escritor prototípico, como cualquier otro ciudadano, no suele tener un especial conocimiento de la política. La mayoría de las veces sus tesis no son resultado de una reflexión informada. Ojalá se apoyara el literato en datos: sí, datos, esa clase de información grosera, positivista y tecnocrática que algunos consultan. Pero ante un adjetivo florido y eficaz que se retiren los datos. El literato se siente más a gusto con la retórica y se deja llevar por esa querencia tan latina y tan viril hacia la afirmación contundente, tajante y tronante. Vargas Llosa, en “Una rosa para Rosa”, afirmaba que la causa del elevado paro en España "es una política económica errática, imprudente, y la obstinación del Gobierno socialista en negar la existencia de la crisis a lo largo de más de un año". Y añadía que "el Partido Popular cuenta con el mejor equipo de economistas y las ideas más claras para enfrentar el difícil y sacrificado reto que será llevar a cabo las reformas radicales necesarias". Ahí queda eso. Podía haber dicho esto mismo o lo contrario, que tanto da, pues semejante afirmación no era la conclusión de un argumento, no respondía a ningún análisis, no se basaba en ningún dato. De hecho, el resto de los votantes no conocíamos esas ideas que defendía el PP, pues Rajoy había tenido buen cuidado en ocultarlas. A Vargas Llosa, en el fondo, le daba igual el diagnóstico de la situación económica: lo que buscaba no era más que ensalzar a Rosa Díez, la de "ojos efervescentes", "un político de convicción" (en sentido weberiano, entiéndase).
A veces el escritor se desliza hacia el registro más castizo del "energumenismo". Adopta el espíritu de los comentarios brutales que abundan en los medios digitales, solo que con prosa elegante. Desde estas páginas, Félix de Azúa se despachó a gusto hace poco. Hablando del "descalabro" socialista, describía a Jesús Egiguren como "un melifluo valedor de quienes han defendido el asesinato como arma política". Este tipo de matonismo verbal está muy extendido cuando se trata de la cuestión vasca. Si no aceptas ciertos dogmas sobre cómo acabar con ETA, pasas a ser tonto útil y cómplice del terrorismo. Jorge Martínez Reverte arremetía también contra Egiguren en otro artículo reciente. Insultar a Egiguren (o a Aizpeolea) se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos entre quienes andan mitad desconcertados, mitad cabreados por el fin de ETA.
Pero no nos desviemos. El artículo de Azúa no sobresalía por su avinagramiento (tenía la dosis habitual), sino por la tesis fantástica de que la caída del PSOE se debe a la política de los socialistas hacia el nacionalismo. En todo el artículo no se mencionaba ni una sola vez la crisis económica como un factor posible de desgaste del partido socialista. Si los socialistas se han hundido electoralmente es por no combatir el nacionalismo como se debe, es decir, mediante insultos. Hay que aclarar que Azúa estaba explicando sobre todo su decisión personal de no votar al PSOE, si bien tenía la presunción de que sus "razones" personales iluminaran lo sucedido el 20-N. Mucha presunción parece.
Es verdad que los literatos no son los únicos en confundir el análisis con la ocurrencia. Sin embargo, son especialmente habilidosos en ese ejercicio y sirven de inspiración a muchos otros que, sin tener talento literario, ocupan columnas y tribunas. Porque el talento literario de Vargas Llosa o de Azúa no está en cuestión. Lo que me pregunto más bien es si ese talento es condición suficiente para el análisis político. Este requiere algo de destreza literaria, pero exige sobre todo unas ciertas capacidades que no guardan necesariamente relación con el mundo de la ficción: entender los intereses en juego, las limitaciones con las que operan los actores políticos, las estrategias, los valores ideológicos, saber lo que se ha hecho en otros países, confiar en los hechos y no en las percepciones, etcétera. Rara es la ocasión en que ambos talentos se dan conjuntamente, de forma que el autor combine la buena prosa con la profundidad. En este sentido, Javier Pradera era sin duda un ejemplo sobresaliente.
En otros países no es tan habitual encontrarse con las opiniones políticas de los escritores en las páginas de los diarios. Basta con echar una mirada a los medios anglosajones serios, en los que el nivel de exigencia del análisis es mayor. ¿Es una aspiración desmedida acabar con la retórica de la contundencia, eliminar el matonismo verbal y reclamar argumentos y datos como materiales básicos del debate político?
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A continuación unas palabras de Fernando Vivas, aparecidas en el Diario El Comercio el 04.01.2011, sobre la percepción del inicio de Susana Villarán como Alcaldesa de Lima.
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Por: Fernando Vivas Periodista
Su debut tuvo el encanto de lo nuevo: rompió el protocolo colocando a Pérez de Cuéllar al lado de Alan, besuqueó a medio mundo y metió en su rollo palabras que no oíamos durante la gestión de Castañeda, como cabildos abiertos, inclusión, transparencia, transmisión en vivo de las sesiones del concejo.
Todo la diferencia de su antecesor: el sexo (es la primera alcaldesa de Lima con un discurso de género), el lugar de origen (ella sí nació y creció en Lima), la formación académica (él es abogado y gerente, ella comunicadora y consultora) e ideológica. Esto último es relativo, pues hoy todos los candidatos astutos comulgan con la ideología de la praxis. Digamos que Castañeda fue militante acciopopulista y hoy populista a secas en política y liberal en economía, mientras que Susana fue militante comunista y hoy quiere estar bien parada en el centro, o sea, ser más o menos liberal en casi todo.
Una precisión importante: Villarán es católica y en su juventud se enroló en la UNEC (Unión Nacional de Estudiantes Católicos), brazo laico de la teología de la liberación, cuyo lema “opción preferencial por los pobres”, por cierto, pronunció antes de cerrar su discurso de ayer. Ello no le impide adherirse a una agenda liberal en materia de derechos sexuales y reproductivos, lo que aumentan el ‘charm’ de lo nuevo.
La última de las siete diferencias que le dan identidad es que no se va a quedar muda, va a abrir la boca más de lo necesario, al punto que botará algunas piedras y se tragará algunos sapos. Ya sucedió en la campaña y cuando dijo la barbaridad de que no puede investigar a Comunicore a la par que la fiscalía. La sinceridad es una virtud aunque suele comunicar muchos defectos: exceso de autorreferencialidad (‘yo les dije, yo soy así, yo nunca, yo siempre’) que es una dimensión ‘light’ de la soberbia, dudas, contradicciones, reflejos nerviosos.
Vuelvo a las virtudes. Villarán se nos ha aparecido, hasta ahora, como una política de reacciones rápidas. Ahora queremos ver la celeridad y la firmeza de sus acciones. Por suerte, sabe apreciar la necesidad de conciliar (por eso le hace la ‘patería’ a García y decidió no cambiar el nombre de los hospitales de la Solidaridad) y el atenerse a la verdad (por eso ha prometido en realidad poco).
Ayer me dejé contagiar por el entusiasmo de una chibola con las maneras de una tía regia y las funciones de una alcaldesa, al menos claras en el papel que leyó. Para qué darle consejos cuando tiene un concejo entero al que oír.
Estimados blogeros:
La semana pasada Evo Morales sorprendió con unas palabras en relación a la afectación sobre los hombres de la ingesta de carne de ave. Inmediatamete surgieron críticas señalandole como un homofóbico.
Empero, en las lineas siguientes, Virgina Rosas Ribeyro, analista internacional, hace algunas atentas reflexiones al respecto, que publicó en el Diario el Comercio el 28.04.2010. Veamos...
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Por: Por: Viriginia Rosas
Francamente leo y releo lo dicho por el presidente Evo Morales durante la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y no veo dónde está la homofobia de que se lo acusa. “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”. La verdad no sé bien qué quiso decir, pero no veo ninguna alusión a la homosexualidad.
También le atribuyó al consumo de pollos y otras carnes con hormonas el aumento prematuro del busto en las chicas. Recuerdo que allá por los años 90 la pediatra de mi hija me recomendaba lo mismo que Morales: alimentar a la niña con pollos criados naturalmente para evitar una excesiva ingesta de hormonas que pudiera adelantar su pubertad. Desde entonces he escuchado estas afirmaciones una y otra vez, tanto en la vida cotidiana como entre médicos y nutricionistas.
Como me interesa saber el origen y la tergiversación de los mensajes, me puse a buscar evidencias científicas que me dieran una pista sobre lo dicho por Morales.
Encontré un artículo del 3 de agosto del 2001 en el semanario argentino “Colón”, que hacía referencia a una publicación de la revista científica “Human Reproduction”, en el que se afirma que los pesticidas producen infertilidad masculina, además de los peligros que significa el uso de esteroides en las carnes, tanto de vacuno como de pollo.
La revista en mención es una de las publicaciones científicas de la Universidad de Oxford. Efectivamente, en agosto del 2001 dio a conocer un estudio realizado por Alejandro Oliva, Alfred Spira y Luc Multigner, del hospital Garibaldi, en Rosario (Argentina) y del Inserm, el más importante centro de investigación científica francés: “Contribution of environmental factors to the risk of male infertility”, en el que se concluye que los factores ambientales, en particular la exposición a pesticidas y solventes, pueden contribuir a la infertilidad masculina, pues los testículos son muy vulnerables a los agentes químicos y físicos. De pollos con hormonas no decían nada. Eso lo había añadido entonces, de su cosecha, el semanario argentino.
Pero encontré un despacho de Cimac Noticias, fechado en el 2002 en el que la pediatra Isabel Zubia Flores Soltero —impulsora de la lactancia materna en México—mencionaba dos casos de pubertad precoz en niñas de 6 y de 10 años vinculados al consumo de pollos criados con hormonas sintéticas. Y aunque afirmaba que no existían todavía estudios científicos suficientemente concluyentes sobre el tema, basaba sus declaraciones en su experiencia clínica de más de veinte años.
De lo que sí estoy segura es de que existe mucha ignorancia en lo que se refiere a la sexualidad humana: se confunden términos, se crean mitos y se tergiversa fácilmente el sentido de las cosas. ¿A qué se refería Evo con “las desviaciones en su ser como hombres”? Tal vez al incremento de la infertilidad masculina por culpa de pesticidas y hormonas sintéticas. Pero, por favor, ¿qué tiene que ver eso con la homosexualidad?.
Muy buenas reflexiones de Mario Vargas Llosa, ilustre escritor peruano, aparecidas en el Diario El Comercio (Perú) el 21 de Marzo del 2010
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Por: Mario Vargas Llosa
Hace algún tiempo hubo un pequeño alboroto mediático en España al descubrirse que la Junta de Gobierno de Extremadura, en manos de los socialistas, había organizado, dentro de su plan de educación sexual de los escolares, unos talleres de masturbación para niños y niñas a partir de los 14 años, campaña a la que bautizó, no sin picardía, El Placer Está en tus Manos.
Ante las protestas de algunos contribuyentes de que se invirtiera de este modo el dinero de los impuestos, los voceros de la junta alegaron que la educación sexual de los niños era indispensable para “prevenir embarazos no deseados” y que, por lo tanto, las clases de masturbación servirían para “evitar males mayores”. En la polémica que el asunto provocó, la Junta de Extremadura recibió las felicitaciones y el apoyo de la Junta de Andalucía, cuya consejera de Igualdad y Bienestar, Micaela Navarro, anunció que aquella iniciativa era importante y que en Andalucía comenzará en breve el lanzamiento de una campaña similar a la extremeña. De otro lado, un intento de acabar con los talleres de masturbación mediante una acción judicial que intentó una organización afín al Partido Popular y bautizada —con no menos chispa— Manos Limpias fracasó estrepitosamente, pues la Fiscalía del Tribunal de Justicia de Extremadura no dio curso a la denuncia y la archivó.
¡A masturbarse, pues, niños y niñas del mundo! Cuánta agua ha corrido en este viejísimo planeta que todavía nos soporta a los humanos, desde que, en mi niñez, los padres salesianos y los hermanos de La Salle —dos colegios en los que estudié la primaria— nos asustaban con el espantajo de que los “malos tocamientos” producían la ceguera, la tuberculosis y la imbecilidad. Ahora, seis décadas después, ¡clases de paja en las escuelas! Eso se llama progreso, señores. ¿Lo es, de veras?
La curiosidad, no la maledicencia, me acribilla el cerebro de preguntas. ¿Pondrán notas? ¿Tomarán exámenes? ¿Los talleres serán solo teóricos o también prácticos? ¿Qué proezas tendrán que realizar el alumno y la alumna para sacar la nota de excelencia y qué fiascos para ser desaprobados? ¿Dependerá de la cantidad de conocimientos que su memoria retenga o de la velocidad, cantidad y consistencia de los orgasmos que produzca la destreza táctil de chicos y chicas? No son bromas. Si se tiene la audacia de abrir talleres para iluminar a la puericia en las artes y técnicas de la masturbación, todas ellas son perfectamente pertinentes.
Diré de entrada que no tengo el menor reparo moral que oponer a la iniciativa El Placer Está en tus Manos de la Junta de Extremadura. Reconozco las buenas intenciones que la animan y admito, incluso, que, mediante campañas de esta índole no es imposible que disminuyan los embarazos no queridos. Mi crítica es de índole sensual y sexual. Me temo que en vez de liberar a los niños de las supersticiones, mentiras y prejuicios que tradicionalmente han rodeado al sexo, iniciativas como la de los talleres de masturbación lo trivialicen de tal modo que acaben por convertirlo en un ejercicio sin misterio, disociado del sentimiento y la pasión, privando de este modo a las futuras generaciones de una fuente de placer que ha irrigado hasta ahora de manera fecunda la imaginación y la creatividad de los seres humanos.
La masturbación no necesita ser enseñada, ella se descubre en la intimidad y es uno de los quehaceres humanos que funda la vida privada y va desgajando al niño, a la niña, de su entorno familiar, individualizándolos y sensibilizándolos gracias al mundo secreto de los deseos, e instruyéndolos sobre asuntos capitales como lo sagrado, el mito, el tabú, el cuerpo y el placer. Por eso, destruir los ritos privados y acabar con la discreción y el pudor que han acompañado al sexo no es combatir un prejuicio sino amputar de la vida sexual aquella dimensión que fue surgiendo en torno a ella a medida que la cultura y el desarrollo de las artes y las letras iban enriqueciéndola y convirtiéndola a ella misma en obra de arte. Sacar al sexo de las alcobas para exhibirlo en la plaza pública es, paradójicamente, no liberalizarlo sino regresarlo a los tiempos de la caverna, cuando las parejas no habían aprendido todavía a hacer el amor, solo a copular y ayuntarse, como los monos y los perros. La supuesta liberación del sexo, uno de los rasgos más acusados de la modernidad en las sociedades occidentales, dentro de la cual se inscribe esta idea de dar clases de masturbación en las escuelas, quizá consiga abolir ciertas ideas falsas y estúpidas sobre el onanismo. En buena hora. Pero también contribuirá a asestar otra puñalada al erotismo y, acaso, a abolirlo. ¿Quién saldrá ganando? No los libertarios ni los libertinos, sino los puritanos y las iglesias. Y continuará el empobrecimiento y banalización del amor que caracteriza a nuestra época.
La idea de los talleres de masturbación es un nuevo eslabón en el movimiento que, para ponerle una fecha de nacimiento, comenzó en París, en mayo de 1968, y pretende poner fin a todos los obstáculos y prevenciones, de carácter religioso e ideológico, que, desde tiempos inveterados, han reprimido la vida sexual provocando innumerables sufrimientos, sobre todo a las mujeres y a las minorías sexuales, así como frustración, neurosis y desequilibrios psíquicos de todo orden en quienes, debido a la rigidez de la moral reinante, se han visto discriminados, censurados y condenados a una insegura clandestinidad.
Este movimiento ha tenido muy saludables consecuencias, desde luego, en los países occidentales, aunque en otras culturas ha exacerbado las prohibiciones y represiones. El mito y culto de la virginidad que pesaban como una lápida sobre la mujer se han evaporado por fortuna y gracias a ello y a la generalización del uso de la píldora las mujeres gozan hoy, si no exactamente de la misma libertad que los hombres, al menos de un margen de libertad sexual infinitamente más ancho que sus abuelas y bisabuelas y que sus congéneres de los países musulmanes y tercermundistas. De otro lado, aunque sin desaparecer del todo, han ido reduciéndose los prejuicios y anatemas y las disposiciones legales que hasta hace pocos años penaban la homosexualidad y la consideraban una “práctica perversa”. Poco a poco va admitiéndose en los países occidentales el matrimonio entre personas del mismo sexo con los mismos derechos que los de las parejas heterosexuales, incluido el de adoptar niños. Y, también, de manera paulatina, va extendiéndose la idea de que, en materia sexual, lo que hagan o dejen de hacer entre ellos los adultos en uso de razón y decisión, es prerrogativa suya y nadie, empezando por el Estado, debe inmiscuirse en el asunto.
Todo esto constituye un progreso, por supuesto. Pero es un error creer, como los promotores de este movimiento liberador, que, desacralizándolo, desvistiéndolo de las veladuras y rituales que lo acompañan desde hace siglos, desapareciendo de su práctica toda forma de transgresión, el sexo pasará a ser una práctica sana y normal en la ciudad.
El sexo solo es sano y normal entre los animales y las plantas. Lo fue entre nosotros, los bípedos, cuando aún no eramos humanos del todo, es decir, cuando el sexo era en nosotros desfogue del instinto y poco más que eso, una descarga física de energía que garantizaba la reproducción. La desanimalización de la especie fue un largo y complicado proceso y en él tuvo un papel decisivo la lenta aparición del individuo soberano, su emancipación de la tribu, con tendencias, disposiciones, designios, anhelos, deseos que lo diferenciaban de los demás y lo constituían como ser único e intransferible. El sexo desempeñó un papel protagónico en la creación del individuo soberano y, como mostró con más lucidez que nadie el genio de Freud, en ese dominio, el más íntimo y privado de la soberanía individual, es donde se fraguan los rasgos distintivos de cada personalidad, lo que nos pertenece como propio y nos hace diferentes de los otros. Ese es un dominio privado y secreto y debería seguir siéndolo si no queremos cegar una de las fuentes más intensas del placer y de la creatividad, es decir, de la civilización.
George Bataille no se equivocaba cuando alertó contra los riesgos de una permisividad desenfrenada en materia sexual. La desaparición de los prejuicios no puede significar la abolición de los rituales, el misterio, las formas y la discreción gracias a los cuales el sexo se civilizó y humanizó. Con sexo público, sano y normal la vida podría volverse infinitamente más aburrida, mediocre y violenta de lo que es.
A continuación un interesante artículo de Enrique Gil Calvo, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, aparecido el 11.08.2009 en el diario español EL PAIS.
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Por: Enrique Gil Calvo
El cambio de ciclo político global que significó la llegada del primer presidente negro a la Casa Blanca ha impuesto también un giro copernicano en la manera de ejercer el poder hegemónico de Estados Unidos a escala planetaria. Si utilizamos la convencional distinción entre poder duro y poder blando que popularizó Joseph Nye, está claro que semejante inversión en la metodología imperial ha supuesto pasar del uso preponderante que hacía George W. Bush de la amenaza militar, como principal palanca para vencer toda posible resistencia doblegando la voluntad de propios y extraños, a un uso secundario aunque no por eso menos significativo de la misma por parte de Barack Obama, quien confía ante todo en la fuerza de la palabra para conseguir sus objetivos políticos convenciendo a los demás de la conveniencia de sus designios.
Obama deja traslucir en cambio un mensaje inequívoco de sincera y auténtica veracidad
Y para reflejar el contraste entre ambas estrategias de dominación, nada mejor que comparar dos concretas demostraciones de poder que manifiestan su opuesta forma de concebirlo y ejercerlo. Por parte de Bush, su tour de force ocurrió el 1 de mayo de 2003, cuando se escenificó su desembarco, con una cazadora de piloto de combate rotulada con el rango de "Comandante en Jefe", a bordo del cazabombardero Navy One en la cubierta del portaviones Abraham Lincoln bajo un estandarte con la leyenda "Misión cumplida". Ostentación de poderío militar en estado puro, como exaltación de gloria bajo un virtual arco del triunfo tras el fin del paseo militar que supuso el bombardeo, invasión y ocupación de Irak. Y por parte de Obama, su equiparable pero contrapuesta demostración de fuerza tuvo lugar el pasado 4 de junio, cuando pronunció su celebre discurso en la Universidad Islámica de El Azahar en El Cairo, frente a un público de estudiantes, académicos y autoridades, ante los que manifestó su voluntad de reconocer al Islam y de contener a Israel. Un discurso sobre el que habrá de volver una y otra vez.
No obstante, si hilamos algo más fino, advertiremos que este contraste entre el halcón y la paloma, entre el poder duro y el light, es más aparente que real. Es verdad que resulta impensable por parte de Obama un abuso de poder imperial como el Anschluss de Irak arbitrariamente decidido por Bush (pero ahí está su refuerzo de la ocupación de Afganistán, que puede suponer para él lo que representó Vietnam para Kennedy y Johnson). Ahora bien, al decir que conviene matizar no me refiero al poder duro, que siempre será esgrimido por un presidente estadounidense aunque sea de forma tan discreta como lo hace Obama, sino al soft power, que no es en absoluto inofensivo, irrelevante o light.
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Van dos pronunciamientos en el mismo sentido que el planteado en el post anterior:
1. Pronunciamiento del Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y la Defensoría del Pueblo sobre los
últimos hechos de violencia sucedidos en la Selva Peruana
¡ALTO A LA VIOLENCIA!
El Presidente de la Conferencia Episcopal del Perú y la Defensora del Pueblo lamentan profundamente el descenlace violento que viene ocurriendo en el departamento del Amazonas, ciudades de Bagua Chica y Bagua Grande, entre otras, que ha ocasionado la muerte de civiles y policias y un saldo de varios heridos.
La vida es un valor supremo que en cualquier circunstancia debe ser protegida y privilegiada, tanto la de nuestras comunidades nativas históricamente desatendidas, como las que quienes, en cumplimiento de su deber constitucional, procuran el restablecimiento del orden.
Hacemos un clamoroso llamado a la serenidad y demandamos que, de manera inmediata, cesen los enfrentamientos entre compatriotas. Es urgente que se atienda sin distinción a las personas heridas y a las que se encuentran en riesgo y que se proceda en el más breve plazo a restablecer el canal del diálogo, que nunca debió ser interrumpido, y que debe ser utilizado como la única vía para resolver pacíficamente los conflictos.
Concientes de nuestro deber de protección de la vida y de los derechos fundamentales de las personas, invocamos a todas las autoridades y dirigentes a optar por el diálogo y la paz y nos mantenemos a disposición del país para colaborar en lo que nos sea requerido, a fin de devolver la tranquilidad a las poblaciones afectadas y a todo el Perú.
+ Miguel Cabrejos Vidarte, OFM.
Arzobispo de Trujillo
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana
Dra. Beatriz Merino Lucero
Defensora del Pueblo
2. De la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA
ORGANIZACIÓN DE ESTADOS AMERICANOS
COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS
COMUNICADO DE PRENSA
No. 35/09
LA CIDH CONDENA HECHOS DE VIOLENCIA EN PERÚ
Washington, D.C., 8 de junio de 2009 – La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condena enérgicamente los graves hechos de violencia que tuvieron lugar el 5 de junio en Bagua, en el norte de Perú, que habrían ocasionado la muerte de varias personas.
Según la información recibida, por lo menos 30 personas habrían muerto y otras habrían resultado heridas, incluyendo líderes indígenas y miembros de las fuerzas de seguridad, como resultado de un operativo de la Policía Nacional del Perú para dispersar el bloqueo que grupos indígenas mantenían en la carretera de acceso a la ciudad de Bagua. El acto de protesta había sido organizado por pueblos indígenas de la Amazonía peruana tras la adopción de decretos legislativos que afectarían el derecho de propiedad sobre sus tierras y territorios. La Comisión Interamericana recuerda al Estado su obligación de esclarecer judicialmente estos hechos de violencia y reparar sus consecuencias.
La información recibida señala que los centros de atención a la salud en Bagua no estarían capacitados para brindar asistencia a la gran cantidad de indígenas que resultaron heridos. La CIDH llama al Estado peruano a adoptar las medidas necesarias para garantizar el acceso a servicios de salud a todos los heridos.
La CIDH hace un llamado a las partes a promover un proceso de diálogo para la búsqueda de una solución que respete los derechos humanos. Cabe resaltar la importancia de adoptar mecanismos para evitar el uso excesivo de la fuerza por parte de los agentes públicos en marchas y manifestaciones de protesta. Como ha manifestado la CIDH: “La criminalización de la legítima movilización y protesta social, sea a través de represión directa a los manifestantes, o a través de investigación y proceso criminal, es incompatible con una sociedad democrática donde las personas tienen el derecho de manifestar su opinión”.
Por último, la CIDH ha tomado conocimiento que el 9 de mayo el Gobierno declaró el estado de sitio. La Comisión desea recordar que el artículo 27 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Opinión Consultiva 9/87 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos enumeran los derechos que no pueden ser suspendidos, entre otros, el derecho a la vida, a la integridad personal y a las garantías judiciales indispensables para la protección de estos derechos. En vista de la información recibida según la cual varias personas habrían sido detenidas durante los incidentes sin que se informara sobre su identidad o su paradero, la CIDH llama al Estado peruano a respetar su derecho a la integridad personal y a las garantías judiciales.
La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión está integrada por siete miembros independientes que se desempeñan en forma personal, que no representan a ningún país en particular y que son elegidos por la Asamblea General de la OEA.
Enlaces útiles:
• Convención Americana sobre Derechos Humanos
• Opinión Consultiva No. 9/87 de la Corte IDH
• Oficina de Prensa de la CIDH
• Sitio Web de la CIDH
Estimados Blogeros:
La muerte de ciudadanos peruanos (de étnias amazónicas y de la Policia Nacional del Perú) ocurrida la semana pasada en Bagua, Amazonas, es una noticia muy dura y dolorosa porque, como ha ocurrido en otros momentos del país, muestra la debilidad de los políticos para llegar a acuerdos razonables y conglobantes. Especialmente quienes estan a cargo de la dirección del país (en el Poder Ejecutivo y en el Congreso) tienen la obligación política de dialogar y negociar hasta llegar a puntos razonables que permitan la plenitud de la ciudadanía.
Es claro que nuestros policias cumplían órdenes superiores y en su acción estaban ejerciendo el poder estatal derivado de la Constitución Política y que, por lo tanto sus muertes absurdas como han señalado algunos comentaristas, deben llevar a entender que los funcionarios y servidores del Estado están al servicio del país y por lo tanto quienes dirigen su actuación deben hacerlo tomando en cuenta el deber de cuidado correspondiente.
Por otro lado, los ciudadanos peruanos que viven en la Selva han participado en momentos importantes de defensa del Estado, como por ejemplo durante las Hostilidades del Falso Paquisha, la Guerra del Cenepa o incluso en la lucha contra el terrorismo. Su convicción de peruanidad no puede ser puesta en cuestión por los hechos ocurridos, ni tampoco por discursos que resaltan el sentido de las propias nacionalidades. en ese sentido, la violencia no puede ser explicada esteriotipando a dichos ciudadanos o culpandoles abiertamente de los sucesos ocurridos.
Espero que cuando pase la andanada de creciente desinformación, y siempre que el periodismo y las organizaciones de sociedad civil cumplan su labor de veeduría democrática y actuen maduramente, podremos desentrañar los hilos de la madeja que llevaron a esta inaceptable escalada de violencia. Ojalá que los responsables políticos de estos sucesos (en el Gobierno y entre la dirigencia amazónica) asuman el costo político que se ha originado y den un paso al costado. Ojalá que el Congreso de la República retome la vía del dialogo y armonice los intereses de todas las partes incluidas en este conflicto.
Comentarios de Mario Vargas Llosa aparecidos en El Comercio.
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Por: Mario Vargas Llosa
La más notable y atrevida reforma introducida en la política estadounidense por el presidente Barack Obama no concierne a Iraq, ni a las torturas de Guantánamo, ni a Cuba, ni a la Unión Europea, sino a Israel. Por primera vez un gobierno de Estados Unidos abandona la línea seguida hasta ahora por todos sus predecesores —incluido el del presidente Carter, que solo al salir de la Casa Blanca cambiaría de posición sobre este asunto—, de alineamiento sistemático con Israel en su conflicto con los palestinos, un hecho que hasta ahora ha constituido un obstáculo mayor para un acuerdo de paz que desactivara aquel polvorín, que en cualquier momento puede volver a incendiar el Medio Oriente, rompiera el hielo y permitiera un acercamiento y colaboración entre los países árabes y el mundo occidental.
En efecto, apenas asumido el poder, la nueva administración, primero por boca de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y luego a través del vicepresidente Joe Biden, y finalmente, del propio Obama, ha recordado a Israel su compromiso con el acuerdo de Anápolis de 2007, que establece la creación de dos Estados —uno israelí y otro palestino— como fundamento para la paz y exigido que cese la instalación de asentamientos de colonos en Cisjordania. El nuevo gobierno israelí, que preside Benjamín Netanyahu, no acepta la creación de un Estado Palestino y, añadiendo una exigencia que prácticamente cierra las puertas a toda nueva negociación, ahora exige como condición para el diálogo que los palestinos reconozcan a Israel la condición de “Estado Judío”. La reciente entrevista, en Washington, de Obama con Netanyahu, ha mostrado al mundo, por primera vez en la historia, una radical disparidad de criterios entre ambos países y, por eso, ha sido considerada, en general, como un clamoroso fracaso.
Yo no soy tan pesimista. Por el contrario, creo que esta es solo una primera finta, en un pugilato de sombras del que, acaso, podría resultar por fin una solución negociada para el conflicto más largo y más áspero que padece el mundo desde 1948. Mi relativo optimismo parte de esta convicción: Estados Unidos es el único país que tiene credibilidad ante la opinión pública de Israel y capaz de influir sobre su clase dirigente, pues ambas, por razones que sería largo de explicar, padecen respecto a todos los demás países, sobre todo los de Europa Occidental, una verdadera paranoia que los hace ver enemigos por doquier y considerar cómplices de sus enemigos a quienes se atreven a criticar sus políticas, aun de la manera más amical. Esta psicosis explica en parte, por lo demás, el acelerado proceso de radicalización extremista de Israel, visible en los resultados de las últimas elecciones, que ha llevado al poder, junto al ultra nacionalista del Likud, Netanyahu, a un fanático racista y xenófobo como su ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, cuyo partido, Israel Beiteinu, recordemos, quiere privar de la nacionalidad al millón de árabes israelíes.
La alianza con Estados Unidos es necesaria a Israel, en términos económicos desde luego —pues recibe una ayuda de unos tres mil millones de dólares anuales—, pero, sobre todo, políticos, teniendo en cuenta su condición de país cercado de adversarios, algunos de los cuales, como Irán, reclaman su extinción, y la soledad internacional a que lo han llevado su intransigencia y sus medidas de fuerza, como las recientes invasiones de Líbano y de Gaza.
Si Estados Unidos mantiene con firmeza su exigencia de que Israel se atenga a sus compromisos, cese la creación de colonias en Cisjordania y entable negociaciones que permitan la creación de un Estado Palestino, esta actitud tendrá la virtud de movilizar de nuevo a la dormida y desmoralizada colectividad progresista de Israel que, durante tantos años, luchó por la “Paz Ahora”, uno de cuyos grandes logros fueron los acuerdos de Oslo, que sentaron las bases de una paz sostenida, esperanza que por desgracia se frustró con el asesinato del primer ministro Rabin.
Las dificultades son enormes desde luego, y, por cierto, no solo desde el lado de los extremistas del gobierno de Israel, quienes, en una provocadora demostración de fuerzas, anunciaron la creación de un nuevo asentamiento de colonos en Cisjordania —Maskiot, a orillas del Jordán— en plenas conversaciones de Obama con Netanyahu, sino de los palestinos, cuya división, entre los fanáticos terroristas de Hamas y los moderados de Al Fatah, pese a los esfuerzos de Egipto y de Jordania, parece agravarse en vez de ceder. Pero, curiosamente, pese a esta radicalización extremista de los palestinos, Estados Unidos, desde la elección de Barack Obama, ha dejado de ser percibido para una amplia sección de la sociedad palestina como el enemigo imperialista y socio del colonizador —la etiqueta tradicional— sino, más bien, como un poder que puede ejercer una función moderadora y conciliadora en la región, la única en última instancia con influencia suficiente para propiciar una negociación aceptable para ambas partes. Esta es por ahora una percepción exacta y si Obama mantiene su actual política, hay muchas esperanzas de que los sectores moderados de ambas comunidades vayan ganando terreno y haciendo retroceder a los extremistas convencidos de que la solución del conflicto vendrá solo a través de la matanza.
Entre las grandes dificultades que quedan por sortear, la más grave por el momento es Irán. La amenaza del apocalíptico Ahmadineyad de exterminar a Israel no puede ser considerada la simple bravata de un demagogo, sobre todo después de saber que el gobierno iraní acaba de probar con éxito el Sayil-2, un misil con una capacidad de golpear a un blanco situado a dos mil kilómetros de distancia, es decir, con trayectoria suficiente para llegar a Israel. De otro lado, pese a la presión de todas las potencias, a las gestiones de los organismos internacionales, a las propuestas de Estados Unidos de abrir una negociación, Irán prosigue impertérrito con su plan para dotarse de armas nucleares. Y esto, como es lógico, ha hecho cundir la zozobra en Israel. Aunque no se tiene confirmación de estas noticias, hay rumores crecientes de que, en los últimos meses, ya en dos oportunidades Estados Unidos ha impedido que el gobierno israelí bombardee las instalaciones atómicas iraníes, medida que, a juicio de aquel, podría retardar varios años la fabricación del arma atómica por el régimen de los ayatolas, pero que, asimismo, podría provocar una vez más un conflicto armado de incalculables consecuencias en todo el Medio Oriente. Desde luego que si los halcones de Teherán o de Jerusalén cometen la insensatez de lanzar un “ataque preventivo”, la negociación palestino-israelí se verá postergada hasta las calendas griegas.
Este es, probablemente, el tema sobre el que el diferendo actual entre Israel y Estados Unidos tiene más dificultad para encontrar un acomodo. En su reciente entrevista en la Casa Blanca, Netanyahu insistió en que Irán debía encabezar la lista de prioridades y la negociación de Palestina supeditarse a que se ponga fin a la amenaza iraní. Por su parte, Obama piensa que la iniciación de negociaciones serias y bien orientadas entre Israel y Palestina crearía de inmediato un clima que permitiría desactivar el violentismo de los integristas de Teherán y realzar el protagonismo de los sectores más abiertos y razonables del régimen. Probablemente sea Obama quien tenga razón.
Es obvio que por el camino de la fuerza solo habrá víctimas —más muertos, más odio, más sufrimiento— y de ninguna manera soluciones. Tres guerras e incontables atentados, atropellos, violencias e injusticias son una prueba más que suficiente de que el conflicto palestino-israelí no llegará a término si solo hablan los fusiles y las bombas. Es hora de que hablen los dirigentes políticos y que las sociedades civiles de ambas comunidades divisen una luz al final del túnel en que están sumidas hace decenas de años. Si Hamas se niega al diálogo, que Israel negocie con la Autoridad Palestina, que, a fin de cuentas, es legítima (aunque acaso hoy ya sea minoritaria en Palestina). Si los palestinos advierten que esta negociación comienza a dar frutos, es seguro que se volcarán a apoyarla y Hamas irá perdiendo el apoyo que ganó en los últimos tiempos por el desencanto que produjeron entre los palestinos la ineficiencia y la corrupción de los gobiernos de Al Fatah. Del mismo modo, si este diálogo da síntomas de llegar a buen puerto, es seguro que en Israel irá debilitándose la fortaleza actual del extremismo y los sectores moderados y pacifistas recuperarán el protagonismo de antaño.
No hay otro camino para que se resuelva esa cuadratura del círculo en que los fanáticos de ambos bandos han convertido el conflicto palestino-israelí.
A continuación presentamos este interesante artículo de Michael T. Klare, intitulado como "Con la proa puesta a una oleada global de crimen, violencia y represión", aparecido el 19.04.2009. Michael T. Klare es profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en el Hampshire College en Amherst, Massachusetts. Este artículo es su segunda contribución a una serie sobre el planeta al borde del precipicio
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Por: Michael T. Klare
En todas las catástrofes, hay siempre algunos ganadores entre la multitud de víctimas y perdedores. Los malos tiempos, al igual que los buenos, dan beneficios para algunos. En el caso de la actual debacle económica global, con el mundo al borde del precipicio y casi 50 millones de personas que es posible que pierdan su empleo antes de que acabe el año, uno de los ganadores va a ser posiblemente la actividad criminal y los sindicatos del crimen. Desde México hasta África, Rusia o China, el grupo de gente desesperada y sobornable crece exponencialmente, indicando un potencial y repentino repunte en la actividad criminal global. A medida que aumenten los beneficios ilícitos, así lo hará la violencia de las guerras de competencia entre los sindicatos del crimen así como la de los desesperados esfuerzos de los gobiernos para intentar poner freno a la actividad criminal.
Tomemos México, presente estos días en los titulares. A finales de marzo, durante su primer viaje oficial como Secretaria de Estado, a Hillary Clinton se le preguntaba insistentemente sobre el estallido de violencia relacionada con las drogas en ese país, las miles de muertes que ha conllevado, la patente incapacidad del ejército mexicano para contener, no digamos ya reprimir, el tráfico de drogas, y sobre la posibilidad de que el país esté en peligro de convertirse en un "estado fallido". México en si mismo puede que no esté en peligro de colapsarse, respondió diplomáticamente, pero un peligro muy real amenaza a ambos países en la forma de un incremento de la violencia criminal a lo largo de la frontera entre EEUU y México. "Los criminales y sus líderes que están extendiendo la violencia tratan de corroer los fundamentos de la ley, el orden, la amistad y la confianza entre nosotros", declaró en una conferencia de prensa en Ciudad de México. Para contrarrestar este peligro, la secretaria de estado prometió una respuesta militarizada que reflejase el nivel de peligro que ella percibía – un incremento significativo en la asistencia norteamericana en la lucha contra el tráfico de drogas, incluida la eminente entrega de algunos helicópteros Black Hawk.
El tráfico de drogas mexicano en sí mismo no es nada nuevo. El tráfico de exportación ilegal a los EEUU y la consecuente sangrienta competencia entre los traficantes para acceder al mercado norteamericano han preocupado desde hace mucho tiempo tanto a las autoridades mexicanas como a las de EEUU. En los últimos dos años, sin embrago, la violencia procedente del tráfico ilegal ha ascendido hasta cotas sin precedentes a medida que los principales grupos criminales – el cártel Juárez, el cártel Sinaloa, el cártel del Golfo, y Los Zetas – han resistido con éxito una fiera ofensiva gubernamental, mientras al mismo tiempo luchaban entre ellos por el control de los puntos fronterizos clave. Según el Fiscal General de México, Eduardo Medina-Mora, 5.376 mejicanos fueron asesinados en actos de violencia relacionados con las drogas en los primeros 11 meses de 2008, comparado con los 2,477 del mismo periodo de 2007, un incremento del 117%. Y a medida que la situación es cada vez más difícil para los mexicanos de a pie, reclutar para el tráfico ilegal es cada vez más fácil incluso aunque las muertes no dejen de multiplicarse. Las autoridades norteamericanas creen además que la lucha entre clanes se está extendiendo peligrosamente al territorio de EEUU, aumentándose las cifras de asesinatos en estados fronterizos como Arizona, California y Texas.
La actual masacre en México puede que este monopolizando los titulares extranjeros, pero muchos otros lugares del mundo han visto también crecer súbitamente la violencia criminal en 2008 y los primeros meses de 2009, a medida que la crisis económica global se ha ido acentuando. Mientras los empleos legales van desapareciendo, cada vez mayores grupos de jóvenes desempleados son comprensiblemente atraídos hacia lo que aún sigue disponible – puestos no del todo legales para trabajar en el ejército o la policía que en muchos países están mal pagados pero dan acceso a suculentos sobornos. Este tipo de proceso parece estar dándose en las regiones más empobrecidas de África, Asia y América Latina.
Traficantes de drogas y piratas
En realidad, es una ironía que mientras se derrumban el comercio global y demás ámbitos de la globalización económica, el crimen puede que se esté globalizando. Téngase en cuenta los últimos acontecimientos en Guinea-Bissau y Perú, cuando se trate de ver el creciente alcance y ferocidad de los traficantes de droga latinoamericanos.
El 1 de marzo en Guinea-Bissau, una antigua colonia portuguesa en la costa occidental de África, unos asaltantes desconocidos mataron el Jefe de las Fuerzas Armadas el General Batiste Tagme Na Waie y al presidente João Bernardo Vieira, con pocas horas de diferencia entre el primer asesinato y el segundo. Esos dos hombres habían sido durante mucho tiempo rivales políticos, y se cree que el presidente Vieira estuvo detrás del asesinato de Na Waie y que fue luego ajusticiado como represalia por miembros de las fuerzas de seguridad del país.
Guinea-Bissau, sin embargo, se ha convertido también en una vía de entrada importante del tráfico ilegal de drogas desde Colombia hacia Europa. Muchos observadores creen que los asesinatos estaban ligados a luchas intestinas entre los cárteles de la droga y sus vínculos con las elites políticas y militares de Guinea-Bissau. Si bien los asesinatos puede que en parte fueran motivados por "odios personales y rivalidades étnicas", dice Joseph Sala, un antiguo funcionario del Departamento de Estado que conoce a fondo el país, un factor a tener en cuenta fue también "la creciente implicación de los cárteles de la droga latinoamericanos".
En Perú, la omnipresente tentación de los grandes beneficios ilegales procedentes de la droga se refleja en el resurgir del movimiento de guerrilla Sendero Luminoso – esta vez como una operación de contrabando de cocaína. Originariamente una organización revolucionaria maoísta, Sendero Luminoso prácticamente desapareció después de que su líder mesiánico, Abimael Guzmán, fuese detenido por agentes antiterroristas peruanos en 1992. Recientemente sin embargo, una facción del grupo que sobrevivió ha reaparecido en un remoto reducto de jungla de las zonas más empobrecidas, promoviendo el cultivo de la hoja de coca y su posterior procesado en cocaína. Aunque todavía profese lealtad a sus raíces maoístas, dicha facción de la guerrilla parece destinar la mayor parte de su tiempo a rechazar los esfuerzos del ejército peruano por acabar con el tráfico de drogas en la región. El resultado ha sido un repunte de la violencia armada con al menos 22 soldados y miembros de los cuerpos policiales muertos en la región en 2008, el mayor número de muertos en casi una década.
Y a medida que las condiciones de vida se endurecen, el incremento de la violencia criminal se hace evidente de otras dos sorprendentes formas: con aumentos de la piratería en alta mar y como un repunte en el número de penas capitales en China.
El auge de la piratería ha obtenido particular notoriedad desde que piratas somalíes secuestraron en noviembre de 2008 el Sirius Star, un superpetrolero saudí que llevaba más de 100 millones de dólares en crudo. En cierto sentido, Somalia puede ser la señal de alarma sobre lo que está por venir en regiones mucho mayores en esta nueva era de criminalidad. Como genuino estado fallido, después de todo Somalia ha estado experimentado durante años su equivalente a lo que sería una gran depresión. Y aunque haya liderado en cuestión de piratería, el fenómeno está creciendo en todas partes. La toma del Sirius Star fue sólo uno de los 293 incidentes de 2008 relacionados con la piratería – la mayor cifra desde que el Piracy Reporting Centre (PRC) del International Maritime Bureau – Observatorio de la Piratería de la Oficina Marítima Internacional, N. del T. – empezó a recopilar este tipo de información en 1992. Según el informe anual sobre piratería del RPC, 889 miembros de tripulaciones fueron tomados como rehenes en 2008, 11 fueron asesinados, y 21 siguen desaparecidos y presumiblemente estén muertos; se dispararon armas en 139 de los incidentes, en comparación con los 72 de 2007.
Cuando se trata de China, cuya fructífera economía era una maravilla mundial hasta que el comercio internacional se vio fuertemente dañado el año pasado, resulta difícil calcular el nivel de violencia criminal, ya que los funcionarios parece que lo subestiman sistemáticamente. Sin embargo, hay indicios de que está aumentando y de que el crimen organizado se ha asegurado una mayor presencia en el país. En lo que es evidentemente un esfuerzo por parte de Beijing para combatir esta tendencia el gobierno ha incrementado claramente sus ejecuciones de criminales considerados culpables de delitos capitales. En 2007 y según Amnistía Internacional, al menos 470 criminales convictos fueron ejecutados y otros 1.860 (o más) sentenciados a muerte. Las cifras de 2008 acabadas de publicar muestran un incremento: enorme: 1.718 o más ejecuciones y otras 7.003 personas sentenciadas a pena de muerte. Algunas de esas personas ajusticiadas puede que fuesen prisioneros políticos acusados falsamente de delitos criminales, pero la gran mayoría eran, presumiblemente, criminales comunes condenados a muerte para intimidar a quienes se les pueda ocurrir adoptar comportamientos similares.
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