Archivos de mayo,2008

Dos geografías para un autor

mayo 22, 2008
Entrevista. EDGARDO RIVERA MARTÍNEZ

Edgardo Rivera
LOS CUENTOS DEL AUTOR DE "PAÍS DE JAUJA" ABORDAN LA RELACIÓN DE IDA Y VUELTA ENTRE LO AUTÓCTONO Y LO UNIVERSAL. EN SU LIBRO "CUENTOS DEL ANDE Y LA NEBLINA", EL ESCRITOR REÚNE 44 AÑOS DE HISTORIAS


Por Enrique Planas

¿Cuál es la Jauja real, la ciudad actual o la que supo inventar en sus novelas un escritor como Edgardo Rivera Martínez? Si bien la pregunta es retórica, nos deja pensando en cuál es el mejor lugar para instalar nuestra vida: en la mediocre realidad o en el brillante sueño de la ficción. A Rivera Martínez le apena que su ciudad natal resulte tan distante de aquella urbe eterna encapsulada en su novela "País de Jauja". "Se ha desmejorado muchísimo la Jauja que yo conocí en mi infancia --lamenta--. Entonces prevalecían los tejados, los muros blancos, los zaguanes. El afán por 'modernizar' perjudica no solo a Jauja sino a todas las ciudades de provincia", comenta el escritor, quien cada vez que regresa busca los pocos refugios a salvo de la destrucción: calles como Alfonso Ugarte o La Samaritana, que aún conservan su perfil, o la casa que su abuelo materno mandó levantar a comienzos del siglo pasado en la calle San Martín. "¿Qué habría pasado si Jauja no hubiera dejado perder su pasado de esa forma?", se pregunta el escritor, quien aclara que si bien la vieja Jauja no puede compararse con el esplendor del Cusco o la rústica belleza de Huamanga, reconoce en su modestia su encanto especial. Atracción que se conservará mucho más tiempo en las páginas de sus cuentos, escritos entre 1964 y el 2008, reunidos ahora en el volumen "Cuentos del Ande y la neblina" (Punto de Lectura).

jironsanmartin
Jirón San Martín - Jauja


Por primera vez hace evidente cómo en su obra no solo convergen las tradiciones, el imaginario o la mitología andina sino también el mundo urbano, limeño, desdibujado por su característica neblina.

Sí, de alguna manera esa ha sido la atención, colocando los Andes en primer lugar, pues soy fiel a mis raíces andinas. La mayor parte de mis cuentos están ambientados en los Andes, y varios de ellos no en Jauja sino en Huamanga, Ocongate, o Cusco. Pero también está presente la Lima de la neblina, la de los Barrios Altos, un poco decaída, casi en ruinas. En el caso de las novelas cortas, está la neblina de los malecones, de la cercanía al mar.

Uno siempre asocia el ande con la claridad, con un prístino cielo azul. La ciudad, por el contrario, es tan neblinosa como inasible. ¿Es así su forma de entender ambas geografías?

Son los temas que más atraen mi sensibilidad. En mis cuentos está presente un factor lírico. No en vano en muchos cuentos es muy importante la música y la danza. Es una manera de contraponer esos dos universos: en el andino prevalece el sol pero también la lluvia, a veces la nieve, es un mundo con raíces míticas, paisajes luminosos, verdes y dorados. Lima, de alguna manera, me es más distante, a pesar de que por cosas de la vida vivo en ella, a pesar de que dos años de mi infancia los pasé en Barranco, en la Bajada de los Baños. Mi visión es esa, centrada en los Andes pero con una apertura a Lima.

Usted es un escritor no muy interesado en la técnica sino especialmente en el trabajo con el lenguaje. Viniendo de una generación de escritores muy interesados en el laboratorio técnico, ¿cómo equilibra el estilo con la técnica?

Para mí es sumamente importante el lenguaje en función del lirismo de mis relatos. Me permitiría hablar incluso de efectos musicales del lenguaje. Son textos muy trabajados. Pero también me interesa la técnica...

La técnica como la construcción de diferentes narradores en sus historias...

Claro, la yuxtaposición de puntos de vista. Pero no soy un innovador. No me gusta la técnica por sí misma. Prefiero atenerme a lo que respecta al lenguaje, a su musicalidad, para que esta sea acorde al espíritu del personaje, a la atmósfera, al mundo interior que quiero transmitir al lector.

¿En sus primeros años de escritor, no sentía la presión de seguir las experimentaciones de moda en los tiempos del 'boom' latinoamericano?

No. En mis novelas, como "País de Jauja", sí hay una cierta experimentación, como son los cambios de perspectiva del narrador. El Claudio adolescente, que escribe y cuenta la historia, y el Claudio ya en la madurez, que recuerda. Es como una composición musical a dos voces. Y en algunos momentos, resurge la voz de la tierra, del mito. En mi segunda novela, que no tuvo tanta difusión, trabajé de la misma manera. Pero en mis tiempos de estudiante de literatura y antes, en mis años de escuela tuve la suerte de encontrarme con personas que incentivaron mis lecturas y mi vocación. Gracias a que me iniciaron en el francés, los curas franceses que estaban en Jauja por razones de salud (aún Jauja era un centro para la recuperación de la tuberculosis) me hicieron descubrir a Marcel Proust, por quien tengo la más elevada estima, y que era toda una novedad en aquella época.


Pais_de_Jauja

¿Proust le ayudó a encontrar su personal construcción del mundo andino?

Así son las paradojas...

El libro trae dos excelentes relatos inéditos "Ileana Espíritu" y "El Tucumano". En el primer cuento, es impresionante cómo una historia de desaparecidos por la violencia puede convertirse en un relato fantástico, en el que una madre que busca a su hijo adquiere una dimensión mítica...

Me rondaba el recuerdo de la violencia producto tanto del accionar del terrorismo como de algunos sectores de las Fuerzas Armadas. Y este personaje de la madre, que llega a adquirir una dimensión cuasi mítica (incluso se apellida Espíritu, un apellido que existe en la sierra), posee esta idea de espíritu que busca y busca el cuerpo de su hijo o tal vez lo que quedó de el. Poco a poco, en ese andar inacabable por las riberas del río Mantaro, ella se convierte en una suerte de espíritu al cual, incluso, se le hacen ofrendas. Digamos que el realismo que en un primer momento pudo haberme tentado a presentar la violencia con rudeza, por la vocación lírica que creo tener, se convierte en otra cosa, en la historia de un ser cuasi fantasmal que encarna la maternidad en toda su dimensión mítica.

"El Tucumano" es igualmente un cuento de corte fantástico pero totalmente festivo...

Así es. Es un cuento de alegría sobre un personaje misterioso que parece resurgir de los siglos de la Colonia. De hecho, existe esa danza que cuento en la historia. Se le llama la Tunantada, y es del centro del Perú. Nace del recuerdo de los mineros que venían de la lejana Argentina con sus recuas y caballos. Son danzas que a mí me impresionaron mucho de pequeño.

Gran parte de sus cuentos son de finales abiertos. Muchas veces en ellos irrumpe lo fantástico, lo imposible de comprender con la lógica humana. ¿Es consciente de que este tipo de final es una firma suya?

Soy consciente de ello, aunque no es deliberado. Literariamente me satisface, y es el carácter de mi narrativa. Es diferente a mi novela "País de Jauja", una novela de la felicidad, que en muchos aspectos es de género realista. Es una propuesta literaria en la que yo insisto: fidelidad con las raíces andinas pero con una apertura a la universalidad y a la modernidad. Pero no una apertura que nos haga perder la identidad, como lamentablemente está sucediendo en gran parte del mundo con la globalización económica.

¿Usted cree que la globalización cultural influye en la literatura peruana?

Creo que sí, con lo cual no quiero decir que la desvalorice. Creo que siempre hay en el Perú una literatura de centro, Lima fundamentalmente y una literatura de periferias que se escribe en las provincias costeñas y de la sierra. Veo ahora mucha inquietud, hay muchos clubes literarios en provincias. Está también la literatura de las fronteras, la literatura oral de los pueblos amazónicos. Lo decía ya Mariátegui: lo andino es el factor determinante de nuestra identidad. No en vano los arqueólogos nos recuerdan que el calificativo de andino se extiende a manifestaciones culturales tanto de la costa como de la sierra.

¿Pero qué es lo andino ahora? ¿Lima es una nueva forma de entenderlo?

Lima se ha andinizado mucho con las migraciones. Y a partir de eso se producen manifestaciones que ahora pueden parecernos híbridas, pero que no sabemos cómo será más adelante. Igualmente, cuando llegaron los conquistadores, las culturas andinas asimilaron mucho de las danzas y los personajes venidos de la Colonia. ¿Cómo acabará eso? No lo sé. La pérdida de identidad es algo que veo con alarma. ¿Cómo conciliar la globalización cultural con nuestra identidad? La aparición del rock andino, por ejemplo, es algo que llama mi atención...

Usted que es un incansable traductor de relatos de viajeros europeos al Perú. ¿Cuánto encuentra de esa fascinación en su literatura?

Creo que no la hay. Pero escribir una novela es también emprender un viaje, cuyo destino podemos presentir pero que puede cambiar. Mi tesis doctoral en San Marcos fue: "El Perú en la literatura de viajes de los siglos XVI, XVII y XVIII". He tenido la oportunidad de traducir a viajeros y de hacer antologías de sus testimonios, algunos de ellos novelescos, como el de Paul Marjuán, que vivió en la sierra y la selva, confundiéndose con los campesinos, o el de un pirata apresado por los españoles que se escapó de las manos de la inquisición y se quedó una larga temporada en el Perú. Él habla flores de Lima y de las limeñas, con quienes llevó una vida galante y muy satisfactoria...

¿Nunca esos personajes se han deslizado a un proyecto de cuento o novela?

Son personajes ajenos. No he querido adoptar la mirada de esos viajeros porque he preferido atenerme a mi propia imaginación. Sin embargo, igual me ha complacido la labor de estudioso y traductor de viajeros.

Sé que tiene bastante avanzada una próxima novela...

Soy supersticioso en solo una cosa: hablar sobre las cosas que publicaré. Prefiero no hacerlo. Solo puedo mencionarte que el título será: "Diario de Santa María".




PERFIL

edgardojauja

NOMBRE: Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933).
TRAYECTORIA: A pesar de tener textos publicados desde los años 60 (su libro de cuentos "El unicornio" es de 1964), solo a finales de los 70 será reconocido como uno de los narradores más originales de nuestra literatura peruana. Su novela "País de Jauja" (1993) es su obra más importante y fue finalista en el prestigioso Premio Rómulo Gallegos, además de haber sido elegida, según una encuesta entre críticos y escritores del grupo Apoyo, la obra narrativa peruana más importante de la última década del siglo XX.



Fuente: Diario El Comercio
http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-05-04/dos-geografias-autor.html










HISTORIAS LÍRICAS

mayo 19, 2008
martinez

:: EDGARDO RIVERA MARTINEZ AÑADE DOS CUENTOS INEDITOS A LA REUNION DE SU NARRATIVA BREVE, SIGNADA POR UNA PROSA POETICA

Carlos M. Sotomayor


En medio de una grisácea tarde miraflorina, la textura cálida de la voz de Edgardo Rivera Martínez sirve de entrañable cobijo a una amena charla sobre su obra, a propósito de la publicación de Cuentos del Ande y de la neblina (Punto de lectura, 2008), libro que recoge su cuentística completa, más dos relatos inéditos como bonus tracks.

Correo: El título de esta reunión de sus cuentos completos alude a los lugares en los que se ambientan sus relatos…

Edgardo Rivera Martínez: Como anteriormente, en el año 1999 apareció una edición de Alfaguara con cuentos completos, no se podía repetir el título, más aún porque este volumen reúne cuentos incluidos en aquella edición más los publicados en Alfaguara en un libro que tiene como título Danzantes de la noche y de la muerte, más dos cuentos inéditos que son de este año. Entonces como el escenario predominante es el andino, pero está también presente Lima, se le puso de título Cuentos del Ande y la neblina.

Correo: Esa relación armónica que se da en su literatura entre lo andino y lo occidental, ¿tiene relación con su infancia en Jauja?

Edgardo Rivera Martínez: Naturalmente con mi infancia en Jauja, y por el hecho, que siempre he remarcado, que Jauja fue una ciudad que tenía una presencia foránea fuerte, por razón de su clima, entre mediados del siglo XIX y mediados del XX. Incluso venían de Europa para curarse de la tuberculosis. Por eso, un viajero francés, allá en 1875, dijo que en Jauja había una pequeña sociedad cosmopolita.

Correo: ¿En qué momento es consciente de que esa relación entre lo andino y lo occidental se refleja en su obra?

Edgardo Rivera Martínez: En realidad es una toma de conciencia desde mis primeros relatos. En El unicornio de 1964, por ejemplo, aparece en un pueblo andino nada menos que un unicornio, que es un ser de la mitología europea. Pero, por qué no, si hay sirenas tocando el charango en la fachada de uno de los templos coloniales, creo que en Pomata. Por otro lado, pienso que en este mundo globalizado, y a mi modo de ver cada vez más injusto, es importante preservar la identidad propia, pero no negarse a la modernidad. Hay que abrirse también a ella. Lo cual es bastante difícil.

Correo: ¿De dónde viene el lirismo de su prosa? ¿De la poesía?

Edgardo Rivera Martínez: Mi narrativa es fundamentalmente de carácter lírico. Incluso, dos o tres relatos míos son de alguna manera poemas narrativos en prosa, como Amaru, Angel de Ocongate o Leda en el desierto. Y también lo lírico tiene importancia en mis dos novelas, especialmente en País de Jauja que presenta un mundo feliz, como han remarcado algunos críticos, y que termina con una frase reveladora: “Brilla el Sol y el aire es límpido, clarísimo”.

Correo: No hace mucho se reeditó, nuevamente, País de jauja, quizás su más celebrada obra. ¿Cómo ve a aquella novela a la distancia?

Edgardo Rivera Martínez: Esa novela fue en gran parte por la añoranza de los días felices de mi infancia y sobre todo de mi adolescencia. Hay quienes desde el sicoanálisis piensan que en el arte se crea a partir de sentimientos de culpa. Yo pienso que para unos es verdad, pero para otros no. Y la prueba para mí ha sido País de Jauja que es la evocación de un mundo feliz. Y de alguna manera lo es mi segunda novela Libro del amor y de las profecías, que no obtuvo la misma difusión.

Correo: La música es importante en su narrativa, y la figura del danzante es recurrente en su obra. Pienso en Angel de Ocongate, en Danzantes de la noche y de la muerte y en el reciente El tucumano.

Edgardo Rivera Martínez: Claro, porque mi contacto con el mundo andino no sólo era a través del mundo de las leyendas y de los mitos, sino también de la música. E inevitablemente también con la danza. Y danzas propias de la zona central del Valle del Mantaro. Y danzas de origen andino y colonial, porque hay personajes que se remontan a la colonia, como por ejemplo el tucumano.

Correo: En una oportunidad le comentaba que me llamaba la atención que la mayoría de sus relatos tengan un final abierto. ¿Es deliberado? ¿A qué se debe?

Edgardo Rivera Martínez: Entiendo que es a la vez deliberado e inconsciente. Mi proximidad a la poesía y a lo lírico me hace inclinarme por los finales abiertos, en los que el lector elige, opta por una solución, pero en función de la cadencia y atmósfera del texto.

Correo: Usted ha abordado la novela y el cuento, ¿tiene predilección por alguno de estos dos géneros?

Edgardo Rivera Martínez: Parecería que por el cuento, pero en realidad por ambos géneros literarios. Actualmente estoy terminando una novela sobre la cual prefiero no hablar, salvo mencionar que se titula Diario de Santa María, ambientada también en la Sierra, pero también con esa apertura a la cual ya me he referido: que es reflejo de mi propia vida.


Fuente: Diario Correo
http://www.correoperu.com.pe/paginas_nota.php?nota_id=68461&seccion_nota=4













'Se puede tener desarrollo sin sacrificar lo propio'

mayo 06, 2008
edgardo

:: EL ESCRITOR EDGARDO RIVERA MARTÍ­NEZ CONCILIA LO ANDINO CON LO OCCIDENTAL



Edgardo Rivera Martí­nez acaba de publicar Danzantes de la noche y de la muerte y otros cuentos (Alfaguara, 2006), un libro en donde se aprecia, además de una prosa insuflada de lirismo y atmósferas de corte fantástico, la vigencia de un autor apasionado por su arte.


Carlos M. Sotomayor

Correo: Una caracterí­stica de su literatura es la presencia armónica de lo andino con lo occidental...

Edgardo Rivera Martí­nez: Un viajero francés cuenta que hacia 1875 encontró en Jauja una pequeña sociedad cultivada, conformada tanto por la clase media del lugar como por los extranjeros asentados allí­. En Jauja, los curas encargados de la parroquia, desde mucho antes que yo naciera, eran franceses. Uno de ellos, generosamente, accedió a enseñarme francés. En mi casa estábamos en contacto con los campesinos, porque tení­amos pequeñas propiedades. Hablábamos con ellos, participábamos de las fiestas. Eso explica esa cercaní­a de lo andino y lo universal. Reconociendo yo, como muchos de mis paisanos, que nuestras raí­ces eran, antes que nada, andinas.

Correo: Algunos crí­ticos, al referirse a esta convivencia armónica, emplean el término “utopí­a”.

Edgardo Rivera Martínez: Es una utopí­a, pero no en lo que la palabra puede tener de un orden trazado intelectualmente y que se aspira imponer aunque sea por la fuerza, sino la utopí­a como algo, ojalá, realizable en términos humanos. Con la globalización nos encaminamos a una desaparición de las tradiciones culturales nacionales, a la uniformalización bajo el dominio del capital y del consumo.

Correo: En su obra se observa la presencia de elementos mitológicos...

Edgardo Rivera Martínez: Mi primer libro de cuentos se tituló El unicornio. En ese cuento sucede que un maestro de escuela de los andes se encuentra, en su pequeño pueblo, con un unicornio nada menos, que es un ser de la mitologí­a europea. Después yo recordé que cuando fui al altiplano hay, pues, en las fachadas, en los relieves, sirenas entre ángeles y frutos tropicales. Y las sirenas son de la mitologí­a europea. O está presente el Amaru que sí­ es un ser de la mitologí­a andina. Incluso hay un relato mí­o que se titula precisamente “Amaru”, y también está presente en mi novela Paí­s de Jauja.

Correo: Se observa también su afición por la mitologí­a helénica...

Edgardo Rivera Martínez: Sí­, porque cuando ingresé a la Universidad de San Marcos, a Letras, pensé que mi camino estaba orientado a los estudios clásicos, y encontré la ayuda de Fernando Tola, un gran maestro y estudioso de la literatura clásica, formado en Europa, que después se dedicó al estudio del sánscrito y que ahora vive en Buenos Aires. Yo fui su asistente de griego de literatura griega. Estudié esas asignaturas a fondo.

Correo: La música es otro elemento recurrente en su literatura, incluso, en Paí­s de Jauja, el protagonista toca el piano. ¿Usted lo toca?

Edgardo Rivera Martínez: Tocaba. Ahora poco a poco lo he ido dejando. Pero en una época, cuando era adolescente, pensé en dedicarme a la música. Incluso fui al Conservatorio, pero vi que mi camino estaba más por las letras. Además, para la música hay que empezar muy temprano.

Correo: ¿Qué le parecen los premios obtenidos recientemente por escritores peruanos?

Edgardo Rivera Martínez: Lo celebro, pero lamento mucho que en el Perú haya poquí­simos premios literarios y que éstos no tengan la misma recompensa ni trascendencia: el Cope, el Premio de Novela Corta del Banco Central de Reserva. Sólo dos veces me he presentado a concursos: con Angel de Ocongate gané el Premio de Caretas, y Paí­s de Jauja fue finalista del Rómulo Gallegos. Después no, porque he pensado que mi temática no es la que prefieren las grandes editoriales. Es otro el tipo que prefiere la industria editorial: una temática actual.

Fuente: Diario Correo
http://www.correoperu.com.pe/paginas_nota.php?nota_id=24739&seccion_nota=4