Perdiéndose nuestras verdaderas costumbres

El jalapato jaujino es una actividad que ha sido incorporada al programa general de las festividades tunanteras del “20 de Enero” de Yauyos-Jauja como el momento central de la fiesta. Curiosamente, ella ha tenido un muy singular recorrido ya que antaño la tunantada era una actividad secundaria y complementaria al jalapato, siendo que actualmente esta relación se ha invertido para darle a nuestra danza tunantera un papel estelar y al jalapato, especialmente del día 23, un rol accesorio. El carácter aristocrático del jalapato estuvo presente en sus orígenes mismos en una Jauja dominada por una clase dirigente, especialmente terratenientes y pequeño-burgueses y, la tunantada, por su naturaleza popular, estaba reservada para personas de estratos medio y bajos.
Miguel Martínez Saravia, en un artículo publicado en el Diario “El Comercio” a mediados de la década del 50 del siglo anterior y que posteriormente es reproducido en una serie de tomos de un Congreso Antropológico, habla del primer jalapato ocurrido en Jauja y, cronológicamente, lo ubica hacia la segunda mitad del siglo XVIII. Lamentablemente por estar alejado de mis archivos bibliográficos no puedo dar fechas exactas, pero (definitivamente) esta festividad se daba en la plaza principal de Jauja y en ella participaba lo más graneado y selecto de la élite jaujina. Martínez menciona que, implícitamente, quién abrigaba aspiraciones políticas en el parlamento limeño o detentaba cargo público notorio o era connotado terrateniente local, jalaba la cabeza del palmípedo como un signo de distinción, solvencia y poderío.

Ignoro cuándo es que esta actividad se integra a la tunantada del “20 de enero”, pero si quiero mencionar que, siguiendo esta tradición de distinción y jerarquía he visto jalar la cabeza de pato a distinguidos jaujinos. Recuerdo cuando, más o menos 1953, saliendo intempestivamente de la cuadrilla del Centro Jauja donde bailaba como chuto, cual saeta acabalgada, rauda y pintoresca ( ya sin careta), “Huayhuar” Alejandro Artica (entonces uno de los herederos de la Hacienda Cayán) arrancó la cabeza del pato, ante el asombro general, y dirigiéndose al palco donde estaba la dama Lola Morales, se la entregó en claro compromiso para que lo acompañe el año siguiente en calidad de madrina. Igual, me viene a la memoria el jalapato que pasó el descendiente de “Jara” Juan Arteaga en la década del 80 pasado, habiendo paseado el pato, previamente, en lujoso carruaje y acompañado de la renombrada Banda de Música” Santa Cecilia” de Moche, a la que trajo desde Trujillo para amenizar dicha fiesta. Los jalapatos que apadrinó el desaparecido Luis Balvin Martínez también hicieron historia por la prolijidad y cuidado de mínimos detalles con que solía pasar las responsabilidades adquiridas como padrino de pato. El gentío que atiborraba los palcos y la gente que se arremolinaba en derredor de los acabalgados aplaudía a rabiar el espectáculo.

Los actuales encargados del Jalapato Jaujino son los que están destruyendo esta hermosa costumbre. Disculpen por la foto, pero corresponde al Jalapato 2010.
Esa personalidad fiestera es la que se viene perdiendo. Cuando veo la foto que acompaña un post de la pasada fiesta, me digo: por qué asumen responsabilidades delicadas, personas que con las justas pasan sus obligaciones de padrino, presentando parcas aves sobre famélicos caballos, sin el señorío y la estridencia de antaño, donde estas fiestas eran verdaderas escenas románticas llenas de colorido y garbo, para el deleite de los asistentes.
Las autoridades de la fiesta deberían tomar iniciativas para que el Jalapato no se distorsione de esta manera tan discutida e ingrata.






