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Huancavelica hacia 1943

Por ese entonces, el panorama educativo peruano entraba a un proceso de reforma debido a las cifras arrojadas por el censo de 1940. Dicho estudio reveló que uno de cada 41 peruanos tenía instrucción secundaria; universitaria uno de cada 202; enseñanza técnica o comercial uno de cada 336; más de cinco años de educación primaria el 11%; el 35% de peruanos era monolingüe y, lo más sorprendente, el 57% de la población mayor de 15 años era analfabeta.

Considerando la necesidad de establecer reformas educativas que esta comprobación demandaba, el gobierno de Manuel Prado (1939-45) instaló una Comisión Reformadora de la Educación, integrada por un grupo de jóvenes técnicos, entre los que se contaban a los doctores José Jiménez Borja, Carlos Rodríguez Pastor, Carlos Cueto Fernanadini y Carlos Salazar Romero. Las discusiones de esta comisión dieron por resultado la promulgación de la Ley Orgánica de la Educación Pública, de 1941, mediante la cual el Estado asumía plenamente la responsabilidad de la función de educar. En ella se establecieron, por primera vez, diferencias de acuerdo con la zona, el objetivo y el medio. Especial énfasis tuvo la educación infantil, con la creación de numerosos jardines de la infancia. La Primaria Común fue declarada obligatoria y gratuita, con seis años de duración, en cinco tipos de escuelas: rural, de comunidad, ambulante (en la Selva), escuela-hogar y urbana.

Mención aparte merece el tema presupuestal. Respecto a la ley anterior, se incrementó la partida presupuestal a la educación pública en más de cuatro veces. Como resultado de ello, el presupuesto dedicado a la educación, que en 1939 fue de poco más de 13 millones de soles, alcanzó en 1945 una cifra cercana a los 59 millones. En este contexto, la oferta educativa se vio aumentada y por tanto la demanda de profesores para cubrir las nuevas plazas.

La ley contemplaba, asimismo, un programa agresivo de alfabetización de los adultos analfabetos y comprometía al Estado, junto con los municipios, en la tarea de estimular la creación de patronatos escolares. Estableció además, como requisito para ser profesor de una escuela normal en la Sierra, el conocimiento del quechua. Finalmente, también fue rediseñada la educación secundaria. Esta duraba cinco años y debía proporcionar conocimientos generales y técnicos, de acuerdo con la realidad regional. Al mismo tiempo, se crearon horarios vespertinos y nocturnos a fin de extender la educación a otros segmentos de la sociedad, especialmente a los trabajadores.

La Ley de 1941, para muchos muy progresista y democrática, sufrió varias modificaciones, algunas de ellas contradictorias, y se mantuvo esencialmente en vigencia hasta la Reforma Educativa emprendida por el gobierno militar en la década de los setenta.

No cabe duda de que estos esfuerzos por mejorar la educación tanto pública como privada en el país eran loables. No obstante, las limitaciones en la instrucción del egresado de la escuela nacional eran notorias al momento de enfrentarse, por ejemplo, a la exigencia universitaria. Esta deficiencia en la formación básica se percibía en las aulas de la antigua Facultad de Letras y Pedagogía de la Universidad Católica. En 1945, al momento de presentar su memoria anual, el padre Jorge Dintilhac, rector de dicha insititución, comentaba que "... una circunstancia fundamental que rebaja el nivel intelectual en la Facultad es la deficiente preparación de los alumnos que llegan a la Universidad. La Facultad sufre constantemente esta deficiencia y ello sólo podrá corregirse revisando los planes de estudio en la Instrucción Media".

Cinco años más tarde, una nota editorial en la Revista de la Facultad de Educación de la Universidad Católica insistía en el tema. En efecto, en 1950 los resultados del examen de ingreso arrojaron cifras preocupantes, como que la Universidad había rechazado a poco más del cincuenta por ciento de los postulantes: "en la Universidad Católica solamente ha ingresado el 43 % de los aspirantes, cuya composición total representa un típico corte transversal de la masa de nuestro alumnado secundario, pues se encontraban presentes todas las regiones, todos los colegios, todas las clases sociales y todas las situaciones económicas". Por su parte, en la Universidad de San Marcos habían sido desaprobados casi dos mil estudiantes recién egresados de colegios nacionales y privados.

Pero no bastaban las recriminaciones y los lamentos causados por la constatación de esta crisis. La solución se encontraba en el estudio serio del mundo mental del adolescente peruano y del contenido de la enseñanza que se debía proporcionar en relación al particular ambiente social y cultural del país. Como apuntaba la mencionada nota editorial, "toda reforma de la Instrucción Secundaria hecha por comisiones dogmáticas que no obtienen sus conclusiones de la realidad y de la experiencia, y que no siguen como método el seminario de debate público, terminará siempre en el fracaso que afecta, no al prestigio de sus miembros, o al nombre que en la Historia de la Educación Peruana puedan alcanzar los funcionarios, sino a muchos miles de jóvenes que ven frustradas sus aspiraciones e ideales y terminan en la desadaptación y en el fracaso social. Ningún Estado puede poner en riesgo el porvenir de su juventud por inercia, por conservatismo o por miopía en el análisis del problema educacional". No cabía duda de que había que seguir trabajando.

En 1947, año de fundación de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, gobernaba el país el doctor José Luis Bustamante y Rivero. Era una época de ensayo democrático que se vería interrumpido poco después con el golpe de estado del general Odría en octubre de 1948. Habría que destacar, de todos modos, que su gobierno, a pesar de la grave crisis económica y de la oposición política, trató de ampliar la cobertura educativa, en parte por la presión del aprismo y los postulados populistas que alentaba; de allí que se estableciera la gratuidad de la enseñanza en todos los niveles. Al mismo tiempo, el gobierno realizó un nuevo plan de estudios para la enseñanza secundaria que comprendió el estudio dirigido y el plan del colegio; se abrieron más escuelas vespertinas y nocturnas para adultos, tanto para varones como para mujeres y mixtas; finalmente, se prohibió la injerencia de la política en los colegios.
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Diego Thompson, director de la primera Escuela Normal del Perú

El interés por la formación de docentes se remonta a los tiempos del Protectorado de San Martín. Un decreto ley del 19 de octubre de 1822 creó la Escuela Normal o Central de Lima, inaugurada bajo la dirección de Diego Thompson. Habiendo iniciado sus actividades con doce alumnos, llegó a tener 230, pero fue finalmente clausurada en setiembre de 1824 ya que, al no haber culminado aún las guerras de independencia, era imposible formar en una misma aula a jóvenes que se dividían en realistas y patriotas. Luego de la victoria de Ayacucho, Bolívar emitió un decreto evidentemente inviable que pretendía establecer una Escuela Normal en cada departamento. Una norma de alcances análogos intentó establecer Andrés de Santa Cruz en los años turbulentos de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839).

En 1855, Ramón Castilla, ya en una etapa de aparente calma política, reabrió la Escuela Normal de Lima. Esta vez su dirección recayó en Francisco Marino Ballesteros, quien reformó los planes de estudio desterrando el antiguo sistema lancasteriano. De esta fecha en adelante la formación de profesores secundarios fue eminentemente práctica y estuvo marcada por la llegada de varias misiones de pedagogos extranjeros (alemanes, belgas y norteamericanos). Paralelamente, cada orden religiosa introducía su propio sistema educativo en los colegios que establecía. El panorama, en consecuencia, resultaba un tanto anárquico. Algunos extranjeros que no contaban con título que los respaldase, abrían escuelas y desarrollaban modelos educativos según un discutible criterio. Por ello en los periódicos de la época las autoridades del gobierno advertían a los padres en cuanto a enviar a sus niños a tal o cual colegio extranjero, ya que su enseñanza desquiciaba el orden moral.

De todas estas misiones extranjeras habría que destacar la alemana, que arribó al Perú en 1871 gracias a los auspicios del entonces presidente Manuel Pardo y Lavalle. Estuvo dirigida por el pedagogo Leopoldo Conzter y llegó a fundar el Instituto de Lima, un moderno colegio donde acudían mayormente los hijos de los miembros del civilismo. Aprovechando la estadía de los alemanes, se pensó organizar un centro de estudios pedagógicos, proyecto que quedó sin llevarse a cabo.

Por su parte, la inquietud del mundo universitario por realizar estudios pedagógicos y formar personal competente para la enseñanza se inicia en 1896, durante la presidencia de Nicolás de Piérola. Su gobierno aprobó la creación de la cátedra de Pedagogía en la Facultad de Letras de San Marcos, la cual fue encargada al profesor Isaac Alzamora. De esta manera, el doctor Alzamora se convertía en el primer catedrático de pedagogía en el Perú. Años más tarde, en 1907, el entonces senador Javier Prado presentó un proyecto ante el Congreso a fin de desarrollar la preparación de los maestros en la aulas universitarias. Ya en 1915, desempeñándose como rector de San Marcos, el mismo Javier Prado profundizó su proyecto al intentar crear en cada una de las facultades de Letras y Ciencias una sección especial destinada a la formación de profesores para los colegios nacionales de la república. Los estudios debían durar cuatro años, con trece cursos para los profesores de letras y catorce para los de ciencias. Las prácticas se habrían de realizar en el Colegio Guadalupe.

Este intento finalmente no logró concretarse. Fue a partir de 1927 que surge la posibilidad de graduarse en el Perú de profesor de segunda enseñanza con la creación de los institutos pedagógicos. Esta transformación de la Escuela Normal en Instituto Pedagógico Nacional de varones constituyó un intento de resolver de manera integral el problema de la formación del profesorado. Se pensó en tres secciones principales: Normal Superior, con cuatro años de estudios para formar profesores de Segunda Enseñanza; Normal de Segundo Grado, para formar maestros de primaria; y Normal Elemental, con tres años de estudio para maestros de las Escuelas Elementales. El Instituto fue cesado en 1932 y reabierto en 1939. A partir de ese momento su vida académica fue muy irregular, sellada por la improvisación y por diversos planes de reorganización, casi todos ellos sin buenos resultados.

El receso del Instituto dio lugar a la creación de la Sección de Pedagogía en la Facultad de Letras de San Marcos, bajo el decanato de Horacio H. Urteaga en 1935. Sus títulos eran equivalentes a los del Instituto Pedagógico. La Universidad Católica, por su parte, también estableció su Sección Superior de Pedagogía en 1936, el núcleo a partir del cual se habría de formar la Facultad de Educación. Paralelamente, se abrieron otras secciones en las universidades de Arequipa, Trujillo y Cusco. Es importante señalar, de otro lado, que el grado de doctor en Pedagogía se establece en el Perú en 1941, durante el gobierno de Manuel Prado. De este modo se elevaba la Sección Pedagógica a formar parte de una Facultad de Letras y Pedagogía.

Poco tiempo después, otro decreto gubernamental creaba la Facultad de Educación en San Marcos, integrada por la Sección Pedagógica de la Facultad de Letras y Pedagogía y por la Sección Superior de los Institutos Pedagógicos de Varones y de Mujeres. Quedaba así desdoblada la Facultad de Letras y Pedagogía en el sistema universitario peruano. Rápidamente, en 1946, se crean facultades de educación en Arequipa y Cuzco. Al año siguiente, en 1947, es fundada la Facultad de Educación de la Universidad Católica.

Es necesario mencionar que el magisterio femenino tuvo, hasta la década de 1940, un desarrollo más homogéneo que el de varones. Fue en 1876, por un decreto del 28 de junio, que el gobierno de Pardo creó la Escuela Normal de Mujeres de Lima, encargándole su dirección a las religiosas del Sagrado Corazón. En 1905, el pedagogo Jorge Polar pensó formar otras escuelas normales para mujeres al interior del país. Se llegó a crear una en Arequipa, bajo la dirección de una educadora belga. Finalmente, en 1928 el gobierno de Leguía concedió la categoría de Instituto Pedagógico Nacional de Mujeres a la Escuela Normal de Lima.
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Un nuevo autorretrato del genio del Renacimiento Miguel Ángel Buonarroti ha sido descubierto en la recién restaurada Capilla Paulina en el Vaticano, lo que ha despertado el interés de críticos y estudiosos del maestro renacentista, según informa el diario La Repubblica.

Según el jefe de los restauradores de los Museos Vaticanos, Maurizio De Luca, en uno de los dos frescos de la capilla, el de la Crucifixión de San Pedro, aparece un "autoritario" Miguel Ángel con turbante azul como uno de los tres romanos que acompañan la crucifixión, a la izquierda de la escena. De la misma opinión es el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, quien precisa que "la restauración se ha hecho de forma excelente, el resto son opiniones, lo digo con toda sinceridad, el caballero con el turbante me parece que es Miguel Ángel aunque más joven porque en aquella época tenía 70 años".

Al parecer de los expertos de los Museos Vaticanos se han sumado otros estudiosos del arte y del genio renacentista, entre ellos su biógrafo y restaurador, Antonio Forcellino, quien habla de una "restauración maravillosa que ha devuelto el esplendor original a la Capilla Paulina". Sobre el autorretrato dice que "forma parte de la tradición de Miguel Ángel" y que "en este caso aparece de modo evidente el tormento que caracterizaba el ánimo del artista, como en cada personaje y en su obra".

En cuanto al turbante con el que aparece tocado, dice que "acostumbraba a protegerse del polvo con un turbante blanco cuando trabajaba", y el hecho de que se muestre a lomos de un caballo es normal porque "a Miguel Ángel le placía cabalgar".

Para la experta Cristina Acidini, del Polo Museale Romano, el rostro de Miguel Ángel se parece mucho al famoso retrato del genio pintado por Daniele da Volterra en 1541 y agrega que "su expresión es de sufrimiento, triste, tensa, como si comprendiese la injusticia que se estaba llevando a cabo" al crucificar a San Pedro boca abajo.

La restauración de la Capilla Paulina.- Después de siete años de trabajos, la monumental Capilla Paulina ha recuperado su esplendor, tras concluir la restauración de la decoración pictórica y plástica del recinto que custodia los últimos dos frescos de Miguel Ángel: la 'Conversión de Saulo' y la 'Crucifixión de San Pedro'. La restauración fue presentada el pasado día 30 en el Vaticano y el papa Benedicto XVI la inaugurará el próximo sábado con la celebración de las Vísperas.

La Capilla Paulina, lugar de culto (en ella se expone el Santísimo Sacramento) y reservada al Papa y la familia Pontificia, fue encargada por el papa Pablo III Farnese (1534-1549) a Antonio de Sangallo, que la comenzó en 1537.

Miguel Ángel fue el encargado de los frescos sobre la 'Conversión de Saulo', que comenzó en 1542, y de la 'Crucifixión de San Pedro', iniciado tres años más tarde, para concluir el conjunto en 1550. Ubicada a pocos pasos de la Capilla Sixtina, la restauración ha sido dirigida por el histórico del arte Arnold Nesselrat y realizada por el equipo de restauradores de los Museos Vaticanos, que dirige Maurizio De Luca, y entre los que se encuentra el español Javier Barbasán Camacho (EFE, 1/07/09).


02/07/09: El río Huatica

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El "río" Huatica hacia 1920 (skyscrapercity.com)

Suele creerse que la historia de Lima comienza con su fundación española el 18 de enero de 1535. La verdad es que el valle que ocupa nuestra ciudad, elegido por Pizarro para ser la sede de la capital del futuro Virreinato del Perú, desde varios siglos antes ya formaba una red de señoríos costeños y un complejo agrícola muy productivo que, en el siglo XVI, pertenecía a los Taullichusco. El extenso y rico valle del Rímac, con la llegada de los españoles, se iría transformando y acogería a diversas reducciones o pueblos indígenas rurales y a muchas haciendas regadas por los canales o “acequias” que salían del Rímac, como:

1. El llamado “río” Magdalena, cuya toma se encontraba detrás de la actual ubicación del Palacio de Gobierno, que regaba la zona nor-oeste del valle.

2. El llamado “río” Huatica, derivado del Rímac, a la altura del espolón nor-este del Cerro San Cristóbal.

3. El llamado “río” Surco, el más caudaloso de los tres canales y que se originaba frente a la antigua población de Lati, el actual Ate-Vitarte. Después de un largo recorrido, regaba todo el antiguo Surco, desde Limatambo, hasta las estribaciones de los cerros de Lurín, o sea el área correspondiente a los actuales distritos de Miraflores, Barranco y Chorrillos.

El “río” Huatica o Acequia de la Ciudad o Acequia de Santa Clara (porque entraba a Lima por el Molino de Santa Clara, en el barrio actual de Monserrate) se origina en la ribera norte del río Rímac. Este canal fue usado presumiblemente desde el año 1000 d.C. por los curacas locales para fertilizar las tierras en las que 500 años después se fundaría la Ciudad de los Reyes. Como lo anota Fernando Flores-Zúñiga (Haciendas y pueblos de Lima: historia del valle del Rímac, vol. 1), el canal regaba los campos limitados entre los que es hoy Maranga y Surco-Ate a través de una red de acequias menores hasta desembocar en los acantilados de la actual Marbella. Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, esas acequias sumaban 17, siete de ellas inscritas dentro del casco urbano. Usado en ciertas zonas hasta casi la tercera década del siglo XX, el “río” Huatica explica la fértil condición del suelo limeño y fue la base del paisaje agrario que tuvo nuestra Capital hasta la modernización urbana emprendida desde los tiempos del presidente Leguía, hacia la década de1920. El Huatica regaba a las haciendas y chacras que se ubicaban en los que hoy es La Victoria, Santa Beatriz, Jesús María, Lince, San Isidro, Orrantia y Santa Cruz.

Pero las aguas del Huatica no sólo sirvieron para regar haciendas. Por ejemplo, la ubicación que actualmente tiene la Casa Nacional de Moneda (Junín con Paruro), data desde 1683, año en que el entonces virrey, Melchor de Navarro y Rocaful, duque de la Palata, adquirió dicho solar para la Casa de Moneda de Lima, que usó las aguas del río Huatica como fuente de energía para el proceso de fabricación de monedas.

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Iglesia y molino de Santa Clara (skyscrapercity.com)



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Una vez firmada la paz con Chile, empezó, lentamente, la reconstrucción del balneario. Algo prioritario era devolverla la vida al malecón, símbolo de Chorrillos. Fueron 30 años en los que se trabajó en forma intensa, a pesar de la crisis económica inmediatamente posterior al conflicto, hasta devolver al malecón sus atractivos y galas como en los tiempos de Castilla y de Pezet.
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El nuevo malecón de Chorrillos hacia 1900

De esta manera, Chorrillos renació, aunque en forma distinta a la de antes de 1879. El trazo de la ciudad se mejoró, se arregló la bajada de los baños y el malecón fue entablado en toda su extensión (se sustituyó el antiguo piso de madera con un buen enlozado de mosaicos y desaparecieron las bancas diseminadas en diferente forma al igual que su rústica glorieta), dotándosele de nuevas glorietas, bancas y faroles que completaron lo que fue el paseo preferido de la clase alta limeña. Ahora Chorrillos debía competir con naciente Ancón. Además, el alumbrado a gas dejó de existir, y los faroles fueron reemplazados por postes de luz eléctrica. Todo lo antiguo y provisional quedó a un lado.

La fundación del distrito.- Luego de la guerra, y con el fin de organizar bien la reconstrucción de Chorrillos, la Municipalidad de Lima, nombró una comisión integrada por vecinos notables que evaluara la magnitud de la catástrofe. Esta comisión redactó un Informe minucioso el1 de agosto de 1884, que señalaba la situación de Chorrillos y recomendaba las medidas a implementarse. Así, el 20 de septiembre de 1884 se nombró el primer Consejo Municipal, que se instaló el 2 de octubre. Estuvo conformado por el alcalde e inspector de baños, José Ignacio de Osma; el síndico e inspector de pesos y alamedas, Aurelio Denegri; el secretario e inspector de estadística y estado civil, Guillermo Carrillo; el inspector de higiene, C. Torres; el inspector de obras públicas, Gabriel Saco; el inspector de instrucción, Raymundo Morales; y, el inspector de mercado y alumbrado, Andrés Gaillour.

El Casino de Chorrillos.- Para muchos, el segundo apogeo de Chorrillos se inició el 7 de octubre de 1896 cuando un grupo de vecinos fundó el Casino de Chorrillos en un terreno de 5,421 metros cuadrados en la avenida Alfonso Ugarte (el terreno era de la familia Goyeneche). El nuevo local contaba con pabellones, bar, canchas de tenis y de tiro al blanco y bellos jardines. El casino fue el eje de la vida social del balneario y de Lima, especialmente en los meses de verano. Sus fiestas eran, sencillamente, apoteósicas, como fue el baile de disfraces en el verano de 1903.

Este baile se realizó en los salones del desaparecido Casino de Chorrillos la noche del sábado 21 al domingo 22 de febrero de 1903. Citando al diario El Comercio, "no creemos que haya habido jamás, en Lima o sus alrededores, fiesta más hermosa, en su género, que la que anoche se realizó en el casino de Chorrillos". Pero esto, quizá, no sea lo más importante: se trataba del resurgimiento de la vida social limeña luego de la guerra con Chile y el renacimiento del balneario de Chorrillos como punto de reunión y esparcimiento de la sociedad capitalina. Eran, en ese entonces, socios del Casino la gente más “encumbrada” de Lima, y se había inaugurado con el fin de proporcionar todas las comodidades a los socios durante los “rigores” del verano. Hasta aquella memorable noche, en el Casino solo se organizaban mattinées o cenas muy tranquilas Pero todo cambió desde aquella noche.

En un inicio, se pensó que todos los asistentes fueran con trajes japoneses; pero después se decidió que cada cual llevase el disfraz que más le conviniese. Cabe destacar que al baile asistieron congresistas, ministros de estado, otros funcionarios públicos y representantes del cuerpo diplomático.

En la edición de El Comercio del domingo 22 de febrero de 1903, se reseñan los detalles del evento: "El aspecto que anoche presentaba éste era verdaderamente encantador: el gran salón de baile, circundado de palmeras y decorado con flores y guirnaldas de vistosas hojas, se presentaba, profusamente iluminado con gas acetileno, en medio de los extensos y graciosos jardines del casino, que se hallaban también resplandecientes de luces. Los invitados de Lima, que llegaron por ferrocarril, a las diez y media de la noche, se confundieron con los primeros concurrentes de Chorrillos, y cuando todos estuvieron juntos y ya el número era crecido, la espléndida orquesta del maestro Kuapil dejó oír sus primeras notas, precursoras de la alegría que vino después, y que no decayó mi un solo instante. A las doce el salón estaba colmado, y era el momento de ver esa reunión elegante, que atestiguaba, por sus trajes el buen gusto artístico de nuestra sociedad. Era un cuadro soberbio de belleza extraña y fascinadora el que ofrecía aquella hora el salón. Algo así como una gran paleta animada, que cambiaba de colores a cada golpe de luz o a cada ritmo de orquesta. Todo aquel conjunto de lindas figuritas, que se deslizaban, de un extremo a otro del gran hall, envueltas en sus caprichosas telas cromáticas, fingían el desfile armónico de una legión de hadas, hacia el país del ensueño y de la alegría. Era un gran torneo femenino, en que la juventud, la gracia y la distinción, se unían en el más completo triunfo de belleza".

El baile comenzó a las 11 de la noche y la música la alternaban la orquesta y la banda de artillería. En el salón principal podían bailar hasta 40 parejas. Toda la noche duró el entusiasmo. La cena fue servida a las 3 de la madrugada y estuvo a cargo de la Casa Klein. Minutos después de las 6 de la mañana, sonó el pito del tren a Lima que dio por finalizado este sonado baile en la Lima de inicios del XX. En la edición del domingo 22 de febrero de El Comercio hay fotos del baile y la descripción de cada traje de las invitadas, con nombres y apellidos (ver Héctor López Martínez, El siglo XX en el Perú a través de El Comercio, tomo I-1901-1910, p. 312-324).

El Casino de Chorrillos se ubicaba al final de la calle Lima y desapareció con el terremoto de 1940; hay fotos de él. Su apogeo fue entre 1900 y 1920, aproximadamente. Ese lugar ya no existe, hoy estaría en el aire, arriba, a la altura de donde está actualmente el club Regatas Lima.

Pero no era solo el Casino el lugar donde se congregaba la sociedad de entonces. También lo eran los salones de las mansiones particulares; la antigua Estación del Ferrocarril, a donde acudía la gente los días feriados y los fines de semana a recibir a los familiares y amigos que llegaban de Lima; el Malecón, con sus retretas de tarde y noche; y el Establecimiento de Baños, con su terraza y glorieta, lleno de gente que iba a disfrutar los baños en Agua Dulce.

El malecón.- Como ya vimos, era el paseo preferido de Chorrillos. Luego de la guerra, los tablones de madera fueron reemplazados por locetas y cemento con un barandal para tener una hermosa vista del mar. Tenía dos hileras de bancas a lo largo de sus dos cuadras. Estas hileras marcaban discretamente 3 pistas de paseos para los peatones: la primera era escogida por la gente “conocida, la intermedia era para los que no querían lucirse mucho y la tercera era para el “pueblo” y la servidumbre. Esta diferenciación tácita era respetada.

En las noches, el Malecón era el sitio de reunión del señorío de Lima y del balneario. Para tomar bebidas refrescantes o pastas estaba el local de la Casa Nove o la Casa Broggi, una elegante dulcería. Ambos establecimiento estaban al pie del Malecón.

La Estación del Ferrocarril.- Estaba en la calle del Tren y abarcaba 6 cuadras (desde la calle Colonia hasta Bolognesi); hasta allí llegaba el ferrocarril que llegaba de Lima. Pero en 1904 un nuevo servicio se estableció: era el tranvía eléctrico con sus cómodos y elegantes vagones. La Estación de salida en Lima estaba en la Exposición y costaba 20 centavos. El tranvía eléctrico terminó sustituyendo, por una cuestión de costos, al antiguo ferrocarril. Además, la compañía del tranvía, “Las Empresas Eléctricas” extendió el servicio hasta La Herradura y construyó el túnel que hasta ahora existe.

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Ferrocarril Lima-Chorrillos

El Establecimiento de los Baños.- Ya estando muy viejo y deteriorado el local que se remontaba al siglo XIX, el alcalde de Chorrillos, don Alejandro Freundt y Noble, tomó la iniciativa de construir uno nuevo y convocó a una suscripción vecinal para recaudar las 5 mil libras peruana que se necesitaban para construir el nuevo local. Afortunadamente, la convocatoria fue un éxito y el 7 de enero de 1923 el arzobispo de lima, monseñor Emilio Lissón, bendijo la nueva obra. Para la inauguración, hubo un almuerzo a mediodía y, en la noche, un espectacular show de fuegos artificiales.

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Baños de Chorrillos

Aquí el testimonio de Alejandro Freundt (Apuntes del viejo Chorrillos. Lima, 1967) sobre el nuevo local: "El establecimiento con gran número de cuartos tenía dos alas, a la derecha entrando la de los varones y a la izquierda la destinada a las damas, dotadas ambas de duchas provistas de agua dulce para después del baño de mar. En la amplia rotonda que separaba las alas no faltaba una bien provista cantina, y buen número de bancas, mesas y sillas delante de la baranda para los espectadores que no disfrutaban del baño. Dos sogas gruesas de la playa hasta cierta distancia en que se había anclado fuertes rieles de acero servían de auxilio o confianza a los que no se aventuraban a nadar o no sabían hacerlo, dándose el espectáculo gracioso de prenderse de los cables para resistir el oleaje. A algunas brazadas no faltaba una balsa y en la poza los bañadores típicos, indios chorrillanos que previa una modesta paga ayudaban o sostenían a las damas de cierta edad, nerviosas, por el vaivén o resaca de las olas. Los vestidos totalmente distintos de los de ahora, especialmente los de las mujeres, cubrían la totalidad del cuerpo y llegaban hasta las manos. Algunas elegantes llegaban a protegerse durante el baño, no solo de amplísimos sombreros, sino hasta quitasoles: había la preocupación de no tostarse al sol y de evitar la salida de las pecas. La figura distinguida y refinada en sus especiales arreglos de una señorita de la sociedad Antolina Sotomayor y Rodulfo, no puede dejar de tenerse presente. Era un a legítima estampa de versallescos tiempos idos. Todo Chorrillos se congregaba en la rotonda a diario, pasando ratos de agradable esparcimiento. Algunas veces se contaba con animada orquesta para las horas preferidas del baño". Actualmente, el local del Club Regatas ocupa lo que fue La Estación de Baños y el muelle que existía desde el siglo XIX.

El terremoto de 1940.- Lo que había hecho el hombre –la guerra- en 1881 lo repitió la naturaleza en 1940 cuando el terremoto destruyó la mayor parte de Chorrillos: el malecón, la Estación de Baños, el Casino y otras construcciones emblemáticas se desplomaron. Luego del desastre 1940, una playa marcó el “resurgimiento del distrito, "La Herradura".

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Efectos del terremoto de 1940


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Centroamérica es la región más frágil de Latinoamérica; en ella conviven Guatemala, que fue la dictadura más sanguinaria, El Salvador, el país más violento, dos de los tres más pobres, Honduras y Nicaragua, y, paradójicamente, la más estable de las democracias, Costa Rica. En los 80, Centroamérica sufrió el más sangriento conflicto del continente desde la Revolución Mexicana. Casi medio millón de muertos y varios millones de desplazados en una guerra que duró más de una década. Durante esa guerra se enfrentaron 300.000 hombres entre regulares e irregulares en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. En aquellos años Estados Unidos toleró un genocidio en Guatemala, ocupó militarmente Honduras, gobernó El Salvador, hizo la guerra a Nicaragua y terminó invadiendo Panamá con sus tropas en 1989.

Centroamérica fue conocida siempre como tierra de fraudes, cuartelazos, caudillos, dictadores militares, oligarquías voraces, magnicidios y guerrillas. La pacificación de los 90 abrió la esperanza de una institucionalidad democrática duradera, pero el fraude electoral de Nicaragua el año pasado y el reciente golpe en Honduras hacen pensar que las repúblicas bananeras están de vuelta.

Estados muy débiles están recibiendo la embestida simultánea de narco-dólares criminales procedentes de EE UU y de petrodólares ideológicos procedentes de Venezuela. Los primeros compran voluntades para obtener complicidades con el narcotráfico y los segundos compran alineamientos políticos que están rompiendo la unidad de los países: y ambos destruyen a las instituciones. Luego del fraude electoral el Gobierno del presidente Ortega en Nicaragua luce cada vez más como una resurrección del dictador Somoza. Recientemente en Guatemala una víctima acusó al presidente Colom de su asesinato mediante un vídeo grabado previamente. El hecho luce como una perversa conspiración del narcotráfico para derrocar a un Gobierno extremadamente débil.

En El Salvador el primer Gobierno de izquierda de su historia apunta a ser igualmente débil como resultado del conflicto entre un presidente que quiere mantenerse en un centroizquierda, como Lula, mientras su partido, el FMLN, hará todo lo posible por alinearse con Chávez. Pero lo más explosivo ha ocurrido en Honduras, allí la influencia de Venezuela logró polarizar a un sistema de partidos de más de un siglo de existencia, dividiendo como nunca a los hondureños. El resultado ha sido el derrocamiento del presidente Zelaya mediante una acción ejecutada por las Fuerzas Armadas con la aprobación unánime del Congreso, de la Corte Suprema de Justicia y de todos los partidos políticos, incluido el del propio presidente.

En Honduras se ha roto la cuerda de un conflicto geopolítico que viene creciendo en toda Latinoamérica, cuando Chávez se mete lo mismo en Colombia, que en Perú, Argentina o Bolivia. Honduras, una sociedad conservadora, de cultura política provinciana y primaria, de larga tradición golpista y con una izquierda también conservadora y pacifista, fue sometida a los debates del modelo bolivariano de reforma constitucional, reelección y socialismo del siglo XXI. El miedo es el motor de todos los conflictos y Honduras no es la excepción. El miedo que generó el acercamiento del derrocado presidente Zelaya al coronel Chávez condujo a que la clase política hondureña hiciera lo que sabe hacer en esos casos. Enjuiciar al presidente era demasiado sofisticado para Honduras. Ahora el problema se ha vuelto mucho más grave, ya que ningún presidente latinoamericano quiere llegar en pijama a otro país.

Sin duda hay que rechazar el golpe, pero la comunidad internacional debe tener en cuenta que las políticas autoritarias en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela se han convertido en una seria provocación para las fuerzas conservadoras y centristas de toda la región. Las expropiaciones de empresas, los cierres de medios de comunicación, la intimidación callejera, las arbitrariedades judiciales, las reelecciones perpetuas y los fraudes son como golpes de Estado graduales. La polarización ideológica chavista está debilitando sociedades amenazadas por miles de pandilleros y poderosos carteles. Centroamérica puede convertirse en un bastión del crimen organizado que dé refugio a mafiosos y terroristas en medio de un caos y una inseguridad endémica que genere millones de emigrantes.

La comunidad internacional es determinante para salvar a la región, pero el problema es más complicado de lo que parece. No es sólo de instituciones violentadas, sino de provocaciones, miedos y reacciones ya desatadas. La región necesita un plan de despolarización ideológica y otro de defensa integrada de su seguridad. En Centroamérica ya hubo guerras y revoluciones y la desmilitarización acelerada de Guatemala entregó ese país al narcotráfico. En el fondo está la viabilidad de pequeños Estados con economías de juguete manejados como fincas por sus caudillos. Centroamérica hubiese sido mejor como una sola república, pero británicos y estadounidenses se empeñaron hace dos siglos en dejarlas como repúblicas bananeras para poder controlar el Estrecho. Ahora, estos Estados son tan débiles que no pueden defenderse por sí mismos e igual los puede comprar un narcotraficante como el Chapo Guzmán o un dictador petrolero como Chávez.

Por Joaquín Villalobos, ex guerrillero salvadoreño y consultor para la resolución de conflictos internacionales.

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Una biografía relata la vida y milagros (sobre todo eróticos) del desgarrado y abrumador poeta inglés, un romántico de los pies a la cabeza. Pasando, eso sí, por la cintura.
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Vivió, bebió, nadó (cruzó brazada a brazada el Helesponto), escribió («Las peregrinaciones de Childe Harold», «El corsario», «Don Juan»…), peroró (en la Cámara de los Lores), boxeó, manejó el florete, disparó, dilapidó, derrochó. Amó y fue amado. Odió y fue odiado. Hizo la guerra pero, sobre todo, hizo el amor. Hasta que el cuerpo aguantó. Lo hizo casi siempre con urgencia. Como quien se juega la vida en ello. Apasionada, ardorosa, encendida, casi histéricamente.

Y lo hizo, por supuesto, más románticamente que nadie: con las hermanas Beltrán (en España, entre corrida y corrida de toros), con May Gray, su institutriz, con su prima Mary Duff, con su hermanastra Augusta Leigh, con nobles damas como Caroline Lamb, Lady Frances Webster, Jane Elizabeth Scott, Annabella Milbanke, Claire Clairemont, con Lady Blessington, con italianas como Margarita Cogni y la condesa Teresa Guiccioli y hasta, según sus propias palabras, con doscientas cincuenta venecianas más o menos anónima en poco más de un año.

Les escribía cartas que les daba en las narices de sus maridos, o las mandaba a hacer puñetas: «Te arrepentirás de haberte liado con el diablo», le espetó a alguna entre revolcón y revolcón. Con estos nombres y estos apellidos (y unas docenas más) y, por supuesto con el de su principal protagonista, Lord Byron, se escribe «Byron enamorado» (Ed. Espasa), de Edna O'Brien, un recorrido por la vida y la obra (aquí las mayormente eróticas) de este hombre al que no sólo le gustaban las especies de dos patas, sino que adoraba también a los animales (platónicamente, por fortuna) hasta el punto de dar cobijo a un oso en su cuarto de universitario, anticipándose al pensamiento sagar que años después hizo Oscar Wilde: «Cuánto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro».

Un revoltoso revolucionario.- Byron escribió a raudales, como un torrente, viajó por media Europa, navegó, guerreó, coleccionó pistolas. Nació con un defecto en el pie, que le atormentó más el alma que el caminar (fue un muy buen atleta), nada que no pudiera mitigar con su terrible humor negro: «Cuando un órgano se debilita, siempre hay otro que lo compensa». Y como esta biografía ratifica, lo compensó con creces. Admirador de Napoléon (lloró sobre los campos de Waterlo un año después de la derrota del Gran Corso), liberal, antipatriota, visceral, generoso, ciclotímico, borrachuzo hasta la sobredosis, abstemio y vegetariano acérrimo otras temporadas.

Estuvo al lado de los Shelley en el verano de 1816 cuando dieron vida, trozo a trozo, a Frankenstein. Fue admirador y lector de Rousseau (algo de buen salvaje sí que tenía mylord Byron, a pesar de su cultura y de su educación). Fue, también, revoltoso, revolucionario. Por ejemplo con los Carbonarios italianos que luchaban contra el Imperio Austro-Húngaro, en 1821. Tras su derrota, y mientras su amante italiana comentaba que los italianos iban a tener, una vez más, que refugiarse en la opera, él, inverosímilmente añadió: «Sí, en la ópera y en los macarrones».

A Inglaterra no podía regresar (so pena de enfrentarse a acusaciones de sodomía, deudas, incesto, enajenación) y al final se embarcó rumbo a Grecia, dispuesto a liberarla del yugo otomano, con la cabeza puesta en el Cervantes de Lepanto. Pero allí, en tierras de Missolonghi quedó para siempre. Era el 19 de abril de 1824. Tenía apenas 37 años. Vida y destino: el héroe romántico vencido por la malaria.

Su corazón estuvo tan ocupado como su cabeza (por no señalar más claramente), pero fue siempre un corazón partío o, mejor, compartío, repartío, incluso. Volaba de nido en nido, de cama en cama. Quizá en una frenética huida hacia adelante, mientras escapaba del dolor, de la angustia, de la tristeza, de la soledad que a menudo asolaban su alma dolorida y magullada.

Al final, como un semidios clásico en tierra helena quedó tal que sus héroes de infancia: como Héctor, como Aquiles. Allí acabó el poeta, el arcángel romántico, fiel a sus penúltimas palabras: «Pretendo quedarme con los griegos hasta el último jirón y la última camisa». Y en brazos de Helena de Troya, le faltó añadir (ABC de España).
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ENTREVISTA A SIMÓN DE BULGARIA. Fue rey cuando el país era una monarquía y primer ministro cuando era una república. Vivió exiliado en España durante cinco décadas y regresó aclamado por los búlgaros. Hoy, perdida la esperanza de volver a ceñir corona, vive en Sofía, donde su partido, el Movimiento Nacional Simeón II, concurre a las elecciones legislativas del próximo domingo.

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Simeón de Sajonia-Coburgo, en el exterior del palacio de Vrana, en Sofía, la capital búlgara. Expropiado por las autoridades comunistas, le fue devuelto en 1998.

Simeón de Sajonia-Coburgo y Ghota (Sofía, Bulgaria, 1937) pasará a la Historia como el último monarca que tuvieron los búlgaros. Subió al trono en 1943, con tan sólo 6 años, y, tres años después, comenzó un largo exilio que se extendió más allá de la caída del régimen comunista en su país. Aquí, en España, permaneció durante 50 años, hasta que, en 2001, el partido político que auspició, el Movimiento Nacional Simeón II, obtuvo el respaldo de la mayoría de su pueblo en las urnas y él terminó jurando la constitución republicana como primer ministro. Ocupó el cargo hasta 2005, un comportamiento inédito para el representante de una dinastía como la suya. Hoy, el ex rey cree haber cumplido con lo que anhelaba para los búlgaros, al impulsar el ingreso de su país en la Unión Europea. Desea retirarse a descansar, consciente de que la reinstauración monárquica es un imposible y de que el empeño en volver al pasado carece de sentido.

La tarde en que llegamos al complejo de Vrana, en las afueras de Sofía, amenaza tormenta. Después de varios días de calor, los nubarrones espesan la atmósfera y entristecen el bosque que protege de los curiosos la casa con fachada revestida de madera oscura y trazas orientales donde reside Simeón, situada en un extremo del palacete.

Aparece impecablemente vestido, muy elegante, ofreciéndonos un refrigerio para reponer fuerzas. Es un anfitrión admirable, como corresponde a su esmerada educación, afable y cordial con los visitantes. Parece que le entusiasma la llegada de unos españoles porque representa la ocasión de desplegar su buen humor afinado en nuestro país. A pesar de su edad (el pasado 16 de junio cumplió 72 años), se mueve con sorprendente agilidad y encaja con agrado, y hasta con un punto de coquetería, el comentario que le hacemos sobre ese particular.

ENTRE BRUMAS. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia y nos tenemos que apresurar a fotografiarlo en el exterior. Simeón soporta la inclemencia del tiempo con calma y hasta con alguna sonrisa mientras capturamos su imagen entre las brumas de un bosque casi mágico. Nos explica que fue obra de su abuelo, el rey Fernando I, quien dispuso que se plantaran en Vrana casi 300 variedades de árboles y plantas, que tienen ya una antigüedad de más de un siglo.

Las edificaciones, por el contrario, provocan sensaciones contradictorias; durante la dominación comunista, Vrana fue un plató de cine y una parte del palacio quedó casi en ruinas. Seguramente, cuando fue residencia de los reyes, se escucharon allí, en veladas inolvidables dentro de salones amueblados al estilo art déco, la música de los maestros barrocos centroeuropeos y de los compositores rusos del XIX. Pero de aquel esplendor de antaño, del que no pudo disfrutar Simeón de Bulgaria porque vivió una etapa convulsa, apenas quedan huellas. Ahora, únicamente su presencia impide que el final de una época, y una manera de ser, se precipiten definitivamente en el más absoluto olvido.

P.¿Qué recuerdos afloraron cuando regresó aquí, a Vrana, después de tantos años de alejamiento forzoso del que fue su hogar?

R. ¡Imagínese! Al ver este lugar vacío, allá por el año 2000, en la que fue mi primera noche tras un larguísimo exilio, pensé en la gente que ya no estaba… En lo que significó marcharse en 1946, cuando era un niño, y volver siendo una persona muy mayor. Evoqué los momentos difíciles, porque, para mí, esta casa está relacionada más con los problemas que con los momentos de alegría. Aquí recuerdo la muerte de mi padre, los bombardeos… Las épocas más felices los relaciono con la casa que tenemos en la montaña, donde iba de vacaciones.

P. Fueron los británicos quienes bombardearon Vrana, ¿verdad?

R. Eso es, durante la Segunda Guerra Mundial.

P. Alguien de la familia bautizó el cráter que dejó uno de los proyectiles con el nombre de «Lago Churchill».

R. Fue mi tío, el regente, el príncipe Kyril, quien tuvo esa ocurrencia. La verdad es que era un agujero con un diámetro de 11 metros que se llenó de agua.

P. ¿Considera que la sociedad búlgara, con la llegada de la democracia, ha sido generosa al restituirle las propiedades que confiscaron los comunistas a la familia real?

R. Fue una decisión del año 1998, que tiene su precedente en 1992, cuando se acuerda hacer lo mismo con cualquier ciudadano búlgaro. Yo no pedí nada nunca y, a pesar de que me sugerían que lo hiciera, siempre consideré todo perdido. Fue una iniciativa del fiscal general, que trasladó la cuestión al Gobierno, y éste la remitió a la Corte Constitucional. En la máxima instancia legislativa, los 12 magistrados, sin excepción, se manifestaron a favor de la devolución de los bienes privados a la familia, es decir, de las propiedades que no tenían nada que ver con la corona. Y había bienes recuperables y otros que ya no lo eran, por ejemplo, porque se habían construido inmuebles sobre los terrenos. Luego, mi hermana y yo donamos las 98 hectáreas del Parque de Vrana al Ayuntamiento de Sofía en agradecimiento por poder volver a nuestra tierra.

P. Cuando, en 1996, regresó a Bulgaria por primera vez, justo 50 años después que se iniciara su exilio, y comprobó el fervor con el que fue recibido por sus compatriotas, ¿pensó que era factible la restauración de la monarquía?

R. Le diré que soy terriblemente pragmático y terriblemente realista y, a pesar de ver enardecida a la gente, pensé en lo arriesgado que era utilizar emociones de manera no racional. Consideré que si la gente estaba contenta con la república, después de soportar un régimen totalitario comunista, por qué proponer la restauración monárquica.

P. Lo dice, ahora, desde la distancia y con lo que ha conocido más tarde tras su incursión en el terreno político.

R. No, no, es cierto. Miré a mi alrededor. Y ni en Italia ni en Grecia ni en Serbia ni en Albania ni en Rumanía había monarquía… Entonces, por qué, de repente, iba a ser válido aquí, ¿porque había un recuerdo y me tenían simpatía? Lo que sí supuso un desafío grande para mí fue el triunfo aplastante que conseguimos en las elecciones del año 2001…

P. Y, entonces, ¿no se lo replanteó con un respaldo de la mayoría contrastado en las urnas?

R. No, a lo hecho, pecho, a pesar de que yo no había sido educado para ser primer ministro. No podía defraudar a la gente que había depositado en mí sus esperanzas. Y decidí, desde la república, servir a los búlgaros, algo, que en principio, era difícil de entender. No aprovecharse del poder es algo tan poco común, por desgracia. Pero yo quería servir a la patria, no a un sistema de gobierno.

P. Cuatro años después perdió la mayoría, aunque su formación de centro-liberal, como usted la califica, se incorpora al gobierno de coalición actual. ¿Pecó de ingenuo cuando prometió que mejoraría el nivel de vida de los búlgaros en 800 días?

R. Es el plazo que se establece en el mundo de la empresa y los negocios, del que yo procedía. No es nada más. Si la Administración me hubiera seguido, habría sido posible cumplirlo. Y con 1.000 días lo logramos, más o menos.

P. ¿Va a continuar en la política partidista?

R. Mire, ya tengo edad de retirarme, eso me gustaría, pero mi partido concurre a las elecciones parlamentarias del 5 de julio, y soy el líder de esa formación.

P. Mientras no abdique formalmente, muchos le seguirán considerando el rey de los búlgaros.

R. ¡A mi edad! Bueno, sí. Creo que ya nadie lo discute, incluso los enemigos se refieren a mí como el rey porque, en el fondo, es parte de nuestra historia. Pero otra cosa sería que hubiera un cambio de sistema dentro de la Unión Europea. Eso es ciencia ficción.

P. ¿Kardam, su hijo mayor, príncipe de Tírnovo, sigue siendo el heredero?

R. Sí, pobre…

P. Por cierto, ¿cómo se encuentra del accidente de tráfico que sufrió el año pasado en las cercanías de Madrid?

R. Muy mal, créame que estando tan lejos y… En fin, son pruebas que le pone la vida a uno… Un largo silencio interrumpe la conversación. Simeón de Bulgaria controla a la perfección lo que dice y desea decir. De súbito, se hace casi de noche en Vrana mientras cae un aguacero. Simeón se ha emocionado al recordar a su hijo Kardam, hasta el punto de recostar la cabeza sobre la pared. Tarda varios segundos en recuperarse y evitamos continuar con el asunto que tanto parece afectarle. Nos encontramos en un rincón de una sala presidida por los retratos de sus padres: Boris III y la reina Juana de Saboya.

P. ¿Por qué sigue en Bulgaria y no regresa a España, donde vive la mayoría de su familia y tiene tantas amistades?

R. He nacido aquí, y en búlgaro decimos que «la sangre no se hace agua». Además, estoy contento de haber ayudado a que este país se encuentre donde está ahora. Mientras no podía venir a Bulgaria, estuve muy agradecido por poder tener un hogar en España, pero hay razones históricas que no te dan opción de elegir. Mi madre me educó para, con el título que llevo, actuar en mi vida y en mi comportamiento como tal. Y aquí estoy, intentando hacerlo.

P. ¿Cómo se fraguó su amistad con el, entonces, Príncipe Juan Carlos, reforzada a lo largo de los años?

R. Por ser parientes, tener la misma edad y vivir en España…

P. ¿Parientes?

R. Si coge un cuadro genealógico, verá que todas las familias reales somos parientes. Él es Borbón, yo soy Borbón; él tiene Borbón-Sicilia, yo también; él tiene Orleáns, yo tengo Orleáns… Y somos de la misma edad, teníamos conexiones. También, luego, nuestros hijos se han hecho amigos y han sido hasta padrinos de mis nietos, algo que me conmueve.

P. ¿Sirvió de enlace entre Don Juan y Juan Carlos cuando la relación entre ellos se complicó al aceptar el príncipe la sucesión decretada por Franco?

R. Sí… Hubo que hacer algo especial, sí. Pero no me meto en los asuntos de los demás si no me llaman.

P. ¿Pero intervino para mejorar la relación entre el padre y el hijo?

R. Sí, entre familiares y amigos se hacen este tipo de cosas…, igual que con hice con Marruecos.

P. Hablando de Marruecos, ¿dijo en una ocasión que el rey Hassan II era «como un padre, un hermano, consejero y benefactor»?

R. Efectivamente. Y era una persona de una cultura política e intelectual poco frecuente. Dentro del mundo árabe-musulmán fue importantísimo. Yo tuve la suerte de representar durante 22 años los intereses de Hassan II y de la familia real marroquí en la ONA [Omnium Nord Africain], un potente conglomerado financiero-industrial, algo que me halagaba y que me permitió aprender bastante. Había allí una participación francesa considerable y solamente un 13% estaba en manos de la familia real. La gente mal informada creía que el grupo le pertenecía en su totalidad.

P. ¿Intervino, tal vez, cuando se produjo la Marcha Verde que complicaba el inicio de la Transición para su amigo, el Príncipe Juan Carlos?

R. No. Recuerdo que cené la noche anterior con él, antes de que partiera hacia El Aiún a visitar a las tropas españolas que se encontraban en el Sáhara. Yo era amigos de los dos, claro, neutral en cierto modo, y sólo así, desde esa situación, se podía intervenir, y uno lo hace con la voluntad de ayudar y suavizar.

P. ¿Y lo hizo en esa ocasión, en ese momento tan delicado?

R. No, no…

P. ¿En qué otros conflictos entre Marruecos y España ha tenido que actuar?

R. Mire, tengo mucha edad y muchos amigos en muchos sitios y creo haber hecho cosas muy útiles, pero eso sólo verá la luz si algún día tengo tiempo para dedicarme a escribir…

P. ¿Se va a llevar a la tumba los secretos que despejarían asuntos de vital importancia?

R. Bueno, escribiré unas memorias o…, mejor, dejaré tiempo al tiempo. Hay que esperar a que algunos no estén para decir algo.

P. Además de a Gregorio Peces-Barba y Miguel Boyer, antiguos compañeros suyos de clase en el Liceo Francés, ¿a qué otros líderes políticos reunió en su casa de Madrid para que conociesen a Don Juan Carlos durante la dictadura franquista?

R. A varios, lo que pasa es que mi memoria ya no funciona. El rey era una persona a quien interesaba conocer a mucha gente, no es que se hicieran cosas de carácter subversivo como ahora muchos intentan decir con leyendas de que se hacían conspiraciones.

P. Como era un hombre de negocios de éxito y tenía esa amistad tan fuerte con Don Juan Carlos, ¿fue asesor suyo en alguna de sus inversiones de carácter privado?

R. No. Como le dije, no me gusta meterme en los asuntos personales, como puede ser el dinero de alguien, y creo que el asesorar en ese sentido es para especialistas y técnicos.

P. ¿Qué pasó con la acusación de corrupción que recayó sobre su persona tras la detención de su primo, Víctor Manuel de Saboya, por pertenecer a una organización criminal?

R. ¡Eso es de un nivel...! Me hizo un daño espantoso. Los enemigos se ensañaron conmigo, a pesar de que el lenguaje que utilizaba al teléfono este primo mío con otro interlocutor, demostraba que creía que yo era una especie de majadero, porque no daba pie a ciertos asuntos. Así que, en el fondo, por un lado era positivo. Pero me hizo un daño horrible y, en mi opinión, fue totalmente inmerecido. El fiscal no debió divulgar mi nombre por ese simple hecho y, como era lógico, la acusación se ha archivado. Resulta asombroso que alguien pueda pensar que yo he obrado de esa manera cuando he sido educado de forma muy diferente. Y, además, se ofreció la información, también en España, sin que nadie se molestase en comprobar nada, ¡es inaudito!

P. ¿Tuvo dificultades con su entorno para casarse con Margarita Gómez-Acebo al constituir un matrimonio de índole morganático?

R. No existe esa limitación en nuestra constitución, ni en la casa Coburgo. En cambio, por lo que sí hubo dificultades fue por ser un matrimonio mixto en lo religioso, algo que se resolvió con tres audiencias que mantuvimos con Juan XXIII. Pero los tiempos, por suerte, evolucionan. Tenemos dos hijos ortodoxos y tres católicos.

P. ¿Y qué le parece que hoy se produzcan en las monarquías europeas tantos matrimonios morganáticos?

R. Es normal, porque hasta la época de mis padres las bodas se hacían por razones de Estado; la manera de comunicarse, la manera de vivir era, en cierto modo, muy cerrada y condicionada a los protocolos y jerarquías. A partir de mi generación, todo ha sido diferente: empezamos a vivir fuera de las torres de marfil y hoy sería anormal otra cosa. Miremos la sociedad actual, no se puede vivir fuera del tiempo, el reloj no se puede parar. Hoy los príncipes van a las universidades, se relacionan con personas de todo tipo y, de repente, ¿van a ser como una casta aparte, van a tener que vivir sin mezclarse? Sería completamente absurdo.

P. ¿No perderán sentido las monarquías con esa evolución?

R. Nunca perderán sentido si son aceptadas por sus pueblos o electores, y si están orgullosos de tenerlas porque les ofrecen un buen servicio. Para eso está la democracia.

P. ¿Cree que la sociedad búlgara ha acabado comprendiendo su comportamiento?

R. Creo que lo comprenderán. Históricamente se comprenderá, estoy seguro. Este año se conmemoraron los 100 años de la independencia completa de Bulgaria. Recuerdo que la primera vez que oí al presidente de la república nombrar a mi abuelo se me saltaron las lágrimas. Y pensé que harían falta otros 100 años para que se reconocieran plenamente las cosas. Hay que darle tiempo al tiempo, pero creo que todo llega y, al final, lo que se ha hecho bien encuentra sitio. La Historia sigue su curso y mis hijos seguirán siendo príncipes de Bulgaria.

Por BALTASAR MAGRO. Fotografía de BEGOÑA RIVAS (El Mundo de España)


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Ensayo. En colaboración con la Universidad Complutense la editorial Plaza y Valdés publica en España y México el Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, obra imprescindible para entender las posiciones teórico-prácticas en ciencias humanas, sociales y jurídicas, de especial y prioritario impacto en el espacio académico-investigador y profesional contemporáneos. La obra, en cuatro tomos, que se edita también como libro electrónico, está dirigida por Román Reyes, filósofo y sociólogo, rector del Euro-Mediterranean University Institute en la actualidad. Esta obra es fruto de su hercúlea capacidad de trabajo y organización, y lleva su espíritu sincero, lúcido, libre, poco convencional.

Como se afirma, paradójica pero acertadamente, en la presentación, "ésta pretende ser una edición completa de una obra compleja, por definición inacabada". Con 432 firmas y 983 entradas, reedita los dos tomos ya publicados (Anthropos, 1988 y 1991), con un número considerable de actualizaciones y con nuevas entradas que desde entonces se han recibido o solicitado, equivalentes a un 50% de la obra. Es de agradecer que, en consecuencia, la editorial anuncie ya un quinto tomo (Anexo I) para enero de 2010. El mero hecho de que una obra, monumental además, se reedite acrecentada y up-to-date, después de veinte años, habla ya del valor que la comunidad intelectual le asigna.

En tanto que proyecto de muchos años y en permanente actualización, en esta edición se mantienen entradas redactadas bajo condiciones históricas, académicas y/o sociales diferentes que, en ocasiones, recomendó duplicar algunas de ellas, con idénticas u otras firmas. Es obvio que una obra con explícita voluntad de fragmento (un fragmento de cuatro mil páginas), que hace, en este sentido, y con una superior consciencia, de la necesidad virtud, haya estado abierta a cualquier colaboración que, como señala su director, "respetando los principios democráticos básicos y los derechos de personas y pueblos, así como un mínimo de rigor científico, se nos ha hecho llegar".

Sin renunciar a la dimensión o voluntad académica que toda producción intelectual conlleva, esta obra, más allá de cualquier academicismo, ha debido asumir desde un principio la existencia de lagunas o sesgos con respecto a la expectativa que generará y, especialmente, en relación con los diccionarios convencionales, a los que no pretende suplantar. En este contexto es importante destacar que en 1999 el proyecto, diseñado en el año 1986, al que se habían adscrito por entonces otros docentes e investigadores afines, se transformara en Grupo de Investigación con el nombre de Theoria. Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Ese mismo año se crea uno de los órganos más representativos de ese Grupo de Investigación, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, con registros en los más importantes índices de impacto y en cuya presentación se lee, por lo que ahora interesa: "Con la publicación del Diccionario Crítico de Ciencias Sociales. Terminología Científico-Social abrimos ahora las puertas a otros analistas del lenguaje institucional, especialmente a aquellos que, por su fidelidad a los principios básicos del pensamiento libre y de la creatividad, no consiguen hacerse oír a través de los canales de difusión y medios de promoción instituidos". La presente edición recoge también los frutos de esta generosa oferta, incorporando notables entradas de coautores hasta ahora desconocidos, pero fieles a aquellos principios, que sometieron a debate sus ideas a través de Nómadas.

La vida y el pensamiento son sistemas abiertos que sólo se reproducen renovándose sin cesar, sin sedentarismos. Los que han redactado los términos de la presente obra circulan por vías nómadas. Gracias a su trabajo, el lector se puede enterar de los nuevos inventos teóricos y metodológicos en ciencias sociales. Esta obra abre tantas ventanas que el lector corre el peligro de un resfriado mental. Pero la lectura de un libro, si es que éste lo permite por sugerente, no es sólo un acto de consumo. Al hilo de la lectura, el lector construye su propio pensamiento a la intemperie, digamos, porque para ello debe desconstruir el pensamiento del escritor. Parece más fácil desconstruir un pensamiento fragmentario que un pensamiento sistemático, pero seguramente es más difícil, porque el sistema fácilmente se viene abajo como un todo.

Jesús Ibáñez, con motivo de la aparición del primer tomo de esta obra, escribía en 1988 en estas mismas páginas sabias palabras: "Hay ciencias nómadas y ciencias sedentarias. Las primeras son abiertas, proceden por persecución itinerante (no buscan, encuentran), descubren nuevos horizontes -inventan-, el científico se compromete con su objeto... Las segundas son cerradas, proceden por reproducción iterativa (buscan: trabajan en laboratorio), sistematizan los descubrimientos de las primeras -archivan lo inventado-, el científico pretende ser neutral respecto a su objeto... Sólo hay verdadera ciencia si se produce una interacción entre los dos enfoques. De lo contrario, proceden en paralelo el caos y el vacío". Que son de siempre los dos retos, tentaciones, riesgos del pensar. Su dialéctica, sin embargo, es la de la grandeza. A ver si hay grandes archiveros de este monumental invento fragmentario (El País, Babelia).



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Hoy, 29 de junio, es día de Chorrillos. San Pedro de los Chorrillos fue la denominación oficial de este pueblo en alusión a los chorros o “chorrillos” de agua dulce que se desprenden de los barrancos hacia el lado de la playa Agua Dulce, y por ser un pueblo de pescadores cuyo Santo Patrón es San Pedro. Hoy recordaremos pasajes de la historia de este balneario durante el siglo XIX.

Según el abogado e historiador Evaristo San Cristóbal (Esplendor y grandeza de Chorrillos. Lima, 1942), los presidentes que más trabajaron, en el siglo XIX, por el progreso de Chorrillos fueron Agustín Gamarra, Ramón Castilla y Juan Antonio Pezet. Durante el gobierno de Gamarra (1829-1833) la población se duplicó y el sistema de construcciones mejoró, ya que en las rústicas chozas en las que predominaban la totora y la caña, le reemplazaron el adobe. Se intensificaron las construcciones y el progreso urbano se afirmó. Así lo confirman las Noticias Estadísticas de Córdova y Urrutia, quien registró una población nativa de 581 hombres y 470 mujeres. Más tarde y gracias al establecimiento de nuevas las familias en el balneario, poco a poco se alcanzó la cifra de 4 mil habitantes, antes de la guerra de 1879.

En 1940, durante el gobierno de Gamarra, se inauguró la línea de vapores de ruedas que se dedicó a hacer el tráfico marítimo entre Valparaíso y el Callao. Fue así como el 3 de noviembre de 1840, pasó por Chorrillos, ante el asombro de la gente, el primer vapor que surcaba su mar; algunos pensaron que la nave se estaba incendiando. Esa era la sensación de ver por vez primera en el mar un buque a vapor con las luces encendidas y echando humo, tan distante de los botes de vela, las chalupas y los caballitos de totora, empleados por los nativos de Chorrillos y las caletas vecinas. Al poco tiempo, se permitieron viajes entre el Callao y Chorrillos, gracias a la aceptación de Guillermo Wheelright, gerente de la compañía de vapores. Se cobraron 4 pesos por el recorrido de ida y vuelta.

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Chorrillos según grabado del viajero alemán Karl Scherzer


Por su parte, Ramón Castilla, le puso a Chorrillos gran interés. Se trazaron los planos del antiguo malecón y se inician las obras, que serán continuamente visitadas por Castilla. El malecón de esta época de esplendor, gracias al dinero del guano, era entablado, con barandal de madera, que permitía apreciar todo el panorama de la bahía de Lima y lucía dos glorietas y gran número de bancas y macetas, de grandes dimensiones diseminadas en toda su extensión. Por su parte, el general Juan Antonio Pezet, continuando la obra de Castilla, embelleció el balneario dotándolo de alamedas y parques. En sus principales calles se sembraron Picus, boliches, molles y sauces.

De esta manera, Chorrillos se convirtió en un verdadero jardín por la proliferación de árboles y flores de sus plazuelas, esmeradamente cultivadas y arregladas. No había rancho o mansión que no contara con plantas escogidas y finas de las que se sentía orgulloso el propietario. Ese fue el caso, por ejemplo, del inmigrante italiano Ulderico Tenderini cuyo rancho que le servía de residencia, en la quebrada que lleva su nombre, ostentaba las plantas más exóticas. Asimismo, era famoso el “Palacio Pezet” (propiedad del presidente Pezet), ubicado en la calle del Tren con Arica, y estaba provisto de preciosas explanadas, fuentes de mármol de Carrara, plantas ornamentales, enredaderas, glorietas, estatuas florentinas, a las que se agregaban salones de lujo donde tuvieron lugar los grandes “saraos” de la época. Por todo ello, varios viajeros del siglo XIX coincidieron en afirmar que Chorrillos era, hasta 1879, el balneario más elegante del Pacífico Sur, por encima de Viña del Mar.

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Residencia del presidente Pezet en Chorrillos

Durante el gobierno de José Rufino Echenique, se expidió un decreto con fecha 1 de Julio de 1852 por el cual, y a mérito de una nota del subprefecto de Lima, se declaraba que el distrito de Surco quedaba comprendido dentro de los límites de la Intendencia de Policía de Chorrillos. Más tarde y ya que la población se mantuvo casi estacionaria a partir de la época de Gamarra, la Convención Nacional por ley del 31 de Julio de 1856, concedió a Chorrillos el título de Villa, en atención a contener el número de habitantes prescrito por la ley para que una ciudad pudiese adquirir esta denominación, aparte de los otros requisitos que se necesitaban complementando el anterior. El 1 de Agosto del mismo año, Castilla dispuso el cumplimiento de la ley antedicha que refrendó su Ministro de Gobierno y Obras Públicas don Juan Manuel del Mar.

El impacto del ferrocarril.- Hasta la construcción del “camino de hierro”, el tráfico entre Lima y Chorrillos se hacía empleando toda clase de mulas y carretas. Los coches y las calesas, por lo general, eran empleados por la clase alta, aún así, esto generaba una serie de molestias consiguientes de una carretera desigual, polvorienta, empedrada a trechos y llena de sinuosidades, amén de los sustos y riesgos a que se exponían (había muchos asaltantes a lo largo del camino), pese a la escolta de servidores, la ronda de la guardia rural y de los serenos. El tramo más peligroso era el comprendido entre Limatambo y Miraflores. El ferrocarril salvó la situación.

William S. Ruschenberger, médico de la marina norteamericana visitó el Perú en 1831 y dejó testimonio sobre los salteadores en el camino de Lima a Chorrillos: "En el mes de enero acompañé a una partida de caballeros a Chorrillos, y pasé varios días en ese lugar. Partimos hacia las tres del sábado por la tarde, con ponchos y grandes sombreros de paja para cubrirnos del sol, y armados con pistolas para protegernos de los salteadores, que, en esta estación, infestan por lo general el camino. Han sido menos numerosos, sin embargo, durante los últimos años que antes. Son un conjunto de los más rapaces ladrones, pues no satisfechos con el caballo, la bolsa y las cosas valiosas, por lo gene|ral dejan a sus víctimas sin otra cobertura para su cuerpo que sus camisas. Conozco, no obstante, un ejemplo de generosidad de parte de un individuo de esa profesión. Un bandido detuvo a un comerciante acaudalado en ruta a Lima desde Chorrillos, y después de quitarle s reloj y su cartera, le ordenó desmontar. El comerciante protestó y argumentó que se produciría un serio perjuicio a su negocio si era retenido lejos de Lima, pero ofreció entregar el caballo al día siguiente, sin formular preguntas, a cualquier persona que fuese enviada en busca del animal. Su oferta fue aceptada, y se le permitió continuar su viaje. A la mañana siguiente el asaltante reclamó el caballo, ¡que fue puntualmente entregado! Debe tenerse presente que el incumplimiento de los términos del trato habría sido a riesgo de perder la vida en caso de un segundo encuentro".

El 1 de diciembre de 1855 se dieron las bases para la construcción del mencionado ferrocarril; el gobierno concedía a los empresarios un privilegio exclusivo por el término de 25 años, permitiéndoles disfrutar la propiedad del camino por 70 años. Al final de la licitación, la construcción del nuevo tren quedó bajo la responsabilidad del empresario Pedro Gonzáles Candamo, amigo de Castilla. El 7 de noviembre de 1858 corrió el primer tren. Para dar toda clase de seguridades al público, el gobierno nombró una comisión de ingenieros que debía emitir un informe sobre las condiciones de la vía férrea. Los designados fueron Ernesto Malinowsky, Antonio Dupard y Eugenio Schteiner, quienes reconocieron la calidad del trabajo efectuado. El día de la inauguración, la estación de San Juan de Dios (en lo que es hoy la Plaza San Martín) estuvo llena de gente y realzada con la presencia del presidente Castilla, junto a sus ministros de estado, funcionarios de cuerpo diplomático y otras autoridades. Al principio, el itinerario que fijó la empresa para la salida de los trenes fue muy reducido: los trenes salían de Lima a las 7 de la mañana, a las 2 y a 5:15 de la tarde; y de Chorrillos partían a las 9 de la mañana, a las 4:30 y a las 6 de la tarde. Pero la frecuencia de trenes fue intensificándose, especialmente los domingos de diciembre, debido a la proximidad de la temporada de verano.

Lo cierto es que el ferrocarril innovó completamente la vida de Chorrillos. La concurrencia al balneario aumentó y la empresa se vio obligada en aumentar su servicio de trenes, a pesar de que el ferrocarril era de una sola vía. En la calle del Tren estaba situada la estación principal y abarcaba una extensión de seis cuadras desde la calle Colina hasta la Bolognesi. Daba cabida en sus andenes a muchas personas de diversa condición social que iban a esperar momentos antes de la llegada del tren a los visitantes que venían de la capital. Las bodegas de Chorrillos, conducidas en su mayoría por italianos, también tenían un inusitado movimiento los días domingos y feriados en los cuatro meses que duraba la temporada veraniega. La gente del pueblo, por su lado, se dedicaba al esparcimiento constituyendo las rancherías ubicadas en lo que después fue la Avenida Alfonso Ugarte y calles Blondell y Miraflores, que podrían denominarse como el barrio de los pescadores. Todo este progreso se debió al ferrocarril. Por último, la rebaja de los pasajes se hizo así inevitable y se establecieron abonos mensuales.

El malecón, el alma de Chorrillos.- Durante el siglo XIX, pasear por el malecón de Chorrillos era uno de los pasatiempos más atractivos que podían experimentar chorrillanos y limeños, especialmente en las tardes o en las noches de luna y retreta. Desde un principio, este malecón estuvo dedicado a recordar al mártir chorrillano José Olaya. Por ello, el 28 de junio de 1867 se publicó un decreto en el que se ordenaba la erección de un busto en bronce para el malecón de Chorrillos en honor a Olaya; el trabajo fue ejecutado por el escultor peruano Salvador Gómez Carrillo de Albornoz.

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Malecón de Chorrillos, 1860

El vicio de Chorrillos, el juego.- Si algo caracterizó a Chorrillos durante los años de la bonanza guanera fue el juego, la apuesta. Ya el comerciante alemán Heinrich Witt lo describió con mucha claridad: "Además de los baños, el juego constituía la atracción principal en Chorrillos. En una casa, de propiedad de la familia Elespuru, había una mesa de juego. En la casa también se podía conseguir una habitación y una cama para al noche. En la casa de doña Ignacia Palacios, una admirable dama mayor, de una respetable familia, había juego durante todo el día y gran parte de la noche. En las noches sus apartamentos estaban llenos de gente. Esta pobra dama anciana no podía vivir sin la excitación del juego. Ella murió en Lima en 1866, a edad muy avanzada, querida y compadecida por todos. Ella había sido una mujer rica alguna vez, pero después des u muerte sus finanzas fueron encontradas en pésimo estado. Sus dos hijas, dos solteronas de edad, debo decir que viven ahora (1867) en la penuria". Manuel A. Fuentes fue aún más radical: "¿Cuál es el gran atractivo que ofrece Chorrillos? ¿Por qué es el pueblo predilecto de la aristocracia? ¿Por qué es ese pueblo el sitio de reunión de los vagos de la capital? ¿Son sus aguas? Nada de eso. Es porque allí tiene establecidos sus templos la diosa de la fortuna; es porque el mayor número de las casas son otros campos de batalla, en que luchan todo el día y toda la noche los genios prósperos y adversos de los hombres; es porque de Chorrillos se trae una fortuna adquirida en uno o dos días, o se saca pérdida de las economías de todo el año o de toda la vida".
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Vista general de Chorrillos antes de la guerra de 1879 (skypercity.com)

Llegan los chilenos.- Como sabemos, todo el esplendor o el glamour de Chorrillos se hizo cenizas con el criminal saqueo e incendio de este balneario, perpetrado por las tropas chilenas, luego de la batalla de San Juan; también era un aviso de cómo podría quedar Lima. Los jefes chilenos no pudieron –o no quisieron- controlar los bajos instintos de su soldadesca. Hay alguno que dice que era preciso destruir Chorrillos a favor de Viña del Mar. Por ejemplo en el “Palacio Pezet” se alojaron por unas horas el General chileno Baquedano, su secretario en campaña Máximo Ramón Lira y el ex Ministro Plenipotenciario en el Perú Joaquín Godoy, quienes fueron arrojados por las llamas que consumieron la lujosa mansión al igual que casi todo el balneario en los horrorosos días del 13 y 14 de enero de 1881.

El ensañamiento del enemigo contra Chorrillos también se explica por su fama de lugar de expansión y recreo insuperable en el Pacífico Sur, y esto era conocido en Chile a través del historiador Vicuña Mackenna y el Ministro Plenipotenciario Joaquín Godoy, quienes eran los mejores informantes del Gobierno de la Moneda. Tan es así que cuando se produjo la invasión chilena después de la batalla de San Juan, Godoy resultó el obligado “guía” de Manuel Baquedano y de Tomás Lynch.

Según un testigo de la guerra, el historiador italiano Tomás Caivano (Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia), a las dos de la tarde, cuando todo había concluido, Iglesias cayó prisionero en unión de los escasos restos de su división y menos de media hora después, las primeras columnas de las tropas chilenas, que descendían por las áridas faldas del morro, "invadían las desiertas calles de Chorrillos, mientras otras ocupaban el cuartel situado a poca distancia,(...). A las dos y media el General en Jefe, Baquedano, y el Ministro de la Guerra, Vergara, que representaba el gobierno chileno, se hallaban también en Chorrillos, admirando estáticos en unión de sus ayudantes y secuaces, los hermosos palacios (ranchos), que con sus elegantes terrazas moriscas y sus floridos jardincillos cerrados por macizas verjas de hierro dorado, daban al conjunto aquel aire fantástico, encantador, grandioso, del cual tanto se había oído hablar en Chile, y que tan fielmente anunciaba la decantada riqueza de los ajuares y de todas las elegantes superfluidades de las habitaciones. La numerosa cabalgata de los conquistadores se separó hacia las tres; y mientras el General en Jefe, junto al Ministro y al ex-Plenipotenciario Godoy buscaban un poco de reposo en el rancho de un pariente de éste, “otros invadían el del doctor José Antonio García y García. Breve fue sin embargo, su reposo: grandes llamas y gruesas nubes de humo les advirtieron bien pronto, que la venganza chilena comenzaba, y que era hora de dejar libre el campo a sus terribles Ministros. A las 5, el Ministro de la Guerra abandonó Chorrillos, mientras el General en Jefe pasaba a ocupar el gran Palacio de Pezet, de donde lo desalojaban nuevamente las llamas a las 10 de la noche, viéndose obligado de este modo, a pasar la noche en el cuartel convertido en hospital. Desde cerca de las 5 de la tarde Chorrillos se había convertido en horrendo teatro de rapiña, de orgía, de sangre y de ruinas; una verdadera caldera del infierno. Y esto duró sin interrupción toda la tarde, toda la noche, y toda la primera semana, y mitad del día siguiente; desde las 5 de la tarde del día 13, hasta el mediodía del 14, hora en la cual el desbandado ejército fue llamado a filas; y al comenzar de la cual, sin cesar jamás completamente durante varios días consecutivos, la nefanda obra de destrucción, fue continuada solamente por simples grupos más o menos numerosos de soldados desbandados, hasta que en Chorrillos y sus alrededores no quedó piedra sobre piedra".

Un texto chileno titulado Carta Política, del escritor Manuel J. Vicuña recoge la siguiente versión: "A las dos y media de la tarde, cruzábamos las calles de la elegante y bonita villa de Chorrillos. Esperábamos al Ministro de Guerra; no tardó en llegar. Apenas había pasado una hora, cuando empezamos a notar un gran desorden: roturas de puertas, saqueos de tiendas y algunas casas ardiendo ya. Era el principio de un gravísimo mal, cuyas consecuencias podían parar en una catástrofe nacional. Fácil, habría sido contenerlo al principio. Sin embargo, ni el General en Jefe, ni los Generales de División, ni los Comandantes de brigada tomaban ninguna medida. El desorden en Chorrillos había llegado al maximum del desborde y de la desmoralización. El saqueo y la borrachera, el incendio y la sangre, formaban los cuadros de aquel horrible drama".

Por su lado, El Mercurio de Valparaíso (en su edición del 22 de marzo de 1881) informaba: "La noche iba cerrando y las calles de Chorrillos alumbradas por el fulgor de cien incendios, semejaban un fantástico cuadro de escenas del infierno. De pronto resonaron algunos tiros: eran de soldados chilenos que disputaban entre sí. El siniestro resplandor de los incendios alumbraba sólo repugnantes escenas de orgía y de exterminio. Al siguiente día continuaron los desórdenes. Pero el General en Jefe no tomaba ninguna determinación seria con el fin de que cesaran aquellos repugnantes desbordes. Parecía que pensaba dejar marchar las cosas, y permitir que en la noche del 14 se repitieran las escenas de las del 13. El Ministro de la Guerra le indicó entonces que sería conveniente reorganizar el ejército a fin de marchar inmediatamente sobre Lima y que era necesario recoger por cualquier medio aquella gente desbandada".

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Imágenes después del saqueo (1881)