Archivo de abril 2010

Rufino Torrico, Alcalde de Lima durante la ocupación chilena en 1881
Es cierto que ser alcalde de una ciudad como Lima, que fuera capital de un Virreinato y luego de una casi siempre caótica República es una labor complicada. Sin embargo, hay momentos particularmente difíciles; por ejemplo, cuando ocurre un desastre natural o una guerra. Es en esos momentos cuando los alcaldes deben convertirse en verdaderos líderes de la población para remontar o sobrellevar la desgracia. Dentro de estos difíciles contextos, vamos a destacar a cuatro alcaldes; dos de épocas de desastre natural (terremotos) y dos en situaciones bélicas.
Desastres naturales.- Lima es una ciudad de sismos y, quizá, los terremotos más crueles que soportó nuestra ciudad fueron los de 1746 y 1940. El 28 de octubre de 1746, a las 10 y media de la noche, empezaron los cuatro minutos de horror que jamás habían vivido los limeños de entonces. El sismo (8,4 grados en la escala Richter) destruyó casi en su totalidad la Lima de entonces. La ciudad tenía 3 mil casas distribuidas en 150 manzanas y con una población aproximada de 60 mil habitantes. Según algunas cifras, 1.141 limeños murieron y, de las casas, apenas quedaron 25 en pie. Pero allí no quedaba la tragedia. Al día siguiente del terremoto, llegó a Lima la noticia que dejó boquiabiertos a todos: la ciudad del Callao había desaparecido por completo; apenas si sobrevivieron menos de 200 afortunados chalacos. Murieron ahogadas aproximadamente 9 mil personas; de 22 barcos atracados en la bahía, se hundieron 19 y 3 terminaron a más de 2 kilómetros tierra adentro. El alcalde de entonces, Bentura Jiménez Lobatón y Azaña, junto al virrey Conde de Superunda, decidió vencer la desolación y tomar cartas en el asunto, de tal manera que emprendió la reconstrucción de Lima. Una de las medidas que se tomó fue pedir al Rey decenas de títulos nobiliarios para ser vendidos en el Virreinato y, con ese dinero, iniciar las labores de reconstrucción de la ciudad.
Otro cruel terremoto ocurrió el 24 de mayo de 1940 (de 8,2 grados Richter) a las 11 y 35 minutos de la mañana. Causó 179 muertos y 3, 500 heridos; el 40% de las casas destruidas y otro 40% con serios deterioros. Por ese entonces, el alcalde de Lima era Eduardo Dibós Dammert. Era un día muy tranquilo y la población se encontraba haciendo sus labores cotidianas. Los daños materiales fueron cuantiosos; las construcciones más afectadas fueron las de material de quincha y adobe. Como su epicentro estuvo cerca del Callao, provocó un pequeño tsunami. El mar se retiró unos 150 metros frente a las playas de Lima y retornó gradualmente a su nivel con olas de hasta 3 metros de altura, que lograron sobrepasar algunos muros de defensa localizados en la Punta y el Callao, llegando a anegar completamente los muelles. Asimismo, desde San Miguel y Magdalena hasta Chorrillos, el acantilado se precipitó sobre la playa, dando la impresión de una gran catarata de tierra, generando grandes nubes de polvo. El malecón de Chorrillos se cayó como un huaico, por ejemplo.

Eduardo Dibós Dammert
Épocas de conflicto.- En 1820, cuando se retiraban las tropas del virrey Abascal e ingresaban a nuestra ciudad las del libertador San Martín, era alcalde don Isidoro Cortázar y Abarca, más conocido como el Conde de San Isidro. Tuvo que afrontar el desgobierno y negociar con Abascal y San Martín; afrontar la escasez de alimentos, el estallido de posibles epidemias y los desmanes de la gente cuando no hubo ejército para controlar la ciudad; también tuvo que reunir al Cabildo para que declare la Independencia y construirle el tabladillo a San Martín para que jurara la Independencia en la Plaza de Armas.
Seis décadas más tarde, a Rufino Torrico, le tocó vivir como alcalde la, quizá, mayor desgracia de Lima: la ocupación por las tropas chilenas. Era enero de 1881 cuando, tras las derrotas de San Juan y Miraflores, la ciudad quedó a merced del enemigo. Afortunadamente no hubo destrucción ni incendio (como en Chorrillos, por ejemplo), aunque sí robos y saqueos y, lo más triste, se inició una ocupación de casi tres años de la antigua capital de los virreyes, experiencia traumática que aún no ha cerrado heridas.
Ahora que se acercan las elecciones municipales, pasaremos revista por la historia de los Alcaldes de Lima. Desde su fundación española, en 1535, hasta nuestros días, Lima ha tenido más de 300 alcaldes; de ellos, 80 en sus años republicanos. Como sabemos, Nicolás de Ribera “el Viejo”, nacido en Olvera (Cádiz) y hombre de confianza de Francisco Pizarro, fue el primer alcalde de nuestra ciudad (repitió el cargo en 1544 y 1546); murió en 1563, por lo que fue vecino de Lima por casi 30 años. La Lima donde vivió y gobernó Nicolás de Ribera debió tener un aspecto hosco, con la picota enclavada en la plaza de armas, en el antiguo callejón de Petateros (hoy pasaje Olaya), con las cabezas decapitadas de los caudillos rebeldes. También la Ciudad de los Reyes tenía un aspecto todavía rural, con sus avenidas arboladas que daban ingreso al damero, con amplias huertas y jardines floridos, con sus todavía frescas y ruidosas acequias de regadío y sus casas bajas, de adobe, sobre las que destacaban las imponentes bóvedas de los templos, con sus esbeltos y alegres campanarios.

Nicolás de Ribera, el Viejo
Algunos datos curiosos:
1. Durante la época virreinal, Lima tenía dos alcaldes de manera simultánea, y el cargo era anual.
2. El primer alcalde de Lima elegido por votación popular fue Luis Bedoya Reyes en 1964.
3. Los alcaldes reelegidos por voto popular fueron Luis Bedoya Reyes (1966), Ricardo Belmont (1993), Alberto Andrade (1998) y Luis Castañeda (2006).
4. La única alcaldesa que ha tenido nuestra ciudad fue Anita Fernandini de Naranjo (1963-1964).
5. La primera candidata mujer a la alcaldía de Lima fue María Delgado de Odría (1963).
6. Solo tres alcaldes de Lima llegaron luego a ser Presidentes de la República: Manuel Pardo (siglo XIX), Manuel Candamo (alcalde interino en 1876 y presidente entre 1903-04) y Guillermo Billinghurst (siglo XX).
7. Los alcaldes de Lima que luego fueron candidatos, sin éxito, a la Presidencia de la República fueron Luis A. Eguiguren (1936), Luis Bedoya Reyes (1980 y 1985), Alfonso Barrantes (1985 y 1990), Ricardo Belmont (1995) y Alberto Andrade (2000).
8. El padre e hijo que han ocupado la Alcaldía de Lima han sido Eduardo Dibós Dammert (1938 y 1950) y Eduardo Dibós Chapuis (1970).
9. En la República, el alcalde de Lima nombrado por más gobiernos fue Luis Gallo Porras (1934, 1941 y 1948).

Edificio de la Municipalidad de Lima en 1863

Nicolás de Ribera, el Viejo
Algunos datos curiosos:
1. Durante la época virreinal, Lima tenía dos alcaldes de manera simultánea, y el cargo era anual.
2. El primer alcalde de Lima elegido por votación popular fue Luis Bedoya Reyes en 1964.
3. Los alcaldes reelegidos por voto popular fueron Luis Bedoya Reyes (1966), Ricardo Belmont (1993), Alberto Andrade (1998) y Luis Castañeda (2006).
4. La única alcaldesa que ha tenido nuestra ciudad fue Anita Fernandini de Naranjo (1963-1964).
5. La primera candidata mujer a la alcaldía de Lima fue María Delgado de Odría (1963).
6. Solo tres alcaldes de Lima llegaron luego a ser Presidentes de la República: Manuel Pardo (siglo XIX), Manuel Candamo (alcalde interino en 1876 y presidente entre 1903-04) y Guillermo Billinghurst (siglo XX).
7. Los alcaldes de Lima que luego fueron candidatos, sin éxito, a la Presidencia de la República fueron Luis A. Eguiguren (1936), Luis Bedoya Reyes (1980 y 1985), Alfonso Barrantes (1985 y 1990), Ricardo Belmont (1995) y Alberto Andrade (2000).
8. El padre e hijo que han ocupado la Alcaldía de Lima han sido Eduardo Dibós Dammert (1938 y 1950) y Eduardo Dibós Chapuis (1970).
9. En la República, el alcalde de Lima nombrado por más gobiernos fue Luis Gallo Porras (1934, 1941 y 1948).

Edificio de la Municipalidad de Lima en 1863

El XX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia de la Pontificia Universidad Católica del Perú tiene como finalidad fomentar el diálogo entre estudiantes, investigadores y las instituciones vinculadas con la investigación histórica, para así permitir la discusión de nuevos temas y enfrentar los retos que presenta la historiografía de nuestros días.
El Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia, en su vigésima edición, girará en torno a dos conceptos relacionados entre sí, estos son:
a) Tradición: el Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia, a lo largo de sus 20 años en la vida institucional de la especialidad de Historia – PUCP, ha sido y es un espacio de debate que congrega estudiantes, egresados e investigadores de Historia y disciplinas afines, con el afán de procurarles un marco académico para la presentación y discusión de sus primeros trabajos. En este sentido, el Coloquio es en sí mismo, una tradición de la especialidad de historia. Por ello, la trascendencia que tiene este evento al cumplir 20 años de realización, debe reflejarse en su vigésima edición.
b) Innovación: Al lado de la tradición, se encuentra la innovación, pues se busca dotar a la presente edición de un cariz moderno que refleje la idea actual de historia, caracterizada por la interdisciplinariedad, su presencia en la vida diaria y no sólo en contextos académicos, el estudio del presente, la variedad y amplitud de temas. La innovación se manifiesta además, en el sinfín de ejes temáticos que se pueden trabajar desde la perspectiva histórica.
El concepto general del evento es mostrar la bisagra que conecta a la tradición y la innovación de manera clara y precisa, poniendo de manifiesto la importancia de la trayectoria del Coloquio, que presenta madurez en su realización, y -al mismo tiempo-, las innovaciones que se han introducido a lo largo del tiempo.
1. Fecha y lugar de realización:
Del 25 al 29 de octubre de 2010, en el Auditorio de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú (Avenida Universitaria cdra. 18 s/n San Miguel, Lima 32).
2. Organización:
La Comisión organizadora del XX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia de la Pontificia Universidad Católica del Perú está conformada por los siguientes alumnos de la especialidad de Historia de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas: Sr. Ricardo Bracamonte y Srta. Milagros Valdivia (Coordinadores generales), Sr. Diego Luza (Área Académica), Srta. Danitse Palomino (Área de Comunicaciones), Sr. Víctor Álvarez (Área de Logística) y la Srta. Sandy Miyagussuko (Área de Economía). La Comisión cuenta con el apoyo de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, el Departamento de Humanidades y el Vicerrectorado de Investigación de la PUCP; y con la asesoría de la Dra. Claudia Rosas Lauro, profesora del Departamento de Humanidades de la PUCP.
3. Participantes:
Estudiantes, egresados e investigadores de universidades peruanas y extranjeras, así como también, público en general.
Podrán presentar trabajos únicamente estudiantes, egresados y licenciados de la especialidad de Historia y disciplinas afines, de universidades tanto nacionales como extranjeras.
4. Ponencias:
Las ponencias pueden ser trabajos monográficos, ensayos, capítulos de tesis (por sustentar o en proceso de elaboración), o investigaciones de otro tipo, que sean inéditos y cumplan con los criterios fundamentales del quehacer académico. Los trabajos pueden ser individuales o de dos personas como máximo.
Para su aceptación, las ponencias estarán sujetas a una rigurosa evaluación por el Área Académica de la Comisión Organizadora y, principalmente, por los profesores de la especialidad de Historia de nuestra Casa de estudios.
La temática es libre, así como la aproximación al objeto de estudio. Se valorará la presentación de ponencias originales, pues el objetivo principal del evento es incentivar el interés por nuevos enfoques y la apertura de la disciplina histórica a nuevas miradas.
Requerimientos:
Para su revisión, los interesados deberán presentar -de manera obligatoria- los siguientes documentos:
• Primer documento: Ficha de datos personales.
Debe consignar los siguientes datos:
1. Nombre completo
2. Filiación académica (Institución de procedencia)
3. Dirección postal
4. Teléfono (s)
5. Fax (opcional)
6. Correo electrónico
7. Breve resumen del currículum del autor
8. Señalar, en caso de ser necesario, materiales auxiliares para la exposición (pizarra, proyector, data display, etc.)
• Segundo documento: Ficha de la ponencia
Debe consignar los siguientes datos
1. Título de la ponencia
2. Sumilla que contenga entre 150 y 250 palabras
• Tercer documento: Ponencia
1. Título de la ponencia
2. Cuerpo de la ponencia. La extensión de los trabajos no deberá exceder las 15 carillas tipeadas a doble espacio en papel A4, y en fuente Arial o Times New Roman 12 puntos. Sistema de citado debe ser el numérico-alfabético (cita-nota al pie de página).
3. Bibliografía y fuentes utilizadas. Estas no se considerarán dentro del máximo de 15 carillas exigido.
4. Apéndice (sólo en caso de ser necesario) compuesto de ilustraciones, gráficos, cuadros, etc. con sus respectivas leyendas. Este no se considerará dentro del máximo de 15 carillas exigido.
Los ponentes deben enviar sus textos a la dirección de correo electrónico del coloquio. Los trabajos que no cumplan con los requerimientos previamente especificados, no serán tomados en cuenta para la evaluación.
La recepción de ponencias tendrá como fecha límite el día viernes 13 de agosto del 2010.
5. Inscripciones:
La participación de los ponentes y asistentes no exige pago alguno, pero los asistentes deben manifestar su deseo de inscripción en el evento mediante un mensaje de correo electrónico, indicando su nombre completo y su número de DNI. La fecha límite para las inscripciones de los asistentes es el día lunes 18 de octubre del 2010. Estos requerimientos obedecen a las políticas de seguridad de la PUCP y a razones logísticas de la Comisión organizadora. Además, los ponentes y oyentes que no pertenezcan a la Universidad, deben portar su documento de identidad para poder ingresar al campus.
El XX Coloquio otorgará constancias gratuitas de participación a ponentes, panelistas y al público inscrito, que acredite el mínimo de asistencia (75% de las mesas, sin incluir la conferencia inaugural) determinada por la Comisión organizadora.
6. Dinámica del evento:
El Coloquio estará compuesto por mesas magistrales, en las que participarán destacados especialistas de diferentes disciplinas y mesas temáticas, donde los estudiantes o investigadores seleccionados presentarán sus investigaciones y las someterán a discusión. Las ponencias serán agrupadas en mesas temáticas presentadas por un moderador. Cada ponente dispondrá de veinte (20) minutos para la lectura o exposición de su trabajo. Se pide respetar el tiempo asigna)
15/04/10: Sobre trenes y buses

¿Por qué en el Perú el kilómetro de tren o de bus cuesta más caro que en Europa o Estados Unidos? Parte de la respuesta la dio hace más de un siglo William Clarke quien, en 1877, describió las prácticas del empresario norteamericano Henry Meiggs, el gran "constructor" de ferrocarriles en nuestro país el siglo XIX: “El ferrocarril de La Oroya proporciona una ilustración característica sobre el modo como muchas empresas financieras eran manejadas en el Perú. Todos en este país parece que miran con temor el profundo conocimiento de ingeniería y la habilidad desplegada en las realizaciones; pero mi opinión sobre el asunto, en general, es que la verdadera naturaleza de él consistió en obtener 40,000 libras esterlinas por milla de construcción. Cualquier ferrocarrilero inglés o norteamericano habría labrado su fortuna con ella si el costo hubiera sido restringido a un cuarto del monto por milla. El secreto para hacer esto es muy sencillo. El finado Henry Meiggs me lo reveló al informarme que el único camino para seguir adelante con los sucesivos gobiernos del Perú consistía en permitir que cada uno de ellos se vendiera por su propio precio. Él añadía entonces, al precio del contrato, las sumas requeridas por el presidente y por los amigos del presidente, y así robando a Pedro para pagar a Pablo, conseguía mantener a todos sus rivales a distancia…” (citado por Ernesto Yepes, Perú 1820-1920: un siglo de desarrollo capitalista. Lima: Instituto de estudios Peruano, 1972, p. 89).
Como vemos, el "mérito" de Meiggs no fue perforar los Andes con sus locomotoras sino haber obtenido un contrato en que se pagaban 40 mil libras esterlinas por milla de ferrocarril, casi el doble que en Inglaterra. Pero en el Perú las obras no solo son caras por las "comisiones" (corrupción) sino también porque muchas se hacen sin estudios serios de factibilidad y con tecnología que no es de última generación. Esto explica por qué el nuevo sistema de buses que va a implementar la Municipalidad de Lima, EL METROPOLITANO, ha costado, en su primera etapa, 300 millones de dólares en un tramo que solo une a Lima con Chorrillos y que de funcionar bien -algo que muchos dudan- solo beneficiará a la décima parte de la población limeña. Con ese dinero, y con tecnología de punta, Lima podría contar con un moderno metro. Pero eso iba a durar tiempo y el cálculo político -otro factor a tomar en cuenta- lo impedía.
12/04/10: El Vaticano perdona aThe Beatles

Le ha llevado tiempo, pero finalmente el Vaticano ha perdonado a The Beatles. L'Osservatore Romano, el periódico de la Iglesia, le ha dedicado al grupo dos artículos (en italiano) en el 40 aniversario de la separación del grupo, y además ha publicado una caricatura de la foto de The Beatles cruzando el paso de peatones que fue portada del disco Abbey Road.
Atrás quedan las palabras de John Lennon, que afirmó que su grupo era más famoso que Jesucristo, y que para la Iglesia fue "un mensaje misterioso o tal vez satánico". A pesar de ello el Vaticano se pregunta: "¿Qué hubiera sido de la música pop sin la existencia de los Beatles?". L'Osservatore Romano califica su música como "hermosa".
Para el Vaticano las vidas de excesos de los de Liverpool quedan a un lado cuando se oye su música. "Al escuchar sus canciones, todo esto parece distante, lejano y tiene poca importancia. Sus bellas melodías, que cambiaron para siempre la música pop y que aún nos emocionan, viven en nosotros como joyas preciosas".
Esta no es la primera vez que el periódico alaba el trabajo sobre The Beatles, hace dos años lo hizo con White Album y el pasado mes de febrero incluyó Revolver en la lista de álbumes que consiguieron la aprobación de la Iglesia, clalificándolo como "una clara ruptura con toda la producción anterior y que marca un punto de no retorno en la música ligera contemporánea" (El País, 12/04/10).
11/04/10: La flora de Lima: los árboles

Estampilla postal con la Higuera de Pizarro (1938)
Los olivos y el Parque “El Olivar” de San Isidro.- Este es uno de los parques más emblemáticos de nuestra ciudad que, con sus 23 hectáreas, alberga diversas zonas para dar un paseo, hacer ejercicios o, simplemente, descansar. Durante los tiempos virreinales, El Olivar fue un fundo de 27 hectáreas. Según los documentos coloniales, los primeros árboles de olivo llegaron desde Sevilla (España) en 1560, traídos por Antonio de Rivera, alférez y maestre de campo de Gonzalo Pizarro. Se cuenta que muchos de estos ejemplares no resistieron el largo viaje hasta el Perú, pero algunos, felizmente, sobrevivieron y se adaptaron a las tierras del valle del Rímac (en este caso, del Huatica) y dieron, con el tiempo, jugosas aceitunas.
Fue así que el actual San Isidro tuvo olivos desde los años iniciales del Virreinato. Las aceitunas negras fueron cosechadas y el aceite, una vez extraído, era conservado en botijas de barro cocido. El aceite se usó, especialmente, como bálsamo para los santos óleos de la época y, con los años, se hizo tan popular que se vendió mejor que el aceite andaluz proveniente de la Península. Un inventario realizado en 1730 da cuenta de que en El Olivar había 1,500 árboles de olivo; un siglo más tarde, en 1828, dichos ejemplares sumaban 2,338.
Hay una tradición que dice que los españoles, en venganza por las guerras de independencia, talaron numerosos árboles de El Olivar antes de abandonar Lima. Otra leyenda, esta más antigua, cuenta que San Martín de Porres, en su peregrinación por Limatambo, plantó un árbol de olivo, conocido como el “Olivo de la Felicidad” y que aún podemos apreciar. En la década de 1840, llegó a nuestra ciudad el viajero suizo-alemán, Jacobo von Tschudi y nos dejó el siguiente testimonio sobre cómo los limeños consumían sus frutos: El olivo crece fundamentalmente en las provincias sureñas de la costa, sus frutos son muy inferiores a los de España. El aceite tampoco alcanza la misma calidad, lo que podría deberse al malo y burdo proceso de exprimir los frutos. Las aceitunas se preparan de un modo muy curioso. Maduran en el árbol, luego se les exprime levemente, se les seca y se les guarda en olla de barro. Este procedimiento les da un aspecto arrugado y un color negro. En esta forma llega a al mesa, donde se les sirve con trozos de tomate y de ají. Este último es un excelente suplemento a este fruto aceitoso. Otra manera de preparación es la conservación en agua salada, así mantienen su color verde y su forma llena.
Hasta 1931, El Olivar fue un huerto cerrado, con muros altos. Pero ese año, este espacio fue destinado al uso público y actualmente alberga unos 300 rugosos árboles, entre jóvenes y vetustos, que brindan verdor, salud y sombra a los sanisidrinos y a cualquier limeño que decide visitar el parque. Cabe mencionar, por último, que en 1959 fue declarado Monumento Nacional por Resolución Suprema n° 5773.
La higuera.- Es otra de las plantas traídas por lo españoles cuyo fruto, el higo, era muy consumido, tanto al natural como en una serie de dulces de almíbar. Cuenta el padre Bernabé Cobo, en su "Historia del Nuevo Mundo", que luego que los conquistadores de este reino del Perú poblaron esta ciudad de Lima, se dieron sus vecinos a sembrar y plantar en su comarca todas las semillas y plantas que iban trayendo de España; y así, cuantas se han extendido ya por todo el reino, se dieron primero en estos términos de Lima, excepto una o otra que nació primero en otra parte; lo cual acaeció también en las higueras, que las primeras que hubo en este reino se plantaron media legua de lima e una chácara que está junto a la caja del agua que se trae conducida a la ciudad, donde aún viven y se ven todavía… Tienen una propiedad en esta tierra las higueras muy diferentes de las de Europa, y es que su madera no es tan fofa y esponjosa como las de las higueras de Europa, sino maciza y buena para el fuego, a cuya causa se suelen plantar para sólo el provecho de leña, como se hace en este valle de Lima.
Históricamente, la higuera está relacionada con los siguientes acontecimientos de nuestra ciudad:
1. Según la tradición, luego de la fundación de Lima, la casa del gobernador Francisco Pizarro (donde está hoy el Palacio de Gobierno) fue construida de manera sencilla, con patio al centro y un jardín en el que sembró una higuera que existe hasta nuestros días.
2. Otra tradición atribuye al libertador Simón Bolívar haber sembrado una higuera en la casa de verano de los virreyes en Magdalena Vieja. La “higuera de Bolívar” puede verse hasta hoy en el Museo Nacional de Historia (Pueblo Libre).
3. “La higuera de Pizarro” es también el título de una novela de Luis Alayza y Paz Soldán que rememora los acontecimientos de los últimos días del coronel José Balta, en el sangriento atentado de los hermanos Gutiérrez, y los estallidos revolucionarios que estallaron durante el gobierno de Manuel Pardo y Lavalle.
4. “Como higuera en un campo de golf” (1972) es el título de un poemario escrito por Antonio Cisneros.
La higuerilla.- Oriundo del África, se trata de un arbusto oleaginoso de 1 a 5 metros de altura, de tallo hueco y ramificado de color verde café rojizo. Sus hojas, divididas en varias partes, tienen forma de estrella, nervaduras rojizas y bordes dentados de tamaño irregular. Las flores crecen en racimos y tienen color blanco, y los frutos, globosos y espinosos, albergan tres semillas grandes y semiaplanadas. Los viejos limeños no tienen un buen recuerdo de esta planta pues de sus semillas se extraía el famoso ACEITE DE RICINO, de pésimo olor y que servía como purgante.
La higuerilla también se hizo famosa en la literatura peruana, concretamente en el cuento de Julio Ramón Ribeyro titulado “Al pie del acantilado”. Al parecer. Hace medio siglo, en los acantilados de al Costa Verde, abundaba esta planta. Dice Ribeyro, en alusión a la marginalidad de Lima: Nosotros somos como la higuerilla, como esa planta salvaje que brota y se multiplica en los lugares más amargos y escarpados. Véanla cómo crece en el arenal, sobre el canto rodado, en las acequias sin riego, en el desmonte, alrededor de los muladares. Ella no pide favores a nadie, pide tan solo un pedazo de espacio para sobrevivir. No le dan tregua el sol ni la sal de los vientos del mar; la pisan los hombres y los tractores, pero la higuerilla sigue creciendo, propagándose, alimentándose de piedras y de basura. Por eso digo que somos como al higuerilla, nosotros, la gente del pueblo. Allí donde el hombre de la costa encuentra una higuerilla, allí hace su casa porque sabe que allí podrá vivir también.
El guarango o huarango.- Es un árbol, leñoso, que formaba extensos bosques a lo largo de los ríos de la costa. Durante los tiempos prehispánicos era también usado para tallar en madera objetos de uso cotidiano, así como para sostener los techos de las viviendas. En la medicina popular, a través de diferentes preparaciones, el algarrobo “sirve” para detener las diarreas, inflamaciones de la garganta o del oído, o el cansancio de lo ojos. Esto sin mencionar la miel de algarrobita para postres o cócteles con pisco. El padre Bernabé Cobo nos dice lo siguiente: En el Perú tienen nombre de guarango cinco o seis especies de árboles muy parecidos entre sí, que casi todos echan unas vainas como algarrobas. Al que produce las mejores llaman los españoles algarrobo de las Indias… Es árbol mediano, del grandor de un olivo; la hoja es muy menuda, la cual en tamaño y hechura es parecidísima a la hoja del helecho o a la de la sabina. La fruta del guarango son unas vainas como algarrobas, aunque no tan anchas y largas, cuyas pepitas, en color y lisura, son como las de nuestras algarrobas, salvo que tienen muchas espinas. Es fruta ésta buena de comer, y los indios, en algunas partes, hacen de ella harina y pan… De la madera del guarango se hacen estacas para las viñas, y duran muchos años sin pudrirse; y en muchos valles no tienen otra madera para los edificios, aunque es nudosa, torcida y que nos e pueden sacar tablas anchas, por tener todo el tronco a manera de nervios y costurones; pero es de grandísima dura y para el fuego y carbón mejor que encina (tomado de la "Historia del Nuevo Mundo").
El molle serrano.- Es un árbol de tallo torcido y agrietado, con hojas menudas y siempre verdes, de flores verdosas y racimos colgantes de frutos rojizos. Antiguamente, los indios hacían de sus frutos una “chicha” muy embriagante o los cocían para curar dolencias renales. El padre Bernabé Cobo, en su "Historia del Nuevo Mundo", nos dice: Es de la grandeza de un olivo, y de aquí para abajo se halla de diferente tamaño; es agradable a la vista, de un verde claro y su hoja parecida a la del lentisco, algo más luenga, más angosta y más delgada. Echa una frutilla en racismos colorada, del tamaño de la del saúco, de la cual suelen hacer chicha los indios, y es tan fuerte que embriaga más que la que se hace de maíz y de otras semillas, y la que tienen los indios por la más preciosa y regalada… Finalmente, con las hojas verdes de este árbol se defienden los negros que trabajan en las viñas, de los mosquitos, poniéndose en la cabeza una guirnalda de ellas, porque deben huir de su olor. Por su parte, el inca Gracilazo, da mayores detalles sobre los “beneficios” del molle: El conocimiento de sus hojas en agua es saludable para lavarse las piernas y el cuerpo y para echar de sí al sarna y curar llagas viejas; palillos hechos de las ramas tiernas son muy buenos para limpiar los dientes.
El ceibo.- Oriundo del Perú, también llamado “palo borracho”, es uno de los árboles más altos y vistosos de nuestra flora. Tiene tronco grueso, cilíndrico o fusiforme. Es muy ramificado y se deshoja al florecer; de su base salen raíces laminares dispuestas en planos verticales. Tiene una enorme capacidad para almacenar agua en su abultado tronco, lo que le permite sobrevivir en los largos períodos de sequía y escasez. El ceibo llega a alcanzar 25 metros de altura y florecen de forma extraordinaria al final del verano (justo en esta época!). Sus frutos son del tamaño de una manzana y sus semillas se encuentran rodeadas de un grueso algodón, el cual les permite volar por los aires hasta llegar a un sitio adecuado para germinar y crecer. Esta especie de algodón es utilizada por las aves para la construcción de nidos y madrigueras; el hombre emplea esta fibra en la fabricación de cojines esponjosos. Hacer la locación en la avenida Canaval y Moreyra, San Isidro, a la altura de Córpac.
El jacarandá.- Oriundo de Argentina y Brasil, su nombre, al parecer, tiene origen brasileño. Es longevo y mide de 5 a 12 metros de altura. Tiene flores azul violáceo en racimos. En la costa peruana, el término “jacarandoso” hace alusión al caballo desenvuelto, alegre y donairoso. En el vals “Zeñó Manué” de Chabuca Granda se hace referencia a las flores del jacarandá:
Dicen que hubo alguna vez,
Una Lima sandunguera,
alfombra, jacarandá,
que tenia su quimera,
soleada cerca a los cerros,
y mojada junto al mar,
dicen que hubo alguna vez,
una Lima de bandera.
Asimismo, el poeta Juan parar del Riego, inspirándose en este árbol, tradicional de Barranco (Parque Central), compuso este poema titulado “Los jacarandás”:
Tienen esa actitud de los abuelos
Cuando cuentan sus idas y fracasos,
Que miran la dulzura de los cielos
Y abren la patriarcal paz de sus brazos
Sus armas se inclinan bondadosas
No sé qué espiritual tristeza dicen;
Parecen unas manos temblorosas
Que llaman, que suplican, que bendicen.
Y como amparan tantas soñadoras
Cosas de amor sus sombras protectoras,
Muchas veces, románticas, deshojan
Sus flores lilas que en silencio llueven,
Para que las mujeres las recojan
Las prenden en su pecho y se las lleven.
Los eucaliptos.- Es un árbol oriundo de Australia, Tasmania y de Tailandia. Fue introducido, con éxito, en Sudamérica en el siglo XIX. En nuestro país hay casi 10 variantes. Es un árbol longevo que puede llegar hasta los 40 metros de altura. En el Parque Castilla (Lince) hay muchos. También está asociado a la historia de Miraflores, concretamente al barrio de Santa Cruz, como lo demuestra la evocación que hace Ribeyro en su cuento “Los Eucaliptos”: Además de los ficus de la avenida Pardo, de los laureles de la costanera, de las moreras de las calles trasversales, en nuestro barrio había eucaliptos. La casa del millonario Gutiérrez estaba rodeada de una cincuentena de estos árboles enormes que crecían desde el siglo anterior, quizá desde la guerra con Chile. Ni los hombres más viejos de santa Cruz sabían quién los había plantado. Sus poderosas raíces levantaban la calzada, abrían grietas en la tierra. Sus ramas crujían con el viento y cada cierto tiempo alguna se desprendía y caía sobre la pista con un ruido de cataclismo. En menos de diez minutos desaparecía. De todos lo corralones acudía gente del pueblo con hachas, con machetes, con cuchillos y la destrozaban para fabricar leña, como se descuartiza una res. Estos árboles eran como los genio tutelares del lugar. Ellos le daban a nuestra calle el aspecto pacífico de un rincón de provincia. Su tupido follaje nos protegía del sol en el verano, nos resguardaba de la polvareda cuando soplaba el viento. Nosotros nos trepábamos a sus troncos como monos. Conocíamos su gruesa corteza por cuyos nudos brotaba una goma olorosa. Sus hojas se renovaban todo el año y caían, rojas, amarillas, plateadas, sobre nuestro jardín. Sus copas, donde cantaban los cuculíes, se veían desde la huaca, desde el mar, porque nuestros árboles eran los más arrogantes de todo el balneario. Tan solo en el parque había un pino soberbio del cual estábamos celosos. Bajo los eucaliptos desfilaron todos los personajes pintorescos de Santa Cruz.
El Ficus.- Árbol oriundo de India y Malasia, longevo, llega a medir de 10 a 20 metros de altura. Siempre está verde pues su recambio de hojas es muy lento. Muy diseminado por Lima (avenida Arequipa, avenida Salaverry, Miraflores, Barranco). Son conocidas las fotos de la “alameda Pardo” (hoy avenida Pardo en Miraflores) con sus bancas y sus ficus. Ribeyro hace referencia a los ficus en el contexto del terremoto de 1940 que asoló Lima y sus balnearios, como Miraflores: Algunos alumnos corrieron rumbo al Parque y nosotros hacia la Alameda Pardo, por donde pasaban mujeres dando gritos con los brazos en alto. El ruido subterráneo cesó, pero la trepidación fue en aumento., la pista fluía comos i fuese líquida, la fachada de la bodega Romano se tambaleó, su gran vitrina se hizo triza, dos indias de pollera cayeron de rodillas y clamaban al cielo dándose de golpes en el pecho, una nube de polvo llegó de los acantilados y llenó nuestros ojos de tierra, el muro de un rancho se vino abajo, ramas de ficus cayeron estruendosamente, mientras que automovilistas pasaban fiero a fondo tocando con estridencia sus bocinas.
10/04/10: La flora de Lima: las flores

La carga de los amancaes
Respecto al uso generalizado de flores en conventos y casas privadas, el padre Bernabé Cobo nos informa lo siguiente: No se hallaron en este Nuevo Mundo muestras de rosas de Europa, clavelillas, lirios, azucenas y demás diferencia de flores que los españoles han traído… Las flores que corresponden a nuestros lirios y azucenas son las que los indios del Perú llaman “amancaes”… de las cuales al primera y la más hermosa de todas es el amancay blanco. A continuación, nos habla de las distintas variedades de esta flor y añade: Todas las flores que hasta ahora se han traído de España a estas Indias… nacen acá con gran abundancia… aunque son innumerables las diferencias de flore que nacen en estas Indias naturales de acá, casi todas son silvestres y poco odoríferas. Describe luego, entre las flores del Perú, las siguientes: el “ticsau”, el “panti” y la “ulla ulla”. De las flores que los españoles trajeron al Perú, menciona los claveles, las clavelillas, las azucenas, los alhelíes y la malva loca.
Asimismo, tenemos un delicioso texto del viajero suizo Jacobo von Tshudi (década de 1840) sobre la venta de flores en Lima: Los limeños gustan de rememorar las glorias pasadas de su mercado de flores y suspirar por su actual decadencia. Se suelen vender allí los famosos pucheros de flores. Consisten en lo siguiente: en una hoja de plátano se coloca una manzana pequeña, un palillo, un par de capulíes, algunas flores de cerezo y de azahar y esto se adorna con manzanilla, alelí, violetas, margaritas, flores de aromo y una ramita de maciste, se cubre luego de choco, jacintos, juncos amarillos, y se adorna arriba con una pequeña fresa. Todo esto se salpica de agua rica o agua de lavanda. Estos pucheros son muy bonitos pero despiden un olor enervante.
El amancay.- Esta planta dio origen al nombre de la Pampa que, al norte del actual distrito del Rímac, era escenario, hasta hace poco más de 40 años, de una de las fiestas costumbristas más enraizadas entre los limeños. Cada 24 de junio, sin distinción de clases social, se reunían los limeños, desde los tiempos virreinales, a festejar la “fiesta de los amancaes”, celebración algo pagana en que abundaba el alcohol y la jarana, y se rendía culto a San Juan Bautista. Una vieja iglesia, aún en pie, da testimonio de la fe de aquellos días, como viviendas informales, a medio hacer, y calles sin asfalto empinándose en los cerros, demuestran el caos con que se ha desarrollado Lima, sepultando tradiciones y avasallando el medio ambiente. Hoy, lamentablemente, el amancay, la flor emblema de Lima, desapareció del Rímac, y la Pampa de Amancaes, en donde se desarrollaba la el culto a San Juan y la jarana criolla, es sólo un recuerdo sepultado por cemento y ladrillo. Tenemos noticias que Manuel Prado y Ugarteche fue el último presidente en acudir a esta Fiesta en 1958, cuando la celebración ya estaba en decadencia, ya era una caricatura.
LAS LOMAS (explicación).- Las lomas, “oasis nacidos de las brumas”, son el fruto de un fenómeno natural discontinuo de la costa peruana. Su límite sur es el paralelo 30° y al norte corresponde más o menos ala ciudad de Trujillo. La costa central permanece cubierta durante 6 a 8 meses (mayo noviembre) por nubes situadas a unos 800 metros de alto, que pueden bajar a nivel del suelo durante las mañanas y noches. El aire seco de los vientos alisios se enfría al pasar sobre el mar, que a su vez es enfriado a lo largo de la costa por la emergencia de aguas frías empujadas por el viento. Al enfriarse, la humedad de la costa se condensa y se forma una capa de estratos que no es lo suficientemente espesa para favorecer una verdadera lluvia, sino que cae en forma de llovizna o garúa.
Afortunadamente, hoy, la flor ha sobrevivido en las lomas de Pachacámac. Mauricio Romaña elaboró un proyecto, financiado por Cementos Lima, para implementar el Santuario del Amancay, a 40 kilómetros al sur de Lima, sobre un área de unas 50 hectáreas pertenecientes a la cementera; el proyecto también incluye excavaciones arqueológicas en convenio con la Universidad Católica (mayor información en www.santuariodelamancay.com).
¿Qué es lo que hace tan atractiva a esta planta, aparte de ser emblema de Lima? Lo efímero de su aparición y su belleza. Sólo tres semanas al año puede ser admirada. Tres semanas en que florece sobre el manto verde que desde mayo hasta noviembre cubre las faldas de los cerros limeños. Brota alrededor del 24 de junio y desfallece, porque no muere, a mediados de julio. Luego de tal esfuerzo, la flor se marchita y deja caer su semilla que germinará un año después para perdurar la especie. Es importante añadir que el amancay es una flor endémica de la vegetación de lomas del Perú. Crece en suelos arenosos y pedregosos.
Cabe destacar, por ejemplo, que así era la Tablada, que se encuentra sobre Lomo de Corvina, al sur de Lima. Por ello, algunas personas protestaron cuando, a inicios de los años 70, el gobierno de Velasco decidió reubicar a miles de invasores en dicha Tablada. Pero sobre las calles trazadas a tiza y rodeadas por viviendas de estera, testarudamente siguieron saliendo por años brotes que insistían en seguir viviendo.
Más datos sobre el amancay:
1. Amancaes es un conjunto de cerros que rodean por el norte y en forma semicircular al actual distrito del Rímac. A sus pies, se extiende una explanada de pendiente irregular y a mayor altura con respecto al Centro de la Ciudad.
2. Amancaes es el nombre de una flor de color amarillo, que antaño brotaba en la pampa a partir de Junio, cuando la baja neblina de Lima chocaba con los cerros de Amancaes y los humedecía, permitiendo la aparición –aunque efímera- de algunas variedades de vegetación silvestre, entre estas, la Flor de Amancaes.
3. Amancaes era el nombre de un curacazgo que encontraron los españoles donde hoy está el distrito del Rímac. Los pobladores indígenas de este lugar, se dedicaban a la pesca de camarones en el río Rímac.
4. Al pié de los cerros, se encuentra la iglesia de San Juan Bautista de Amancaes.
5. Cuenta la tradición que, el 2 de Febrero de 1582, una niña indígena llamada Rosario, encontró en Amancaes a un viajero que le entregó una carta dirigida al prior de los dominicos, encargándole edificar un templo en el lugar donde se encuentre grabada la imagen de Jesucristo. Cuando el prior se acercó a Amancaes, presidiendo una romería, encontró la imagen de Jesucristo en una roca, imagen que la niña reconoció como el rostro del viajero que le había entregado la carta.
6. Hasta Amancaes llegaba San Martín de Porras (quién en su juventud vivió con su madre en el Rímac), para dedicarse a la oración y sembrar árboles frutales para los pobres de la localidad.
7. En el siglo XVIII fue el sitio preferido por algunos virreyes como Melchor de Navarra y Rocafull, Duque de la Palata, quién organizaba eventos de caza de venados y palomas con perros y halcones, y que terminaban en meriendas con música al aire libre.
8. La Fiesta de Amancaes se realizaba desde el siglo XVI, cada 24 de Junio, Día de San Juan Bautista, celebración que en Europa se asociaba a rituales de siembra y cosecha. En Amancaes se paseaba la imagen de San Juan Bautista en andas, culminando en grandes comidas y bailes, siendo un evento que reunía a todas las clases sociales de Lima, que acudían a pié, en carretas y a caballo. Cuando regresaban a Lima, los grupos lucían en sus sombreros, trajes, caballos y carros, la famosa Flor de Amancaes.
9. La canción “José Antonio”, de Chabuca Granda, evoca la fiesta en tiempos modernos, relatando cómo un jinete con poncho y sombrero de jipi japa, viene desde Barranco a participar de la fiesta. La canción evoca también a la “fina garúa de Junio” y a “los Amancaes” adornando el sombrero del chalán.
10. En 1927, cuando la fiesta casi se había extinguido, el Alcalde del Rímac, Juan Ríos Alvarado, decidió “revivirla” con concursos de caballos de paso, presentaciones de grupos de danza y música criolla y andina. El invitado especial era Augusto B. Leguía quien, con su presencia, le dio a la fiesta un carácter oficial
A continuación, un poema de Manuel Gonzáles Prada (“Los amancaes”):
I
Fuimos siete adolescentes,
Siete Vírgenes del Sol,
Que manchamos la inocencia
Con la culpa del amor.
Siete Príncipes hermanos
De invencible y dulce voz,
Cautivaron con su hechizo
Nuestro frágil corazón.
Perecimos en las llamas,
Y el benéfico Hacedor
En humildes, tiernas flores
Compasivo nos trocó.
II
Fuimos siete adolescentes,
Siete Vírgenes del Sol,
Y amarillos, solitarios
Amancaes somos hoy.
A los Príncipes llamamos
Con eterno y casto ardor,
Que si perdimos la vida
No perdimos la pasión.
En el día y en la noche,
Con las ansias del amor,
Esperamos, esperamos,
Y Ellos (ay! no vienen, no.
Las rosas, Santa Rosa de Lima y las flores.- Respecto a la rosa, Bernabé Cobo nos dice: Trájose su semilla a esta ciudad de Lima hacia los años de 1552, y como cosa tan deseada se puso gran cuidado y diligencia en sembrarla… y con este intento se dijo una misa con la semilla puesta sobre el altar… Diéronse las primeras rosas en esta ciudad en el sitio a donde ahora está el hospital del Espíritu Santo, que entonces era una huerta que caía fuera de la ciudad, siendo Virrey del Perú el Marqués de Cañete Andrés Hurtado de Mendoza. Y la primera rosa que nació se la puso el Arzobispo fray Jerónimo de Loayza por su misma mano en la suya a una imagen de bulto de Nuestra Señora, que estaba en la iglesia mayor, en una fiesta solemne, a vista de todo el pueblo.
Lo cierto es que los limeños desarrollaron gran sensibilidad con las flores, especialmente con las rosas, como lo tenían los franciscanos, grandes sembradores de rosas en sus conventos. Este espíritu influyó en la vida de Santa Rosa de Lima, cuya iconografía está muy ligada a la imagen de los jardines y la importancia de las flores. Cuando Santa Rosa abría las puertas de su celda para orar, “convidaba en voz alta a los árboles y a las plantas, a las hierbas y florecillas, para que todos la ayudasen a dar mil bendiciones al Creador”. La relación de santa Rosa con la flor de su nombre dio lugar a la representación floral más importante que se haya dado en la pintura, desde su rostro de niña como una rosa, pasando por los innumerables jardines en donde se colocan las escenas de su vida. Hay que mencionar la “Vida de Santa Rosa”, pintada en el siglo XVIII por el quiteño Laureano Dávila (Monasterio de Santa Rosa de Santiago de Chile) y la serie de la “Vida de Santa Rosa” del Convento de Santa Catalina de Siena (Córdova, Argentina). Pero la iconografía de la santa no sólo está ligada a las rosas, sino que juega con su apellido “Flores de Oliva”, por lo cual muchas veces porta en su mano un ramo de olivas entrelazadas con diversas flores.
Chabuca Granda y las flores de Lima.- Todos sabemos que los valses de Chabuca Granda evocan Lima y sus tradiciones. Entre ellas tenemos la mención de flores o plantas emblemáticas de nuestra ciudad, cultivadas en parques, balcones y jardines limeños. Un claro ejemplo es su famosos vals “Fina estampa” en el que menciona el perfume de los geranios, los claveles y las magnolias.
Una veredita alegre,
con luz de luna o de sol,
tendida como una cinta
con sus lazos de arrebol,
arrebol de los geranios
y sonrisas con rubor,
arrebol de los claveles
y las mejillas en flor.
Perfumada de magnolias,
rociada de mañanitas,
la veredita sonríe,
cuando tu pie la acaricia,
y la cuculí se ríe,
y la ventana se agita,
cuando por esa vereda,
tu fina estampa pasea.
Fina estampa, caballero,
caballero de fina estampa, un lucero,
que sonriera bajo un sombrero, no sonriera.
Más hermoso, ni más luciera, caballero,
y en tu andar andar, reluce,
la acera al andar andar.
Te lleva hacia los zaguanes,
y a los patios encantados,
te lleva hacia las plazuelas,
y a los amores soñados.
Veredita que se arrulla,
con tafetanes bordados,
tacón de chapín de seda,
y fustes almidonados.
Es un caminito alegre,
con luz de luna o de sol,
que he de recorrer cantando,
por si te puedo alcanzar.
Fina estampa, caballero...
¡Quién te pudiera guardar!...
De las flores mencionadas en el vals, nos detenemos en los geranios, tan extendidos en Lima. Antiguamente se creía que los geranios tenían propiedades mágicas, no solo por sus influencias en la fertilidad y el amor sino también como protectores contra las malas artes de los brujos, hechizos y amarres. Los chamanes americanos, por ejemplo, rinden culto al geranio, cuyas influencias varían de acuerdo a sus colores. Curiosamente, las hojas son más aromáticas que las flores. Planta traída por lo españoles, los geranios poseen diferentes aromas: a nuez moscada, a limón y a menta. Se cree que todas las clases de geranio son protectoras si se cultivan en el jardín o se meten en casa recién cortados y se les pone en agua. Los curanderos utilizan los pétalos rojos para aliviar los estados de ansiedad y decepciones amorosas, los de tono rosa se recomiendan para proteger en hogar de las malas influencias, mientras que el blanco aumenta la sensualidad y fertilidad. Los de flores rosadas se emplean también en los hechizos de amor, y las variedades de color blanco aumentan la fertilidad.
Las campanillas (Ipomoea purpurea).- Es una enredadera (o trepadora) muy común en Lima, especialmente en Miraflores y Barranco; también se le conoce como “campanilla morada” o “yedra morada”. Es originaria de América, crece rápido, tiene tallos delgados y sirve para formar tupidos enrejados en paredes. Los colores de su flor es básicamente violeta, pero también puede mutar a púrpura, rosado, blanco o multicolor. Como mencionábamos, se emplea para cubrir rejas y barandillas y para formar arcos; también se cultiva en terrazas en macetones. Son perfectas para cubrir una celosía o para colocarlas en una jardinera en una ventana.
Blanca Varela, en sus “Valses” (Canto Villano. Poesía reunida, 1949-1983), le dedica un fragmento a esta tradicional enredadera usada por los limeños:
Siempre amé lo confieso
Tus paredes aladas transparentes
Con enredaderas de campanillas
Como en Barranco cuando niña
Miraba a una pareja besarse bajo un árbol
El jazmín.- De origen árabe, esta bella flor fue traída a América por lo españoles y pronto perfumaron las casas, los jardines y los balcones limeños. Aunque existen muchos tipos, la mayoría tiene la flor blanca, excepto algunas especies que son amarillas. Su aroma es floral, cálido, animal, especiado, frutal o licorado; por ello, el jazmín está ligado al mundo de la perfumería, en el que es la flor blanca más utilizada. Tiene, además, un importante valor decorativo. Como es una especie trepadora, es muy útil para cubrir y embellecer rejas o muros, especialmente en verano, cuando se produce la floración.
Los limeños atribuían al jazmín múltiples “beneficios”: antiséptico, antiespasmódico, tónico y parasiticida. Por ello, se popularizó el “té jazmín” ya que, además, fungía como un estimulante del aparato digestivo. Otro le atribuían a sus flores propiedades afrodisiacas: se afirmaba que beneficiaba las relaciones de pareja, especialmente en el aspecto espiritual, y aleja las vibraciones negativas; también estimulaba los sueños proféticos. Asimismo, la flor era empleada como ambientador y ahuyentador de mosquitos. Finalmente, se solía afirmar que las infusiones realizadas con jazmín eran un gran remedio para las afecciones en los ojos.
La pasionaria.- Se trata de una flor de nombre muy llamativo y simbólico. También llamada “flor de la pasión”, fue descubierta en Perú a principios del siglo XVI y pronto se extendió por Brasil, México, Estados Unidos y las Antillas. Este nombre lo ostenta desde el siglo XVII, cuando el Papa Pablo V consideró que era la representación de la Pasión de Cristo, por los filamentos que componen la flor y que evocan a la corona de espinas de Jesucristo; además, los estambres representarían las cinco heridas en su cuerpo, los tres estilos, los clavos de la cruz y los pétalos, a los doce apóstoles. Existen hasta 400 especies de esta flor y son lianas trepadoras que llegan hasta los 9 metros de altura, con los tallos leñosos y la raíz perenne. Sus flores, de unos 5 cm. de diámetro, desprenden una aroma agradable y varían desde colores como el blanco hasta el rosa, pasando por el lavanda pálido o malva. La corona está formada por pétalos rodeados de un círculo triple compuesto por finos filamentos.
Aquí está la pasionaria,
flor que cantan los poetas;
los poetas cuando cantan,
cantan penas y tristezas. (bis)[x2]
Vengo a que todos me desengañen,
aunque me cueste luego de morir;
vengo a arrancarte ¡ay! de otros brazos,
vengo por lo que es mío, vengo por ti.
Me dicen que no me quieres
a mí que tanto te he amado;
me dicen que me abandonas
y yo les digo que no les creo. (bis)[x2]
Vengo a que todos me desengañen,
aunque me cueste luego de morir;
vengo a arrancarte ¡ay! de otros brazos,
vengo por lo que es mío, vengo por ti. (bis)
09/04/10: La flora de Lima: introducción

Vista parcial de Lima en el siglo XIX en la que se puede apreciar parte de su vegetación (grabado de G. Batta Molinelli, 1850, circa)
La flora de Lima (y de la costa central) está constituida por una gran variedad de hierbas, plantas, arbustos y algunos árboles que crecen en las lomas y en los montes, incluso en las colinas y médanos desérticos. Si salimos del perímetro urbano de Lima, por ejemplo, encontramos totora, carrizo, sacuara, junco, caña brava, sauce, pájaro bobo, faique, chinamono, mito, tara y huarango; y, en las zonas desérticas, tillandsias y otras clases de cardos.
Además, en los valles del “sur chico” o del “norte chico”, hay todo tipo de sembríos: muchas variedades de panllevar, frutales, flores y varios cultivos industriales como el algodón. Lógicamente, dentro del área urbana de Lima y Callao, la presencia de vegetación natural es muy escasa debido a la expansión urbana y condiciones propias de la urbe (desde finales del siglo XIX hubo gran pérdida del suelo agrícola del valle del Rímac por la expansión del cemento) encontrándose hoy una muy reducida e insignificante área agrícola.
Como parte de la dinámica urbana y desde un punto de vista paisajístico, en el área metropolitana de Lima se han desarrollado desiguales áreas verdes en parques, jardines, y bermas. Asimismo, un alto porcentaje de las áreas verdes de la ciudad se encuentra en clubes privados (como el Lima Golf y Golf Los Inkas) o parques públicos como el Parque de las Leyendas o el Campo de Marte, así como en algunos distritos que tratan de conservar algo de vegetación como San Isidro, Santiago de Surco, Miraflores o San Borja; en estos distritos, el mantenimiento de los parques, jardines y arboledas de avenidas principales es una labor constante, a veces heroica, que cuenta con el apoyo de vecinos y autoridades municipales. Entre las especies utilizadas con fines ornamentales y paisajísticos se puede mencionar al “ficus”, “tipa”, “ponciana”, “freno”, “eucalipto” y diversos árboles frutales.
El valle de Lima antes y luego de la Conquista.- La existencia de bosques en la costa peruana en el siglo XVI está bien documentada en las crónicas y documentos coloniales. Su paulatina desaparición demuestra la gran transformación que ha recibido nuestra costa a raíz del asentamiento de los conquistadores y de la fundación de ciudades. Tal es el caso del valle del Rímac con la fundación de Lima y su pronta expansión (cabe aclarar que debido a la aridez de la costa, los bosques sólo subsisten y se desarrollan gracias al agua de la capa freática a poca profundidad de la superficie).
Sabemos que cuando Pizarro buscaba lugar apropiado para fundar la capital de su Gobernación, las condiciones se presentaron propicias en el curacazgo de Lima. Entre otros requerimientos, necesitaba mucha leña que entonces se hallaba en abundancia en sus contornos. Cerca de Lima, por ejemplo, había un bosque de guarangos cerca de la hacienda de Higuereta y en el valle de Surco; también había otro en la hacienda de San Juan (hoy San Juan de Miraflores). Había también bosques de guarangos en Pachacamac y Lurín (incluso, a principios del siglo XX, Max Uhle alcanzó a ver pequeños bosques de guarangos cerca de Pachacamac). Antes de la llegada de los españoles, ya los indios utilizaban la madera de algarrobos y guarangos en al construcción de sus casas, tumbas y santuarios; los techos, por ejemplo, eran sostenidos por este tipo de madera.
Los españoles utilizaron la madera de los guarangos para todo tipo de construcciones. Otro factor que contribuyó a la desaparición de los bosques fue la desmedida necesidad de combustible que experimentó la población limeña. El carbón vegetal y la leña se emplearon en los hogares y en las múltiples industrias que fueron surgiendo a medida que se desarrollaba la vida urbana, incluso en la fundición de metales se usó la leña y siguió durante los años republicanos. De otro lado, si bien para la construcción se dictaron ordenanzas para traer madera de Guayaquil y Nicaragua, la leña y el carbón fueron ampliamente usados en los siglos posteriores.
El verdor del valle de Lima también se debía a los árboles frutales. A la vera de los caminos corrían acequias y a la sombra de sus arboledas descansaban los caminantes. Hay numerosas referencias que las frutas no solo se comían frescas, sino también se deshidrataban. Los españoles encontraron árboles de lúcuma, pacae o guayabo. A este paisaje, los españoles fueron añadiendo, paulatinamente, sus árboles, sus frutos y sus flores. Las casas y sobre todo los conventos se llenaron de jardines y huertos. Quizá esto fue lo que inició la leyenda de Lima como “ciudad jardín”.
Por ello, el padre agustino Antonio de la Calancha (Crónica Moralizada) a principios del siglo XVII, nos dice: "Todo lo más de estas diez leguas está poblado de olivares, huertas, sementeras y alfarares; hay grandes cañaverales, de que se saca mucha y buena miel y regalado azúcar. Las lomas y quebradas en el tiempo de las garúas son vistosas, florestas de flores campesinas, y las que más se descuellan son unas amarillas, que llaman amancaes, amarillas o blancas, que son a la forma de nuestras azucenas. Todo el valle es fértil, hermoso y de provecho… Las casas son alegres, y el tercio de ellas dobladas con altos y azoteas, y la mayor parte de la ciudad tienen las casas huertas o jardines, o árboles o macetas. Son varias y regaladas sus frutas y flores criollas, castellanas y traídas de Europa; ninguna se trae que no produzca, y se ven a un tiempo veinte y treinta diferencias en la plaza que deleitan el alma siendo la abundancia en a Cuaresma, y habiendo frutas frescas todo el año, y legumbres en todo tiempo".
08/04/10: !Devuelvan los tesoros!

Piezas de Machu Picchu en Yale
Tomado de El País de España (08/04/10)
La Conferencia sobre Cooperación para la Protección y Repatriación de la Herencia Cultural se ha clausurado hoy en El Cairo tras dos días en los que se han reunido funcionarios y viceministros de cultura de 25 países. Grecia, Italia, Chipre, Siria, Estados Unidos y una amplia representación de países latinoamericanos, además de España. Los representantes de los Estados han debatido cómo pueden proteger y recuperar sus tesoros y han buscado medidas que impidan que esos actos se cometan de nuevo en el futuro. Los asistentes propondrán a la UNESCO "enmendar la Convención sobre la restitución de antigüedades a sus países de origen", según ha explicado el representante del CSA, Zahi Hawass.
Durante la clausura de la conferencia se ha presentado además una lista de piezas que varios de los países asistentes reclaman. En el caso de Egipto se trata del busto de Nefertiti, que se encuentra en el Neuesmuseum de Berlín. Al gobierno alemán también le reclama la escultura del arquitecto de la Gran Pirámide, que está en Hemiunu. A la vecina Francia, en concreto al Museo del Louvre, le pide la devolución del Zodiaco de Déndera, mientras que al Museo egipcio de Turín la estatua de Ramsés II. Otras de las piezas que Egipto pide que se le devuelva es la Piedra Roseta, que está en el Museo Británico. No muy lejos de esta pieza se encuentran parte de los frisos del Partenón, que reclama Grecia.
Para el Museo Británico también tiene peticiones Libia, en concreto la Cabeza de bronce de un libio, el ánfora panatenaica de Tocra y la estatua de mármol de Dionisos de Cirene. En las peticiones del país magrebí también se incluyen la estatua de mármol de una mujer de Bengazhi, que está en el Louvre, un ánfora panatenaica de Bengazhi y una estatua de mármol de Dionisos de Cirene.
Otros de los países que ha hecho pública su lista de peticiones es Nigeria. En ella se incluyen todas las placas de bronce de Benin de museos públicos e instituciones, todos los objetos de la cultura Ife, las figuras de terracota de la cultura Nok, la máscara de la reina Idia, que está en el Museo Británico, y la cabeza de Olokun, que se encuentra en el Museo de Frankfort.
La colección del Machu Picchu.- La Universidad estadounidense de Yale vería mermada la colección del Museo Peabody si Perú recupera, tal y como pretende la colección de Machu Picchu. El país suramericano también reclama las piezas de cerámica y tela de la cultura Paraca, expuestas en el Museo de las Culturas de Gothenburgo de Suecia.
Otro país americano que reclama obras de arte es Guatemala. En su lista aparece la máscara solar de jade de Río Azul, en manos privadas en Suiza, los dinteles de madera del Museo de Basilea, dos estelas de El Perú, en los estadounidenses Museos de Arte de Kimbell y Cleveland , y dos estelas de Piedras Negras en el Museo Pennsylvania y el Peabody.
Siria por su parte reclama al Louvre las antigüedades de la ciudad de Mari: las pinturas murales de un palacio de Amorite; la estatua de bronce de un león; mujer con polos; el friso de un mosaico y la estatua de Iddi-Ilum. Al Hermitage ruso le pide una bandeja de los siglos VIII o IX y la piedra de los aranceles de Palmira, mientras que al Museo nacional de Copenhague le requiere el busto de una mujer.
08/04/10: Más sobre bares antiguos de Lima

Bar el Cordano en 1924
En diciembre de 2008, publicamos una serie de entregas titulada “Bares y tabernas de Lima”, en que hablamos del Juanito de Barranco, el Münich del jirón de la Unión, el Queirolo de Pueblo Libre, el Superba de San Isidro, el Carbone del centro de Lima y el Rovira de El Callao. Injustamente, omitimos al bar más antiguo que hoy funciona en Lima, el célebre Cordano, ubicado en la esquina de Pescadería y Desamparados. El Cordano fue fundado en enero de 1905 por los inmigrantes genoveses Virgilio Boitano y los hermanos Fortunato y Andrés Cordano; luego, fue regentado por los sobrinos Antonio y Luis Cordano. Hacia finales de los setenta (1978), sin embargo, los Cordano decidieron traspasar el negocio a sus mozos. Ocho de ellos, no han dejado de empujar, cada mañana, la legendaria puerta de madera y vidrio. Durante más de 100 años, ha sido el rincón de políticos, intelectuales y trasnochadores. Incluso, varios presidentes cruzaron la calle para degustar legendarios platos que aún se sirven en las mesas de mármol y granito, como los riñoncitos al vino o los sesos a la romana; asimismo, los sánguches de jamón del norte o los chilcanos de pisco.
Pero también nos olvidamos de algunos bares ya desaparecidos de Lima, muy conocidos en la década de los cincuenta, como El Palermo, que se ubicaba en la segunda cuadra de La Colmena, a pocos metros del Parque Universitario. Tenía un local amplio, el más grande que se recuerde en la zona. La atención era esmerada pero nada especial en los servicios de la cafetería, el restaurante y el bar. Sus 22 mesas familiares, alfombradas de aserrín, acogían casi las 24 horas del día a un público que reunía a profesores y estudiantes de la universidad de San Marcos y alguno que otro de la Universidad Católica; la mayoría procedía de las Facultades de Letras y de Derecho. Pero también eran clientes muchos periodistas porque, al cierre de la edición, redactores y reporteros de La Prensa, La Crónica y El Comercio, se daban cita en El Palermo. Juntos pero no confundidos, se podía ver al novelista José María Arguedas y al maestro Raúl Porras Barrenechea, a los poetas Alberto Escobar y Francisco Bendezú, al estudiante de historia Pablo Macera, y al pedagogo Oscar Franco. A los periodistas Pedro Álvarez del Villar y al crítico y poeta Augusto Salazar Bondy. Al filósofo Víctor Li Carrillo y al estudiante de Derecho Félix Arias Schereiber. Al sociólogo Aníbal Quijano y al narrador Eleodoro Vargas Vicuña -en el 55, recién llegado de Arequipa-, al poeta Juan Gonzalo Rose y al historiador Emilio Choy, al cuentista Oswaldo Reynoso y al crítico de cine Hugo Bravo, a las estudiantes de Letras Esperanza Ruiz, Nécida Coronado y Evelina Gayoso. Todos, jóvenes personajes que vivieron la férrea dictadura militar del General Odría. Para muchos, fue la extensión del Patio de Letras de la Universidad de San Marcos. El negocio fue fundado por la familia italiana Cocchella que, a principios de los 50, lo vendieron a una familia japonesa, los Kuniyoshi (el jefe del clan era don Santiago Kuniyoshi).
También fue famoso El Zela, en uno de los portales de la Plaza San Martín, donde acudía el pintor Sérvulo Gutiérrez y gente de la Universidad Católica. Otro era El Negro-Negro, en un sótano de la Plaza San Martín. Fue un centro nocturno muy especial. Decorado al estilo parisién por la artista francesa Odile Marley, con la colaboración de Juanito Pardo de Zela, le dieron un ambiente intelectual que hizo de este local el lugar predilecto de artistas, literatos y personajes de la más fina bohemia de los años 50, que algunos llaman los “años felices”. Era “el Ateneo de la intelectualidad del momento, que venía de la Segunda Guerra Mundial...”, dice uno de los habitués de ese inolvidable centro nocturno que ofrecía el placer de conversar, brindar, escuchar música, ver teatro (especialmente comedias) y exposiciones de pintura y, finalmente, hacer bohemia. Funcionaba a media luz, con un jazz de fondo que tocaba un pianista invidente: Freddy Ochoa. Sus dueños eran los hermanos Leo y José Barba, este último padre del ex congresista José Barba Caballero. A la entrada del Negro-Negro había una galería-librería, cuyos dueños eran Paco Moncloa y Sebastián Salazar Bondy, uno de los intelectuales más importantes de esos años. La librería funcionaba hasta poco más de la medianoche. Entre sus más asiduos concurrentes estaban: Sérvulo Gutiérrez, Alfonso Tealdo, Juan Ríos, Catita Recavarren, el torero Juanito Doblado, Alberto Brun, Carlos Eduardo Zavaleta, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Edgardo Pérez Luna, Alfonso Grados Bertorini, etc.
También eran conocidos El Chino-Chino y, especialmente La Catedral, inmortalizado por la novela Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa. Fue una conocida chingana de obreros, artesanos y desocupados; estaba ubicada al borde del cuartel primero de la vieja Lima, en las inmediaciones del Puente del Ejército y de la avenida Argentina (al final de la avenida Alfonso Ugarte). Allí fueron las conversaciones entre Santiago Zavala y Ambrosio Pardo (hoy se encuentra en estado ruinoso).

MVLL en La Catedral
Finalmente, en enero de 2009 muchos limeños lamentaron el cierre del histórico Piselli de Barranco, abierto en 1915, en la esquina de Pedro de Osma y 28 de Julio. Se trataba de una clásica bodega italiana, como muchas que se instalaron en Lima desde inicios del siglo XX, atendida por sus dueños. En este caso fueron los hermanos Orestes, Ángel y Antonio Piselli, quienes, detrás del mostrador, preparaban sándwiches y tragos, probaban la bondad de nuestro pisco, y ofrecían por igual mortadela italiana, jamón inglés, bacalao noruego, quesos y vinos franceses, según el diario El Comercio en su nota de despedida al célebre rincón barranquito. Al fondo, el Piselli albergaba el bar, con dos o tres mesas acomodadas, aunque los parroquianos brindaban de pie. Entre sus clientes estaba el poeta Martín Adán, quien se sentaba solo y mirando a la calle. Otro gran poeta, Juan Gonzalo Rose, hacía de las suyas en el Piselli: parado ante el mostrador pedía un capitán con presa: pisco, Cinzano y una aceituna. Con él llegaron otros poetas como César Calvo, Reynaldo Naranjo y el violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional Luis Purizaga. Afortunadamente, meses después, el bar reabrió, en la misma esquina, pero en la acera de enfrente, trasladando todo el mobiliario, incluidas las mesas de fierro antiguo y la barra original hecha de cedro de Nicaragua. Caretas informó así: "Las nuevas sillas han sido hechas a la usanza clásica. Segunda vida para un reducto muy querido por la bohemia limeña, lugar favorito de poetas como Juan Gonzalo Rose y César Calvo, políticos de todas las tiendas –se recuerda un encuentro fortuito y tenso entre Jorge del Castillo y ‘Popi’ Olivera– y hasta John Wayne. El actor se hizo un asiduo del Piselli en la década del 50, cuando andaba en amores con la peruana Pilar Palette, que a la postre se convertiría en su tercera y definitiva esposa. Tal vez veía el Piselli y pensaba en sus westerns. O tal vez el chilcano y el capitán –trago casi extinto en estos días, pero aún presente en la carta– eran demasiado buenos".
Nota.- Nos queda reseñar qué fue de la suerte del Malatesta, otra célebre bodega y bar de la avenida Arenales.
07/04/10: Rascacielos históricos de Lima
Con el advenimiento del siglo XX y el ingreso de Lima a la “modernidad”, quedó sin efecto la norma de no construir más alto que la torre de Santo Domingo. La llegada del concreto armado, en la década de 1920, permitió la construcción de edificios altos, con estructuras que no pasaban de los 20 metros de altura. Fue así que, en 1922, se inauguró el primer “rascacielos” de Lima, la Casa Wiese (en el jirón del mismo nombre), de 6 pisos y de estilo neoclásico, construido por el empresario Augusto Felipe Wiese; era el edificio más alto de Lima. Otros edificios de la década fueron el edificio “Italia” (del Citibank), el Banco Internacional (jirón de la Unión), el Banco Italiano (esquina de Lampa y Ucayali) y los edificios Gildemeister y Minería (jirón Wiese).

Edificio de la Casa Wiese, entre los jirones Lampa y Miro Quesada, primer "rascacielos" de Lima (1921)

Edificio Gildemeister
Durante la década de 1930, las estructuras más elevadas de Lima fueron el Hospital Obrero en al avenida Grau (1938), los edificios gemelos de la primera cuadra de la avenida Venezuela, el Ministerio de Salud Pública de la avenida Salaverry y el antiguo local del Instituto de Enfermedades Neoplásicas en al avenida Alfonso Ugarte (frente al Hospital Loayza). Hacia la década de 1940, se construyó el primer “rascacielos” de la avenida Wilson, el edificio residencial “Jorge Chávez”, destinado a la nueva clase media limeña.

Edificio "Jorge Chávez" en la avenida Wilson
Los años 50 marcaron otro hito en el desarrollo de los “rascacielos” en Lima. En 1956 fue construido el Ministerio de Educación, de 22 pisos, que tenía una torre central de acero y dos torres gemelas a ambos lados, de concreto armado. Era el nuevo edificio más alto de Lima. Dos años después, en 1958, se construyó, íntegramente de concreto, el Hospital del Seguro del Empleado (hoy “Rebagliati”), pero de 14 pisos. Pero en esta década, gracias a la bonanza económica, también se construyeron otros edificios “altos” en Lima como las nuevas sedes del Ministerio de Hacienda (avenida Abancay) o del Ministerio de Trabajo (avenida Salaverry). Asimismo, el sector privado impulsó la construcción de modernos edificios a lo largo de las avenidas Tacna y Wilson, tanto de uso comercial como residencial. Finalmente, en 1960, se inauguró el edificio del Hotel Crillón, de 20 pisos, en la avenida La Colmena. A pesar de estas construcciones, el edificio del Ministerio de Educación seguía siendo el más elevado de la ciudad. Esa fue una de las razones para que el estado, en 1959, iniciara, en el piso 13, el Canal 7 de televisión; la antena de la emisora fue colocada en la azotea del edificio, lo cual garantizaba la cobertura de la señal en toda la ciudad.

Ministerio de Educación

Ministerio de Hacienda
Durante la década de 1960, un año importante fue 1965, cuando, durante el primer gobierno del arquitecto Belaunde, se inició la construcción del Proyecto de Vivienda llamado Torres de San Felipe (“Residencial San Felipe”). Como sabemos, se trató de un complejo arquitectónico con 15 torres elevadas, entre 15 y 16 pisos, con una vista privilegiada de la ciudad.

Residencial San Felipe
En los años setenta, la construcción de la torre del Centro Cívico, de 102 metros de altura, con 34 pisos (33 desde el nivel de la calle), le arrebató el liderazgo al viejo Ministerio de Educación. Cabe destacar que esta Torre forma parte del Centro Cívico, que se construyó a partir de un concurso arquitectónico a finales de los años sesenta. El equipo ganador estuvo conformado por los arquitectos Adolfo Córdova, Jacques Crousse, José García Bryce y Miguel Llona, entre otros. Antes se encontraba allí la Penitenciaría de Lima (más conocida como el “Panóptico”). El conjunto se empezó a construir en 1970, destinado a oficinas y agencias del Estado, además de tiendas comerciales. Es de estilo “brutalista”, caracterizado por la construcción austera y carente de ornamentos. Su Torre fue la más alta de Lima hasta el 2009. Con el tiempo, la Torre se volvió poco atractiva para desarrollar actividades comerciales y gran parte de sus 34 pisos cayeron en el abandono. Además, en los años ochenta y noventa, fue un lugar recurrente para los suicidas.

La torre del Centro Cívico (al costado, el Sheraton)

El Hotel Sheraton
Junto al Centro Cívico se construyó el hotel más moderno de Lima, el Sheraton (inaugurado en 1973), de 20 pisos y más de 400 habitaciones. Otro edificio emblemático de los setenta fue la Torre La Positiva, en la avenida Javier Prado. Aunque con menos pisos que la torre del Centro Cívico, se convirtió en un símbolo por el restaurante giratorio, llamado “El Sombrero” que, en realidad nunca funcionó así, pues no hubo dinero para comprar el mecanismo giratorio. En Miraflores, el edificio más alto de los setenta fue el que correspondió al antiguo Miraflores Cesar Hotel (hoy “Casa Andina”, en el cruce de La Paz y Diez Canseco), con 18 pisos, de color marrón oscuro y lunas espejo negras; tenía un restaurante panorámico en la última planta ("La Azotea"). Fue inaugurado en 1976 y sus arquitectos fueron Enrique Seoane y Richard Malachowski. Entre sus huéspedes ilustres estuvieron Julio Iglesias, Roman Polanski, Frank Sinatra y el escritor Jorge Luis Borges.
En los años 80, la crisis económica frenó, los grandes proyectos inmobiliarios. Sin embargo, durante el segundo gobierno de Belaunde (1980-85), siguiendo el antecedente de San Felipe, se construyeron las “torres” de San Borja y Limatambo, aunque de distinta calidad, tanto a nivel arquitectónico como urbanístico, que los conjuntos habitacionales belaundistas de los sesenta.
A partir de la década de 1990 se consolidó la tendencia de construir edificios para servicios financieros, hoteleros y de habitación, especialmente en San Isidro y Miraflores. Ente 1990 y 2007 se construyeron 30 edificios mayores de 50 metros y 12 de 40 a 50 metros; es decir, el promedio de altura no fue tan elevado. Sin embargo, algunos de ellos podrían calificarse de “rascacielos” para los estándares de Lima. En este sentido, uno de los símbolos de la Lima moderna fue la Torre Interbank, inaugurada en el emblemático año 2000, con un área total de construcción de 45 mil metros cuadrados, 20 pisos y 88 metros de altura máxima. El diseño fue del arquitecto austriaco Hans Hollein. Funciona como sede principal del Banco Interbank y se ubica en el cruce de las avenidas Javier Prado y Paseo de la República.
Sin embargo, en el 2001 se inauguró el Edificio Chocavento (sede del Citibank, en la avenida Canaval y Moreyra), con 24 pisos y 107 metros de altura, el más alto de Lima, desplazando a la Torre del Centro Cívico. Por su lado, en Miraflores destacó la construcción del edificio del Hotel Marriott, de 25 pisos, en el Malecón de la Reserva, frente al parque Salazar.

Edificio Chocavento
Las torres del futuro.- Actualmente, se encuentran en proceso de construcción las estructuras que serán las de mayor altura en la ciudad de Lima. Se trata del edificio del Hotel Westin Libertador Lima (118 metros) y la Torre del Intercambiador de Calor de la Planta Atocongo de Cementos Lima (141 metros). El "Westin", con 30 pisos, será el edificio más alto del Perú. Tendrá un área construida de 72 mil metros cuadrados, 311 habitaciones y 5 sótanos (4 de ellos para el estacionamiento de 727 vehículos y 1 para las cisternas). También tendrá un centro de convenciones para 2 mil personas y 14 salas para reuniones. Por su lado, la Torre de Cementos Lima, si bien no es un edificio, tendrá como objetivo optimizar el ahorro de energía previo al ingreso del material crudo en el horno. La torre tiene una serie de ciclones en cascada que permitirán, además de mejorar la sostenibilidad de la industria cementera, un importante incremento de la capacidad de producción. La estructura de concreto armado alcanzará los 141 metros de altura y la instalación mecánica se elevará 24 metros por encima, logrando una altura total de 165 metros. Será la construcción más alta del Perú.

Edificio de la Casa Wiese, entre los jirones Lampa y Miro Quesada, primer "rascacielos" de Lima (1921)

Edificio Gildemeister
Durante la década de 1930, las estructuras más elevadas de Lima fueron el Hospital Obrero en al avenida Grau (1938), los edificios gemelos de la primera cuadra de la avenida Venezuela, el Ministerio de Salud Pública de la avenida Salaverry y el antiguo local del Instituto de Enfermedades Neoplásicas en al avenida Alfonso Ugarte (frente al Hospital Loayza). Hacia la década de 1940, se construyó el primer “rascacielos” de la avenida Wilson, el edificio residencial “Jorge Chávez”, destinado a la nueva clase media limeña.

Edificio "Jorge Chávez" en la avenida Wilson
Los años 50 marcaron otro hito en el desarrollo de los “rascacielos” en Lima. En 1956 fue construido el Ministerio de Educación, de 22 pisos, que tenía una torre central de acero y dos torres gemelas a ambos lados, de concreto armado. Era el nuevo edificio más alto de Lima. Dos años después, en 1958, se construyó, íntegramente de concreto, el Hospital del Seguro del Empleado (hoy “Rebagliati”), pero de 14 pisos. Pero en esta década, gracias a la bonanza económica, también se construyeron otros edificios “altos” en Lima como las nuevas sedes del Ministerio de Hacienda (avenida Abancay) o del Ministerio de Trabajo (avenida Salaverry). Asimismo, el sector privado impulsó la construcción de modernos edificios a lo largo de las avenidas Tacna y Wilson, tanto de uso comercial como residencial. Finalmente, en 1960, se inauguró el edificio del Hotel Crillón, de 20 pisos, en la avenida La Colmena. A pesar de estas construcciones, el edificio del Ministerio de Educación seguía siendo el más elevado de la ciudad. Esa fue una de las razones para que el estado, en 1959, iniciara, en el piso 13, el Canal 7 de televisión; la antena de la emisora fue colocada en la azotea del edificio, lo cual garantizaba la cobertura de la señal en toda la ciudad.

Ministerio de Educación

Ministerio de Hacienda
Durante la década de 1960, un año importante fue 1965, cuando, durante el primer gobierno del arquitecto Belaunde, se inició la construcción del Proyecto de Vivienda llamado Torres de San Felipe (“Residencial San Felipe”). Como sabemos, se trató de un complejo arquitectónico con 15 torres elevadas, entre 15 y 16 pisos, con una vista privilegiada de la ciudad.

Residencial San Felipe
En los años setenta, la construcción de la torre del Centro Cívico, de 102 metros de altura, con 34 pisos (33 desde el nivel de la calle), le arrebató el liderazgo al viejo Ministerio de Educación. Cabe destacar que esta Torre forma parte del Centro Cívico, que se construyó a partir de un concurso arquitectónico a finales de los años sesenta. El equipo ganador estuvo conformado por los arquitectos Adolfo Córdova, Jacques Crousse, José García Bryce y Miguel Llona, entre otros. Antes se encontraba allí la Penitenciaría de Lima (más conocida como el “Panóptico”). El conjunto se empezó a construir en 1970, destinado a oficinas y agencias del Estado, además de tiendas comerciales. Es de estilo “brutalista”, caracterizado por la construcción austera y carente de ornamentos. Su Torre fue la más alta de Lima hasta el 2009. Con el tiempo, la Torre se volvió poco atractiva para desarrollar actividades comerciales y gran parte de sus 34 pisos cayeron en el abandono. Además, en los años ochenta y noventa, fue un lugar recurrente para los suicidas.

La torre del Centro Cívico (al costado, el Sheraton)

El Hotel Sheraton
Junto al Centro Cívico se construyó el hotel más moderno de Lima, el Sheraton (inaugurado en 1973), de 20 pisos y más de 400 habitaciones. Otro edificio emblemático de los setenta fue la Torre La Positiva, en la avenida Javier Prado. Aunque con menos pisos que la torre del Centro Cívico, se convirtió en un símbolo por el restaurante giratorio, llamado “El Sombrero” que, en realidad nunca funcionó así, pues no hubo dinero para comprar el mecanismo giratorio. En Miraflores, el edificio más alto de los setenta fue el que correspondió al antiguo Miraflores Cesar Hotel (hoy “Casa Andina”, en el cruce de La Paz y Diez Canseco), con 18 pisos, de color marrón oscuro y lunas espejo negras; tenía un restaurante panorámico en la última planta ("La Azotea"). Fue inaugurado en 1976 y sus arquitectos fueron Enrique Seoane y Richard Malachowski. Entre sus huéspedes ilustres estuvieron Julio Iglesias, Roman Polanski, Frank Sinatra y el escritor Jorge Luis Borges.
En los años 80, la crisis económica frenó, los grandes proyectos inmobiliarios. Sin embargo, durante el segundo gobierno de Belaunde (1980-85), siguiendo el antecedente de San Felipe, se construyeron las “torres” de San Borja y Limatambo, aunque de distinta calidad, tanto a nivel arquitectónico como urbanístico, que los conjuntos habitacionales belaundistas de los sesenta.
A partir de la década de 1990 se consolidó la tendencia de construir edificios para servicios financieros, hoteleros y de habitación, especialmente en San Isidro y Miraflores. Ente 1990 y 2007 se construyeron 30 edificios mayores de 50 metros y 12 de 40 a 50 metros; es decir, el promedio de altura no fue tan elevado. Sin embargo, algunos de ellos podrían calificarse de “rascacielos” para los estándares de Lima. En este sentido, uno de los símbolos de la Lima moderna fue la Torre Interbank, inaugurada en el emblemático año 2000, con un área total de construcción de 45 mil metros cuadrados, 20 pisos y 88 metros de altura máxima. El diseño fue del arquitecto austriaco Hans Hollein. Funciona como sede principal del Banco Interbank y se ubica en el cruce de las avenidas Javier Prado y Paseo de la República.
Sin embargo, en el 2001 se inauguró el Edificio Chocavento (sede del Citibank, en la avenida Canaval y Moreyra), con 24 pisos y 107 metros de altura, el más alto de Lima, desplazando a la Torre del Centro Cívico. Por su lado, en Miraflores destacó la construcción del edificio del Hotel Marriott, de 25 pisos, en el Malecón de la Reserva, frente al parque Salazar.
Edificio Chocavento
Las torres del futuro.- Actualmente, se encuentran en proceso de construcción las estructuras que serán las de mayor altura en la ciudad de Lima. Se trata del edificio del Hotel Westin Libertador Lima (118 metros) y la Torre del Intercambiador de Calor de la Planta Atocongo de Cementos Lima (141 metros). El "Westin", con 30 pisos, será el edificio más alto del Perú. Tendrá un área construida de 72 mil metros cuadrados, 311 habitaciones y 5 sótanos (4 de ellos para el estacionamiento de 727 vehículos y 1 para las cisternas). También tendrá un centro de convenciones para 2 mil personas y 14 salas para reuniones. Por su lado, la Torre de Cementos Lima, si bien no es un edificio, tendrá como objetivo optimizar el ahorro de energía previo al ingreso del material crudo en el horno. La torre tiene una serie de ciclones en cascada que permitirán, además de mejorar la sostenibilidad de la industria cementera, un importante incremento de la capacidad de producción. La estructura de concreto armado alcanzará los 141 metros de altura y la instalación mecánica se elevará 24 metros por encima, logrando una altura total de 165 metros. Será la construcción más alta del Perú.
Por lógica, en los tiempos coloniales, los “miradores” de la ciudad eran los campanarios o torres de las iglesias; en este sentido, los frailes encargados de hacer repicar las campanas eran unos observadores privilegiados del panorama de la capital de los virreyes. Pero entre todas las torres, la más alta era la del convento de Santo Domingo; había, además, una ordenanza del Cabildo que ninguna construcción debía ser más alta que esta torre. Por su ubicación (con dirección al sur o al mar), también era muy demandada por los comerciantes limeños, quienes trepaban hasta su cima a ver si sus embarcaciones ya habían llegado al Callao con las mercaderías. Ya en el siglo XIX, cuando apareció la fotografía, las primeras imágenes panorámicas de Lima se hicieron desde Santo Domingo.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se construyeron en Lima dos miradores, pero con distintos objetivos. Junto a la Plaza de Acho, se construyó el Mirador de Yngunza, que remata en una cúpula de forma baldosa. Sobre él existe la errada idea que fue construido por el virrey Amat para poder ver, junto a la Perricholi, las corridas de toros. La verdad es otra. Durante esos años, vivía en Lima un español muy rico llamado Francisco Esteban de Yngunza y Zamácola quien, además, era muy aficionado a los toros. Yngunza había tenido una desavenencia con Amat, no quería cruzárselo en Acho pero tampoco quería perderse las corridas. Así, compró la “Huerta de Acho” que colindaba con la Plaza y construyó una casa de campo con mirador. De esta manera, podía seguir viendo la fiesta de los toros y evitar inclinarse ante la presencia del Virrey.

Mirador de Yngunza
Luego, a finales del siglo XVIII, el rico comerciante, banquero y naviero Martín de Osambela (Navarra 1754-Callao 1825), construyó, en lo que es hoy el jirón Conde Superunda su hermosa residencia, de estilo rococó, y le hizo levantar un mirador (el Mirador de Osambela), que hasta hoy podemos contemplar. El Marqués de Osambela, quien también era prior del Tribunal del Consulado (poderoso gremio de comerciantes de la época), evitó así darse el trabajo de trepar hasta la torre de Santo Domingo a ver si sus naves ya habían llegado al Callao. Gracias a su fortuna, desde su propia casa, podía estar al tanto, con toda comodidad, de lo que ocurría en el puerto de Lima.

Mirador de la Casa de Osambela
Durante el siglo XIX, las torres de las iglesias limeñas siguieron siendo los principales “miradores” de la ciudad hasta que, hacia la década de 1890 una familia construyó una elegante casona, de estilo neogótico, en la plazuela de San Agustín, exactamente donde hoy se ubica el edificio “Peruano-Suizo”. Lo particular de esta residencia es que la familia levantó un impresionante “mirador” (el Mirador de San Agustín), que terminaba en punta, como los chapiteles de los palacios de la Europa del norte.

Mirador en la plazuela de San Agustín, ya desaparecido

Otro mirador en Lima, ya desaparecido

Mirador en el antiguo parque de Miraflores, ya desaparecido

Mirador u Observatorio Metereológico Unanue en el Jardín Botánico, ya desaparecido

Mirador en la Quinta de Presa (Rímac)

Mirador del cuartel de Santa Clara

Mirador del colegio San José de Cluny (avenida Bolivia)
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se construyeron en Lima dos miradores, pero con distintos objetivos. Junto a la Plaza de Acho, se construyó el Mirador de Yngunza, que remata en una cúpula de forma baldosa. Sobre él existe la errada idea que fue construido por el virrey Amat para poder ver, junto a la Perricholi, las corridas de toros. La verdad es otra. Durante esos años, vivía en Lima un español muy rico llamado Francisco Esteban de Yngunza y Zamácola quien, además, era muy aficionado a los toros. Yngunza había tenido una desavenencia con Amat, no quería cruzárselo en Acho pero tampoco quería perderse las corridas. Así, compró la “Huerta de Acho” que colindaba con la Plaza y construyó una casa de campo con mirador. De esta manera, podía seguir viendo la fiesta de los toros y evitar inclinarse ante la presencia del Virrey.

Mirador de Yngunza
Luego, a finales del siglo XVIII, el rico comerciante, banquero y naviero Martín de Osambela (Navarra 1754-Callao 1825), construyó, en lo que es hoy el jirón Conde Superunda su hermosa residencia, de estilo rococó, y le hizo levantar un mirador (el Mirador de Osambela), que hasta hoy podemos contemplar. El Marqués de Osambela, quien también era prior del Tribunal del Consulado (poderoso gremio de comerciantes de la época), evitó así darse el trabajo de trepar hasta la torre de Santo Domingo a ver si sus naves ya habían llegado al Callao. Gracias a su fortuna, desde su propia casa, podía estar al tanto, con toda comodidad, de lo que ocurría en el puerto de Lima.

Mirador de la Casa de Osambela
Durante el siglo XIX, las torres de las iglesias limeñas siguieron siendo los principales “miradores” de la ciudad hasta que, hacia la década de 1890 una familia construyó una elegante casona, de estilo neogótico, en la plazuela de San Agustín, exactamente donde hoy se ubica el edificio “Peruano-Suizo”. Lo particular de esta residencia es que la familia levantó un impresionante “mirador” (el Mirador de San Agustín), que terminaba en punta, como los chapiteles de los palacios de la Europa del norte.

Mirador en la plazuela de San Agustín, ya desaparecido

Otro mirador en Lima, ya desaparecido

Mirador en el antiguo parque de Miraflores, ya desaparecido

Mirador u Observatorio Metereológico Unanue en el Jardín Botánico, ya desaparecido

Mirador en la Quinta de Presa (Rímac)

Mirador del cuartel de Santa Clara

Mirador del colegio San José de Cluny (avenida Bolivia)
05/04/10: Miradores naturales de Lima
Sin duda, el primero y más importante es el Cerro San Cristóbal, que domina, “vigila”, la ciudad desde su fundación en 1535. Se trata de un cerro macizo, de poca altura, apenas de 378 metros sobre el nivel del mar, ubicado al NO de Lima. Su nombre se debe a los propios conquistadores, quienes siguieron la costumbre de la época en poner bajo la advocación de San Cristóbal (defensor contra las inclemencias de la Naturaleza) a los promontorios pétreos cercanos a las ciudades que fundaban, como también ocurrió en Santiago de Chile. Según la leyenda, Pizarro fundó aquí una capilla el 14 de noviembre de 1537 (día de San Cristóbal, con misa incluida) y colocó una cruz de madera en su cumbre. Diversos testimonios nos confirman que, durante los tiempos virreinales, el cerro era muy visitado por los limeños, no solo para rendir homenaje a la cruz sino también para observar la ciudad y, sobre todo, el mar, si es que algún enemigo (pirata) amenazaba la Ciudad de los Reyes.
También se cuenta que los devotos visitantes del cerro, en el siglo XVII, construyeron otra capilla, la “Ermita San Cristóbal”. Ya en 1630, el arzobispo de lima, Hernando Arias de Ugarte, nombró al clérigo Andrés Sánchez para su administración. Según el Diario de Suardo, el cuidador de la ermita era Juan Marcos de Paredes, quien “todas las noches bajaba a esta ciudad y con un Cristo Crucificado en las manos andaba por las calles dando voces y amonestando a los que estaban en pecado mortal, con que tenía adquirido muy buena opinión en toda esta corte”. También se cuenta que el virrey Conde de Chinchón solía visitar con su esposa la ermita, pero antes pasaba por la “Casa de la Pólvora” (también en el cerro), lugar donde se guardaba la artillería ante un eventual ataque a la ciudad. El terremoto de 1746 arruinó la Ermita de San Cristóbal. Ya en tiempos republicanos, en diciembre de 1928, durante el gobierno de Leguía, se instaló una cruz de hierro iluminada. Fue iniciativa del padre Francisco Aramburú, misionero descalzo, quien recaudó dinero de personas piadosas para al construcción de la nueva cruz.

Antiguos limeños en el cerro San Cristóbal
Luego, en el siglo XIX, cuando Chorrillos se convirtió en el principal balneario de la capital, el Morro Solar empezó a ser más visitado por los limeños y dominar la preciosa bahía de Lima. En realidad, se trata de un conjunto de cerros que tiene varios significados: fue escenario de una de las batallas más sangrientas durante la guerra con Chile (por ello, está el Monumento al Soldado Desconocido, un obelisco de 22 metros de altura), está el Planetario (primer centro de observación astronómica del Perú), hay un santuario a la Virgen María (traída de Lourdes, Francia, en 1905) y tiene una gran Cruz iluminada (construida con restos de fierros de torres de alta tensión y levantada con ocasión de la visita a Lima del papa Juan Pablo II en 1985). En fin, un espacio de más de 300 hectáreas con un valor religioso, científico y patriótico (también arqueológico). Recordemos, además, que el Morro Solar también ha servido como lugar para colocar antenas de retrasmisión de canales de televisión y de algunas radioemisoras en su afán de cubrir con mayor eficiencia su señal en toda la capital. En suma, el Morro Solar es el mirador natural de la Bahía de Lima, un lugar donde se puede apreciar el paisaje urbano y marino de gran parte de nuestra ciudad y los Balnearios del Sur.

El Morro Solar, al fondo, visto desde el cerro San Cristóbal, según grabado de E. Charton (1851)

Antigua postal del balneario de Chorrillos visto desde el Morro Solar
Luego, al SE de Lima nos encontramos con el Cerro Centinela, donde transcurre la avenida Raúl Ferrero, que une Monterrico con La Molina. Desde él también se puede obtener una vista panorámica de casi toda al capital, especialmente al atardecer, para observar la puesta del Sol en la bahía de Lima. En el límite de Monterrico con La Molina, tiene una imagen del Apóstol Santiago, santo patrón de Santiago de Surco. Además, los que no saben su nombre original, le llaman “cerro de La Molina”. Lamentablemente, por ser una vía expresa de vehículos, no se ha construido un “mirador” en el lugar.
También se cuenta que los devotos visitantes del cerro, en el siglo XVII, construyeron otra capilla, la “Ermita San Cristóbal”. Ya en 1630, el arzobispo de lima, Hernando Arias de Ugarte, nombró al clérigo Andrés Sánchez para su administración. Según el Diario de Suardo, el cuidador de la ermita era Juan Marcos de Paredes, quien “todas las noches bajaba a esta ciudad y con un Cristo Crucificado en las manos andaba por las calles dando voces y amonestando a los que estaban en pecado mortal, con que tenía adquirido muy buena opinión en toda esta corte”. También se cuenta que el virrey Conde de Chinchón solía visitar con su esposa la ermita, pero antes pasaba por la “Casa de la Pólvora” (también en el cerro), lugar donde se guardaba la artillería ante un eventual ataque a la ciudad. El terremoto de 1746 arruinó la Ermita de San Cristóbal. Ya en tiempos republicanos, en diciembre de 1928, durante el gobierno de Leguía, se instaló una cruz de hierro iluminada. Fue iniciativa del padre Francisco Aramburú, misionero descalzo, quien recaudó dinero de personas piadosas para al construcción de la nueva cruz.

Antiguos limeños en el cerro San Cristóbal
Luego, en el siglo XIX, cuando Chorrillos se convirtió en el principal balneario de la capital, el Morro Solar empezó a ser más visitado por los limeños y dominar la preciosa bahía de Lima. En realidad, se trata de un conjunto de cerros que tiene varios significados: fue escenario de una de las batallas más sangrientas durante la guerra con Chile (por ello, está el Monumento al Soldado Desconocido, un obelisco de 22 metros de altura), está el Planetario (primer centro de observación astronómica del Perú), hay un santuario a la Virgen María (traída de Lourdes, Francia, en 1905) y tiene una gran Cruz iluminada (construida con restos de fierros de torres de alta tensión y levantada con ocasión de la visita a Lima del papa Juan Pablo II en 1985). En fin, un espacio de más de 300 hectáreas con un valor religioso, científico y patriótico (también arqueológico). Recordemos, además, que el Morro Solar también ha servido como lugar para colocar antenas de retrasmisión de canales de televisión y de algunas radioemisoras en su afán de cubrir con mayor eficiencia su señal en toda la capital. En suma, el Morro Solar es el mirador natural de la Bahía de Lima, un lugar donde se puede apreciar el paisaje urbano y marino de gran parte de nuestra ciudad y los Balnearios del Sur.

El Morro Solar, al fondo, visto desde el cerro San Cristóbal, según grabado de E. Charton (1851)

Antigua postal del balneario de Chorrillos visto desde el Morro Solar
Luego, al SE de Lima nos encontramos con el Cerro Centinela, donde transcurre la avenida Raúl Ferrero, que une Monterrico con La Molina. Desde él también se puede obtener una vista panorámica de casi toda al capital, especialmente al atardecer, para observar la puesta del Sol en la bahía de Lima. En el límite de Monterrico con La Molina, tiene una imagen del Apóstol Santiago, santo patrón de Santiago de Surco. Además, los que no saben su nombre original, le llaman “cerro de La Molina”. Lamentablemente, por ser una vía expresa de vehículos, no se ha construido un “mirador” en el lugar.









