2010-02
Música
Boston (Disco 1 y 2): Mis ídolos del Rock 3
Si hay un disco primero de una banda capaz de electrificar por completo la existencia de alguien, ese disco es Boston (I, disco homónimo). Y si hay un segundo e inmediato disco que complete el orgasmo musical original… ese es Don’t look back. He aquí mis impresiones.
Si bien conocí primero el segundo disco, majestuoso y sonoramente mágico “Don’t look back” quedé fascinado del poder de las guitarras y voz (y claro, todo un potencial armónico generado detrás le daba un toque único y determinativamente distinguible). Boston fue una banda… de Boston (qué curioso), liderada por un chico de Ohio, genio de la electrónica y con postgrado en el M-I-T (el prestigioso Tec de Massachutes, en Boston), que no le bastó ser un genio académico, sino que también tenía el don de Apolo.
Tom Scholz (y este apellido hasta me suena judío), en su propio estudio construido en el sótano de su casa hizo los demos, grabó los tracks y creó uno de los conceptos rockers más sólidos y virtuosos que yo recuerdo… pero a la vez tan uno tan efímero como lo fue la banda Boston. Si bien, inicialmente él tocaba los teclados, aprendió con facilidad el arte y la magia única de la guitarra, y reclutó al mago de las cuerdas Barry Goudreau, a la hermosísima voz de Bradley Delp, a Fran Sheehan y John "Sib" Hashian en la base rítmica. Toda una excepcional agrupación que, con creces, pudo sacudir al mundo de la música con apenas sus dos primeros discos.
Boston I (1976) y II (Don’t look back, 1978) son obras maestras indiscutibles. Sonido majestuoso, virtuosismo musical, letras positivas, requintos contundentes, timbre vocal de ensueño…. Todo lo que un buen concepto de rock siempre aspiró a ofrecer.
Desgraciadamente, el genio detrás de la banda, Mr. Scholz tenía otras ideas demasiado perfeccionistas que no permitieron trascender en un tiempo más prolongado a esta magnífica agrupación. Su Third Stage con apenas dos de los miembros originales… y peor aún, su Walk On con la soledad de Scholz, no sirvieron para forjar a una verdadera leyenda musical, capaz de apagar las pretensiones de cientos de otras frívolas bandas que pudieron sonar a través de los años con más producciones pero remotas en cuanto a esa calidad si se comparaban con Boston.
Estos dos emblemáticos temas de su primer disco.

Dos increíbles muestras de la segunda producción.
Si bien conocí primero el segundo disco, majestuoso y sonoramente mágico “Don’t look back” quedé fascinado del poder de las guitarras y voz (y claro, todo un potencial armónico generado detrás le daba un toque único y determinativamente distinguible). Boston fue una banda… de Boston (qué curioso), liderada por un chico de Ohio, genio de la electrónica y con postgrado en el M-I-T (el prestigioso Tec de Massachutes, en Boston), que no le bastó ser un genio académico, sino que también tenía el don de Apolo.
Tom Scholz (y este apellido hasta me suena judío), en su propio estudio construido en el sótano de su casa hizo los demos, grabó los tracks y creó uno de los conceptos rockers más sólidos y virtuosos que yo recuerdo… pero a la vez tan uno tan efímero como lo fue la banda Boston. Si bien, inicialmente él tocaba los teclados, aprendió con facilidad el arte y la magia única de la guitarra, y reclutó al mago de las cuerdas Barry Goudreau, a la hermosísima voz de Bradley Delp, a Fran Sheehan y John "Sib" Hashian en la base rítmica. Toda una excepcional agrupación que, con creces, pudo sacudir al mundo de la música con apenas sus dos primeros discos.
Boston I (1976) y II (Don’t look back, 1978) son obras maestras indiscutibles. Sonido majestuoso, virtuosismo musical, letras positivas, requintos contundentes, timbre vocal de ensueño…. Todo lo que un buen concepto de rock siempre aspiró a ofrecer.
Desgraciadamente, el genio detrás de la banda, Mr. Scholz tenía otras ideas demasiado perfeccionistas que no permitieron trascender en un tiempo más prolongado a esta magnífica agrupación. Su Third Stage con apenas dos de los miembros originales… y peor aún, su Walk On con la soledad de Scholz, no sirvieron para forjar a una verdadera leyenda musical, capaz de apagar las pretensiones de cientos de otras frívolas bandas que pudieron sonar a través de los años con más producciones pero remotas en cuanto a esa calidad si se comparaban con Boston.
Estos dos emblemáticos temas de su primer disco.

Dos increíbles muestras de la segunda producción.







