19/06/13 |
Publicado por: slopez | Categoría Artículos Periodísticos
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 17 veces |
Sinesio López Jiménez
Con la ruptura de la IU en 1989, la izquierda dejó de representar a los sectores descontentos con el establisment que provienen principalmente de las clases populares y pobres. Ella se fragmentó y dejó de ser un actor político importante como lo había sido en la década del 80. Sus huestes se dispersaron y la representación del espacio social contestatario fue asumida sucesivamente por personajes sin una trayectoria de izquierda (Fujimori, Toledo, Humala) que ganaron con un programa de cambio, pero gobernaron con la derecha.
El tránsito por el espacio izquierdista les produjo, sin embargo, una cierta rentabilidad política. El fujimorismo recluta su base social mayoritaria de los sectores populares y pobres que habían sostenido a la izquierda en la década del 80. Los conquistó con agresivas políticas sociales clientelistas. Toledo (antes del escándalo de la corrupción) estaba convencido que podía representar a los sectores sociales contestatarios, populares y pobres. Algunos sectores izquierdistas veían ilusamente en él una alternativa posible. Humala, el último tránsfuga programático de la izquierda que gobierna para la derecha, aún es visto por amplios sectores sociales como un líder de centro-izquierda (LR, 2/6/13).
Es probable que la reaparición de la izquierda unificada en el Frente Amplio Patriótico (FAP) disipe esa ilusión. El reagrupamiento de la izquierda ha costado más de un año de diálogos y debates sobre diversos temas de política de mediano y largo plazo y sobre la necesidad de la unidad de las fuerzas dispersas para construir un sujeto político creíble y relevante. Serán necesarios algunos meses más de afianzamiento de la unidad para que la izquierda esté en forma para disputar los gobiernos regionales y municipales en el 2014 y el gobierno nacional en el 2016, sola o en coalición con otras fuerzas progresistas.
Una de las tareas pendientes de la izquierda es limpiar el terreno social y político en el que se mueve. La izquierda tiene que superar los errores del pasado, disipar las ilusiones del presente en algunos políticos que asumieron transitoriamente la representación de las clases populares, recuperar la confianza del pueblo en ella y proponer un horizonte utópico de esperanza que haga posible la convivencia del progreso con la justicia, la libertad y la solidaridad. Su ingreso se produce en un momento político de lucha darwiniana entre los líderes de la derecha por sobrevivir en un escenario político tugurizado y fangoso. Ninguno de los líderes de la derecha puede mostrar sus manos limpias. La corrupción que mancha a todos ellos (a unos más que a otros) puede acabar con sus ambiciones políticas.
El escenario económico y social también se presenta un poco sombrío. El Perú cuenta con una fortaleza macroeconómica gracias a los precios de las commodities, a la demanda internacional y al manejo responsable de las políticas monetaria y fiscal, pero la crisis internacional que ya llegó a China y la carencia de un desarrollo sostenible pueden generar algunas dificultades económicas. En ese contexto, los poderes fácticos enciman agresivamente a Humala quien cede sumisamente a sus presiones a costa de los intereses y las demandas de los trabajadores y de los sectores populares. Estos son los desafíos inmediatos que tiene la izquierda. Esta es la cancha a la que entra la izquierda unificada en el FAP.
Sinesio López Jiménez
Si la autonomía universitaria pudiera personificarse y hablar en medio de la actual confusión general diría con razón a varios representantes de las universidades públicas y privadas: No me defiendas compadre. Las mafias de algunas universidades públicas defienden la autonomía universitaria. Lo mismo hacen algunas camarillas enquistadas por años, como si fueran imprescindibles, en algunas universidades asociativas (sin fines de lucro). No se quedan atrás en esa defensa varias universidades societarias (con fines de lucro), de pésima calidad e interesadas solo en el negocio educativo. Para bien de la autonomía universitaria, felizmente han levantado la voz (también para defenderla) algunas universidades públicas y privadas asociativas (y profesores) de calidad y de prestigio académico.
Reconozco que el concepto “autonomía universitaria” ha sido estirado hasta la ambigüedad y la confusión y el debate ha sido descontextualizado. Discutimos ahora (en un Estado de derecho al menos normativamente) como si estuviéramos en los años 20 (durante el Estado oligárquico, patrimonial y excluyente). La autonomía universitaria ¿es absoluta o relativa?, ¿es parcial o es total?, ¿es respecto de los gobiernos o del Estado unitario?, ¿se basa en una situación real (como los estados federales) o es una ficción jurídica (como el BCR)?, ¿se refiere a lo nacional o a lo global?.
No me puedo extender en las respuestas, pero sostengo que la autonomía universitaria es relativa, parcial, se refiere principalmente a los gobiernos y es una ficción jurídica. La autonomía universitaria se refiere al libre desarrollo de las actividades académicas y de investigación, a la libertad de pensamiento y a la gestión y administración transparente y democrática de esas actividades. Nada más. ¿Se puede hablar de autonomía económica en universidades cuyos fondos vienen principalmente del Estado y sobre los cuales tienen que rendir cuentas?. Tengo la impresión que muchas universidades privadas demandan autonomía para no pagar impuestos. Hay que reconocer que nuestras universidades están en transición de lo nacional a lo global, que la ciencia y la tecnología no tienen patria, pero que están obligadas a impulsar un pensamiento autónomo.
Las universidades no son espacios virtuales, ellas ocupan un territorio y tienen autoridades estatales que ejercen jurisdicción sobre él. De eso no pueden escaparse. En esa medida tienen que ocupar un lugar en el Estado. ¿Cuál es ese lugar?. Sin duda, el espacio educativo. Eso no significa que ellas tienen que someterse al Ministerio de Educación (perdiendo autonomía) sino que tienen que coordinar con él, como lo señalan algunos proyecto al respecto. Esa coordinación supone dos cosas. Primero, definir a las universidades como un sistema y segundo, que ellas y los colegios profesionales (que son su producto) propongan ternas para que el poder legislativo (no el gobierno) elija entre ellas y se forme de ese modo el Consejo Nacional de Universidades. La ANR (integrada por gente honorable, pero también por impresentables) debe desaparecer.
El error fundamental de la Comisión parlamentaria de educación es pretender liberar a las universidades de las mafias y camarillas a través de los representantes del pensamiento único neoliberal (MEF y CONFIEP) y del nombramiento por el gobierno de los integrantes de la llamada Autoridad Nacional Universitaria. Eso viola doblemente la autonomía. Es, en cambio, un acierto la elección de las autoridades universitarias mediante el sufragio universal.
Sinesio López Jiménez
La desideoligación política no es tan grande como algunos analistas creen. Casi el 60% sigue guiándose por la ideología en el campo minado de la política. Sólo en los sectores pobres la desideologización es alta (47% en D y 53% en E). Los datos de la encuesta nacional urbana de GfK (LR, 02/13) muestran más bien que hay un abultado centro (sobre todo en los sectores sociales acomodados y en Lima) que probablemente fagocita a los escuálidos polos de la derecha y la izquierda que presentan un cierto equilibrio.
La encuesta no indaga sobre el peso de las posiciones extremas de ambos polos (la DBA y el Movadef) que viven apasionadamente las ideas cerradas en las que creen. Las otras posiciones de derecha e izquierda son más abiertas a la vida y a la experiencia. La derecha se distribuye por igual en Lima y en el interior del país, mientras la izquierda está principalmente en el interior. Pese al activismo intenso de los extremos, estos datos revelan que la dinámica política principal no discurre por los polos sino por el grueso centro, lo que convierte a la política en una actividad moderada, aburrida y mediocre.
El centro y la derecha están sobrepoblados de candidatos. Estos no provienen de la vieja derecha oligárquica y gamonal sino de la nueva derecha que antes de los 70 se definió como izquierda o centro-izquierda (el Apra entre 1930-1956, AP y la DC-fracción PPC entre 1956-68) y de nuevos sectores que emergieron después de los 90 (el fujimorismo, Somos Perú, Perú Posible, Solidaridad nacional). La mayoría de los medios, algunos de ellos de origen oligárquico (El Comercio), constituye un poder fáctico y es el megáfono altisonante de la derecha económica y política. Estas reubicaciones ideológicas se explican por las reformas radicales de Velasco que acabaron con la oligarquía y el gamonalismo, asustaron a los reformistas incosecuentes, los empujaron al campo de la derecha y pusieron en movimiento a ciertos sectores de las clases populares que engrosaron después las filas de la izquierda.
La izquierda está fragmentada en pequeños partidos y carece de un liderazgo reconocido que pueda unificarla. El espacio de los sectores sociales descontentos y contestatarios, el terreno abonado de la izquierda, no tiene, por ahora, una representación política reconocida. El terrorismo de SL y del MRTA, la caída del muro de Berlín y la incapacidad de sus líderes para responder a estos nuevos desafíos (incluido el neoliberalismo) descolocaron y fragmentaron al frente político (IU) que había logrado unificar a casi toda la izquierda. Es probable que la aparición de un liderazgo que unifique a la izquierda y que representa al mundo de la protesta y del cambio reubique ideológicamente a Ollanta en el lugar del espectro ideológico que le corresponde puesto que ahora es considerado como un líder de centro-izquierda.
Además de los acontecimientos y procesos traumáticos que han redefinido el campo y el peso de las ideologías, es probable que algunos cambios en la cultura política y en la estructura social concurran también a explicar esa redefinición. Las desproletarización, la descampesinación, la creciente informalidad urbana, la emergencia de nuevos sectores medios, una cierta bonanza económica (del 2001 en adelante) originada por la sostenida demanda internacional y por los altos precios de las commodities ayudan a explicar la relativa desideologización, el abultamiento del centro y la debilidad de los polos de derecha e izquierda.
29/05/13 |
Publicado por: slopez | Categoría Artículos Periodísticos
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 160 veces |
Sinesio López Jiménez
Las recientes elecciones sanmarquinas para elegir a los miembros de la Asamblea Universitaria y de los Consejos de Facultad muestran una vez más la deformación y el agotamiento de la reforma de Córdoba y la necesidad de una nueva ley de reforma universitaria. La reforma de Córdova postulaba la apertura de la universidad oligárquica a las clases medias y populares, la participación democrática de los estudiantes en el gobierno de las universidades o el cogobierno, la implantación de la docencia libre y la asistencia libre y la autonomía de la Universidad, entendida como institución de los alumnos, profesores y diplomados.
A partir de los 60 del siglo pasado la apertura democrática se tradujo en masificación que conllevó, a su vez, el práctico abandono económico de la universidad pública por parte del Estado dando lugar a la mediocrización académica y a la anarquía. La democracia universitaria ha degenerado. Se mantienen las formalidades democráticas, pero ellas no expresan la voluntad de la comunidad universitaria sino que constituyen mecanismos perversos para consolidar el poder de pequeños grupos que asumen comportamientos mafiosos para mantenerse en él.
El Comité electoral es nombrado formalmente por la Asamblea universitaria (que ya era producto de un fraude cometido en la elección anterior (2010) contra la Facultad de Medicina), pero en realidad es designado por el pequeño grupo que controla el poder. Su comportamiento es arbitrario y fraudulento con las listas opositoras y parcializado con las listas oficialistas. El proceso electoral es injusto e inequitativo. Las listas oficialistas reciben todo el apoyo de las autoridades universitarias. Estas usan el poder y los recursos de la universidad para tentar con prebendas, prometer ascensos, ofrecer pequeños cargos, comprar votos.
El clientelismo es reforzado con el autoritarismo ejercido contra la oposición de profesores y estudiantes. Se abren procesos administrativos a los profesores y se amenaza con el reglamento de sanciones a los estudiantes que protestan. Como si todo esto fuera poco, la votación no está exenta de fraudes: eliminación de mesas electorales (2010), violación del debido proceso en la elección de los profesores principales en la facultad de Ciencias Sociales, por ejemplo.
El tercio estudiantil no expresa tampoco la voluntad de los estudiantes. La lista oficialista es organizada por operadores apoyados y financiados por las autoridades universitarias. Los estudiantes aún no han logrado formar una organización centralizada que les permita presentar una lista propia y autónoma que los represente. Eso explica que (en la elección para la asamblea universitaria) ganen los votos blancos, nulos y viciados con el 60.97% de los votantes (24,700) y que la lista oficialista “ganadora” sólo obtenga el 28.88%. Es parecido el resultado en el Consejo Universitario: los votos blancos, nulos y viciados ganan con el 62.45% y la lista oficialista “ganadora” obtiene sólo el 28.79% de los votos.
Pese al proceso electoral injusto y al fraude electoral, la oposición profesoral y estudiantil obtuvo una alta representación en la Asamblea universitaria y ganó en casi una decena de facultades. En estos casos las autoridades mafiosas apelan a triquiñuelas y arbitrariedades para impedir las elecciones de los decanos y la cúpula universitaria nombra decanos a dedo, ilegales, ilegítimos e impresentables.
22/05/13 |
Publicado por: slopez | Categoría Artículos Periodísticos
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 174 veces |
Sinesio López Jiménez
Los contestatarios no están de acuerdo con el establishment, pero necesitan una representación política para disputar el poder. Desde los años 30 del siglo pasado ellos han conformado un tercio o más del electorado y se han hecho presentes en la política a través de diversos partidos y candidatos. Algunos les han sido fieles a lo largo de la historia y otros fueron absorbidos y cooptados por el establishment (Apra, AP y sectores de la DC, hoy PPC). La IU buscó ser la representación política más fidedigna de sus intereses y esperanzas, pero, luego de su división, ese espacio social quedó vacío de representación. Es un espacio social sin representación política. El rostro de los contestatarios ha ido cambiando también con el tiempo, pero es permanentemente reproducido por otros combatientes con nuevos rostros.
El vacio de la representación del descontento del 90 en adelante fue llenado de alguna manera por pequeños caudillos sin proyecto, pero con una gran ambición (Fujimori, Toledo y Humala). El desencanto llegó pronto: antes que cante el gallo, ya habían negado más de tres veces a sus electores contestatarios. Hoy nuevamente ese espacio está vacío. Los espacios de centro y de la derecha, en cambio, están tugurizados y la disputa es feroz y con cuchillo entre los dientes. La derecha y la ultraderecha no aceptan en el club al recién llegado Humala. Ya gobierna para ellos y para las grandes empresas (nacionales y extranjeras), pero lo quieren sumiso, un humilde servidor. Lo acusan de chavista cuando de eso no quedan sino malos y vagos recuerdos.
Esta es la hora de la recomposición, de la reunificación y del reposicionamiento de las izquierdas hoy fragmentadas para constituirse en la presentación política orgánica del espacio social del descontento con el actual orden injusto y podrido y de la esperanza en un nuevo orden de cosas. La recomposición pasa por varios momentos o componentes. En primer lugar está la identidad programática que proponga un modelo de desarrollo sostenible, inclusivo y viable que garantice el bienestar para todos; un estado democrático, autónomo y eficaz al servicio del bien común y del interés general que despliegue políticas públicas de calidad y que garantice la igualdad ante la ley; y la defensa de la pluralidad cultural y de la unidad del Perú en la diversidad.
En segundo lugar, la estrategia que defina con realismo y audacia a la vez los adversarios contra los que hay que combatir, los pasos a seguir, las acciones a desplegar, las coaliciones sociales y políticas a conformar para tener éxito en la lucha política. En tercer lugar, la organización de los actuales pequeños partidos de izquierda en un partido unificado y establecimiento de un frente amplio de izquierda con los partidos democráticos de izquierda que no conforman el partido unificado. Esta es la forma adecuada de contar con una exitosa representación política única de los descontentos y combatientes por el cambio social. Un elemento central del proceso organizativo es la unificación y organización de los movimientos sociales y de los frentes regionales y su articulación con el partido y con el frente amplio de izquierda. Volvemos sobre los temas de los candidatos, las campañas y la necesidad de la formación de coaliciones de centro-izquierda en las segundas vueltas cuando no se alcanza el triunfo en las primeras.
Sinesio López jiménez
JDC fue, sin duda, el mejor líder de la izquierda peruana. El mejor en las batallas públicas de los movimientos de masa y el mejor en la escena parlamentaria. El hubiera preferido ser el líder de la revolución, pero se le cruzó en el camino el velasquismo y la transición democrática y tuvo que abandonar el campo de la revolución para apostar a la democracia radical, como sucedió con todas la izquierdas de AL en los 80 del siglo pasado. Si hubiera vivido en las ciudades-república del Medioevo, JDC hubiera sido un republicano clásico (sacrificando el interés particular en nombre del bien común y construyendo la historia de los hombres frente a la historia de Dios y a la historia de la Fortuna); en la revolución de Cromwell (1648) hubiera ocupado la trinchera radical de los cavadores; en la revolución francesa, hubiera sido un jacobino; en la rusa, un leninista y en la cubana, un guevarista.
JDC perteneció a la estirpe de los políticos heroicos. Para él la política tenía un sentido heroico; para Barrantes, un sentido lúdico; para García, un sentido crematístico (la plata llega sola). Eso explica que, mientras la política empobreció a JDC, a García lo enriqueció. Eso explica también que JDC no pudiera llegar a la presidencia de la República, aún cuando lo intentó. La vida cotidiana de los humildes mortales valora el heroísmo, pero ella misma es prosaica y mezquina y requiere combinar el heroísmo con la sensatez. Analizando las revoluciones de Inglaterra, la gloriosa de 1648 y la sensata de 1688, el historiador Treveyland sostiene que las revoluciones necesitan tanto a los líderes heroicos como a los sensatos porque los primeros plantean los problemas que sólo segundos pueden resolver.
La IU de los 80 fue un mix de heroísmo y sensatez. Esa fue su virtud. La unidad política transmitió la imagen de una única representación de los de abajo, de los que sufren y protestan, del descontento social frente a la injusticia y los abusos. Esa fue también su fuerza. Tuvo, sin duda, muchas fallas: ideologización extrema, espíritu de capilla ardiente, fragmentación partidaria, pugnas de liderazgo, pero sobre todo tuvo un contexto adverso: el terrorismo criminal, el populismo irresponsable, el despliegue del pensamiento único neoliberal y la caída del muro de Berlín. La unidad de izquierdistas heroicos y sensatos es la lección que la IU dejó para el futuro.
La izquierda post-JDC tiene dos grandes tareas. La primera es intelectual e ideológica. Tiene que dar cuenta no sólo de lo que pasó con la IU y los partidos que lo integraron sino también de lo sucedido con los socialismos reales y las social-democracias. La caída del muro trajo consigo el hundimiento de los socialismos reales y el agrietamiento de sus bases doctrinarias. Los intelectuales de izquierda tienen que analizar las fallas de Marx y del marxismo, qué se agotó y qué queda en pie de él a la luz de los tiempos y de las ideas actuales. El tiempo de esta tarea es la mediana y la larga duración. La segunda tarea es política. Ella comprende cinco temas con miras a la lucha política actual y al 2014 y al 2016: la identidad programática, la organización partidaria y frentista, el candidato o los candidatos, los recursos económicos y la campaña. El tiempo de esta tarea es el presente. Volvemos en la próxima columna.
Sinesio López Jiménez
El reposo del guerrero, el excelente titular de La Republica, no sólo anunciaba la muerte de JDC sino que resumía también toda su vida. Javier fue, en efecto, un guerrero y un decisionista en la política como lo fue Lenin en el lado revolucionario y Carl Schmitt en el lado reaccionario. Para el decisionismo la política es la forma de definir a los enemigos contra los hay que luchar y derrotar y de los aliados a los hay ganar para obtener la victoria. Las situaciones de injusticia se resuelven a través de una decisión revolucionaria.
Javier tenía un sentido heroico de la política. Fue una actitud heroica, sin duda, renunciar a las comodidades de la clase alta en la que había nacido y asumir los ideales de justicia y de solidaridad con los de debajo de la escala social. Igualmente lo fue su ingreso a la militancia en Vanguardia Revolucionaria (VR) a fines de los 60 guiado por la aureola de la revolución cubana. Fue heroico también el abandono de las aulas universitarias para partir a organizar a los mineros en la sierra central. Hicieron lo mismo varios jóvenes de su generación.
De ese modo ayudó a la formación del clasismo, el vigoroso y combativo movimiento sindical igualitarista que, gracias a su capacidad de negociación centralizada, conquistó una distribución más justa del ingreso en los 70 del siglo pasado. Combatió a la dictadura velasquista porque a través de las reformas anti-oligárquicas quería evitar la revolución democrática y socialista. La lucha contra la dictadura conservadora de Morales Bermúdez acercó a la izquierda y al velasquismo radical y los colocó en la misma trinchera en el momento de la transición democrática (1978-1980).
Desde la UDP, un frente que articulaba a VR y al MIR, bregó por la formación de la Alianza revolucionaria de izquierda (ARI) pero fracasó. Pese a ello, la izquierda alcanzó más de un tercio en las elecciones para la Asamblea Constituyente. Desde entonces Javier se convirtió en uno de los más brillantes parlamentarios de las últimas décadas. En esa etapa vivió seguramente las tensiones entre la democracia y la revolución. Fracasado el ARI, la izquierda se presentó dividida en siete candidaturas a las elecciones generales de 1980 y sufrió, desde luego, una derrota aplastante. Javier, sin embargo, fue elegido diputado (1980-1985) y senador (1985-1990). Fue un brillante orador y un polemista de fuste. Odiado y temido por los gobernantes de turno, los ricos y los corruptos. Javier diferenció y a la vez unió la política con la ética.
En los 80 Javier impulsó la formación del PUM y también de la IU que articulaba a casi todos los partidos de izquierda para enfrentar a los intentos neoliberales de Belaúnde, el populismo demagógico de García y el terrorismo. En ambas agrupaciones Javier ocupó las posiciones más radicales. Fue el jefe de los libios contra los zorros en el PUM y lideró a las corrientes intransigentes contra la moderación de Barrantes en la IU. El terrorismo y el populismo produjeron tensiones y disensos en la izquierda de entonces y terminaron dividiéndola en el Congreso de 1989.
Enfrentó y sufrió los embates del terror de SL y del Estado en los 80 y los 90. Participó activamente en la lucha por la democracia y por la defensa de los derechos humanos y contra la corrupción y los crímenes del fujimorismo en esas décadas y después. Javier, hombre honesto y adalid de las causas justas, descansa en paz.