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LA PROPAGANDA ANTICATOLICA: LA MENTIRA HISTORICA Y LA PROPAGANDA PROTESTANTE CONTRA LA IGLESIA CATOLICA 

Fuente: IGLESIA.NET

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La propaganda anticatólica es abundante, tratarla toda en un hilo de discusión sería maratónico; existe tanta propaganda de este tipo que se podría llenar toda biblioteca con ella y varias bibliotecas para tratar de probar las falsedades de esta propaganda.

 
Esta propaganda es fecunda especialmente en las personas menos instruidas, ya que son más propensas a ser manipuladas con medias verdades llenas de medias mentiras. Las personas que se encuentran con un profesional de la propaganda anticatólica se quedan confundidos o convencidos (desgraciadamente) de las falsedades que les contaron.
 
Pero ¿en que se basa este tipo de propaganda?
 
Yo he detectado varias bases que sirven para sostener este tipo de ataques:
 
1. La mentira històrica. Las personas de educaciòn media o baja normalmente no tienen los suficientes conocimientos sobre los acontecimientos històricos acontecidos en la historia de su paìs, mucho menos la tienen de su continente o de la historia mundial. 
La mentira històrica anticatòlica en ocasiones es muy burda y en otras ocasiones es muy refinada, porngo algunos ejemplos:
 
a) El Còdigo Da Vinci. Esta burda "novela històrica" que es una obra anticristiana; pero especialmente anticatòlica, no tiene nada de històrica. Cualquier persona con conocimientos medios de historia podrìa demostrar que esa novela es màs de ciencia ficciòn que una novela històrica.
 
b) "Mèxico ante Dios". Otra burda novela de ficciòn disfrazada de novela històrica, llena de anticatòlicismo, es una buena muestra de lo que puede hacer alguien para explotar el anticatolicismo por medio de unas cuantas verdades històricas y muchas exageraciones y mentiras.
 
c) La historia falseada mediante generaciones hasta crear una falsa concepciòn de la realidad històrica, este mètodo es muy refinado ya que tienen que pasar varias generaciones hasta mediatizar a la poblaciòn en determinada postura. Esta historia logra un maniqueìsmo en el que las personas se les educa a que todo lo que viene de la Iglesia es malo, aunque traiga beneficios, pues la Iglesia siempre nos ha esclavizado. Muchas personas ignoran que en Amèrica si no hubiera llegado el clero catòlico los pueblos indìgenas hubieran desaparecido, como sucediò en Estados Unidos.
 
d) El famoso caso de Galileo, quien pocos saben que muriò dentro de la fe catòlica, en su casa y con bendiciòn papal, es un caballo de batalla para pintar a la Iglesia Catòlica de obscurantista, mientras que los protestantes mataron a Servet.
 
e) Presentar a la Inquisiciòn Catòlica y esconder a la protestante que estuvo a la altura de la catòlica en cuanto a muertos y torturas.
 
2. La exageraciòn de los pecados de integrantes de la Iglesia Catòlica y la minimizaciòn de los pecados de las congregaciones no catòlicas, cristianas o no.
 
Es muy comùn, por ejemplo, hablar de "los pederastas catòlicos"; pero en porcentajes no hay casi ninguna diferencia (desgraciadamente) entre la pederatìa catòlica y la protestante o cualquier grupo religioso. Pero el problema es que existe màs propaganda anticatòlica qaue antiprotestante o antimusulmana.
 
3. La informaciòn deformada que esta propaganda siembra. No fue raro escuchar que habìa "profetas" anticatòlicos que advertìan que el fin del mundo habìa llegado ya y que el anticristo era ni màs ni menos que el Papa Juan Pablo II quien se iba a manifestar el año 2000.
 
Muchos catòlicos se dejaron llevar por estos "mensajes"; pero cuando llego el año 2000 y posteriormente muere Juan Pablo II muchos de estos catòlicos convencidos por "falsos profetas" se arrepintieron y regresaron a la Iglesia.
 
Esta informaciòn deformada viene de distintos frentes: algunos anticatòlicos protestantes, algunos anticatòlicos masones, algunos anticatòlicos ateos, etcètera.
 
Esta propaganda ha hecho mella sin duda en la feligresìa; pero el catolicismo sigue fuerte; en estados Unidos a pesar de los duros golpes por los sacerdotes que realmente han cometido actos de pederastia y las mùltiples falsas denuncias para obtener dinero no han menguado el hecho de que en dicho paìs haya apròximadamente 67 millones de catòlicos. En Amèrica Latina a pesar de que la Iglesia Catòlica ha pèrdido cuantiosas cifras de feligreses sigue siendo abrumadora la mayorìa protestantes.
 
Ahora tenemos que tener en cuenta que lamentablemente la gente que abandona la Iglesia Catòlica no es, en su mayorìa, para ganancia de ninguna denominaciòn, sino que la mayorìa se convierten en personas arreligiosas sino es que en ateos recalcitrantes.
 
Tambièn es de hacer notar que grupos catòlicos han recuperado la fe de muchos "tibios" como la "Renovaciòn Catòlica en el Espìritu Santo" que ha logrado que el fervor catòlico se este prendiendo nuevamente en nuestras tierras.
 
La clave para detener esta propaganda es la educaciòn, todos los catòlicos que tenemos la bendiciòn de tener màs conocimiento acadèmico que la mayorìa de la poblaciòn debemos, cada quien desde su trinchera, desmitificar a la propaganda protestante y hacer ver a la gente la realidad.
 
No importa si la realidad no siempre es bènefica para la Iglesia; pero la verdad siempre es mejor que la mentira.

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El éxito, en dos pasos sencillos

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21 Mayo 2013

Autor: Padre Juan Antonio Ruiz J., L.C.

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«El pecador ha de sentir siempre que tus palabras proceden exclusivamente de tu caridad. Las palabras caritativas han de preceder siempre a las recomendaciones punzantes. Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad, suma de todas las virtudes y la mejor garantía de éxito en tus actividades»

(San Vicente Ferrer, Tratado sobre la vida espiritual).

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Mientras más avanzamos en la vida, lanzamos la mirada atrás y empezamos a arrepentirnos de muchas cosas que nos hubieran gustado llevar a cabo. Y así, vamos creando esa lista de deseos que «algún día cumpliré». De todos los que pregunto, muchos suelen coincidir que una de las cosas que más les gustaría es aprender un idioma. Francés, inglés, italiano, alemán… se pasean por los ojos de todos y les invitan a recurrir a uno de los inventos más inútiles que he conocido: los manuales de «aprende un idioma sin esfuerzo y en poco tiempo». Y digo que es inútil porque nada se consigue sin esfuerzo y en poco tiempo. Por lo menos, la gente normal, como yo, así lo vive.

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Y miren ustedes por dónde, me encuentro con este pequeño escrito del gran santo español Vicente Ferrer que desarma esta teoría. Porque ahí delinea dos pasos sencillos para el éxito en la vida. Dos recomendaciones que te ayudarán a ascender los escalones del triunfo: la caridad y la oración. ¡Claro!, hablamos de triunfo únicamente en el plano espiritual. Que, después de todo, es el único triunfo que cuenta. Ya lo decía Santa Teresa de Jesús: «Al final de la vida, el que se salva, sabe; el que no, no sabe nada».

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Pero volvamos a los dos pasos de San Vicente. Y, sobre todo, veamos cómo los vivió él en su vida. Porque de nada sirve predicar bellamente si luego no se refleja eso que predicas en tu propia experiencia. Pues bien, el Papa Benedicto XVI nos cuenta en la audiencia general dedicada a este santo que «Tenía la capacidad de mantener la atención en el auditorio con el tono y modulaciones de su voz. Pero, sobre todo, con la pasión que ponía en lo que decía. Huyendo de lenguajes artificiosos y recargados, supo traslucir a Dios. ¿Cómo? Orando. Es la clave de todos los santos. Antes de predicar se retiraba durante varias horas. Y la gracia se derramaba a raudales». Muchos suelen preguntarme cómo ayudar a una persona, qué hacer para que vuelva a Dios. El santo de hoy responde con ese primer paso en la vida: la oración. Y luego Dios, si realmente confiamos, se encargará.

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Ahora bien, después llega un segundo paso, que sería la colaboración alo que oro junto a la acción de Dios: la caridad. Y una caridad que se traduce, ante todo, en el ejemplo de una vida auténtica. Porque no hay mayor caridad que un buen testimonio. Y San Vicente vuelve a ser testigo de esto, como nos lo relata de nuevo el Papa Benedicto XVI en la audiencia antes citada: «Tenía autoridad moral porque su vida era sencilla y austera. Era íntegro, auténtico. […] Tanta bondad resumida en su persona conmovía de tal modo a la gente que, enardecida por sus palabras, intentaban robarle trozos de su hábito a modo de reliquia».

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Oración y caridad. He aquí dos pasos sencillos –aunque no vividos sin esfuerzo– que pueden llevarnos a un éxito rotundo en nuestra vida: éxito que se cumplirá, definitivamente, en la llegada a la Felicidad con mayúscula, al cielo que Dios nos tiene preparado, con amor, desde toda la eternidad.


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La vida de la primera comunidad cristiana y los primeros efectos de la Gracia de Dios en la Iglesia primitiva

Fuente: PRIMEROS CRISTIANOS

La promesa del Paráclito y la elección de Matías

La historia de la Iglesia cristiana comienza con el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Antes de su Ascensión al cielo, nuestro Señor Jesucristo mandó a sus apóstoles que no se apartasen de Jerusalén hasta ser revestidos de poder supremo desde lo alto. Esperando el cumplimiento de esta promesa del Señor, ellos después de rezar eligieron a Matías como el duodécimo Apóstol en lugar del traidor Judas; eligiendo al suplente de Judas, los Apóstoles condicionaron que el mismo debía ser testigo de la obra y Resurrección de Cristo.

En el quincuagésimo día después de la Pascua, en la festividad judía de Pentecostés, que coincidió con un domingo, los apóstoles se reunieron para rezar. Asimismo se encontraba presente junto a ellos la Madre de Dios y algunos otros cristianos, en total 120 personas

El Espíritu Santo y su efecto en los fieles

Como a las 9 de la mañana de repente se oyó un ruido parecido al de un viento fuerte, y este sonido llenó la casa del monte Sión donde se hallaban los Apóstoles (el cenáculo de Sión donde tuvo lugar la Última Cena) y sobre cada uno de ellos descansó una dividida lengua de fuego. Las señales externas eran necesarias para los hombres de aquella época, todavía insuficientemente espirituales, para llevarlos a la fe.

Los Apóstoles sintieron una gran animación, esclarecimiento y sed de predicación de la salvadora Palabra de Dios, o sea, la Santa doctrina de nuestro Señor Jesucristo. Repentinamente obtuvieron la capacidad de expresarse en varios idiomas.

Inmediatamente comenzó la evangelización

Para las fiestas de Pascua y Pentecostés, en Jerusalén se reunían los hebreos procedentes de diversos países. Viviendo durante tiempo prolongado fuera de Palestina, olvidaron la lengua hebrea, de suerte que sólo hablaban los idiomas de los países donde moraban permanentemente. Por tanto fueron llamados "helenistas," mientras que los gentiles que fueron convertidos a la fe judía se denominaban "prosélitos." Para la fiesta de Pascua se juntaron en Jerusalén entre uno y dos millones de ellos.

Muchos de ellos sintieron el ruido y se reunieron alrededor de la casa donde se encontraban los Apóstoles. Éstos salieron y comenzaron su predicación dirigiéndose a cada uno en el idioma de su país. Algunos quedaron asombrados, mientras que otros se burlaban, diciendo: "Están embriagados del vino dulce."

Entonces, el Apóstol Pedro, a quien acompañaban los otros once Apóstoles, pronunció palabras potentes, diciendo que ellos no estaban embriagados ya que no es más que la hora de la mañana, sino que Dios hizo cumplir la profecía del santo Profeta Joel referente al descenso del Espíritu Santo. También el Apóstol Pedro dijo acerca del Salvador, "a Quien vosotros habéis matado, pero Dios Lo ha resucitado, y Él, después de su gloriosa Ascensión, ha enviado al Espíritu Santo."

Los primeros efectos de la Gracia de Dios en la Iglesia primitiva

El sermón del Apóstol Pedro estuvo impregnado con la fuerza espiritual y con el amor para con los extraviados judíos. Estos se enternecieron y preguntaban: "¿Qué tenemos que hacer?" El Apóstol contestó: "Arrepentís y recibid el bautismo para la absolución de los pecados, luego obtendréis el don del Espíritu Santo." En aquel día fueron bautizados 3.000 hombres.

Después de Pentecostés los Apóstoles Pedro y Juan iban hacia el templo para orar. En la entrada del templo se encontraba sentado un mendigo, cojo desde su nacimiento, que no podía caminar y suplicaba por una limosna. El Apóstol Pedro le dijo: "No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en nombre de Jesús Nazareno Cristo, levántate y anda." Éste saltó y se alejó alabando a Dios.

Este milagro impresionó mucho al pueblo. Después de las palabras pronunciadas por el Apóstol Pedro se bautizaron 2.000 hombres. De esta manera, el número de los cristianos dentro de un corto lapso ascendió hasta 5.000 personas.

La vida de la primera comunidad cristiana

Los primitivos cristianos se reunían diariamente en el templo y escuchaban los sermones de los Apóstoles, y en los días del Señor (domingos) se juntaban en casas particulares para oficiar la Santa Eucaristía (Liturgia) y con el fin de comulgar de los Santos Cuerpo y Sangre de Cristo.

Asimismo, tenían caridad mutua, de suerte que parecía que tenían un sólo corazón y una sola alma. Muchos cristianos vendían sus haciendas, y el dinero recibido lo entregaban a los Apóstoles y a los pobres.

El suceso de Ananías y Safira

Un hombre llamado Ananías con su esposa Safira habían vendido su hacienda y trajeron el dinero recibido a los Apóstoles, pero escondieron una parte del mismo. Lo hicieron por dos razones. Por un lado, querían glorificarse entre los cristianos como abnegados y buenos, ya que toda su posesión la dieron a los pobres, y por otro, clandestinamente querían vivir para su propio placer teniendo suficiente plata. Con el fin de cortar de raíz este espíritu nada cristiano, el Apóstol Pedro explicó que la propiedad pertenecía a Ananías y Safira, encontrándose completamente bajo su poder, pero el acto cometido fue un gran pecado. Pedro dijo: "Ananías, ¿por qué permitiste a Satanás introducir en tu corazón el pensamiento de mentir al Espíritu Santo? No mentiste a los hombres, sino a Dios." Al instante, Ananías y luego Safira cayeron muertos.

Los Apóstoles realizaban muchos milagros, y aun la sombra del Apóstol Pedro sanaba a los enfermos. La abundancia de los dones del Espíritu Santo regocijaba a los creyentes y convertía al cristianismo a numerosos incrédulos. Sin embargo, los envidiosos jefes judíos odiaban a los Apóstoles.

Los diáconos

En medio de los cristianos se encontraban los judíos de Palestina y los llegados de otros países, llamados "helenistas." Éstos últimos murmuraban quejándose que sus viudas recibían menos subsidios durante la distribución.

Por consiguiente, los Apóstoles sugirieron que los creyentes eligiesen siete varones piadosos, sobre quienes los Apóstoles impusieron orando las manos, lo que produjo el descenso del Espíritu Santo. De esta manera apareció la sagrada dignidad de los "diáconos" (la palabra diácono significa "servidor").

Aparte de la distribución de los subsidios, los diáconos ayudaban a los apóstoles en sus sermones y ejecución de los sacramentos.

PDF con el Decenario al Espíritu Santo

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El Papa sobre el Espiritu Santo

Por: FRANK MORERA

A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

1. La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad - Dios ofrece siempre novedad -, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad; los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada.

2. Una segunda idea: el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en la Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo “ipse harmonia est”. Él es precisamente la armonía. Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia. Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son muy peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá (proagon) de la doctrina y de la Comunidad eclesial – dice el Apóstol Juan en la segunda lectura - y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2Jn 1,9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?

3. El último punto. Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión. Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16). Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión. Recordemos hoy estas tres palabras: novedad, armonía, misión.

CRITICANDO AL PRÓJIMO, UNA PÉSIMA MANERA DE CONVIVIR

Autor: Padre Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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El Rumor, es un ruido confuso de voces que corre entre las gente propagando por lo general una noticia o comentario con los que se pretende murmurar de alguien o enemistar a unas personas con otras. Esta forma de hablar de los demás, siempre lleva consigo un juzgamiento, en otras palabras una critica al prójimo. La buena critica, se hace de frente, es una arte y una técnica de juzgar algo o de formar opiniones justificadas por algún criterio. Sin embargo la sucia critica, esa que no es para mejorar, se hace de espalda y acompañada del chisme y utiliza la murmuración para expandirse.

Muchas veces llevamos un gran peso por el pecado de la murmuración, el chime o el rumor que quiere confundir. Lo penoso, es que estas cosas no las consideramos como pecados, pero lo son, por eso se agregan y se cargan en nuestras conciencias como un gran peso extra, de tal forma, que no nos permite levantar la cabeza. Entonces no vemos estas como faltas, porque no podemos con la cabeza inclinada mirar de frente y así poder ver desde donde viene la “Luz” que nos hace ver la verdad de nuestros errores.

Lo peor es, que parece existir una cierta indiferencia a estos tipos de pecados y no le otorgamos mayor importancia. El “chisme”, la murmuración mal intencionada, el rumor dañino, el placer del comentario por los defectos de los otros, de nuestros hermanos en la fe, de nuestros compañeros de trabajo, amigos, vecinos, o cualquiera que se nos ocurra, es una falta grave, porque es una disimulada acusación falsa contra una persona que se hace con el fin de perjudicarla.

Recuerdo como en mis años de niñez, esta situación entre nosotros los católicos, era una necesaria cuestión de confesión y penitencia. Pero hoy parece una actitud normal, es ahora una forma de comunicarse y relacionarse, es una manera de convivir. Pareciera que hoy en día, no es posible o no sabemos mantener una conversación sin hablar criticando los defectos del prójimo y aún no conforme, buscando formas para que esta critica llegue al oído de más personas.

El comentario dañino no nos hace caminar por la decencia ni por caminos de caridad, nos hace ir por caminos pavimentados en barro o lodo, y es difícil no salpicarse, ensuciarse o mancharse si pasamos por el.

En verdad, es una falta enorme de finura, es un estilo ordinario de vivir, el estar participando de las murmuraciones, criticando las faltas y defectos, algo que nos debe parecer indigno, especialmente, por la falta de misericordia por los demás.

Lo peor, es lo que vamos creando, un sentimiento de antipatía hacia los demás, odiosidades, peleas y rencores. Lo triste de esta situación, es la pérdida de amigos, la desconfianza entre nosotros mismo y la falta de fe en la nobleza de las personas.

Me falta conocer un superlativo, para nombrar el hecho del regocijo, el entusiasmo y el gozo que les produce a algunos convivir bajo el mismo techo, bajo el mismo templo, estar día a día con sus hermanos, amigos, compañero o vecinos que son fuentes de sus murmuraciones.

Hay algunos que no puedo llamarse de otra manera que hipócritas, incluso, les encanta mostrase como santos, puros, llenos del estado de gracia, pero se deleitan levantando dedos acusadores como si eso los hiciera mejores. Lo increíble, es ver como llevan en sus bolsillos o bolsos, las piedras que pretenden tirar a otros por sentirse libres de pecado.

Es algo “fuerte”, pero ¿como puede ser posible el vivir criticando el quehacer de nuestro prójimo, criticar cada una de sus faltas, plantear y exigir castigos y sanciones y luego a veces proclamar la Palabra de Dios al mismo tiempo?

En verdad es una gran pena, por tanto algo debemos hacer y todos debemos hacer cuanto podamos por evitar continuar en esta forma de vida.

Es cierto que existe la necesidad de exigir nuestra denuncia pública hacia el mal que se comete, y frente a esto hacemos comentarios nacidos de nuestros sentimiento de rechazo a lo indigno, como en contra de la desvergonzada pedofília, la drogadicción, el crimen, pero estas cosas no tienen ninguna relación con los casos a los que me refiero, porque vuelvo a precisar, hablo de la murmuración estéril, que se hace para pasar el tiempo y que produce tanto daño a otros.

Es cierto que existen ocasiones en la cual nos parecen grandes o enormes las faltas de otros en comparación a las nuestras. En ese minuto debemos recordar cuando el Señor nos dice, que en lugar de mirar la paja en el ojo ajeno, veamos la viga que hay en el nuestro.

Nuestro egoísmo nos hace ver las faltas de nuestro prójimo con gran facilidad, aumentamos las de ellos y despreciamos la nuestras. Todo esto hace necesario un examen de conciencia, tal vez así, podríamos darnos cuenta del dolor que nosotros mismos provocamos a quienes están en nuestros comentarios, y por supuesto, darnos cuenta que con esta actitud, le estamos fallando al Señor, porque no nos estamos amando como se nos esta mandado.

Entonces ya es hora de reflexionar un minuto, especialmente si creemos y sabemos lo importante que es siempre el hacer el bien en cada una de nuestras acciones. Es tiempo de empezar por terminar de quejarse e injustificadamente y criticar a otros por la pura satisfacción de hacerlo.

Hoy día, es mas necesario que nunca, el mirarnos a nosotros mismos, pensemos por un minuto, si esta bien la murmuración, la critica y queja de todo por el solo hecho de disfrutar de un comentario o de un chisme. Después de nuestra reflexión, miremos hacia el Señor, nuestro Dios, meditemos un instante para comprender que lo estamos ofendiendo con este estilo de vida. Hagamos luego una promesa de cambio en nuestra actitud, para que Nuestro Señor no sufra más de lo que ya lo hace por consecuencia de nuestra forma de proceder con los demás.

Hagamos también una reparación, agregando nuestras buenas intenciones. Empecemos por no continuar con las murmuraciones, evitemos las críticas innecesarias, y si alguien es pecador, no lo ataquemos, pidamos por su salvación.

Pongamos más amor en nuestra relación con nuestro prójimo, acabando de una vez con esta pésima manera de convivir con la odiosidad de la murmuración y el chisme... La Madre Teresa de Calcuta, nos dejo esta enseñanza: “Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro, precisamos que toda familia viva feliz”.

Nuestra relación con los que nos rodean, con los que participamos en el cada día de nuestra vida y cada relación familiar tienen que ser vividas honestamente. Talvez esto presupone muchos sacrificios y mucho amor. Pero, al mismo tiempo, estos esfuerzos se ven acompañados siempre por un gran sentido de paz y de recompensa mutua.

Tenemos que amarnos entre nosotros, es cuestión de un precepto que esta implícito en nuestra fe. Amar incluso hasta que nos duela; si nos duele es la mejor señal. Nosotros hemos sido creados para amar y ser amados. Amar a nuestro prójimo, no es otra cosa que amor hacia Dios. Pero no existe amor en la murmuración, la crítica injustificada y peor cuando no se tiene fundamento de ella.

Seamos además valientes y apegados a nuestros valores y principios, no condescendamos, no convivamos, no aceptemos, no nos contaminemos, no promovamos, no aplaudamos y no nos manchemos con este proceder, con este estilo de vida.

Por tanto, si vemos equivocarse a nuestro prójimo, pensemos un minuto en nuestras anteriores caídas, en la que nos sucedió hace poco, en la actual.

Pidamos la misericordia de Dios sobre nuestros hermanos que van por un mal camino, pidiendo y rogando que sean perdonados, pero al mismo tiempo ofreciéndole al Señor que vamos a mirar y descubrir nuestros defectos, los reconoceremos y pediremos perdón con arrepentimiento. Del mismo modo le vamos a agradecer al Señor esta oportunidad de hacer el bien, y que de manera desinteresada haremos la corrección fraterna al que haya caído en un error.

Quizás, de manera egoísta, hasta hoy, era satisfactorio ver castigados a los demás y entretenernos con el comentario de sus faltas, de sus errores. Pero reflexionemos un minuto, y pidamos a Dios la misericordia para nuestro corazón, y la del pecador y roguemos para su conversión. Pero nunca seamos indolentes y permisivos con el mal.

Hagamos una meditación sobre nuestros actos, de quién inspira mis palabras, de porque he querido dar mi opinión en todo y si digo la verdad o si he revelado secretos; revisemos si hemos juzgado o chismeado. Revisemos si nos quejamos buscando conmiseración o desahogo indebidamente. No pongamos atención a lo indebido. No acostumbremos a hablar lo que no edifica: chistes con groserías, hirientes a una raza, nacionalidad, etc.

En otras palabras, no dejemos ningún espacio para esa penosa manera de ser de vivir en la murmuración estéril, hagamos un gran espacio para la corrección fraterna. Pero no nos olvidemos cuando sea necesario, la denuncia del mal para evitar confusión en aquellos hermanos que puedan desviarse del camino de rectitud.

Antes de criticar a nuestro prójimo, antes de murmurar y chismear, antes de de deleitarse con nuestra lengua ociosa, reflexionemos si estos son, los mismo modos de ser de los fariseos que con premeditación y alevosía, condenaron al sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

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En una cultura donde se exigen evidencias y demostraciones contundentes de cualquier afirmación, resulta contraproducente creer y afirmar que disfrutaremos de la plenitud de la vida al final de la historia.

Para los cristianos, esa esperanza resulta razonable porque nuestros pilares en la fe, los apóstoles, nos rindieron un testimonio irremplazable.

Ellos contemplaron al viviente, ellos experimentaron la nueva presencia de Jesús resucitado. Ellos estaban persuadidos de que Dios no podía mantenerse indiferente ante el sufrimiento de su Hijo y se dispusieron a buscar los signos de la fidelidad inquebrantable de Dios hacia su siervo Jesús.

La Madre del Señor, como fiel discípula, también alcanzó esa condición de plena bienaventuranza. Nuestro ideal de felicidad no puede quedar a ras de suelo. Las vanidades de este mundo no sacian nuestra sed de Dios.

Texto enviado por mis amigos de GOOGLE+

Visiones Misticas del Nacimiento en Belén

Seis testimonios de visiones de la Palestina de aquellos tiempos.

Fuente: REINA DEL CIELO

Relato de la Beata Ana Catalina Emmerich sobre sus visiones de la visita de los ángeles a los pastores, instantes después del Nacimiento del Niño Jesús: "A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados. "

"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre".

Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".

Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba."

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Hemos recopilado los relatos de seis místicos sobre el Nacimiento en Belén: 

Visiones de María Valtorta, Italia 1944

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Visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich, Alemania, 1820

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Relato narrado al Padre Steffano Gobbi, Italia, 1995

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Visiones y revelaciones a Sor María de Jesús de Ágreda, España, siglo XVII

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Relato narrado a Gladys Quiroga de Motta, Argentina, 1985

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 Visiones de Luisa Piccarreta, Italia, 1900

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En esta Navidad, encontremos al Niño en la Judea de 2000 años atrás, y pongámoslo en el centro de nuestro corazón, por sobre todo lo que nos rodea y distrae.