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CRITICANDO AL PRÓJIMO, UNA PÉSIMA MANERA DE CONVIVIR

Autor: Padre Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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El Rumor, es un ruido confuso de voces que corre entre las gente propagando por lo general una noticia o comentario con los que se pretende murmurar de alguien o enemistar a unas personas con otras. Esta forma de hablar de los demás, siempre lleva consigo un juzgamiento, en otras palabras una critica al prójimo. La buena critica, se hace de frente, es una arte y una técnica de juzgar algo o de formar opiniones justificadas por algún criterio. Sin embargo la sucia critica, esa que no es para mejorar, se hace de espalda y acompañada del chisme y utiliza la murmuración para expandirse.

Muchas veces llevamos un gran peso por el pecado de la murmuración, el chime o el rumor que quiere confundir. Lo penoso, es que estas cosas no las consideramos como pecados, pero lo son, por eso se agregan y se cargan en nuestras conciencias como un gran peso extra, de tal forma, que no nos permite levantar la cabeza. Entonces no vemos estas como faltas, porque no podemos con la cabeza inclinada mirar de frente y así poder ver desde donde viene la “Luz” que nos hace ver la verdad de nuestros errores.

Lo peor es, que parece existir una cierta indiferencia a estos tipos de pecados y no le otorgamos mayor importancia. El “chisme”, la murmuración mal intencionada, el rumor dañino, el placer del comentario por los defectos de los otros, de nuestros hermanos en la fe, de nuestros compañeros de trabajo, amigos, vecinos, o cualquiera que se nos ocurra, es una falta grave, porque es una disimulada acusación falsa contra una persona que se hace con el fin de perjudicarla.

Recuerdo como en mis años de niñez, esta situación entre nosotros los católicos, era una necesaria cuestión de confesión y penitencia. Pero hoy parece una actitud normal, es ahora una forma de comunicarse y relacionarse, es una manera de convivir. Pareciera que hoy en día, no es posible o no sabemos mantener una conversación sin hablar criticando los defectos del prójimo y aún no conforme, buscando formas para que esta critica llegue al oído de más personas.

El comentario dañino no nos hace caminar por la decencia ni por caminos de caridad, nos hace ir por caminos pavimentados en barro o lodo, y es difícil no salpicarse, ensuciarse o mancharse si pasamos por el.

En verdad, es una falta enorme de finura, es un estilo ordinario de vivir, el estar participando de las murmuraciones, criticando las faltas y defectos, algo que nos debe parecer indigno, especialmente, por la falta de misericordia por los demás.

Lo peor, es lo que vamos creando, un sentimiento de antipatía hacia los demás, odiosidades, peleas y rencores. Lo triste de esta situación, es la pérdida de amigos, la desconfianza entre nosotros mismo y la falta de fe en la nobleza de las personas.

Me falta conocer un superlativo, para nombrar el hecho del regocijo, el entusiasmo y el gozo que les produce a algunos convivir bajo el mismo techo, bajo el mismo templo, estar día a día con sus hermanos, amigos, compañero o vecinos que son fuentes de sus murmuraciones.

Hay algunos que no puedo llamarse de otra manera que hipócritas, incluso, les encanta mostrase como santos, puros, llenos del estado de gracia, pero se deleitan levantando dedos acusadores como si eso los hiciera mejores. Lo increíble, es ver como llevan en sus bolsillos o bolsos, las piedras que pretenden tirar a otros por sentirse libres de pecado.

Es algo “fuerte”, pero ¿como puede ser posible el vivir criticando el quehacer de nuestro prójimo, criticar cada una de sus faltas, plantear y exigir castigos y sanciones y luego a veces proclamar la Palabra de Dios al mismo tiempo?

En verdad es una gran pena, por tanto algo debemos hacer y todos debemos hacer cuanto podamos por evitar continuar en esta forma de vida.

Es cierto que existe la necesidad de exigir nuestra denuncia pública hacia el mal que se comete, y frente a esto hacemos comentarios nacidos de nuestros sentimiento de rechazo a lo indigno, como en contra de la desvergonzada pedofília, la drogadicción, el crimen, pero estas cosas no tienen ninguna relación con los casos a los que me refiero, porque vuelvo a precisar, hablo de la murmuración estéril, que se hace para pasar el tiempo y que produce tanto daño a otros.

Es cierto que existen ocasiones en la cual nos parecen grandes o enormes las faltas de otros en comparación a las nuestras. En ese minuto debemos recordar cuando el Señor nos dice, que en lugar de mirar la paja en el ojo ajeno, veamos la viga que hay en el nuestro.

Nuestro egoísmo nos hace ver las faltas de nuestro prójimo con gran facilidad, aumentamos las de ellos y despreciamos la nuestras. Todo esto hace necesario un examen de conciencia, tal vez así, podríamos darnos cuenta del dolor que nosotros mismos provocamos a quienes están en nuestros comentarios, y por supuesto, darnos cuenta que con esta actitud, le estamos fallando al Señor, porque no nos estamos amando como se nos esta mandado.

Entonces ya es hora de reflexionar un minuto, especialmente si creemos y sabemos lo importante que es siempre el hacer el bien en cada una de nuestras acciones. Es tiempo de empezar por terminar de quejarse e injustificadamente y criticar a otros por la pura satisfacción de hacerlo.

Hoy día, es mas necesario que nunca, el mirarnos a nosotros mismos, pensemos por un minuto, si esta bien la murmuración, la critica y queja de todo por el solo hecho de disfrutar de un comentario o de un chisme. Después de nuestra reflexión, miremos hacia el Señor, nuestro Dios, meditemos un instante para comprender que lo estamos ofendiendo con este estilo de vida. Hagamos luego una promesa de cambio en nuestra actitud, para que Nuestro Señor no sufra más de lo que ya lo hace por consecuencia de nuestra forma de proceder con los demás.

Hagamos también una reparación, agregando nuestras buenas intenciones. Empecemos por no continuar con las murmuraciones, evitemos las críticas innecesarias, y si alguien es pecador, no lo ataquemos, pidamos por su salvación.

Pongamos más amor en nuestra relación con nuestro prójimo, acabando de una vez con esta pésima manera de convivir con la odiosidad de la murmuración y el chisme... La Madre Teresa de Calcuta, nos dejo esta enseñanza: “Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro, precisamos que toda familia viva feliz”.

Nuestra relación con los que nos rodean, con los que participamos en el cada día de nuestra vida y cada relación familiar tienen que ser vividas honestamente. Talvez esto presupone muchos sacrificios y mucho amor. Pero, al mismo tiempo, estos esfuerzos se ven acompañados siempre por un gran sentido de paz y de recompensa mutua.

Tenemos que amarnos entre nosotros, es cuestión de un precepto que esta implícito en nuestra fe. Amar incluso hasta que nos duela; si nos duele es la mejor señal. Nosotros hemos sido creados para amar y ser amados. Amar a nuestro prójimo, no es otra cosa que amor hacia Dios. Pero no existe amor en la murmuración, la crítica injustificada y peor cuando no se tiene fundamento de ella.

Seamos además valientes y apegados a nuestros valores y principios, no condescendamos, no convivamos, no aceptemos, no nos contaminemos, no promovamos, no aplaudamos y no nos manchemos con este proceder, con este estilo de vida.

Por tanto, si vemos equivocarse a nuestro prójimo, pensemos un minuto en nuestras anteriores caídas, en la que nos sucedió hace poco, en la actual.

Pidamos la misericordia de Dios sobre nuestros hermanos que van por un mal camino, pidiendo y rogando que sean perdonados, pero al mismo tiempo ofreciéndole al Señor que vamos a mirar y descubrir nuestros defectos, los reconoceremos y pediremos perdón con arrepentimiento. Del mismo modo le vamos a agradecer al Señor esta oportunidad de hacer el bien, y que de manera desinteresada haremos la corrección fraterna al que haya caído en un error.

Quizás, de manera egoísta, hasta hoy, era satisfactorio ver castigados a los demás y entretenernos con el comentario de sus faltas, de sus errores. Pero reflexionemos un minuto, y pidamos a Dios la misericordia para nuestro corazón, y la del pecador y roguemos para su conversión. Pero nunca seamos indolentes y permisivos con el mal.

Hagamos una meditación sobre nuestros actos, de quién inspira mis palabras, de porque he querido dar mi opinión en todo y si digo la verdad o si he revelado secretos; revisemos si hemos juzgado o chismeado. Revisemos si nos quejamos buscando conmiseración o desahogo indebidamente. No pongamos atención a lo indebido. No acostumbremos a hablar lo que no edifica: chistes con groserías, hirientes a una raza, nacionalidad, etc.

En otras palabras, no dejemos ningún espacio para esa penosa manera de ser de vivir en la murmuración estéril, hagamos un gran espacio para la corrección fraterna. Pero no nos olvidemos cuando sea necesario, la denuncia del mal para evitar confusión en aquellos hermanos que puedan desviarse del camino de rectitud.

Antes de criticar a nuestro prójimo, antes de murmurar y chismear, antes de de deleitarse con nuestra lengua ociosa, reflexionemos si estos son, los mismo modos de ser de los fariseos que con premeditación y alevosía, condenaron al sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

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En una cultura donde se exigen evidencias y demostraciones contundentes de cualquier afirmación, resulta contraproducente creer y afirmar que disfrutaremos de la plenitud de la vida al final de la historia.

Para los cristianos, esa esperanza resulta razonable porque nuestros pilares en la fe, los apóstoles, nos rindieron un testimonio irremplazable.

Ellos contemplaron al viviente, ellos experimentaron la nueva presencia de Jesús resucitado. Ellos estaban persuadidos de que Dios no podía mantenerse indiferente ante el sufrimiento de su Hijo y se dispusieron a buscar los signos de la fidelidad inquebrantable de Dios hacia su siervo Jesús.

La Madre del Señor, como fiel discípula, también alcanzó esa condición de plena bienaventuranza. Nuestro ideal de felicidad no puede quedar a ras de suelo. Las vanidades de este mundo no sacian nuestra sed de Dios.

Texto enviado por mis amigos de GOOGLE+

Visiones Misticas del Nacimiento en Belén

Seis testimonios de visiones de la Palestina de aquellos tiempos.

Fuente: REINA DEL CIELO

Relato de la Beata Ana Catalina Emmerich sobre sus visiones de la visita de los ángeles a los pastores, instantes después del Nacimiento del Niño Jesús: "A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados. "

"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre".

Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".

Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba."

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Hemos recopilado los relatos de seis místicos sobre el Nacimiento en Belén: 

Visiones de María Valtorta, Italia 1944

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Visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich, Alemania, 1820

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Relato narrado al Padre Steffano Gobbi, Italia, 1995

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Visiones y revelaciones a Sor María de Jesús de Ágreda, España, siglo XVII

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Relato narrado a Gladys Quiroga de Motta, Argentina, 1985

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 Visiones de Luisa Piccarreta, Italia, 1900

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En esta Navidad, encontremos al Niño en la Judea de 2000 años atrás, y pongámoslo en el centro de nuestro corazón, por sobre todo lo que nos rodea y distrae.

 

 

Entusiasmo por la catequesis

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Autor: JAVIER GÓMEZ CUESTA - PÁRROCO DE SAN PEDRO

Recuerdo cuando una tarde de comienzos de los años ochenta se presentaron Gonzalo Espina, hoy moderador general del movimiento Adsis, y Luis Álvarez, con el propósito de manifestar su deseo de estudiar catequesis a distancia en el Instituto San Pío X de Madrid, sin dejar sus ocupaciones parroquiales. Los dos habían demostrado sobradamente sus cualidades para esta actividad pastoral, que sigue siendo fundamental y de gran trascendencia, Gonzalo, para los jóvenes y la preparación para el sacramento de la confirmación, y Luis, para la infancia y primera comunión y post comunión. Se habla entonces del proceso catequético, que no debiera interrumpirse nunca, continuando incluso en la edad adulta.

Estábamos en tiempos de renovación conciliar y, convencidos de que había que cambiar los métodos catequéticos y superar los catecismos de los padres jesuitas Astete y Ripalda, se experimentaban nuevos textos y nuevas pedagogías que se ensayaban en diferentes puntos de la geografía española y que divulgaban policopiados en formas muy artesanales. Luis, que fue siempre una persona emprendedora e imaginativa y con capacidad organizativa y empresarial, en seguida montó sus máquinas de reproducción y edición de folletos con lecciones actualizadas de catequesis. Allí donde él estuvo, había unos buenos equipos, primero de aquel sistema de ciclostilo que requería habilidad y conocimiento para el manejo de aquellas máquinas Gestetner y, luego, las de fotocopia, de mayor facilidad y más fácil funcionamiento. Empresarios de la rama le recuerdan como un cura muy entendido en estos sistemas de reproducción y edición. Fueron muchos los que acudieron a él, primero en el taller que montó en Luarca y después en Ciaño. Allí, además de fascículos del nuevo catecismo, con sus instrucciones y orientaciones, se editaban también hojas parroquiales tan singulares y de diversos estilos que se publicaban en las parroquias. Conviene recordar para la historia que, en aquella cuasi imprenta de Luis en los locales de Ciaño, se editó, de manera clandestina, esquivando la censura, un buen número de hojas, pasquines y documentos, de grupos y movimientos eclesiales, sindicatos y otras agrupaciones en los años duros y difíciles de la transformación social de las cuencas mineras. En aquel rincón de Langreo estaban los instrumentos que Luis manejaba con verdadera maestría, para dar cohesión y poner en práctica las acciones que había que llevar a cabo en los diferentes puntos estratégicos. Son momentos de una época que es bueno recordar y contar, porque la Iglesia de Asturias jugó un papel importante en defensa de los derechos humanos y el cambio industrial de Asturias, que, hasta ahora, todos reconocieron. Fue una etapa de acercamiento y aceptación respetuosa de la Iglesia y las instituciones sociales más reivindicativas, tiempos atrás, lejanas y adversas entre sí. Relaciones que nunca debieran olvidarse ni perderse.

Pero la vocación y el carisma de Luis fue, sin duda, la catequesis. No solamente supo renovar métodos, sino entusiasmar a las personas y despertar en muchos el ánimo y la disponibilidad a ser catequistas y darle relieve e importancia a esta misión parroquial. A la formación de estos catequistas se dedicó principalmente con las semanas de catequesis anuales, creando escuelas de formación permanente y haciendo acopio y presentación de lo mejor que se iba publicando en las diferentes diócesis de España, trayendo a dar conferencias a los mejores expertos. Sus creaciones tuvieron una buena acogida y prestó con ellas un gran servicio a las parroquias asturianas.

La habilidad y el convencimiento de que las nuevas tecnologías son necesarias para la evangelización y la misión de la Iglesia no los perdió nunca. Fue pionero en la utilización de los avances meteóricos de la ciencia de la comunicación para integrarla en la formación religiosa.

Tenía especiales dotes para la organización, lo que motivó que se le designara como responsable de la logística del viaje del Papa Juan Pablo II en agosto de 1989. Eran muchas cosas y complejas a contratar, coordinar y poner en funcionamiento. A Luis le sobraba pericia y visión y, sobre todo, tuvo la imaginación para darle al acto inolvidable, de acogida y celebración, el toque propio de asturianía. ¿Recordáis las monteras piconas?

Como sucede tantas veces, no era de esperar una muerte tan pronta, aunque Jesús en el Evangelio nos alerte de que puede venir como un ladrón. La medicina progresa y obtiene curaciones admirables. Sin embargo, seguimos siendo frágiles y da la impresión de que las muertes de personas relativamente jóvenes y de edad temprana son cada vez más frecuentes. Es la hora de la pregunta por el sentido de la vida que el hombre de hoy, como no la puede responder a su gusto, porque no es dueño de la vida ni de su propia vida, aunque se engañe soñándolo, no se quiere enfrentar con ella. Zigzaguea entre diversos interrogantes y miedos sin pararse seriamente en ninguno de ellos.

La catequesis es despertar en los niños el deseo de ser amigos de Jesús. Para ello, hay que serlo de verdad. Jesús es el amigo que ha roto los diques de la muerte para que la vida sea vida plena y no un epifenómeno pasajero. La de todos pide más, más tiempo, más felicidad. Lo que Luis se afanó por enseñar ahora le toca, porque así lo creyó, disfrutar.

 

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Recuperación de la Fiesta Cristiana de la Víspera de Todos los Santos

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LOS DISFRACES DE SANTOS SON UNA ALTERNATIVA PARA LOS PADRES

Víspera de Todos los Santos

El 1 de Noviembre se celebra la Solemnidad de Todos los Santos. Esta fiesta, como todas las solemnidades, comienza la noche anterior. Por eso, a la noche del 31 de octubre se le llama, en el inglés antiguo, "Allhallow'seve" (víspera de todos los santos). Más tarde "Allhallow´seve" se abrevió a "Halloween". Pero, como las celebraciones de un pueblo reflejan su cultura y su fe, Halloween dejó de ser una fiesta cristiana para convertirse en una fantasía de bruja y fantasmas.

La fiesta de Todos los Fieles Difuntos fue instituida por San Odilón, monje benedictino y quinto Abad de Cluny en Francia el 31 de octubre del año 998. Al cumplirse el milenario de esta festividad, el Beato Juan Pablo II recordó que "San Odilón deseó exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal".

"Al rezar por los muertos -dice el Beato-, la Iglesia contempla sobre todo el misterio de la Resurrección de Cristo que por su Cruz nos obtiene la salvación y la vida eterna. La Iglesia espera en la salvación eterna de todos sus hijos y de todos los hombres".
Tras subrayar la importancia de las oraciones por los difuntos, el Pontífice afirmó que las "oraciones de intercesión y de súplica que la Iglesia no cesa de dirigir a Dios tienen un gran valor.

El Señor siempre se conmueve por las súplicas de sus hijos, porque es Dios de vivos. La Iglesia cree que las almas del purgatorio "son ayudadas por la intercesión de los fieles, y sobre todo, por el sacrificio propiciatorio del altar", así como "por la caridad y otras obras de piedad".

En razón a ello, el Beato Juan Pablo II pidió a los católicos "a rezar con fervor por los difuntos, por sus familias y por todos nuestros hermanos y hermanas que han fallecido, para que reciban la remisión de las penas debidas a sus pecados y escuchen la llamada del Señor".

Los padres también deben cuidar que halloween no remplace la Solemnidad de Todos los Santos, fiesta que nos recuerda que son muchos los santos en el cielo, no solo los canonizados. Recordamos la comunión de los santos, que todos somos llamados por Dios a ser santos y un día llegar al cielo.

Halloween

Halloween (derivado de AllHallows' Even: Víspera de Todos los Santos), también conocido como Noche de Brujas o Noche de Difuntos, es una fiesta de origen celta que se celebra principalmente en los Estados Unidos, Canadá, Irlanda, el Reino Unido y en países no Latinoamericanos en la noche del 31 de octubre.

Halloween tiene su origen en una festividad celta conocida como Samhain, que deriva de irlandés antiguo y significa fin del verano. En el Samhain se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año nuevo celta», que comenzaba con la estación oscura.

Otra práctica común era la adivinación, que a menudo implicaba el consumo de alimentos y bebidas.

Se dice que la noche de Halloween, la puerta que separaba el mundo de los vivos del más allá se abría y los espíritus de los difuntos hacían una procesión en los pueblos en los que vivían.

En esa noche los espíritus visitaban las casas de sus familiares, y para que los espíritus no les perturbasen los aldeanos debían poner una vela en la ventana de su casa por cada difunto que hubiese en la familia. Si había una vela en recuerdo de cada difunto los espíritus no molestaban a sus familiares, si no era así los espíritus les perturbaban por la noche y les hacían caer entre terribles
pesadillas.

Testimonio de una conversa del Satanismo

Tras convertirse al catolicismo luego de practicar durante varios años el satanismo y el esoterismo, Cristina Kneer de Vidal, residente de Hermosillo, México, explicó que la fiesta de Halloween es la más importante para los cultos demoníacos pues además de iniciarse el nuevo año satánico, "es como si se celebrara el cumpleaños del diablo".

La ex astróloga afirmó que la noche de Halloween no debe celebrarse por ningún católico pues, entre otras cosas, es la fecha en la que los grupos satánicos sacrifican a jóvenes y niños. "No quiero asustar a nadie, todo el mundo es libre de creer lo que quiera, pero mis palabras deben ser tomadas en cuenta, por lo menos pido que me escuchen, razonen y decidan", afirmó.

"Miles de personas han adoptado sin saberlo una costumbre satánica y con ello están propiciando el crecimiento del satanismo en México y en las grandes urbes", agregó Kneer y explicó que "son temas poco conocidos, practiqué la meditación y aunque ahora me arrepiento, llegué a abominar a Dios".

Ritos satánicos

"Se eligen preferentemente niños porque son los que aún no han pecado y son los preferidos de Dios", afirmó.

Hay ocho principales fiestas satánicas: la más alta es la fiesta de Samhain o Halloween del 31 de octubre, en que se celebra el año nuevo satánico (para los católicos es la víspera de Todos los Santos). Luego sigue la fiesta del 21 de diciembre o la fiesta de Yule (cercana al día de la Navidad); el 22 de febrero se celebra la fiesta de Candlemas o festival de Luces. La siguiente fiesta en el
calendario es el equinoccio de primavera, generalmente se hace el mismo día de la Pascua burlándose de la muerte de Jesús en la Cruz y la fiesta se distingue por un sacrificio similar.

Alternativas al Halloween

Los cristianos debemos no solo desenmascarar el mal sino ser además luz en las tinieblas. Debemos trabajar por el retorno a la verdadera celebración de la Fiesta de Todos los Santos que comienza en la noche del 31 de octubre.

Recuperemos la celebración de la Víspera del Día de todos los Santos. Se pueden hacer muchas celebraciones en torno a esta fiesta. Los niños se pueden disfrazar de un santo y aprender su vida, especialmente sus virtudes, con el fin de imitarlas. Además al tocar la puerta de una casa, en lugar de sólo recibir golosinas pueden entregarle a la familia una estampa del Santo escogido y así también participar en la nueva evangelización de la que nos habla Benedicto XVI en el marco del Año de la Fe. Los mayores pueden leer sobre los santos, tener una fiesta en honor a un santo favorito de la comunidad o de la familia.

Es también recomendable visitar al Santísimo y hacer oración en reparación de las actividades paganas de la noche y los ritos satánicos. Es común que el día 31 de octubre se den profanaciones al Santísimo y se roben hostias consagradas en las eucaristías para los ritos satánicos.

Actividades

1. Organizar una catequesis con los niños en los días previos al Halloween para enseñarles por qué los católicos celebramos la Fiesta de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, haciéndoles ver la importancia de recordar a nuestros Santos, como testimonios de fe, verdaderos seguidores de Cristo.

En las catequesis y actividades previas a estas fechas, es buena idea que los niños inviten a sus amigos, para que se atenúe el impacto de rechazo social y sus compañeros entiendan por qué no participan de la misma forma que todo el mundo.

Promover que se disfracen de Santos, Ángeles, Cruzados, entregando en las casas estampas y oraciones al personaje escogido o su historia y significado, para evangelizar a las familias que se visite.

2. En la Parroquia se puede organizar la Adoración Eucarística en reparación por los abusos y ritos satánicos, y especialmente para celebrar la Víspera de la Fiesta de Todos los Santos.

3. Se puede organizar una tarde de cine exponiendo la película sobre algún Santo escogido para aprender sobre su vida y virtudes.

Comisión Episcopal de Familia y Vida

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Video con testimonios sobre el HALLOWEEN - FIESTA SATANICA

 

 

LA REFORMA TERESIANA CUMPLE 450 AÑOS

 

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Padre Alberto Royo Mejia

TEMAS DE HISTORIA DE LA IGLESIA - LA REFORMA TERESIANA CUMPLE 450 AÑOS

Tres años después de su ingreso en el monasterio de la Encarnación, que fue el 2 de noviembre de 1535, la joven monja Teresa de Cepeda y Ahumada cayó gravemente enferma: “Diome aquella noche un mal que me duró estar sin ningún sentido cuatro días, poco menos. En esto me dieron el Sacramento de la Unción y cada hora o momento pensaban expiraba y no hacían sino decirme el Credo, como si alguna cosa entendiera. Teníanme a veces por tan muerta, que hasta la cera me hallé después en los ojos”.

Entre tanto vivía en un estado de tibieza, de enfriamiento en la oración, de mucho trato con seglares en los locutorios y poco recogimiento, aunque ella misma confiesa que nunca llegó a cometer pecado grave: “Estando en muchas vanidades, aunque no de manera que, a cuanto entendía, estuviese en pecado mortal en todo este tiempo más perdida que digo”. Así pasó Teresa su vida en la Encarnación por unos 20 años, luchando entre el amor de Dios y los atractivos del mundo: “Pasé este mar tempestuoso casi veinte años, con estas caídas y con levantarme y mal pues tornaba a caer y en vida tan baja de perfección, que ningún caso hacía de pecados veniales, y los mortales, aunque los temía, no como había de ser, pues no me apartaba de los peligros”.

Pero el corazón de Teresa no tenía paz, poco a poco se iba haciendo más fuerte el deseo de mayor perfección y entonces sufría en ver la relajación de la vida monástica en la Encarnación. En este tiempo, la santa, que contaba casi 40 años, interpretó varios acontecimientos como llamadas personales de Dios. En cierta ocasión, cuando estaba atendiendo a una visita en el locutorio, sintió que el Señor la miraba enojado: “Representóseme Cristo delante con mucho rigor, dándome a entender lo que aquello le pesaba… Yo quedé espantada y turbada, y no quería ver más a la persona con la que estaba”. Otra vez le hizo reflexionar la presencia de un sapo de gran tamaño en el locutorio y en algunos sermones le parecía que el Señor la llamaba a grandes voces.

Más definitiva para Teresa fue la experiencia que acaeció cierto día cuando, al entrar en su oratorio y ver allí la imagen de Cristo, se siente dolorida por lo mal que ha pagado tanto amor y, entre lágrimas, le suplica fortaleza para no ofenderle más: “Era de un Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrójeme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle”. Este suceso le afectaría hondamente y le llevaría a tomar un nuevo rumbo, encaminándose hacia la santidad. A partir de entonces comienza no sólo a ver sino a escuchar al Señor, que le dirá: “Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles”.

Estamos en 1554, Teresa tiene 39 años y ante ella se abre una nueva etapa de su vida. En este proceso de conversión, le influirán notablemente las Confesiones de San Agustín, que llegaron a sus manos: “Cuando llegué a su conversión y leí cómo oyó aquella voz en el huerto, no me parece sino el Señor me la dio a mí, según si
Ó mi corazón; estuve por gran rato que toda me deshacía en lágrimas, y entre mí mesma con gran aflicción y fatiga…(…) Comenzóme a crecer la afición de estar más tiempo con Él y a quitarme de los ojos las ocasiones, porque, quitadas, luego me volvía a amar a Su Majestad”

Otras experiencias místicas que dejaron huella profunda en el alma de Teresa por esta época serán el fenómeno de la trasverberación, ocurrida en una capilla de la Encarnación que hoy está abierta al culto diario, otro fenómeno referente al matrimonio espiritual, que experimentó durante la comunión, y la visión del infierno, ante la cual perdió todo temor a los sufrimientos y a las contrariedades de la vida: “Después acá, como digo, todo me parece fácil, en comparación de un momento que se ha de sufrir lo que yo en él allí padecí.”

Pero en España no corrían buenos tiempos para los que experimentaban estos fenómenos místicos. El Cardenal Cisneros, regente a la muerte de los reyes Católicos, había iniciado un amplio movimiento renovador en toda España, fundando universidades, reformando conventos, favoreciendo el estudio de los idiomas bíblicos y de la Teología, multiplicando la publicación de libros en latín y en castellano, generalizando la predicación en las Iglesias y la práctica de la oración mental. Carlos I y su corte de flamencos no simpatizaron con Cisneros, ni con sus consejos, ni con sus maneras de hacer. La Reforma Protestante y las guerras de religión dividieron Europa y todo lo que sonara a interioridad era investigado por los tribunales de la Inquisición.

El nuevo Inquisidor general, Francisco Valdés y su terrible consejero, el Teólogo escolástico Melchor Cano, llenaron las cárceles con los discípulos de Cisneros, con los erasmistas, con los alumbrados… Incluso fueron condenados el ex-secretario de Cisneros, el Obispo de Verisa, Juan de Cazalla y hasta el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Bartolomé de Carranza. Muy poco después, en 1559, Felipe II obliga a regresar a todos los españoles que estudian o enseñan en el extranjero, se prohíbe introducir en España libros publicados fuera de sus fronteras y traducir al español libros escritos en otros idiomas, incluso harán quemar las obras de Tomás de Villanueva, Francisco de Borja, Juan de Ávila, Fray Luis de Granada, y todos los libros que Teresa había devorado con ansias de aprender y había recomendado a tantas otras personas.

El miedo a errar en las experiencias místicas y en la oración de contemplación hace sufrir mucho a nuestra santa, que en un primer momento no encuentra buenos consejeros espirituales. Serán dos Jesuitas, el P. Diego de Cetina y después el P. Francisco de Borja, los que devolverán la paz a su alma, como ella misma cuenta refiriéndose a su coloquio con el que después llegará a ser prepósito de la Compañía: “Díjome que era espíritu de Dios, y que le parecía no era bien resisitirle más… que siempre comenzase la oración con un paso de la Pasión, y que si después el Señor me llevase, no le resistiese”. Fue el inicio de una profunda amistad que se fraguó en otros encuentros y en numerosas cartas. De gran ayuda fue también, ya en 1560, Fray Pedro de Alcántara, que conoció cuando a hacer compañía a Doña Guiomar de Ulloa. El santo franciscano se convertirá también en uno de los grandes consejeros de Teresa.

En la celda de Teresa en el monasterio de la Encarnación, que actualmente se muestra a los visitantes, una tarde de 1560 se encontraban reunidas dos sobrinas suyas y varias religiosas que la visitaban. En el ambiente poco estricto del monasterio, las visitas a las celdas, también de seglares, eran habituales. Aquella tarde comentaban las religiosas una carta de Felipe II que había hecho llegar a los conventos en la que exponía el gran daño que habían causado en Europa los luteranos, y les pedía oraciones por la unidad de la Iglesia. La conversación derivó a la situación de los religiosos en España, a la reforma que Fray Pedro había operado en las Descalzas Reales y en lo hermoso que sería tener conventos de Carmelitas con mayor observancia. La sobrina de madre Teresa, futura priora del Carmelo reformado de Valladolid, María Bautista, animó a su tía a fundar un convento reformado de Carmelitas. Allí estaba también Doña Guiomar, que prometió muy decidida su ayuda.

De este modo sencillo, en una conversación ni del todo seria ni del todo en broma, surgió lo que dos años después habría de ser la reforma del Carmelo. Teresa se resistía ante la magnitud de la empresa y sus consecuencias, a pesar de contar con el apoyo de Doña Guiomar y otras, hasta que un día el mismo Señor manifestó su voluntad a la Santa: “Habiendo un día comulgado, mandóme mucho su Majestad lo procurase con todas mis fuerzas, haciéndome grandes promesas de que no se dejara de hacer el monasterio, y que se serviría mucho en él, y que se llamase San José, y que a la una puerta nos guardaría él y nuestra Señora la otra, y que Cristo andaría con nosotras, y que sería una estrella que diese de sí gran resplandor…”

Y se puso manos a la obra, no sin antes consultar a sacerdotes de la talla del P. Luis Bertrán, Fray Pedro de Alcántara, Francisco de Borja, Francisco de Salcedo, Gaspar Daza, etc. Se pusieron a buscar casa y pidieron al Papa licencia para poder hacer el convento bajo la jurisdicción de la Orden del Carmen, dado que el superior Provincial no lo permitía sin el permiso de Roma. Cuando se conoció la noticia en el monasterio de la Encarnación y en la ciudad, se montó gran revuelo, la mayoría se puso en contra y el mismo Provincial retiró su apoyo, “dijo que la renta no era segura y que era poca, y que era mucha la contradicción”. Como la acusaban de alumbrada y endemoniada, pide su parecer al teólogo más renombrado en ese momento en Ávila: el dominico P. Pedro Ibáñez, para el que escribe un memorial con la situación de su espíritu, la primera «Cuenta de Conciencia» que conservamos. A pesar de la oposición de la ciudad y las presiones que recibe, el parecer del Dominico será positivo y lo acompañó con un dictamen laudatorio, escrito en 33 puntos. Se decide a pedir un segundo Breve Papal; esta vez poniendo el monasterio bajo la obediencia del obispo. Aunque las contradicciones crecieron, hizo venir de Alba a su hermana Juana y a su esposo para que se encarguen de las obras de adaptación de una casita fuera de las murallas. Las obras se alargan porque unos muros ceden y los dineros faltan, pero la llegada de algunas monedas de oro enviadas desde América por su hermano Lorenzo en 1561 supone una gran ayuda.

El 12 de agosto de 1561, fiesta de Santa Clara de Asís, en la Misa, a la hora de comulgar, la Santa se le aparece a Teresa y la consuela: “Se me apareció con mucha hermosura. Me dijo que me esforzase y fuese adelante en lo comenzado, que ella me ayudaría”. Días después, en la fiesta de la Asunción, estando visitando el convento de Santo Tomás, de los Dominicos, se le aparecen la Virgen y San José, que también la consolaron y animaron para seguir adelante en la fundación. Con estas promesas del cielo, ¿cómo no continuar con las obras?

Fue providencial que en la Navidad de 1561 el Provincial mandase a Teresa en casa de Doña Luis de la Cerda, en Toledo, a pasar una temporada haciéndola compañía. Allí conoció a María Salazar, que con el tiempo sería una de sus grandes colaboradoras, priora de Sevilla y fundadora en Portugal. Este periodo toledano le sirvió a Teresa para alejarse de las polémicas que dividían Avila acerca de la fundación, y prepararse tranquilamente para el futuro con la ayuda de Fray Pedro de Alcántara. Cuando, tras seis meses alejada de Avila, vuelve al fin en de 1562, la misma noche de su regreso recibe la sorpresa de la llegada del Breve de Roma, dado el 7 de febrero de 1562 a nombre del Papa Pío IV, dando la jurisdicción al obispo de Ávila sobre la nueva fundación y permiso a Doña Guiomar de Ulloa y Doña Aldonza de Guzmán, que lo habían solicitado, de fundar y edificar un monasterio de monjas de la orden y regla de Santa María del Monte Carmelo.

No acabaron aquí todavía los problemas, pues el sr. Obispo de Ávila, don Álvaro de Mendoza, que después sería Obispo de Palencia en un primer momento se negó a dar su permiso, pues la jurisdicción recaía sobre él. Tuvo que visitarle el maltrecho Fray Pedro de Alcántara, todavía recuperándose de una enfermedad, para convencerle de dar el permiso. Durante el verano de 1562 se fueron concluyeron las obras y se buscaron las religiosas que quisieran acompañar a la madre Teresa en la nueva fundación, ayudándolas con dinero para la dote algunas personalidades que había conseguido reunir Doña Guiomar. Así, la mañana del día de san Bartolomé de dicho año, la pequeña campana que todavía hoy se conserva anunció el comienzo de una nueva comunidad religiosa en la ciudad de Ávila, si bien dicha campana estaba anunciando algo más: El comienzo de la Reforma Teresiana, que tanto bien habría de hacer a la Iglesia Católica.

Fuente: Historia de la Iglesia.

Enviado por: JUAN CARLOS DADAH - TRONO DE DIOS

 

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EL MUNDO SOBRENATURAL

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Fuente: BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Autor: Oscar Schmidt

Hace un tiempo leía un libro de Chesterton sobre la vida de San Francisco de Asís. Allí el autor trataba de manifestar la dificultad, o casi la imposibilidad, de narrar la vida de un santo de modo justo y completo.

Chesterton decía que “para escribir la vida de un santo se necesita otro santo”. La sinceridad de este hombre me pareció fresca y auténtica. Un sentimiento en lo más hondo de su corazón le indicaba que las cosas que ocurren en el alma de un santo son muy difíciles de comprender desde los ojos de una persona mas o menos normal.

Los santos viven una vida opuesta a la que el mundo nos propone. Ellos buscan dominar su cuerpo, el amigo asno (como decía Francisco de Asís), porque saben que el alma es algo mucho más sublime y delicado que nuestra carne. Tenemos un alma que busca a su Dios, pero se encuentra envuelta en un cuerpo que la trata de doblegar con sus llamados y necesidades. Disciplinas, ayunos, ofrendas, insistentes apelaciones a la humildad de aspecto y palabra, sencillez y pobreza, son formas a las que los santos apelan para doblegar el llamado carnal que invita a vanidades y orgullos vanos.

¿Acaso son estas actitudes comprendidas por el hombre de mundo? ¿Son vistas como manifestaciones de una persona sana, o quizás como las de un ser conflictuado? ¡Que diría al respecto un psicólogo no abierto a las cuestiones del espíritu! No, el hombre no comprende. Por eso Chesterton decía que sólo un santo puede comprender lo que le ocurre a otro santo, y describirlo con justicia y precisión.

Pero más allá de esta dificultad básica, hay algo que me sigue sorprendiendo en los libros sobre la vida de nuestros queridos santos, y es la insistencia de muchos autores a eliminar o reducir a su mínima expresión la vida sobrenatural que ellos viven. Es como si se esforzaran en mostrar la faceta estrictamente humana y mundana, dejando lo sobrenatural de lado o incluso relativizándolo. Frases como “se dicen muchas cosas sobre milagros alrededor de la vida de esta alma, pero no sabemos si eso era verdad o no”. O también “los milagros que se relatan son leyenda y no son importantes para comprender la santidad de esta alma”.

¡Si que son importantes! Jesús, en el testimonio de los Evangelios, realiza una abrumadora cantidad de milagros, los que son expresiones de Su Poder Sobrenatural. Los milagros ocupan un lugar mucho más prominente que cualquier otro elemento presente en las Escrituras. Y si el Señor ha actuado de este modo en Su paso por la tierra, ¿por qué pensar que esta no es la forma correcta de evangelizar? Dios nunca ha dejado a Sus santos solos, siempre los ha engalanado con Gracias de todo tipo. Diálogos interiores que estas almas sostienen con Su Divinidad, y milagros que se derraman ante el mundo como testimonio del Poder de Dios actuando a través de un ser que decide amarlo sin límites.

¿Por qué se oculta o reniega de la vida sobrenatural de los santos? Quizás por vergüenza, o por vanidad intelectual. Es como que ser parte del mundo moderno implica no ser “anticuado” al aceptar abiertamente las verdades espirituales. Mejor ser racionalista, inteligente y materialista, antes que exponerse al ridículo ante una sociedad que se desenvuelve entre computadores, cables y conexiones inalámbricas. ¡Que poco lugar se deja a las cosas de Dios en esta maraña de ideas y dispositivos intrascendentes y pasajeros! Admiro, en cambio, a aquellos autores que con valor y una fe limpia y franca, relatan y aceptan la vida espiritual que adorna y engalana la vida de las almas santas. Almas que por Gracia de Dios podemos disfrutar, almas que viven un balance perfecto entre este mundo y el Cielo tan añorado.

Este es el aspecto que Chesterton sentía era imposible de describir, ese estado permanente que tienen los santos de vivir con un pie en la tierra, y otro en el Reino. Una vida en lo natural, pero conectados a lo sobrenatural. Ellos ven en cada cosa que los rodea, o que sucede, la Mano de Dios. Dios Creador, pero también Dios Presente y actuando ante cada mínimo detalle de nuestra vida.

Esta aceptación abierta del mundo sobrenatural es una consecuencia básica del crecimiento espiritual. No se puede amar a Dios, mientras lo condenamos en nuestra mente a una Presencia distante e indiferente, allá arriba en Su Trono. ¡No! El Señor nunca nos ha dejado, se ha quedado en cada Eucaristía que se celebra en el mundo, en cada Hostia Consagrada, y en nuestro corazón que recibe Su Espíritu cuando lo llamamos y amamos con sinceridad.

Claro que no se puede comprender a un santo, o las cosas que ellos hacen, si no entendemos que estar unidos a Dios es estar en este mundo, sin ser del mundo. Somos como unos vagabundos en este desierto, que buscan la entrada a la Ciudad maravillosa de Dios, que nos espera. Pero si no creemos en esa Ciudad, la Jerusalén Celestial, ¿cómo podremos ingresar en ella?

Nuestra fe se cimenta en una aceptación abierta de Dios, y Sus cosas. Santos, Ángeles, almas del Purgatorio, todo es parte del mundo de Dios. Aquí en la tierra vivimos un destierro, aislados en gran medida de ese mundo sobrenatural que es nuestro verdadero origen, y destino. Seamos como niños que con un corazón sincero y simple, aceptan las palabras de sus padres, porque es a través de ellos que conocen y descubren el mundo. Nuestro Dios, enamorado perdidamente de nosotros, nos llevará de la mano si es que lo dejamos hacerlo.