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Cualquier parecido con la realidad es demasiada coincidencia


Aún no logro explicarme el porqué ni mucho menos el cómo lograré hacerlo en algún momento.

Todos los días, intento grabar tu rostro en mis recuerdos. Es extraño, porque consigo recordar a todos aquellos que te rodean, pero tu imagen se me sigue haciendo borrosa. En algunos momentos creo haberlo conseguido: te miro fijamente y pretendo guardar ese momento en mi memoria. Luego abro los ojos, y veo que te me vas desdibujando, alejándote de mi existencia por completo.

Consigo que me mires, que me dirijas la palabra. Quiero atesorar cada segundo contigo, cada sonrisa y cada carcajada. Sin embargo, no consigo hacerme dueña de tu rostro. Talvéz porque mi mente sabe que nunca podrás pertenecerme.

Quiero verte cada momento como si fuese el último, como si todo fuese a terminar. Quiero conservar estos momentos para que cuando parta pueda ser feliz ya sin verte, tan sólo imaginando que en algún momento, hubo algo tuyo que se convirtió en parte de mí. Quiero poder decir que en algún momento, tan sólo viendo tu sonrisa, pude ser feliz por completo, sin importar ya nada más que sólo eso. Quiero contemplarte como si ya nada más existiera allá fuera ni dentro de mí...
Al parecer la vida suele llenarte de interrogantes sobre el sentido de la misma, al punto que el sentido termina por escaparse para dar paso a las interrogantes de la gente al respecto de qué diablos vas a hacer con tu futuro, como si ellos fuesen los que van a vivirlo. Probablemente toda se basa en aquel sentimiento humano llamado curiosidad y ganas de entrometerse en lo que a uno no le corresponde, para luego poder criticar.

En fin, cuando la lluvia te atrapa en una avenida contaminada y congestionada de Lima, después de haber estado alucinando por breves momentos en una vida parisina, las ganas de enfrentarte al mundo y hacerte la valiente e invencible no deberían estar tan presentes como aquel instinto de supervivencia que te señala que urgentemente debes chapar la primera combi que aparezca rumbo a tu domicilo más cercano (o al menos en el que pretendas pasar la noche o en el que parezca que tienes habitación). Pero como siempre termino por ser yo misma, termine de igual manera parada bajo la lluvia intentando pelear contra alguien que me golpeaba sin dejarme ver su rostro.

Extraña curiosidad y pésimo momento para hacerme la valiente, porque al día siguiente podía amanecer con fiebre de 40° grados y mandar al diablo la millonada de plata que me gasté en el tratamiento contra la bronquitis recientemente curada. Me pregunto realmente a quién trataba de desafiar, ¿al destino? ¿ a mi habitual fragilidad? Qué podía significar aquel momento en mi vida, mientras me detenía bajo la lluvia y esperaba que mi destino se estrellase ante mis ojos...

Probablemente mi lucha interna habitual sólo necesitaba un momento de libertad. Por otro lado, puede también haber sucedido que no se aparecía el bendito microbus que me dejaba a una cuadra de mi casa y que no quería caminar las 4 cuadras que debía caminar si tomaba otra decisión (y que por cierto cobra S/. 1.00 el medio pasaje). De cualquier forma, aquella noche fuí testigo de mi momento de resolución, de aquel momento en el cual desaparece el mundo entero, cuando el sonido de la lluvia también desaparece y te quedas mirando al infinito, con aquella bendita sensación de victoria universal.

He ganado, probablemente. Talvéz a la lluvia, talvéz a mi misma. Es un triunfo al fin y al cabo que no me podrá quitar nadie.

Saldo del combatiente: Cartera y zapatos destrozados por la lluvia, cabello pegajoso por culpa de la lluvia ácida. En estos casos sólo queda ser firme en tus convicciones y asumir las reparaciones del caso, es decir, seguir utilizando cuero sintético porque ni loca te vestirías con la piel de un animal muerto (y no sólo por que detestas la crueldad con que los asesinan, sino porque también cuestan bastante caros); y proseguir con el tratamiento de tu cabello: shampoo para cabello teñido sedal, acondicionador pantene 6 signos de cabello saludable y crema para peinar liso fashion de cyzone con olor a frutas (ojalá alguien me pagase la publicidad, porque necesito dinero urgentemente)...

A veces yo misma me sorprendo de lo fácil que puedo burlarme de mis propias convicciones...
No sé por qué de pronto el título de éste post me hace recordar a una canción de Nubeluz:


Cumpleaños feliz
En el día de hoy
Te deseamos a tí
Con el corazón.


En fin, ayer fue mi tortucumpleaños número 23. Siempre me ha resultado dificil expresar mis sentimientos luego de que se termina el día, cuando todo vuelve a la normalidad a la medianoche, misma cenicienta que se queda sin carruaje, sin zapatilla de cristal y sin vestido (o en mi caso, misma tortucienta que se queda despeinada y sin caparazón)

Durante 23 años mis celebraciones de cumpleaños siempre han sido de los más diversas e inverosímiles, en los lugares y con las personas más insospechadas, sin embargo, todo inicia y termina como siempre, siempre termina la magia, como Navidad, y todo vuelve al inicio, aunque claro, es esta oportunidad la gente no espera el Año Nuevo, sino las Fiestas Patrias.

Algo que he aprendido con el golpe de los tiempos es que nunca nada de lo planificado me resulta apetecible. Mis cumpleaños más conmemorativos han sido aquellos en los que simplemente me he dejado llevar por el momento, cuando te dicen ¡Decide ya! (algo bastante extraño, considerando lo mucho que me cuesta decidir)

Cada año es un rostro nuevo, sin continuidad. Las personas que estuvieron no estuvieron ni estarán más y en cambio todo da vueltas. Nuevas personas entran en mi vida y caen en el momento, personas que no veo de hace mucho deciden verme ya. Y yo huyo siempre del encierro, porque nada funciona bien allí. Hace tanto no lo recordaba.

A pesar de la bronquitis aguda que este año no me dejo conmemorar mi cumpleaños con la acostumbrada torta helada de fresa, debo decir que todo (no... miento ... no todo) salió a la perfección, porque no me encargué de esperar lo planificado. Siempre un toque de rebeldía. No te gusta el chifa ¿no?, sin embargo ¿Por qué fuiste a comer allí? Algo inesperado, cambiemos el café de encuentro, ya no más Starbucks (de paso y menos gente nos encuentra jaja) ... aunque aquí debo reconocer que el MAC CAFÉ es un completo fiasco, aunque sus tasas de vidrio sean tan llamativas.

Regalos van y reglaos vienen. Las personas que esperas que te saluden se olvidan de tu cumpleaños, las que no recuerdas se acuerdan de tí y a quienes quieres ver nunca llegan. Es extraño, es sólo un día más, tu cumpleaños. Tu vida tiene momentos infinitamente más felices en los cuales no necesariamente las cosas giran alrededor tuyo, pero en los que al menos puedes ser más tú.

La vida es solo un conjunto de pequeños recuerdos. Siempre vivimos esperando que mañana amanesca y que todo sea distinto, sin tratar de encontrar la poca felicidad que puede traer cada instante. Aquí repito, la gente que estuvo ayer, talvez mañana no esté más. Y fuera de tantas dudas existenciales sólo me queda decir algo: Gracias a los que estuvieron y a los que no quisieron estar. De pequeñas enseñanzas se compone la vida...
Como la mayoría de mis post, éste es en lo absoluto planificado. Sólo escribo cuando llega la inspiración, cuando siento la necesidad de abrir mi mundo o, como en éste caso, cuando me suceden situaciones exageradas.

Sería bueno hablar en este punto de los miles de regalos que he recibido en mi vida. Recuerdo como uno de los más importantes mi primer diario, cuando cumplí 6 años, hace 17 años atrás. Creo que ahí me inició el trauma de ser escritora, de desahogar los momentos, aunque ahora ya no sea sobre un trozo de papel.

En fin, con el paso de los años recuerdo algunos de mi adolescencia, como un anillo de oro a los 15 años que nunca pedí pero que mis padres sintieron la necesidad de regalarme, porque a todas las chicas de 15 años se les debe hacer un regalo importante. Aquí debo ser precisa: mi madre lo tiene escondido (como a la mayoría de mis cosas) y creo que es porque sabe que lo quiero vender, jajaja. No es que sea por completo insensible, sino que aún no le encuentro la utilidad a un regalo hecho por compromiso ante la sociedad.

De anillos y anillos debo decir que tengo uno y mis más allegados saben cuál, con el cual no tengo la menor idea de qué hacer (claro, cuando aparezca, porque para variar lo extravié). Es una situación extraña. Sé que no podría volver a ponérmelo, porque significa algo que ahora ya no tiene sentido. Quise tirarlo al mar, al desagüe de la Católica, en fin, ya imaginarán. Sólo recuerdo a alguien, hace 3 años atrás, de rodillas frente a mí, poniendome el anillo en el dedo índice (si!, no fue el anular, porque genera mucho compromiso!). También recuerdo a la misma persona 4 meses atrás diciendome que ya había encontrado un comprador, por si quería deshacerme de él. Algo patético ¿no?

De ésta historia debo decir que conservo pocas cosas, o mejor dicho, que pocas cosas se conservaron después de la limpieza destructiva que realicé al tirar muchos regalos a la basura (y de los que se salvaron de terminar en el desagüe de la Cato, ese que pasa justo al costado del Comedor Central). Recuerdo el día del exorcismo, cuando Octavia (yo no tenía el valor) deslizó los pequeños regalos importantes por aquel ducto. Aún me pregunto si hoy tendría el valor de deshacerme de tantos recuerdos.

Y bueno, ¿qué quedó? Entre algunas cosas quedó la tortufoca, que es un peluche de tortuga que suena como foca y que tiene pelo en la cabeza (¿Algo que ver con la tortuga despeinada?)

Por otro lado, entre las cosas extrañas que me han regalado otras personas, tengo el peluche de la mona ninfómana, traída de Boston por el novio de Octavia (y no es Martín Romaña). Un peluche de mona color rosado que chilla como chilla esta mona de color rosado es un regalo insólito, ¿no Argos?. Mi Argos la detesta (aunque en realidad le tiene miedo y se hace el valiente poniendose a ladrar)

Aquí debo comentar que, en realidad la finalidad de éste post no era comentar sobre todo lo que ya comenté, sino que como todo en mi vida, se me generaron recuerdos imborrables que quise compartir. Por eso, creo que en este punto ya es hora de que me haga la pregunta del día, generada por el regalo del día : ¿Y ahora que hago con el Poster de los Hermanos Yaipén que me acaban de regalar?

Dentro de tres días es mi cumpleaños número 23. Me pregunto que llegará en esta oportunidad...



Tengo el mal hábito (si no es hábito, que será?) de tener una memoria de elefante para recordar detalles y momentos comunes que para el común de los mortales son bastante insignificantes o dignos de ser olvidados. Ese en vez de ser una virtud ha terminado trayendome grandes desiluciones.

El problema siempre se presenta cuando tú eres capaz de recordar cosas que los demás no pueden recordar. Cuando recuerdas los detalles exactos, las miradas, el timbre de voz, la ropa, la música que se genera alrededor (claro en tu imaginación). Cosas que para tí son importantes y pasan a formar parte de tus recuerdos.

Talvez eso me pasa por creer tanto en los pequeños momentos. ¿PEro qué es si no la vida, sino un conjunto de ellos?

Claro, en este punto alguien dirá que no es bueno vivir del pasado, porque así como es posible recordar cosas muy preciadas, también se graban situaciones tristemente detestables que quisieras borrar, pero que no puedes. entonces al final giramos dentro de la misma incógnita: ¿es buena o no esta capacidad de recordar?, ¿es saludable?

Aún no soy capaz de encontrar una respuesta...
En la vida de una tortuga despeinada como yo, es muy dificil encontrar el tiempo preciso, cuando todo pasa ante tus ojos con una celera lentitud. Los recuerdos suelen ser parte de mi presente, porque nunca sé cuando dejaron de ser el momento exacto.

El momento en el cual escribí el primer párrafo de este post, acaba de convertirse en el pasado. Asimismo, las situaciones futuras que perturbaban mi sueño ahora no son más que un simple relato. La vida esta llena de pequeños momentos. Sólo te queda atesorar los pequeños detalles que fue posible rescatar mientras se los llevaba el viento. Sino, a tu cerebro se le colapsaría el disco duro y tendrías que formatearlo. Sólo tienes que evitar que le entre un virus, para no perturbar tu apasible descanso.

Todo ha terminado. Y luego todo vuelve a empezar. Solo toca no salir devastado ni prisionero...
Aparte del trauma de no entender que puede significar este término (y de no entender como una palabra tan grande puede ser grave y no una sobresobresobresobresobreesdrújula, si eso existe)

Supongo debo aceptar que llego el momento... claro, talvez siempre estuvo presente y planteé mil excusas para evitar su temible confrontación.

No sé que es peor. Todos le temen, a mí no me importa. Claro, creo que puedo sentirme más adolorida con la tristeza de saber que se me ha prohibido la ingesta de licor, las tazas, vasos,jeringas de café (larga historia que no es momento de explicar) y las cajetillas de puchos a docenas.

No es un buen momento el del día de hoy. Debí quedarme en cama, con mi malestar generalizado, pero el deber llama (auque hoy no he sido tan acometida). Por ello, no me responsabilizo de algún post extraño (si es que lo pueden ser más)

Debo descansar antes del momento final... recuerdo que el "Consentimiento Informado" que debo firmar especifica claramente que, a parte de las ínfimas probabilidades de paro cardiaco o respiratorio y perforaciones accidentales, no podré conducir (por suerte ya vendí mi bicicleta) ni tomar decisiones importantes por las próximas 4 horas ...

Alerta... no pedirme cosas más exageradas el jueves 19 entre las 9am y 1pm... aunque para una tortuga despeinada y descaparazonada como yo, no sé qué pueda abarcar esta petición...
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