08 octubre 2006

Conversación con Eugenio Adrían

Niños del poblado de Carampa, Ayacucho

Quiero empezar disculpándome porque no puedo ofrecer una continuidad regular en mis entregas a este blog. Espero que pronto pueda volver a tener el tiempo necesario para el tipo de reflexión que los comentarios bíblicos demandan. Sí puedo (al menos los domingos), responder brevemente a las personas que, como Eugenio, me escriban.

Ahora pasemos a las salvedades planteadas por Eugenio en su último comentario.

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02 octubre 2006

Respuesta a Eugenio Adrían

¿Dónde está la Luz?
Extrañeza plenamente justificada

En primer lugar quiero agradecer tu interés y la pregunta que me planteas. Pides que se aclare cómo se condice la creencia con la duda, y en la formulación de tu pregunta hay cosas muy interesantes que no quisiera desaprovechar.

Como muchas personas, asumes que la condición de seguidor de una fe implica la adscripción incondicional a los términos de esa creencia, y por eso te parece extraño que se la pueda asociar con la duda, que consideras perniciosa y expresión más bien de la falta de fe.

Yo tengo que reconocer que es así como piensa la mayoría de las personas que se dedican a reflexionar sobre estos temas. Esto es, en efecto, lo que se suele asumir en nuestra cultura. Pero que sea lo que suele asumir no significa que sea la única forma de pensar el asunto. Lo que pretendo en mi exposición es precisamente poner en duda que esa forma habitual de pensar sea la más provechosa para la fe y para la convivencia humana (con lo cual sugiero de paso que la duda sobre la fe no es necesariamente perniciosa).

Tener fe en el Reino de los Cielos no significa conocerlo ni implica saber que existe el Reino. Sólo siginifica que se cree que existe. Esta creencia no tiene por qué ser débil ni estar exenta de convicción y sentimiento. Pero por más convicción y sentimiento que haya, lo importente es nunca perder de vista que es una creencia. Esto significa que hay que tener la valentía de reconocer que podría no existir un Reino de los Cielos.

Puedo plantear lo mismo de una manera todavía más fuerte. Creemos que Dios existe; pero no lo sabemos. Nadie puede saberlo. Es más, creemos con convicción en el testimonio de Jesús, que nos asegura que Dios existe; pero aún así no lo sabemos. Nosotros le creemos a Jesús, y es por Jesús que estamos seguros de que Dios existe. Bien podría ser el caso que Dios no exista. La fe es siempre asunción de algo que no se ve, sino de lo que se escucha. Hay que tener el coraje de enfrentar esta verdad, porque de otro modo la fe pierde su valor.

Ahora bien, como la creencia cristiana afirma que ella misma no es mérito de nuestra razón, sino del encuentro con el testimonio de Jesús de Nazareth, es razonable suponer que, para nosotros, este encuentro personal sea suficiente para que, a partir de él, adoptemos los contenidos tradicionales del cristianismo en nuestra visión de la vida. Pero es obvio que hay muchas otras personas que no puedan asumir esto en absoluto. Frente a ellas, sería vano insistir en la trasmisión de la fe de Cristo a través de un lenguaje que les resultase por completo incomprensible.

Pero en este punto los creyentes nos dividimos en dos grandes grupos: Los que creen que los demás seres humanos deben de alguna manera adaptarse al lenguaje tradicional del cristianismo para poder salvarse; y los que dudamos de que ese sea el camino del Evangelio, y nos esforzamos por explorar nuevos rumbos a partir de esa duda. ¿Qué es más pernicioso?

31 enero 2006

Respuestas a Raúl Zegarra

Kandinski
Quiero agradecer a Raúl Zegarra por sus comentarios. He colocado su último aporte en la parte central del blog porque estoy seguro de que su discusión ayuda a aclarar lo planteado respecto de la fe escéptica de Qohélet.

Primera tesis de Raúl
El cristianismo no necesita de una vena escéptica para acabar con el furor del fanático; sino que su misma constitución evangélica constituye la mejor forma de impedir el surgimiento de fanatismos.

Respuesta: De acuerdo. El cristianismo no necesita de una vena escéptica, pero a algunos cristianos no les vendría nada mal.

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24 enero 2006

Sobre la "fe escéptica"

Respuesta a Raúl Zegarra

Escher
Una fe escéptica es, en efecto, una fe con ciertas restricciones. La restricción que impone este adjetivo es, en realidad, una sola, pero podemos desglosarla en tres restricciones que son, en mi opinión: la epistemológica, la ontológica y la ética. (Puede haber puntos de contacto, pero no sigo concientemente ni a Heidegger ni a Bultman, sino a Agustín.)

1. Según la restricción epistemológica, si bien los seres humanos conocemos cosas verdaderas, no conocemos la Verdad en sí misma. Algunos seres humanos creemos que la Verdad en sí misma es Dios, pero no todos aceptan esto, porque la Verdad en sí misma es algo que no se puede conocer. En ese sentido, respecto de la posibilidad (aceptada, por ejemplo, por la filosofía de Platón) de conocer la Verdad en sí, la fe cristiana es escéptica: No es posible conocer a Dios en esta vida. Hace falta creer que es la Verdad.

2. Según la restricción ontológica, si bien los seres humanos estamos en contacto sensible y cognoscitivo con múltiples seres (entes, Seiende) de todo tipo (minerales, vegetales, animales y, entre ellos, humanos), no tenemos contacto ni sensible ni cognocitivo con el Ser del ente (Sein). Algunos seres humanos creemos que esto que no se siente ni se conoce es Dios, pero no todos aceptan esto, porque el Ser del ente es algo que no se puede conocer. En ese sentido, respecto de la posibilidad (aceptada por ciertas propuestas metafísicas) de conocer al Ser en sí, la fe cristiana es escéptica: No es posible conocer a Dios en esta vida. Hace falta creer que es el Ser del ente.

3. Según la restricción ética, si bien los seres humanos somos testigos de actos de amor, no conocemos al Amor en sí mismo. Sólo podemos creer que Dios es el Amor en sí mismo, y ajustar nuestra vida a esa creencia.

Desde luego, hay quienes piensan que este es un sustento muy pobre para la fe y piden más razones. Con todo derecho. Otros incluso piensan que una fe que reconoce éstos como sus límites es una fe irracional. ¿Por qué no? Si al final, como dice Qohélet:

Por más que se afane el hombre en buscar, nada descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de descubrirlo. Qo 8: 16