Introducción
Las encíclicas son documentos que contienen instructivas dirigidas principalmente a los obispos. Es razonable suponer que son escritas por el papa con el respaldo de sus asesores y que éstos representen diversas tendencias respecto del tema de cada carta. Si es así, el texto resultante bien podría ser producto de un consenso o de una transacción entre tendencias divergentes.
Puesto que no muestra la solidez teórica de cartas anteriores de Juan Pablo II, la Encíclica
Fides et Ratio parece ser el producto de una transacción. Puedo suponer que
Fides et Ratio haya sido recibida en ciertos círculos inelectuales católicos con más entusiasmo y menos recelo que la
Veritatis Splendor, que también se ocupa de temas vinculados con la filosofía. De ser así, eso se explicaría porque, mientras
Veritatis Splendor es un documento sólidamente construido sobre una concepción filosófica neo-tomista,
Fides et Ratio es más bien la amalgama de dos tendencias filosóficas concurrentes: la “metafísica” (que habría que vincular con el neo-tomismo) y la hermenéutica.
Respecto de la pastoral de la Iglesia y de la política interna del Vaticano es posible que esa amalgama de tendencias filosóficas, lejos de ser un defecto, sea la principal virtud de
Fides et Ratio. Pero respecto del papel que se espera que desempeñe la filosofía en el campo de la fe, la indeterminación que persiste, por ejemplo, en lo epistemológico, no ayuda mucho.
En este ensayo no pretendo exponer las posiciones filosóficas representadas en la Encíclica, ni abarcar todas las dificultades aún no resueltas. Solo me concentraré en la forma cómo esas tensiones internas afectan el uso del concepto de verdad.
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