Me sentí doblegada y desnudada a la fuerza por el zezeo impertinente y aberrante “mamachita-rica-te-haría-de-todo-y-por-todo”.
El irrespeto llegó a extremos deplorables. Todas las calles de Lima no son suficientes para expresar los alcances geográficos y la multiplicidad de sus reincidentes. Parecían equipos organizados con la vacuidad como estandarte: con los mismos gestos repetitivos, los mismos sonidos y zezeos, las mismas indiscretas y aberrantes volteadas para mirarte. Hay hombres que no aman a las mujeres.
Odié sentirme doblegada, indefensa, disminuida y reducida al mero objeto sexual. Hoy me quiero vengar. Quiero desfogar toda mi ira enfurecida sin limitaciones...







