Archivo de abril 2010
Estimados amigos:
Ahora que estamos discutiendo los alcances del nuevo Código de Consumo resulta interesante la entrevista realizada por la sección de Economía y Negocios del Diario El Comercio a MATILDE SCHWALB, vicerrectora de la Universidad del Pacífico. Sus opiniones resultan muy reveladoras.
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Por: Marienella Ortiz Ramírez
¿Cuál es la diferencia entre un consumidor de EE.UU. y uno del Perú? Ninguna. Para la vicerrectora de la Universidad del Pacífico, Matilde Schwalb, ambos consumidores siempre serán inexpertos a la hora de elegir un producto. Frente a esa realidad, el proveedor tendrá las ventajas del caso, situación que en nuestra realidad busca encontrar un equilibrio gracias a un futuro código de protección al consumidor, el cual se empezará a debatir en el Parlamento.
¿Cómo es el consumidor peruano?
Esa es una pregunta clave. ¿Si no conoces al consumidor, cómo puedes actuar para protegerlo? Me parece que se asumen supuestos inválidos. ¿Dónde está la realidad del Perú? ¿Cuántos analfabetos existen? Lo que algunos dicen es que el código no puede ser paternalista y que no puede pensar que el consumidor es tonto. Hasta en los países avanzados se asume que es tonto. Esto te lo digo con conocimiento de causa: cuando estaba en una maestría en EE.UU. plantearon el caso de un consumidor que había sido afectado por usar mal un producto. Compró una cortadora de césped. Al acercarse al borde donde había una especie de sardinel, vuela la cuchilla y le corta los dedos. Esta persona demanda al proveedor que indica que ese producto no estaba hecho para los bordes y que existe otra máquina más pequeñita para esas labores. ¿Cómo resolvió el juez? A favor del consumidor.
¿Por qué?
Porque el proveedor debe asumir que el consumidor es tonto [así lo señalaba la abogada que dictaba el curso en la maestría]. Con esto quiso decir que el consumidor no es experto en máquinas y que el proveedor debe imaginar todos los usos posibles que se le puedan dar a su producto y debió pensar que el consumidor pudo llegar a un borde, porque es un uso previsible. Si pones que el consumidor debe ser diligente [como figura en el proyecto del Ejecutivo del código de protección al consumidor], entonces ese es un consumidor experto. ¿Cuántas veces una persona va a comprar una cortadora de césped en su vida?
¿Qué hubiera pasado en el Perú?
Aquí el proveedor está en las mejores condiciones para protegerse de todo, hace un contrato muy bien hecho, gracias a que tiene los recursos para pagar abogados. Ellos son expertos en sus productos y ese no es el caso del consumidor. Entonces, aquí no se trata de solo hablar de asimetría informativa, que la hay, sino de la asimetría de fuerzas.
¿El proyecto del Ejecutivo soluciona esas asimetrías?
Hay un avance. Por ejemplo, la necesidad de comunicación me hizo tomar un servicio de conexión de Internet que gracias a Dios se podía contratar por teléfono, porque estaba pensado en gente como yo, que no puede ir a centros especializados en horario de oficina. Cuando quise desvincularme del servicio, me dicen que tengo que ir a sus oficinas. Yo les digo: ¡Un momentito! ¿Por qué ahora tengo que ir y por qué cuando contraté el servicio no tuve que hacerlo? La propuesta del código prevé esta situación: que pueda desvincularme por la misma vía. Esto está en las famosas cláusulas abusivas [del proyecto del código]. No me vas a decir que eso es paternalista. En países mucho más avanzados incluso existen mayores precisiones en las cláusulas abusivas como el de España.
¿Qué otros abusos se eliminarían?
Por ejemplo, ya no se discriminará por ser cliente preferente. Esto sobre todo ocurre en los bancos, lo que me parece realmente un atropello a la dignidad de la persona. La propuesta plantea que sea por orden de llegada: yo me levanté temprano, llegue antes y me toca. Queda atrás el mensaje de que el tiempo de aquellos, que tienen más dinero, vale más. También es un avance importante el informar no solo sobre lo que cuesta el total de un producto sino el precio en una medida estándar: cuánto pago por cada gramo que es distinto a saber cuánto pago por cada lata o caja. Los tamaños y formas de los envases son engañosos.
¿Qué deficiencias aún encuentra en la propuesta?
El supuesto consumidor soberano, es decir, pensamos que el consumidor compra lo que realmente desea. En la práctica lamentablemente no es así. Un proveedor nunca te dirá las deficiencias de su producto. Si un producto tiene los máximos atributos pero cuesta el doble que los demás, el proveedor no te va a poner por delante esa información, la intentará minimizar. Por eso digo que no solo hay asimetría en la información, sino también en el poder de las empresas.
La SNI ha mencionado que el etiquetado de los productos transgénicos puede generar que se eleven los costos de los alimentos.
Esa es una falacia constante. ¿Entonces, cómo la publicidad no te encarece el producto? Aquí lo importante es que el consumidor tiene derecho a la información.
¿Cuál debe ser la labor de Indecopi a partir de este código?
Tiene la gran oportunidad de educar al consumidor. En un estudio que realicé en el 2008 encontré que de cada 1.577 consumidores solo figura una queja ante el Indecopi. Esta actitud de falta de reclamo no es de los analfabetos, es común en el Perú. Por lo general, el peruano es tímido a la hora de reclamar, le da vergüenza. Hasta hace poco la mayoría no sabía que existían las monedas de un centavo porque les daba roche exigirlo en los supermercados que al final se quedaban con el vuelto. Eso hay que cambiarlo.
Ahora que estamos discutiendo los alcances del nuevo Código de Consumo resulta interesante la entrevista realizada por la sección de Economía y Negocios del Diario El Comercio a MATILDE SCHWALB, vicerrectora de la Universidad del Pacífico. Sus opiniones resultan muy reveladoras.
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Por: Marienella Ortiz Ramírez
¿Cuál es la diferencia entre un consumidor de EE.UU. y uno del Perú? Ninguna. Para la vicerrectora de la Universidad del Pacífico, Matilde Schwalb, ambos consumidores siempre serán inexpertos a la hora de elegir un producto. Frente a esa realidad, el proveedor tendrá las ventajas del caso, situación que en nuestra realidad busca encontrar un equilibrio gracias a un futuro código de protección al consumidor, el cual se empezará a debatir en el Parlamento.
¿Cómo es el consumidor peruano?
Esa es una pregunta clave. ¿Si no conoces al consumidor, cómo puedes actuar para protegerlo? Me parece que se asumen supuestos inválidos. ¿Dónde está la realidad del Perú? ¿Cuántos analfabetos existen? Lo que algunos dicen es que el código no puede ser paternalista y que no puede pensar que el consumidor es tonto. Hasta en los países avanzados se asume que es tonto. Esto te lo digo con conocimiento de causa: cuando estaba en una maestría en EE.UU. plantearon el caso de un consumidor que había sido afectado por usar mal un producto. Compró una cortadora de césped. Al acercarse al borde donde había una especie de sardinel, vuela la cuchilla y le corta los dedos. Esta persona demanda al proveedor que indica que ese producto no estaba hecho para los bordes y que existe otra máquina más pequeñita para esas labores. ¿Cómo resolvió el juez? A favor del consumidor.
¿Por qué?
Porque el proveedor debe asumir que el consumidor es tonto [así lo señalaba la abogada que dictaba el curso en la maestría]. Con esto quiso decir que el consumidor no es experto en máquinas y que el proveedor debe imaginar todos los usos posibles que se le puedan dar a su producto y debió pensar que el consumidor pudo llegar a un borde, porque es un uso previsible. Si pones que el consumidor debe ser diligente [como figura en el proyecto del Ejecutivo del código de protección al consumidor], entonces ese es un consumidor experto. ¿Cuántas veces una persona va a comprar una cortadora de césped en su vida?
¿Qué hubiera pasado en el Perú?
Aquí el proveedor está en las mejores condiciones para protegerse de todo, hace un contrato muy bien hecho, gracias a que tiene los recursos para pagar abogados. Ellos son expertos en sus productos y ese no es el caso del consumidor. Entonces, aquí no se trata de solo hablar de asimetría informativa, que la hay, sino de la asimetría de fuerzas.
¿El proyecto del Ejecutivo soluciona esas asimetrías?
Hay un avance. Por ejemplo, la necesidad de comunicación me hizo tomar un servicio de conexión de Internet que gracias a Dios se podía contratar por teléfono, porque estaba pensado en gente como yo, que no puede ir a centros especializados en horario de oficina. Cuando quise desvincularme del servicio, me dicen que tengo que ir a sus oficinas. Yo les digo: ¡Un momentito! ¿Por qué ahora tengo que ir y por qué cuando contraté el servicio no tuve que hacerlo? La propuesta del código prevé esta situación: que pueda desvincularme por la misma vía. Esto está en las famosas cláusulas abusivas [del proyecto del código]. No me vas a decir que eso es paternalista. En países mucho más avanzados incluso existen mayores precisiones en las cláusulas abusivas como el de España.
¿Qué otros abusos se eliminarían?
Por ejemplo, ya no se discriminará por ser cliente preferente. Esto sobre todo ocurre en los bancos, lo que me parece realmente un atropello a la dignidad de la persona. La propuesta plantea que sea por orden de llegada: yo me levanté temprano, llegue antes y me toca. Queda atrás el mensaje de que el tiempo de aquellos, que tienen más dinero, vale más. También es un avance importante el informar no solo sobre lo que cuesta el total de un producto sino el precio en una medida estándar: cuánto pago por cada gramo que es distinto a saber cuánto pago por cada lata o caja. Los tamaños y formas de los envases son engañosos.
¿Qué deficiencias aún encuentra en la propuesta?
El supuesto consumidor soberano, es decir, pensamos que el consumidor compra lo que realmente desea. En la práctica lamentablemente no es así. Un proveedor nunca te dirá las deficiencias de su producto. Si un producto tiene los máximos atributos pero cuesta el doble que los demás, el proveedor no te va a poner por delante esa información, la intentará minimizar. Por eso digo que no solo hay asimetría en la información, sino también en el poder de las empresas.
La SNI ha mencionado que el etiquetado de los productos transgénicos puede generar que se eleven los costos de los alimentos.
Esa es una falacia constante. ¿Entonces, cómo la publicidad no te encarece el producto? Aquí lo importante es que el consumidor tiene derecho a la información.
¿Cuál debe ser la labor de Indecopi a partir de este código?
Tiene la gran oportunidad de educar al consumidor. En un estudio que realicé en el 2008 encontré que de cada 1.577 consumidores solo figura una queja ante el Indecopi. Esta actitud de falta de reclamo no es de los analfabetos, es común en el Perú. Por lo general, el peruano es tímido a la hora de reclamar, le da vergüenza. Hasta hace poco la mayoría no sabía que existían las monedas de un centavo porque les daba roche exigirlo en los supermercados que al final se quedaban con el vuelto. Eso hay que cambiarlo.
Estimados amigos:
A continuación, unas reflexiones sobre el prestamo a las pequeñas empresas, realizado por Charles Shapiro, Asesor principal de la Secretaría de Estado de USA para Iniciativas Económicas para el Hemisferio Occidental. Aparecio en el Diario El Comercio, el 15 de Abril del 2010.
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Por: Charles Shapiro*
En toda América Latina y el Caribe la pequeña empresa reclama por qué no puede conseguir préstamos. Cuando los obtiene, con frecuencia la tasa de interés es paralizante. En el Perú se ha logrado un importante avance en los últimos 15 años en cuanto a la reducción del costo del crédito. Aún así, el promedio de las tasas de interés de los préstamos en soles a las empresas pequeñas y medianas (SME) es de casi 40% si pueden conseguir un préstamo, mientras que el de las empresas grandes es de menos de 7%. En el ámbito mundial, el 75% de las solicitudes de crédito por parte de la pequeña empresa es rechazado, en su mayoría por garantía “insuficiente”.
La trampa del crédito es que en América Latina y el Caribe, más de 70% del capital de la pequeña empresa está compuesto por bienes muebles, como máquinas, productos en proceso, cultivos y cuentas por cobrar, los que no pueden ser usados como garantía debido a las leyes anticuadas de varios países que solamente admiten que los inmuebles y los vehículos motorizados puedan usarse como garantía.
Algunos países cuyas economías están creciendo rápidamente, como Rumanía, China, Vietnam y Bosnia, han modernizado sus leyes para permitir a las empresas utilizar todos sus bienes como garantía, no simplemente los inmuebles. La pequeña empresa en países con leyes modernas sobre garantías puede conseguir préstamos más grandes, períodos de pago más largos y tasas de interés más bajas. Eso significa que más empresas pequeñas tendrán la oportunidad de alcanzar el éxito. La empresa pequeña exitosa, a su vez, ofrece más puestos de trabajo y más crecimiento económico. Esto suena bien, ¿verdad? La modernización de la legislación referente a transacciones con garantía requiere varios cambios: 1. Promulgación de una ley que permita el uso de bienes muebles como garantía; 2. Un registro público de los bienes que los prestatarios hayan usado como garantía de los préstamos que sea transparente y de fácil acceso. El costo del registro debe ser muy económico; 3. Cambios legales que le permitan al prestamista embargar los bienes con prontitud, si el prestatario no paga el préstamo.
En este punto, es conveniente recordar que en el 2002 la OEA aprobó un modelo de legislación para transacciones con garantía y que en el 2009 aprobó los reglamentos necesarios para aplicarlo. La OEA recomienda a los estados miembros adoptar la Ley Modelo y las Regulaciones de Registro de Transacciones con Garantía, porque su promulgación “reducirá de manera importante el costo de los préstamos, facilitará el comercio en la región y ayudará a la pequeña y mediana empresa en todo el hemisferio”.
Obviamente al Congreso de cada país le corresponde determinar si necesita modificar sus leyes. El hecho es que la reforma de transacción con garantía con frecuencia es considerada un tema legal esotérico, sin nadie que abogue por ella. Nadie se entusiasma con las leyes comerciales. Aun cuando el tema sea aparentemente solo para especialistas, es importante para las economías en crecimiento. Como ya mencioné, la modernización de esas leyes le permite a la pequeña empresa la oportunidad de prosperar.
Los pequeños empresarios son optimistas por naturaleza. Esos industriales, comerciantes, agricultores y choferes de taxi creen en el futuro. Creen en sus países. Están convencidos de que si trabajan fuerte, mejorarán su vida y las oportunidades para sus hijos.
La democratización del crédito mediante la aprobación de las reformas legales sobre las transacciones con garantías les da a las pequeñas empresas la oportunidad que necesitan para crecer, fortalecerse y continuar expandiendo el empleo.
A continuación, unas reflexiones sobre el prestamo a las pequeñas empresas, realizado por Charles Shapiro, Asesor principal de la Secretaría de Estado de USA para Iniciativas Económicas para el Hemisferio Occidental. Aparecio en el Diario El Comercio, el 15 de Abril del 2010.
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Por: Charles Shapiro*
En toda América Latina y el Caribe la pequeña empresa reclama por qué no puede conseguir préstamos. Cuando los obtiene, con frecuencia la tasa de interés es paralizante. En el Perú se ha logrado un importante avance en los últimos 15 años en cuanto a la reducción del costo del crédito. Aún así, el promedio de las tasas de interés de los préstamos en soles a las empresas pequeñas y medianas (SME) es de casi 40% si pueden conseguir un préstamo, mientras que el de las empresas grandes es de menos de 7%. En el ámbito mundial, el 75% de las solicitudes de crédito por parte de la pequeña empresa es rechazado, en su mayoría por garantía “insuficiente”.
La trampa del crédito es que en América Latina y el Caribe, más de 70% del capital de la pequeña empresa está compuesto por bienes muebles, como máquinas, productos en proceso, cultivos y cuentas por cobrar, los que no pueden ser usados como garantía debido a las leyes anticuadas de varios países que solamente admiten que los inmuebles y los vehículos motorizados puedan usarse como garantía.
Algunos países cuyas economías están creciendo rápidamente, como Rumanía, China, Vietnam y Bosnia, han modernizado sus leyes para permitir a las empresas utilizar todos sus bienes como garantía, no simplemente los inmuebles. La pequeña empresa en países con leyes modernas sobre garantías puede conseguir préstamos más grandes, períodos de pago más largos y tasas de interés más bajas. Eso significa que más empresas pequeñas tendrán la oportunidad de alcanzar el éxito. La empresa pequeña exitosa, a su vez, ofrece más puestos de trabajo y más crecimiento económico. Esto suena bien, ¿verdad? La modernización de la legislación referente a transacciones con garantía requiere varios cambios: 1. Promulgación de una ley que permita el uso de bienes muebles como garantía; 2. Un registro público de los bienes que los prestatarios hayan usado como garantía de los préstamos que sea transparente y de fácil acceso. El costo del registro debe ser muy económico; 3. Cambios legales que le permitan al prestamista embargar los bienes con prontitud, si el prestatario no paga el préstamo.
En este punto, es conveniente recordar que en el 2002 la OEA aprobó un modelo de legislación para transacciones con garantía y que en el 2009 aprobó los reglamentos necesarios para aplicarlo. La OEA recomienda a los estados miembros adoptar la Ley Modelo y las Regulaciones de Registro de Transacciones con Garantía, porque su promulgación “reducirá de manera importante el costo de los préstamos, facilitará el comercio en la región y ayudará a la pequeña y mediana empresa en todo el hemisferio”.
Obviamente al Congreso de cada país le corresponde determinar si necesita modificar sus leyes. El hecho es que la reforma de transacción con garantía con frecuencia es considerada un tema legal esotérico, sin nadie que abogue por ella. Nadie se entusiasma con las leyes comerciales. Aun cuando el tema sea aparentemente solo para especialistas, es importante para las economías en crecimiento. Como ya mencioné, la modernización de esas leyes le permite a la pequeña empresa la oportunidad de prosperar.
Los pequeños empresarios son optimistas por naturaleza. Esos industriales, comerciantes, agricultores y choferes de taxi creen en el futuro. Creen en sus países. Están convencidos de que si trabajan fuerte, mejorarán su vida y las oportunidades para sus hijos.
La democratización del crédito mediante la aprobación de las reformas legales sobre las transacciones con garantías les da a las pequeñas empresas la oportunidad que necesitan para crecer, fortalecerse y continuar expandiendo el empleo.




