
El anhelo de vivir muchísimo, de ver el futuro con lo propios ojos, de poder ver en retrospectiva y sentir como los cientos de enamoramientos, los cientos de roturas de corazón, los padecimientos, los sufrimientos, las tristezas, el alto en el camino producto de momentánea felicidad, la nostalgia, la humildad de otros, la sinceridad propia, el aprendizaje, las personas tenidas y retenidas; han terminado forjando al sabio de la tribu que más sabe por viejo que por diablo, viejo que alcanzó la plenitud que todos anhelamos a punta de conservar postales y estampas que le ha ofrecido la vida.
Beirut, músico que apellida Condon (no es broma), retrata un disco de nostalgia, de sonidos balcánicos y eslavos: una serie de postales sobre lo vivido y las ansias en que el libreto de esta función nos mantenga como actores hasta el momento en el cual caiga el telón. Demasiada nostalgia y el aferro tenaz a la vida.
Destacan: The Gulag Orkestar (una serenata fúnebre a la luz de la luna), Prenzlauerberg (una melodia nostálgica), Brandenburg (el rasgeo inicial de mandolina lo hace demasiado ruso), Postcards from Italy (una melodía etrusca), Mount Wroclai (Idle Days) (un vaivén melódico genial), Scenic World (intermedio eléctronico en el libreto), The Canals of Our City y After the Curtain (un mirada al pasado y una mirada al futuro [que ojalá dure muchísimo], los mejores temas del disco).







