Posteamos un comentario de Lucia Dammert para la Revista Poder (14.12.2009)
----¨
Por: Luica Danmert
Dos décadas han pasado desde la caída del muro de Berlín. En ese momento se debilitaron las diferencias ideológicas que sustentaron múltiples enfrentamientos incluso de corte violento en América Latina. Los llamados movimientos guerrilleros prácticamente desaparecieron con la excepción de las Farc en Colombia y pequeños grupos vinculados con Sendero Luminoso en Perú. Ambos movimientos están más cercanos hoy a la protección del narcotráfico que a la definición de una propuesta ideológica. Entonces, ¿cómo entender los últimos hechos de violencia en el país o los ataques en el sur o las bombas en bancos y hoteles de Santiago?
La explicación no es sencilla. La llegada de la democracia en la región consolidó un programa de gobierno de centro izquierda que incluyó muchos de los reclamos previos de los grupos radicales. De hecho, en la actualidad la mayoría de los países de la región son gobernados por partidos e incluso líderes que estuvieron en una clara confrontación con los regímenes no democráticos de antaño. Pero paradojalmente, los avances y desafíos aún pendientes han generado nuevos conflictos o permitido que antiguos emerjan en la agenda política.
En Chile este proceso es especialmente llamativo ya que la concentración en los logros de la transición y los avances económicos y sociales parecen invisibilizar la presencia de diversos conflictos. En los últimos meses hemos sido testigos de la emergencia de grupos ciudadanos antisistémicos que explicitan su distancia y fastidio con la forma como se organiza la sociedad. Muchos de estos grupos han expresado sus posiciones ya sea protestando en las calles, tomando espacios públicos o estableciendo formas de convivencia alternativas.
Recientemente también han aparecido hechos violentos que si bien son aún aislados evidencian el uso de la fuerza con armas en el sur del país y bombas en Santiago. Los últimos casos ocurridos en el Hotel Marriott y en una sucursal bancaria en Las Condes muestran los bajos niveles de control para estas situaciones. ¿Estos hechos presagian el desarrollo de ataques terroristas en el país? No parece ser este el caso, pero sin duda los conflictos sociales serán actores claves de la agenda política del próximo gobierno.
Se trata de conflictos que se vinculan con los problemas pendientes con la comunidad mapuche, pero también a múltiples reclamos sociales que van desde mejoras salariales hasta la calidad de la educación y los servicios públicos en general. Conflictos que pueden escalar rápidamente si no son enfrentados políticamente y con rapidez. Este es uno de los principales desafíos del próximo gobierno: avanzar en la búsqueda de soluciones políticas antes que policiales.
Un posible aumento en cantidad y magnitud de estos hechos tendría consecuencias graves para el país y sus ciudadanos. Sin duda, afecta la calidad del clima interno, la sensación de inseguridad de la población e incluso formas cotidianas de utilización de espacios públicos. Esto impacta en la forma como se realiza el trabajo policial así como el de inteligencia para dedicar esfuerzos en la detección y prevención de hechos violentos o posibles atentados.
Las noticias que vienen del sur del país no logran captar la atención necesaria de una audiencia centrada en los problemas capitalinos, y son muestra de un deterioro de las relaciones de convivencia así como de una falta de comprensión de las profundidades de un problema donde el conflicto es sólo una expresión. Consecuencias económicas, también ya que se empeora el clima de negocios y resurgen fantasmas del pasado con una polarización creciente de la población.
Pero no hay que engañarse, la posibilidad de actos radicalizados en las calles de la capital no se vinculan únicamente al conflicto con el pueblo mapuche. Muy por el contrario, diversos estudios han puesto énfasis en el incremento de la violencia en aquellos países donde el crecimiento económico se ha instalado como una realidad, pero sus consecuencias más directas afectan a un pequeño grupo de la población. Dejando a sectores importantes de la población frustrada, con sentimiento de engaño frente a un sistema que ofrece lo que no se puede consumir y donde los anillos de la exclusión parecen ser infranqueables.
Al descontento social se suman grupos delincuenciales que aprovechan cualquier ocasión de protesta o manifestación pública para cometer delitos o actos de vandalismo. La manifestación de los pingüinos(estudiantes secundarios) a inicios del gobierno de Bachelet fue un ejemplo de este tipo de situaciones, que terminan con enfrentamientos policiales innecesarios frente a manifestaciones sociales no violentas. Esta presencia requiere de respuestas públicas diferentes y especializadas que no criminalicen la protesta social.
Los últimos gobiernos han tenido una actitud variada frente a la posible presencia de terrorismo en el país. Por un lado, han negado tajantemente su presencia y declarando a diversos hechos de bombas encontradas en la capital como situaciones aisladas. Esto sucedió con la bomba que se detonó frente a la Agencia Nacional de Inteligencia y al Consejo de Defensa del Estado en enero y diciembre del 2006, respectivamente, y más recientemente con el episodio ocurrido en el Hotel Marriott. Por otro lado, diversos actos ocurridos en el sur del país han sido categorizados como terroristas por parte del Ministerio Público con la evidente anuencia del gobierno. Esto último ha sido denunciado por Human Right Watch como una violación evidente de la garantías procesales por parte de una ley que fue dictada en 1984 con el propósito de enfrentar la resistencia armada contra la dictadura. Aunque desde 1990 se han hecho cambios relevantes a dicho marco legal, en la actualidad un incendio puede ser considerado un acto terrorista.
El próximo gobierno enfrenta un panorama complejo respecto del desorden social. Especialmente desafiante para un posible gobierno de la Alianza que carece de experiencia de negociación política en este tipo de conflictos y cuyos representantes en el Congreso han apoyado de forma reiterada la necesidad de una mano fuerte. En caso de que Sebastián Piñera gane las elecciones presidenciales, el aprendizaje tendrá que ser veloz para evitar un aumento de los hechos violentos o la búsqueda de medidas radicalizadas para establecer agendas de debate. De igual forma, un nuevo gobierno de la Concertación deberá avanzar en la recuperación de agendas más inclusivas que permitan disminuir la presión actual.
Muy interesantes reflexiones de Oswaldo de Rivero.
----
Por: Oswaldo de Rivero*
Las ciudades de California son las que más crecen en los Estados Unidos y en el mundo industrializado. Durante las pasadas décadas, como resultado de la inmigración y los nacimientos, la población urbana de este estado ha venido aumentando cada año en medio millón. Hoy más del 80% de los californianos vive en áreas metropolitanas que pasan el millón de habitantes.
El rey de esta colosal expansión urbana es el automóvil privado; muchos californianos tienen hasta más de dos autos. El reino del automóvil hace posible extender las ciudades californianas a suburbios cada vez más lejanos del centro, algunos de ellos llegan hoy hasta la frontera con Arizona. Debido al reinado del motor de explosión, el tráfico en las ciudades de California se caracteriza por gigantescos embotellamientos que lanzan hacia la atmósfera toneladas de anhídrido de carbono (CO2) el gas principal que contamina el aire y recalienta la Tierra.
La expansión de las ciudades y sus suburbios sobre el Central Valley de California, un emporio agrícola de casi 1000 kilómetros de longitud, está haciendo desaparecer bajo cemento y asfalto una de las más productivas tierras agrícolas del mundo. Entre 1992-1999 se urbanizó el 24% de la tierra agrícola californiana. La escasez de agua ya está presente en California y si la población sigue creciendo y urbanizándose en perjuicio de la agricultura, la seguridad alimentaria de California, algo que nunca preocupó a los californianos, estará amenazada y con ello la vida productiva de este gran estado norteamericano que está entre las ocho primeras economías del mundo.
Esta colosal expansión urbana ecológicamente insostenible ha causado alarma. Los partidos Demócrata y Republicano están de acuerdo en que existe una amenaza a la calidad de vida y a la prosperidad de California, pero no se ponen de acuerdo sobre los métodos para buscar un modelo alternativo. Al mismo tiempo, miles de organizaciones de la sociedad civil plantean soluciones alternativas, sosteniendo que este modelo ya no es viable por ser financiera y ecológicamente insostenible. Hoy el Estado de California está quebrado, el déficit de su presupuesto es de 62 billones de dólares y su Gobernador, el actor Arnold Schwarzenegger, ha asumido de nuevo su rol de “Terminator” cortando importantes programas sociales que afectan la salud, la educación y la asistencia social del estado.
El gran problema con el modelo California es que no es sólo la forma mas extremista del american way of life, sino que también es el modelo global de la urbanización planetaria. Un paradigma de vida urbana que entusiasma a pobres y ricos. Hoy todo el mundo sueña vivir como un californiano, tener un auto, si se puede dos, comprar una casa nueva con jardín y piscina y vivir en suburbios de moda, y al mismo tiempo, tener cerca un gran centro comercial, pertenecer a un country club y además tener una casa de playa o en el campo para los fines de semana.(1)
El mundo, en mayor o menor grado, se urbaniza hoy rápidamente tratando de imitar este modelo expulsando cada vez más C02 y otros gases que están recalentando al planeta. El año 2010 será histórico para la especie humana, el planeta será por primera vez, desde que comenzó el neolítico, urbanizado. La mitad de sus habitantes vivirán en ciudades y en el año 2025 será hiperurbanizado ya que el 70% de su población vivirá en ciudades, cientos de ellas de más de un millón.
La urbanización más importante se está produciendo en los países subdesarrollados. En ellos, la ciudades también se expanden como en California sobre tierras agrícolas, consumiendo el agua que debería ir a la agricultura, llena de automotores, tráfico, gases CO2 y contaminación. Como los que emigran a las ciudades subdesarrolladas son pobres, las ciudades se extienden, en lugar de urbanizaciones modernas, con slums, pueblos jóvenes, favelas, villas miserias y suburbios muy pobres, a un ritmo mundial de un millón de habitantes por semana, creando así una urbanización muy pobre, caótica y contaminada, llena de desempleo y delincuencia.
En el año 2025, la población de los países subdesarrollados llegará a 6 mil millones y estará viviendo casi toda en ciudades. Toda esta masa humana consumirá millones de litros de agua, toneladas de alimentos y energía, hasta un punto, en que estos recursos vitales se volverán, como ya esta sucediendo, más escasos y caros y entonces se creará un peligroso “Desequilibrio Físico-Social” entre la cantidad de agua, alimentos y energía disponible y la creciente población urbana de los países pobres. (2)
Uno de los mejores ejemplos del Desequilibrio Físico-Social que genera el modelo California entre población, agua, alimentos y energía es la explosiva urbanización de China. La población urbana de China se ha triplicado en los últimos 20 años. El número de las ciudades chinas se ha cuadriplicado, unas 700 nuevas ciudades han surgido, al mismo tiempo que se han extendido las existentes.
Esta colosal expansión urbana ha generado un grave desequilibrio físico-social. Hoy más de 400 ciudades chinas tienen escasez de agua. También, la imitación del modelo California, con el incremento colosal de los automóviles privados, ha creado la mayor contaminación del aire que existe en el mundo. El parque automotor de China ha crecido 130 veces lo cual ha obligado a construir cerca 100 mil kilómetros de autopistas. Si se sigue imitando este modelo y de cada dos chinos uno llega a tener un automóvil, habrán 600 millones de autos en China, más autos que en todo el mundo. Las autopistas, parkings y las estaciones de servicios que requeriría esta colosal cantidad de automóviles consumirían la escasa tierra agrícola que tiene China para producir alimentos y la contaminación volvería las ciudades inhabitables.
Hoy, el mundo tiene muchas culturas pero una sola civilización, la civilización urbana planetaria modelo California, que en mayor o menor grado, está presente en todos los países. Esta civilización urbana ha hecho crisis porque, hasta ahora, por razones éticas, políticas o tecnológicas, es incapaz de resolver dos problemas fundamentales para su viabilidad. Primero, no puede sustituir su energía contaminante que está recalentando peligrosamente el planeta; y segundo, tampoco puede cambiar sus patrones de consumo que lo depredan y lo convierten en un basurero.
Gran parte de los economistas y políticos no comprenden que la actual crisis que aflige al mundo no es solo una grandiosa recesión económica sino una crisis de civilización. Es la crisis del estilo de vida urbano, consumista, dispendioso, ecológicamente insostenible del modelo California, que ha sido mantenido con abundante crédito, enormes deudas y déficit. Todo lo cual ha terminado por acelerar el recalentamiento del planeta y causar una recesión global.
Creyendo que el problema es solo económico, los políticos que vivían predicando con fervor el pensamiento único neoliberal han tirado al tacho a Adam Smith y se han vuelto keynesianos. Se empeñan así en lanzar programas de reactivación. Quieren repetir la cura de la crisis de 1929, estimulando de nuevo la demanda, que no es otra cosa, que reactivar los patrones de consumo insostenibles e infinanciables del modelo California.
Los reactivadores no perciben que seguir a Sir John Maynard Keynes en el siglo XXI es peligroso, porque este distinguido economista nunca se imaginó que habría sociedades opulentas de consumo que lanzarían gases que terminarían por recalentar la tierra y comenzar a derretir los polos y los glaciales del mundo y crear así un aumento peligroso de las mareas, unido a una colosal escasez de agua en el mundo. Pocos se dan cuenta, que esta crisis es diferente, que nuestro planeta, con el recalentamiento constante de su clima nos advierte no reactivar patrones de consumo insostenibles, producidos por energías efecto invernadero (carbón, petróleo y gas), so pena de ser castigados mas tarde con grandes calamidades. El planeta ha entrado como actor y la crisis tiene ahora una dimensión ecológica que no tenía la de 1929. Hoy para saber a donde va nuestra civilización se necesita conocer más ecología que economía.
En el siglo XXI, ya no se puede replicar globalmente el sueño americano porque la Tierra, la diosa Gaia como la llamaban los griegos, ha declarado insostenible el modelo urbano global de gran consumo y desperdicios, envuelto en gases efecto invernadero, que ha sido fomentado por el crédito fácil y la especulación financiera hasta la insolvencia global.
Hoy, es muy común escuchar un discurso que recurre con facilidad al concepto de “desarrollo sostenible” como la panacea para salir de esta crisis de civilización. La verdad es que cuando se propone el desarrollo sostenible se está usando un oximorón porque el desarrollo no puede ser sostenible. Simplemente porque hoy no existe una sola energía renovable, ni una combinación de todas éstas, que puedan reemplazar los 90 millones diarios de barriles de petróleo que se necesitan para generar los 320 billones de kilovatios hora (kWh) para producir los 58 trillones de bienes y servicios de la economía global.
Hoy más del 75% de la energía usada globalmente es petróleo, carbón y gas. Nuestra civilización está muy lejos de poder vivir todavía sin estas energías contaminantes porque las energías renovables que podrían remplazarlas y hacer el desarrollo sostenible no están a la vuelta de la esquina
Las energías renovables solo son el 7% de la energía total consumida en el mundo. La energía solar y eólica que está en pleno desarrollo tiene el problema principal de su costo y de su almacenamiento para los días que no hay sol, ni viento. La otra energía renovable en desarrollo, la biomasa para producir etanol, tiene el problema político de usar grandes extensiones de tierra agrícola y agua en un momento en que existe una creciente demanda de alimentos y agua como consecuencia de la imparable urbanización planetaria.
La única energía renovable totalmente limpia y perpetua que podría reemplazar al petróleo y al carbón sería la energía de fusión de hidrógeno. Lograr esta energía sería como encontrar el Santo Grial de las energías limpias y duraderas, seria como producir en reactores en la Tierra, la energía del Sol, y sin peligro de radioactividad. La energía de fusión es todavía un proyecto que necesita mucha investigación y desarrollo y billones de dólares. Los expertos creen que tiene para unos 20 años más de investigación. (3)
En todo caso, para salir de la crisis en que ha entrado nuestra civilización es urgente seguir desarrollando más eficaces y baratas energías renovables no solamente para detener el recalentamiento del planeta sino porque el petróleo, que es lo que mueve la economía global, no es eterno. Según estudios y opiniones de calificados expertos petroleros las reservas mundiales de petróleo se están agotando, su producción habría llegado ya a su “peak” (al máximo) y dentro de 15 años comenzaría inexorablemente a declinar. (4)
Sin embargo, no es suficiente cambiar el patrón de energía para superar la crisis de nuestra civilización sino también es necesario cambiar los patrones de consumo que están contaminando las ciudades, los océanos, los ríos, destruyendo la biodiversidad, deforestando y convirtiendo al planeta en un gran basurero. ¿Que pasaría si los casi 6 mil billones de habitantes de los países pobres consumieran como los californianos, que consumen 32 veces mas que el promedio de todos los países subdesarrollados? Según el Profesor Jared Diamond esto equivaldría a que el mundo tuviera una población de 72 billones de habitantes, algo que la Tierra no podría sostener. Tendríamos que comprarnos un planeta adicional, o tal vez dos.
Si bien, todos los científicos esta de acuerdo que nuestros patrones de consumo deben cambiar, ninguno tiene la formula mágica y esto se debe a que el cambio de nuestro consumo implica sobre todo un cambio ético. Necesitamos un renacimiento ético que cambie nuestra relación hostil con Gaia, y esto no es nada fácil. No se hace de la noche a la mañana. En todo caso, la historia nos enseña que el homo sapiens solo cambia y se adapta, más que por virtud, por temor o sufrimiento ante las grandes amenazas y tragedias que ponen en peligro su existencia y esto puede pasar ante las frecuentes catástrofes ecológicas que producirá la revancha de Gaia. (5)
En el año 2050, el planeta tendrá 10 mil millones de habitantes, casi todos viviendo en ciudades. Si para esa fecha, no hemos cambiado el patrón de energía ni nuestros patrones de consumo, el planeta será muy hostil con la especie humana. En todo caso, si no nos adaptamos y nuestra especie algún día desaparece, cosmológicamente no pasará nada, la Tierra seguirá dando vueltas alrededor del Sol con varios millones de otras especies animales y plantas que sobrevivirán al hombre, porque esta no es una crisis del planeta sino de nosotros. ♦
REFERENCIAS
(1) Oswaldo de Rivero El Mito del Desarrollo. Págs. 233-240, Fondo de Cultura Económica. Lima, Perú. 2006.
(2) Ibíd. Págs. 259-297.
(3) National Geographic, agosto 2005
(4) Ibíd. Junio 2008
(5) James Lovelock, The Revenge of Gaia. Basic Books. UK 2006.
Va un artículo polémico, pero siempre interesante de Oswaldo de Rivero sobre la situación del rearme en la región sudamericana y el poder militar del Perú. Apareción en el Diario El Comerico el 17 de setiembre de 2009.
----
Por: Oswaldo de Rivero Embajador
Brasil se ha convertido oficialmente en el hegemón de Sudamérica con la gran alianza estratégica que ha anunciado Lula con Francia.
Este acuerdo incluye una estrecha cooperación tecnológica militar y el insólito acontecimiento estratégico de la compra de un casco de un submarino nuclear y su reactor para ser terminado en Brasil, a lo que se añaden otros submarinos de nueva generación, 36 aviones Rafale y la construcción de 100 más en el país sudamericano.
La hegemonía de Brasil en esta parte del continente no es absoluta, se encuentra afectada por las bases aéreas estadounidenses en Colombia y la IV flota que pasea las barras y las estrellas por el Atlántico Sur, del que se dijo que era: “O maior lago do Brasil”.
Sin embargo, el rearme de Brasil muestra que por fin se ha dado cuenta de que para ser el hegemón tenía que ser, por lo menos, más poderoso que Chile, que lo supera todavía en poder militar, no con mayor número de unidades de combate y hombres, sino con la calidad y modernidad de su sistema de armas.
Nadie puede negar que hoy existe una carrera armamentista en Sudamérica. La comenzó Chile con las adquisiciones que lo convierten ahora, con Brasil, en la más moderna potencia militar regional. Siguió Venezuela con grandiosas adquisiciones en Rusia como una respuesta a las compras de Colombia y a su alianza militar con Estados Unidos que le otorga a esta una considerable renta estratégica militar.
Lo cierto es que esta carrera está configurando en países fronterizos del Perú la presencia de aviones de caza Rafale, F16, helicópteros Cougar, tanques Leopard 2, submarinos Scorpene, misiles navales Harpoon, aviones Awacs, drones, sistemas de radar avanzados y satélites para uso militar, como consecuencia del moderno rearme de Brasil y Chile. El Perú no va a competir con Brasil; al contrario, debe ser nuestro socio estratégico, pero no debemos aceptar resignados la hegemonía ahora militar de Chile.
Hasta fines de los 80, el Perú tenía superioridad aérea, submarina y blindada en Sudamérica. Hoy la hemos perdido; no es culpa de Chile, sino de nosotros. Y, ante esta decadencia estratégica, hay que dejar de consolarse con el sofisma del “núcleo básico de defensa”, que de disuasivo no tiene nada, frente a las armas de nueva generación de Chile. Pongamos de inmediato en marcha una política de Estado para devolver al Perú el poder militar que tenía, porque sin armas de nueva generación, no tendremos capacidad para negociarle a Chile su hegemonía en el Pacífico así ganemos en La Haya.
Sin poder militar moderno nunca seremos verdaderos socios estratégicos de Brasil porque este tendrá a Chile. Pero lo más peligroso es que sin este poder militar moderno tampoco podremos evitar un conflicto armado con Chile, porque nada nos acerca más a ello que nuestra propia debilidad. Nada evitará mejor un conflicto, que nadie quiere, que recuperar el poder que teníamos; y que Pinochet respetaba, con rabia.
A continuación presentamos un artículo publicado en el Diario El Clarin (Argentina) el 06.09.2009, de Ricardo Lagos (ex-presidente de Chile) denominado "Respuestas para este siglo, no para el anterior", en el que hace un análisis de la situación de América Latina doscientos años desde que se inició el proceso de independencia de España.
----
Por: Ricardo Lagos
Antes del encuentro de Unasur en Bariloche -cuyos alcances aún están muy próximos para tener una evaluación adecuada-, las miradas del continente se colocaron en Quito. Aquella cita de la entidad regional tuvo lugar el 10 de agosto, en un aniversario cuya trascendencia debió hacernos meditar si estamos entendiendo los tiempos que vive el mundo y el papel de América latina en ellos.
Ese día se cumplieron 200 años del llamado Primer Grito de Independencia Hispanoamericana. Una gesta de autonomía que, más allá de su derrota inicial, fue una alerta a los demás países del continente. Otros lo siguieron y ahora se aprestan también a tener su conmemoración bicentenaria.
Ese Bicentenario en Quito no estuvo marcado, precisamente, por signos claros de integración, de proyectos comunes y de afán por construir una plataforma compartida para entrar al escenario internacional del momento. Por el contrario, se hizo una reunión de Unasur cargada de ruidos subyacentes. Las visiones enfrentadas en la región frente a diversos temas, en especial la discusión sobre las bases norteamericanas en Colombia, hicieron densa la atmósfera. Y ahí estamos y esa agenda nos traba, nos impide ver por dónde va el siglo XXI.
¿Qué entendemos hoy por independencia en este continente? ¿Qué sienten nuestros ciudadanos cuando escuchan la palabra independencia y ven cómo su realidad se cruza con una globalización ineludible? ¿Hemos asumido que el mundo vive en una creciente interdependencia y que debemos prepararnos para ello?
Independencia e interdependencia no son términos contrapuestos. Son complementarios, donde el primero tiene una historia larga en nuestros países, pero el segundo aún no terminamos de entender. La independencia fue y será siempre una tarea nacional, de metas y luchas por lograr, con un horizonte de identidad cultural como corazón para ser país. Un espacio de soberanía clara, para el desarrollo de sus pueblos.
Pero con ello está la ineludible relación con los otros. Ahora, en el siglo XXI, esa relación nos lleva a una interdependencia donde crisis económica, carencia de alimentos, planeta amenazado por el cambio climático, pandemias, nuevas demandas ciudadanas, valores universales configuran una agenda que se instala en el escenario nacional. A ratos se siente que nos estamos quedando atrás, enredados en retóricas y sin levantar la vista ante los nuevos desafíos. Hace 20 años fue un grito de independencia mirar el mapa latinoamericano y ver cómo la democracia se imponía. Veinte años después, las transformaciones son tan inmensas que la democracia no basta para la satisfacción de los ciudadanos.
» Leer más ...
Va un comentario de Farid Kahhat (Internacionalista y Profesor PUCP) sobre las razones para la presencia militar de EE.UU. en Colombia. El artículo se publicó en el Diario El Comercio el pasado 16.08.2009, bajo el título "Hugo, Álvaro y Rafael".
--------------
Por: Farid Kahhat
En noviembre será clausurada la base militar estadounidense de Manta, en Ecuador. Colombia fue el candidato elegido en la búsqueda de un reemplazo por diversas razones: cuen- ta ya con presencia militar estadounidense como parte del Plan Colombia. Cuenta, además, con un presidente popular, que es el más firme aliado de Estados Unidos en Sudamérica. Es el único país bioceánico de esa región, y tiene fronteras con el miembro más díscolo del vecindario (v.g. Venezuela).
La decisión de Colombia en la materia cae dentro de sus prerrogativas como Estado soberano, y el propósito de la presencia estadounidense en bases colombianas sería el mismo que cumplía la base de Manta: recopilar información que permita una acción más eficaz contra el narcotráfico y las FARC. ¿Por qué, entonces, esa posibilidad suscita tanta controversia?
Porque según el Gobierno Colombiano las FARC cuentan con retaguardias en Ecuador y Venezuela, con la anuencia de ambos gobiernos. Y según un informe del Congreso estadounidense, el Gobierno Venezolano mira distraído en otra dirección mientras su territorio se convierte en zona de tránsito para el narcotráfico. En otras palabras, la información de inteligencia recopilada por aviones AWACS desde espacio aéreo colombiano podría proceder de territorio ecuatoriano o venezolano. En marzo del año pasado vimos lo que el Gobierno Colombiano estaba dispuesto a hacer con esa información, cuando bombardeó un blanco de las FARC en Ecuador. Y aunque tanto Ecuador como Venezuela batieron tambores de guerra en respuesta, es de suponer que, al igual que entonces, lo pensarían dos veces antes de tomar una represalia armada contra un Estado que alberga tropas del ejército más poderoso del mundo.
Los temores no se restringen a los potenciales rivales de Colombia. Recordemos que el Gobierno Brasileño respondió al Plan Colombia propiciando el Plan Cobra (v.g. Colombia-Brasil), en el entendido de que debía resguardar la frontera común antes de que Estados Unidos lo hiciera por él. En el caso de Brasil, a esos temores se suman aquellos que suscita la reactivación de la Cuarta Flota Naval de Estados Unidos, dado que los yacimientos petrolíferos submarinos descubiertos por Petrobras podrían caer dentro de su ámbito de acción.
A lo cual se añade que el acuerdo en cuestión no ha sido objeto de escrutinio público ni siquiera en Colombia: el miedo a lo desconocido es un temor que comparten por doquier tanto los aficionados al género de terror como los altos mandos militares (aunque no queda claro si estos últimos derivan de la experiencia el mismo placer mórbido que obtenemos los primeros).
Consciente de los escalofríos que padece por su causa más de uno entre sus vecinos, Colombia presentó una contrapropuesta que merece ser atendida: aceptaría debatir en la Unasur el acuerdo con Estados Unidos, si se incluyen en la agenda de esa entidad “otros temas como el armamentismo, el tráfico ilegal de armas y el terrorismo”. Lo cual a su vez podría suscitar escalofríos entre países que no tienen vecindad con Colombia, pero sí un frondoso presupuesto militar: recordemos sino cómo el canciller Fernández de Chile trocó de súbito las dudas expresadas por la presidenta Bachelet durante una reunión con su par brasileño, por la certeza de que el acuerdo en cuestión era un asunto bilateral frente al cual su gobierno no tenía nada que decir.
CATEDRÁTICO DE LA PUCP
Una importante entrevista a Eduardo Lora, economista experto del Banco Interameticano de Desarrollo (BID), realizada por MAriella Balbi, para el Diario El Comercio de Lima sobre la vida en América Latina, abordando la perspectiva de la informalidad.
-----
Por: Mariella Balbi
El estudio del BID que usted ha dirigido incorpora al concepto de calidad de vida aspectos que no tienen que ver con el ingreso económico de la gente.
Además de los indicadores objetivos tradicionales, como necesidades básicas, o tasas de pobreza, considera las opiniones de la gente sobre su vida como una dimensión central de la calidad de vida. Se busca saber qué tan satisfechos están con su existencia, con las distintas dimensiones de lo que ellos son y con las políticas públicas.
Incorpora los sentimientos, la subjetividad.
Exactamente, por eso el estudio se llama: “Calidad de vida, más allá de los hechos”.
¿Uno puede tener un buen salario y estar insatisfecho, tener una mala calidad de vida?
Sí, uno puede ser un exitoso frustrado
¿Ese puede ser el caso del Perú, de los peruanos?
Ciertamente. De hecho hay un estudio de una peruana, Carol Graham, sobre esto. Encontró que había más gente infeliz entre los exitosos recientes, quienes han ascendido muy rápido en la escala de ingresos, que entre los campesinos.
¿Eso es porque hay más ambición en los primeros?
Sí, y porque hay un cambio muy fuerte en las expectativas. Y tiene que ver con cómo te va a ti con relación a los otros. No importa ganar tanto, sino más que los demás. Por eso la calidad de vida se mide con varios indicadores, no con una sola variable. El PBI, el ingreso, el índice de desarrollo no son indicadores sintéticos y no tienen sentido porque la calidad de vida es, por definición, multidimensional.
Pero, como diría Groucho Marx, es mejor llorar sobre un Mercedes Benz que sobre un Volkswagen escarabajo.
Claro, el ingreso económico es importante. Sin embargo, según nuestros estudios, tener amigos, fe religiosa, buena salud, mantener tu empleo tienen un valor impresionante para la gente.
¿Y qué es lo que más valoran los latinoamericanos?
El mayor temor es no pagar sus alimentos, luego el quedarse sin amigos a quienes acudir. Le siguen el perder la salud y el perder la fe religiosa. En último lugar está el divorciarse y no lograr un título universitario, eso parece no afectarlos tanto.
¿La gente de países desarrollados es más satisfecha que los latinoamericanos?
En general, los países con mayores ingresos son más satisfechos. En el caso peruano se presenta la paradoja del crecimiento infeliz
Del Perú hablamos después, ¿le parece?
Bueno. En América Latina, y en general, hay países con un nivel de ingresos no tan espectacular que, sin embargo, tienen mayor satisfacción de la que les correspondería. Costa Rica es el país más satisfecho con la vida y no tiene un nivel de ingreso tan alto como Uruguay, Chile y Argentina, países que están en la mitad de la tabla. Esa es la tendencia, pero no sabemos por qué y el libro no trata de explorarlo.
¿Los costarricenses son optimistas por naturaleza?
Exacto. Cuando preguntas ¿cómo estás?, responden: “Pura vida”. Si saludas a un inglés, contesta: “No demasiado mal”. Los argentinos, chilenos y peruanos tienden a ser pesimistas, cautos y desconfiados. Los más optimistas, tras los costarricenses, son los panameños, mexicanos, venezolanos, guatemaltecos. Estudiamos si influía el clima, pero no. Los dominicanos son muy negativos. Cuando les dices ¿cómo estás?, responden: “Bastante mal, pero no es culpa tuya”.
¿Qué implicancias tienen estos resultados de calidad de vida para las políticas públicas?
En los países donde la gente es muy optimista se refleja eso en sus actitudes hacia las políticas públicas y se conforman con políticas relativamente modestas.
¿Entonces el optimista es conformista?
Puede serlo, reduce una presión social por mejores políticas sociales.
¿No es tan bueno ser tan optimista?
Para nada. Hay una paradoja de las aspiraciones, en general en todos los países, no solo en los optimistas. Aquellos que reciben menos de las políticas sociales se conforman con poco y declaran estar más satisfechos con estas. La gente que tiene muy poca educación considera que el sistema educativo de su país es muy bueno, la más educada es muy crítica, como ocurre en Chile. Y debería ser al revés, quien no recibe buena educación tendría que quejarse. Igual, aunque la curva es menos pronunciada, ocurre con el área de salud y empleo. Los menos educados son más benignos.
¿Será que tienen que dedicar su tiempo a sobrevivir?
Puede ser, pero también porque no tienen ideas claras sobre lo que les corresponde. Otro dato muy interesante es la brecha que existe entre lo que es la realidad y la opinión de la gente. Uruguay es uno de los países con mayor seguridad, con menos criminalidad. Sin embargo, los uruguayos son los que se sienten más inseguros en América Latina. Colombia ya se acostumbró a ese problema y no lo considera tan grave. Igual ocurre con el tráfico, en América Latina se han acostumbrado, no lo consideran tan problemático.
¿Dijo que esta brecha también se observa en salud?
Sí. Nuevamente en Chile, con un excelente sistema de salud, son los más insatisfechos con tal servicio. Guatemala tiene una esperanza de vida muy baja y están contentos con su sistema de salud. El tema laboral es interesante. El 80% de latinoamericanos está contento con sus empleo, pese a la gran informalidad. La gente considera que un buen empleo no es tener vacaciones, seguridad social, estabilidad; más se valora tener flexibilidad de horarios, autonomía, ser respetado y que su trabajo les ofrezca oportunidades de crecer. La gente más infeliz con su empleo en Latinoamérica es la que trabaja en empresas pequeñas y medianas, los satisfechos son los informales o independientes y quienes están en las grandes empresas. Son más quienes quieren dejar de ser asalariados y pasar a ser informales que al revés. Entonces crear empleo formal es difícil, incluso a los trabajadores no les gusta y encima se les pone trabas e impuestos. A la gente le gusta la informalidad.
¿Quiénes son los que no valoran la seguridad social, las vacaciones?
Solo lo valora la gente de ingreso alto y de buen nivel educativo. La mayoría de las clases media y baja no. El grueso de la gente que está en la informalidad es porque lo ha escogido y le ha gustado.
¿Pero también es porque no tiene otra opción?
Claro, como no tiene otra opción, se hace la idea de que lo que tiene es bueno. Ajusta sus patrones de juicio a las circunstancias. Que Latinoamérica salga de la informalidad será difícil, le ha cogido el gusto.
Va un importante comentario de Bernanrdo Kliksberg sobre la temática de la corrupción, publicado el 8 de marzo pasado. Importante la clave que se da para frenar su expansión: mejorar la transparencia de la gestión pública y privada.
-------
Por: Bernardo Kliksberg.
Según los tribunales americanos, Siemens pagó, entre 1998 y 2004, 40 millones de dólares en soborno a altas autoridades argentinas para conseguir un contrato de 1.000 millones de dólares para producir nuevos documentos de identidad. También pagó en 2004 en México 2,6 millones de dólares por un proyecto en modernización de refinerías. Estos sobornos eran, como aceptó la mayor empresa de ingeniería europea en los tribunales, parte de una práctica sistemática de décadas que fue aplicada en múltiples países. En los países muy corruptos, los sobornos eran casi el 40% de los contratos; en otros, del 5% al 6%. La empresa deberá pagar en total 2.600 millones de dólares en EE UU y Alemania en multas e investigaciones y reformas. Informa el New York Times que Friedrich, jefe de la División Criminal del Departamento de Justicia de Estados Unidos, señaló que la corrupción en ella "era sistemática y extendida"; el director del FBI de Washington que lideró la investigación la llamó "masiva y cuidadosamente orquestada". Tan insertada estaba la corrupción en la cultura corporativa que uno de los principales operadores de los sobornos, Siekaczek, alegando que eran prácticas extendidas, afirmó después de haber admitido su culpa: "La gente dirá después de Siemens que no hemos sido afortunados, que hemos roto el mandamiento número 11. Ese mandamiento dice: no permitas que te descubran".
Los costos económicos de la corrupción son altísimos, y los pagan finalmente los consumidores y los contribuyentes. Destruye la confianza, elemento clave de la economía. Socava el sistema de valores morales y crea nihilismo en los jóvenes.
Hay varios mitos respecto a ella que correspondería revisar en América Latina:
Primer mito. La corrupción es esencialmente pública. El caso de Siemens, y múltiples otros similares como, entre otros, la quiebra del principal banco privado dominicano hace algunos años, que absorbió recursos vitales para el país; el soborno comprobado realizado por ejecutivos de una transnacional líder en Argentina para vender masivamente informatización al principal banco público, han mostrado que la corrupción no es sólo pública. La corrupción corporativa es parte importante del problema global. En los hechos, los esquemas de corrupción suelen entrelazar a ejecutivos públicos y privados.
Hasta 1999 en que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) penó la corrupción, el código fiscal alemán, entre otros, permitía la deducción de los sobornos como "gastos de negocios". El Pacto Global de la ONU terminó de oficializar a la corrupción como tema para la empresa privada en 2004, al agregar la lucha contra ella como décimo principio de su Código de Responsabilidad Social Empresarial.
Segundo mito. La corrupción se concentra en las coimas que los ciudadanos pagan a funcionarios. La coima en los países de Suramérica, la mordida en México y otras similares son claras expresiones de corrupción que deben ser combatidas y erradicadas. Sin embargo, los costos mayores los paga la sociedad en las grandes operaciones de colusión económica, entre empresas y funcionarios, como los que se han dado, entre otros, en el mercado de armas y en otras formas de corrupción más silenciosas. Entre ellas, las connivencias entre el crimen organizado y miembros de la policía, la influencia sobre el sistema judicial, los crímenes medioambientales.
Uno de los grandes temas que surgen cuando se eleva la vista de las coimas es el de la transparencia de la financiación en los procesos electorales. En un incisivo estudio de Ethos y Transparency International en Brasil al respecto (2008), más de 2/3 de las empresas firmantes del pacto por la integridad y contra la corrupción consideraron sobre esta estratégica cuestión que "las empresas deben apoyar iniciativas de la sociedad civil que monitoricen la financiación de la política", "las empresas deben revelar sus donaciones políticas al margen de lo que hagan los partidos y los candidatos", "las empresas solamente deben apoyar candidatos comprometidos con la divulgación de las donaciones".
Tercer mito. La opinión pública latinoamericana es pasiva frente a la corrupción. Está sucediendo lo contrario. El latinobarómetro y la encuesta mundial de valores muestran un rechazo generalizado, una enorme indignación por la impunidad y la exigencia creciente por respuestas contundentes.
Cuarto mito. La corrupción es un tema básicamente policial. Una investigación de la Universidad de Harvard muestra que es mucho más complejo. Trató de medir en 100 países con qué causales estaba más conectada. Las correlaciones econométricas identificaron que la principal eran los niveles de desigualdad. Cuanto mayores son las asimetrías en una sociedad, élites reducidas tienen el control de las grandes decisiones económicas, de los recursos, de la información, y las grandes mayorías tienen grados mínimos de información y de participación real. En esas condiciones hay, según los investigadores, "incentivos perversos" para las prácticas corruptas, porque los grupos de alto poder no tienen control y pueden actuar con impunidad. La corrupción, a su vez, aumenta la desigualdad. Se ha estimado que un aumento de un punto en el índice de corrupción hace aumentar el coeficiente Gini de desigualdad en 5,4 puntos.
Cuanto más equitativas las sociedades y mayor la participación de las mayorías, en educación, salud, información e incidencia en las decisiones, mejor podrán vigilar, y protestar, y menor será la corrupción.
Estos resultados son particularmente significativos para América Latina, por ser la región más desigual del planeta. Uno de los costos silenciosos de la desigualdad son los incentivos para la corrupción.
¿Cómo combatir la corrupción en la región? Mejorar la equidad y superar los mitos señalados, y otros, profundizando sobre sus causas, son recomendaciones básicas.
Junto a ello son imprescindibles vigorosas políticas de reforma y fortalecimiento del poder judicial, apoyo a la profesionalización de las instituciones policiales vinculadas con la investigación de estos delitos, establecimiento de instituciones reguladoras sólidas y dotadas de capacidad técnica efectiva, gestión activa para la recuperación de activos en el exterior. Después de largas gestiones, el empobrecido Haití acaba de recuperar varios millones de dólares que la dinastía Duvalier había depositado en cuentas suizas.
Una clave para enfrentar la corrupción es ampliar las posibilidades del control social. Ello significa, entre otros aspectos, maximizar los grados de transparencia de la gestión tanto pública como privada e instalar mecanismos institucionalizados de participación continua de la población. Son significativos los resultados logrados con desarrollos en los que América Latina fue pionera en los últimos años, como el presupuesto municipal participativo de Porto Alegre, que se ha convertido en una referencia mundial en la materia y se ha extendido bajo diversas fórmulas a centenares de ciudades de la región. La apertura plena de los presupuestos, su análisis por la ciudadanía, su selección directa de prioridades, la rendición de cuentas, generaron una gestión local muy mejorada y redujeron sensiblemente los niveles de corrupción y de clientelismo.
A todo lo anterior deberá sumarse trabajar en la familia, la educación y los medios masivos para fomentar una "cultura de la transparencia y la responsabilidad". Ambos significan que el otro importa. La corrupción es lo contrario: egoísmo maximizado. En los noventa, en Argentina, donde este año se están llevando adelante 15 procesos judiciales contra políticos, ex funcionarios, empresarios y banqueros de esa década, algunos sectores de la población llegaron a invertir los valores. Los funcionarios y empresarios que robaban cubriendo sus operaciones eran percibidos como "unos vivos"; los que no lo hacían, "una especie de idiotas". La década de políticas ortodoxas extremas destruyó parte de la clase media y de las oportunidades para la mayoría de la población en ese y otros países de la región, pero, además, erosionó profundamente los valores básicos.
Las sociedades reaccionaron, pero hay que continuar trabajando ese plano fundamental. Los países que encabezan la tabla mundial de integridad, como los nórdicos, tienen altos grados de equidad, instituciones sólidas, un poder judicial ejemplar, pero, además, la cultura rechaza a los corruptos, son "parias sociales". La ilegalización "cultural" además de jurídica de la corrupción es la doble batalla a dar.
La investigación de Harvard es alentadora, concluye que "después de todo, la corrupción no es un destino".
Estimados ciudadanos:
A continuación transcribo unas notas importantes de Mosies Naín, Editor de la Revista Foreing Policy, respecto a las políticas antidrogas de EE.UU. El artículo apareció en el Diario El Pais el 22 de febrero de 2009.
--------
Por: Moises Naím
En Estados Unidos, el 76% de la población piensa que la guerra contra las drogas ha fracasado. Al mismo tiempo, una igualmente abrumadora mayoría piensa que las políticas en las que se basa la guerra contra las drogas (represión de la producción, interdicción de las importaciones, prohibición del consumo y criminalización) no se pueden cambiar. Esta contradicción no es sólo de los estadounidenses.
Las encuestas revelan que estas ideas forman parte de las creencias de altos porcentajes de la población en muchos países: pobres y ricos, exportadores e importadores de narcóticos, democráticos y autoritarios, asiáticos, europeos o americanos.
¿Cómo explicar esta irracionalidad? ¿Cómo es posible estar en contra de cambiar una política pública que se sabe que no funciona? Mi respuesta es que la prohibición de todo lo relacionado con las drogas ha creado un clima donde también está vedado pensar libremente sobre alternativas a la prohibición. Un senador estadounidense que me habló con la condición de que no revelara su identidad me dijo: "Muchos de mis colegas y yo sabemos que los esfuerzos que se hacen para combatir el narcotráfico y el consumo de drogas no sólo no funcionan sino que tienen efectos contraproducentes. Pero esta es una posición políticamente suicida. Si lo digo públicamente es casi seguro que pierda mis próximas elecciones".
Y no son sólo los políticos: "¿Por qué a pesar de los esfuerzos, la situación en Afganistán se ha deteriorado tanto? En mi opinión la principal causa es el tráfico de drogas, que es sin duda alguna la fuerza económica que nutre el resurgimiento de los talibanes... Cuando estuve allí en 2006 no podíamos ni mencionar el tema. Era un asunto sobre el que nadie quería hablar". Esto lo dijo el general James Jones, ex comandante del Cuerpo de Marines (1999-2003) y comandante supremo de la Alianza Atlántica (2003-2006). Cabe notar que esta declaración la hizo meses antes de saber que iba a ser nombrado por el presidente Barack Obama asesor para la Seguridad Nacional.
La manera en la que el mundo enfoca el problema del tráfico y consumo de drogas es indefendible. Todos los analistas objetivos que han examinado el tema concluyen que el régimen actual requiere una urgente y profunda reforma. El problema es que cualquier propuesta en este sentido es usualmente contestada con acusaciones de ingenuidad, complacencia con los narcotraficantes y hasta de complicidad con ellos. Sin embargo, la realidad y los números son abrumadores. A pesar de los inmensos esfuerzos no hay evidencia alguna de que se estén alcanzando los objetivos de disminuir la producción o el consumo de drogas. Recientemente, el Gobierno británico informó de que en ese país la abundancia de cocaína es tal que estaba costando menos que una cerveza o una copa de vino. En Estados Unidos, uno de cada 100 ciudadanos está en la cárcel, la inmensa mayoría por tenencia de drogas. (Cada recluso le cuesta al Estado 34.000 dólares al año -unos 26.000 euros-, mientras que el costo anual de tratar a un adicto a las drogas es de 3.400 dólares). La violencia que se vive en México, Colombia o en cualquiera de los barrios pobres de América Latina, África y Asia es en gran medida un daño colateral causado por la guerra contra las drogas. La situación es insostenible y necesita un nuevo enfoque.
Esto es lo que acaba de proponer la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, un grupo de 17 latinoamericanos del cual formo parte. La comisión, presidida por tres muy respetados ex presidentes, Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; Cesar Gaviria, de Colombia y Ernesto Zedillo, de México, divulgó sus recomendaciones después de casi un año de trabajo, que incluyó la revisión de la mejor evidencia disponible y de amplias consultas con científicos, policías, médicos, militares, alcaldes y expertos en salud pública. Por favor, lea el informe en www.drogasydemocracia.org.
La comisión no cree que existan políticas alternativas a la prohibición que estén exentas de costos y riesgos. Pero sí cree que hay que considerar y probar otros enfoques que traten al problema de las drogas más como un asunto de salud pública que como una guerra.
Hablar genéricamente de "legalización de las drogas" es superficial e irresponsable y sólo sirve para banalizar y estancar la discusión. Pero prohibir la discusión racional de los costos y beneficios de descriminalizar la tenencia de marihuana para el consumo individual, por ejemplo, es aún más irresponsable.
El consumo de drogas es una maldición contra la cual hay que luchar. Pero hay que hacerlo bien. Y eso no sucederá mientras exista la prohibición de pensar libremente en qué significa hacerlo bien.
A continuación un importate artículo de Bernando Kliksberg (Asesor Principal de la Dirección del PNUD/ONU para América Latina y el Caribe) aparecido el 7 de diciembre en el Diario De Los Andes (Venezuela) sobre la necesidadde afirmar la formación de clases medias, base de las élites contemporaneas. Disfrútenlo...
----
Por: Bernardo Kliksberg
Costa Rica consiguió conformar una amplia clase media. Lo hizo estableciendo un sistema de salud pública que cubre integralmente a todos los ciudadanos y realizando durante 60 años una inversión sostenida en educación pública que representa actualmente el 8% del Producto Bruto. Ello potenció la posibilidad de ser clase media. Hoy es un activo exportador de software, y el país más buscado después de China y la India, para contratar su gente para trabajos descentralizados de las empresas líderes mundiales.
Las clases medias han sido en América Latina, un motor de progreso económico e innovación tecnológica, estudiantes ávidos, lectores afanosos de periódicos y libros, audiencia masiva de las artes. Asimismo son sumamente activo en la democracia, participan, se movilizan y se hacen sentir. Si se amplían ello indica que en esa sociedad hay movilidad social, que es posible con esfuerzo mejorar la situación de una persona y su familia, si se reducen es señal de lo contrario de que algo no funciona bien en ese país.
En América Latina de las últimas décadas se caracterizaron por:
Inestabilidad
Las políticas ortodoxas de los 90 produjeron efectos devastadores en las clases medias de la región. Desmantelaron el Estado expulsando funcionarios públicos, acorralaron a los pequeños y medianos comerciantes con la libre importación, la imposibilidad de acceder a créditos, y la falta de apoyo, "flexibilizaron" el mercado de trabajo eliminando toda protección social, redujeron los servicios de salud, y educación pública cuando más los necesitaban las clases medias en caída, y otras políticas similares. En la Argentina de Menem, 7 millones dejaron de ser clase media para convertirse en nuevos pobres, en Brasil, Colombia, y Ecuador el desempleo profesional se duplicó.
Resilencia
En condiciones muy adversas los estratos medios han demostrado gran capacidad para sobrevivir. En algunos países surgieron las "fábricas recuperadas" empresas quebradas cuya gestión retomaban sus empleados, en muchos casos con buenos resultados, hasta "la economía de canje" donde intercambiaban "saberes" complementándose los unos a los otros. Algunos producían productos caseros, o prendas de vestir, y los cambiaban por consultas con los dentistas, oftalmólogos, o contadores desocupados.
Capacidad De Protesta
Las clases medias estuvieron en la base de las grandes movilizaciones democráticas que llevaron a que entre 1992 y el 2006, 13 Presidentes latinoamericanos no terminaron su mandato. Fueron cuestionados por no cumplir sus promesas preelectorales, y no dar respuesta a la pobreza y la desigualdad.
También fueron muy activas en la generación de nuevas formas de participación ciudadana, frente a los resultados limitados de muchas de las tradicionales. La última encuesta Latinobarómetro 2008, muestra que el 63% de la población latinoamericana dice hoy que las marchas, protestas, y manifestaciones en la calle en las que los estratos medios han estado muy presentes, "son normales en una democracia", y un 59% dice "que son indispensables para que las demandas sean atendidas".
Cambio De Paradigma
En el pasado vastos sectores de las clases media creyeron en el hoy llamado "fundamentalismo de mercado". Se sumaron a la deslegitimización de la política pública, y del Estado. Hoy apoyan según se observa en las encuestas políticas públicas activas y vigorosas para que con empresas socialmente responsables, y sociedades civiles movilizadas creen desarrollo inclusivo y sustentable.
En la crisis económica actual, en que están poniéndose en marcha presiones para volver a los ajustes rígidos y sacrificar la inversión social, pueden ser después de sus desastrosas experiencias con las recetas ortodoxas, una de las fuerzas más vigorosas en la defensa de un modelo de desarrollo que incluya a todos, y proteja especialmente a los más débiles.
Va la opinión del diario El Mercurio de Chile sobre el incidente originado por las declaraciones del General Donayre, antiguo Comandante General del Ejercito.
-------------
Del Diario El Mercurio (07.12.2008)
El episodio diplomático creado por las extemporáneas e injuriosas expresiones del entonces comandante en jefe del Ejército peruano parece haber concluido sin medidas ni sanciones, luego de una transferencia del cargo por término normal de período a otro oficial. Sin perjuicio de las explicaciones dadas en su oportunidad a alto nivel, es de lamentar que así haya sido, pues no ha habido una satisfacción condicente, y ello tiene una inevitable consecuencia, a lo menos en la cordialidad y el grado de las relaciones, que son importantes para ambas naciones. Cabe esperar que se adopten las medidas necesarias para que no se repitan actos semejantes por parte de altos oficiales públicos, y que tengan lugar gestos que tiendan a superar la situación producida.
Es posible deducir diversas enseñanzas de lo ocurrido, entre las cuales cabe una reflexión diplomática. En el mundo moderno se han multiplicado los contactos directos, a todos los niveles, más allá de los canales diplomáticos establecidos. En este caso, el Presidente del Perú llamó telefónicamente a la Presidenta de Chile, dio explicaciones y habló de la separación del ofensor de su cargo. Nuestra Jefa de Estado entendió que esta separación se produciría como consecuencia de las declaraciones, en tanto su interlocutor afirma que sólo se refirió a que la misma se realizaría con fecha 5 de diciembre, que era el cumplimiento del correspondiente período. Sin embargo, para este malentendido se invoca como testigos a todos los miembros del gabinete peruano que oían la conversación, en la cual a este lado de la línea sólo participaba la receptora del llamado. En forma casi inmediata, hubo en Lima declaraciones del canciller, con diversas precisiones sobre el tema. En suma, una coordinación planificada de este acto de política exterior .
En el futuro conviene estudiar -para el caso de situaciones delicadas y de gestiones no escritas de carácter diplomático, cualesquiera que sean el país o la persona involucrados- el tener establecidos mecanismos que permitan las constancias, las coordinaciones y la canalización diplomáticas de las mismas, o su conclusión en tiempo y forma oportunos.
Esto, en el contexto de una coordinación que naturalmente existe y opera entre la Presidencia y la Cancillería, pero que siempre puede admitir perfeccionamientos.