Una manera de comprender la vida y experiencia de Hipólito Unanue y su vinculación con la historia de fines de la colonia y de inicios de la República es a través de su función de mediador cultural entre Europa y el Nuevo Mundo. Desde esa perspectiva, el papel de Unanue es clave para entender no sólo a lo hombres de su generación, sino también para comprender la complejidad de la transición entre ambos periodos. Como los hombres que formaron la élite intelectual de la sociedad de su tiempo, era un hombre ilustrado , perteneciente al grupo de aquellos criollos que abrazaron las ideas liberales combinándolas con las de la piedad ilustrada y que, por consiguiente, buscarían una representación ante las Cortes sin restricciones, aunque sin llegar a ser anticlericales, sino que rescataban el papel de la Iglesia. La generación de la cual forma parte Hipólito Unanue elaboró un discurso modernizador basado en la mejora de las condiciones de la calidad de vida y desconocimiento de la realidad geográfica y demográfica del Virreinato del Perú. Este discurso implicaba el desarrollo de sus propias disciplinas, lo que en el caso de Hipólito Unanue significaría buscar el desarrollo de la medicina en el Perú .
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Introducción
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El lugar donde vivimos y el lugar donde yacemos cuando morimos pueden ser claros testimonios de una sociedad. Analizar estos espacios y conocer qué se construye, las dimensiones y distribución dada, los materiales utilizados, los elementos simbólicos que añadimos, el cuidado que les damos para mantenerlos, incluso los momentos en que esos lugares son abandonados, nos están comunicando importante información acerca de nosotros, de cómo somos, qué pensamos, cómo nos tratamos.
El Cementerio General –hoy Cementerio Presbítero Matías Maestro- fundado el 31 de mayo de 1808 marca un hito central en la historia de la muerte en la ciudad de Lima, ya que a partir de su inauguración cambió el lugar donde se debían enterrar a las personas. Así, a partir de esa fecha se prohibió que se continúe enterrando en las Iglesias y en las capillas de los hospitales. Es una de las obras más representativas de su época, donde se combinan las ideas ilustradas, el concepto de higiene pública y el estilo neoclásico.
El trabajo sobre el Cementerio Presbítero Matías Maestro es presentado a la luz de lo señalado en el párrafo anterior, con énfasis en los cambios, la complejidad, importancia y función que ha tenido y tiene. Para ello ha sido dividido en tres partes que siguen un orden cronológico: la Fundación, el Centenario y el Bicentenario.
El Cementerio General –hoy Cementerio Presbítero Matías Maestro- fundado el 31 de mayo de 1808 marca un hito central en la historia de la muerte en la ciudad de Lima, ya que a partir de su inauguración cambió el lugar donde se debían enterrar a las personas. Así, a partir de esa fecha se prohibió que se continúe enterrando en las Iglesias y en las capillas de los hospitales. Es una de las obras más representativas de su época, donde se combinan las ideas ilustradas, el concepto de higiene pública y el estilo neoclásico.
El trabajo sobre el Cementerio Presbítero Matías Maestro es presentado a la luz de lo señalado en el párrafo anterior, con énfasis en los cambios, la complejidad, importancia y función que ha tenido y tiene. Para ello ha sido dividido en tres partes que siguen un orden cronológico: la Fundación, el Centenario y el Bicentenario.
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08/03/08: LAS CAUSAS DE LA VIOLENCIA
Marco socio-histórico de la sociedad peruana
La Comisión ha sostenido como hipótesis de su trabajo la existencia de una acumulación histórica de la violencia, que ha formado parte de la configuración social y del Estado, entrabando el desarrollo integrado, coherente y democrático de ambas cosas. Este proceso, que se explica por la organización de sistemas de relación social y de poder, basados en la dominación interna y en la interferencia de los sucesivos centros de poder internacional que impusieron patrones de dependencia, significó para el Perú agudas desigualdades sociales, fragilidad del Estado y situaciones de pobreza e injusticia. El país, rico en sus potencialidades, quedó, como señala Basadre, atrapado en problemas irresueltos y en posibilidades nunca realizadas. Para el pueblo peruano este estado de cosas significó frustración; no debe extrañar, por tanto, los periódicos estallidos de violencia que expresaban el reclamo por un orden más justo y por una sociedad y un Estado realmente democráticos.
El incumplimiento de esta aspiración colectiva ha derivado en una mayor acumulación de violencia, la misma que, en el desborde popular que caracteriza las últimas décadas, no ha podido ser más contenida apelando a los mecanismos tradicionales de control social y represión del sistema puesto en cuestión. A pesar de la nueva Constitución de 1979 y de un régimen que por sus orígenes eleccionarios y su continuidad institucional, quiere expresar un compromiso democrático, las demandas y las propuestas sociales son de tal magnitud, que sobrepasan la capacidad de respuesta a corto plazo de un Estado atravesado por limitaciones estructurales de todo tipo, lleno de deficiencias en su organización administrativa, centralista, asediado por las presiones de intereses minoritarios y que no está equipado ni dotado del consenso que lo convierta en el director de un proyecto nacional de cambio, democracia y justo desarrollo. En este contexto, la sociedad insatisfecha tiende a convulsionarse más y los individuos y los grupos desencadenan comportamientos autónomos que vehiculizan a su modo y muchas veces con producción de violencia activa, las exigencias a un protagonismo antes existente y a una reinserción social alternativa.
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La Comisión ha sostenido como hipótesis de su trabajo la existencia de una acumulación histórica de la violencia, que ha formado parte de la configuración social y del Estado, entrabando el desarrollo integrado, coherente y democrático de ambas cosas. Este proceso, que se explica por la organización de sistemas de relación social y de poder, basados en la dominación interna y en la interferencia de los sucesivos centros de poder internacional que impusieron patrones de dependencia, significó para el Perú agudas desigualdades sociales, fragilidad del Estado y situaciones de pobreza e injusticia. El país, rico en sus potencialidades, quedó, como señala Basadre, atrapado en problemas irresueltos y en posibilidades nunca realizadas. Para el pueblo peruano este estado de cosas significó frustración; no debe extrañar, por tanto, los periódicos estallidos de violencia que expresaban el reclamo por un orden más justo y por una sociedad y un Estado realmente democráticos.
El incumplimiento de esta aspiración colectiva ha derivado en una mayor acumulación de violencia, la misma que, en el desborde popular que caracteriza las últimas décadas, no ha podido ser más contenida apelando a los mecanismos tradicionales de control social y represión del sistema puesto en cuestión. A pesar de la nueva Constitución de 1979 y de un régimen que por sus orígenes eleccionarios y su continuidad institucional, quiere expresar un compromiso democrático, las demandas y las propuestas sociales son de tal magnitud, que sobrepasan la capacidad de respuesta a corto plazo de un Estado atravesado por limitaciones estructurales de todo tipo, lleno de deficiencias en su organización administrativa, centralista, asediado por las presiones de intereses minoritarios y que no está equipado ni dotado del consenso que lo convierta en el director de un proyecto nacional de cambio, democracia y justo desarrollo. En este contexto, la sociedad insatisfecha tiende a convulsionarse más y los individuos y los grupos desencadenan comportamientos autónomos que vehiculizan a su modo y muchas veces con producción de violencia activa, las exigencias a un protagonismo antes existente y a una reinserción social alternativa.
19/02/08: LA MUERTE EN LIMA EN EL SIGLO XIX: Una aproximación demográfica, política, social y cultural
Consideramos que el tema de la muerte es lo suficientemente significativo como para ser abordado en una tesis. Además del enfoque estricto bajo el cual éste ha sido entendido por la historiografía, que es el estudio de las mentalidades, la muerte, desde mi perspectiva, es un vehículo perfectamente válido para entender la sociedad limeña del siglo XIX, y por lo mismo, conocer las diversas dimensiones que confluyen en las maneras que ella adopta. Es decir, preguntarse cómo se muere, es, creo, fundamentalmente saber cómo se vivía para prepararse ante ese momento inexorable por el que todos pasamos.
Desde esa perspectiva, nuestro trabajo indagará los diferentes planos que intervinieron en la muerte de los habitante de la ciudad de Lima en el siglo XIX: salud, enfermedad y muerte; descubrirá cuáles serán las condiciones materiales (patología social) de las instituciones asociadas a la salud y a políticas sanitarias. Estos aspectos servirán de soporte para que los habitantes padezcan determinadas causas de enfermedades y muerte. A su vez, estarán relacionadas a los cambios en las costumbres de la vida cotidiana y también en la forma como es asumida la muerte.
El culto a los muertos que hay en la actualidad no tiene un origen atemporal, sino es ubicado a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, como influencia de las ideas de la Ilustración. Este culto actual se caracteriza en términos generales por la importancia concedida a la visita de cementerios, piedad por los muertos, veneración de las tumbas individuales y las visitas masivas a los cementerios en el mes de noviembre .
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Desde esa perspectiva, nuestro trabajo indagará los diferentes planos que intervinieron en la muerte de los habitante de la ciudad de Lima en el siglo XIX: salud, enfermedad y muerte; descubrirá cuáles serán las condiciones materiales (patología social) de las instituciones asociadas a la salud y a políticas sanitarias. Estos aspectos servirán de soporte para que los habitantes padezcan determinadas causas de enfermedades y muerte. A su vez, estarán relacionadas a los cambios en las costumbres de la vida cotidiana y también en la forma como es asumida la muerte.
El culto a los muertos que hay en la actualidad no tiene un origen atemporal, sino es ubicado a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, como influencia de las ideas de la Ilustración. Este culto actual se caracteriza en términos generales por la importancia concedida a la visita de cementerios, piedad por los muertos, veneración de las tumbas individuales y las visitas masivas a los cementerios en el mes de noviembre .






