Categoría: Deuda externa
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Recuento y avatares de nuestra deuda externa.

Desde la Independencia hasta Leguía.

Quiérase o no, la deuda externa constituye uno de los principales tópicos en el estudio de nuestra economía. Pero no es un tema nuevo. En realidad, casi desde el inicio de la República el Perú tiene deuda externa. Del análisis de la trayectoria de esta variable podremos sacar lecciones para el futuro. Veamos los precedentes.

Los inicios. El Perú se hallaba todavía en pleno proceso independentista cuando, en 1822, adquirió un crédito de 1’200,000 libras esterlinas con la finalidad de desarrollar un mínimo de infraestructura exigida por el naciente Estado y, además, cubrir las necesidades del ejército patriota. Dicho préstamo fue intermediado por Thomas Kinder, el mismo que tres años después amplió dicha suma en 616 mil libras más para posibilitar así el pago de los intereses acumulados.

Estos datos son suficientes para comprender que algo falló en la referida operación. A todas luces, era evidente que la capacidad de pago que tenía el incipiente Estado peruano no era muy limitada, situación que fue una y otra vez advertida por los cónsules británicos en sus informes. Aun así, primó el espíritu especulativo de personajes como Kinder, quienes prefirieron arriesgarse sobre la base de supuestas y exageradas expectativas en la riqueza minera del Perú.

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18/10/07: Una pesada carga

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Recuento y avatares de nuestra deuda externa

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la «década perdida».

Como habíamos expuesto en una entrega anterior (Business 66), una de las consecuencias que tuvo el crack de 1929 en las economías latinoamericanas, incluida la peruana, fue la interrupción del ciclo crediticio debido a las moratorias declaradas unilateralmente por nuestros países.

Hubo que transcurrir casi 20 años para que el flujo financiero volviera a restablecerse. En efecto, al finalizar la Segunda Guerra Mundial el alza de los precios de las materias primas contribuyó decisivamente al saneamiento de las economías de la región, pues generó condiciones inmejorables para expandir las exportaciones.

De esta manera, el Perú fue nuevamente sujeto de crédito y en 1947 el Congreso acordó consolidar la deuda existente desde 1931 -año en que había declarado la moratoria- como paso previo a la recepción de nuevos recursos financieros.

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