Reflexión de Adviento

Una afirmación que sería absolutamente inaceptable para un fundamentalista y que pondría bastante incómodo a cualquier creyente que no fuera suficientemente escéptico es que la Escritura se contradice a sí misma.
Ser un creyente escéptico significa, por una parte, no ser en modo alguno fundamentalista, e implica, por la otra, mirar con cuidado lo que se asume en la fe.
Demos, pues, una mirada rápida (no puede ser muy cuidadosa ahora) a los siguientes datos:
--> La esclavitud, aceptada en el Antiguo Testamento, estaba en abierta contradicción con el mensaje del Nuevo Testamento, y al pueblo cristiano le tomó 1800 años comprenderlo.
--> La subordinación de la mujer al hombre, aceptada en casi la totalidad de la Biblia (por no mencionar la abierta misoginia implicada en ello), estaba en abierta contradicción con el mensaje del Nuevo Testamento (aquí incluso el Nuevo Testamento se contradice con el Nuevo Testamento), y nos ha tomado más de 2000 años aceptarlo.
--> La Iglesia anglicana se ha adelantado a todas las demás confesiones cristianas en debatir abiertamente el tema de los derechos de homosexuales y lesbianas. No se ha llegado todavía a un consenso, pero en la Iglesia anglicana ya se expresen las primeras voces que ven en este tema una contradicción más de la Biblia, análoga a las anteriores.
Este tipo de reflexiones vanguardistas son las que espantan a las mentes más conservadoras, las hacen entrar en pánico y las lanzan al ataque. Todo debido a una errónea comprensión de la naturaleza de las creencias religiosas. Imposible convencerlos de su error, desde luego. Un consevador asustado no es una persona con la que se pueda conversar; es más bien un individuo peligroso, propenso al odio, como la historia ha demostrado tantas veces.
Pero a pesar de todo, Dios no vive en el pasado que los conservadores añoran. Dios... adviene, viene del futuro. No trae consigo una buena vieja sino una Buena Nueva.


















