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abril 29, 2009
- “Mimimi”, ven que quiero contarte un secreto. – Yuki llamaba a Mimi por encima del sofá, ocultando la mitad del cuerpo.
- ¿Sobre qué? – Mimi escribía mensajes de texto a una velocidad ultrasónica.
- Voy a salir con Kari más tarde pero, necesito que me des un consejo.
- ¿What? – Mimi se atoró o algo así. Accidentalmente mandó un mensaje incompleto.
- Quiero que me digas qué hicieron Taka y tú cuando salieron, porque no tengo idea de cómo comportarme con alguien como Kari.
Sé que Mimi se puso roja como un tomate porque no entendí el siguiente mensaje que me envió. Era como si hubiese apretado cualquier cosa en su pantalla táctil, o la intentaba romper.
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abril 22, 2009
Y esta es la terraza. En este lugar secreto, permitido solo para nosotros cuatro, dejamos atrás las limitaciones del lenguaje, el qué dirán y hablamos libres con ganas de ser escuchados. La única regla es que fuera de la terraza, no debemos hablar lo que discutimos aquí. Estos son nuestros pensamientos, nada más, los dejamos salir para que sean escuchados, porque cuando son escuchados es cuando se vuelven realidad, aliviándonos el estrés de preguntarnos todos los días si son reales o no. Hoy, yo quiero escucharte con una sonrisa en el rostro.
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abril 11, 2009
- Me muero de sueño, pero no puedo dormir…
- ¿Por qué, Mimi? – Kari hablaba con los ojos cerrados y con la cara enterrada en la almohada.
A veces, Mimi pasaba la noche en casa de Kari. Más que nada se la pasaban susurrando nombres, hechos, recuerdos y planes futuros en medio de un profundo silencio, interrumpido a menudo por los ladridos de Shadow, el labrador blanco – sí, blanco- de Kari que dormía en la azotea, castigado a menudo por no saber aún dónde queda “el baño”. Casi nunca recordaban, a la mañana siguiente, en qué momento se habrían quedado dormidas ni en qué habrá quedado la conversación. Era algo así como una terapia, un desfogue y una actualización rápida de la semana.
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abril 07, 2009
Las cuatro estaciones pasaban en sus ojos en tan solo unos minutos luego de aquél beso, pude verlo a través del espejo retrovisor. Y mientras teníamos que volver por las sandalias de aquella que yo pensé desaparecida para siempre, me pregunté por qué. ¿Cómo es que suceden cosas así en el mundo? Realmente ese día me di cuenta que hay personas cuya existencia absorbe todo lo que hay a su alrededor, a la realidad, a la fantasía y a las personas que viven de ellas. Cuando te das cuenta, ya es imposible tener caminos divididos.
Por Yuki.
Ella me intimida.
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abril 05, 2009
"¡Yuna!" exclamé con toda la fuerza que tenía en los pulmones hasta sentir que los ojos podrían salírseme de las cuencas. Ahí estaba ella, con su falda marrón, sus aretes morados, su bolso lleno de nada tal y como la había imaginado
el otro día. Miraba el horizonte con los pies hundidos en la arena y las sandalias pasos más atrás. Tenía las manos hechas puño a los lados de la cintura como retando al sol (es muy probable que lo hubiera estado haciendo). Solo volteó el rostro y me miró de reojo, también miró a Yuki que estaba apoyado en la puerta de su auto, fumando un cigarrillo más, haciéndole un saludo con la palma de la mano. Ella miró hacia delante y siguió con su pose. El mar se veía espectacular y ahí estábamos los tres nuevamente, en nuestro lugar secreto favorito, como la primera vez que fuimos. Solo que esta vez parecía tan dramático.
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abril 04, 2009
Llegué a la puerta de la casa de Yuki y me faltaba el aire terriblemente, me miró con seriedad y asintió, como si fuésemos un par de secuaces que lo tienen planeado casi todo. Subimos a su auto con la sorpresa lista y emprendimos la carrera de nuestras vidas. Yo sostenía la carta y el sobre blancos en la mano y en la otra aún tenía mi llave. Parecía que Yuki había estado esperando durante todo este tiempo a que yo recordara aquél momento que cambió mi vida para siempre. Y recordé y aún no estoy completamente seguro de cómo ni por qué.
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abril 02, 2009
Revisé uno a uno los papeles, con sumo cuidado pero a la velocidad de la luz, no podía perder un solo minuto. Empecé a desesperarme poco a poco mientras que el cuarto se llenaba de desorden, de polvo de papel de años, de pedacitos de recuerdos flotantes. El recuerdo vago de algo fue como un chispazo en una habitación llena de pólvora. Llegué al final del cajón de los recuerdos y había un sobre blanco al lado de un G.I. Joe muerto. La abrí casi inmediatamente y, adentro, la tarjeta blanca en papel cuadriculado me recordó una promesa que había roto sin querer hacía algún tiempo: “No importa lo que pase, no me olvides”. Di dos pasos atrás y marqué mi celular sin ver las teclas. “Yuki, necesito que me hagas un gran favor…”.
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marzo 30, 2009
Últimamente no ha habido malas noticias, lo cual resulta un poco extraño tomando en cuenta que buenas noticias tampoco se han asomado si quiera. Me gustaría que pasara algo fuera de lo común, aunque fuese algo pequeño, para darme cuenta que la vida está sucediendo. Los días se están pasando nada más, sin pedirme permiso, tal vez por eso estoy sintiendo como si envejeciera de repente. Y es que me siento vivo cuando hay algo, sea bueno o malo.
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marzo 26, 2009
“Si pudiera vivir en otra época del mundo, elegiría aquella donde el honor movía toda acción humana y la herramienta para ejecutarla era la espada”. Los ojos de Kari brillaban mientras juntaba sus manos y entrelazaba los dedos. No estando segura si la época de caballeros occidental o la de los samuráis oriental, pero la idea era parecida. Yo la escuchaba atento porque mi época favorita era la misma, aunque la oriental fue mucho más perfecta que la occidental. “Porque no hay nada más romántico que un chico que se rija bajo esos valores”. Yo la miré y me reí jocosamente, no sabía que aún quedaban chicas que pensaban eso. “Es raro, pensaba que las chicas de ahora no pensaban eso ya”. Y es que me había pasado que las chicas ahora solo quieren alguien que las deje vivir en paz.
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marzo 23, 2009
Terminé de tomar el desayuno y alisté las cosas que estaba olvidando. En esos días todos se pasaba rápido menos esos curiosos momentos que se quedaban en mi mente por varias horas. Pensaba que por alguna razón, la vida era tan predecible que pensar y decir “ya lo sabía” cuando pasaba algo ya se volvía divertido. La vida iba pasando delante de mis ojos simplemente y mi única misión era relatarlo a un público imaginario dentro de mi mente. Pero ese día sucedieron muchas cosas interesantes y la más interesante de todas fue Kari.
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marzo 19, 2009
Veinticuatro horas son muchas horas, muchos minutos, muchos segundos. Cuando estás al lado de la persona que más importa, los segundos pasan realmente lento y puedes notar cosas que no notarías normalmente: el viento alrededor, el desarrollo de una sonrisa, una mirada y su efecto en ti, un beso robado, un café, comida italiana, un suspiro. Una conversación ligera, una conversación seria, risas, un golpecito condescendiente en el hombro. Un beso tierno y sincero seguido de un tremendo abrazo. El intercambio de regalos, una caminata digna de un cuadro. Un largo silencio y un beso apasionado Sin embargo, en lo que menos te das cuenta se pasaron las veinticuatro horas. Se fueron volando, se fue el sol, se pide la cuenta, una rápida despedida tan solo para dar unos cuantos pasos y recibir un mensaje de texto con las palabras que esperabas escuchar. Te echas en la cama a pensar en esa persona y, si tienes suerte, sueñas con otro día entero con ella. Las veinticuatro horas se convierten en veinticuatro momentos especiales. ¿Les ha pasado? Intenten contar y siempre dará veinticuatro.

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febrero 23, 2009
Elegí, casi sin preguntarme porqué, el color amarillo para las flores que siempre olvido el nombre e indiqué "pocos detalles, por favor". ¿Cuándo habrá sido la última vez que usaba las flores como una excusa para hacerle sonreir? El camino era tan largo que casi me quedo dormido. Llegué. Dejé de estar nervioso. Acomodé mi cabello y cambié de mano el maletín. Timbre. Esperar. Entré. Saludé a Mamá, a Papá. Alcancé el ramo hacia el campo visual de los demás haciendo una muy leve reverencia. Mamá encantada. Papá recordó mi nombre. Cómo me encanta encantarles.
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febrero 19, 2009
Hay días, como aquél hace mucho tiempo, cuando se puede ver el sol directamente sin quemar nuestras retinas ni sufrir daños permanentes; son nublados, muy nublados, pero a la vez claros y existe en el aire cierta sensación de calidez. Así que ese día se habían sentado cerca del puente que estaba en medio camino a casa… a mirar el sol delante de ellos. Un helado y una galleta de chocolate con menta, antes que empezaran las preguntas. Levantó la mano.
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febrero 17, 2009
Ayer tuvimos una revelación durante la conversación por teléfono: mientras yo permanezca callado y sin sonreír, ella podría contarme absolutamente cualquier cosa. Trabajo, desamores, tiempos perdidos y la promesa de ir a ver una película el domingo. Nos acordamos de las veces anteriores cuando nos vimos y sucedía así. Fue tan cómico, nos reímos mucho. Sonreímos cada uno al otro lado del celular. Lo sé.
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febrero 14, 2009
La música, Yuna, yo, el viento callado, el frío de verano en medio de este clima loco y mi dolor de piernas por tanto caminar… nada me distrajo de mi sinceridad y tan solo tomé aire muy profundo y mi vida con ella pasó por mis ojos cerrados en décimas de segundo, un “así tiene que ser” pasó muy veloz por mi mente y con una aún titubeante indecisión, le dejé un beso en la frente y un “adiós” como último regalo. Y es que no existe esa situación en donde tú te empiezas a ir y ella te alcanza y te detiene y te dice “te necesito”, solo en las malditas películas y en esa ilusión propia de vivir ese drama mientras das los pasos y nada sucede, solo la melancolía y la culpa y el odio secreto. Piernas, no se detengan. Corazón, no dejes de latir. Mente, olvida.
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