Archivo de abril 2010
26/04/10: OBITUARIO DE LA LUCHA ANTICORRUPCIÓN
Interesante ruta planteada por Augusto Alvarez Rodrich en el Diario La República del 26.04.2010.
-----
Por: Augusto Alvarez Rodrich
La verdad incómoda es que a pocos les interesa esto.
Lo más penoso de estas semanas prolíficas en denuncias no es la evidencia de que la corrupción actual sea más profunda de lo que muchos creyeron, sino la constatación de que la voluntad de encubrimiento y la vocación por la impunidad sean más fuertes que la decencia, y de que la lucha anticorrupción realmente no le interese a mucha gente ‘importante’ más allá del discurso rimbombante.
Es cierto que, dentro de todo –un ‘todo’ que también incluye el indulto escandaloso, con fuga de tondero, de J.E. Crousillat–, una consecuencia positiva es que la corrupción ha repuntado al primer lugar de la preocupación ciudadana. Pero ese interés no es compartido por los que cortan el jamón.
Una expresión de ello es la voluntad de encubrimiento de sectores relevantes que se suele manifestar en la típica respuesta de que la denuncia es promovida por los enemigos políticos o de que constituye un cargamontón con mala leche.
El libreto que sigue también es conocido: un pleito entre los que denuncian y los amigos del denunciado, y donde la corrupción destapada –es decir, la madre del cordero– pasa a un segundo y hasta tercer plano.
Y luego viene la contradenuncia al sospechoso de la primera denuncia, lo cual ahonda la sensación de que, para muchos, la lucha anticorrupción no es –como debiera ser– una política de moralización indispensable, sino un instrumento político: se encuentra el delito y se lo encarpeta para soltarlo en la ocasión propicia. Si esta no llega, la denuncia nunca se concreta.
En el Perú, es difícil que la lucha anticorrupción se entienda como objetivo en sí mismo. Se la usa como chaira. Y el que defiende la anticorrupción caiga quien caiga es visto como bicho raro, alguien con ganas de joder y que debe ser extirpado.
Esto no es extraño en un país en el que a la Universidad Católica le quieren imponer la consagración del plagio en su campus; donde el cardenal, para defender a Alex Kouri, critica que se ponga la corrupción en la agenda electoral (¿diría lo mismo si la acusación fuera a Marco Arana?); y donde seguramente en pocos días volverá a aparecer un amplio comunicado con firmas prestigiosas a favor de Jorge del Castillo y en contra de los que lo acusan, tal como ocurrió pocos días después del destape inicial de los petroaudios.
No es que la gente tenga, necesariamente, simpatía por la corrupción, sino que, en el Perú, las relaciones personales, la amistad, el compadrazgo, el hoy por ti mañana por mí, y la asociación interesada, pesan mucho más que la decencia. Esto constituye, en la práctica, la partida de defunción de la lucha anticorrupción.
-----
Por: Augusto Alvarez Rodrich
La verdad incómoda es que a pocos les interesa esto.
Lo más penoso de estas semanas prolíficas en denuncias no es la evidencia de que la corrupción actual sea más profunda de lo que muchos creyeron, sino la constatación de que la voluntad de encubrimiento y la vocación por la impunidad sean más fuertes que la decencia, y de que la lucha anticorrupción realmente no le interese a mucha gente ‘importante’ más allá del discurso rimbombante.
Es cierto que, dentro de todo –un ‘todo’ que también incluye el indulto escandaloso, con fuga de tondero, de J.E. Crousillat–, una consecuencia positiva es que la corrupción ha repuntado al primer lugar de la preocupación ciudadana. Pero ese interés no es compartido por los que cortan el jamón.
Una expresión de ello es la voluntad de encubrimiento de sectores relevantes que se suele manifestar en la típica respuesta de que la denuncia es promovida por los enemigos políticos o de que constituye un cargamontón con mala leche.
El libreto que sigue también es conocido: un pleito entre los que denuncian y los amigos del denunciado, y donde la corrupción destapada –es decir, la madre del cordero– pasa a un segundo y hasta tercer plano.
Y luego viene la contradenuncia al sospechoso de la primera denuncia, lo cual ahonda la sensación de que, para muchos, la lucha anticorrupción no es –como debiera ser– una política de moralización indispensable, sino un instrumento político: se encuentra el delito y se lo encarpeta para soltarlo en la ocasión propicia. Si esta no llega, la denuncia nunca se concreta.
En el Perú, es difícil que la lucha anticorrupción se entienda como objetivo en sí mismo. Se la usa como chaira. Y el que defiende la anticorrupción caiga quien caiga es visto como bicho raro, alguien con ganas de joder y que debe ser extirpado.
Esto no es extraño en un país en el que a la Universidad Católica le quieren imponer la consagración del plagio en su campus; donde el cardenal, para defender a Alex Kouri, critica que se ponga la corrupción en la agenda electoral (¿diría lo mismo si la acusación fuera a Marco Arana?); y donde seguramente en pocos días volverá a aparecer un amplio comunicado con firmas prestigiosas a favor de Jorge del Castillo y en contra de los que lo acusan, tal como ocurrió pocos días después del destape inicial de los petroaudios.
No es que la gente tenga, necesariamente, simpatía por la corrupción, sino que, en el Perú, las relaciones personales, la amistad, el compadrazgo, el hoy por ti mañana por mí, y la asociación interesada, pesan mucho más que la decencia. Esto constituye, en la práctica, la partida de defunción de la lucha anticorrupción.
Interesante opinión editorial del Diario El Comercio de Lima (20.04.2010)... A tomar nota, porque se trata de un tema que al final del día afecta la gobernabilidad de la nación y el futuro de la patria.
----
Por: Diario El Comercio
La última encuesta nacional de El Comercio, realizada por Ipsos Apoyo S.A., vuelve a poner el dedo en la llaga: a la mayoría de peruanos no les interesa la política, lo cual no es una novedad, pero sí una señal de alerta y de preocupación. Muchas han sido las razones que se han esgrimido para explicar el porqué de este rechazo hacia lo que constituye la representación y la administración del poder en el Estado para beneficio de todos los ciudadanos.
Sin embargo, todo indica que estamos ante un desinterés que va más allá de factores socioeconómicos, generacionales, geográficos y coyunturales. Se trata, en realidad, del incremento de la frustración, del escepticismo y el desencanto de peruanos hartos de la política, que se niegan a legitimar a ciertos personajes cuestionados, corruptos o vinculados a hechos delictivos que usan la función pública en beneficio propio y no por la necesidad de servir.
En este sentido, el grado de adhesión de la población a la política seguirá siendo mínima en la medida que los políticos, los partidos y demás agrupaciones —sobre todo aquellas que forman parte de la administración estatal— no cambien radicalmente la imagen negativa que hoy proyectan.
Sin duda, como ha señalado el politólogo Enrique Bernales, hay “una percepción ética por parte de la población que, lamentablemente, muchos de los que están hoy en la política no ven o consideran de un modo superficial”. No obstante, tal vez las próximas elecciones obliguen a más de una agrupación a cambiar de rumbo. Si no, veamos la expectativa positiva que generó en la capital la convocatoria para luchar contra la corrupción que una candidata a la Municipalidad de Lima sustentó hace algunas semanas.
Más allá de los votos, hay que decir que la insatisfacción de los ciudadanos ofrece alcances de pronóstico reservado. La misma encuesta de Ipsos Apoyo S.A. revela que si la política no convence, tampoco lo logra la conducción del modelo económico actual.
Así, 44% de los consultados expresó que el próximo gobierno debe realizar cambios moderados en la política económica, y 42% dijo que los cambios debían ser radicales. Como ha puntualizado el economista Carlos Adrianzén, las estadísticas lo revelan: “Nuestro modelo hoy tiene mucho por calibrarse hacia el mercado, la educación y el respeto a la propiedad”.
Evidentemente la consolidación de nuestra cultura política no solo es tarea de los partidos, autoridades y demás estamentos.
Todos tenemos que actuar, desde el lugar donde estemos, como ciudadanos fiscalizadores de la función pública, del manejo de los recursos nacionales y de las medidas que se adoptan en nombre de los peruanos y del país. Hoy las encuestas revelan que más de un tercio de la población sostiene que lo más importante para ella es el desarrollo económico. En cambio, pocos valoran la importancia de la democracia o de la libertad, como si no hubiéramos aprendido de las prácticas autoritarias que en el pasado reciente sometieron al Perú a los peores vejámenes.
Un mayor compromiso ciudadano puede reducir la corrupción. En este sentido, sopesemos el importante papel que debe cumplir la prensa independiente para fiscalizar la cosa pública.
No obstante, la sociedad civil también tiene que participar. Para ello, es indispensable empoderarla en el proceso de toma de decisiones —para que el poder no esté en pocas manos—, de manera que contribuya a transparentar el quehacer público, al control y al restablecimiento de la confianza ciudadana en sus autoridades.
----
Por: Diario El Comercio
La última encuesta nacional de El Comercio, realizada por Ipsos Apoyo S.A., vuelve a poner el dedo en la llaga: a la mayoría de peruanos no les interesa la política, lo cual no es una novedad, pero sí una señal de alerta y de preocupación. Muchas han sido las razones que se han esgrimido para explicar el porqué de este rechazo hacia lo que constituye la representación y la administración del poder en el Estado para beneficio de todos los ciudadanos.
Sin embargo, todo indica que estamos ante un desinterés que va más allá de factores socioeconómicos, generacionales, geográficos y coyunturales. Se trata, en realidad, del incremento de la frustración, del escepticismo y el desencanto de peruanos hartos de la política, que se niegan a legitimar a ciertos personajes cuestionados, corruptos o vinculados a hechos delictivos que usan la función pública en beneficio propio y no por la necesidad de servir.
En este sentido, el grado de adhesión de la población a la política seguirá siendo mínima en la medida que los políticos, los partidos y demás agrupaciones —sobre todo aquellas que forman parte de la administración estatal— no cambien radicalmente la imagen negativa que hoy proyectan.
Sin duda, como ha señalado el politólogo Enrique Bernales, hay “una percepción ética por parte de la población que, lamentablemente, muchos de los que están hoy en la política no ven o consideran de un modo superficial”. No obstante, tal vez las próximas elecciones obliguen a más de una agrupación a cambiar de rumbo. Si no, veamos la expectativa positiva que generó en la capital la convocatoria para luchar contra la corrupción que una candidata a la Municipalidad de Lima sustentó hace algunas semanas.
Más allá de los votos, hay que decir que la insatisfacción de los ciudadanos ofrece alcances de pronóstico reservado. La misma encuesta de Ipsos Apoyo S.A. revela que si la política no convence, tampoco lo logra la conducción del modelo económico actual.
Así, 44% de los consultados expresó que el próximo gobierno debe realizar cambios moderados en la política económica, y 42% dijo que los cambios debían ser radicales. Como ha puntualizado el economista Carlos Adrianzén, las estadísticas lo revelan: “Nuestro modelo hoy tiene mucho por calibrarse hacia el mercado, la educación y el respeto a la propiedad”.
Evidentemente la consolidación de nuestra cultura política no solo es tarea de los partidos, autoridades y demás estamentos.
Todos tenemos que actuar, desde el lugar donde estemos, como ciudadanos fiscalizadores de la función pública, del manejo de los recursos nacionales y de las medidas que se adoptan en nombre de los peruanos y del país. Hoy las encuestas revelan que más de un tercio de la población sostiene que lo más importante para ella es el desarrollo económico. En cambio, pocos valoran la importancia de la democracia o de la libertad, como si no hubiéramos aprendido de las prácticas autoritarias que en el pasado reciente sometieron al Perú a los peores vejámenes.
Un mayor compromiso ciudadano puede reducir la corrupción. En este sentido, sopesemos el importante papel que debe cumplir la prensa independiente para fiscalizar la cosa pública.
No obstante, la sociedad civil también tiene que participar. Para ello, es indispensable empoderarla en el proceso de toma de decisiones —para que el poder no esté en pocas manos—, de manera que contribuya a transparentar el quehacer público, al control y al restablecimiento de la confianza ciudadana en sus autoridades.
Estimados amigos:
Dos noticias de la semana pasada tienen que ver con el tema del plagio. Una, es la reiteración de la denuncia de plagio contral el escritor Alfredo Bryce Echenique, y la otra es un comunicado emitido por la Pontificia Universidad Católica del Perú sobre un sanción a sus alumnos por plagio que fue disminuida por Consejo de Asuntos Contenciosos Universitarios de la ANR.
A continuación presentamos el referido comunicado de la PUCP publicado en varios periodicos este fin de semana. Luego, las reflexiones de Rocio Silva Santiestevan respecto al asunto Bryce, aparecidas en el Diario La República bajo el título "Bryce e Iwasaki", el 18 de abril pasado.
----
Comunicado de la PUCO
La Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) denuncia públicamente ante las instituciones educativas y académicas del país, y ante la opinión pública en general, que el Consejo de Asuntos Contenciosos Universitarios (CODACUN) de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) viene emitiendo resoluciones administrativas que constituyen un cuestionable y nefasto precedente que afecta gravemente la esencia del trabajo académico universitario.
El CODACUN es un tribunal administrativo creado por la Ley Universitaria N.° 23733, conformado por ex rectores o ex decanos de facultades de Derecho, que tiene la atribución de revisar, en última instancia administrativa, las resoluciones de los consejos universitarios que afecten los derechos de profesores y alumnos.
En marzo del 2009, dos estudiantes fueron sancionados por el Consejo Universitario de la PUCP con suspensión por haber cometido plagio en la elaboración de sendos trabajos de investigación, al utilizar párrafos de obras de autores sin realizar las citas correspondientes; es decir, hicieron pasar como propias ideas ajenas. El plagio es un acto que contraviene la tarea principal de la universidad: pensar y reflexionar, lo que, evidentemente, implica que el quehacer universitario no consiste en la mera transmisión y repetición de conocimientos. Por ello, nuestra casa de estudios y otras instituciones educativas nacionales y extranjeras consideran el plagio como falta grave.
Sin embargo, el CODACUN ha emitido resoluciones en los mencionados casos de plagio reduciendo significativamente la sanción a una simple amonestación. Para ello, se ha basado, entre otros criterios, en un comentario sobre la voz “plagio” publicado en la página web “Wikipedia”, según el cual el referido tribunal administrativo considera que “los estudiantes se comportan de manera natural al imitar y copiar en exceso o sin indicar las fuentes” y que “la enseñanza consiste fundamentalmente en la repetición constante de ideas y formulaciones ajenas, omitiéndose muchas veces, por economía, las fuentes”.
Ello es más escandaloso aún si se tiene en cuenta que dichos argumentos han sido tomados de un portal de Internet que advierte expresamente a sus lectores que no garantiza la validez de la información que difunde. En efecto, en el vínculo sobre “Limitación general de responsabilidad”, Wikipedia señala claramente que “la información que se encuentre en esta enciclopedia no necesariamente ha sido revisada por expertos profesionales que conozcan los temas de las diferentes materias que abarca, de la forma necesaria para proporcionar una información completa, precisa y fiable”. Más aún, en el vínculo “Aviso de riesgo”, este portal manifiesta lo siguiente: “Por favor, ten presente que cualquier información que encuentres en Wikipedia puede ser imprecisa, engañosa, peligrosa o ilegal”.
La aplicación de argumentos académicamente descalificados, por parte del CODACUN, constituye un grave peligro de devastadoras consecuencias para el trabajo intelectual que se desarrolla en las universidades públicas y privadas del país, puesto que, bajo su amparo, la labor seria, dedicada y honesta en los diversos ámbitos del conocimiento cederá ante prácticas irreflexivas de reproducción de información que provocarán la esterilidad científica de los claustros universitarios.
La PUCP manifiesta su sorpresa y profunda extrañeza por el hecho de que una instancia administrativa que resuelve, entre otros temas, controversias relacionadas con el mundo académico universitario, y que está conformada por docentes que han ejercido cargos de autoridad en sus respectivas instituciones, fundamente sus decisiones con argumentos anónimos, sin respaldo académico o profesional, reñidos con la ética, carentes de sentido común, demoledores de las bases de la actividad intelectual y que, por ello, se ubican en el extremo opuesto de la tradición académica universitaria.
Por ello, la PUCP ha dispuesto el inicio de acciones judiciales contra las referidas resoluciones administrativas del CODACUN a fin de que la decencia y rigurosidad del trabajo intelectual siga siendo un principio fundamental del mundo universitario peruano, e invita a sus pares y a la ciudadanía a sumarse a este empeño.
Secretaría General de la PUCP
-----
Por Rocío Silva Santisteban
La semana pasada Gonzalo Pajares, periodista de Perú21, entrevistó por fin a Alfredo Bryce Echenique, sobre el peliagudo tema de los artículos que firmó y sobre los cuales cae la negrísima sombra del plagio. Pajares estuvo realizando una pormenorizada investigación sobre el tema, precisamente porque admira las obras de Bryce, y llegó a la conclusión de que había plagiado 22 artículos de periódicos como La Vanguardia o El Comercio. En la misma entrevista el periodista confirma que el Indecopi multó a Bryce por el plagio de 16 artículos con la suma de 77, 500 soles. Nuestro escritor sostiene que no ha plagiado a nadie, y que en todo caso “todo plagio es un homenaje”. Finalmente la entrevista se cierra con estas palabras durísimas del periodista: “Le confieso, señor Bryce, que lo admiro como escritor, que lo quiero como amigo; pero hoy lo respeto menos”.
No voy a referirme en este artículo a los problemas éticos de Alfredo Bryce Echenique. No soy quién. La verdad que podría suscribir las palabras finales de Gonzalo Pajares: una sombra se ha cernido sobre uno de nuestros escritores más queridos y a sus lectores, a quienes aprendimos prácticamente a leer con Un mundo para Julius o con “El descubrimiento de América”, esta entrevista nos choca. Nos estremece. Nos manda una descarga de frío letal desde la coronilla y por toda la espina dorsal. No se trata de que esté descubriendo algo nuevo: sus palabras prácticamente son las mismas de sendas entrevistas anteriores (Caretas, por ejemplo). El problema es precisamente que no reconoce los plagios. La gran complicación es que repite un discurso de político criollo: el corazón de este nudo en la garganta del lector se centra en que Alfredo Bryce mantiene una actitud de mendacidad ante las pruebas, ante el investigador de las mismas, y ante la opinión pública.
Hace muchos años como para recordarlos, otro escritor peruano, Fernando Iwasaki, fue acusado de plagiar en uno de sus artículos de Expreso un fragmento de un texto publicado por E.R Doods. El tema no hubiera pasado a mayores (léase, más allá de las fronteras del Fundo Pando) si no lo hubiera entrevistado César Hildebrandt un domingo por la noche en el programa que conducía en Canal 4. ¿Qué hizo Iwasaki? Admitió el plagio. En ese entonces era un joven escritor, con muchos admiradores y enemigos, pues había publicado El Perú como entelequia y era calificado como uno de los “jóvenes turcos”. Todos a una hicieron leña del árbol caído. Iwasaki no fue cínico, no mintió hasta creerse esas verdades a medias, no dijo que había “homenajeado” a E.R. Doods, por el contrario, salió a la televisión nacional un domingo por la noche, con el tope de televisores prendidos, y admitió con vergüenza que él había cometido ese error. Después se fue del Perú hacia Sevilla con su hermosa esposa andaluza, a estudiar un postgrado, y por esas cosas del Destino o, como decía mi abuela, “no hay mal que por bien no venga”, hoy es finalmente respetado, reconocido en España pero también en el Perú, como un escritor fino, de calidad, que puede hilar historias sobre las Inquisiciones Peruanas (que él padeció, dicho sea de paso) o El Derby de los penúltimos.
Dos maneras de enfrentar el mismo problema. Ahora, ¿eso implica que Fernando Iwasaki es mejor escritor que Alfredo Bryce? En primer lugar son incomparables; en segundo lugar, aún cuando Alfredo Bryce sea un asesino en serie o un terrorista kamikaze, eso no significa, como tampoco significó en los casos de Ezra Pound o Mishima, que Un mundo para Julius no sea una novela espléndida e intensa. Bryce, plagiario o no, es uno de los mejores escritores latinoamericanos del post-boom. Y eso nadie se lo quita.
Dos noticias de la semana pasada tienen que ver con el tema del plagio. Una, es la reiteración de la denuncia de plagio contral el escritor Alfredo Bryce Echenique, y la otra es un comunicado emitido por la Pontificia Universidad Católica del Perú sobre un sanción a sus alumnos por plagio que fue disminuida por Consejo de Asuntos Contenciosos Universitarios de la ANR.
A continuación presentamos el referido comunicado de la PUCP publicado en varios periodicos este fin de semana. Luego, las reflexiones de Rocio Silva Santiestevan respecto al asunto Bryce, aparecidas en el Diario La República bajo el título "Bryce e Iwasaki", el 18 de abril pasado.
----
Comunicado de la PUCO
La Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) denuncia públicamente ante las instituciones educativas y académicas del país, y ante la opinión pública en general, que el Consejo de Asuntos Contenciosos Universitarios (CODACUN) de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) viene emitiendo resoluciones administrativas que constituyen un cuestionable y nefasto precedente que afecta gravemente la esencia del trabajo académico universitario.
El CODACUN es un tribunal administrativo creado por la Ley Universitaria N.° 23733, conformado por ex rectores o ex decanos de facultades de Derecho, que tiene la atribución de revisar, en última instancia administrativa, las resoluciones de los consejos universitarios que afecten los derechos de profesores y alumnos.
En marzo del 2009, dos estudiantes fueron sancionados por el Consejo Universitario de la PUCP con suspensión por haber cometido plagio en la elaboración de sendos trabajos de investigación, al utilizar párrafos de obras de autores sin realizar las citas correspondientes; es decir, hicieron pasar como propias ideas ajenas. El plagio es un acto que contraviene la tarea principal de la universidad: pensar y reflexionar, lo que, evidentemente, implica que el quehacer universitario no consiste en la mera transmisión y repetición de conocimientos. Por ello, nuestra casa de estudios y otras instituciones educativas nacionales y extranjeras consideran el plagio como falta grave.
Sin embargo, el CODACUN ha emitido resoluciones en los mencionados casos de plagio reduciendo significativamente la sanción a una simple amonestación. Para ello, se ha basado, entre otros criterios, en un comentario sobre la voz “plagio” publicado en la página web “Wikipedia”, según el cual el referido tribunal administrativo considera que “los estudiantes se comportan de manera natural al imitar y copiar en exceso o sin indicar las fuentes” y que “la enseñanza consiste fundamentalmente en la repetición constante de ideas y formulaciones ajenas, omitiéndose muchas veces, por economía, las fuentes”.
Ello es más escandaloso aún si se tiene en cuenta que dichos argumentos han sido tomados de un portal de Internet que advierte expresamente a sus lectores que no garantiza la validez de la información que difunde. En efecto, en el vínculo sobre “Limitación general de responsabilidad”, Wikipedia señala claramente que “la información que se encuentre en esta enciclopedia no necesariamente ha sido revisada por expertos profesionales que conozcan los temas de las diferentes materias que abarca, de la forma necesaria para proporcionar una información completa, precisa y fiable”. Más aún, en el vínculo “Aviso de riesgo”, este portal manifiesta lo siguiente: “Por favor, ten presente que cualquier información que encuentres en Wikipedia puede ser imprecisa, engañosa, peligrosa o ilegal”.
La aplicación de argumentos académicamente descalificados, por parte del CODACUN, constituye un grave peligro de devastadoras consecuencias para el trabajo intelectual que se desarrolla en las universidades públicas y privadas del país, puesto que, bajo su amparo, la labor seria, dedicada y honesta en los diversos ámbitos del conocimiento cederá ante prácticas irreflexivas de reproducción de información que provocarán la esterilidad científica de los claustros universitarios.
La PUCP manifiesta su sorpresa y profunda extrañeza por el hecho de que una instancia administrativa que resuelve, entre otros temas, controversias relacionadas con el mundo académico universitario, y que está conformada por docentes que han ejercido cargos de autoridad en sus respectivas instituciones, fundamente sus decisiones con argumentos anónimos, sin respaldo académico o profesional, reñidos con la ética, carentes de sentido común, demoledores de las bases de la actividad intelectual y que, por ello, se ubican en el extremo opuesto de la tradición académica universitaria.
Por ello, la PUCP ha dispuesto el inicio de acciones judiciales contra las referidas resoluciones administrativas del CODACUN a fin de que la decencia y rigurosidad del trabajo intelectual siga siendo un principio fundamental del mundo universitario peruano, e invita a sus pares y a la ciudadanía a sumarse a este empeño.
Secretaría General de la PUCP
-----
Por Rocío Silva Santisteban
La semana pasada Gonzalo Pajares, periodista de Perú21, entrevistó por fin a Alfredo Bryce Echenique, sobre el peliagudo tema de los artículos que firmó y sobre los cuales cae la negrísima sombra del plagio. Pajares estuvo realizando una pormenorizada investigación sobre el tema, precisamente porque admira las obras de Bryce, y llegó a la conclusión de que había plagiado 22 artículos de periódicos como La Vanguardia o El Comercio. En la misma entrevista el periodista confirma que el Indecopi multó a Bryce por el plagio de 16 artículos con la suma de 77, 500 soles. Nuestro escritor sostiene que no ha plagiado a nadie, y que en todo caso “todo plagio es un homenaje”. Finalmente la entrevista se cierra con estas palabras durísimas del periodista: “Le confieso, señor Bryce, que lo admiro como escritor, que lo quiero como amigo; pero hoy lo respeto menos”.
No voy a referirme en este artículo a los problemas éticos de Alfredo Bryce Echenique. No soy quién. La verdad que podría suscribir las palabras finales de Gonzalo Pajares: una sombra se ha cernido sobre uno de nuestros escritores más queridos y a sus lectores, a quienes aprendimos prácticamente a leer con Un mundo para Julius o con “El descubrimiento de América”, esta entrevista nos choca. Nos estremece. Nos manda una descarga de frío letal desde la coronilla y por toda la espina dorsal. No se trata de que esté descubriendo algo nuevo: sus palabras prácticamente son las mismas de sendas entrevistas anteriores (Caretas, por ejemplo). El problema es precisamente que no reconoce los plagios. La gran complicación es que repite un discurso de político criollo: el corazón de este nudo en la garganta del lector se centra en que Alfredo Bryce mantiene una actitud de mendacidad ante las pruebas, ante el investigador de las mismas, y ante la opinión pública.
Hace muchos años como para recordarlos, otro escritor peruano, Fernando Iwasaki, fue acusado de plagiar en uno de sus artículos de Expreso un fragmento de un texto publicado por E.R Doods. El tema no hubiera pasado a mayores (léase, más allá de las fronteras del Fundo Pando) si no lo hubiera entrevistado César Hildebrandt un domingo por la noche en el programa que conducía en Canal 4. ¿Qué hizo Iwasaki? Admitió el plagio. En ese entonces era un joven escritor, con muchos admiradores y enemigos, pues había publicado El Perú como entelequia y era calificado como uno de los “jóvenes turcos”. Todos a una hicieron leña del árbol caído. Iwasaki no fue cínico, no mintió hasta creerse esas verdades a medias, no dijo que había “homenajeado” a E.R. Doods, por el contrario, salió a la televisión nacional un domingo por la noche, con el tope de televisores prendidos, y admitió con vergüenza que él había cometido ese error. Después se fue del Perú hacia Sevilla con su hermosa esposa andaluza, a estudiar un postgrado, y por esas cosas del Destino o, como decía mi abuela, “no hay mal que por bien no venga”, hoy es finalmente respetado, reconocido en España pero también en el Perú, como un escritor fino, de calidad, que puede hilar historias sobre las Inquisiciones Peruanas (que él padeció, dicho sea de paso) o El Derby de los penúltimos.
Dos maneras de enfrentar el mismo problema. Ahora, ¿eso implica que Fernando Iwasaki es mejor escritor que Alfredo Bryce? En primer lugar son incomparables; en segundo lugar, aún cuando Alfredo Bryce sea un asesino en serie o un terrorista kamikaze, eso no significa, como tampoco significó en los casos de Ezra Pound o Mishima, que Un mundo para Julius no sea una novela espléndida e intensa. Bryce, plagiario o no, es uno de los mejores escritores latinoamericanos del post-boom. Y eso nadie se lo quita.
16/04/10: SOBRE LIDERAZGO SOCIAL: Reflexiones
Va una interesante reflexión sobre los liderazgos, especialmente el social y político. Fue escrito bajo el título "Liderazgo 2.0" en el Diario El Comercio del 14 de abril. El autor es Jorge Medina M, Contador y Country Managing Partner de Ernst & Young Perú.
--------
Por: Jorge Medina M
“Leadership 2.0” fue una de las sesiones que suscitó gran interés en los participantes del Foro Económico Mundial para Latinoamérica la semana pasada en Cartagena. La verdad, nunca como hoy hemos necesitado tanto de un liderazgo diferente que ayude a resolver en forma sostenible nuestros problemas económicos, políticos, ambientales, sociales y empresariales.
El líder 2.0 que Latinoamérica y el Perú necesitan para enfrentar con éxito sus mayores retos es uno que predique con el ejemplo y que sus actos hablen por él. El líder 2.0 reconoce que le alcanza una responsabilidad mayor a la que tienen los demás, pues sabe que tiene el poder para hacer que las cosas ocurran. Es aquella persona que ha dejado la hipocresía de decir o hacer lo que es “políticamente correcto”, y ha pasado a influir positivamente en su comunidad con un lenguaje claro y directo, pero sobre todo con acciones concretas y contundentes, asumiendo los costos que ello le representa.
El líder de hoy sabe escuchar, considera el impacto que sus decisiones tienen en los demás. Es humilde y reconoce que no lo sabe ni lo puede todo; acepta cuando se equivoca y sabe recibir consejo. Influencia y persuade, no impone ni manipula. Es transparente, inclusivo y dialoga. El verdadero líder guía y enseña. Tiene coraje y siempre hace lo correcto, incluso cuando nadie lo ve. Motiva, es asertivo y aun cuando es claro y firme, es empático y compasivo.
Una característica de toda organización o sociedad débil es la falta de “accountability”. El líder sabe que debe rendir cuentas y responder por sus actos. Por eso, un líder 2.0 se pregunta: “¿Cuál es mi responsabilidad en lograr una sociedad mejor, en combatir la exclusión y el abuso del poder, en luchar firmemente contra la corrupción, en trabajar por la competitividad de mi país y empresa, en mejorar la salud y la educación de mi comunidad; qué responsabilidad personal me alcanza para que mi organización sea un ejemplo a seguir; cómo puedo ser yo mismo un agente de cambio?”.
Con prescindencia de cuán “exitoso” sea un líder en su función, actividad o empresa, su tarea no estará completa jamás, si no influye positivamente para que su comunidad o país alcance su potencial, logrando una sociedad mejor. La verdad, importa poco si el líder está en el sector público o en la actividad privada. Su liderazgo empieza por asumir su responsabilidad de hacer que las cosas ocurran.
--------
Por: Jorge Medina M
“Leadership 2.0” fue una de las sesiones que suscitó gran interés en los participantes del Foro Económico Mundial para Latinoamérica la semana pasada en Cartagena. La verdad, nunca como hoy hemos necesitado tanto de un liderazgo diferente que ayude a resolver en forma sostenible nuestros problemas económicos, políticos, ambientales, sociales y empresariales.
El líder 2.0 que Latinoamérica y el Perú necesitan para enfrentar con éxito sus mayores retos es uno que predique con el ejemplo y que sus actos hablen por él. El líder 2.0 reconoce que le alcanza una responsabilidad mayor a la que tienen los demás, pues sabe que tiene el poder para hacer que las cosas ocurran. Es aquella persona que ha dejado la hipocresía de decir o hacer lo que es “políticamente correcto”, y ha pasado a influir positivamente en su comunidad con un lenguaje claro y directo, pero sobre todo con acciones concretas y contundentes, asumiendo los costos que ello le representa.
El líder de hoy sabe escuchar, considera el impacto que sus decisiones tienen en los demás. Es humilde y reconoce que no lo sabe ni lo puede todo; acepta cuando se equivoca y sabe recibir consejo. Influencia y persuade, no impone ni manipula. Es transparente, inclusivo y dialoga. El verdadero líder guía y enseña. Tiene coraje y siempre hace lo correcto, incluso cuando nadie lo ve. Motiva, es asertivo y aun cuando es claro y firme, es empático y compasivo.
Una característica de toda organización o sociedad débil es la falta de “accountability”. El líder sabe que debe rendir cuentas y responder por sus actos. Por eso, un líder 2.0 se pregunta: “¿Cuál es mi responsabilidad en lograr una sociedad mejor, en combatir la exclusión y el abuso del poder, en luchar firmemente contra la corrupción, en trabajar por la competitividad de mi país y empresa, en mejorar la salud y la educación de mi comunidad; qué responsabilidad personal me alcanza para que mi organización sea un ejemplo a seguir; cómo puedo ser yo mismo un agente de cambio?”.
Con prescindencia de cuán “exitoso” sea un líder en su función, actividad o empresa, su tarea no estará completa jamás, si no influye positivamente para que su comunidad o país alcance su potencial, logrando una sociedad mejor. La verdad, importa poco si el líder está en el sector público o en la actividad privada. Su liderazgo empieza por asumir su responsabilidad de hacer que las cosas ocurran.





