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Estimados blogueros:

Reproduzco a continuación unos comentarios de Pere Estupinya en su Columna en el Diario El País del 08.12.2011 sobre la TRISTEZA. En realidad es un resumen de la conversación que tuvo con Thomas Insel, director del National Institute of Mental Health de los EEUU sobre el estado de la cuestión científico de la depresión.
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Por: Pere Estupinya

Si la persona que más amas te dice que no quiere volver a verte nunca te sentirás abatido, desmotivado, y profundamente triste. Aunque transitorio, síntomas parecidos puedes sufrir si estás incubando un resfriado y tu sistema inmunológico manda señales al cerebro para que desees estar aislado y no contagies a la manada. O si por cualquier trastorno endógeno e inconsciente se alteran los niveles de algunos neurotransmisores.
Cuando alguien te haga la pregunta mal formulada de si somos sólo química, responde un rotundo “sí; ¿se te ocurre algo más?” Algo diferente es si la química siempre está en el origen de nuestro comportamiento y emociones. A veces sí, y a veces no.
Cuando en el congreso de la Society for Neuroscience de hace unas semanas en Washington DC escuché hablar sobre investigación en enfermedades mentales a Thomas Insel, director del National Institute of Mental Health de los EEUU y aparecido en este blog como autor en los años 90 de los experimentos con ratitas de campo polígamas y monógamas que situaron a la oxitocina como hormona del amor, visualicé la depresión como ejemplo para ilustrar los diferentes niveles de estudio y comprensión científica de la conducta humana. Desde el genético al químico, cerebral, conductual y social.
He aquí un resumen de la conversación con Insel:

La genética no es determinante
“La manera como nos planteamos al estudio de las enfermedades mentales siempre es desde un espectro muy amplio que cubre diferentes niveles, desde moleculares, genéticos, de sistemas, y conductuales. En el caso de la depresión nunca hemos tenido grandes razones para buscar el componente genético, ya que el nivel de heredabilidad es muy bajo. Nunca hemos esperado encontrar genes determinantes. Continuamos creyendo que hay secuencias genéticas específicas que aumentan el riesgo a sufrir depresión, y se han replicado resultados positivos con polimorfismos en el gen del transportador de serotonina. Pero siendo sinceros, la asociación es débil, y en el aspecto genético no hemos visto grandes progresos. Ahora estamos muy expectantes con la epigenética, pues creemos que la regulación de genes en función del entorno y experiencias sí podría tener un papel muy relevante.”

Las moléculas de la tristeza
“En el ámbito molecular sí tenemos un conocimiento muy sólido acumulado durante más de 4 décadas de investigación. Sobre todo en neurotransmisores como la serotonina y la norepinefrina. Estos son los más relevantes, y la base de muchos tratamientos farmacológicos contra la depresión. Pero ahora estamos viendo que hay muchísimos más factores químicos involucrados: otros neurotransmisores, enzimas, neuromoduladores… de lo más novedoso en los últimos dos o tres años es el sistema del glutamato."

Áreas del cerebros sobreactivadas en depresión
“A nivel celular hay interés creciente en una zona del cortex prefrontal llamada Brodmann Area 25. Está formada por unos pocos miles de neuronas y se ve claramente sobreactivada en gente deprimida. Lo descubrimos con técnicas de neuroimagen. En los paciente de depresión vimos esa área mucho más activa que en controles, y cuando esos mismos pacientes mejoraban, la actividad de la BA25 también disminuía. Pero lo más interesante es que recientemente varios grupos han utilizado diferentes tipos de estimulación neuronal para modular la actividad en esa zona, y los síntomas de depresión mejoran considerablemente. No sabemos mucho de su funcionamiento todavía; sólo que está relacionada con el transporte de serotonina.”

Sistemas: Todo está conectado
“La aproximación más ilusionante en estos momentos es percibir la depresión como un problema de circuitos; como un sistema formado por muchos nodos que se relacionan entre ellos y la alteración de uno puede afectar al otro. Buscar comprender el fenómeno de manera integral.
Los niveles de serotonina y la actividad del área 25 pueden ser nodos muy importantes, pero no necesariamente el origen. Debemos analizar todo el sistema incluyendo nodos somáticos como la falta de apetito, de líbido o de energía… y otros involucrados en aspectos más psicológicos como autovaloración de tu propia vida, trabajo o falta de esperanza. Vemos diferentes parámetros bioquímicos y áreas del cerebro interrelacionadas, y nos damos cuenta que la depresión no es un único síndrome sino una variedad de desórdenes que pueden provenir de diferentes causas. Debemos buscar una comprensión a nivel de sistema, considerando biomarcadores, neuroimagen, niveles de neurotransmisores, genes candidatos, aspectos conductuales… y muchos nuevos factores.
Por ejemplo recientemente hemos identificado un subgrupo de gente con depresión que tiene niveles muy altos de factores antiinflamatorios, posiblemente cuyo origen es una respuesta inmune. Hemos visto cuadros depresivos que mejoran con antiinflamatorios. Hay muchos subtipos de depresión, y debemos ser lo más específicos posible.”

Pocas novedades en el aspecto conductual (por lo menos en el NIMH)
“Bueno… a nivel de comportamiento humano o factores psicosociales hacemos menos, porque ya tenemos un gran conocimiento acumulado por la psicología durante el siglo XX. Lo nuevo son otras investigaciones más fisiológicas. Pero obvio que son importantísimos, desde luego. Vemos claramente cómo en la depresión las personas tienen una percepción distorsionada del mundo, y cómo la memoria se vuelve tremendamente selectiva: recordamos sólo cosas buenas o malas asociadas al evento traumático que nos hace sufrir. Y olvidamos todo el resto. Cuando observas desde la distancia, es espectacular cómo alteramos nuestra memoria. Y de hecho también estamos investigando si hay algún aspecto físico en el cerebro que influya en esta selección arbitraria de recuerdos positivos o negativos."

Vaya; que muy integral muy integral… tampoco parece
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Martín Ortega Carcelén es profesor de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid y publicó en el Diario El País del 11.01.2012 un artículo sobre la situación y futuro de Europa.
El tema importa en la perspectiva del Desarrollo, porque la UE fue el mejor, igualitario y justo proceso político encaminado en el Siglo XX y si renuncia a los principios que guiaron ello podrá acabar siendo un experimento fallido.

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Por: Martín Ortega Carcelén

Hasta los especialistas encuentran complicado entender lo que está ocurriendo en la Unión Europea. Para expresarlo en términos simples, hay dos problemas relacionados: quién manda y quién paga las deudas. Primero, estamos ante una transición entre dos formas de gobernar la economía europea: una manera formalista, producto de un proceso constituyente en los años 2000 que buscaba una componenda institucional para una Unión muy numerosa, y otra forma más realista, basada en el poder económico, donde solo quedarán unos pocos en el puente de mando. De hecho, en la historia, los grandes momentos de la integración europea se hicieron a partir de la iniciativa de unos cuantos líderes visionarios. Vamos hacia ese modelo y, probablemente, en el futuro, el órgano decisorio principal será una versión ampliada del llamado Grupo de Frankfurt, con Alemania y Francia, el presidente del Consejo, la Comisión, y los presidentes del Eurogrupo y del Banco Central Europeo. Es muy importante que España intente expandir ligeramente ese directorio en ciernes para participar en él.
Tanto en el plano europeo como en el mundial, el problema más grave que aqueja a las relaciones internacionales es la falta de instituciones y mecanismos de gobernanza. Existen evoluciones muy rápidas en las finanzas, el comercio, el medio ambiente, las comunicaciones o la demanda popular de más democracia, mientras que no tenemos los medios para gestionar esa avalancha de acontecimientos. Pero la necesidad crea el órgano, como ocurre en biología. Ante la crisis financiera, se improvisó la formación del G-20 en noviembre de 2008, y frente a los problemas europeos se están creando grupos de decisión informales, donde las realidades de poder cuentan. Sin embargo, ni el G-20 ni los directorios europeos muestran todavía la eficacia que sería deseable para hacer frente a los graves desafíos que afectan la estabilidad mundial.
La consolidación del nuevo directorio en Europa es un parto doloroso porque debe superar la vieja idea de la igualdad soberana de los Estados y la idea más nueva pero igualmente ilusa de que cuantos más países participen, mejor. La verdad es que las estructuras de la Unión ya han dado pasos importantes para superar la igualdad y su gemela la unanimidad; por ejemplo, en el Consejo, el número de votos de cada Estado miembro se pondera de acuerdo a la población y en el Parlamento los países más grandes tienen más escaños, aunque no ocurre otro tanto en la Comisión, donde cada Estado designa un comisario. Ahora ha llegado el momento de avanzar más, reconociendo el poder económico cuando se trata de decidir sobre asuntos de hacienda y tesoro. El esquema supranacional según el cual las instituciones de Bruselas ejercen un poder fuerte no ha funcionado (la Comisión fue incapaz de embridar los déficits de Alemania y Francia), por lo que hay que ir a un enfoque intergubernamental realista, en el que los representantes de los países grandes compongan sus posiciones para decidir sobre el conjunto de la Unión.
En cuanto a la dimensión continental, se da por supuesto que el nuevo acuerdo abarcará a los actuales 17 países del euro, más otros que no lo son, pero aceptan la disciplina presupuestaria. Sin embargo, el resultado final también puede ser más reducido. Si llegamos a buen puerto tras las tormentas, dentro de una Unión Europea como la actual habrá probablemente un núcleo duro más integrado política y fiscalmente, que fijará las reglas de una moneda común bien sustentada. Si esto ocurre, es una magnífica oportunidad para que España se vincule a la locomotora europea. Reino Unido ha optado por quedarse fuera e Italia tiene el lastre de una gran deuda; por tanto, España puede convertirse en un socio crucial de Alemania y Francia.
Va a ser muy difícil poner todo eso por escrito en un tratado. Los que pensaban que, después del proceso constituyente de la última década, había llegado la calma con el Tratado de Lisboa estaban equivocados porque la integración europea es una aventura pionera en la historia y se está haciendo al tiempo que ocurren cambios extraordinarios en el resto del planeta. Ante la imposibilidad de fijar el nuevo acuerdo en tratados, pudiera ser que los directorios existiesen de manera consuetudinaria, sin base contractual. Pudiera ser también que el proceso de reforma, pilotado por los grandes, fuera más rápido que los anteriores. En cualquier caso, mientras esos nuevos órganos de gobernanza se consolidan, es preciso reclamar mejor calidad de liderazgo. Cuando Delors, González, Kohl y Mitterrand se ponían de acuerdo, no formaban parte de ningún caucus institucional, pero sus decisiones apuntaban en la buena dirección.
Y aquí entra el segundo problema: quién paga las deudas. Los economistas más autorizados (O'Rourke, Stiglitz, Véron, entre otros) tienen serias dudas sobre la solución acordada en el Consejo Europeo de diciembre y, de manera más fundamental, sobre los instintos económicos de Angela Merkel, que impuso el acuerdo. Cuando el Consejo decidió que la reforma más importante es establecer un límite legal al gasto público en los Estados, muchos pensaron que eso es como instalar un nuevo sistema antiincendios en una casa que está ardiendo pasto de las llamas. Los líderes siguen negando la evidencia de una deuda que no puede pagarse, mientras aplican mayor presión sobre los países endeudados, que son los eslabones más débiles. Es obvio que estos países están condenados a un gran descenso del nivel de vida mientras que deben trabajar más, pero también es verdad que los países ricos deberían mostrar solidaridad si desean mantener el euro y evitar un colapso de la Unión. La necesidad de emisión de deuda europea para calmar a los mercados y permitir el crecimiento es un grito clamoroso de los expertos. Está por ver si Alemania, Holanda y otros saben mostrar la suficiente grandeza de miras y aceptan pasos así hacia la solución de la deuda y la integración económica. Si, por el contrario, persisten en mantener su crecimiento y nada más, probablemente se romperá la baraja, una situación de consecuencias imprevisibles para la que no estamos preparados.
El paso de un sistema de gobernanza superficial e ineficaz a otro más integrado supone que los países pequeños deben aceptar que su vieja soberanía tiene un valor simbólico y cultural pero escaso contenido económico. Por su parte, los grandes que quieren tomar el control deben comprender que adquieren una grave responsabilidad. Si Merkel (con la acción moderadora de Sarkozy y, esperemos también, Rajoy) quiere decidir sobre el destino de griegos, irlandeses y portugueses, entre otros, debe actuar como mandataria europea y no solo como presidenta de los alemanes.
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Seguramente por la recarga laboral no tomé en debida cuenta el proceso de movilización de ciudadanos en los países desarrollados durante el año que pasó, conocido genéricamente con el nombre de “Indignados”. Luego, ha perdido fuerza hasta ser casi irrelevante en este momento.
Había asumido que en realidad era producto del emotivismo o, en el peor de los casos, de una moda cultural sin mayor fundamente. Sin embargo, durante mi última visita a España, unos buenos amigos españoles me dieron un folleto de Stéphane Hessel (que fue Secretario de la Comisión que redactó la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948) denominado ¡Indígnaos!. Me dijeron que había servido de inspiración al movimiento de los “Indignados” y que incluso se pasaban de mano en mano durante las manifestaciones en Madrid y otras ciudades de por allá.
Leí el folleto y lo veo muy interesante pues plantea una postura de compromiso con lo humano desde la perspectiva del liberalismo. Sin temor a equivocarme es de importancia a nuestra época como lo fue a la suya “El Tercer Estado” de Sieyes. A continuación posteo una versión electrónica del documento, que me alcanzó un amigo chileno…

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Por: Stéphane Hessel

Después de 93 años, estoy cerca del final. El final para mi ya no está muy lejos. Pero todavía permítanme recordar a otros que actuaron basados en mi compromiso político. Fueron los años de resistencia a la ocupación Nazi y el programa de derechos sociales elaborado hace 66 años atrás por el Consejo Nacional de la Resistencia.
Es a Jean Moulin (miembro asesinado del Consejo) a quien le debemos como parte de este Consejo, la unidad de todos los elementos de la Francia ocupada -los movimientos, los partidos, los sindicatos- para proclamar su membresía en la Francia combatiente, y le debemos esto al único líder que lo reconoció, el general Charles de Gaulle. Desde Londres donde me uní a de Gaulle en Marzo de 1941, aprendí que este Consejo había completado un programa lo adoptó el 15 de Marzo de 1944, que ofrece para la Francia liberada un grupo de principios y valores en los que descansaría la moderna democracia de nuestro país.
Estos principios y valores los necesitamos más que nunca. Es hasta que nosotros lo veamos, todos juntos, que nuestra sociedad se vuelva una de la que estemos orgullosos, no esta sociedad de inmigrantes sin papeles -expulsiones, sospechas respecto a los inmigrantes. No esta sociedad donde se cuestiona la seguridad social y los planes de pensiones y salud nacionales. No esta sociedad donde los medios masivos están en manos de los ricos. Son cosas en las que nos habríamos negado a ceder si fuésemos los herederos verdaderos del Consejo Nacional de la Resistencia.
Desde 1945, después de un horroroso drama (La 2ª Guerra) hubo una ambiciosa resurrección de la sociedad a la que el mismo remanente del contingente del Consejo de la Resistencia se dedicó. Recordémosles mientras creaban un programa de salud nacional y de pensiones tal como la Resistencia quería, como su programa estipulaba, "un plan completo de salud nacional y seguridad social, apuntado a asegurar a todos los ciudadanos y ciudadanas los medios de subsistencia cuando sea que estén incapacitados para encontrar un trabajo; una jubilación que permita a los viejos trabajadores terminar sus días con dignidad."
Las fuentes de energía, electricidad, y gas, minas, los grandes bancos, fueron nacionalizados. Ahora esto fue como el programa recomendaba: "... el retorno a la nación de los monopolizados medios de producción, frutos del trabajo común, fuentes de energía, riqueza de las minas, de compañías de seguros y de los grandes bancos; la institución de una verdadera democracia económica y social involucra la salida de los grandes feudos económicos y financieros de la dirección de la economía."
El interés general debe dominar sobre los intereses especiales. El hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero.
La Resistencia propuso, "una organización racional de la economía asegurando la subordinación de los intereses especiales a los intereses generales, y la emancipación de los "esclavos" de la dictadura profesional que fue instituída en los estados facistas," que había usado el gobierno interino (por dos años después de la guerra) de la república como un agente.
Una verdadera democracia necesita una prensa independiente, y la Resistencia lo sabía, lo demandaba, defendiendo "la libertad de prensa, su honor y su independencia del Estado, el poder del dinero y la influencia extranjera." Esto es lo que alivió las restricciones a la prensa desde 1944. Y la libertad de prensa está definitivamente en peligro hoy.
La Resistencia solicitó una "real posibilidad para que todos los niños y niñas franceses se beneficien de la más avanzada educación" sin discriminación. Las reformas ofrecidas en el 2008 van contra este plan. Jóvenes profesores y profesoras, cuyas acciones apoyo, llegaron al extremo de negarse a aplicarlas, y vieron sus salarios reducidos como forma de castigo. Se indignaron, "desobedecieron", juzgando esas reformas demasiado alejadas del ideal de una escuela democrática, muy al servicio de una sociedad de comercio y no desarrollando la mente inventiva ni crítica suficiente.
Todas las fundaciones de la conquista social de la Resistencia están amenazadas hoy.

El motivo de la Resistencia: Indignación.
Alguno se atreverá a decirnos que el Estado no puede afrontar los gastos de estas medidas para ciudadanos nunca más. ¿Pero cómo puede existir hoy una falta de fondos para apoyar y extender estas conquistas si la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde el periodo de la Liberación cuando Europa estaba en ruinas? Al contrario, el problema es el poder del dinero, tan opuesto por la Resistencia y el gran hombre egoísta, con sus propios sirvientes en las altas esferas del Estado.
Los bancos privatizados de nuevo, han probado estar más preocupados de sus dividendos y de los altos sueldos de sus líderes que del interés general. Esta disparidad entre los más pobres y los más ricos nunca había sido tan grande, ni amasar fortunas y la competición tan incentivado.
¡El motivo básico de la Resistencia fue la indignación!
Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!
Los líderes políticos, económicos e intelectuales y la sociedad no tienen que ceder ni permitir la opresión de una dictadura internacional real o de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia.
Deseo para todas las personas, para cada una que tengan sus propios motivos de indignación. Es invaluable. Cuando alguien te atropella como era atropellado por el Nazismo, la gente se vuelve militante, fuerte y comprometida. Ellos se unen a este momento histórico y los grandes momentos de la historia deben continuar gracias a cada individuo. Y este momento conduce a más justicia, más libertad, pero no a esa libertad ilimitada del zorro en el gallinero. Los derechos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 son justamente eso, universales.
Si te encuentras con un desfavorecido, siente pena por él pero ayúdale a ganar sus derechos.

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A continuación, unas reflexiones de Josep Ramoneda, publicadas en el Diario El País del 16.01.2012, bajo el título "La democracia en peligro".
Josep discute el verdadero sentido de la democracia, en los términos planteados por el filósofo Claude Lefort, señalando que una alternancia que solo sea un cambio de personas, sin diferencias sensibles en las políticas, no es tal. De ese modo, creo que con acierto, indica que el estado actual de la democracia en el mundo podría llevar al autoritarismo (en base a una caricatura de lo democrático), especialmente porque es mucho más poderoso el discurso que afirma que no hay alternativa a las políticas aplicadas hoy-

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Por: Josep Ramoneda

La democracia tiene por origen la igualdad de condiciones", decía el filósofo Claude Lefort (1924-2010). Es una manera de explicar que la democracia es un régimen político que se funda en una determinada forma de sociedad. La introducción del sufragio universal o una apariencia de separación de poderes no son suficientes para que se pueda hablar de democracia con propiedad. En estos tiempos de transiciones democráticas construidas sobre las cenizas de imperios totalitarios o de regímenes autocráticos, los ejemplos abundan: Rusia hoy no es una democracia por mucho que se convoquen elecciones y que exista un sistema de partidos políticos. No se dan las condiciones de igualdad y respeto que la democracia exige. Lo mismo puede decirse de países como Irak, donde las fracturas étnicas, la falta de cohesión social y la violencia consiguiente, no permitan hablar de democracia en sentido pleno.
Las exigencias de los mercados sirven de pretexto a los gobernantes para no tener que pensar
Sin igualdad de condiciones, ¿qué sentido tiene la soberanía popular? La igualdad de condiciones se ha ido creando muy lentamente. En muchos países de Europa, las mujeres adquirieron el derecho a voto en el siglo pasado. Sin la mitad de la población la democracia y la soberanía eran un mito. Actualmente, los extranjeros tienen muy limitado el derecho de voto, son los ecos de una cultura que entendió que el Estado-nación era el lugar propio de la democracia y que persistió en convertir al otro en sospechoso.
Pero Claude Lefort nos recuerda también que la democracia es un régimen en el que el poder político no está incorporado a lo social, no se tiene, se ejerce. Por eso puede decirse que el poder es un espacio vacío. En un régimen aristocrático o monárquico el poder está inscrito en la naturaleza de la sociedad: el palacio nunca está vacío, a rey muerto, rey puesto. En democracia el palacio es un lugar de paso, en el que siempre se está con carácter provisional. El pueblo -heteróclito, múltiple y conflictivo (como dice Lefort)- es el soberano que decide sobre quién ocupa provisionalmente este lugar vacío que es el poder. La naturaleza plural del pueblo -diferencias sociales, diferencias culturales, diferencias de intereses- hace que la sociedad democrática asuma el conflicto como factor de vitalidad y de progreso. De ahí que la polarización derecha-izquierda haya sido extremadamente útil para el desarrollo y consolidación de la democracia. La confrontación parlamentaria opera como ritual de solución de conflictos y de sublimación de la violencia social. Algunos autores, como Ralph Dahrendorf, han llegado a poner en duda la continuidad de la democracia más allá de esta oposición simple. Porque, en el fondo, una democracia sin alternativa es un contrasentido, porque es una democracia sin vida. Y la alternativa desaparece cuando la alternancia se limita a un simple cambio de personas, sin diferencias sensibles en las políticas.
El discurso que afirma que no hay alternativa, que se desplegó en Occidente a partir de los ochenta, es letal para la democracia, además de ser una estupidez en sí mismo, como nos recuerda Hans Magnus Enzensberger: "Es una injuria a la razón", "es la prohibición de pensar", "no es un argumento, es un anuncio de capitulación". Curiosamente esta capitulación de la política democrática ha llegado en el momento en que los regímenes democráticos más se han extendido por el mundo. La democracia ha entrado en franca pérdida de calidad en Europa, precisamente cuando es mayor que nunca el número de países que la están ensayando. Quizás la revitalización de la política democrática venga del universo poscolonial, donde parece que emergen las energías que faltan a una tierra tan gastada como Europa.
En el proceso de metabolización de la soberanía del pueblo en vida política democrática juegan un papel decisivo los medios de comunicación y las instituciones intermedias, que son las que crean opinión, crítica y discurso alternativo. Estas instituciones: partidos, sindicatos, asociaciones, organizaciones de la sociedad civil y demás grupos sociales presentan claros síntomas de agotamiento y reclaman una reforma a fondo con urgencia. Son instituciones nacidas con la cultura de la prensa escrita que chirrían en la sociedad de la información. ¿Cuál es el destino de la democracia en tiempos de Internet? Entre las potencialidades de la cultura de la colaboración que Internet ofrece y la amenaza distópica de la multitud colgada de una nube todopoderosa, hoy por hoy, hay más incógnitas que hipótesis plausibles. ¿Sabremos hacer de las redes un instrumento de creación de tejido social, de conexión cultural y de reconocimiento, sin mengua de la autonomía del individuo-ciudadano?
Mientras tanto, lo que impera en Europa es el empequeñecimiento de la democracia. He aquí algunas características del estado de nuestras democracias:
Negación de la alternativa: la hegemonía ideológica de la derecha y la debacle ideológica de la izquierda dejan al sistema sin contrapeso. La crisis ha llevado el principio "no hay alternativa" al paroxismo. Ya no es solo una cuestión de modelo de sociedad, sino incluso de políticas concretas. Las exigencias de los mercados y las órdenes de la señora Merkel, que ha hecho de Europa un protectorado alemán, han sido los argumentos para que los gobernantes rehuyeran la funesta manía de pensar.
Políticas del miedo: los Gobiernos, con el acompañamiento de un poderoso coro mediático, han desplegado el discurso de la culpa colectiva -hay que pagar la fiesta de nuestra irresponsabilidad- para extender la idea de un escenario sin ventanas al futuro y poner el miedo en el cuerpo de la ciudadanía. El miedo siempre ha sido el mejor instrumento para la servidumbre voluntaria.
Satanización del conflicto: desde determinados sectores ideológicos, especialmente de la derecha, se salió en tromba contra los indignados por haberse atrevido a señalar la desnudez de nuestra democracia y a preguntar por la posibilidad de una alternativa.
Cultura de casta: el complejo político-económico-mediático aparece cada vez más alejado de la ciudadanía, como una casta cerrada en la que el espectáculo de la sobreactuación de sus diferencias no alcanza a disipar la certeza de un juego de intereses compartidos y de complicidades manifiestas. Sensación agravada por una corrupción que en algunos países amenaza en ser sistémica; y por la crisis de las instituciones intermedias, que han dejado de bombear presión social hacia arriba. Desde esta casta se ejerce un control creciente de la palabra que hace que casi todo pueda decirse, pero que casi todo lo que se dice quede a beneficio de inventario.
Ruptura de las condiciones básicas de igualdad. El crecimiento exponencial de las desigualdades y el deslizamiento de una parte importante de la población hacia el precipicio de la marginación hace que no se dé la igualdad de condición propia de la sociedad democrática. La fractura entre integrados y marginados es una herida letal para el sistema democrático.
Poco antes de morir, Claude Lefort decía: "Se puede temer un poder que adormece a la sociedad, un poder que no consulta y que reforma sin que haya movilización de los interesados. Se puede temer una sociedad que se deja modelar por una autoridad, lo que antes era impensable". Ya estamos en lo que Lefort temía, es el camino hacia el totalitarismo de la indiferencia.
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A continuación posteo el Editorial del Diario El País (España) del día de hoy. El punto central, que es lo que venimos diciendo muchos desde hace tanto tiempo, es que un planeta con tanta desigualdad social no puede llegar a buen pié. No sólo es un asunto de conciencia humana (y de derechos humanos) sino además de viabilidad práctica cotidiana (con seguridad, paz, proyección de futuro, etc.). Esta claro que aún no se aborda el espinoso tema del estilo de vida de las clases medias y altas, pues que la disminución de la desigualdad pasa también por generar menor daño al ambiente planetario y, un estilo de vida consumista, lo hace constantemente.

Por: Diario El País

La severa desigualdad de ingresos se ha convertido en el primer riesgo global para la próxima década, según el último informe del nada sospechoso de izquierdismo Foro Económico Mundial. No es una nueva preocupación, pero que se haya alzado al primer puesto entre expertos refleja que las tribulaciones de los indignados o del movimiento Ocupa Wall Street en Estados Unidos han pasado de la calle a los centros de reflexión. La tendencia a un aumento marcado de las disparidades puede tener graves consecuencias. La posible combinación de desequilibrios crónicos fiscales en el mercado laboral y una diferencia severa en los ingresos, como apunta el Foro, puede llevar a una mengua de la globalización, y a que Estados previamente ricos se muestren crecientemente incapaces de afrontar sus obligaciones sociales y fiscales.
Aunque la globalización ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza, hoy el 50% más pobre del mundo no llega a poseer el 1% de la riqueza mundial, mientras que el 1% superior copa cerca de la mitad del total. La OCDE, que en anteriores informes había puesto de manifiesto la relación entre desigualdad, más que pobreza, e inseguridad ciudadana, mostró a finales del año pasado cómo aquella había aumentando en los países desarrollados entre 1988 y 2008. No pudo considerar los efectos de la crisis que empezó ese año, y que, según otros estudios, ha llevado a un aumento de la brecha en algunos países occidentales, entre ellos España. El crecimiento del paro y la aguda caída del PIB por habitante en términos constantes son factores que lo explican. También cuenta el modelo productivo desequilibrado del que veníamos.
En EE UU, una encuesta del Centro Pew apunta que el conflicto entre ricos y pobres es ahora percibido como más importante que las tensiones raciales. Según otros estudios, la movilidad social es ya menor que en muchos países de Europa, en buena parte debido a que la mitad de los pobres en EE UU se quedan estancados en su desarrollo vital por las diferencias en educación en su infancia.
Hay que afrontar este problema. Para contrarrestar estas tendencias son necesarias políticas sociales inteligentes y adaptadas a la nueva realidad, una globalización gobernada y, sobre todo, que la economía -la global, la europea y la española- crezca de forma sana, pero crezca, y genere empleos.
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A propósito de las recientes declaraciones de nuestra Ministra de la Mujer y de las críticas –no siempre soterradas- a la necesaria búsqueda de igualdad de géneros, posteo a continuación unas reflexiones de Carmen Calvo, profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba y ex ministra de Cultura en España, aparecidas en el Diario El País el día de hoy. Carmen aboga, para el caso español, por un aumento de la velocidad en el proceso de igualdad y la inclusión en ello de los varones que somos demócratas, nos llama a vivir con militancia esa conversión hacia la igualdad de género.

Saludos,

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Por: Carmen Calvo

¿Por qué no hemos alcanzado la Igualdad? Tal vez esta interrogante no se formula tan abiertamente porque de ese modo nos ahorramos asumir las responsabilidades de la respuesta. La igualdad entre hombres y mujeres no llega porque requiere previamente la conmoción de algunos de los pilares en la estructura de todo el orden social establecido. Si la igualdad está éticamente residenciada en la moral y moralmente, en la política de los valores, no basta solo con las arduas decisiones legislativas, y con los compromisos políticos, sino que necesita de la convicción profunda de que no es democracia plena y verdadera sin nosotras.
Por todo esto, es fácil entender que no es tarea sencilla, pero también es difícil aceptar que, tras más de 30 años de democracia, esta cuestión central de la vida de la política vaya tan lenta. Sospechosamente lenta. Los datos lo demuestran.
Dicho todo esto, creo que la primera respuesta a la antedicha pregunta es otra pregunta: ¿por qué el otro lado de esta lucha por la igualdad no se acaba contundentemente de activar? Ese otro lado es básicamente el que tendrían que haber movilizado más y mejor los varones demócratas. Otra pregunta intrínseca es: ¿Por qué los varones demócratas creen que pueden serlo, y al mismo tiempo no considerar que es su obligación principal esta tarea de transformación? o ¿cómo puede un varón demócrata, por ejemplo, usar la prostitución, y no pensar que tiene un problema gravísimo en materia de derechos humanos, que al fin y al cabo son la razón de existir de la democracia? Podríamos seguir encadenando preguntas y respuestas y con todas ellas ir entrando en la esencia del gran y central asunto.
Es obvio que el orden de los factores que componen la arquitectura de la agenda política de la democracia se inicia por la economía y la producción de las cosas, y es, el capitalismo y sus componentes, desgraciadamente la única fórmula organizadora de esta sociedad. Esta ha sido también la construcción patriarcal y masculinista, que olvida políticamente que la vida no arranca en el mercado, sino en el paritorio. Mala cosa, porque la propia realidad indica lo contrario: la maternidad y la reproducción de la especie son el hecho primigenio de nuestro mundo, y diremos categóricamente que no es un hecho privado. Otra cosa es que el machismo ambiental lo haya convertido en un acontecimiento interno de la vida más de las mujeres incluso que de los hombres, habiéndolo reducido a unas circunstancias que lo despojan de la gran proyección política que tiene. El sentimiento maternal investido de poder es una fuerza femenina aún sin explorar que el mundo necesita para su equilibrio.
Si miráramos la vida con rigor colocaríamos el hecho del nacimiento, al menos, a la altura del mercado, lo que nos permitiría una mirada justa y equilibrada sobre las vidas verdaderas de hombres y mujeres. No siendo así, todas las estadísticas cantan la multitud de problemas que acumulamos las mujeres por el hecho de serlo en cualquier lugar del mundo, incluidas las democracias y economías desarrolladas.
Este modus operandi de la sociedad machista hace que los problemas de las mujeres estén muy disminuidos como problemas sociales o políticos, no siendo priorizados nunca en la "gran agenda" de la política. Con lo que las democracias viven en una contradicción mayúscula, al pretender no mirar en firme y a fondo los mayores problemas acumulados, no por un colectivo, sino por más de la mitad de sus correspondientes poblaciones, que somos las mujeres de todo el mundo. La mayoría absoluta natural del planeta.
Esta incomprensible situación rompe incluso con el principio elemental democrático de la regla de la mayoría y de este modo alargamos irracionalmente las expectativas de las mujeres y la resolución de sus problemas, consiguiendo que ni siquiera exista una gran conciencia colectiva a veces de las propias mujeres para avanzar.
Continuaremos preguntando: ¿Ha llegado el momento de movilizarnos las mujeres por nosotras mismas más y mejor? Me refiero a pensar en serio y con la experiencia democrática que ya tenemos si hemos tocado techo en las posibilidades de acelerar los cambios de la mano de las estructuras tradicionales de los partidos, incluidos los de izquierdas, que son sin duda aliados de la igualdad.
Se trataría de empujar el encuentro de las mujeres para la conciencia política y en la dirección de encontrar salida a sus situaciones y problemas. La crisis, la tan presente crisis, puede y debe propiciar nuevas miradas sobre viejas realidades sobre todo en un terreno libre y democrático abonado para trabajar de otro modo, tras más de 30 años de experiencia democrática.
El tiempo y su paso no dejan nada inalterado, tampoco la impaciencia e incomprensión que nos produce a los verdaderos demócratas todo esto, y su órdago mayor, que son los asesinatos de tantas mujeres al cabo del año, -cada año sin falta-, y que la sociedad no parece asumir como una realidad frente a la cual levantarse con la contundencia como lo ha hecho, por ejemplo, contra el otro terrorismo, me refiero al de ETA.
El equilibrio de condiciones de vida, de igualdad de derechos y asunción de la diversidad de hombres y mujeres ni es un eslabón más ni uno de tantos de la cadena moral de la Igualdad. Es alfa y omega. Dicho de otro modo, la discriminación de las mujeres es la pieza que abre, cierra, y amontona todas las demás injusticias que acumula la desigualdad en cualquier ser del planeta. Por ello, no es un atajo, ni un anexo de la gran política, sino la verdadera gran política de transformación y avance de la humanidad a través de las fórmulas democráticas.
Quizás ha llegado el momento de concentrarnos valientemente en ello todas las mujeres, frente a aquellos que a duras penas lo aceptan, frente a aquellos que lo boicotean subrepticiamente, frente a aquellos que lo niegan, e incluso frente a aquellas mujeres en posiciones de influencia que son instrumentos útiles de esta profundísima contradicción política de la democracia, por no decir instrumentos perfectos para la coartada de tantos varones.
Qué podemos esperar de una derecha política que históricamente ha colaborado poco a la lucha por los derechos formales de igualdad de hombres y mujeres, que en estos últimos ocho años ha recurrido prácticamente todas las leyes de igualdad de género. Pero, sin ambages, también deberíamos decir que quizás la izquierda tradicional ha tocado techo.
No se trata solo de hacer bandera política del feminismo en la izquierda en general y en el socialismo. No es una cuestión de asumir los postulados de las mujeres. Es dejar que ellas, de forma directa, transformen y protagonicen otra política, otras respuestas. Una parte capital de la socialdemocracia por venir en Europa estará en los contenidos del feminismo político y en las energías creativas de muchas mujeres del mundo que conocen la realidad desde abajo, donde la realidad no es objeto ni de teoría ni de especulación.
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A propósito de recientes sucesos nacionales, creo que sería interesante leer este muy buen artículo de Javier Cercas, reproducido en EL PAÍS SEMANAL, en su columna llamada Palos de Ciego, el 27.11.2011, bajo el título “La Broma”.

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Por: Javier Cercas

Copio mi título de hoy del de una novela de Milan Kundera donde se cuenta la historia de un profesor universitario que, en la Checoslovaquia comunista de la posguerra, arruina su vida por hacer una broma. A las mentes totalitarias no les gustan las bromas. Y es natural. Toda broma auténtica presupone ironía, y toda ironía presupone que una cosa puede ser varias cosas a la vez. Cervantes, que inventó la ironía o al menos la convirtió en un ingrediente obligatorio de la novela, mostró que Sancho Panza es un tonto, pero también un sabio, y que don Quijote es ridículo, pero también heroico. Eso es la ironía: la revelación deslumbrante de que la realidad no es unívoca, de que una cosa puede ser una cosa y su opuesto, de que existen las verdades contradictorias, por usar la fórmula de Isaiah Berlin. Y eso es lo que no puede admitir el fanático: para él, las cosas sólo son lo que son y nada más; es decir: son sólo lo que él dice que son. De ahí que odie la ironía, el humor, las bromas (y, por cierto, las novelas, que proponen una visión ambigua, irónica y poliédrica de lo real). Y de ahí que la ironía y el humor suelan ser no sólo un síntoma de decencia individual sino también de salud colectiva. Sin ironía no hay tolerancia. Y sin tolerancia no hay civilización. Ni acaso humanidad: los seres humanos bromean; los animales no.
Por supuesto, los fanáticos no viven sólo en sociedades totalitarias; el totalitarismo es la institucionalización política del fanatismo, pero no tiene su exclusiva. De hecho, las sociedades democráticas están permanentemente asediadas por bárbaros totalitarios, igual que las personas civilizadas están permanentemente asediadas por intolerantes, o igual que dentro de toda persona civilizada vive siempre un intolerante tratando de tomar el poder. Por eso es normal ponerse un poco nervioso en esos momentos en que, incluso en esta Europa tan democrática y civilizada, los bromistas parecen vivir amenazados. Últimamente, sin ir más lejos. El 3 de noviembre supimos que un cóctel mólotov destruyó la sede del semanario satírico francés Charlie Hebdo, que en su último número había osado ironizar sobre el islamismo. Una semana antes -y más cerca- Gregorio Peces-Barba desató un gran escándalo al declarar: "Yo siempre digo en broma qué hubiera pasado si (en el siglo XVII, los españoles) nos quedamos con los portugueses y dejamos a los catalanes. Quizá nos hubiera ido mejor"; la gracia, para qué engañarnos, es bastante desgraciada, pero no sé si justifica el linchamiento del anciano político, y menos por parte de los independentistas catalanes, a quienes (sabiéndolo o sin saberlo Peces-Barba: me temo que sin saberlo) la broma da la razón. Tampoco parece que Pablo Motos tuviera su mejor noche cuando organizó, aquella misma semana, en El hormiguero, la decapitación ficticia del cantante Dani Martín, aunque provoque una razonable estupefacción que un programa televisivo dedicado al humor tenga que pedir disculpas por una humorada. Una razonable estupefacción o una razonable tristeza. Que por lo demás tenemos bien merecida, sobre todo si quienes más obligados estamos a oponernos al triunfo de los eternos ofendidos -los hipersensibles adversarios del humor y la ironía- cedemos cada vez con mayor facilidad a sus enfados. Hace un tiempo la Defensora del Lector de este periódico, comentando el alboroto causado por una broma del cineasta Nacho Vigalondo a costa de los que niegan el Holocausto, fabricó el siguiente titular: "Ninguna broma sobre el Holocausto". ¿Ninguna broma sobre el Holocausto? Pues yo las he leído en novelas de Saúl Bellow y Philip Roth, en películas de Woody Allen, incluso en una de Roberto Begnini que es toda ella una broma sobre el Holocausto, y que incluso ganó un Oscar. Es verdad que la película de Begnini no es gran cosa, pero también es verdad que algunos creadores fundamentales de nuestro tiempo han sabido bromear sombríamente sobre aquel horror incalculable sin por ello quitarle un ápice de su horror, más bien añadiéndoselo... En fin: mala señal, ese titular.
Hay otras. Que yo sepa, Charlie Hebdo no ha pedido perdón por su broma; El hormiguero, ya lo he dicho, sí lo hizo, y Peces-Barba y Vigalondo también. No entiendo por qué. No han hecho nada malo, no han hecho daño a nadie, los eternos ofendidos siempre encontrarán motivos para la ofensa y los intolerantes para seguir a lo suyo, que consiste, como dijo Salman Rushdie -a quien la gran broma de Los versos satánicos no le salió precisamente gratis-, en impedir a toda costa la felicidad de los demás. Nadie está obligado a ser el Capitán Trueno, pero quizá no estaría mal no arrugarse a la primera; dudo que haga falta ser un héroe: al fin y al cabo vivimos en una democracia y, a menos que se bromee con islamistas o mafiosos, aquí nadie suele salir muy malparado de estos lances. Como mucho pueden costar una bonita cicatriz de guerra en la cara, pero poco más. Es el precio de la libertad, y es mejor pagarlo, aunque a veces escueza. Así por lo menos uno se queda tranquilo.
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En el Diario El País se ha armado un interesante debate entre Richard Cohen y Pere Estupinya sobre si el estado de la investigación científica en torno a la tesis de que la situación homosexual puede o no estar presente desde el nacimiento.
Richard Cohen (cuya posición se reproduce al final de este post) señala que ?La ciencia dice que la gente no nace gay?. Pere Estupinya, en respuesta, ha dado razones suficentes para afiremar lo contrario, sobre la base de ciertas pruebas científicas (su posición se reproduce a continuación).

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Por: Pere Estupinya (SI)

La ciencia no dice lo que quieres escuchar. La ciencia plantea hipótesis, hace estudios para ponerlas a prueba, e intenta sacar conclusiones objetivas.
Claro que entre investigadores existen ideas preconcebidas y pueden manipular datos o diseños experimentales para defender una visión u otra. Seríamos ilusos si no lo reconociéramos. Pero entonces cuando envían su artículo a una revista de alto impacto y el editor lo distribuye entre expertos para que lo valoren de forma anónima, responderán que el estudio no es riguroso y no lo publicarán. Y aunque logre pasar este primer filtro, si con el tiempo otros grupos de investigación no logran reproducir tus resultados, tu hipótesis quedará descartada por mucho que te empeñes en defenderla. En ciencia siempre es otro quien demuestra si tienes razón o no.
Hace unos días El País publicó el artículo "La ciencia dice que la gente no nace gay" con la entrevista al terapeuta que dice poder cambiar la orientación sexual de gays y sanar su homosexualidad. No sé si el títular resulta ofensivo para la comunidad homosexual, pero sí para la científica. El País no debería haber transmitido este mensaje. Es falso.
Richard Cohen defiende que no hay nada biológico en la homosexualidad porque es lo que le permite armar su teoría: si la homosexualidad es sólo fruto de experiencias después del nacimiento, entonces su psicoterapia podría revertir dichas experiencias y cómo él dice en su libro, "sanar la homosexualidad". Si por el contrario, dentro de todo este espectro de grises que que es la sexualidad humana, alguien es gay porque nace gay, intentar cambiar su orientación para devolverlo a una supuesta normalidad sería algo aberrante. Deberían ser los prejuicios sociales quienes cambiaran y no ellos.
¿Tiene la ciencia algo que aportar en este debate? Si le preguntas y de verdad te interesa su opinión, lo que te dirá es que Cohen no tiene razón. Hay muchas evidencias de que factores biológicos pueden jugar un papel decisivo en la definición de la orientación sexual. El más aceptado de ellos, los niveles de hormonas masculinas durante el embarazo.
Cualquier embrión empieza a desarrollarse sin un sexo definido. Pero si posee un cromosoma Y, en la semana 6 de gestación empezarán a desarrollarse los testículos. Y en la 8 comenzarán a segregar testosterona alcanzando su nivel máximo entre la semana 12 y 14. Justo cuando además del cuerpo también se está desarrollando el cerebro. La testosterona y otros andrógenos es lo que masculinizará el feto. Si no hay liberación de testosterona, el cuerpo y cerebro del feto continuarán su desarrollo como mujer. Pues bien; los neuroendocrinólogos creen que si durante un embarazo masculino el pico de testosterona no es suficientemente alto, algunas partes del cerebro podrían quedar menos masculinizadas y condicionar hacia la homosexualidad. Y tienen evidencias de ello. Por una parte están los experimentos con animales. Si modificas los niveles de testosterona y otros andrógenos durante la gestación de ratas, podrás obtener tanto machos como hembras con preferencia por su mismo sexo. Obvio que no es extrapolable a la complejidad de la conducta humana, pero sí un indicio de que las hormonas juegan un papel clave en la diferenciación sexual durante el embarazo. Fíjate si no en un trastorno llamado Congenital Adrenal Hyperplasia, por el que los fetos femeninos son igualmente expuestos a altos niveles de andrógenos. De niñas las mujeres con CAH muestran comportamientos más masculinos, y de adultas algunas de ellas experimentan más atracción por personas de su mismo sexo.
Y existe una condición casi contraria; las mujeres con Androgen Insensitivity Syndrome (AIS), que son mujeres a pesar de tener cromosomas XY. La gestación empieza normal, y a la semana 6 los testículos empiezan a crecer y segregar testosterona. Pero debido a una mutación genética, las células de las personas con AIS no tienen receptores de andrógenos. Es decir; circulan altos niveles de testosterona en sangre pero sus células no la reconocen. A consecuencia de ello, en etapa fetal el crecimiento de testículos se detiene y muchas niñas nacen sin ser diagnosticadas. Llevan vida absolutamente normal como niñas, y es durante la infancia o pre-adolescencia cuando se detecta algo extraño. En la mayoría de casos de AIS se realiza una operación para quitar los testículos pequeños y todavía internos, y adecuar la vagina a relaciones sexuales futuras. El cerebro y cuerpo de mujeres con síndrome de insensibilidad a andróginos completo siempre ha sido femenino (a excepción de los testículos y cromosomas XY), y a pesar de la infertilidad, pueden llevar una vida absolutamente normal y feliz como mujeres.
Regresando a la homosexualidad, los científicos saben que los niveles de testosterona durante el embarazo influyen en el desarrollo de ciertas áreas cerebrales, como por ejemplo el hipotálamo implicado parcialmente en la atracción sexual. Estudios de resonancia magnética funcional han demostrado que algunas características del hipotálamo de hombres homosexuales es más parecido al de mujeres que al de hombres heterosexuales. Esto también es interpretado como una evidencia de condicionantes prenatales a la homosexualidad.
No se sabe muy bien qué podría provocar unos niveles más o menos altos de testosterona durante el embarazo. Pero la alta (aunque no completa) correlación entre gemelos gays hace pensar que podría haber algún componente genético. Parece descartado encontrar un gen asociado a la homosexualidad, pero hay hipótesis novedosas sugiriendo que regulaciones epigenéticas podrían jugar un papel importante. También se especula que la resistencia parcial a andrógenos desarrollada por las mujeres tras varios embarazos masculinos podría explicar el hecho contrastado de que el pequeño de varios hermanos hombres tenga más posibilidades de ser gay.
Los científicos serios no son amigos de afirmaciones contundentes, y pocos se atreverán a declarar taxativamente que muchos hombres sean gays debido a niveles prenatales de hormonas. Ni por descontado que esta sea causa o explicación de un fenómeno tan amplio y multifactorial como la homosexualidad. Pero al contrario de lo que afirma sin base alguna el terapeuta Richard Cohen, la ciencia sí dice que mucha gente nace gay.
Y no sólo eso. Sobre la publicitada terapia de Cohen para sanar homosexuales, en 2005 la Asociación Americana de Psicología estableció que no hay evidencias empíricas de que la orientación sexual pueda ser modificada con terapias de conversión. Alertó que estas prácticas pueden generar daños psicológicos incluso tendencias suicidas, y pidió a los expertos en salud mental no decir a sus clientes gays que podían volverse heterosexuales. La Asociación Americana de Psicología llegó a estas conclusiones tras revisar 83 estudios sobre cambios de orientación sexual realizados desde 1960. Sr Cohen, esto sí lo dice la ciencia.

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Por: Richard Cohen (NO)

Richard Cohen (Filadelfia, 1952), autor del libro ?Comprender y sanar la homosexualidad?, se define como un exgay que tiene la clave para corregir las tendencias homosexuales. Su libro, escrito originalmente en 2000, ha sido editado por Libros Libres en España. El martes, El Corte Inglés lo retiró de su librería, tras las protestas de varias agrupaciones homosexuales. Cohen define esa decisión como ?un atentado contra la libertad de expresión?. No es la primera vez que su libro genera polémica. En 2009 se empleó en Uganda para apoyar un proyecto de ley que castigaría las conductas homosexuales con pena de muerte. Cohen asegura que se malinterpretó su mensaje y que no odia a los gais. Aquí en Estados Unidos es el principal representante de lo que se llama "terapia de conversión", que promete a los pacientes hacer desaparecer tendencias homosexuales. Cohen no es psiquiatra. Obtuvo un máster en terapia psicológica por la Universidad de Antioch. En este momento tampoco tiene licencia para ejercer como psicoterapeuta. Regenta una organización llamada International Healing Foundation, para la que trabajan otros terapeutas. Recibe a EL PAÍS en su casa en las afueras de Washington, en una consulta decorada con una pequeña bandera gay, muchos libros y una foto con su mujer y sus tres hijos.

Pregunta: ¿Cree que la homosexualidad se puede curar?
Respuesta: ¿Qué quiere decir con curar? No entiendo la palabra.

P: ¿Sanarla, entonces? Es la palabra que emplea en el libro.
R: En 2008, la Asociación Norteamericana de Psicología dijo que aunque ha habido muchas investigaciones sobre las posibles causas genéticas, biológicas u hormonales de la orientación sexual, no ha habido descubrimientos que les permitan a los científicos llegar a la conclusión de que la orientación sexual esté determinada por uno o varios factores particulares. La ciencia dice que la gente no nace gay.

P: Lo que usted hace, ¿es una terapia que revierte una supuesta fase gay?
R: Yo creo en el derecho del cliente a la autodeterminación y libre albedrío. Si alguien quiere vivir una vida gay, lo respeto. Y si alguien quiere explorar las posibilidades de cambiar de gay a heterosexual, también lo respeto.

P: Pero niega la posibilidad de que la homosexualidad sea biológica.
R: Si hay algo biológico en ella, mi experiencia dice que es que aquellos que experimentan sentimientos homosexuales son hombres y mujeres extremadamente sensibles. Viven una relación con sus padres, con sus compañeros y con su entorno, distinta a la de sus hermanos y a las de otra gente a su alrededor. Esa sensibilidad puede sentar las bases para los sentimientos homosexuales.

P: Por lo que usted ha escrito, cree que es el entorno familiar, escolar, de amistades, lo que determina la homosexualidad.
R: Efectivamente, es algo de suma importancia.

P: Y, ¿cómo hace usted que alguien evolucione de tendencias homosexuales a tendencias heterosexuales?
R: Durante los pasados 21 años, en los que trabajé como psicoterapeuta, desarrollé un protocolo para aquellos que quieran cambiar, no para los que estén contentos siendo gais. Yo mismo viví como gay, tuve una pareja gay durante tres años.

P: ¿Había algo dentro de usted que le decía que aquello no era correcto?
R: No. Lo que pasa es que desde pequeño, siempre tuve un sueño: estar casado con una mujer y tener una familia. No fue la presión de mis padres, de la sociedad o de la religión. Era yo mismo, que tenía el sueño de casarme con una mujer y tener niños.

P: ¿Fue fácil para usted dejar de ser gay?
R: No. Se me dijeron muchas mentiras. Que encontrara a la mujer adecuada que me volviera heterosexual. Me casé. Pero reprimía los deseos homosexuales. No los había resuelto. Hice mi terapia después de casarme. Fue un proceso complejo, duro. Muchos terapeutas me decían que yo había nacido gay, que no había nada que hacer. Que debía aceptarlo y vivir una vida gay.

P: ¿Nunca tuvo una aventura con un hombre después de casarse?
R: Tuve una relación con un hombre. Y se lo dije a mi mujer. No buscaba sexo, sólo un mentor masculino. Bajo mi deseo por los hombres había una herida. No recordaba que mi tío había abusado sexualmente de mí. Es algo que reprimí durante 25 años, hasta que hice mi terapia. Entonces encontré a un mentor masculino, heterosexual. Cuando experimenté el luto por ese abuso mis tendencias homosexuales desaparecieron.

P: Usted hace especial insistencia en la figura del abuso sexual como una razón para desarrollar sentimientos homosexuales. ¿Cree usted que es una razón común?
R: Es una de las 10 razones posibles que detallo en mi libro. Nunca es una cosa sola. Es una combinación de varios factores. Un 50% de mis clientes sufrió abuso sexual por parte de alguien de su mismo sexo.

P: ¿No cree que esto se puede interpretar como que usted caracteriza a los gais como abusadores sexuales?
R: Es lo opuesto. Si se da cuenta de las proporciones de la población, la mayoría de abusadores son heterosexuales.

P: ¿Por qué?
R: Porque en la sociedad no hay más de un 2 o 3% de homosexuales. Es una cuestión de proporcionalidad. En mi caso, fue un hombre heterosexual quien abusó de mí.

P: Hace usted una reflexión en su libro sobre por qué los homosexuales tienden a cultivar su cuerpo, cuidar su apariencia... algo muy asociado a los tópicos que hay sobre la cultura gay.
R: Es lo que se llama sobrecompensación, porque no sienten su propia masculinidad. He tratado a hombres culturistas, con físicos increíbles. No importa cuántos músculos desarrollen, aun se sienten inferiores interiormente.

P: Usted habla de un mito, reforzado por los medios, Hollywood, las novelas...
R: Es el mito de que se nace gay, que es una afirmación que científicamente no es válida. Pero tampoco se puede decir que ser gay sea una opción. Uno no se despierta un día y decide ser gay. Hay una serie de factores combinados que hacen que alguien se comporte como gay. Tratando a cientos de homosexuales he descubierto que hay una serie de contextos comunes en todos ellos. En las biografías de los famosos queda claro también: tuvieron experiencias similares. Rosie O?Donnell, Greg Luganis, Elton John, Ricky Martin, Ellen DeGeneres... todos tienen historias similares. Es algo clínico. Decir que alguien ha nacido así es contrario a la naturaleza.
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A continuación unas interesantes líneas escritas por Bárbara Celis en el Diario El País el 06.01.2012 sobre el estado actual del proyecto de Ley SOPA en EE.UU., por el que se estaría planteando reglas de interdicción a la información en la web cuando haya supuesto de violación de las normas de propiedad intelectual.

Al parecer, los avances del proyecto estarían originando una reacción en escala de Yahoo, Twitter, Facebook, Paypal, AOL, Amazon, Mozilla y otras grandes empresas.


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Por: Bárbara Celis

Un apagón digital protagonizado por Google, Yahoo, Twitter, Facebook, Paypal, AOL, Amazon, Mozilla y otras grandes ciberempresas debe ser algo bastante parecido al fin del mundo en el siglo XXI. Su desconexión voluntaria, aunque solo fuera durante algunas horas, supondría sufrir y provocar pérdidas económicas millonarias y colapsar el tejido económico y social de Estados Unidos. Es poco probable que algo así ocurra... pero no es imposible. Todas esas empresas, integradas dentro de la plataforma Netcoalition.com, han discutido la posibilidad de protagonizar un apagón digital este mes como medida de presión contra el proyecto de ley SOPA (Stop Online Piracy Act), una especie de ley Sinde que desde el pasado octubre se discute en el Congreso estadounidense. Así lo sugirió recientemente Markham Erickson, presidente de Netcoalition y lo ha confirmado este diario su portavoz Jake diGregorio, aunque reconoció que se trataba, de momento, "solo de una idea".
La SOPA, que en su versión en el senado lleva las siglas PIPA y que será votada en esa cámara el próximo 24 de enero, ha puesto en pie de guerra a todo el planeta digital estadounidense, prácticamente sin excepciones.
Propuesta el pasado octubre por el congresista republicano Lamar S. Smith y una coalición bipartisana, la SOPA aspira a reforzar la persecución de la piratería digital otorgándole al Departamento de Justicia estadounidense el poder de criminalizar a toda web que aloje contenidos ilegales, desde un blog anónimo en Rusia a la mismísima red social Twitter si un usuario tuitea un link a una web con contenido ilegal.
Las webs ubicadas fuera de Estados Unidos, que hasta ahora estaban a salvo de la justicia estadounidense, se convierten así en una de sus principales dianas. ¿Cómo? A diferencia del Digital Millenium Copyright Act, por el que se regía la persecución de la piratería online desde 1998 y que simplemente obligaba a una web a retirar el material ilegal (por ejemplo un vídeo de Youtube), la SOPA impone a los proveedores de internet, a los motores de búsqueda, a las empresas de publicidad y a las de pago online bloquear los servicios a escala mundial de toda web que esté bajo investigación del Departamento de Justicia. Además obliga a los proveedores de dominios, (la gran mayoría están alojados en Estados Unidos, aunque la web esté por ejemplo en España), a inhabilitar toda web sospechosa, provocando de facto su desaparición de la red. De lo contrario, ellos mismos se exponen a entrar en la lista negra.
Y eso, al margen de que la violación de derechos de autor conlleve o no un beneficio económico para la web que infringe la ley. Por ejemplo Wikileaks, que se ha dedicado a filtrar gratuitamente informes gubernamentales y por tanto protegidos por la legislación de propiedad intelectual, sería fulminada en el acto si la SOPA se aprobara.
"La gravedad de la ley reside en la vaguedad de su lenguaje, que puede interpretarse de forma tan amplia que desde los proveedores de Internet a los propios usuarios podrían convertirse en objeto de persecución legal", explicó a este diario Jake diGregorio. "Creará nuevas herramientas para silenciar la libertad de expresión en Internet", advierte la Electronic Frontier Foundation.
La SOPA ha puesto de manifiesto la gran brecha conceptual entre el mundo digital y el de las empresas tradicionales de contenidos. Como afirmaba recientemente en The New York Times el especialista en tecnología David Carr, "las empresas digitales ven la SOPA como una peligrosa y destructiva amenaza para la libertad en la web, acercándose a una regulación intrusiva como la que ha convertido China en el villano de los ciudadanos de la red". Esas empresas, encabezadas por gigantes tecnológicos como Google, Facebook, Yahoo o AOL enviaron en diciembre una carta al Congreso estadounidense subrayando su apoyo a los objetivos de la ley -luchar contra la piratería y reforzar las herramientas para combatir las páginas ubicadas en el extranjero que violan los derechos de autor- pero advirtiendo que tal y como estaba redactada "expondría Internet y las empresas a nuevas e inciertas amenazas, les privará de derecho de acción y obligará a controlar las webs". O lo que es lo mismo, a censurarlas.
Los dos grandes defensores de la SOPA son la Motion Picture Association of America (MPAA) que agrupa a las grandes productoras de cine estadounidense y la Recording Industry American Association (RIAA), que agrupa a las grandes discográficas. Además otras 140 empresas cercanas a ellas les apoyan. Según la MPAA, Estados Unidos pierde anualmente unos 46.000 millones de euros por culpa de la piratería mientras que la Cámara de Comercio de ese país, también defensora de la ley, afirma que 19 millones de puestos de trabajo están amenazados por ella.
El debate está candente y tanto el mundo internauta (Arianna Huffington, Jack Dorsey, Jimmy Wales o la Online News Association) como el de los defensores de las libertades civiles (desde la ACLU a Human Rights Watch) están luchando para cambiar el texto de la SOPA, cuya posible inconstitucionalidad ha sido denunciada por más de 100 profesores de leyes, que así se lo han hecho saber al Congreso.
Una cosa queda meridianamente clara: la ley Sinde en su versión estadounidense ya ha provocado bajo su suelo un auténtico terremoto.
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A continuación una interesante crónica de Ángel Páez, del Diario La República, sobre el reciente libro de David Remnick,corresponsal del Washington Post sobre la caída de la URSS.

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Por: Ángel Páez

Anatoly Lukyanov era uno de los pocos jerarcas de la Unión Soviética que disfrutaban de la amistad del presidente Mijaíl Gorbachov. Eran amigos desde los años cincuenta, cuando se conocieron en la Universidad Estatal de Moscú. Presidente del Soviet Supremo y poeta con libros publicados, a Lukyanov le encantaba expresar su lealtad a Gorbachov escribiéndole versos cargados de exaltadas referencias a su liderazgo. Por eso, cuando le contaron a Gorbachov que uno de los conspiradores que buscaban derrocarlo era Anatoly Lukyanov, dudó mucho antes de aceptarlo; creía que un poeta era incapaz de tamaña felonía. Equivocado estaba: nada exime a un poeta de uno de los mayores lastres de la condición humana: la traición.
El episodio de Gorbachov y Lukyanov lo relata el periodista David Remnick en el libro La tumba de Lenin: los últimos días del imperio soviético (1993), que describe la desintegración de la Unión Soviética. Muchos años antes, en 1917, otro reportero norteamericano, John Reed, fue testigo de la revolución de octubre que condujo al poder a los comunistas liderados por Vladimir Ilich Lenin. Su libro Diez días que estremecieron al mundo (1919), una vibrante narración de aquella gesta revolucionaria, se convirtió en un clásico del periodismo. Setenta y cinco años después de la victoria bolchevique descrita por Reed, a David Remnick, corresponsal de The Washington Post, le tocó informar sobre la disolución del más grande imperio comunista. Es irónico: dos reporteros nacidos en el país que fue el más fiero enemigo del poder soviético escribieron los mejores relatos sobre el apogeo y debacle del primer régimen comunista de la historia.
De la emoción al espanto
La gran ventaja de ambos fue haber estado en el mismo lugar de los hechos y hablar con sus protagonistas. A Reed le fue más fácil porque era un partidario de la revolución. El propio Lenin escribió el prólogo de su libro. Pero en la época en que Remnick se encontraba en Moscú, fines de los ochenta, el trabajo de un reportero yanqui era difícil, más aún si los servicios secretos lo consideraban un espía camuflado. No obstante, Remnick estableció contactos en la “nomenklatura”, la élite soviética. Allí se enteró de que el ala derecha del partido se negaba a aceptar la “glasnot” y la “perestroika”, las reformas que Gorbachov estaba impulsando. También se oponía a la suscripción de un nuevo tratado de la unión de las repúblicas socialistas soviéticas, lo que iba a desatar un proceso de democratización. Los enemigos de Gorbachov advertían que si firmaba el documento el poder centralista en que se sustentaba la URSS se disolvería. En ese trance se encontraba el país cuando el 18 de agosto de 1991 Remnick partió de regreso a Nueva York. Su misión de corresponsal en Moscú había terminado. Pero ni bien aterrizó en su país escuchó una noticia estremecedora: Gorbachov había sido víctima de un golpe de Estado. Remnick tomó el primer avión a Moscú y llegó a tiempo para ser testigo del colapso del totalitarismo soviético. Vería con espanto lo que John Reed vivió con emoción.
“Ningún buen reportero es tan vanidoso como para suponer que la historia se está cristalizando únicamente ante sus ojos; sin embargo, ninguno de los periodistas que trabajaban en Moscú durante los años del derrumbe del comunismo pudo dejar de sentir estupefacción ante la situación que le tocaba presenciar”, escribe Remnick en la primera edición en español de La tumba de Lenin (2011), al cumplirse veinte años del fin de la URSS. Nadie podía creer que un puñado de jerarcas civiles y militares, ancianos y borrachos, temerosos de perder privilegios montaran el más incompetente de los golpes de Estado que registra la historia. Pero así fue.
El 18 de agosto de 1991 el vicepresidente de la URSS, Gennadi Yanayev, depuso a Mijaíl Gorbachov. Yanayev estaba ebrio. Los conjurados, que maquinaban sus planes hacía más de un año, aprovecharon que Gorbachov vacacionaba en el balneario de Foros, Crimea, para expectorarlo.
Reunidos en un local del KGB, en las afueras de Moscú, bebieron como cosacos y luego se trasladaron al despacho del primer ministro, Vladimir Pávlov. Allí convencieron a Yanayev. Debía declarar el estado de emergencia y asumir las atribuciones de jefe de Estado. Tiempo después, durante el proceso judicial a los golpistas, el ex ministro de Defensa Dimitri Yazov reveló a los fiscales que en el momento en que resolvieron deponer a Gorbachov, “Yanayev ya se encontraba absolutamente borracho”. Yazov también contaría que en realidad nunca hubo un plan. Mientras Gorbachov disfrutaba con su esposa Raisa de los baños del sol en Crimea, los conspiradores creyeron que era la oportunidad de deshacerse de él. “No estoy seguro de poder describir cuán difícil es ganarse la fama de borracho”, escribió Remnick sobre Gennadi Yanayev, el hombre que salió a dar la cara por televisión para informar que él era el nuevo número uno de la URSS: “Era un hombre vanidoso y de escasa inteligencia, mujeriego y alcohólico. Pero no era tan solo un borracho, también era un bufón”.
El golpe de los tontos
Para Remnick el colapso soviético fue una sucesión de equivocaciones. Si Yanayev era un ebrio como todos los conspiradores, Gorbachov era despistado e incompetente. En Moscú se hablaba de lo que estaba tramando el ala derechista del partido, pero él no quería aceptarlo. Suponía que por ánimo de sobrevivencia lo respaldarían. “Fue el primer golpe de Estado anunciado por la prensa”, escribe Remnick. En efecto, los periódicos contrarios a Gorbachov amenazaban con una rebelión si continuaba otorgándoles autonomía a las repúblicas soviéticas, una exigencia que lideraba Boris Yeltsin. Todos miraban con asombro cómo alguien serruchaba un círculo bajo los pies de Gorbachov.
Pero él no quería aceptarlo.
Las advertencias llegaron incluso desde los Estados Unidos. El Secretario de Estado, James Baker, confió a su contraparte soviética, Alexander Bessmertnij, que sus servicios secretos detectaron que se preparaba una asonada contra Gorvachov y le pidió entregarle el mensaje. Baker dio los nombres de los implicados: el primer ministro, Valentín Pávlov; el ministro de Defensa, mariscal Dmitri Yazov; y el jefe del KGB, Vladimir Kryuchkov, entre otros. La información llegó a Gorbachov. Semanas después Baker preguntó a Bessmertnij qué hizo el Presidente con los instigadores. Respondió que convocó a Pávlov, Yazov y Kryuchkov, les pidió a gritos que dejaran de jugar a los conspiradores. Y los dejó en sus puestos.
Apresado Gorbachov en Foros, los golpistas organizaron el control de Moscú. Pensaron en asaltar la Casa Blanca, como se llama a la sede del Parlamento, desde donde Yeltsin erosionaba el poder de los jerarcas soviéticos. Pero como todo había sido improvisado, ni siquiera los golpistas estaban seguros de lo que hacían. Eso minó su precaria unidad. Por eso, cuando el Comité de Emergencia se reunió en el Kremlin con Yanayev a la cabeza, preguntó: “¿realmente hay alguien entre nosotros que desee tomar por asalto la Casa Blanca?”. “No hubo respuesta”, relata Remnick: “Cuando Kryuchkov (el jefe del KGB) dijo que según los informes recibidos de todo el país el comité contaba con un amplio apoyo, Yanayev dijo que no, que había estado recibiendo telegramas que decían exactamente lo contrario. El golpe fracasaba”.
En un intento por revertir la situación se propuso detener a Boris Yeltsin. Pero ya parecía demasiado tarde para hacerlo. El 21 de agosto Yeltsin encabeza la marcha contra los derechistas. Si lo detenían o mataban, estallaría una rebelión de incalculable dimensión. Yazov, ante la evidencia de que solo quedaba imponer la violencia si deseaban continuar en el poder y lo que eso significaba en vidas humanas, optó por renunciar y ordenar que las tropas regresaran a sus cuarteles. “No seré otro Pinochet”, dijo. Era el fin del golpe.
El fin del imperio
Gorbachov recibió la noticia en Foros y preparó su retorno al poder. Otra vez, se equivocaba. Así como no les dio la dimensión que les correspondía a las fuerzas que se oponían a las reformas, tampoco supo medir las consecuencias del frustrado “putsch” de la derecha comunista. Gorbachov volvió a la presidencia sin percatarse de que el fin estaba cerca. ”Regresó con su familia a Moscú, donde lo esperaba una gélida recepción de su rescatador y rival, Yeltsin. Él creía que había vuelto al poder; en realidad, había regresado a la capital para presenciar la transformación del mundo tal como él lo había conocido hasta entonces”, escribe Remnick.
El 8 de diciembre de 1991 se formó la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que representó la liquidación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Gorbachov renunció a la presidencia el 25 de diciembre. “La Corte Constitucional de Rusia dictaminó que los comunistas podían reunirse a escala local, pero que, como entidad nacional, el Partido Comunista era ilegal”, narra Remnick. “Los bienes y propiedades del Partido permanecerían bajo el control del gobierno de la Federación Rusa. La era que comenzó en 1917 con la revolución bolchevique acababa de terminar… en virtud de un simple decreto”. La historia que John Reed relató con encendida emoción en Diez días que estremecieron al mundo, sobre la toma del poder comunista, terminaba sin pena ni gloria, con aires fúnebres, en las páginas de La tumba de Lenin, escritas por David Remnick.