22/04/11: Contraste

Categoría: Desde adentro
Publicado por: a20061093

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Juan es un pata bien peruano, más peruano que el ceviche, dice él. Juan va a todos los partidos que Perú enfrenta con otros países para demostrar que él sí se pone la camiseta. Pero Juan tiene un problema en la garganta, constantemente escupe al suelo. A veces delante de mucha gente o a veces, a solas. Mira, ahí va: Juan hace ese sonido en la garganta, escupe, se limpia los labios con la muñeca y ahora se siente mejor.

Juan tiene una tía llamada Doris, ella tiene un hijo llamado Marcos. A Doris le gusta llevar a pasear a Marcos al parque del vencindario todas las tardes luego de, prácticamente, hacerle la tareas. Hoy, Juan está atrasado en el curso de Geografía. Mientras él se divierte, ella aprovecha para copiar del cuaderno de la chancona María. A veces Marcos "no se aguanta" y necesita ir al baño urgente. Ahí atrás del árbol, le indica Doris siempre. Marcos obedece porque sus amigos lo siguen esperando para jugar a las chapadas.

Marcos tiene un tío llamado Pepe. Pepe es bien bacán según aseguran los que lo conocen. Él disfruta de los domingos playeros con sus patas, las flacas y las infaltables "rubias" bien heladas. Pepe siempre regresa a casa con las manos vacías: las botellas de cerveza se quedan envueltas de arena sintiendo el frío mar limeño que va y viene. ¿No decía? Pepe es bien bacán.

***


Juan es un joven bien peruano, más peruano que la causa, dice él. Juan va a todos los partidos que Perú enfrenta con otros países para demostrar que él sí se pone la camiseta. Pero Juan tiene un problema con la garganta, por eso siempre carga un pañuelo para escupir. Si son viajes largos, prefiere pañuelos de papel. Los guarda en su bolsillo y los bota en cuanto ve el tacho más cercano. Juan siempre estará ahí, para alentar a su blanquiroja.

Juan tiene una tía llamada Doris, ella tiene un hijo llamado Marcos. A Doris le gusta llevar a pasear a Marcos al parque del vencindario todas las tardes luego de, prácticamente, hacerle la tareas. Hoy, Juan está atrasado en el curso de Historia. Mientras él se divierte, ella aprovecha para copiar del cuaderno de la chancona María. Marcos le advierte las ganas por un baño y le sugiere que como la semana pasada, podría orinar ahí al ladito. Ningún hijo mío se comportará como un perro que orina donde quiere, Doris le gritó. Marcos tuvo que regresar a casa mientras Doris seguía copiando la clase. La próxima vez voy al ñoba antes de venir, piensa mientras sabe que la nueva ronda de las chapadas ha comenzado sin él.

Marcos tiene un tío llamado Pepe. Pepe es bien bacán según aseguran los que lo conocen. Él disfruta de los domingos playeros con sus patas, las flacas y las infaltables "rubias" bien heladas. Pepe ahora guarda las botellas de chelas en las mismas bolsas en las cuales fueron traídas. Se las va a regalar a doña Juana, la recicladora del barrio. Pepe nunca dejó de ser bacán: sus patas y las flacas siempre lo rodean. Incluso, ellos le ayudan a guardar las botellas en las bolsas y meterlas en la cajuela del carro.

12/04/11: The Wish List

Categoría: Desde adentro
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Yo quiero:

- Ser el mejor de mi colegio
- Ingresar a la PUCP
- Abrir un centro de asesoría legal gratuita
- Viajar a Europa
- Ser alcalde de mi distrito
- Que alguna calle, avenida o jirón lleve mi nombre

17/12/10: Un mes

Categoría: Desde adentro
Publicado por: a20061093

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Hace un mes se fue mi abuelo:

Mingo, el piurano, decide partir a la costa para retornar su odisea marítima. Bien pije, agradece. Despide a Anchash con mucho cariño: extrañará el hermoso paisaje y sobre todo a su cholita, la Virginia.

Mira azul inestable. No sabe si el mar es el que se mueve o es el buque en el que se encuentra. Relájate, la brisa lo que lo roza le sugiere disfrutar el insistente sol. No queda más tiempo para juegos. Sigue las instrucciones de su capitán. No, no es una persona, es un escudo. Un símbolo que significa algo más grande que él: su bello Perú.

Se detiene en Ecuador. Atacar o morir, le enseñaron. No recuerda bien cómo acabó pero ganaron los peruanos. Ahora, Lima lo espera.

El aroma del océano Pacífico. Mira el horizonte. Está solo, no hay nadie en el buque, siente. Sólo él y los pocos días para pisar puerto. Saca la guitarra y viene la inspiración. Un valsecito para celebrar en el recorrido no viene mal.

El calor de su cholita lo recibe en el Callao. Un cielo limpio y despejado le revela que hay mucho por hacer. Ladrillo por ladrillo, ya está una pared. Sus pequeños hijos le imitan, le pasan los demás ladrillos y ya terminaron casa.

Se despide: volverá pronto, promete. Lo recibe otro buque, otro jefe y otros tripulantes. Esta vez será el panadero del buque. Amolda la masa, la estira. Un poco de ajonjolí y al horno. Humeantes y crocantes, salen los largos panes.

Mira el reloj y ya se ha detenido. No sabe cuánto tiempo ha estado en el buque. Recuerda puertos, sí, recuerda puertos que no puede tocar. Recuerda suelo. Recuerda hogar. Recuerda familia. Recuerda que sus hijos ya deben haber crecido bastante. Recuerda que tres de ellos se quedaron en Estados Unidos.

Ya ve Manhattan. Sí que es gigante, la Libertad, piensa. No puede salir de buque, el itinerario es inamovible. El vapor ya indica nuevo viaje. Cierra los ojos y los ve. Ellos tan jóvenes e inmaduros, tienen mucho por aprender.

Sus tres hijos están ahí, lo sabe. Se despide. Ellos, en su mente, también.
Estados Unidos, todo el mundo habla de ese país y del sueño americano. Todos menos él: hogar, hogar pronto.

La punta del buque genera una división en la superficie del mar. Se crean ondas que desaparecen luego de poco. Mingo las mira y cree encontrar algo diferente en cada una de ellas. Se confunden y vuelven al oleaje grupal.

Ya casi llega, y la Virginia lo espera. Ya casi llega, y la puerta de su casa chalaca abierta. Ya casi llega, y la soledad lo acompaña. Ya casi llega, y la melancolía que trastorna. Ya casi llega, y la fiebre comienza. Ya casi llega, y necesita un bastón. Ya casi llega, y no puede articular lo que piensa. Ya casi llega, y los nietos le cantan. Ya casi llega, y los bisnietos le abrazan. Ya casi llega, y las hijas que lo rodean en lágrimas. Ya casi llega, y el cielo no es más que el fluorescente del hospital Naval. Ya casi llega, y siente el cansancio. Ya casi llega, y la Virginia le llama sonriente… “Ven chancho, ahora sí. Tienes tus maletas listas ¿no?”.

Al fin… al fin llega el piurano Mingo y feliz se reúne con su cholita, para siempre.

In memoriam de Domingo Espinoza Quevedo.

05/12/10: Pedro Paquete

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Querido Peter,

Una amiga nuestra nos ha contado,
Que en Perú vive una persona muy estresada.
Que estudia día y noche enteras
Así, haciendo crecer mucho su cerebro.


Ella se preocupa si la bolsa de café venezolano no alcanza,
Dar energía, para libros y danza.
Como en una yunza con hachas y arboles,
O en la uni, cuando estés rodeado de admiradores.


Eres muy inteligente y con sueños increíbles
Por lo cual Hester te nos recomendó.
Incluirte en nuestro libro de niños dulces y malos,
De los que van a España y los que reciben regalos.


El cinco de diciembre es nuestro gran fiesta,
Cuando bajamos del chimenea a dejar muy modesta
Poemas, cajas y cartones.
Con recomendaciones de convivencia u otras anotaciones.


Debajo del papel de color brillante,
Hay escondida un regalo verdaderamente interesante.
Que se abren al día de mi gran salida
De vuelta a España... no muy preferida.


Un año entero en la fabrica de deseos,
Con autoridad sobre los niños malos y sus dedos.
A construir trenes y autos, ponis y Barbies,
Computadoras, cámaras y libros de artes.


Este año quiero dar una vuelta por tu residencia,
En consideracion del aprecio derivado de la correspondencia
Entre tú y una holandesa lejanos y cerca
Pronto probablemente de nuevo en Latín América.


Soy el patrón de los niños belgas y holandés
Naturalmente preocupado por todos sus trivialidades.
Un dedo cortado, un corazón roto, yo lo curo.
Pero lo que necesito de ti, no sé bien cómo, yo dudo.


¿Como resolver la falta insolucionable?
Mi caballo leal Amerigo no es culpable.
Se perderá en las calles de Lima.
¿Cómo asegurar que visitamos tu chimenea y no la del vecino?


Este mensaje es una petición de direcciones,
Para ayudar Pedro Paquete en repartir nuestros creaciones.
En tu casa, tu espíritu y tu boca,
Para que tu día de san Nicolas sea maravilloso.


Saludos,
San Nicolas y sus Pedros negros.

01/07/10: El mensajero

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Lleva en una mano un complejo aparato que lo eleva al espacio exterior, mientras que su otra mano siempre sostiene un sencillo pero cómodo cojín -creemos que sirve para hacerle más confortable el aterrizaje ¿cómo será realmente?-. Nosotros le damos cartas, escritas con mucho cariño a nuestros seres queridos, aquellos que extrañamos, que se fueron al cielo y ya no podemos ver.


Soy un intermediario, me dicen "el ángel". Pero no hago más que otorgar las cartas que me encargan a los cuerpos celestiales. No tengo un lugar propio, soy del cielo y de la tierra.


Ha regresado y desde hace días está armada la fila de remitentes, todos con un sobre en la mano. Él nunca niega su misión, se lleva nuestras emociones. Y aunque nunca sabremos si realmente los llega a repartir, siempre la esperanza (que nuestras plegarias sean leídas) estará en la próxima fila que aguarde su nueva llegada.

31/05/10: Recuerda...

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"La persona más importante en tu vida, eres tú. Nadie más"

H.B.


Cuando los problemas acaben, cuando la marea se calme, al final siempre vas a quedar solamente tú en tu vida. Y la misma vida te pedirá cuentas, ¿qué has hecho contigo? ¿Realmente vale la pena dañarse en este momento por cierto dolor efímero? Piénsalo dos veces, por favor. Recuerda lo importante que eres para ti.

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"Siempre, cada día, se aprende algo nuevo"

Reeza


Un día le tocó trabajar de cajero a este personaje, ¿qué es lo que ganaste realmente, estudiante de leyes? Aprender, eso fue. Cada día siempre hay algo nuevo por aprender. El mundo es muy grande y el tiempo muy poco para todo ello, aprovéchalo al máximo.

23/04/10: Ufología

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Ayer perdí a mi hermano mayor, se lo llevaron unos extraterrestres. Se lo llevaron lejos de la tierra, a una odisea de circular éxtasis y al aparente placer de distorsionadas constelaciones.

Sí, ayer perdí a mi hermano mayor, se lo llevaron unos extraterrestres.
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Dotado de una extraña personalidad, a veces indiferente, a veces apasionado, le gustaba la independencia. Le encantaba dormir casi todo el día, o al menos sus ojos -que se igualaban a dos ranuras horizontales- así lo aparentaban. Muchas veces, el sol que entraba por la puerta lo acariciaba dejando al descubierto su fascinación por el calor matutino.

Todo el tiempo, me gustaba acercarme a él así, en el suelo, y tirarme a su lado. Pensar como él, que no existe el tiempo. Y sentir esos rayos de relajamiento. Lo abrazaba en el suelo. Me respondía con un gruñido, sabía que significaba “Peter, no molestes… déjame dormir”. Pero no me importaba, yo lo abrazaba y así quería que terminara el día, en un momento congelado en el suelo.

Era alérgico a él, lo descubrí a las semanas que lo traje. Pero no me importaba, podía aguantar unas ronchitas en los brazos con tal de cargarlo y pasar mis manos entre sus rollos desiguales.

Recuerdo sus suspiros, los imito cuando algo no sale mal ¿O él imitaba los míos? No es importante saberlo. La perfecta combinación entre ronquidos y sueños -con sus respectivas movidas de patas- era su mejor amigo.

Aunque sabía que era diferente a los demás, nunca se consideró un perro. Nunca jugó con otros perros más que el perro de mi tía -al que igualmente, a veces no soportaba-. Sólo se sentaba en la calle al lado de mi abuelo y tomaba más sol.

Una noche, luego de haber estado lejos unas horas y sin preveer lo que ocurriría en la mañana, llegué a la casa y mis tías estaban en la puerta. Muy raro, pensé, algo habrá pasado. Me acerqué y me dijeron que Stocky había muerto. “Naaaa”, imposible, negué creerlo, me estaban haciendo una broma, cómo se iba a morir un animal tan cuidadoso.

“En serio”, confirmaban la noticia. “Bueno… de algo tenía que morir ¿no?” fui duro. No quería mostrarme, no quería que me vieran bajo. Mucho menos quería que realmente sintieran lo que sentía. Qué les importa al fin. Me miraron los ojos como si quisieran sacarme lágrimas para desahogarme. Pero no lo lograron.

“Está en la veterinaria, lo están alistando para el entierro”. En el jardín Michelle estaba cavando un hueco lo suficientemente grande para su robusto cuerpo. Fui a la veterinaria y lo encontré tendido en la mesa de metal.

Estaba dormido, yo creí. Lo toqué, aún estaba tibio, tan tibio como siempre. Tan tibio como cuando lo dejé esa mañana. Pasé mis manos entre sus rollos y lo sacudí para que despertara. Le decía, “Stocky despierta, no seas tonto, despierta”. No lo hizo, en vez, mis lágrimas cayeron sobre su cuerpo. No había nadie más que él y yo en esa sala. En el fondo, así lo quería, durmiendo como le gustaba.

Cuando llegó alguien, que no recuerdo bien, lo tuve que cargar para llevarlo al entierro. Pesaba, siempre había ensayado cargarlo por última vez pero nunca pensé que sería tan horrible. Sus ojitos estaban cerrados, y su cuerpo aún emanaba ese olor fuerte característico de él.

Lo dejé en el hueco, ahí echado. Sabía que a él le gustaba estirar las piernitas de cerdo para dormir. El hueco no era lo suficientemente largo como para enterrarlo estirado, le encogimos las patitas y entró perfecto.

Empezaron a echarle cal y tierra. Cada montículo de arena sobre su cuerpo era como un golpe en el estómago, insoportable. Y ya sabía que nunca iba volver a verlo moviendo su espiralada cola o escuchar su ladrido jamás. Quizás, tal vez no acá.

Sé que ese jardín era uno de sus lugares preferidos, y ahora, el mío también.
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Publicado por: a20061093

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Hace dos noches soñé que hubo un terremoto...

Soñé que corrí semidesnudo hacia la calle. Soñé que el terremoto continuaba. Soñé llanto, mucho llanto. Soñé árboles elásticos. Soñé con un cielo eléctrico nocturno. Soñé que el jardín no era más el cementerio de mi perro. Soñé un asfalto con olas. Soñé que mis vecinos no pudieron caminar. Soñé súplicas, rosarios y salmos. Soñé con mi familia incompleta. Soñé que el abuelo nunca salió de la casa. Soñé con postes de luz cayendo al suelo. Soñé oscuridad y gritos. Soñé con gente corriendo. Soñé alerta roja, se venía un tsunami. Soñé que muchas paredes de mi casa se habían caído. Soñé con vidrios rotos. Soñé con la primera réplica. Soñé que mi corazón seguía saltando del temor. Soñé una evacuación. Soñé con sobrevivientes, los que no querían quedarse. Soñé que caminábamos hacia Lima. Soñé con el dolor de los muertos en vida que prefirieron enfrentar la naturaleza. Soñé que estaba en otro mundo o eso quería. Soñé que vino la segunda réplica. Soñé con las heridas de mi madre. Soñé que tal vez nunca volvería a sonreír. Soñé que pasamos por lo que quedaba de la casa de mi abuela. Soñé destrucción y saqueo. Soñé con un papá resignado y sollozando en silencio. Soñé con una procesión llorosa. Soñé con adobe caído. Soñé con incendios. Soñé con más oscuridad. Soñé con sangre mezclada con tierra. Soñé con cadáveres. Soñé el abrazo de mis padres en la Plaza San Martín. Soñé la espera no sé de quién. Soñé con la réplica siguiente. Soñé agotamiento. Soñé un sueño que en ese momento hubiera querido sea eterno, ahí con ellos. Soñé que ellos desearon exactamente lo mismo.

No, todo fue un sueño.
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Publicado por: a20061093

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Internacionales bombos y platinos dieron la bienvenida al estreno en pantalla grande de "La Teta Asustada" en Perú. La expectativa era tremenda. Decidimos, entonces, –mis padres y yo- asistir al cine para apoyar la producción nacional.

La película inició con una canción quechua de una mujer anciana en su lecho de muerte. El contenido de la película -está de más decirlo por estos días- trata la historia de Fausta. Una muchacha maldita con la teta asustada transmitida por la leche materna. El ideal colectivo que la rodeaba creía no poseía alma. Ella transmitía un pavor desmedido por los hombres, producto de su concepción. Así, siguiendo el ejemplo de una mujer que resistió a la violación en época de terrorismo, se introdujo una papa en la vagina.

Cuando terminó la película, se sentían rumores en el ambiente. Los espectadores susurraban en la sala sus gustos y disgustos por la cinta.


Uno de ellos, fue mi padre. Opinaba, le pareció que la película buscaba vender mucho de lo mismo, lo que la gente de afuera consume en exceso cuando visita un país tercermundista, lo autóctono. Le pareció además, que en este caso, disminuían potencialmente la imagen del peruano: lo dibujaban ignorante, desdentado, estigmatizado en el típico empleo de sirviente del personaje blanco. Se creaba, además, un submundo diferente a la tecnología y la educación. Un submundo localizado en los cerros más amarillos de la capital que se cierra a los conocimientos (como el doctor que informa sobre la infección del tubérculo).


Yo diferí el punto de vista de mi padre. Primero porque considero que películas como éstas no deben ser un reflejo de la sociedad peruana -o limeña- en general, sino de particulares historias escondidas entre la masa de una sociedad "x". Sobre esto, considero que la misma idea de "ficción" ya nos lleva a buscar alejarnos de lo posiblemente real. Y comprender que si bien hay elementos reales dentro de la misma, podrían llevar a una historia relativamente alejada de lo que realmente existe.

Segundo, me encantó la calidad de la película. Las actuaciones fueron excelentes. Magaly Solier muestra una persona completamente diferente a Madeinusa. La naturalidad de la familia de Fausta es admirable. Y los símbolos, los significados. Las pausas. La dirección -si supiera de esto mi crítica podría tener más cabida y ser más aburrida-. La calidad, sí, la calidad. En cierto aspecto, estaba acostumbrado a ver del cine peruano las escenas explícitas de sexo (quizá por ello nunca pude ver en su momento "Ciudad de M", ni "Pantaleón y las vistadoras", ni "No se lo digas a nadie", la infancia), cámaras con bajo presupuesto, sonidos difícilmente reconocibles e historias poco apetecibles.


Respetando las críticas favorables o desfavorables hacia esta película -y es que todas lo merecen-, considero que tal discusión surge por la poca cantidad de películas nacionales en las últimas décadas y su precario reconocimiento internacional (exceptuando excelentes películas como "Días de Santiago", "Paloma de Papel", "Madeinusa" y "Contracorriente"). Es así que cada vez que se estrena una película nacional, se crea la expectativa de dejar un mensaje positivo -"El Perú avanza" pasa por mi mente en este momento como un acto reflejo- para los extranjeros, los de afuera. Si pasa por ese filtro, la película es "buena". Por ello, apostaría que si apareciera la campeona Kina Malpartida en la pantalla grande ganando trofeos en nombre el Perú, la película es buena porque deja "bien parado" al peruano. Debemos tener claro que los puntos de vistas son infinitos, los mensajes también. Dios, estoy seguro que si tuviéramos la inversión adecuada para crear películas independientes con diferentes perspectivas, diferentes historias, diferentes directores -apostar por nuevos nombres-, podríamos lograr cosas inigualables a ojos cerrados.

Por ahora, Perú figura entre los nominados al Óscar por primera vez. Y esto, sera sólo un hito fílmico peruano, un impulso para los estudiantes interesados en apostar por el cine nacional.