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Las teorías academicistas se enfocan desde el paradigma social de la visión de un mundo ordenado; especialmente se evidencia el predominio del modo occidental – aunque oriente guardará sus tradiciones - y de la sociedad sobre el individuo en materia educativa. La educación se entiende como exógena, de “afuera hacia adentro” del estudiante.

Se remonta desde los primeros siglos del cristianismo con las escuelas catedralicias hasta el siglo IX aproximadamente, cuando la educación es ofrecida especialmente a los hijos de los nobles y reyes. Posteriormente, las ordenes mendicantes: franciscanos y dominicos especialemente, las tienen para la formación de sus miembros aproximadamente en los siglos X - XII. Sin embargo, obtendrá su apogeo con la aparición de la Compañía de Jesús en el siglo XVI hasta aproximadamente el ultimo tercio del siglo XIX, cuando aparecen las llamadas escuelas activas en Ginebra. Su influencia llega hasta los años 50 en pleno siglo XX y en la actualidad aún conserva mucha vigencia.

Surge en un contexto de pensamiento religioso humanista, donde la fe y la razón se contemplan desde una síntesis armoniosa, y donde el hombre es considerado criatura divina, capaz de conocer y comprender con la ayuda de la razón e iluminada por la fe, las verdades humanas e incluso la Verdad absoluta: Dios.

Los estados y la fe cristiana esta unidos haciendo un solo estado y por lo mismo padecieron el defecto de la confusión de planos y de responsabilidades. El patronato regio de muchos estados, hacía que ambos, planos políticos - sociales y religiosos se confundieran y se invadan mutuamente. Esto terminará abruptamente con la época moderna: el surgimiento de las llamadas escuelas nuevas o activas, donde el acontecimiento social predominante será la Revolución Francesa, desde la cual, la escisión de la unidad fe –razón será fundamental, se pasará de la consideración del hombre ya no como objeto (de la creación) a la de un sujeto pensante y protagonista del mundo en el que vive. La razón se independiza de la fe y busca sus propios caminos hacia la verdad

Hay a la base determinadas concepciones filosóficas: Epistemológicamente, el conocimiento es posible gracias a una transmisión lineal de los conocimientos que, por medio de los sentidos se “imprime” en la memoria del estudiante a manera de “tabula rasa”. No se contemplan procesos sino que se concibe como algo mecánico y simple.

Esta teoría, como fundamento de la práctica curricular como cuerpo coherente y sistemático de ideas, propone dos modelos importantes: El de la escuela clásica y el de la escuela activa, ambas se derivan de la llamada “pedagogía tradicional” y no hacen sino reflejar el carácter multiparadigmático de la teoría en sí misma.

Los modelos academicistas, basados en la disciplina, la autoridad y la rigidez son modelos verticales que buscan asegurar la formación del alumno. La formación de un grupo selecto de ciudadanos.

Los modelos academicistas respondieron por muchos siglos (en comparación a otros modelos) a los problemas educativos de su tiempo. Con ellos, la escuela empieza a conocerse como “institución” y a tomar mayor protagonismo frente a la familia ya que tiene a partir del siglo XX un “encargo social”. Bajo una teoría antropológica, epistemológica y socio cultural determinada, tanto el modelo tradicional como el de escuela activa se mostraron eficaces y acordes a las necesidades de una sociedad menos compleja que la actual. Sin embargo, es esa misma realidad y enfoque antropológico el que le lleva a evolucionar e ir dejando de lado sus propuestas y sus dogmas en materia educativa. El papel del profesor sea en los modelos clásicos o activos, es fundamental, tal como empiezó a redescubrirse en materia educativa en los siglos posteriores.
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Posmodernidad

Despues de algunos meses de ausencia, debido a situaciones personales (llámese trabajo y estudio), nuevamente deseo compartir con uds. algunas ideas que espero sean utiles para la reflexión, siempre dentro del campo del currículo. El tema de la posmodernidad, me llama la atención puesto que tengo la impresión de que "pasa" por encima de nosotros sin darnos cuenta.

Vivimos en una época de cambios constantes. Nuestra sociedad, en las últimas décadas experimenta cambios, especialmente en lo concerniente a su manera de entender la ciencia, el proceso del conocimiento y la cultura. La Educación, por su relación con las ciencias sociales, está igualmente ligada, a la cultura, y a la transmisión de conocimientos.

La razón de esos cambios tiene sus raíces en los nuevos paradigmas científicos que afectan fuertemente a la sociedad. Los paradigmas, entendidos como modelos de pensamiento impregnan toda realidad humana. Con frecuencia, aparecen implícita e inconscientemente dentro de nuestros esquemas de vida, como reflejo epistemológico de toda una ideología que también se evidencia en la cultura.

Así, compartimos con Harvey (1) la impresión de que estamos en una crisis de conceptos, que derivan a la larga en formas diferentes de entender la ciencia y su método. Hoy en día existe la impresión de estar superando o haber superado ya el paradigma de la modernidad con sus moldes de pensamiento procedentes de la Ilustración. Todos somos testigos de alguna manera de la presencia de elementos de posmodernidad en la cultura y esto se refleja también en la Educación.

Optamos por utilizar la palabra “posmodernidad” ya que en otros lugares se escribe “post-modernidad” o “postmodernidad”. Esto a efectos de una redacción uniforme y también acorde con lo que indica el Diccionario de la Real Academia de la Lengua que la define así en su última versión. Posmodernidad: “Movimiento artístico y cultural de fines del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social”

Una primera aproximación, nos permite decir con Smart (2) que la posmodernidad tiene como uno de sus rasgos principales, el intento de construir categorías desde la modernidad, pero al no poder construir un pensamiento diferente acerca de cuestiones tales como el ser, la verdad o el sujeto, queda prisionera de la esencia más íntima de la modernidad. Por ello, existe la fuerte sensación de que la posmodernidad esta ligada aún al pensamiento moderno, especialmente en lo relativo a la cultura y al pensamiento filosófico.

Desde un enfoque epistemológico, Habermas (3) llama modernidad a una etapa del pensamiento en el que el paradigma científico y cultural se caracteriza por la preeminencia de la razón y la plena confianza en la ciencia, entendida desde moldes cuantitativos y mensurables, donde el método científico es la vía para encontrar la verdad y el progreso humano.

La posmodernidad reacciona de una manera crítica frente a estas concepciones de la modernidad, a tal punto de confundirse con la irracionalidad. Dice Rodríguez citado en Vattimo (4):

(...) la postmodernidad no es una época. No es un periodo de tiempo determinado que empiece a correr a partir de una fecha específica. (…) En realidad, la postmodernidad, más que estar relacionada a una concepción sistemática y totalizante está asociada a una actitud y si se quiere a un estado de ánimo, estado que para muchos esta marcado por el signo del irracionalismo

En relación a la educación, la posmodernidad se presenta como el sustento muchas veces implícito de teorías curriculares que se alejan de concepciones dogmáticas en relación al aprendizaje, que propone un currículo flexible y emergente, que incorpora los beneficios de la globalización, que a su vez nos convierte en ciudadanos de un mundo global, con menos barreras culturales y con nuevos retos que sólo se pueden superar a través de la apertura y la tolerancia.

(1) Cf. HARVEY, David. (1990) The condition of postmodernity: enquiry into the origins of cultural change .Cambridge, Mass: Blackwell, p. 7
(2) Cf. SMART, Barry. (1993) Postmodernity. London and New York. Routledge. p. 169.
(3) Cf. HABERMAS, Jürgen. (1989) El discurso filosófico de la modernidad (doce lecciones). Buenos Aires, Argentina: Editorial Taurus. p.19
(4) RODRÍGUEZ, Carolina. “Nietzsche y la postmodernidad”. En VATTIMO Gianni, et al. (1999) La postmodernidad a debate. Colombia: Biblioteca Colombiana de Filosofía Universidad Santo Tomás. p.57.