01/03/10, 00:10 (Sin mirar) Atrás.
Aquella noche en que terminábamos de hablar, Boris (no confundir con B) me dijo -entre otras cosas- que me cuidara. Hablamos de algo-del-tiempo que se había sucedido ligero, tiempo que no nos habíamos visto. Yo sabía que él estaría en el mismo lugar donde solía encontrarlo. Y quizás en esas noches en que yo no tenía más que el techo mirándome helado y solitario, sin poder correr y buscar lo que extrañaba, recordé las conversaciones tan extensas que sosteníamos, las palabras que usábamos, su torpeza al intentar buscar sinónimos a mis aseveraciones, sus manos girar de lado a lado, rápidas, fuertes... sus ojos no solían mirarme cuando me hablaba... pero cuando encontraba su mirada, entonces me gustaba guardarla exacta y precisa. Fue así que cuando me quitaron el paso y la libertad por aquellos días, sólo intenté quedarme con lo bueno de todo lo vivido. Egoísta quizas, pero muy humano.
Eran las dos treinta de la tarde cuando terminaron de ajustar un par de botas a mis pies. Las vendas me cubrieron los muslos. Sólo veía a una lámpara que colgaba del techo, sobre mí, inmensa. Comencé a sentir escalosfríos y la piel se me helaba. Mi espalda no dejaba ir su dolor, pero al instante me sentí abandonada a mi propia suerte. En ese momento entendí que éramos yo y mi vida, solas las dos, viendo nuestro propio destino. Repasé -probablemente- en menos de un minuto, mi niñez, mi juventud primera, mi primer día de trabajo, el día en que mi abuela murió, mi primer beso, el día en que nació mi hermana, mi primera vez viviendo sóla en un país ajeno... El temor se llenó en mi sangre y mientras las agujas atravesaban mi cuerpo, quise dejar atrás algunas penas de más. Recordé a B. mientras las noches de verano dejaban sus últimos rastros, el día de mi cumpleaños, la primera sonrisa, el anillo que aún guardaba conmigo, las cartas que le escribía... en ése entonces, rendida a mi destino y a la nueva ventura del mismo, una gruesa lágrima cayó hacia el costado de mi almohada. La enfermera la limpió ágil, sonrió y cogió mi mano, apretándola suave y con un cariño infinito a pesar de ser una completa extraña para mí. Entonces me quedé en la memoria con B., con su risa atorada y confundida, con las lágrimas que me consumieron el día en que sabía no lo tendría más a mi lado como yo quería. Sentí su mano coger la mía y me sentí tranquila, y un raro calor me invadía el pecho. Me persigné dos veces. Me encomendé a mi abuela. Soñé sentir cerca a B., y fue ahí cuando los cirujanos dijeron que habían cosas imprevistas que complicaban mi estado. Allí fue cuando una aguja se incrustó en mi muñeca, entró a mis venas y la anestesia recorrió todos mis espacios, quemándome viva. Luché para no dormir, tuve temor (algo natural creo yo), miré hacia atrás y la vista se me nublaba, me exasperé y tosí. Cerré los ojos. Corrí largo, B. estaba al fondo de un parque. Cuando lo vi de cerca B. desternillaba de risa, y nos sentamos cerquita a un pocito de agua, comenzamos a contarnos historias, pero fueron tantas que él me interrumpió y me dijo que se nos hacía tarde. Después de llamar su rostro en sueños, B. me llamaba desde lejos, y cuando desperté, la anestesia luchaba inútil por salir de mi cuerpo. Tenía oxígeno llenando mi aliento, llamé a la enfermera. Me limpió la frente suavemente, la miré a los ojos, con señas le dije que no podía hablar. Retiró el oxígeno y lo primero que dije fue si ya habían avisado a mi familia. Me sonrió asintiendo. Tosí. No sentía mi pecho latir, podía apenas y mover mis pies, los muslos los tenía fríos, estaba semidesnuda. Con dificultad vi el reloj en la pared, eran las nueve de la noche. Dormí y en ese sueño corto, B. me dijo que despertara porque -nuevamente- se nos hacía tarde. Sentí que me movían de lugar, pude ver el rostro de mi madre hacia las diez de la noche, mirándome tierna, aliviada, diciéndome mientras tocaba mi frente...
- Tal como dijiste hija, esta será la noche más difícil...pero lo superaremos...
Dos días después soñé con B. nuevamente.
Todas estas cosas (y más) se las había contado a Boris, persona distinta para mí. No sé que pensó, yo sólo enajenaba su tiempo escribiéndole más y más, a prisa, con temor, angustia, felicidad, emoción, con todas las rabias habidas y alegrías encontradas.. él repetía es tu esencia y yo sin saber que decirle, en el silencio más pleno y bienhechor del momento, supe que le hablaba a una persona distinta, como ya dije, para mí.
B. sólo dijo aquella vez:
- Estuviste conectada a mí siempre...
Un nudo de saliva en la garganta evitó una lágrima. Unos cuántos meses (sin embargo) no han evitado que lo olvide.
Ps. Nótese el nombre completo de una persona en mis líneas. Primera de pocas veces.
Eran las dos treinta de la tarde cuando terminaron de ajustar un par de botas a mis pies. Las vendas me cubrieron los muslos. Sólo veía a una lámpara que colgaba del techo, sobre mí, inmensa. Comencé a sentir escalosfríos y la piel se me helaba. Mi espalda no dejaba ir su dolor, pero al instante me sentí abandonada a mi propia suerte. En ese momento entendí que éramos yo y mi vida, solas las dos, viendo nuestro propio destino. Repasé -probablemente- en menos de un minuto, mi niñez, mi juventud primera, mi primer día de trabajo, el día en que mi abuela murió, mi primer beso, el día en que nació mi hermana, mi primera vez viviendo sóla en un país ajeno... El temor se llenó en mi sangre y mientras las agujas atravesaban mi cuerpo, quise dejar atrás algunas penas de más. Recordé a B. mientras las noches de verano dejaban sus últimos rastros, el día de mi cumpleaños, la primera sonrisa, el anillo que aún guardaba conmigo, las cartas que le escribía... en ése entonces, rendida a mi destino y a la nueva ventura del mismo, una gruesa lágrima cayó hacia el costado de mi almohada. La enfermera la limpió ágil, sonrió y cogió mi mano, apretándola suave y con un cariño infinito a pesar de ser una completa extraña para mí. Entonces me quedé en la memoria con B., con su risa atorada y confundida, con las lágrimas que me consumieron el día en que sabía no lo tendría más a mi lado como yo quería. Sentí su mano coger la mía y me sentí tranquila, y un raro calor me invadía el pecho. Me persigné dos veces. Me encomendé a mi abuela. Soñé sentir cerca a B., y fue ahí cuando los cirujanos dijeron que habían cosas imprevistas que complicaban mi estado. Allí fue cuando una aguja se incrustó en mi muñeca, entró a mis venas y la anestesia recorrió todos mis espacios, quemándome viva. Luché para no dormir, tuve temor (algo natural creo yo), miré hacia atrás y la vista se me nublaba, me exasperé y tosí. Cerré los ojos. Corrí largo, B. estaba al fondo de un parque. Cuando lo vi de cerca B. desternillaba de risa, y nos sentamos cerquita a un pocito de agua, comenzamos a contarnos historias, pero fueron tantas que él me interrumpió y me dijo que se nos hacía tarde. Después de llamar su rostro en sueños, B. me llamaba desde lejos, y cuando desperté, la anestesia luchaba inútil por salir de mi cuerpo. Tenía oxígeno llenando mi aliento, llamé a la enfermera. Me limpió la frente suavemente, la miré a los ojos, con señas le dije que no podía hablar. Retiró el oxígeno y lo primero que dije fue si ya habían avisado a mi familia. Me sonrió asintiendo. Tosí. No sentía mi pecho latir, podía apenas y mover mis pies, los muslos los tenía fríos, estaba semidesnuda. Con dificultad vi el reloj en la pared, eran las nueve de la noche. Dormí y en ese sueño corto, B. me dijo que despertara porque -nuevamente- se nos hacía tarde. Sentí que me movían de lugar, pude ver el rostro de mi madre hacia las diez de la noche, mirándome tierna, aliviada, diciéndome mientras tocaba mi frente...
- Tal como dijiste hija, esta será la noche más difícil...pero lo superaremos...
Dos días después soñé con B. nuevamente.
Todas estas cosas (y más) se las había contado a Boris, persona distinta para mí. No sé que pensó, yo sólo enajenaba su tiempo escribiéndole más y más, a prisa, con temor, angustia, felicidad, emoción, con todas las rabias habidas y alegrías encontradas.. él repetía es tu esencia y yo sin saber que decirle, en el silencio más pleno y bienhechor del momento, supe que le hablaba a una persona distinta, como ya dije, para mí.
B. sólo dijo aquella vez:
- Estuviste conectada a mí siempre...
Un nudo de saliva en la garganta evitó una lágrima. Unos cuántos meses (sin embargo) no han evitado que lo olvide.
Ps. Nótese el nombre completo de una persona en mis líneas. Primera de pocas veces.
Canción que escuchaba mientras escribía estas líneas, mientras recordaba recordar...
01/03/10, 00:08 Bolivar con B. (1)
Cuando nos adentramos al corazón de esa pequeña ciudadela, mis ojos descubrieron una foto perfecta. Nos acercamos a donde estaba un Bolívar sin ojos, y sonriendo, mirando de lado a lado cada esquina de esa pequeña plaza, nos sentamos en un banco de piedra y nuestros pies jugaban al azar en aquellas baldosas quebradas. La noche caía, las luces también, los árboles en redor y B. a mi costado, acusándome de ser una lechuza. En efecto, mi alma nacía con la noche. Las luces cortaban fugaces y los autos corrían rápidos por las avenidas. Es un bonito sitio este - me dijo. Comenzamos a quedarnos solos en plena noche con la luna que ya se iba. El vino nos estaba esperando a la vuelta de la esquina (literalmente). Habíamos venido de comer algo ligero, la noche a cuestas. En una breve sentencia uní tres o cuatro ideas, él sonrió, lo tomé de la mano y nos fuimos de golpe. Se convirtió en mi lazarillo por un par de calles aledañas, y ninguna sensación me invadió. Eramos B. y yo , nada tan simple como éso. No pensé en nada a decir verdad, me ofreció su brazo y mi corazón se alegraba al asirme así a su cuerpo, al compás de sus pasos y sus zapatillas Reebok blancas. Este fue el tercer momento genuino de nuestra velada venidera.







