25/05/12, 00:19 Arcadas *
“¿Por qué LA PALABRA DEL MUDO? Porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra, los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía y sin voz. Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias.”
Julio Ramón Ribeyro
Julio Ramón Ribeyro
Todo diciembre y parte de noviembre leí a Ribeyro. Los hombres, en todas sus historias, terminaban en silencio, en miseria, en frustración, con rezagos de injusticia y ansias de libertad . Medio mes antes, y durante diciembre, leí el diario de Alejandra Pizarnik . Su costumbre de leer tanto me hizo sentir tan breve que al terminar de leer su diario (y por ende, llegar al fin de su vida) me sentí hundida en la incomprensión de la inmensidad de esta mi propia condición humana. Aproveché el fin de año para llenarlo de trabajo, de calificaciones y de estudios por hacer y distraer mi conturbación. El sol empezaba a salir tozudo. Paseé por algunos restaurantes. Comí cosas diversas, frías y calientes, dulces y menos dulces. Fui a Starbucks más de lo que imaginaba.
Aquella noche en el pasillo, todo olía a miedo. Así sentía yo. El dolor henchía. Presioné mi mano a la suya, recé miles de veces, pedí misericordia. Apenas febrero había llegado y yo tenía planes aún. Tenía que ir a la playa, olerla de medio día, despedirla a las seis. ¿no podían esperar un poquito más? Maldije el calentamiento global y la lluvia. Ya no tenía balance. Ahora sólo debía esperar.
Cuando llegamos, las calles arrastraban agua - ¿Hace cuánto no llueve así en Lima?, pregunté. Vine todo el camino enojada, preocupada, tosiendo leve pero fuerte. La lluvia crecía. Sentí impotencia al no poder hacerla huir. Quizás quise huir y tampoco pude. Decidí quedarme en casa con mi propia sombra (que es destello al amanecer) y así las cosas, ante el miedo y el peligro, lloré. Eché toda el agua que pude. Nada era suficiente. La lluvia hedía, esa lluvia que mezclada con barro hace la soledad muy humana y muy real. Hedía por todas partes. La luz desapareció. Ahora éramos sólo ella y los hombres. Y todos estábamos desamparados
En la mañana había estado trabajando. Salí de compras, un nuevo bolso, ropa. Había decidido que iría a la playa en las semanas siguientes, que comería mejores cosas, que sonreiría más. Breves gotas empañaron el vidrio del auto al subir y tuve el presentimiento que algo sucedería, pero como siempre, lo olvidé.
Bajamos rápido las escaleras. Todo era lúgubre; la calle sin luz, mi miedo, la lluvia arreciando con fuerza. Lo terrible sucedía en el vacío de vagos sentimientos poblándose escalón a escalón: reventé mi pierna contra el asfalto, caí tres escalones abajo. Esa noche todo era dolor, un dolor ahora mórbido. Aquel sombrío momento nunca terminó. Pedí perdón por todo. Dejé mi cuerpo caer. La lluvia caía copiosa, inhumana, enérgica, real. Mis lágrimas se ahogaban siniestras. Desde ese lado nacían y morían.
Es marzo. Leo a Poe, como si no hubiera suficiente terror de por medio.
Sea cualesquiera por donde se lea o recuerde me provoca el mismo sentimiento de leer a Pizarnik. Una arcada profunda me devuelve el recuerdo de aquella noche, sin luz. Solitaria.

Palíndromas
* Cuento no publicado ya sabemos dónde.
08/05/12, 00:42 Alas
He caminado ya algo más, después de aquel día. En un promedio de cuatro años, me han operado dos veces. Dos de cuatro. Cuatro, de dos. A veces no doy más y la incertidumbre posee mi tranquilidad. Regresar a febrero es corto en tiempo pero es largo en recuerdo. El olvido pareciera ser lo más cercano al descanso pero no es suficiente, se abre un vacío imposible de llenar.
Hemos compartido todo, mucho más allá de un nombre. Veníamos con el aire, viendo la noche toser tráfico y combustión.
Entonces no me contuve.
Los días han pasado, su mirada en esos ojos verdes que cierran al dormir de lado me dan vuelo cada día. Voy a dormir nuevamente y sé que pronto será miércoles. Nos sentaremos a la mesa, nos contaremos como va el mundo y seguro me dirá..

Hemos compartido todo, mucho más allá de un nombre. Veníamos con el aire, viendo la noche toser tráfico y combustión.
Entonces no me contuve.
Los días han pasado, su mirada en esos ojos verdes que cierran al dormir de lado me dan vuelo cada día. Voy a dormir nuevamente y sé que pronto será miércoles. Nos sentaremos a la mesa, nos contaremos como va el mundo y seguro me dirá..

- ¿Has visto ya la luna?
30/03/12, 22:14 32, 33
Nuevamente el reloj voltea su curso y esta vez me atrapa en un mundo sin palabras. No sé que sucede, no se cómo sucederá luego. Estoy sentada al inicio de un páramo extenso, no hay sombras, no hay luz.
Tanta conturbación y no saber hacia dónde seguir.
Tanta conturbación y no saber hacia dónde seguir.
21/03/12, 18:46 Pie
Raspaba. Se movía débil. Fruncía con el poco movimiento. A media semana, empujó su sueño. El pasado entonces era pesadilla, pero habían huellas. La huella de aquella noche, la de las sombras, la de la lluvia. La noche en que no anduve sóla, pero que el destino abandonó a mi suerte. La mañana de esa noche donde las miradas eran compasivas y las llamadas se extendían. Entonces el eco de todo lo que había planeado, era un dominó eterno, cayéndose, sin fin de por medio, extenso, aciago.
Ha pasado el tiempo. Hace dos días se quebró el sueño. Empujó su deseo, y sin saberlo o imaginarlo, siguió su paso. Entonces, todos los libros leídos, todas las veces en que la impotencia me hizo huir de mí también huyó sigilosa, tal y como había venido.
Y estoy aquí, frente al espejo, viendo aquel surco gris sobre mi mirada. Recuerdo.
Una sonrisa ciega pareciera asomar diciendo..

Ha pasado el tiempo. Hace dos días se quebró el sueño. Empujó su deseo, y sin saberlo o imaginarlo, siguió su paso. Entonces, todos los libros leídos, todas las veces en que la impotencia me hizo huir de mí también huyó sigilosa, tal y como había venido.
Y estoy aquí, frente al espejo, viendo aquel surco gris sobre mi mirada. Recuerdo.
Una sonrisa ciega pareciera asomar diciendo..

Te gané...
22/02/12, 23:21 Miércoles
Aquel lunes la lluvia cedía fuerte. El olor a barro sucio, mezclado y soleado hedía. El miedo me entraba de costado: asumí que era un presagio vano, sin intención. Caminé algunas cuadras, la luz en las calles había huído. Llegué a casa trastabillando. No pasaron ni dos horas: una sombra negra anidó en el único vértice por donde podía bajar las escaleras. Todo se nubló. La siguiente hora la pasé entre lágrimas, hablaba rápido. Pedí perdón muchas veces, tosía, mi pierna crecía. Los colores cambiaban, veía las luces de madrugada: una gran tristeza hundía mi pecho. El camino era largo. Apenas llegué, mi pierna no andaba. Desde ese entonces, sólo vivo echada.
Fue así como las palabras venían prontas, deseos gigantes de verme repuesta, las sonrisas y la preocupación dibujados en las burbujas de miradas alrededor mío. Las primeros días fueron inhumanos: la sangre cedió al segundo día. Mis días después rompían en dolor, la sangre bajaba y llenaba mis arterias al intentar mantenerme de medio pie. Muchas palabras me acogieron. Por segunda vez, la mirada del entonces amigo, huyó. Hoy tres lagrimones gigantes se comieron mi ira - ¿Con qué derecho, con cuál - cómo lo pudo hacer?
Y tú conmigo... aún.
Fue así como las palabras venían prontas, deseos gigantes de verme repuesta, las sonrisas y la preocupación dibujados en las burbujas de miradas alrededor mío. Las primeros días fueron inhumanos: la sangre cedió al segundo día. Mis días después rompían en dolor, la sangre bajaba y llenaba mis arterias al intentar mantenerme de medio pie. Muchas palabras me acogieron. Por segunda vez, la mirada del entonces amigo, huyó. Hoy tres lagrimones gigantes se comieron mi ira - ¿Con qué derecho, con cuál - cómo lo pudo hacer?
No puedo caminar, ¿sabes? - no puedo correr, no puedo conversar contigo porque ya no estás, no puedo hacer mucho porque todo queda lejos de mis manos. Pero más aún, yo estoy lejos de ti. ¿Opción antes que prioridad? No gracias. Ya vivimos el 2009 y no quiero comprarme otro auto.
Y tú conmigo... aún.

16/02/12, 23:23 Día 8
El día de hoy vino a verme una amiga a la que no veía en mucho tiempo, quizás ocho años, algunos más, algunos menos. Sonreía, entre sus ojos grandes me decía como había estado, que le había sucedido. Me dijo que le gustaba el transporte en España. ¿Yo? Sonreí.
Mi pie aún hiede dolor. Por las noches no encuentro descanso. El calor inunda todo y a todos. A veces sueño que camino, corro, que visito edificios on piso de madera o que estoy en algún jardín inmenso y verde, y que toda esa extensión es pequeña sin embargo.
Que poca y que buena la gente que me recuerda en este despojo. El amigo que antes comía conmigo ignora que sigo con vida, mis libros se llenan de polvo allá arriba. Termino mis proyectos mediatos, algún par de títulos rodearán mi destino en algunas semanas.
Y mientras, estos trece puntos mal hechos, me recuerdan a todos los treces, de los que nadie ha dicho algo agradable.
Iré a hablar con Rafael. En la inmensidad, sé que me escucha y me siente.
Mi pie aún hiede dolor. Por las noches no encuentro descanso. El calor inunda todo y a todos. A veces sueño que camino, corro, que visito edificios on piso de madera o que estoy en algún jardín inmenso y verde, y que toda esa extensión es pequeña sin embargo.
Que poca y que buena la gente que me recuerda en este despojo. El amigo que antes comía conmigo ignora que sigo con vida, mis libros se llenan de polvo allá arriba. Termino mis proyectos mediatos, algún par de títulos rodearán mi destino en algunas semanas.
Y mientras, estos trece puntos mal hechos, me recuerdan a todos los treces, de los que nadie ha dicho algo agradable.
Iré a hablar con Rafael. En la inmensidad, sé que me escucha y me siente.
12/02/12, 22:45 Rota - Día 5
Los días son diferentes. El dolor, otra vez, me consume. Me duele tanto que no sé que esperar, las noches, los días, las horas o acaso el futuro. He llorado tan fuertemente porque todo acecha, todo en sigilo. Es el quinto día y no tengo calma, engaño al tiempo, engaño a la sed, y siendo así, me siento un ser humano perdido en las sombras de lo que la vida decide por mí. Dios sigue allí arriba, el amor que lleva mi nombre no se separa de mí por un segundo, pierdo y gano nombres y así, estoy sentada, esperando a ver que sigue. Esperando a ver qué sucederá.
06/02/12, 02:48 Nueva vida.
Estos días me he dedicado a leer historias cortas. He dejado de lado algunos libros gruesos, me acomodo a la rutina de cosas nuevas. Tengo algo de poder mediato, lo que hace que disfrute las cosas que ello suscita con una mueca de sonrisa, de lado, sigilosa. Me he acostumbrado a ser querida ya por varios meses, cosa curiosa, no es mi sombra la que abraza esa idea sino la energía. Mi cuerpo se estira y sigue su curso, mis ideas siguen su curso y logran elongar algún deseo a futuro, a punto de hacerse realidad.
Tomo agua, escribo al papel, le doy un beso y hablamos por horas. Ver a través de sus palabras es ver su mirada. Es encontrar un chocolate en la almohada y una rosa al través. Como dijo, la primera fue blanca por amistad. La segunda fue rosa por el amor.
Estoy a pocas horas de comenzar el día. Mi cuerpo se extiende ocioso en la nocturnidad. Extraño su pensamiento detrás del mío. Extraño su sed al mediodía y su mirada con su luna querida, que apareció anoche llena y gigante, seguro para acompañar su espera.
Voy a dormir unas horas. El día empezará, pero ojalá antes empiece yo.

Tomo agua, escribo al papel, le doy un beso y hablamos por horas. Ver a través de sus palabras es ver su mirada. Es encontrar un chocolate en la almohada y una rosa al través. Como dijo, la primera fue blanca por amistad. La segunda fue rosa por el amor.
Estoy a pocas horas de comenzar el día. Mi cuerpo se extiende ocioso en la nocturnidad. Extraño su pensamiento detrás del mío. Extraño su sed al mediodía y su mirada con su luna querida, que apareció anoche llena y gigante, seguro para acompañar su espera.
Voy a dormir unas horas. El día empezará, pero ojalá antes empiece yo.

La Rosa, rosa.
02/01/12, 04:41 31
No sé que viene primero, si el saludo o la extrañeza. No sé como se debe comer una vez que se está a la mesa, no sé si se sueña despierto o se despierta soñando. No sé si hay que peinarse cada día cada vez que alguien nos ve, no sé si el ser amado siquiera voltea a vernos por vez primera o por vez primera nos sonrojamos al verlo. No sé si se tose bajo la garganta, o de costado, o a escondidas. No sé si huimos de la vida o la vida huye pronta con nosotros. No sé si 31, número de la suerte, es en efecto 2 o 31 persé. No sé a que hora se llama después del primer beso o si se cocina de noche. No sé si hay luces siempre en el cielo, no sé si el amor se hace todos los días todas las veces todas. No sé si se puede ver televisión en un mundo ahumado de chismes, no sé si se puede reir con bromas trilladas escuchadas de gente desconocida. No sé si se puede llorar en silencio, no sé si es mejor no hacerlo. No sé muchas cosas y peor aún en ese entonces, pero lo que sé es que ahora tenemos la misma edad, tenemos el mismo nombre, tenemos la misma fe puesta en las cosas que hace un año ni por asomo existían. Tenemos un destino que úne carrera a miles de más destinos ignotos. Sé que mis ojos son de madera y tu mirada el universo. La luna te alumbra y su destello te significa paz. Sé que paseamos juntas antes de esta vida, sé que mi voz te nombra. Pero sobretodo, sé que esa niña y yo, juntas, queremos verte venir en ese sendero que se augura extenso. No tengo explicaciones, ciertamente. Pero sé que sabes lo que siento, y por hoy, a ambas nos basta.
Esperaremos entonces a las nueve y algo más de la mañana, ella y yo. Contigo.

La espera, de soslayo.
22/12/11, 15:53 Hoja de Diario

Hoja de Diario, día 6.








