
Noticia uno: Escolares con nombres usados por pobres tienen notas más bajas. Se lee aquí. No se por qué se sorprenden tanto, es un asunto de prejuicios y estereotipos bastante común. Ya lo sabía Vallejo: un trabajo firmado por Paco Yunque recibiría menor nota que uno firmado por Humberto Grieve, aunque el trabajo fuera el mismo. La investigación psicológica ha dado muchas referencias sólidas al respecto, especialmente desde la psicología social. Hay una tesis en la PUCP que demuestra además que esto no sucede solo con los nombres, sino que también influye la caligrafía (el mismo examen con letra bonita o asociada a colegios de categoría, recibe una calificación mayor que otro con idéntico texto pero escrito con caligrafía que se considera desordenada, vulgar o desagradable). Y por supuesto, hace tiempo que se sabe que los alumnos atractivos reciben mejor trato y mejores notas que los feos, y son evaluados mejor en cuanto a su comportamiento (las malcriadeces pasan desapercibidas cuando el que las hace tiene una cara bonita...) Como docente hay que ser muy consciente y reflexivo para evitar caer en estos estereotipos.
Noticia dos: Planificar un atentado como tarea. La noticia aquí. ¿Qué le habrá pasado por la cabeza a este profesor? Para enseñar lógica, matemáticas, historia o lo que sea, y motivar a los alumnos en el intento, no hay que llegar a extremos como este, que parecen olvidar los fines del quehacer educativo. Tareas como esta pueden ejercer una tremenda influencia en estudiantes jóvenes y vulnerables. Salvando la distancias, el asunto me recuerda al experimento que se relata en la película La Ola (que dicho sea de paso, veremos en el ciclo de cine de este semestre). Siempre hay que recordar que el modelado y el aval implícito o explícito que un profesor le da a estos temas pueden ser poderosos y negativos ejemplos para los estudiantes.
Noticia tres: En TDR´s del Ministerio de Educación, la homosexualidad aparece como desviación: aquí. Aunque no se crea, es cierto. Me tomé el trabajo de conseguir los TDR (agradezco a un muy buen amigo que me los alcanzó) y ubicar el párrafo. Doy fe de que existe. Increíble.... Y discrepo del Vice Ministro cuando llama a este asunto, un "error". Este no es un error inofensivo, me parece. Basta de usar eufemismos, lo que hay es una lamentable forma de pensar, bastante arraigada entre muchas personas del sector educativo, que a alguien se le coló en el documento. Habría que hacerle vigilancia a esto.
16/08/10: Hilaria Supa en la Comisión de Educación

Con mis alumnos del Seminario Interdisciplinario sobre aprendizaje, cultura y desarrollo del semestre pasado hemos deconstruido en las clases argumentos similares a los que han desplegado todos aquellos que se oponen a su nombramiento. Por supuesto, todos son racistas y discriminatorios y no deben ser escuchados.
Muchas personas han escrito lúcidos artículos a favor de la designación de Hilaria Supa para esta comisión. Los apoyo por completo y enlazo aquí los que me parecen más sólidos e interesantes:
Educar a los marginadores - Gustavo Faverón
Lo que Supa sabe - Patricia del Río
Hilaria Supa en educación - León Trahtemberg
Por primera vez quechuahablante designada - Nila Vigil
Nota:
Imagen tomada de aquí

Pero tampoco sirven esos procesos en los que no hay acompañamiento psicopedagógico, o si lo hay, este es escaso y deficiente. Definitivamente, capacitar a profesores en el tema que sea y monitorear sus cambios y avances dos o tres veces al año es completamente insuficiente y no va a servir de mucho en realidad. Hace tiempo que la investigación psicoeducativa ha demostrado esto, por lo que me resulta difícil de entender por qué las políticas educativas para la formación y capacitación de docentes no se transforman.
Claro, uno a veces pierde la paciencia y reclama a los propios profesores asumir mayor iniciativa en su formación, tomar conciencia de sus limitaciones y hacer algo ellos mismos para superarlas. Suena fácil, pero esta tarea es básicamente imposible para ellos si no cuentan con una medida de contraste que les permita observar su propia práctica en comparación con otras distintas y reconocer sus deficiencias y limitaciones, así como sus fortalezas, teniendo otra valla como medida. Es un proceso de toma de conciencia que no va a darse si no hay un agente innovador en la escuela que precisamente conduzca a los profesores a hacer este contraste. Los procesos educativos pueden volverse altamente rutinarios, lamentablemente, y los profesores que no tienen la oportunidad de recibir retroalimentación, observar prácticas distintas y reflexionar sobre ellas, leer cosas novedosas, o aplicar nuevas estrategias de enseñanza y evaluarlas con un par experto, pueden convertirse ellos mismos en verdaderos sistemas expertos, pero expertos en hacer las cosas mal... las rutinas se instalan, los procesos se mecanizan, y sin una voz de alerta que los haga parar, mirar y reflexionar es poco probable que el docente logre salir de la rutina por sí solo. Este rol le debería corresponder al capacitador, que en lugar de aparecer en el colegio un par de veces al año para dar charlas de cuestionable eficacia, debería convertirse en un acompañante sistemático y efectivo del docente, una "segunda voz" que le permita construir mayor conciencia y mayor significado sobre su práctica pedagógica.
Pero esto no se va a lograr si seguimos valorando más la cantidad que la calidad, y si se continua con un modelo de formación continua que privilegia no los verdaderos aprendizajes y cambios en los agentes educativos sino la cantidad de docentes que han pasado por las charlas, sin importar si estuvieron atentos o durmiendo, o si entendieron el tema o no.







