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¡No te olvides de la Lluvia Morada!

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La muerte de Michael, del rey del pop, sigue dando qué hablar; para bien o mal. Sus discos se volvieron a editar y eso es algo bueno, y sus compilaciones tanto de hits como de videos –donde se luce con sus prodigiosas coreografías- andan sonando fuerte aquí y en everywhere. Sin embargo, es hora de reflexionar un poquito: Michael fue sin lugar a dudas el rey del pop más mainstream (hegemónicamente comercial) pero no quiere decir que no ha habido otros enormes talentos, pero que por cuestiones peculiares no se les haya dado el reconocimiento o la fama merecida. Les contaré cómo desenterré un recuerdo guardado por veinticinco años… ¡Esta noche les ofrezco a Prince y su lluvia morada!

Intro: Me la encontré en un botadero de películas, de esas que no valen ni 30 pesos (menos de 3 USD) y la verdad me sonreí con cierta ironía: “Vaya, esta ridiculez que vi hace un cuarto de siglo en pleno ochenterismo aquí está”. Pero me esperaba una enorme sorpresa en mi pantalla y mi sonido especial.

Primero, si en su momento no entendí esta película fue por un cuadro social tan denso que retrata: Un músico incomprendido, hijo de músico super conflictuado que la única manera que concibe para sacar sus frustraciones es golpeando a su ultramasoquista mujer… y cuando no pelean se hacen el amor como bestias en celo.

Segundo, un protagonista llamado “Kid” porque bien se le reconoce que no ha madurado. Por lo tanto se la pasa hiriendo a los demás, especialmente a sus músicos y no pierde oportunidad en seducir y manipular a cualquiera wannabe que se aparezca (como la curvilínea Appolonia).

Tercero, sus canciones –lógicamente- tienen contenidos bravos, duros… nada soft pop y fresones. Hablan de masturbaciones y neurosis críticas, y cierto momento de la película, se las dedica a su nueva noviecita latina que es además la presa sexual del cantante de la banda funk&dance The Time (que saben sonar tremendo para mover el body sin lugar a dudas).

Cuarto, Prince le mete mano a toda la exuberante fisonomía de Apollonia sin mayores complejos ni ediciones moralistas…

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Y bueno, para qué sigo si hasta me da pena descubrir tantas cosas que en mi lejana juventud corporal (porque de mente sigo egosintónico a pesar del tiempo) no fui capaz de ver.

Las influencias de este mulato son increíbles: cuando baila es hijo del I feel good James Brown… y cuando toca la guitarra se le nota lo HENDRIX. ¡Cuidado! Esto es un dangerous overdose.

Efectivamente; este Príncipe no tenía fronteras definitivas y le brincaba al rythm & blues, rock, soul, gospel, new wave, blues, psychedellia y rap (porque en ese time no existía –muy para mi fortuna- el hip pop).

Y a la hora del dance, pues el mulatito con rasgos de mujer (y aquí una descarada marca andrógina que jugaba con una –según recuerdo- bisexualidad) y diminuto cuerpo era capaz de brincar, abrirse de piernas y girar como torbellino sin dejar caer su estilizada guitarra.

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La Lluvia Morada me cayó más intensa que un gris huracán. En verdad disfruté esta película aunque no me parece apta para ochenteros limitados porque las influencias de la década prodigiosa (70´s) se sienten fuertes como el frío en los Andes.

Claro, no debo de omitir que la trama era que el Kid tenía que dar un concierto bien convincente al final de la película para demostrar que, contrario a su padre, él sí podía reconciliarse con su vida y destino… y los últimos quince minutos del film es una mera y descarada exhibición de un talento incomprendido y mayormente ignorado en estas latitudes hispanas llamado Prince, ¡el Príncipe!

Outro: NO recordaba que me sabía la letra de las canciones… ¡No lo recordaba! Y en la escena final cuando el Kid dice: I never meant to cause you any sorrow, I never meant to cause you any pain… comencé a cantar gritando con una emocionalidad desbordada por la emoción (histérico a morir para ser exactos).

Nunca quise causarte ninguna pena,
Nunca quise causarte dolor,
Solo quería por una vez verte reír
Solo quería verte reír en la lluvia morada.

¿Cómo puedes dejarme
Solo en este mundo tan frío?
Quizá demando tanto
Quizá soy como mi padre (demasiado calvo)
Quizá tú eres como mi madre
Ella nunca está contenta
¿Por qué nos gritamos tanto?
Esto suena como cuando lloran las palomas.

Este viene a ser un cover de When the doves cry por nada menos que Patti Smith

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